Chapter 1
Había comenzado con cardio, bicicleta estática, media hora, ritmo moderado. Luego, un poco de pesas mientras se movía entre las máquinas, agradecía en silencio que el gimnasio fuera tan grande que podía evitar a Taehyung sin problema, podía perderse entre la multitud y no tener que cruzarse con esa cara de burla que tanto le irritaba.
Porque, por supuesto, Taehyung estaba allí. Lo había visto en la zona de pesas, riendo y bromeando, y por eso había decidido mantenerse lo más lejos posible. No quería discusiones, no quería que la tarde terminara peor de lo que había comenzado aunque con su suerte...
Así que se concentró en su rutina pero su cuerpo no se olvidó de que no había comido.
El primer síntoma fue el zumbido.
Comenzó como un murmullo lejano, apenas perceptible, y fue creciendo lentamente hasta convertirse en un pitido agudo que le taladraba los oídos frunció el ceño y se detuvo en medio de la serie de abdominales que estaba haciendo. Parpadeó varias veces, tratando de enfocar la mirada, pero las luces del techo, que siempre eran brillantes, ahora le parecían demasiado.
—Estoy bien —se dijo a sí mismo, con una voz que apenas salió de sus labios—. Estoy bien.
Se sentó en el banco, con las manos apoyadas en las rodillas, y respiró hondo. Su pecho se sentía apretado, y su corazón, que normalmente latía con fuerza y regularidad, ahora parecía débil.
Y entonces, el sudor frío comenzó en la frente, y se extendió rápidamente por su cuello, por su espalda, por sus brazos. Era un sudor pegajoso, incómodo, diferente al sudor del ejercicio.
—Mierda —murmuró, pasándose una mano por la frente.
Se levantó del banco, con las piernas temblando, y el mundo se movió a su alrededor. Las voces de las otras personas en el gimnasio le llegaban distorsionadas y los sonidos de las máquinas, que normalmente eran un ruido de fondo, ahora le parecían ensordecedores.
"Estoy bien", repitió en su mente. "Estoy bien."
La visión se le nubló, las luces comenzaron a volverse manchas borrosas, el suelo, que ya parecía moverse, ahora parecía ondularse, como si fuera agua y la negrura comenzaba a arrastrarlo desde los bordes de su visión.
El pánico lo invadió de golpe.
No quería desmayarse, no ahí, no en un gimnasio lleno de gente. No frente a desconocidos que no sabían quién era, no quería ser el centro de atención porqué que vergüenza que lo vieran así.
Se agarró a la pared con ambas manos, sintiendo el frío del concreto bajo sus palmas. El mundo seguía girando, y la negrura seguía avanzando, pero él seguía adelante, tenía que llegar a algún lado, tenia que recostarse talvez así le pasaba
Sus ojos, nublados y confusos, buscaron un lugar donde pudiera estar seguro. Y entonces los vio, las colchonetas, alejadas de las máquinas, alejadas de la gente
Con las últimas fuerzas que le quedaban, se arrastró hacia el lugar mientras sentía que la visión se le apagaba.
Cuando finalmente llegó, se dejó caer con un gemido de alivio cerrando los ojos con fuerza aferrándose a la suavidad bajo su cuerpo.
—Estoy bien —susurró, con la voz quebrada—. Estoy bien, estoy bien.
El sudor frío seguía corriendo por su piel, y el temblor no cesaba, los ojos le pesaban horrible y el zumbido en sus oídos era ensordecedor.
"No te desmayes, no te desmayes, no te desmayes, que pena, no lo hagas, capaz te suben a tiktok"
Repetía las palabras como un mantra, como si con eso pudiera evitar lo inevitable. Pero solo podía temblar, y sudar, y esperar.
Y entonces, en medio del caos de sus sentidos, escuchó una voz lejana y distorsionada.
—Oye... ¿estás bien?
Jimin abrió los ojos, pero el mundo seguía borroso, solo veía manchas oscuras.
—¿Estás bien? —repitió la voz, más cerca esta vez.
Intentó responder, pero las palabras no salieron, solo un jadeo débil que escapó de sus labios.
Entonces, sintió una mano en su frente, grande, cálida, que contrastaba con el frío que sentía en todo el cuerpo.
—Estás helado —dijo la voz, y ahora sonaba preocupada—. ¿Comiste algo hoy?
Jimin negó débilmente con la cabeza.
—Mierda —murmuró la voz—. Tae, tráeme agua y algo dulce, rápido.
Y luego, sintió que lo levantaban, con cuidado y una delicadeza que no esperaba de una mano tan grande.
—Tranquilo, no te vas a desmayar todo esta bien
La voz siguió hablándole, un murmullo constante y calmado que le daba algo en qué enfocarse, no entendía las palabras, pero el tono era suave, tranquilizador.
—Estás bien, no pasa nada
Un segundo par de manos apareció, y luego el sonido de una botella abriéndose.
—Aquí está el agua, dale esto
—Gracias, Tae.
La mano que sostenía su cabeza se movió, y Jimin sintió el borde frío de una botella contra sus labios.
El agua fría y la dulzura del chocolate le recorrió la garganta, y por primera vez en minutos, sintió que algo en su cuerpo comenzaba a funcionar de nuevo.
—Eso es
Jimin abrió los ojos lentamente, el mundo seguía un poco borroso, pero ya no era la negrura que amenazaba con tragárselo. Y enfrente de él, arrodillado en el suelo, con el rostro lleno de preocupación, estaba el alfa que había visto cuando llegó.
Cabello oscuro, ligeramente despeinado. Ojos negros, profundos, que lo miraban con una intensidad que le cortaba la respiración. Tatuajes que recorrían sus brazos, marcando cada músculo y una expresión que hizo que el corazón de Jimin latiera un poco más fuerte.
—¿Mejor? —preguntó el alfa, con una sonrisa suave.
Jimin asintió, aún sin poder hablar.
—Eres un idiota —dijo otra voz, que reconoció al instante —. ¿Cómo se te ocurre venir al gimnasio sin comer?
Cuando finalmente logró enfocar la mirada, vio a Taehyung de pie junto a él, con los brazos cruzados y una expresión de desaprobación que Jimin conocía demasiado bien.
Su rostro se contrajo de inmediato dejandose caer de nuevo sobre las colchonetas, tapándose el rostro con ambas manos mientras un lloriqueo de vergüenza y mitad frustración escapo de sus labios.
—¿Por qué? —gimió, con la voz ahogada por sus propias manos—. ¿Por qué tenía que pasarme esto? ¿Y justo delante del idiota?
Taehyung lo miró con una ceja alzada, y luego se giró hacia Jungkook, que seguía arrodillado en el suelo con una expresión de total confusión.
—¿Se conocen? —preguntó Jungkook, mirando de uno a otro.
—Por desgracia —respondieron ambos al unísono.
Jimin se destapó el rostro, con los ojos brillantes de lágrimas de vergüenza, y miró a Taehyung con el ceño fruncido.
—¿No te puedes largar? —espetó, con la voz temblorosa
Taehyung se agacho a su lado, con una sonrisa burlona.
—No, no quiero darte el gusto.
Jimin lo miró con el ceño aún más fruncido, y Taehyung, con una paciencia que no le conocía, levantó una mano y le deshizo el ceño con los dedos, como si estuviera alisando una tela arrugada.
—Ni te enojes, enano mugroso, todavía que nos preocupamos por ti.
Jimin le apartó la mano de un manotazo.
—No te pedí que te preocuparas.
—A la otra mejor te dejo tirado
—Eres un idiota.
—Y tú un enano mugroso.
Jungkook los observaba con una expresión de incredulidad.
—¿Entoncesson amigos? —repitió, como si no pudiera procesarlo.
—Por desgracia —repitieron ambos, esta vez con un tono de fastidio.
Jimin intentó levantarse, pero las piernas aún le temblaban, se apoyó en las colchonetas, con la intención de alejarse de Taehyung, pero el alfa no se lo permitió, lo tomó por la cintura y lo levantó como si fuera un saco de papas.
—¡Suéltame, imbécil! —protestó Jimin, pataleando en el aire—. ¡Puedo solo!
—No, no puedes —respondió, con una calma exasperante—. Estás temblando como una gelatina.
—¡No es cierto!
—Sí es cierto y no voy a dejar que te desmayes en el suelo de un gimnasio. —Se giró hacia Jungkook, que seguía en el suelo, con una expresión de total desconcierto—. Me disculpo, solo sabe hacer el ridículo.
—¡Oye! —protestó Jimin.
—Le diré a Yoongi que no te deje venir más —le respondió, con una sonrisa pícara.
Jimin se quedó inmóvil de inmediato, y un refunfuño escapó de sus labios.
—No le digas nada.
—Entonces compórtate.
Taehyung se despidió de Jungkook con un gesto de la cabeza, y luego, sin esperar respuesta, salió del gimnasio con Jimin aún colgando de su hombro como un saco de papas.
—¡Puedo solo, imbécil! —repitió Jimin, mientras intentaba zafarse—. ¡Suéltame!
—No.
—¡Taehyung!
—No.
—¡Te odio!
—También te odio pero no voy a dejar que te desmayes en la calle o Yoonie me matará
Jimin siguió protestando durante todo el camino, pero Taehyung no lo soltó hasta que llegaron al estacionamiento. Allí, con un cuidado que contrastaba con su actitud burlona, lo sentó en el asiento del copiloto de su auto y le puso el cinturón de seguridad.
—Voy a llevarte a tu casa —dijo, cerrando la puerta—. Y no discutas.








