Prólogo
Jung Jungkook, “La Bestia” del equipo de hockey sobre hielo, lo tenía todo.
Desde un increíble Lamborghini que brillaba bajo las luces, hasta un encanto obsceno que capturaba la atención hasta del más desinteresado. Heredero de una de las mayores cadenas de casinos del país, tenía un vasto imperio: todo y a todos, cuándo, dónde y cómo lo quería.
Y eso sería perfecto, si no fuera porque lo odiaba.
Luego de pagar los platos rotos de una rutina de desenfreno sin restricciones, Jungkook se convirtió en el estudiante estrella de la preparatoria. Todos lo adoraban, lo alababan. Los errores no estaban permitidos.
Su familia no soportaría uno más.
Así que aprendió a controlarlo todo: la rutina, las personas, las emociones... sin embargo, aún no regulaba la forma en que sus ojos se quedaban de más en aquella chica desastrosa del equipo de patinaje...
Woon Jihee, blindada con un sentido del humor capaz de hacer fallecer cualquier tragedia, apenas sobrevivía siendo un completo desastre ¡Era un maldito desastre! Pero nacer en una familia donde el apoyo y el cariño jamás habían faltado, le había dado habilidades para soportar cualquier infierno (es decir, el Instituto).
Por eso, cuando su compañero de entrenamiento sufre una lesión, Jihee no logra explicarse por qué demonios Jung Jungkook —el gran Jungkook, apodado La Bestia— decide ser su compañero de patinaje. Al parecer, él tampoco tiene una buena respuesta... pero sabe que quiere descubrirlo.
Sea cual sea la razón, Jihee sabe que no puede ser bueno, y está a punto de descubrir que entrenar con La Bestia es mucho más peligroso, pues el problema nunca fue que Jungkook no pudiera controlarse.
El problema es que, junto a ella, por primera vez, no quería hacerlo.








