Create New List
Share with your friends
Customize readability

No me mires haci

Summary

HISTORIA MCLENON +18

Genre
Lgbtq
Author
Celia mayre
Status
8h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1 capítulo;

CDMX, septiembre de 2005.

El problema con Paul McCartney era que no podía hacer absolutamente nada sin parecer que lo estaba haciendo para que alguien se enamorara de él.

Si se acomodaba el cabello, parecía comercial de shampoo.

Si se reía, tres personas volteaban a verlo.

Si pedía una pluma prestada, terminaba consiguiendo la pluma, el nombre de la dueña y una invitación a salir el viernes.

Y si llegaba tarde a la escuela, como aquella mañana, todavía tenía el descaro de entrar sonriendo.

—Buenos días, criaturas —anunció, cruzando la reja de la Preparatoria Pública Número 27 como si fuera dueño del plantel.

John Lennon, que llevaba veinte minutos sentado en la banqueta de enfrente con una torta de tamal entre las manos, levantó la mirada.

—ya ni hubieras venido wey

Paul se detuvo frente a él.

Traía la camisa del uniforme fajada, aunque las mangas estaban dobladas hasta los codos; los zapatos limpios, la mochila colgada de un solo hombro y una pulsera que, según John, seguramente costaba más que toda su ropa junta.

—callese o lo beso.

John casi se atragantó con la torta.

—¡No mames, Paul,pinche joto!

Paul soltó una carcajada.

—Ay, Haste wey,como si no me lo dijeras tu también.

—Pos si. Pero luego la gente piensa que estás pendejo.

—La gente ya piensa que estás pendejo tú, no te preocupes por mí.

John le aventó una servilleta hecha bola.

Paul la esquivó con una elegancia innecesaria.

—¿Me trajiste desayuno? —preguntó, asomándose a la bolsa de papel que John tenía al lado.

—No.

—¿Entonces qué es eso?

—Una bomba. Si metes la mano, explotas.

Paul ya estaba sacando una segunda torta.

—Qué lindo. De verde me gusta más.

—¡Esa era para mí!

—Pues hubieras desayunado antes, ¿no?

John lo miró con odio.

Con un odio profundo, sincero y completamente ridículo.

Paul le dio una mordida a la torta.

—Está buena.

John se quedó observándolo.

Tenía una miga pegada en la comisura de los labios.

Una tontería. Una insignificancia. Nada por lo que una persona normal debiera quedarse mirando durante tanto tiempo.

John apartó la vista de golpe.

—Traes migajas, güey.

—¿Dónde?

—Ahí.

Paul se limpió el lado equivocado.

—¿Aquí?

—No, del otro lado.

Volvió a intentarlo.

—¿Aquí?

—No, cabrón, ahí no. Espérate.

John alzó la mano por instinto y le quitó la miga con el pulgar.

El movimiento duró menos de un segundo.

Pero Paul dejó de sonreír.

John también.

Se quedaron mirándose, demasiado cerca para estar haciendo algo tan estúpido como quitarse una miga de la boca.

Después, Paul parpadeó.

— no pos gracias

Y todo volvió a la normalidad.

O eso fingió John.

—Vete al carajo.

Paul se rio y le pasó un brazo por los hombros para arrastrarlo hacia la entrada.

—Ándale, wey. Vamos a reprobar juntos.

—Yo no voy a reprobar.

—Claro que no. Tú eres un ejemplo para la juventud mexicana.

—Y tú eres un puto anuncio de Palacio de Hierro.

—Gracias, mi anor.

John deseó que la tierra se abriera y se lo tragara.

O que se tragara a Paul.

Preferiblemente a los dos, porque si tenía que seguir escuchándolo hablar así, no respondía de sí mismo.

---

La primera clase era Historia.

La segunda, Matemáticas.

La tercera, una hora que John describía como «el gobierno intentando asesinarlo lentamente».

Para cuando sonó el timbre del recreo, ya había dibujado tres caricaturas del profesor, escrito una grosería en la última página del cuaderno y recibido una amenaza de reporte.

Paul, por su parte, había conseguido que la maestra de Historia le subiera medio punto por participar.

Medio punto.

Por decir dos fechas y sonreír.

—Te odio —le informó John mientras salían al patio.

Paul acomodó sus cuadernos dentro de la mochila.

—Ya sé. Pero no puedes vivir sin mí.

—Puedo vivir perfectamente sin ti.

—¿Ah, sí? ¿Y quién te prestó su tarea de Química?

—George.

—George te la prestó porque le dijiste que su corte de cabello parecía de señora divorciada.

—Y funcionó.

Paul negó con la cabeza, divertido.

El patio estaba lleno. Algunos alumnos jugaban futbol con una botella aplastada; otros se amontonaban cerca de la cooperativa, donde el olor a quesadillas, aceite caliente y salsa recién hecha se mezclaba con el ruido de los vendedores.

En una de las bancas estaban George Harrison y Ringo Starr.

George tenía los pies sobre el asiento de enfrente y una revista doblada bajo el brazo. Ringo bebía un Boing de mango mientras miraba a la gente con la concentración de un reportero de espectáculos.

En cuanto vio acercarse a John y Paul, sonrió.

John se detuvo.

—No.

Ringo parpadeó.

—¿No qué?

—No sé qué estás pensando, pero no.

—Ni siquiera he dicho nada.

—Tienes cara de que vas a decir algo pendejo.

George se incorporó.

—Qué raro. Yo pensé que esa era tu cara normal.

Paul soltó una carcajada y se sentó entre ambos.

—¿Qué chisme traen?

—Ninguno —dijo George.

—Uno buenísimo —dijo Ringo al mismo tiempo.

John cerró los ojos.

—Dios, dame paciencia.

Ringo dejó el Boing sobre la banca y se inclinó hacia ellos.

—¿Se acuerdan de Mariana?

Paul hizo una mueca.

—¿Cuál Mariana?

—La que te follo en la mañana,na mentira,tu ex

—pinche ringo.

John arrancó una hoja de su cuaderno.

No tenía por qué importarle.

Mariana había sido novia de Paul durante, según sus cálculos, aproximadamente tres semanas y cuatro días. Una relación breve, aburrida y aparentemente muy agradable para todo el mundo excepto para John, que había tenido que soportar que Paul cancelara dos tardes de videojuegos y una ida a comprar discos porque «tenía planes».

Planes.

Con Mariana.

Qué maravilla.

—¿Qué pasó con ella? —preguntó Paul.

Ringo bajó la voz.

—Dicen que anda preguntando por ti.

—¿Y?

—Y que te vio el sábado.

—Pues fui al centro. No soy invisible.

—Con una chava —añadió George.

John dejó de romper la hoja.

Paul se encogió de hombros.

—¿Y luego?

—Que te estabas besando con ella.

Hubo un silencio.

John levantó la mirada con tanta rapidez que casi se lastimó el cuello.

Paul, en cambio, sonrió.

—Ah, sí. Era Karina. Torres

—¿Karina, la de dos tres trucos? —preguntó Ringo.

—no wey, la del A

—¿La que trae el celular plateado? —añadió George.

—Esa misma.

Ringo abrió mucho los ojos.

—¡No mames! ¿Y desde cuándo?

—Desde el sábado, supongo.

Paul lo dijo como si estuviera hablando del clima.

John apretó tanto el papel que terminó haciéndolo una bolita.

—¿Desde el sábado? —repitió.

Paul se volvió hacia él.

—Sí. ¿Por?

—Por nada.

—Tienes una cara de funeral.

—Es mi cara.

—No, tu cara es más fea.

—Chinga tu madre, McCartney.

Paul le sonrió.

Y John lo odió un poquito más.

Porque Paul podía anunciar que se había besado con alguien, podía contarle los detalles a medio mundo y todavía mirarlo como si John fuera la única persona en el patio cuya opinión le interesaba.

Como si nada hubiera cambiado.

Como si John no llevara meses imaginando cómo sería que Paul lo mirara de otra manera.

—Bueno —dijo George, levantándose—, entonces ya tenemos novia nueva.

—No es mi novia —aclaró Paul—. Apenas estamos saliendo.

—Ajá —dijo Ringo—. Y yo soy el director de la escuela.

—Pues tú sí tienes cara de director —comentó John—. De esos que se roban el dinero de la cooperativa.

Ringo le lanzó una servilleta.

Todos se rieron.

John también, porque tenía que hacerlo.

Porque era su mejor amigo.

Porque no tenía derecho a ponerse celoso.

Porque Paul no le pertenecía.

Y porque, por mucho que le molestara admitirlo, si Paul llegaba a preguntarle si le gustaba Karina, John tendría que decir que sí.

Tendría que hacer un chiste.

Tendría que decirle que qué bueno, que ya era hora de que dejara de andar de coqueto con todas.

Tendría que seguir siendo John Lennon, el mejor amigo de Paul McCartney, el cabrón que nunca se tomaba nada en serio.

Aunque por dentro sintiera que algo le estaba apretando el pecho.

—¿Vienes? —preguntó Paul, levantándose—. Voy por una quesadilla.

John miró la mano que Paul le ofrecía para ayudarlo a levantarse.

La había tomado miles de veces.

Para subir una barda. Para cruzar una calle llena de coches. Para jalarlo cuando se quedaba dormido en el cine.

No tenía sentido que, de repente, pareciera una mala idea.

—Ahorita voy.

Paul ladeó la cabeza.

—¿Seguro?

—Sí, güey.

Paul lo estudió un instante.

Después le revolvió el cabello, como hacía desde que eran niños.

—No te me pongas de malas, ¿va?

Y se fue.

John se quedó mirando cómo cruzaba el patio.

George esperó exactamente cinco segundos.

—Estás enamorado de él.

John giró la cabeza.

—¿Qué?

Ringo dejó escapar un chillido.

—¡YO SABÍA, MIS PAPIS WEY DE AHI SALI YO!

—¡Cállense los dos!

George levantó las manos, disfrutando demasiado de la situación.

—Tranquilo, Lennon. No te estamos juzgando.

—Pues yo sí los estoy juzgando a ustedes, y salen reprobados.

Ringo se acercó, con una expresión de falsa preocupación.

—Oye, pero ¿desde cuándo?

—Desde nunca.

—¿Desde nunca estás enamorado o desde nunca nos vas a decir?

—Desde nunca te voy a romper la nariz si no cierras el hocico.

Ringo sonrió de oreja a oreja.

—Está enamoradísimo.

John se levantó de la banca.

—Me voy a comprar una quesadilla.

—¡Dile que sin cebolla! —gritó George.

—¡Que se la compre él!

—¡Y dile que lo amas!

John les hizo una seña obscena sin voltear.

Los dos se echaron a reír.

Malditos traidores.

---

A la salida, el cielo de la Ciudad de México estaba cubierto de nubes grises.

John llevaba toda la tarde pensando en la misma estupidez.

Karina.

El sábado.

El beso.

Paul diciéndolo con aquella sonrisa.

No era la primera vez que Paul salía con alguien. Ni siquiera era la primera vez que John se ponía celoso.

Pero antes podía convencerse de que se le pasaría.

Ahora George lo había dicho en voz alta.

Estás enamorado de él.

Y lo peor era que John no había podido negarlo sin sentir que estaba mintiendo.

—¿Qué traes? —preguntó Paul.

Iban caminando por la banqueta, lejos de la escuela. Los coches avanzaban a vuelta de rueda y un microbús pasó haciendo tanto ruido que ambos tuvieron que apartarse del borde de la calle.

—Nada.

—Llevas todo el día diciendo nada.

—Pues porque no traigo nada.

Paul le dio un empujón con el hombro.

—Eres pésimo mintiendo.

—Y tú eres pésimo dejando de hablar.

—Te estoy haciendo un favor. Si te dejo solo con tus pensamientos, capaz que incendias algo.

John sonrió a pesar de sí mismo.

Caminaron un rato en silencio.

Era una de las cosas que más le gustaban de estar con Paul: podían pasar de insultarse durante media hora a no decir una sola palabra sin que se sintiera raro.

Se conocían desde pequeños.

Paul había sido el niño que una vez le prestó sus colores cuando John olvidó los suyos en primaria. El mismo que lo acompañó a casa después de una pelea, aunque John insistiera en que no necesitaba ayuda. El que se sabía de memoria las canciones que John tarareaba cuando estaba nervioso.

Y John conocía los secretos de Paul.

O eso había creído.

—Oye —dijo Paul de pronto—. ¿Te molesta que salga con Karina?

John sintió que se le helaba el estómago.

—¿Qué?

—Que si te molesta.

—¿Por qué me iba a molestar?

Paul lo miró de reojo.

—No sé. Estás raro.

—Siempre estoy raro.

—Más raro.

—Pues felicidades, descubriste una nueva etapa de mi personalidad.

Paul no se rio.

Eso fue lo que más le molestó a John.

Que Paul no se riera.

—Te lo pregunto en serio, Johnny.

John se detuvo junto a una papelería.

A través de la ventana se veían cartulinas de colores, libretas, plumas y una computadora vieja que probablemente todavía usaban para imprimir tareas.

Paul también se detuvo.

—¿Qué?

John se pasó una mano por el cabello.

Podía decirlo.

Podía decirle que sí, que le molestaba.

Que le molestaba imaginarlo besando a alguien más.

Que le molestaba que Paul pudiera salir con una chava el sábado y llegar el lunes a contárselo como si fuera una anécdota cualquiera.

Que le molestaba que la vida de Paul siguiera avanzando mientras él llevaba meses atrapado en el mismo lugar.

Pero entonces Paul le preguntaría por qué.

Y John no tenía una respuesta que no lo cambiara todo.

—No —dijo finalmente—. Haz lo que quieras.

Paul frunció el ceño.

—Ah, bueno.

—¿Qué querías que te dijera?

—No sé. Algo.

—Pues ahí tienes algo.

—Eres un imbécil.

—Y tú una princesa.

Paul soltó aire por la nariz, frustrado.

—Olvídalo.

Echó a andar.

John lo siguió, sintiéndose todavía peor.

Había algo que Paul no entendía: John no estaba enojado con él por salir con Karina.

Estaba enojado consigo mismo por querer que no lo hiciera.

---

Cuando llegaron a la esquina donde normalmente se separaban, Paul no se despidió como siempre.

No le dio un golpe amistoso en el brazo.

No le pidió que le mandara la tarea.

No le dijo que al día siguiente lo esperara afuera.

Solo se acomodó la mochila y dijo:

—Nos vemos mañana.

John sintió el impulso absurdo de agarrarlo de la manga.

—Paul.

Paul se volvió.

—¿Qué?

John abrió la boca.

La cerró.

Volvió a abrirla.

—Se te olvidó esto.

Sacó del bolsillo una pluma azul.

Paul la miró.

—Esa es tuya.

—Ah.

—Estás bien pendejo, ¿verdad?

—Un chingo.

Paul sonrió un poquito.

Solo un poquito.

Luego tomó la pluma y se la guardó en el bolsillo de la camisa.

—Te la regreso mañana.

—Qué generoso.

—De nada, anor.

Y se fue.

John lo vio alejarse hasta que dobló la esquina.

Después sacó su celular del bolsillo. Era uno de esos aparatos con teclas que había heredado de un primo, con la pantalla rayada y una batería que se acababa cuando más la necesitaba.

Tenía un mensaje nuevo.

George: ¿Ya le confesaste tu amor eterno a McCartney?

John escribió:

Chinga tu madre.

Lo borró.

Escribió:

No estés mamando.

Lo borró también.

Finalmente mandó:

Te voy a bloquear, idiota.

George respondió casi de inmediato.

George: Eso no responde mi pregunta.

John apagó el celular.

No quería hablar con nadie.

No quería pensar en Paul.

No quería imaginarlo con Karina.

Y, sobre todo, no quería reconocer que su mejor amigo podía hacerle más daño con una sola sonrisa que cualquier persona con una pelea entera.

---

Esa noche, a las 9:47, John encendió la computadora de su casa.

El ventilador hacía un ruido espantoso. La conexión tardó una eternidad y su madre le gritó desde otra habitación que no ocupara el teléfono porque estaba esperando una llamada.

John abrió el Messenger.

Paul aparecía conectado.

Su nombre tenía un símbolo de una nota musical y una frase de estado que decía:

«No hay nada mejor que un buen día :)»

John resopló.

Presumido hasta en el Messenger.

Abrió la ventana de conversación.

Johnny: qué onda

La respuesta llegó casi enseguida.

Paulito★: HOLA, DESAPARECIDO

Johnny: te vi hace tres horas pendejo

Paulito★: Y ya te extraño, ¿qué quieres que haga?

John se quedó inmóvil.

Luego se recargó en la silla y se tapó la cara con ambas manos.

—No mames, McCartney —murmuró.

Johnny: consíguete una vida

Paulito★: ya tengo una

Johnny: ah sí?

Paulito★: sí, se llama John Lennon y está bien menso

John sonrió antes de poder evitarlo.

Ahí estaba.

Eso era lo que Paul hacía.

Lo jalaba de vuelta cada vez que intentaba alejarse.

Johnny: estás bien pendejo

Paulito★: me anas anol?

John dejó de sonreír.

El cursor parpadeaba en la ventana.

Escribió:

Sí.

Lo miró durante varios segundos.

Lo borró.

Escribió:

Más de lo que te imaginas.

Lo borró también.

Finalmente mandó:

Johnny: ni en tus sueños

Paul respondió con un emoticón sacando la lengua.

Después, la ventana quedó en silencio durante unos minutos.

John estaba a punto de cerrar la conversación cuando apareció un mensaje nuevo.

Paulito★: oye, hablando en serio

Johnny: qué pasó

Paulito★: ¿tú me contarías si supieras algo malo de mí?

John frunció el ceño.

Johnny: depende de qué tan malo

Paulito★: john

No había emoticón.

No había broma.

Solo su nombre.

John se incorporó en la silla.

Johnny: qué pasó, paul?

La respuesta tardó casi un minuto.

Paulito★: nada, olvídalo

John sintió un mal presentimiento.

Johnny: no mames, no me digas eso y luego te vayas

Los tres puntitos aparecieron y desaparecieron varias veces.

Finalmente:

Paulito★: mañana te cuento

John miró la pantalla.

Johnny: me estás asustando, cabrón

Paulito★: no es nada

Johnny: entonces dime

Paulito★: mañana

John apretó los dientes.

Johnny: está bien

Pasaron unos segundos.

Paulito★: buenas noches, Johnny

John tragó saliva.

Johnny: buenas noches, Paul

La ventana quedó quieta.

John siguió mirando el nombre de Paul en la lista de contactos hasta que el estado cambió de Conectado a Desconectado.

No supo por qué, pero aquella conversación le dejó una sensación extraña.

Como si Paul hubiera estado a punto de decirle algo importante.

Como si hubiera querido preguntarle algo y no se hubiera atrevido.

John apagó el monitor.

Se fue a la cama pensando en Karina, en los celos que no tenía derecho a sentir y en la pregunta que Paul le había hecho durante la tarde.

¿Te molesta que salga con Karina?

No, claro que no.

Por supuesto que no.

John podía soportarlo.

Podía seguir siendo su mejor amigo.

Podía escuchar todas sus historias, conocer a todas sus novias y sonreír cada vez que Paul le dijera amor como si fuera una broma.

Podía hacerlo.

Tenía que poder.

Porque perder a Paul era lo único que le daba más miedo que enamorarse de él.

Y todavía no sabía que, al día siguiente, Paul iba a llegar a la escuela con una noticia que cambiaría por completo la forma en que John entendía su amistad.

Una noticia que no tendría nada que ver con Karina.

Y que empezaría con un rumor.

FIN DEL CAPÍTULO 1

Let Celia mayre know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

Nothing Between Us

Lens: I haven’t read a book this good in a years. A phenomenal read. I wish I could experience this again!

Read Now
The Easter Bunny

Mia: Really nice story

Read Now
THE ALPHA WHO REFUSED TO APOLOGIZE

Merrell Bunting: This story has a unique take on the shifter world. It is fairly quick moving and holds your interest but has some pretty glaring continuity issues which are distracting. I also did not care for the male lead’s complete refusal to acknowledge any emotional feelings for his mate. He always referred to...

Read Now
The Contract Wife

Linda: Plot is good but a little repetitive. Recommend for readers who like an easy ready, simple storyline.

Read Now
Werewolf Hollow [GALATEA DATE TBA]

hazel_walker: Okay, this chapter was WILD 😭 The whole werewolf system, the FBIDWC, the discrimination, and the fact that Sylvia has been keeping Collin and Dylan’s situation a secret all came together so well. I especially loved the school chaos and Sylvia immediately going into protective-mom mode. And that end...

Read Now
PARIS IN THE DARK

Hester: Very good, was short too the point , not lingering on the abuse, pity you didn’t let him step in earlier knowing the abuse was happening, but this is almost real for some women who have gone through it, just wish they could all have a princess at te end of thete tunnel

Read Now
The Alpha's Exiled Mate (ON HOLD)

Catherineb83: Story good just would have liked her not to wear a mask

Read Now
Welded Shut

ohoney2004: This is a very interesting,sweet love story.I love the way their relationship developed around the child.

Read Now
The Cursed Alpha's Fifth Luna

astrid0777: i literally have enjoyed this thrilling story although i am not satisfied that it had to end in a way i am letf curiouse looking forward for another chapter

Read Now