CERO: La invasión
La guerra entre el norte de Ahlemanya y el este de Gosqueta perduró un invierno, destrozando viviendas y arrebatando vidas. Los ahlemanes habían logrado cruzar las fronteras de Gosqueta, invadiendo la zona más grande y poblada del país: Weskket.
Todos sabían que el plan de Ahlemanya era apoderarse de la Torre de Jade; allí regía el presidente de Gosqueta, un hombre cuyo mandato siempre fue firme y controversial, pero que se mantuvo al margen y cumplió con la mayoría de las promesas de campaña.
Cuando las batallas empezaron, las personas se refugiaron en los sótanos, o simplemente huyeron de Weskket en barcos, temiendo morir por los bombardeos de los soldados ahlemanes. Gosqueta no tenía los recursos que Ahlemanya poseía para pelear, por lo que, para los soldados ahlemanes, los movimientos de sus enemigos eran casi siempre predecibles.
Sin embargo, dejar morir al presidente de Gosqueta no era una opción.
Cuando el ocaso cayó por sexta vez luego de la llegada de los ahlemanes, todo Gosqueta se detuvo. La Torre de Jade fue invadida. A su alrededor, los enemigos se adueñaron de los edificios que la flanqueaban, custodiándola desde la distancia. Sin embargo, ese no era el mayor problema. En la fortaleza, el presidente de Gosqueta había sido encontrado. La desesperanza inundó a todos, tanto en Weskket como en el resto del país.
Saber que el presidente de Ahlemanya, Leneor Varbos, había llegado junto a sus tropas al país enemigo fue como echar sal en la herida. Se instaló en la sede del presidente de Gosqueta, Fabrizzio II Fravola, posiblemente torturándolo de la peor forma que deseó durante meses.
Luego de la invasión, ningún soldado de Gosqueta logró llegar a la cima de la Torre de Jade sin haber sido convertido en un trozo de carne en el camino. Perder hombres era lo único que hacía Gosqueta, y eso era una clara definición de que no iban a poder salir victoriosos en esa guerra.
Tras la usurpación, en las dos primeras semanas se creyó que Weskket —y todo Gosqueta— ahora le pertenecía al gobierno de Ahlemanya. Pero un inesperado alivio y una desesperada necesidad invadió los cuerpos de los soldados de Gosqueta cuando supieron, a través de la lluvia de panfletos que ordenó repartir Leneor, que el presidente Fabrizzio II seguía vivo.
Pero había un precio por ello: dolor.
Para Leneor, la muerte de su enemigo era un final demasiado simple; la verdadera diversión estaba en el tormento psicológico. Por ello, en el panfleto, además de anunciar la activa vida del presidente de Gosqueta, también ordenó poseer la vida de su única hija mujer: Sashel Fravola. Solo así, Varbos quizás consideraría abandonar Gosqueta y regresar a Ahlemanya, concluyendo la guerra congelada. No obstante, Leneor aclaró que la hija de Fabrizzio II solo tenía tiempo hasta el próximo invierno para subir viva a la Torre de Jade y entregarse; de lo contrario, se adueñaría de Gosqueta y su padre moriría de la peor forma.
Tal orden silenció por segunda vez a todo el país.








