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¿Y si fueras tú? 💋

Summary

Charlotte Austin: vidas que nunca vivimos. ¿Y si pudieras vivir todas las historias de amor que alguna vez imaginaste? Charlotte Austin nunca pensó que un misterioso libro cambiaría su vida para siempre. El Atlas de los Amores Posibles le ofrece algo imposible de rechazar: la oportunidad de conocer a diferentes mujeres y descubrir cómo sería enamorarse de cada una en universos alternativos. Tres días. Una mujer. Una historia completamente diferente. Cantantes, actrices, mujeres extraordinarias, romances inesperados, mansiones de ensueño, viajes exclusivos, pasión, celos, secretos y encuentros capaces de cambiarlo todo. El Atlas incluso le concede la capacidad de hablar los idiomas que necesita para comunicarse con cada mujer. ¿El problema? Charlotte recordará absolutamente todo lo que viva, pero ninguna de sus candidatas recordará las experiencias de otros universos. Y cuando crea haber encontrado la tranquilidad, descubrirá que algunas son mucho más peligrosas para su corazón de lo que imaginaba. Entre besos inolvidables, decisiones cuestionables y situaciones tan absurdas que ni ella misma podrá explicarlas, Charlotte descubrirá que explorar el amor es mucho más complicado de lo que parece. Porque el libro puede ofrecerle mil posibilidades... Pero no puede decidir de quién se enamorará. ¿Y si una de esas mujeres se convierte en algo más que una simple posibilidad?

Genre
Romance
Author
Queen
Status
Complete
Chapters
91
Rating
n/a
Age Rating
18+

EL LIBRO QUE NO DEBÍA ABRIR

Había tres cosas que Charlotte Austin consideraba absolutamente necesarias para sobrevivir a una semana complicada.

La primera era dormir.

La segunda era tener comida suficiente en casa para no verse obligada a salir cuando su cuerpo y su cerebro hubieran decidido declararse en huelga.

La tercera era mantenerse alejada de cualquier persona que pronunciara las palabras «tenemos que hablar» después de las diez de la noche.

Aquella semana, sin embargo, había conseguido incumplir las tres.

Eran casi las once cuando Charlotte dejó el teléfono sobre la mesa, se quitó los zapatos y se desplomó en el sofá de su apartamento.

-No quiero saber nada de nadie -declaró al techo-. Si el mundo necesita algo de mí, puede presentar una solicitud por escrito y esperar de cinco a siete días laborables.

El silencio fue su única respuesta.

Perfecto.

Era exactamente lo que necesitaba.

Charlotte se acomodó entre los cojines, tomó una manta y cerró los ojos.

Durante unos segundos, se permitió no pensar en absolutamente nada.

Ni compromisos.

Ni trabajo.

Ni mensajes pendientes.

Ni invitaciones que exigían una respuesta educada cuando lo único que deseaba era escribir: «Gracias, pero preferiría quedarme en mi casa viendo una serie y comiendo algo delicioso».

Sonrió.

Aquella era una fantasía perfectamente razonable.

Entonces recordó algo.

-Necesito una vida romántica.

Abrió un ojo.

Se quedó mirando el techo.

-No. Retiro lo dicho. Necesito dormir. Una vida romántica puede esperar.

Volvió a cerrar los ojos.

Tres segundos después, los abrió de nuevo.

-Aunque tampoco estaría mal conocer a alguien interesante.

Se incorporó lentamente.

-Alguien divertida. Inteligente. Guapa. Con sentido del humor. Que sepa conversar. Que tenga una personalidad propia. Que no convierta cada pequeño desacuerdo en una crisis internacional...

Hizo una pausa.

-Y que no me haga perder la cabeza.

Charlotte se quedó pensativa.

Después soltó una carcajada.

-Sí, claro. Y ya que estamos, también podría pedir que me toque la lotería.

Se levantó del sofá y caminó hacia la cocina.

Abrió el refrigerador.

Lo contempló.

Lo cerró.

Volvió a abrirlo.

-Increíble. Tengo comida, pero nada que quiera comer.

Tomó una botella de agua y regresó al salón.

Su teléfono vibró sobre la mesa.

Charlotte lo miró con desconfianza.

-Como seas otro mensaje de trabajo, te tiro por la ventana.

Era una notificación sin importancia.

La ignoró.

Después observó la hora y suspiró.

Quizá necesitaba algo diferente.

Una experiencia nueva.

Un viaje.

Una aventura.

O, por lo menos, una razón para dejar de pasar las noches imaginando cómo sería conocer a mujeres que parecían tener vidas mucho más interesantes que la suya.

No porque Charlotte estuviera desesperada por enamorarse.

Ni siquiera estaba segura de querer una relación en aquel momento.

Simplemente sentía curiosidad.

¿Cómo sería conocer a una mujer completamente distinta de ella?

¿Cómo sería enamorarse de alguien que la hiciera reír hasta que le doliera el estómago?

¿Y si conociera a una mujer capaz de sorprenderla cuando creyera haberlo visto todo?

¿Y si una cita que esperaba que fuera perfecta terminara convirtiéndose en el desastre romántico más divertido de su vida?

Charlotte sonrió.

-Bueno, eso último sí me gustaría verlo.

No sabía que el universo acababa de escucharla.

Y que tenía un sentido del humor espantoso.

El timbre sonó a las once y diecisiete.

Charlotte se quedó inmóvil en mitad del salón.

Miró la puerta.

Después miró el teléfono.

Nadie le había avisado de ninguna entrega.

-No.

El timbre volvió a sonar.

-He dicho que no.

Una tercera llamada.

Charlotte dejó la botella sobre la mesa.

-Como sea un vendedor de enciclopedias, voy a perder la poca educación que me queda.

Se acercó a la puerta y miró por la mirilla.

No había nadie.

Frunció el ceño.

Abrió.

En el suelo había una caja rectangular de color negro.

No tenía remitente.

Tampoco una etiqueta de envío.

Solo su nombre, escrito en letras doradas.

CHARLOTTE AUSTIN.

La joven miró a ambos lados del pasillo.

Vacío.

-Esto es sospechoso.

Se agachó y recogió la caja.

Era más pesada de lo que esperaba.

La llevó al salón y la colocó sobre la mesa. Durante varios segundos, se limitó a observarla.

-Si esto contiene una cámara, un insecto o una cabeza humana, voy a demandar a alguien.

Buscó unas tijeras.

Cortó el sello.

Abrió la tapa.

Dentro había un libro.

No era un libro común.

La cubierta parecía de cuero negro, aunque su textura resultaba extrañamente suave. En el centro destacaba un símbolo dorado: un corazón rodeado por un círculo de estrellas, atravesado por dos líneas que recordaban a los caminos de un mapa.

No había título en la portada.

Charlotte pasó los dedos por el símbolo.

La superficie estaba tibia.

Retiró la mano.

-¿Qué demonios...?

Miró el interior de la caja.

No había ninguna carta.

Ninguna factura.

Ninguna explicación.

Solo aquel libro.

Lo levantó con cuidado.

En el lomo aparecieron unas palabras que no estaban allí un instante antes.

EL ATLAS DE LOS AMORES POSIBLES.

Charlotte parpadeó.

-Muy dramático.

Abrió la primera página.

Estaba en blanco.

Pasó la segunda.

También en blanco.

La tercera.

Nada.

-¿Un libro vacío? Fantástico. Me han enviado decoración gótica.

Estuvo a punto de cerrarlo.

Entonces aparecieron unas letras sobre el papel.

No surgieron como tinta derramada ni como palabras escritas por una mano invisible. Simplemente se formaron delante de sus ojos, una letra tras otra.

Charlotte dejó de sonreír.

La inscripción decía:

«A LA MUJER QUE DESEA CONOCER LAS VIDAS QUE NUNCA HA VIVIDO».


Debajo apareció una segunda frase.


«NO TODAS LAS HISTORIAS ESTÁN DESTINADAS A DURAR. NO TODAS LAS POSIBILIDADES ESTÁN DESTINADAS A CONVERTIRSE EN DESTINO».


Charlotte se quedó mirando la página.


Después cerró el libro.


Lo abrió otra vez.


Las palabras seguían allí.


-Muy gracioso.


Miró hacia la puerta.


Después hacia las ventanas.


-Si esto es una broma, quiero que conste que no tiene ninguna gracia.


El libro se abrió por sí solo.


Charlotte dio un pequeño salto.


-¡JESÚS!


Las páginas comenzaron a pasar rápidamente.


Una.


Dos.


Diez.


Veinte.


Hasta detenerse en una página completamente blanca.


En el centro apareció una nueva inscripción.


«CHARLOTTE AUSTIN

¿DESEAS DESCUBRIR LO QUE HABRÍA SUCEDIDO SI HUBIERAS CONOCIDO A OTRAS MUJERES EN OTRAS CIRCUNSTANCIAS?

¿DESEAS EXPLORAR LAS VIDAS QUE NUNCA VIVISTE?

¿DESEAS CONOCER TUS POSIBILIDADES?»


Charlotte permaneció en silencio.


Leyó las preguntas una segunda vez.


Después se sentó lentamente.


-Esto es una alucinación.


Se pellizcó el brazo.


-Ay.


Miró el libro.


-Una alucinación muy elaborada.


La página cambió.


«EL ATLAS TE PERMITE ACCEDER A UNIVERSOS ALTERNATIVOS EN LOS QUE PODRÁS CONOCER A DIFERENTES MUJERES Y EXPLORAR UNA POSIBLE HISTORIA ROMÁNTICA CON CADA UNA».


Charlotte sintió que el corazón le latía más deprisa.


-¿Universos alternativos?


Una nueva línea apareció debajo.


«CADA EXPERIENCIA DURARÁ TRES DÍAS».


Charlotte levantó las cejas.


-¿Tres días?


«AL FINAL DE CADA EXPERIENCIA, REGRESARÁS AL PUNTO DE PARTIDA».


Otra línea.


«CONSERVARÁS TODOS TUS RECUERDOS».


Y una última.


«LAS PERSONAS DE CADA UNIVERSO NO RECORDARÁN LAS EXPERIENCIAS QUE HAYAS VIVIDO EN OTROS UNIVERSOS».

Charlotte se quedó inmóvil.


Lo leyó todo de nuevo.


Después volvió a leerlo.


Finalmente, apoyó los codos sobre la mesa y se cubrió la boca con ambas manos.


-No.


El libro no respondió.


-No, no, no. Esto no puede ser real.


Las letras permanecieron en la página.


Charlotte se levantó y caminó de un extremo al otro del salón.


-Estoy cansada. Eso es todo. Estoy cansada, tengo hambre y mi cerebro ha decidido inventarse una experiencia fantástica porque necesito dormir.


Se detuvo.


Miró el libro.


-Pero si esto es real...


Regresó a la mesa.


Se sentó.


Y una sonrisa lenta apareció en su rostro.


-Espera.


Se inclinó hacia delante.


-¿Estás diciéndome que puedo conocer a diferentes mujeres, vivir una historia romántica con cada una y regresar aquí recordándolo todo?


La página se iluminó.


«CORRECTO».


Charlotte abrió mucho los ojos.


-¿Y puedo elegir yo?


«CORRECTO».


-¿No tengo que aceptar una mujer predeterminada?


«CORRECTO».


-¿Y no tengo que quedarme en un universo si no quiero volver?


«CORRECTO».


Charlotte se quedó en silencio.


Después soltó una carcajada.


-Oh, esto va a ser un problema.


No sabía cuánto.


LAS REGLAS DEL ATLAS

La siguiente página se llenó de letras.


Charlotte volvió a sentarse, tomó el teléfono y abrió la aplicación de notas.


Si aquel libro era real, necesitaba conocer todas sus condiciones antes de cometer alguna estupidez.


Y si era una alucinación, al menos tendría algo entretenido que leer al día siguiente.


La primera regla apareció.


«PRIMERA REGLA: TÚ ELIGES».


Charlotte asintió.


-Bien. Me gusta tener el control.


«PODRÁS EXAMINAR LOS PERFILES DISPONIBLES Y SELECCIONAR A LA MUJER CUYA HISTORIA DESEES EXPLORAR».


-Perfecto.


La segunda regla.


«SEGUNDA REGLA: TRES DÍAS».


Charlotte frunció el ceño.


-¿Exactamente tres días?


«CADA EXPERIENCIA COMIENZA CUANDO ATRAVIESAS EL PORTAL Y TERMINA AL FINALIZAR EL TERCER DÍA, SALVO QUE DECIDAS ABANDONARLA ANTES».


-¿Puedo marcharme antes?


«SÍ».


Charlotte sonrió.


-Excelente. Si descubro que mi cita es una psicópata, no tengo que esperar setenta y dos horas.


Se detuvo.


-Aunque espero que no haya psicópatas.


El libro pasó la página.


«TERCERA REGLA: LOS RECUERDOS SON TUYOS».


Charlotte leyó con atención.


«RECORDARÁS TODO LO QUE EXPERIMENTES EN CADA UNIVERSO. TUS CANDIDATAS NO RECORDARÁN LAS EXPERIENCIAS QUE HAYAS VIVIDO CON OTRAS VERSIONES DE SUS VIDAS».


Charlotte apoyó una mano sobre el pecho.


-Eso significa que puedo regresar de una experiencia y ser la única que recuerda lo que pasó.


«CORRECTO».


-Eso es fascinante.


Pausa.


-Y un poco aterrador.


La cuarta regla apareció.


«CUARTA REGLA: EL IDIOMA NO SERÁ UNA BARRERA».


Charlotte se incorporó.


-¿Qué significa eso?


La respuesta apareció debajo.


«EL ATLAS TE CONCEDERÁ LA CAPACIDAD DE COMPRENDER, HABLAR, LEER Y ESCRIBIR LOS IDIOMAS QUE NECESITES PARA COMUNICARTE EN CADA UNIVERSO».


Charlotte abrió la boca.


La cerró.


Volvió a abrirla.


-Espera. ¿Me estás diciendo que podré hablar coreano?


«SÍ».


-¿Francés? ¿Portugués? ¿Japonés?


«SÍ».


Charlotte se levantó de golpe.


-¡NO PUEDE SER!


Empezó a caminar por el salón.


-¡Voy a poder hablar con todas sin tener que depender de un traductor!


Se detuvo.


Miró el libro.


-Esto es increíble.


Entonces apareció una nota adicional.


«EL CONOCIMIENTO LINGÜÍSTICO SE AJUSTARÁ A LAS NECESIDADES DE CADA EXPERIENCIA. EL ATLAS NO GARANTIZA QUE COMPRENDAS LAS INTENCIONES DE LAS PERSONAS NI QUE EVITES LOS MALENTENDIDOS».


Charlotte entrecerró los ojos.


-¿Por qué siento que acabas de amenazarme?


El libro no respondió.


La quinta regla apareció.


«QUINTA REGLA: EL ATLAS ABRE POSIBILIDADES, NO GARANTIZA FINALES».


Charlotte volvió a sentarse.


Esta vez leyó despacio.


«PODRÁS CONOCER A UNA MUJER, ACERCARTE A ELLA Y EXPLORAR UNA HISTORIA ROMÁNTICA. SIN EMBARGO, EL ATLAS NO PUEDE OBLIGAR A NADIE A SENTIR ATRACCIÓN, ACEPTAR UNA RELACIÓN NI CORRESPONDER A TUS SENTIMIENTOS».


Charlotte sonrió.


-Me parece justo.


Porque una cosa era recibir una oportunidad extraordinaria y otra muy distinta esperar que todas las mujeres del mundo se enamoraran de ella.


La última frase apareció al pie de la página.


«EL AMOR NO SE PUEDE ORDENAR. SOLO SE PUEDE VIVIR».


Charlotte permaneció mirándola durante unos segundos.


Después cerró suavemente el libro.


-Está bien, Atlas.


Se cruzó de brazos.


-Acepto tus reglas.


La cubierta emitió un destello dorado.


Charlotte retrocedió.


-Pero si me envías a una cita desastrosa, voy a volver aquí y voy a escribir una reseña terrible sobre ti.


El libro se abrió.


Una nueva inscripción apareció en la página.


«LAS EXPERIENCIAS DESASTROSAS TAMBIÉN FORMAN PARTE DE LA VIDA».


Charlotte lo miró.


-Te odio.


No lo odiaba.


Todavía.


EL PRIMER RETRATO


El Atlas comenzó a emitir una luz tenue.


Charlotte se sentó de nuevo, incapaz de apartar la mirada.


Las páginas se abrieron hasta mostrar una galería de retratos.


Había mujeres de diferentes edades adultas, nacionalidades y profesiones. Algunas aparecían vestidas con elegantes trajes de noche; otras, con ropa informal. Unas sonreían a la cámara. Otras tenían expresiones serias, misteriosas o divertidas.


Charlotte contempló la galería.


No eran fotografías corrientes.


Cada retrato parecía contener una historia.


Un universo.


Una posibilidad.


Debajo de cada imagen aparecía un nombre.


Charlotte pasó una página.


Después otra.


Se quedó observando varios rostros.


-Dios mío...


Una sonrisa comenzó a extenderse por su rostro.


-Esto es una locura.


El Atlas desplegó un mensaje.


«SELECCIONA TU PRIMERA POSIBILIDAD».


Charlotte se inclinó sobre la mesa.


Había muchísimas opciones.


Mujeres de distintos países.


Actrices.


Cantantes.


Artistas.


Mujeres cuya presencia le resultaba familiar y otras a las que apenas conocía.


Podría elegir una aventura en Tailandia.


Podría viajar a Brasil.


Podría explorar un universo en el que el romance comenzara en una ciudad europea, en una mansión junto al mar o en una suite de hotel con vistas a una metrópolis iluminada.


Podría elegir a una mujer tranquila.


O a una que pareciera capaz de complicarle la vida en menos de cinco minutos.


Charlotte sonrió.


-Conociéndome, probablemente elegiré a la segunda.


El libro pasó una página por sí solo.


Charlotte volvió la cabeza.


Y entonces la vio.


Jessica Jung.



El retrato mostraba a una mujer elegante, con una expresión segura y una mirada que parecía ocultar mucho más de lo que revelaba.


Charlotte se quedó observándola.


Había algo en aquella imagen que despertaba su curiosidad.


No sabía qué sería conocerla.


No sabía cómo se comportaría Jessica en aquel universo.


No sabía si se llevarían bien, si discutirían por alguna tontería o si terminarían riéndose juntas de algo completamente absurdo.


Tampoco sabía si existiría química romántica entre ellas.


Eso era precisamente lo interesante.


Charlotte apoyó la barbilla en una mano.


-Jessica Jung...


Pronunció el nombre en voz baja.


Después sonrió.


-Bueno, ¿por qué no?


Extendió el índice hacia el retrato.


Antes de tocarlo, se detuvo.


-Un momento.


Miró al libro.


-¿Tengo que preparar algo? ¿Una maleta? ¿Un vestido? ¿Dinero? ¿Mi pasaporte?


La página respondió:


«EL ATLAS PROPORCIONARÁ LOS RECURSOS NECESARIOS PARA LA EXPERIENCIA SELECCIONADA. TUS PERTENENCIAS PERSONALES NO SE PERDERÁN Y REGRESARÁS CON ELLAS AL FINALIZAR».


Charlotte se quedó boquiabierta.


-¿También te encargas de mi vestuario?


«EL ATLAS ADAPTARÁ TU VESTUARIO Y LOS RECURSOS DISPONIBLES A LAS CIRCUNSTANCIAS DE CADA UNIVERSO».


Charlotte se llevó una mano al corazón.


-Creo que me estoy enamorando de un libro.


La página mostró una última frase.


«NO CONFUNDAS LA HERRAMIENTA CON EL DESTINO».


Charlotte frunció el ceño.


-Era una broma.


El libro permaneció abierto.


Charlotte volvió a mirar el retrato de Jessica.


Esta vez no dudó.


Tocó la imagen.


Una luz dorada recorrió la página.


El corazón del símbolo de la cubierta comenzó a brillar.


Charlotte retiró la mano.


-Oh.


El aire de la habitación cambió.


Los sonidos de la calle desaparecieron.


Las luces parpadearon.


Charlotte se puso de pie.


-Oh, no.


El libro se elevó unos centímetros sobre la mesa.


Las páginas comenzaron a pasar a una velocidad vertiginosa, hasta detenerse en el retrato de Jessica.


Una línea apareció debajo de su nombre.


«PRIMERA POSIBILIDAD SELECCIONADA».


Charlotte sintió una corriente de aire alrededor de sus piernas.


-Espera, espera, espera. ¿Qué está pasando?


El Atlas respondió:


«PREPARANDO EL ACCESO AL UNIVERSO».


Charlotte retrocedió.


Detrás de ella, el espacio comenzó a abrirse.


No era una puerta.


Era una especie de ventana suspendida en el aire, con bordes dorados y un interior que parecía mostrar una habitación diferente.


Charlotte distinguió luces cálidas.


Una mesa.


Unas flores.


Y una silueta femenina que todavía no podía identificar con claridad.


Su corazón comenzó a latir más deprisa.


-Esto es real.


La frase escapó de sus labios como un susurro.


Por primera vez desde que había recibido el paquete, no intentó convencerse de que todo era una broma.


El Atlas había respondido a sus preguntas.


Había explicado sus reglas.


Y ahora estaba abriendo una puerta hacia una vida que nunca había vivido.


Charlotte respiró profundamente.


Podía detenerse.


Podía cerrar el libro.


Podía volver al sofá, preparar algo de comer y acostarse como una persona razonable.


Pero no quería hacerlo.


No cuando tenía la oportunidad de descubrir qué había al otro lado.


Se acomodó el cabello.


Miró su ropa.


-Bueno, Charlotte. Si vas a hacer una estupidez, por lo menos hazla bien.


Se acercó al portal.


La luz dorada iluminó su rostro.


Antes de atravesarlo, volvió la cabeza hacia el libro.


-Tres días, ¿verdad?


«TRES DÍAS».


Charlotte asintió.


-Y después regreso a casa.


«CORRECTO».


-Recordaré todo.


«CORRECTO».


Charlotte sonrió.


-Entonces, ¿qué podría salir mal?


El Atlas cerró sus páginas de golpe.


El portal se iluminó.


Y Charlotte Austin cruzó el umbral.


EL OTRO LADO


El primer detalle que percibió fue el aroma de las flores.


Después, la música suave.


Finalmente, el sonido de una ciudad que no reconoció de inmediato.


Charlotte abrió los ojos.


Se encontraba en una habitación elegante, iluminada por lámparas cálidas. A través de los grandes ventanales se extendía una ciudad que parecía no dormir nunca.


Había un vestido cuidadosamente dispuesto sobre un sillón, una pequeña tarjeta sobre la mesa y un teléfono que no recordaba haber llevado consigo.


Charlotte se acercó a la tarjeta.


En ella aparecía una sola frase:


«BIENVENIDA A TU PRIMERA POSIBILIDAD».


Debajo había una fecha.


Y una hora.


Charlotte tomó el teléfono.


La pantalla se encendió automáticamente.


Un mensaje apareció ante sus ojos.


«JESSICA: ¿Has llegado bien? Te espero abajo».


Charlotte dejó de respirar durante un segundo.


Después miró la pantalla otra vez.


Jessica.


Le había escrito Jessica Jung.


En aquel universo, al parecer, su historia ya había comenzado antes de que Charlotte pudiera comprender cómo.


Se llevó una mano a la boca.


-Dios mío.


El teléfono vibró de nuevo.


Otro mensaje.


«JESSICA: No te preocupes por la hora. Tenemos toda la noche».


Charlotte se quedó mirando las palabras.


Y entonces sonrió.


Una sonrisa amplia, incrédula y absolutamente incapaz de ocultar su emoción.


-Está bien, Jessica Jung.


Dejó el teléfono sobre la mesa y se volvió hacia el vestido.


-Veamos qué clase de historia nos espera.


A lo lejos, el reloj marcó la hora.


El Atlas, en el otro universo, abrió una página nueva.


En ella apareció una inscripción que Charlotte no podía ver.


«PRIMER DÍA: COMIENZA LA POSIBILIDAD».


Y debajo, una última frase:


«EL AMOR PUEDE ESPERAR. LA HISTORIA, NO».


Charlotte tomó el vestido.


La noche apenas comenzaba.

Y ella todavía no tenía ni idea de lo que aquellos tres días iban a enseñarle.

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