Prólogo Persona
George sabía que debía empezar a comer o llamaría la atención por su ausencia de movimientos. Tomó el mango de la cuchara, pero el cuello de su camisa se sintió apretar aún más. Un toque en su pierna, por debajo de la mesa, lo hizo levantar la vista. Delante de él, Tony, el hombre de cuarenta y tantos, lo miraba serio, pero calmado.
Los ojos azul claro del otro volvieron a bajar mientras se llevaba la cuchara a la boca, tragando la crema que les habían servido. Odiaba el sabor, pero su rostro tenía una expresión neutra pura. Tony sonrió apenas.
La música ambiental que sonaba dejaba oír a George una melodía con vida, pero apagada al mismo tiempo. Miró hacia los músicos y una lágrima logró por fin huir de su interior.








