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🌷 VENUS Y SU DEVOTA FAVORITA🌸One-shot💖

Summary

Becky nunca le pidió nada a Venus. Durante años acudió al templo para dejar flores, encender lámparas y pronunciar plegarias por otras personas. Pedía salud para su hermana. Fortaleza para su madre. Un buen matrimonio para una amiga. Paz para quienes habían perdido a alguien. Pero jamás pedía amor para sí misma. Venus comienza a observarla precisamente por eso. Una mortal que acude al templo de la diosa del amor y nunca solicita ser amada. Una mujer que parece comprender el amor mejor que muchos de los dioses que lo utilizan como entretenimiento. La curiosidad se convierte en interés. El interés, en compañía. Y la compañía, poco a poco, en algo que ninguna de las dos sabe cómo nombrar. Porque Venus está acostumbrada a que los mortales la deseen por lo que representa. Becky, en cambio, empieza a querer conocer a la mujer que existe detrás de la diosa. Y cuanto más cerca están, más peligrosa se vuelve la pregunta que ambas intentan evitar: ¿Puede una diosa amar a una mortal sin convertir ese amor en una posesión?

Genre
Fantasy
Author
Queen
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

🌸

I. LA MUJER QUE NUNCA PEDÍA NADA

El templo de Venus estaba prácticamente vacío aquella tarde.

El último rayo de sol atravesaba las columnas y caía directamente sobre la estatua de mármol situada al fondo.

Becky llevaba casi una hora allí.

Había cambiado el agua de las flores.

Había limpiado el altar.

Había encendido tres lámparas.

Y ahora estaba sentada en uno de los escalones, observando el fuego.

-Si sigues mirándolas así, no van a crecer más rápido.

Becky se sobresaltó.

Se volvió.

Una mujer estaba apoyada contra una columna.

Vestía de blanco.

Su cabello oscuro caía sobre sus hombros.

No parecía haber entrado por ninguna puerta.

Simplemente estaba allí.

Becky se puso de pie inmediatamente.

-¿Quién eres?

La mujer sonrió.

-¿No vas a reconocerme?

-Debería?

-Llevas seis años viniendo a este templo.

Becky miró la estatua.

Después a la desconocida.

Volvió a mirar la estatua.

Su rostro perdió color.

-No.

La mujer sonrió.

-Sí.

Becky dio un paso atrás.

-¿Eres...?

-Venus.

Becky tragó saliva.

-Oh.

Venus arqueó una ceja.

-¿"Oh"?

-No sabía qué decir.

-Puedes empezar por dejar de mirarme como si hubiera aparecido un monstruo.

-Es que eres una diosa.

-Eso me han dicho.

Becky soltó una pequeña risa nerviosa.

-¿Y por qué estás aquí?

-Quería conocerte.

Becky frunció el ceño.

-¿A mí?

-Sí.

-¿Por qué?

Venus se acercó lentamente.

-Porque eres extraña.

Becky parpadeó.

-Eso no es precisamente un cumplido.

-Para mí sí.

-¿Qué hago de extraño?

Venus señaló el altar.

-Vienes casi todos los días.

-Es mi templo.

-Mi templo.

-Sí, bueno...

Becky suspiró.

-Técnicamente.

Venus sonrió.

-Y nunca pides nada para ti.

Becky se quedó callada.

-¿Me has estado observando?

-Soy una diosa.

-Eso no responde.

-Sí.

-Eso es un poco inquietante.

-¿Quieres que me vaya?

Becky la miró.

La pregunta parecía sencilla.

Pero había algo extraño en la forma en que Venus la había pronunciado.

Como si realmente aceptara cualquier respuesta.

-No.

Venus sonrió.

-Entonces me quedaré.

Becky volvió a sentarse.

-¿Así de fácil?

-¿Qué esperabas?

-No lo sé. Pensé que aparecerías envuelta en luz o algo parecido.

-Puedo hacerlo.

-¿Lo haces mucho?

-Cuando quiero impresionar a alguien.

Becky sonrió.

-¿Y conmigo no quieres?

-Todavía no he decidido si quiero impresionarte.

-¿Y qué quieres?

Venus se sentó a su lado.

-Quiero entenderte.

Becky soltó una risa.

-Buena suerte.

-¿Tan complicada eres?

-No.

Becky miró el altar.

-Solo aprendí hace tiempo que las personas suelen creer que conocen tu historia después de escuchar dos cosas sobre ti.

Venus la observó.

-¿Y cuál es tu historia?

-No pienso contártela hoy.

-¿Por qué?

Becky la miró directamente.

-Porque acabas de aparecer en mi templo y ya estás haciendo preguntas demasiado personales.

Venus sonrió.

-Me gusta.

-¿Qué?

-Que no tengas miedo de decirme que no.

Becky se encogió de hombros.

-Ser diosa no te da derecho a saberlo todo.

Venus permaneció en silencio.

Después sonrió.

-Definitivamente me gustas.

Becky sintió calor en las mejillas.

-No deberías decirle eso a una devota.

-¿Por qué?

-Porque puede malinterpretarlo.

-¿Y tú lo estás malinterpretando?

Becky sostuvo su mirada.

-Todavía no lo sé.

Venus sonrió.

-Entonces tendremos que seguir hablando.

II. UNA DIOSA DEMASIADO CURIOSA

Venus volvió al día siguiente.

Becky estaba moliendo hierbas.

-Llegas tarde.

Venus se detuvo.

-¿Me estabas esperando?

-No.

-Entonces, ¿cómo sabes que llegué tarde?

Becky la miró.

-Porque ayer apareciste a esta hora.

-¿Y recuerdas la hora?

-Sí.

Venus sonrió.

-Me estabas esperando.

-No.

-Becky.

-Venus.

-Te estoy empezando a conocer.

-Y yo a ti.

-Entonces sabes que tengo razón.

Becky negó con la cabeza.

-Eres insoportable.

-Y aun así me estás sonriendo.

Becky intentó ocultarlo.

Venus se sentó frente a ella.

-¿Qué estás haciendo?

-Una infusión.

-¿Para quién?

-Para ti.

Venus parpadeó.

-¿Para mí?

-Ayer dijiste que te gustaba.

-¿Recuerdas eso?

-Sí.

Venus tomó la taza cuando Becky se la ofreció.

Probó un sorbo.

-Está buena.

-Gracias.

-¿La preparaste tú?

-Sí.

Venus volvió a beber.

-Entonces está mucho mejor.

Becky sonrió.

-¿Así funcionan los cumplidos divinos?

-No.

-¿Cómo funcionan?

-Normalmente no necesito esforzarme.

-Qué arrogante.

-Soy Venus.

-Eso no es una excusa.

Venus soltó una carcajada.

-Tienes una opinión bastante particular sobre los dioses.

-Tengo una opinión bastante particular sobre cualquiera que se crea superior a los demás.

Venus dejó la taza.

-¿Me consideras superior?

Becky la miró.

-Eres inmortal.

-Eso no significa que sea superior.

-Tienes poderes.

-Tú tienes cosas que yo no tengo.

-¿Qué?

Venus sonrió.

-Tiempo limitado.

Becky frunció el ceño.

-Eso no es una ventaja.

-Precisamente por eso lo es.

-No entiendo.

Venus apoyó los codos sobre las rodillas.

-Los mortales saben que el tiempo termina. Por eso algunas cosas les importan tanto.

Becky la observó.

-¿Y a ti qué te importa?

Venus tardó en responder.

-Últimamente, venir aquí.

Becky bajó la mirada.

-Eso es peligroso.

-¿Por qué?

-Porque vas a acostumbrarte.

Venus sonrió suavemente.

-Ya lo hice.

III. LA PRIMERA DISCUSIÓN

Un mes después, Becky estaba furiosa.

Venus había desaparecido durante nueve días.

Cuando regresó, encontró el templo vacío.

-¿Becky?

No hubo respuesta.

La encontró afuera, junto al jardín.

-¿Estás enfadada conmigo?

-No.

Venus se apoyó contra la puerta.

-Eso significa que sí.

-No tienes derecho a preguntarme.

-¿Por qué?

Becky se volvió.

-Porque desapareciste.

-Tuve asuntos en el Olimpo.

-Podrías haberlo dicho.

-No sabía que necesitaba pedirte permiso.

Becky soltó una risa incrédula.

-No necesitabas pedir permiso.

-Entonces, ¿qué querías?

-Una explicación.

-No pensé que te debiera una.

Aquello dolió.

Venus lo notó inmediatamente.

-Becky...

-No.

Becky negó con la cabeza.

-Está bien.

-No era lo que quise decir.

-Pero es lo que dijiste.

-Sí.

-Entonces está bien.

Venus se acercó.

-No, no está bien.

-¿Por qué?

-Porque estás dolida.

-Y tú no entiendes por qué.

-Entonces explícamelo.

Becky la miró durante unos segundos.

-Porque empezaste a formar parte de mi vida.

Venus quedó inmóvil.

-Y cuando alguien forma parte de tu vida, no desaparece nueve días sin decir nada.

-No sabía que yo formaba parte de la tuya.

Becky bajó la voz.

-Ese es precisamente el problema.

Venus respiró lentamente.

-No sabía cómo hacerlo.

-¿Cómo hacer qué?

-Tener una relación con alguien que no es como yo.

Becky la miró.

-No soy un experimento.

-Nunca dije que lo fueras.

-Pero actúas como si tuvieras que aprender a relacionarte conmigo porque soy mortal.

-Porque lo eres.

-Entonces no me quieras.

Venus palideció.

-No digas eso.

-¿Por qué?

-Porque no quiero imaginarme un mundo donde no estés.

Becky se quedó callada.

Venus continuó:

-He tenido amantes.

-Lo sé.

-He visto personas enamorarse de mí.

-También lo sé.

-Pero contigo es diferente.

-¿Por qué?

Venus dio un paso.

-Porque no sé qué hacer cuando me importas de verdad.

Becky sintió que su enojo se debilitaba.

-Podrías empezar por hablar conmigo.

Venus asintió.

-Tienes razón.

-Lo sé.

-Eres bastante difícil.

-Y tú estás acostumbrada a que nadie te contradiga.

-También.

Becky finalmente sonrió.

-Entonces tenemos trabajo.

Venus sonrió.

-Mucho.

IV. LO QUE VENUS NO DECÍA

Con el tiempo, la relación cambió.

Ya no eran solamente diosa y devota.

Eran dos mujeres que se buscaban.

Una tarde, Becky encontró a Venus mirando las antiguas pinturas del templo.

-¿Qué haces?

-Recordando.

-¿Qué?

-A alguien.

Becky se acercó.

-¿Un amante?

Venus asintió.

-Hace mucho tiempo.

Becky dudó.

-¿Lo amabas?

-Sí.

-¿Qué pasó?

-Murió.

Becky guardó silencio.

-¿Todavía lo amas?

Venus la miró.

-No de la misma manera.

-¿Eso significa que el amor puede terminar?

-No.

Venus sonrió tristemente.

-Significa que puede cambiar.

Becky bajó la mirada.

-Eso me asusta.

-¿Por qué?

-Porque tú vas a seguir aquí.

Venus entendió inmediatamente.

-Y tú no.

Becky asintió.

-Sí.

Venus se acercó.

-¿Quieres que te diga que nunca morirás?

-No.

-¿Quieres que prometa que encontraré una forma de impedirlo?

-No.

-Entonces, ¿qué quieres?

Becky levantó los ojos.

-Quiero que no me trates como algo que tienes que conservar.

Venus frunció el ceño.

-No entiendo.

-Si me amas, no quiero que conviertas mi vida en una prisión para evitar perderme.

Venus permaneció en silencio.

-Quiero vivir -continuó Becky-. Quiero equivocarme. Quiero cambiar. Quiero envejecer. Quiero tener días malos. Quiero discutir contigo por cosas absurdas. Quiero hacer planes que quizá no salgan bien.

Sonrió.

-Quiero una vida.

Venus acarició su rostro.

-Y yo quiero estar en ella.

-Entonces quédate.

-Lo haré.

-Incluso cuando sea difícil.

-Especialmente entonces.

V. LA PRIMERA VEZ QUE VENUS TUVO CELOS

Fue ridículo.

Venus lo sabía.

Pero aun así ocurrió.

Un joven mortal comenzó a visitar el templo.

Era amable.

Educado.

Y evidentemente estaba enamorado de Becky.

Una tarde, Venus apareció justo cuando él le entregaba flores.

-Qué bonitas.

El joven se volvió.

-Mi señora.

Venus sonrió.

-No soy tu señora.

-Claro.

Venus miró las flores.

-¿Son para ella?

-Sí.

Becky apareció detrás.

-Venus...

-¿Sí?

-No empieces.

-No estoy haciendo nada.

-Te conozco.

Venus cruzó los brazos.

-Yo también te conozco.

Becky suspiró.

-Es solo un amigo.

-No dije nada.

-Tu cara sí.

-Mi cara es perfecta.

-Tu cara está celosa.

Venus la miró.

-No estoy celosa.

El joven miró incómodo a ambas.

-Creo que debería irme.

Becky le sonrió.

-Sí. Será mejor.

Cuando se quedó sola con Venus, Becky cruzó los brazos.

-¿En serio?

-¿Qué?

-¿Celosa de un mortal?

-No.

-Freen.

Venus cerró los ojos.

-Está bien.

-¿Sí?

-Sí.

-¿Por qué?

Venus la miró.

-Porque él puede darte algo que yo no.

Becky dejó de sonreír.

-¿Qué?

-Una vida normal.

Becky se acercó.

-Yo no quiero una vida normal.

-Eso dices ahora.

-Y lo seguiré diciendo.

-Becky...

-No quiero al hombre que podría casarse conmigo, envejecer conmigo y morir conmigo.

Venus permaneció inmóvil.

-Te quiero a ti.

-Eso no es justo.

-El amor nunca ha sido justo.

Venus sonrió tristemente.

-Debería saberlo mejor que nadie.

Becky tomó su mano.

-No necesito que seas fácil.

-¿No?

-No.

-¿Entonces qué necesitas?

Becky la miró directamente.

-Que seas sincera.

Venus entrelazó sus dedos.

-Eso puedo hacerlo.

VI. LA ELECCIÓN

Los rumores llegaron finalmente al Olimpo.

Venus fue convocada.

Zeus habló primero.

-Una mortal.

Venus permaneció de pie.

-Sí.

-¿Una mortal?

-Eso he dicho.

-¿Y pretendes continuar con esto?

-Sí.

-Sabes cómo termina.

-Sí.

-Entonces eres consciente de que la perderás.

Venus sostuvo su mirada.

-Sí.

-¿Y aun así eliges esto?

Venus respondió sin dudar:

-Sí.

Zeus la observó.

-No comprendes la gravedad.

-La comprendo perfectamente.

-Entonces eres necia.

Venus sonrió ligeramente.

-Quizá.

-¿Qué tiene esa mujer que justifique semejante riesgo?

Venus pensó en Becky.

En sus preguntas.

En sus discusiones.

En la forma en que se reía cuando intentaba ocultar la felicidad.

En la forma en que nunca le había pedido nada.

-No tiene nada que justificar.

Zeus frunció el ceño.

-¿Qué?

-No tengo que presentar razones para quererla.

Silencio.

-Soy la diosa del amor -continuó Venus-. Si mi propia naturaleza me obliga a negar aquello que siento por miedo a perderlo, entonces no soy diferente de los mortales que pasan la vida huyendo de lo que desean.

Zeus no respondió.

Venus se marchó.

Cuando regresó al templo, Becky estaba esperándola.

-¿Qué pasó?

Venus la miró.

-Nos descubrieron.

Becky palideció.

-¿Y?

-Y decidí que no voy a esconderte.

Becky respiró profundamente.

-¿Estás segura?

Venus se acercó.

-No.

-¿No?

-Estoy aterrada.

Becky sonrió.

-Entonces estamos otra vez en igualdad de condiciones.

Venus soltó una pequeña risa.

-Siempre haces eso.

-¿Qué?

-Consigues que algo que parece terrible deje de darme tanto miedo.

Becky tomó su rostro entre las manos.

-No puedo prometerte que todo saldrá bien.

-Lo sé.

-No puedo prometerte que nunca sufriré.

-Lo sé.

-Ni siquiera puedo prometerte cuánto tiempo tendremos.

Venus cerró los ojos.

-Lo sé.

Becky la besó suavemente.

-Pero puedo prometerte que mientras esté aquí, te voy a elegir.

Venus abrió los ojos.

-Eso es suficiente.

-¿Para una diosa?

Venus sonrió.

-Para mí.

VII. MUCHOS AÑOS DESPUÉS

El tiempo pasó.

Becky envejeció.

Venus no.

Y, sin embargo, no dejaron de elegirse.

Una noche, Becky volvió al templo.

Caminaba más despacio.

Tenía el cabello plateado.

Venus la esperaba en los escalones.

-Llegas tarde.

Becky sonrió.

-Te estás volviendo impaciente.

-Siempre lo fui.

Becky se sentó junto a ella.

-¿Sabes qué estaba pensando?

-No.

-Que cuando te conocí pensé que eras demasiado arrogante.

Venus sonrió.

-¿Y ahora?

-Sigues siendo demasiado arrogante.

-Me alegra que algunas cosas no cambien.

Becky apoyó la cabeza sobre su hombro.

-Yo cambié mucho.

Venus la miró.

-Sí.

-¿Te molesta?

-No.

-¿Segura?

-Becky, te amé cuando tenías veinte años. Te amé cuando tenías treinta. Te amé cuando comenzaste a tener canas. ¿Por qué habría de dejar de hacerlo ahora?

Becky sonrió.

-Porque ya no soy la misma mujer.

Venus acarició su cabello.

-Precisamente por eso.

Becky cerró los ojos.

-Tengo miedo.

Venus sintió que algo se rompía dentro de ella.

-Yo también.

-No quiero que me tengas miedo.

-No te tengo miedo.

-Entonces, ¿a qué?

Venus besó su frente.

-A un mundo en el que no pueda escucharte.

Becky tomó su mano.

-Cuando llegue ese día, no pienses en el final.

-¿En qué pienso?

-En todo lo que tuvimos.

Venus negó con la cabeza.

-No sé si podré.

Becky sonrió.

-Entonces piensa en esto.

-¿Qué?

-Que durante toda una eternidad, tú fuiste una diosa rodeada de millones de personas.

Apretó suavemente sus dedos.

-Y aun así encontraste una mortal que consiguió hacerte sentir acompañada.

Venus soltó una risa entre lágrimas.

-Eras demasiado orgullosa.

-Y tú demasiado arrogante.

-Todavía lo soy.

-Lo sé.

Becky levantó el rostro.

-Ven.

Venus se inclinó.

Se besaron lentamente.

Sin desesperación.

Sin promesas imposibles.

Solo con la certeza de que habían vivido aquello que tantas personas pasaban su vida buscando.

Cuando se separaron, Becky susurró:

-No me conviertas en un recuerdo triste.

Venus negó.

-Nunca.

-Prométemelo.

-Te lo prometo.

-Entonces puedo irme tranquila.

Venus cerró los ojos y apoyó la frente contra la suya.

-Te amo.

Becky sonrió.

-Lo sé.

Y por primera vez desde que se habían conocido, Venus no intentó detener el tiempo.

Lo dejó pasar.

Porque había aprendido de Becky que amar no significaba poseer.

No significaba impedir una despedida.

No significaba convertir un instante en eternidad.

A veces amar significaba simplemente estar presente.

Hasta el último momento.

Mucho tiempo después, los sacerdotes del templo comenzaron a contar una historia.

Decían que Venus todavía visitaba aquel lugar.

Que algunas noches se sentaba en los escalones y dejaba una flor junto al altar.

Nadie sabía para quién era.

Pero quienes conocían la historia decían que la diosa del amor nunca volvió a aceptar que alguien la llamara simplemente diosa.

Porque hubo una mortal que le enseñó algo que ningún inmortal había conseguido enseñarle:

que ser adorada no era lo mismo que ser conocida.

Y que ser deseada no era lo mismo que ser amada.

Becky nunca quiso convertirse en la favorita de Venus.

Solo quiso conocer a la mujer detrás de la diosa.

Y Venus, después de toda una eternidad, finalmente encontró a alguien que no se arrodilló ante ella.

Alguien que se quedó a su lado.

No como devota.

No como súbdita.

Sino como igual.

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