¿USTEDES ESTÁN SALIENDO?
★ Especial de cumpleaños para mi amada esposa ( ˘³˘)♥
★ KiriDeku ★ AU héroes ★ Noviazgo ★ Secretos ★ Tarde de películas ★ Sorpresa ★ Amor ★ Ternura ★ Aquí Izuku no perdió el One For All
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El ciclo escolar había reiniciado.
Todos los alumnos de la clase A eran oficialmente de tercer año.
Tenían algunas semanas de haber regresado a sus actividades cotidianas en la UA. Aunque los dormitorios habían sido diseñados para prevenir ataques a los estudiantes hace dos años, se habían conservado hasta la actualidad. La alegría y «organización» que tenían en ese primer año seguía intacta.
Esa tarde, después de una clase pesada de tres horas con el profesor Cementos, toda la clase había terminado rendida. Sus mentes se sentían fritas, sus cuerpos exhaustos, la luz del atardecer entraba por los enormes ventanales, pintando todo de un color naranja, dando una vista relajante, y las avecitas de afuera cantaban, ignorantes de la pesadez de los adolescentes.
Uno a uno fueron recogiendo sus cosas y salieron directo a los pasillos con los pies arrastrando. Por suerte, había pocos estudiantes. Monoma, quien aún después de dos años seguía igual de escandaloso, se reía en sus caras por su aspecto acabado. Kendo, quien seguía siendo la hermana mayor de la clase B, le dio un golpe para dejarlo dormido y se retiró arrastrándolo, no sin antes disculparse con ellos por su actitud.
—Cielos, ese chico nunca cambia —suspiró Jiro, negando divertida mientras iba abrazada al brazo de Yaoyorozu, su mejor amiga.
—Y parece que jamás lo hará —Ochako, que iba a su lado izquierdo, había reído al decir eso.
Un coro de risas cansadas se escuchó detrás de ellas. Toda la clase A pensaba lo mismo.
—Aag, quiero llegar a bañarme y a comer esas rebanadas de pizza que sobraron de ayer —se quejó Kaminari mientras estiraba los brazos.
—No si yo te gano primero —lo retó Mineta con una sonrisa.
Ambos se miraron y salieron corriendo.
Esas rebanadas de pizza serían suyas.
—Vaya, parece que esos dos aún tienen energía. ¡Qué envidia! —soltó Mina mientras dejaba caer su peso en el rubio de ojos rojos.
—Quítate, estorbo —Bakugo forcejeó con ella mientras avanzaban por el pasillo.
—¡Qué cruel! Apiádate de mí, estoy cansada —dramatizó ella, llevándose una mano al pecho.
—No me importa, encárgate de ti misma —sentenció, apartándose de ella, y bajó las escaleras apresurado para evitar que se le volviera a pegar.
Todos rieron.
Sero fue más considerado y la dejó subir a su espalda, aun con el cansancio que sentía.
El camino a los dormitorios fue tranquilo. Algunos hablaban sobre las actividades que realizarían al llegar, otros iban hablando de los chismes que se habían enterado ese día en el almuerzo y otros solo iban caminando en silencio, admirando el jardín.
—¿Quieres que te ayude con eso? —Una voz algo rasposa y grave resonó al lado izquierdo del peliverde.
Kirishima.
—¿Seguro? —titubeó el semi pecoso, deteniéndose de la caminata con sus compañeros.
El pelirrojo solo sonrió y le quitó la mochila amarilla de los hombros para colgarla en el suyo. Le sonrió, sus dientes puntiagudos asomándose brillantes.
—Andando —le dio un pequeño empujón en la espalda baja y siguieron con su caminata.
El peliverde sonrió y se pegó un poco a él.
No tardaron nada en llegar al edificio de sus dormitorios. El caos se desató enseguida: unos muriéndose de sueño, otros de hambre. Las chicas corrieron al baño, necesitaban ese respiro. La mitad de los chicos subieron a asearse y otros a asaltar el refrigerador. Iida gritaba, intentando ordenar a todos, y los demás solo reían, ignorándolo.
El caos se desató por completo cuando Mineta y Kaminari pelearon a muerte por los pedazos de pizza.
Izuku solo negó y subió por su cuenta hasta su habitación, ya que los elevadores estaban ocupados en ese momento. Kirishima iba detrás de él. Al llegar a su cuarto, ambos pasaron. El pelirrojo dejó la mochila en el escritorio, Izuku le agradeció y él solo respondió con una caricia suave en la mejilla contraria. Su pulgar trazó una pequeña danza lenta, dándole escalofríos al contrario. Ajustó su propia mochila a la espalda y salió, dándole espacio al más bajo.
Izuku se quedó un momento tocándose justo en el lugar en donde Kirishima había puesto su mano. Aún podía sentir la calidez en su piel. Podrá tener un don de endurecimiento, incluso entrenar lo suficiente, pero su piel seguía extremadamente suave. Sus mejillas se sonrojaron un momento y luego rió quedito. Se dispuso a quitarse el uniforme y se metió a bañar. Esta vez no quiso usar el baño grupal, prefirió la comodidad de su habitación. El agua salió a los minutos, sus músculos se destensaron cuando el manto de agua tibia tocó su piel. Un suspiro de satisfacción salió de sus labios.
Tardó más de lo normal, se envolvió en una toalla y buscó ropa cómoda.
Agradeció que al siguiente día fuera sábado. No tendría que preocuparse tanto por las tareas del siguiente día. Envió un mensaje a su madre, informando que llegaría al siguiente día por la tarde, y se dejó caer a la cama, aún con la toalla en la cabeza. Sus ojos se perdieron en el póster de All Might que tenía en el techo. Estaba por quedarse dormido, pero una vibración de su celular lo distrajo.
Se talló los ojos y revisó. Era uno de Kacchan, preguntaba si quería entrenar en el campo Beta.
¿Entrenar a estas horas?
¿Acaso aún tenía energía para más?
Sí, era temprano, y sí, también tenía aún energías. Podría decir que sí, pero revisó la hora y negó. Esa tarde se iba a estrenar un nuevo capítulo del programa Héroes, un canal que era exclusivo para entrevistar a los más grandes héroes del mundo. No quería perdérselo. Se disculpó con Katsuki y bajó al primer piso minutos después.
Conforme el elevador descendía, se sintió un poco avergonzado. Por un momento se sintió su madre con las novelas turcas. Nunca se perdía un capítulo y ahora él estaba igual.
Ja.
Qué más daba, esto era algo importante.
Cuando las puertas se abrieron, el escándalo lo recibió. Ya estaba acostumbrado. Salió de la cabina y encontró a la mayoría devorando la comida que Sato, al parecer, había preparado.
—Deku, ven, te guardé un plato —llamó Ochako animada, mostrando el plato al lado de ella.
—Oh, gracias —sonrió en grande y se acercó.
Iida, a su lado, seguía ordenando. Tenían que comer con la boca cerrada y masticar despacio. Claro que era ignorado como siempre. Algunas cosas no cambian.
—Oye, Midoriya —Kaminari, quien había sido el ganador de las rebanadas, interrumpió—. ¿Qué tal estuvo ayer la salida con Kirishima?
Algunos ignoraron el comentario, centrándose solamente en sus alimentos. Izuku y Ochako voltearon enseguida al escucharlo. Iida dejó de gritonear y puso atención, al igual que el bicolor, quien dejó de comer su soba para poner más atención de la debida.
—Excelente —respondió con entusiasmo y nerviosismo, evitando la mirada de sus amigos—. Llegamos justo a tiempo a la función y no había tanta gente, así que pudimos disfrutar sin complicaciones.
Sonrió, llevándose una mano a la nuca.
—Genial —sonrió el rubio, levantando el pulgar, y regresó a comer, no sin antes darle un manotazo a la pequeña mano de Mineta. Quería robarle un pedazo el sinvergüenza.
Sato solo negó por esa acción. Si tanto querían más pizza, solamente debieron decirle y él con gusto hubiera preparado más.
Ochako, al terminar de escuchar, quería saber más detalles, aunque sabía que Izuku no diría más, al menos no en el comedor con todos. El día anterior no había podido hablar con su amigo, estaba ansiosa, pero no había tenido tiempo para hablar como tal. Ella había estado casi una hora en el cuarto del peliverde para ayudarlo a elegir un atuendo adecuado. Lo había regañado por no tener nada excelente para la ocasión y el peliverde se había defendido diciendo que nunca creyó necesitarlo.
Luego de intentar combinar algo y fracasar en el intento, había terminado por asaltar el ropero de Shoto y de Iida. Ninguno de los dos se había negado, al contrario, habían enseñado sus mejores atuendos. Al final terminó usando uno de Shoto. Era más alto y le quedaría algo grande, pero los de Iida quedaban demasiado anchos. Solo se le dobló un poco el pantalón y las mangas, y el resultado había quedado de maravilla.
Ochako se sentía realizada por ese resultado, así que había saltado emocionada.
Después de algunas fotos por parte de Ochako para atesorar el momento, y consejos y recomendaciones por parte de Iida, el pecoso había salido de los dormitorios.
Ese día el pelirrojo y él saldrían a una tarde de cine. Una película muy deseada por ambos estaba en cartelera y no querían perdérsela por nada.
Así que sí, la más ansiosa del grupo de amigos era ella, la castaña. Después de comer lo asaltaría con mil preguntas en su habitación, aunque eso quedó en segundo plano, ya que cayó rendida después de comer. Su cara quedó recargada en la mesa.
Iida la llevó con extremo cuidado hasta su habitación sin despertarla.
Cuando el pecoso estaba por terminar, notó algo. Kirishima no estaba. Sus ojos verdes recorrieron el comedor, Shoto lo notó enseguida.
—Salió con Bakugo a entrenar —soltó entrecortado mientras comía.
Izuku solo asintió y terminó.
Después de que todos se pusieran de acuerdo para lavar y recoger el comedor, se había sentado en el enorme sillón de la sala. Agradecía que nadie estuviera usando la televisión en ese momento. Vio cómo la mayoría de sus compañeros se esparcía por el dormitorio. Él solo se acomodó en el afelpado sillón y encendió el aparato, buscó rápido el canal y suspiró de alivio al notar que aún no empezaba.
Al empezar, casi llora de emoción al escuchar al presentador decir que hoy sería un maratón del programa.
Las horas pasaron y él se desconectó de lo demás. Solo eran él, las papitas y soda que Shoto había dejado a su lado en la mesita de la lámpara sin que se diera cuenta, y su preciado programa.
Después de cuatro capítulos, mientras había un comercial, se estiró y notó por fin las papitas y la soda. Sonrió, sintiendo calidez en el pecho. No era necesario preguntar quién las había puesto en ese lugar, sabía que era Shoto. Solía hacer ese tipo de cosas cuando veía que sus amigos se concentraban en sus cosas. Si estaban a la vista, los dejaba a su lado sin interrumpir, y si estaban en sus cuartos, tocaba y se los daba.
Amaba esos detalles de él.
Los destapó y regresó la vista al programa, que ya había empezado.
Una hora pasó y sintió movimiento a su lado. Volteó y vio al pelirrojo. Se veía cansado, llevaba ropa cómoda, el cabello hacia abajo, con una toalla en la nuca y una pequeña cobija en su hombro.
—¡Eiji! —llamó con entusiasmo, olvidando por completo el programa.
El contrario solo sonrió por su reacción, dejó la toalla en el respaldo del sillón y se dejó caer en el sillón. Se tapó con la cobija y acomodó su cabeza en el regazo del peliverde. Todo lo hizo con cuidado. El corazón del peliverde saltó y trabajó de prisa al ver lo que el contrario hacía.
Se acomodó de mejor manera. Su cuerpo hormigueó al sentir el peso en sus piernas, sus manos algo temblorosas ajustaron de mejor manera la cobija de Eijiro.
—¿Qué tal estuvo el entrenamiento con Kacchan? —soltó cuando el pelirrojo se había acomodado.
—Meee, no estuvo mal, reforzamos una nueva defensa —sus ojos rojos recorrían la cara semi pecosa, deteniéndose por un momento en sus labios. Izuku lo notó y esquivó la mirada—. Pensamos que te unirías —dijo con diversión al notar que el otro se había rendido.
—Bueno… pensé en hacerlo, pero hoy era noche de programa… —respiró y se controló, regresando su mirada.
Eijiro rió, volteó a ver la televisión y el presentador tenía al héroe enmascarado, el Santos, de México. Regresó su vista al peliverde y este se veía indeciso. Tenía su atención en él, pero sus ojos brincaban a la tele cada cierto tiempo. Estiró su mano y la apoyó en el mismo lugar de hace unas horas, en su mejilla.
—Está bien, bonito, sigue viendo el programa.
Izuku se atragantó con su saliva. Aún no se acostumbraba a escuchar ese apodo.
Izuku solo sonrió y siguió en lo suyo. Kirishima se acomodó mejor y llevó su vista de nuevo al televisor. La entrevista se veía interesante, el Santos era increíble, pero sus ojos empezaban a pesar un poco al pasar los minutos.
—¿Muy cansado? —habló quedito Izuku al ver su estado.
—Sí, un poco. El día estuvo pesado, el entrenamiento de hace rato me terminó costando más energía de la que pensaba —cerró los ojos un momento y bostezó.
—¿Comiste al menos? —Izuku pasó su mano por el cabello contrario, lo peinó lento, sus dedos se hundían en la sedosidad del cabello aún húmedo de Kirishima. Era increíble, su cabello era suave, como pequeñas motitas de algodón. Sus dedos sentían un cosquilleo, Kirishima soltó un suspiro de alivio al sentir esas caricias.
—Sí, comí algo rápido hace un momento.
Sus ojos se cerraron de nuevo y se dejó llevar por las caricias. Izuku se puso algo rojo. Si Kirishima había comido, eso significaba que había estado a unos cuantos metros de él y no se había dado cuenta por estar en el programa.
Izuku estaba tentado a apagar el televisor. El chico se veía realmente cansado. También estaba tentado a mandarlo a su habitación a descansar, pero no quería que se moviera… Los ojos rojos, brillantes, llenos de una ternura que era solo para él, le decían que no lo hiciera, y esa pequeña sonrisa se lo había confirmado.
Estoy bien, sigue en lo tuyo.
Izuku se acomodó un poco y regresó su vista a la televisión.
Con una mano, seguía acariciando el cabello. La otra la había llevado a su barbilla. Su voz salía quedita, los murmullos eran casi audibles, apenas se entendía, pero era claro que estaba hablando del programa de héroes. Eijiro sonrió. Era increíble, la tarde anterior ambos habían salido a ver esa película de héroes. Él estaba por dejarla pasar, pero cuando escuchó y vio lo entusiasmado que Izuku estaba, no lo dudó y lo había invitado a verla. Había pasado media hora eligiendo un atuendo, Katsuki casi lo golpea por tardar tanto, al final él le ayudó.
Habían salido, la función los dejó fascinados y después estuvieron casi tres horas, TRES HORAS, sentados en una cafetería, hablando sobre la película, sobre los héroes que habían salido, sobre estrategias, todo mientras tomaban una malteada. Sin duda, Izuku era una cajita de música sin fin cuando le daba cuerda. Hablaba y hablaba. Desde que lo conocía, desde el primer año, eso era algo que le agradaba de él, pero ahora, verlo así, tan emocionado, con su cara iluminada por algo que le fascina, sin detenerse ya que había confianza, le encantaba.
Sí, amaba cuando hacía eso.
Así que estuvo un rato más así, viendo la pantalla, mientras de fondo se escuchaban el murmullo de Izuku y, más a lo lejos, las voces de sus compañeros. El cansancio en su cuerpo lo consumió, cerró los ojos, se centró en la caricia de su cabello y cayó dormido.
Izuku, al ya no sentir movimiento, regresó la mirada a Eijiro. Sonrió con ternura al verlo así, dormido, tan relajado. Estuvo tentado a tomarle una fotografía y guardarla como su tesoro más grande, pero se contuvo. Le quitó unos mechones de cabello de la frente con extremo cuidado, se agachó lento para evitar moverse mucho y dejó un casto beso en su frente. Regresó a su posición, acomodó la cobija de mejor manera y continuó con sus caricias. Regresó su atención a la nueva entrevista y se dejó embriagar por el calor que el cuerpo contrario le transmitía. Su peso en las piernas era moderado, su olor a frescura lo hizo suspirar quedito.
Una media hora después, Mina, quien estuvo toda la tarde haciéndose skincare en el cuerpo, bajó renovada para hacerse algo fresco. Se le antojaba una malteada, revisaría si tenía todo lo necesario. Iba con los brazos estirados cuando el elevador se abrió. Esperaba encontrar todo el primer piso solo, pero se llevó una sorpresa al escuchar el sonido de la televisión. Curiosa, llevó sus pasos hacia la sala. Pensó que todos estarían en sus habitaciones. Sus ojos se agrandaron un poco al detallar la figura de Midoriya en el sofá. Las luces estaban apagadas, solo era la luz de la televisión. Prendió una de las luces del comedor, pero el joven no se inmutó. Estaba por hablarle cuando se detuvo en seco.
Un pie se asomaba en el reposabrazos del sillón. Si Midoriya estaba en un extremo, ¿quién más estaba en este lado?
Se acercó de puntillas, curiosa, y casi se va de boca al descubrir a la otra persona.
Kirishima…
SU KIRIBRO.
Ella lo hacía en cama, dormido, tal vez jugando videojuegos con Bakubro.
Ahogó un grito al ver las posiciones.
Sí, sabía que Midoriya tenía confianza con sus compañeros, sabía que entre su grupito de amigos se abrazaban, se recargaban en ellos, pero ¿Kirishima?
Se mordió los labios y lágrimas salieron de sus ojos negriamarillos al detallar la escena. El peliverde estaba concentrado viendo la pantalla mientras murmuraba quedito. Eijiro estaba acostado en su regazo, la mano de Midoriya acariciaba con una ternura infinita su cabello pelirrojo. Todo se sentía tan en confianza, tan… íntimo.
¿Qué estaba pasando?
¿Acaso ellos…?
Se tragó el nudo en la garganta, caminó hasta llegar al sillón y, con voz algo chillona, preguntó:
—¿Ustedes están saliendo?
Izuku, quien estaba tan metido en la pantalla, ahogó un grito al escuchar la voz. Su cuerpo se estremeció, su corazón casi se sale, lo habían tomado desprevenido.
—¿Qué? —volteó enseguida, aún cuidando sus movimientos para no despertar al pelirrojo. Sus ojos tardaron unos segundos en distinguir quién era la responsable de casi sufrir un infarto—. Oh, Mina… —se llevó una mano al pecho para tratar de tranquilizar a su pobre corazón y rió un poco mientras prendía la lámpara que estaba en la mesita pegada al sillón. Ambos pares de ojos se cegaron un momento por el cambio tan brusco de luz.
Fueron solo unos segundos, pero la luz amarilla iluminó la mayor parte de la sala. Esto reflejó aún más la escena frente a los ojos de ella.
—Midoriya, ¿ustedes están saliendo? —volvió a preguntar, ansiosa por escuchar la respuesta. Izuku solo se aclaró la garganta.
—Oh, sí —dijo quedito. Sus manos temblaron, al igual que sus labios, al ver la cara de indignación de la pelirrosa—. ¿Mina?
Estaban saliendo.
Midoriya acababa de confirmarlo.
Saliendo.
Saliendo.
Saliendo.
ELLOS DOS ESTABAN SALIENDO.
Nuevas lágrimas salieron de sus ojos. Apretó sus puños hasta casi hacerse blancos y su cara, de tez rosada, adquirió un matiz rojo. Izuku se preocupó, nunca la había visto así. Movió las manos nervioso, la televisión quedó en el olvido.
—¿Mina, estás bien? —su voz salió baja, su nuca empezó a picar.
—¿CÓMO QUE ESTÁN SALIENDO? —La voz de Mina salió fuerte, casi en un grito. Izuku saltó del susto y abrió la boca para intentar explicarle.
Mina se sentía traicionada, su corazón se estrujó con fuerza.
¿Cómo era posible que ellos estuvieran saliendo y Kirishima no le había contado NADA?
Desgraciado.
Se acercó más hasta quedar de frente a ellos y agarró uno de los cojines. Lo tomó y comenzó a golpear a ambos. Izuku tuvo que cerrar los ojos y la boca antes de que ella lo hiciera tragar el cojín de tantos golpes. Intentó detenerla, pero no daba tregua.
—Mina, calma, nosotros…
—NI UNA PALABRA, MIDORIYA. ¿POR QUÉ NO ME DIJERON NADA? ¿DESDE CUÁNDO?
Kirishima, quien estaba tan a gusto descansando, frunció el ceño al sentir el cambio brusco en el ambiente. Sintió una sacudida y un peso extra en su abdomen. Abrió los ojos y los cerró enseguida al sentir un golpe en la cara.
—¿Qué demonios?
Intentó incorporarse, no entendía nada. Estaba dormido en su chico y ahora recibía golpes en la cara sin piedad. Tocó lo que tenía en el pecho y sintió una rodilla, la empujó sin fuerza y la pelirrosa perdió el equilibrio. La batalla de almohadas se detuvo por un momento, el suficiente para incorporarse y ver qué era lo que pasaba. Izuku estaba despeinado, con las manos en la cara, y Mina estaba recuperándose. Por su cara








