✦︎ GHOSTFACE ✦︎
Las luces neón de la fiesta parpadeaban contra el humo denso de la sala, pero tu mente estaba en otra parte. Llevabas más de dos años soltera, atrapada en una rutina interminable de trabajo en la oficina donde tu único papel era ser la chica amable, la que sonreía a todos y entregaba los reportes a tiempo.
Sin embargo, esta noche era diferente.
Las palabras de tu amiga aún resonaban en tu cabeza mientras te acomodabas el borde de la falda oscura: «Nadie de la empresa va a venir a esta fiesta. Olvídate de la oficina por una noche, ponte algo sexy y déjate llevar. Nadie sabrá quién eres».
Y le habías hecho caso.
El espejo te devolvía una versión de ti que jamás te habías atrevido a mostrar: un maquillaje ahumado e intenso, una falda gótica corta y unas medias negras de encaje sujetas por un liguero que dejaba a la vista una franja tentadora de piel en tus muslos. Te sentías poderosa, sensual... y completamente fuera de tu zona de confort.
En el rincón más oscuro del pasillo, recargado contra la pared y oculto tras la túnica negra y la máscara blanca de Ghostface, Yoongi sostenía un vaso sin probarlo. Odiaba las fiestas ruidosas, pero sus amigos lo habían arrastrado. Se ajustó la máscara de plástico frío, sintiendo el aire caliente de su propia respiración.
Entonces, te vio entrar.
El cerebro de Yoongi colapsó. La música a su alrededor pareció extinguirse por completo.
Sus ojos, fijos detrás de las cuencas negras de la máscara, recorrieron cada centímetro de tu figura: la falda corta, la curva de tus caderas, el liguero ajustado a tus muslos blancos...
—¿Eres tú? —se dijo a sí mismo, con la boca volviéndose seca—. Mierda... ¿dónde diablos habías escondido ese cuerpo?
Eras la misma chica dulce de la oficina. La que le entregaba los papeles con una sonrisa amable todas las mañanas mientras él solo te respondía con monosílabos helados para ocultar lo mucho que le temblaban las manos cerca de ti.
La chica por la que llevaba meses perdiendo el sueño en silencio.
Verte lucir tan sensual, tan expuesta a las miradas de los demás hombres en la fiesta, encendió un fuego posesivo y oscuro en su pecho.
La sangre le hervía.
—¿Le hablo? —pensó, apretando las manos en puños—. ¿Podrá reconocer mi voz? No... la máscara tiene el filtro. No sabrá que soy yo.
Vio cómo dos tipos en la barra comenzaban a desvestirte con la mirada. La mandíbula de Yoongi se apretó con violencia. Un pulso salvaje le recorrió la columna.
—A la mierda. Me acercaré. Es que se ve jodidamente sexy... y no voy a dejar que nadie más la toque.
Decidida a buscar un poco de aire, te dirigiste hacia las escaleras del segundo piso. Sentiste una mirada pesada, densa, casi tangible recorriéndote la espalda.
Giraste levemente la cabeza y lo viste: una figura alta, imponente, cubierta completamente de negro con la máscara blanca de Ghostface, siguiéndote los pasos con una firmeza que te erizó la piel.
Aceleraste el paso por el pasillo del piso de arriba buscando dónde esconderte, pero fue inútil.
Antes de que pudieras llegar a la mitad del corredor, una mano grande, pesada y de un agarre implacable te sujetó firme por la cintura, pegando tu espalda contra un pecho ancho y duro. Un gemido de sorpresa se te escapó de los labios cuando te arrastró dentro de una habitación a oscuras y le echó el cerrojo a la puerta.
—Oye, ¿qué te pasa? —le dijiste, intentando asimilar la situación—. ¿Por qué le pones seguro? ¿Quién diablos eres?
—Eres muy sexy —te dijo ese misterioso tipo a través de la máscara.
—Eh... bueno, gracias, supongo —respondiste.
Se acercó demasiado a ti y, aceptándolo para ti misma, se veía ridículamente sexy. «¿Qué rayos me pasa?», pensaste mientras tu corazón latía desbocado.
Él comenzó a acariciar tu rostro con una lentitud tortuosa.
—Oye, espera. ¿Qué pretendes? —le dijiste.
—¿Quieres tener sexo? —preguntó directo. Le daba valor el no mostrar su rostro y el par de cervezas que se había tomado.
—¿Qué? No... espera, ni siquiera sé cómo te llamas —lograste articular, retrocediendo un paso hasta que tu espalda chocó contra la madera fría de la puerta.
Una risa baja, grave y distorsionada por el plástico de la máscara vibró en la penumbra de la habitación. Sonó tan rasposa y oscura que te erizó hasta el último vello de la nuca.
—No necesitas saber mi nombre —susurró, dando un paso lento hacia adelante hasta volver a encerrarte entre su cuerpo y la puerta.
El olor a su perfume tan masculino, te envolvió por completo—. Yo no necesito saber el tuyo para saber lo que viniste a buscar esta noche.
Su mano grande y cálida bajó lentamente desde tu rostro hasta tu cuello, sujetándolo con una presión suave pero posesiva que te hizo ahogar un suspiro.
A través de las aberturas oscuras de la máscara, podías sentir el peso abrasador de su mirada fija en tus labios.
—Mírate... —su voz ronca reverberó pegada a tu oreja, haciendo que tus piernas temblaran—. Viniste vestida así, enseñando tanta piel, provocando a todos allá abajo... ¿Y crees que te voy a dejar salir de esta habitación sin probarte?
El contraste entre el plástico frío de la máscara rozando tu mejilla y el calor sofocante de su cuerpo pegado al tuyo te estaba volviendo loca. El alcohol en tu sangre y la pura adrenalina borraron cualquier rastro de la chica tímida y responsable de la oficina.
Llevaste tus manos a su pecho ancho, sintiendo la tela de su túnica y la dureza de sus músculos debajo.
—¿Y si te digo que no? —provocaste, alzando tu barbilla, retándolo a pesar de que la respiración se te cortaba.
Yoongi soltó un gruñido bajo. En un movimiento rápido e implacable, tomó tus manos y atrapó tus muñecas con una sola de las suyas por encima de tu cabeza contra la puerta. Con la otra mano, sujetó tu muslo descubierto justo sobre el encaje del liguero, apretando con una dominación que te hizo soltar un gemido ahogado.
—No estás en posición de decir que no —murmuró con esa voz distorsionada y demandante, clavando sus dedos en tu piel blanda—. Esta noche haces lo que yo diga.—¿Vas a obedecerme? —preguntó dominante, inclinando ligeramente la cabeza de plástico blanco hacia ti.
—S-sí... —contestaste tartamudeando, sintiendo cómo el calor subía por tu cuello ante la firmeza con la que te aprisionaba contra la madera.
—Así me gusta —dijo Yoongi con esa voz distorsionada y grave retumbando detrás la máscara.
No podía besarte porque se negaba rotundamente a quitarse la máscara de Ghostface, pero tenía un dominio absoluto sobre ti.
La frialdad de la cara de plástico rozando la línea de tu mandíbula creaba un contraste abrumador con el calor sofocante de su cuerpo y la forma posesiva en que mantenía tus muñecas sujetas por encima de tu cabeza.
Su mano libre, que hasta hace un momento se apretaba a tu muslo al descubierto, comenzó a subir lentamente por la tela suave de tu falda, levantando el encaje con una tranquilidad estudiada mientras sentías la presión de sus dedos marcándose en tu piel.
—Te vi desde que pusiste un pie en esa sala —susurró pegado a tu oído, dejando que su aire caliente saliera por las aberturas de la máscara para erizarte la piel—. Tan dulce en la oficina y esta noche mirándote así... Pensaste que nadie se daría cuenta, ¿verdad?
Con un tirón firme, ajustó el agarre en tus muñecas para pegarte aún más a su pecho duro. Sentías cada latido acelerado de su corazón chocando contra el tuyo, dejando claro que detrás de esa postura calculadora y dominante, la visión de tu cuerpo expuesto lo tenía al borde del colapso.
—No te muevas —ordenó con tono rasposo y tajante, bajando su mano hacia el borde de tu liguero—. Si quieres salir de esta habitación, vas a tener que aprender a quedarte muy quieta y hacer exactamente todo lo que te diga.
—Sí, haré lo que me digas —dijiste, dejándote llevar por completo. Ya no te importaba la chica dulce y recatada que solías ser; en ese instante, solo querías ser de él.
Él era demasiado sexy y te gustaba que te ordenara, un gusto nuevo y oscuro que ni siquiera sabías que te agradaba hasta que sentiste el peso de su voz sobre ti.
Yoongi soltó un suspiro pesado detrás del plástico, un sonido grave que vibró directo en tu cuello.
La confesión en tus labios terminó de romper la poca paciencia que le quedaba. Sin soltar tus muñecas de la puerta, se pegó tanto a ti que pudiste sentir la dureza de su cuerpo demandando tu atención, marcando el territorio sin dudarlo.
—Esa es mi chica obediente —murmuró, y la frialdad de la máscara se presionó contra la curva de tu cuello, simulando besos y caricias que te hacían jadear.
Su mano libre viajó desde tu muslo hasta tu cadera, sujetándote con una fuerza posesiva que te dejó sin aliento. Con un movimiento ágil y dominante, te giró de un solo tirón, pegando ahora tu pecho contra la superficie fría de la pared de la habitación.
—Apóyate —ordenó con esa voz rasposa, soltando finalmente tus manos solo para ponerlas sobre la madera—. Y no te atrevas a mirar hacia atrás.
El impacto del cambio de posición hizo que la falda corta subiera aún más, dejando al descubierto la franja de piel tentadora entre tus medias y tu ropa interior.
Sentiste la sombra de Ghostface cubriéndote por completo desde atrás, su pecho ancho presionando tu espalda mientras sus manos grandes bajaban a tientas por la tela de tu ropa, tomándote por las caderas con una posesividad absoluta.
—Mírate... —susurró pegado a tu oreja, su respiración agitada saliendo por las ranuras del plástico—. Tan sumisa para mí. Mañana volverás a ser la empleada perfecta de la oficina, pero esta noche vas a recordar mi voz cada vez que te muevas.
Desde atrás comenzó a acariciarte con una lentitud desesperante, haciendo que cada fibra de tu cuerpo reaccionara a su tacto.
De pronto, sentiste la fricción del plástico sobre tu nuca: Yoongi levantó la máscara un poco, lo suficiente para dejar al descubierto sus labios y su mentón sin revelar del todo su rostro.
Un aire caliente y rasposo chocó directo contra la piel expuesta de tu cuello.
Movida por la curiosidad y la intensidad del momento, intentaste girar la cabeza para verlo, pero antes de que pudieras lograrlo, su mano grande y pesada se enredó firmemente en tu cabello, jalándote con fuerza hacia atrás y pegando tu frente contra la pared de nuevo.
—No te di permiso de voltear —dijo con una voz brutalmente grave y dominante, rozando sus labios al aire libre justo detrás de tu oreja.
Un escalofrío te recorrió la columna, dejándote sin aliento.
—¿No recuerdas? —continuó él, apretando el agarre en tu cabello con la dosis exacta de fuerza para mantenerte sumisa, mientras su otra mano se posaba firme en tu cadera—. Harás solo lo que yo te diga.
—Lo siento... —alcanzaste a articular en un suspiro ahogado, apoyando las palmas de las manos contra la pared para no perder el equilibrio mientras sentías sus labios calientes marcarte la piel de la nuca, un contraste abrasador con el resto de la máscara de plástico frío que aún cubría la parte superior de su cara.
—Así me gusta —murmuró Yoongi pegado a ti, bajando la cabeza para morderte suavemente la curva del hombro antes de volver a bajar la máscara a su sitio original.
La voz distorsionada por el filtro regresó, aún más oscura y áspera que antes:
—Ahora abre un poco más las piernas para mí... y no te atrevas a soltarte de esa pared.
Obedeciste sin dudar un solo segundo, separando un poco más las piernas y afianzando las palmas contra la pared.
El pulso te retumbaba en los oídos y la respiración se te cortaba por la expectativa.
En medio del silencio tenso de la habitación, el sonido metálico e inequívoco rompió la penumbra: oíste cómo bajó el cierre de su pantalón.
Un jadeo involuntario se te escapó de la garganta. La cercanía de su cuerpo por detrás se volvió abrumadora; podías sentir el calor sofocante que emanaba de él, la tela dura de su ropa raspando la parte trasera de tu falda levantada y la firmeza implacable con la que su cuerpo exigía el tuyo.
Yoongi pegó su pecho contra tu espalda de nuevo, cubriéndote por completo con la túnica negra. Su mano grande y caliente bajó a tientas por tu cadera, deslizándose con absoluta posesividad por la franja de piel desnuda entre tus medias y el encaje de tu ropa interior, hasta apartar la tela con un tirón decidido.
—Buen chica... —murmuró pegado a tu oreja, con esa voz distorsionada, grave y raspada resonando detrás del filtro de la máscara—. Tan obediente para mí.
Sentiste el primer roce directo de su masculinidad contra tu piel expuesta, un contacto ardiente que te hizo arquear la espalda. La sensación de no saber su nombre ni verle la cara, sumada al dominio total que ejercía sobre ti con cada movimiento, te estaba llevando al límite.
—Aperta los puños contra la pared —te ordenó de forma tajante, sujetándote de la cintura con ambas manos para alinearte a su antojo—. Porque no voy a ir despacio.
Sin darte tiempo a asimilar sus palabras, Yoongi se empujó hacia adelante, tomándote por completo de una sola estocada profunda y dominante que te sacó un gemido agudo y ahogado de la boca.
Entró de una forma rápida y profunda; era demasiado excitante el momento. La mezcla del dolor ligero, el placer desbordante y la adrenalina pura te hizo apretar los ojos contra la pared.
Empezó a moverse rápidamente, imprimiendo un ritmo salvaje y posesivo en cada embestida. La túnica negra te envolvía mientras sus manos grandes y firmes te sujetaban las caderas, clavando los dedos en tu piel para no dejarte escapar ni un solo milímetro.
Detrás del filtro de la máscara, su voz retumbaba en tu oído, ronca, distorsionada y cargada de órdenes obscenas que te hacían arder por dentro:
—Mírate... estas lista para mí —exigió con un gruñido bajo, acelerando el ritmo sin piedad mientras sus caderas chocaban contra las tuyas—. Apretándome así como si me hubieras estado esperando toda la noche.
—Ah... —un gemido rasgado se te escapó de la garganta ante el impacto de sus estocadas.
Al escuchar el ritmo desesperado de tu respiración, Yoongi apretó más el agarre en tu cintura y bajó la cabeza hasta pegar el plástico helado de la máscara contra la curva de tu cuello, hablando entre jadeos pesados:
—No pares de gemir... Dime lo bien que se siente tener mi cuerpo dentro del tuyo. Dímelo.
—Se siente... muy bien —respondiste entre cortes de aliento, alzando la cadera hacia él instintivamente.
—Eso es... gime para mí —ordenó, acomodando tus caderas para profundizar aún más, llevándote directo al borde del abismo—. Eres mía esta noche. ¿Entendiste? Repítelo.
—Soy tuya —dijiste con la voz entrecortada, entregándote por completo al ritmo salvaje de sus embestidas.
Al escuchar tu confesión, Yoongi soltó un gruñido detrás de la máscara.
Con una mano te sostuvo firme de la cadera y con la otra se enredó en tu cabello por detrás, jalándolo hacia atrás con fuerza para obligarte a arquear el cuello.
El dolor ligero mezclado con el placer te hizo soltar un jadeo agudo.
—A la mierda con todo... esto me encanta—susurraste con una voz baja pero que él alcanzo a oír.
—Dilo más fuerte. Mírame como me estoy follando a la chica dulce de la oficina hasta volverla loca.
Su mando era implacable, cargado de una vulgaridad dominante y elegante que te hacía arder las entrañas. Cada palabra distorsionada por el filtro sonaba como una orden absoluta.
—Te deseo desde hace meses... —continuó, aumentando la velocidad de sus estocadas con una posesividad implacable que te hacía temblar las piernas—. Y mírate ahora, rogando por más. Naciste para estar así para mí.
El calor sofocante, el ritmo desenfrenado y la necesidad desesperada de verle los ojos te estaban volviendo loca.
—Déjame verte, por favor... —le suplicabas entre jadeos, intentando buscar su rostro—. Por favor, déjame verte...
—Ni lo sueñes —respondió con frialdad dominante, apretando el agarre en tu cabello para mantenerte sometida mientras se hundía cada vez más profundo en ti—. Vas a recordarme así: a oscuras, sintiendo mi voz en tu cuello y sabiendo que te tomé como mía sin saber quién soy.
Aceleró las caderas al límite, dándote embestidas rápidas y certeras que te llevaron directo al borde del colapso, mientras sus susurros obscenos seguían retumbando en la penumbra de la habitación.
Sacó su miembro y, sin soltarte el agarre firme del cabello, te llevó los pocos pasos que los separaban de la cama.
Te tiró en ella de frente, haciendo que botaras ligeramente sobre el colchón antes de acomodarte boca arriba, totalmente deshecha y respirando con dificultad.
Te quedaste ahí, mirando hacia arriba con los ojos nublados por el placer, mientras él comenzaba a quitarse la ropa con una lentitud tortuosa. Se despojó de la túnica negra y de la camiseta, pero jamás tocó la máscara de Ghostface.
A través de la luz tenue de la habitación, pudiste ver el marcado contraste: su piel blanca y lisa, contra la masculinidad de sus hombros anchos y su abdomen firme, donde las sombras dibujaban cada músculo tenso por el esfuerzo.
Se veía tan atractivo, una mezcla entre un cuerpo impecable y el misterio oscuro de la máscara blanca que seguía cubriendo su rostro por completo.
Sin darte tiempo a procesarlo, Yoongi se subió sobre ti, posicionándose entre tus piernas.
Su peso cuerpo a cuerpo te atrapó al instante; era una masa de calor ardiente presionándote contra el colchón.
Acomodó sus manos grandes a los lados de tu cabeza, acorralándote, y bajó el rostro de plástico frío hacia ti hasta que sentiste la respiración agitada y ronca que salía por las aberturas del filtro rozarte los labios.
—No tienes idea de lo jodidamente bien que te ves así... lista para mí en esta cama —dijo con esa voz grave, metálica y rasposa que te derretía las entrañas—.
Empezó a moverse acelerado sobre ti, imprimiendo una fuerza implacable en cada embestida. El sonido de su piel chocando violentamente contra la tuya retumbaba en la penumbra de la habitación, pero lo que realmente te estaba volviendo loca era su voz.
Seguía hablando sucio, con ese tono ronco, bajo y distorsionado por el filtro de la máscara que te hacía excitarte a niveles que no sabías que existían.
Yoongi clavó sus dedos en tus caderas, levantándote un poco para incrustarse aún más profundo dentro de ti, sacándote un gemido agudo que resonó por todo el cuarto.
—Siente lo duro que me pones... —susurró pegado a tu oreja, aumentando la velocidad sin darte un segundo de tregua—. Eres una maldita perra deliciosa. Toda la semana haciéndote la santita frente a mí en la oficina y ahora te encanta cómo te estoy follando.
—Sigue hablandome así, por favor... —suplicaste, enterrando las uñas en sus hombros desnudos mientras la intensidad del placer te hacía perder el sentido.
—Dime qué tan rico se siente mi miembro adentro de ti —ordenó con dureza, dándote una estocada certera que te hizo arquear la espalda por completo—. Dímelo mientras entro todo.
Tus piernas temblaban descontroladas abrazando su cintura. El calor de su piel blanca contra la tuya, el abdomen tenso rozando tu estómago y esa máscara blanca mirándote fijamente mientras te decía las cosas más obscenas y dominantes del mundo te llevaron directo al borde del abismo.
—Eso es, tómalo todo... —gruñó él, sintiendo cómo tus paredes internas comenzaban a apretarlo rítmicamente en el inicio de tu orgasmo—. Grita mientras te deshaces para mí, carajo. Eres totalmente mía.
—Quiero saber quién eres... —suplicabas entre jadeos, intentando buscar sus ojos tras las aberturas oscuras de la máscara.
Yoongi, manteniendo la velocidad de sus embestidas, extendió su mano grande y firme hacia tu rostro. Con los dedos apretó tus mejillas sin llegar a lastimarte, pero imponiendo un agarre firme que te obligó a mantener la boca ligeramente entreabierta y la vista fija en la cara de plástico blanco.
—Ya te dije que no —respondió con una voz ronca, filtrada y dominante, mientras sus dedos marcaban la piel de tu cara—. No necesitas saber nada más. Solo siente cómo estoy dentro de ti y escucha cómo te domino.
Aceleró las caderas al máximo, dándote estocadas rápidas y profundas que te hicieron perder la respiración por completo.
El contraste entre la frialdad de la máscara frente a ti y el calor de su cuerpo sudoroso contra el tuyo aumentaba la tensión en la habitación.
—Apriétame más —ordenó con dureza, inclinándose para hablarte pegado a la oreja mientras sostenía tu rostro con posesividad—.
Si quieres saber quién soy, vas a tener que ganártelo aguantando cada uno de mis golpes hasta que me termine dentro de ti.
—¿Quieres hacer eso? ¿Quieres hacerme terminar? —te preguntó con una voz rasposa y desafiante, deteniéndose un solo segundo dentro de ti para dejarte con las ganas, antes de volver a empezar con un ritmo aún más salvaje y demoledor.
—Sí... —respondiste sumisa, con la voz quebrada y rogándole con la mirada a través del plástico blanco—. Quiero hacerte terminar, por favor...
—Eso es lo que vas a hacer y tú vas a venirte toda para mí —gruñó Yoongi, perdiendo el poco control que le quedaba y azotando sus caderas contra las tuyas sin piedad.
Sentiste el punto exacto de éxtasis rozando cada rincón de tu cuerpo.
Sintiendo el inicio de tu clímax apretándole la masculinidad, Yoongi apretó el agarre en tus mejillas y arqueó la espalda, contemplando el espectáculo de verte totalmente deshecha.
—Eso es... termina en mi miembro —gruñó con una voz gutural y distorsionada al ver cómo tus ojos se ponían en blanco y tus piernas temblaban descontroladas—. Correte toda para mí, que no quede nada de esa niña buena.
Escuchar sus palabras obscenas mientras sentias tu orgasmo te hizo apretarlo con un espasmo violento. Sentir cómo lo apretabas terminó de romper el último hilo de control que le quedaba a Yoongi.
Dio tres estocadas finales, rápidas, brutales y profundas hasta el fondo, incrustándose en ti mientras un rugido ahogado y rasposo se le escapaba tras el plástico de la máscara.
—¡Ah, mierda!... Tomalo todo es tuyo... eres solo mía —soltó en un gemido ronco al venirse dentro de ti, derramándose con una fuerza abrumadora que te llenó por completo mientras te mantenía firmemente atrapada bajo su cuerpo sudoroso.
Yoongi se quedó ahí, pesadamente apoyado sobre ti, con el pecho subiendo y bajando al compás de una respiración profundamente agitada.
Su miembro seguía dentro del tuyo, disfrutando del tacto de las paredes de tu cuerpo contrayéndose a su alrededor.
La máscara de Ghostface seguía imperturbable, cubriendo su rostro, pero la voz que salió de los filtros en un susurro ronco y derrotado no tenía nada de fría:
—Mierda... —jadeó, deteniendo el movimiento un segundo para deslizar sus dedos húmedos por tu mejilla con una posesividad enfermiza—. Ahora no podré sacarte de mi cabeza.
El peso de su confesión flotó en la penumbra de la habitación, mezclándose con el calor de la piel sudorosa y el aroma del perfume que te envolvía por completo.
—¿Ya me dirás quién eres? —preguntaste con la voz entrecortada, intentando buscar sus ojos a través de las cuencas oscuras de la máscara mientras sentías el peso de su cuerpo sobre el tuyo.
—Esto siempre será solo nuestro secreto —respondió Yoongi con esa voz rasposa, manteniendo su rostro cubierto sin mostrar la menor intención de revelarse.
—¿Pero cómo sabes de mi trabajo? —insististe, atando cabos en tu mente entre los comentarios que había hecho durante el acto.
Yoongi soltó una risa baja y grave que vibró directamente contra tu cuello antes de apoyarse en un codo, mirándote fijamente desde la penumbra.
—Trabajo contigo... pero jamás te diré quién soy —dijo con tono firme y definitivo.
Se levantó de la cama lentamente, manteniendo la máscara de Ghostface puesta mientras comenzaba a recoger su ropa del suelo, dejándote sola en la penumbra de la habitación con el pulso acelerado y la incógnita de cuál de tus compañeros de oficina se ocultaba tras ese disfraz.
Antes de abrir la puerta y perderse en la oscuridad del pasillo, Yoongi se detuvo un segundo con la mano en el cerrojo, girando ligeramente su cara hacia la cama donde aún te recuperabas.
—Te confieso que fue justo como lo había imaginado —dijo Yoongi antes de salir, dejando que el chasquido metálico de la cerradura marcara su partida y dejándote en completo silencio, con el cuerpo ardiendo, la mente hecha un caos y la certeza de que a partir del lunes, cada mirada en la oficina cambiaría para siempre.
Es mi primer one-shot por aqui, la otra app. Me censuro ya saben cual jsjsjjs justo anoche me borraron esta historia 😭 💔
Pero bueno, espero que por aqui también me lean y tener su apoyo, gracias y si les gusta regalenme un voto y siganme please.
Me llamo Angie Kim y me encanta escribir fanfics de Yoongi.
Me encuentran en Tiktok y en wattpad como: Pulgadelgatodeyoongi ✨️🖤










