El capricho del Jefe MIN YOONGI
Share with your friends
Customize readability

El capricho del Jefe MIN YOONGI

Summary

​-¿Por qué no me sonríes a mí así? ​Trabajar para el líder de la mafia más peligroso de la ciudad tenía sus reglas, y la primera era no llamar su atención. Pero entre las paredes del despacho de Min Yoongi, el miedo y la timidez se convierten en el detonante de una obsesión que ya no se puede ocultar.

Status
15d ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

Tratabas de ser invisible. Esa era tu única regla para sobrevivir en la imponente mansión de Min Yoongi.

Desde que habías entrado a trabajar ahí, tu mayor temor era cruzarte con él en los pasillos: el líder de la mafia más temido de la ciudad, un hombre de pocas palabras, ojos rasgados y una presencia tan pesada que te obligaba a bajar la mirada antes de que siquiera te notara.

Apenas y sabías cómo sonaba su voz, porque cada vez que te dirigía la palabra, tus manos temblaban y tu mente se quedaba en blanco.

Esa tarde, estabas terminando de acomodar unos expedientes en la parte baja de la mansión cuando el nuevo empleado del servicio, un chico joven y demasiado confiado, se te acercó con una sonrisa que a ti solo te causaba más nervios.

-Hey... qué tal va la tarde -te dijo el chico, recargándose demasiado cerca del mueble y mirándote con una chispa de coqueteo evidente-. Eres muy callada para estar en un lugar tan sombrío. ¿No te aburres?

Intentaste dar un paso atrás, con las mejillas ardiendo de pena y balbuceando una respuesta sin sentido, sonriendole con timidez y deseando que la tierra te tragara. Lo que no sabías era que, a unos cuantos metros, tras los ventanales polarizados del segundo piso, Min Yoongi lo había visto absolutamente todo.

El vaso de whisky se detuvo a mitad de camino hacia su boca. Sus ojos felinos, fijos en la escena a través del cristal, se oscurecieron con una furia silenciosa. No gritó, no hizo un escándalo, pero la forma en que sus dedos apretaron el cristal hizo que el aire en su despacho pareciera congelarse.

Dejó caer el vaso sobre la mesa con un golpe seco que resonó en su mente como una advertencia. Acto seguido, la puerta de su oficina se abrió de golpe.

Su voz profunda, ronca y cargada de una autoridad absoluta atravesó el pasillo:

-Tú. Entra a mi oficina. Ahora.

El chico nuevo se apartó de ti de inmediato, pálido y confundido, mientras tú sentiste que el corazón se te caía a los pies. Con las piernas temblando y el alma en un hilo, caminaste arrastrando los pasos hasta el despacho de Yoongi, entraste y cerraste la puerta con una lentitud dolorosa, convencida de que habías cometido el peor error de tu vida.

Pero antes de que pudieras decir una sola disculpa, Yoongi se levantó de su asiento con una velocidad que te sobresaltó.

Acortó la distancia entre los dos, sus manos grandes y firmes te tomaron de la cintura con una posesividad feroz y, sin darte tiempo a respirar, te cargó y te sentó directamente sobre su regazo, acorralándote contra el respaldo de su silla y la madera del escritorio.

Soltaste un jadeo ahogado por la sorpresa, intentando retroceder por puro instinto, pero sus brazos a tu alrededor eran demasiado fuertes.

Su rostro estaba peligrosamente cerca, su respiración chocando contra tus labios, y su mirada ardía con un fuego oscuro y obsesivo que jamás le habías visto.

-Veo que te gusta sonreírle a los idiotas nuevos en mi casa... -murmuró su voz, ronca y a pocos milímetros de tu boca, haciéndote temblar de pies a cabeza-. ¿Por qué no me sonres así a mí, eh? Dime qué tanto le decías a ese imbécil que no pudieras decirme a mi mirándome a los ojos.

Justo en ese preciso instante, el chico nuevo pasó por el pasillo y, al voltear hacia los ventanales medio abiertos del despacho, se quedó congelado.

Vio al temido jefe de la mafia, al hombre al que todos le temían y respetaban, con las manos aferradas a tu cintura, teniéndote prisionera en su regazo, casi como si estuvieras castigada, pero con una devoción oscura y amenazante.

El rostro del chico perdió su color por completo, tragó saliva con terror, bajó la vista de inmediato y aceleró el paso, comprendiendo por fin, de la manera más clara posible, a quién pertenecías.

Yoongi soltó una risa baja contra tu cuello, sintiendo el triunfo, antes de enterrar su rostro en tu piel con una desesperación contenida, respirando tu aroma como si fueras lo único que lo mantenía cuerdo en ese mundo de sangre.

-¿Por qué no me sonríes a mí así? -insistió Yoongi, con la voz aún más grave y apretándote levemente la cintura para no dejarte escapar.

Trataste de no sonar tensa, pero tenías la garganta seca. El aire en la oficina se sentía denso, pesado, y el calor que sentias del cuerpo de Yoongi te estaba volviendo loca de los nervios.

-Yo... yo solo lo respeto señor Min, es... es todo -susurraste en un hilo de voz, apretando los ojos un segundo antes de volver a mirarlo con súplica-. Por favor... no me haga daño.

La mirada de Yoongi cambió al instante. La sombra de enfado por los celos se disipó para darle paso a una fascinación pura y oscura. Una esquina de sus labios se curvó hacia arriba.

-¿Por qué te haría daño? -murmuró, inclinando la cabeza mientras su mano libre subía delicadamente hasta tu mejilla, acariciando tu piel con una suavidad que te tomó por sorpresa-. Eres incapaz de matar a una mosca... Jamás me harías daño, ¿o sí?

-No... no, nunca -respondiste casi sin aliento, buscando desesperadamente las palabras correctas para no enfurecer al hombre más peligroso de la ciudad-. Yo solo... solo estoy aquí para servirle. Es todo.

Yoongi soltó una risa baja, un sonido que vibró directamente contra tu pecho por la cercanía.

-¿Por qué tiemblas tanto? -preguntó, bajando la mano de tu mejilla para posarla en tu cuello, sintiendo el pulso acelerado que te delataba-. ¿Qué, nunca te han tomado así?

Sentiste las mejillas arder en un rojo vivo. La vergüenza y el miedo se mezclaban con una sensación extraña e intensa en el vientre que no sabías cómo procesar. En un intento desesperado por mantener la poca cordura que te quedaba, buscaste una excusa tonta.

-No... no estoy temblando -mentiste, bajando la mirada hacia sus labios-. Solo... tengo frío.

Yoongi soltó un bufido divertido, y la presión de sus dedos en tu cuello se volvió un poco más firme, obligándote a levantar el rostro para que no pudieras esquivar sus ojos.

-Conozco muchas maneras de quitarte el frío -dijo en un tono peligrosamente provocador, rozando la punta de su nariz contra la tuya-. Y créeme, preciosa... ninguna de ellas incluye dejarte ir de este regazo.

Un jadeo se te escapó de los labios cuando sentiste cómo la mano de Yoongi, grande y cálida, descendió con una lentitud tortuosa desde tu cuello, delineando tu clavícula hasta posarse firme en tu cintura, pegándote aún más a la dureza de su cuerpo.

-Así que dime... -susurró contra tus labios, haciendo que tu corazón latiera más rápido -. ¿Dejas que tu jefe te quite el frío a su manera, o vas a seguir fingiendo que no te mueres por saber qué se siente que te toque?

-¿Que yo? No... yo no estoy fingiendo nada -murmuraste con la voz temblorosa, aferrándote a la poca dignidad que te quedaba mientras tratabas de no perderte en la profundidad de sus ojos oscuros-. Yo solo... solo vengo a trabajar.

Yoongi soltó una risa seca, baja y burlona que resonó en su pecho contra el tuyo.

-¿Crees que no veo cómo me miras? -dijo, acortando tanto la distancia que podías sentir el calor de su aliento rozando tu piel.

-Yo no... yo no miro nada -negaste apresuradamente, apretando los labios y tratando de desviar la mirada, incapaz de sostenerle el ritmo.

-Te veo -insistió él con una lentitud casi cruel, bajando la mano para apretar suavemente tu cadera, manteniéndote fija en su regazo-. Veo cómo me miras cuando llegan mujeres a buscarme a esta mansión... Te dan celos, ¿verdad?

Un nudo se te formó en la garganta. La mención de aquellas mujeres elegantes, despampanantes y seguras de sí mismas que entraban y salían del despacho del jefe siempre había sido una espina clavada en tu pecho, aunque jamás te habías atrevido a admitirlo.

-¿Celos? -repetiste en un susurro ahogado, sintiendo las mejillas arder como si tuvieras fiebre-. No. Claro que no... ¿por qué me darían celos?

-Te dan celos porque ellas pueden probarme, sentirme... y tú aún no lo has hecho -sentenció con una seguridad tan aplastante que te dejó sin aire.

Antes de que pudieras procesar sus palabras o formular otra excusa torpe, la mano de Yoongi en tu cintura te empujó suavemente hacia arriba.

-Ponte de pie -te ordenó con ese tono firme, autoritario e indiscutible que utilizaba cuando manejaba a los hombres más peligrosos del bajo mundo.

Tus piernas, débiles por los nervios, obedecieron casi por instinto. Te pusiste de pie justo entre sus piernas abiertas mientras él permanecía sentado en su elegante silla de piel. Con el cuerpo apoyado contra el borde de la mesa, quedaste atrapada entre el escritorio y la figura imponente de tu jefe.

Yoongi echó la cabeza hacia atrás en el respaldo de la silla y alzó la mirada hacia ti.

Desde esa posición, viéndote a la cara desde abajo con esos ojos de cazador, la dinámica cambió por completo: se veía letal, seguro de sí mismo y aterradoramente atractivo.

-¿No te mueres porque te haga mía? -preguntó, arqueando una ceja con una sonrisa que te derritió por dentro-. ¿Como a ellas?

-¿Yo? -balbuceaste, dando un leve respingo mientras tu corazón amenazaba con salirse del pecho-. No... no. ¿Yo qué? No... usted... usted se equivoca, señor Min.

-Tus ojos no mienten, preciosa -murmuró él, bajando la voz a un tono ronco y rasposo que te erizó hasta el último vello del cuerpo.

-¿Mis... mis ojos? -repetiste en un hilo de voz, sintiéndote completamente desnuda ante su afirmación.

En lugar de responderte con palabras, Yoongi alzó lentamente la mano. Con una ternura peligrosa que contrastaba con su aura de líder de la mafia, sus dedos fríos acariciaron tu barbilla hasta llegar a tu boca.

Empezó a rozar el contorno de tus labios con la yema de su dedo pulgar, deliniándolos lentamente, haciendo que un gemido se te quedara atascado en la garganta.

Entrecerraste los ojos por el roce, y fue entonces cuando él, con una presión suave pero posesiva, presionó ligeramente tu labio inferior hacia abajo y deslizó la yema de su pulgar hacia el interior de tu boca, húmeda y caliente.

El contraste entre su piel fría y la calidez de tu boca te sacudió entera. Sentiste el sabor del whisky en su dedo y el roce de sus nudillos contra tus mejillas. Tu respiración se volvió un desastre entrecortado mientras Yoongi te miraba desde abajo con una devoción oscura, viendo cómo sus dedos dominaban cada parte de ti sin que pudieras -ni quisieras- hacer nada para detenerlo.

-Dime que me equivoco otra vez... -susurró él, moviendo despacio su pulgar dentro de tu boca, saboreando tu reacción-. Dime que no quieres esto tanto como yo.

Yoongi sacó lentamente el pulgar de tu boca, dejando un hilo invisible de saliva y tensión flotando en el aire. Sin darte tiempo a tomar distancia, deslizó ambas manos por detrás de tus caderas y te jaló hacia él con fuerza, pegando tu vientre de lleno contra su torso y dejándote completamente atrapada en el espacio entre sus piernas.

Sentías el calor sofocante de su cuerpo y la firmeza de sus muslos rodeándote. Tu pulso estaba desbocado.

Poco a poco, una de sus manos comenzó a subir de forma pausada por tu cintura, acariciando la tela de tu uniforme hasta llegar a tu pecho. Con una presión firme y posesiva, atrapó tu seno sobre la ropa, masajeándolo con una tranquilidad que te hizo perder el aliento.

-No... por favor Sr. Min... -alcanzaste a suplicar en un hilo de voz, apretando tus hombros y echando la cabeza un poco hacia atrás por la sobreestimulación.

-¿No lo deseas? -murmuró Yoongi, con la voz rozando tu abdomen mientras mantenía su rostro a la altura de tu vientre, sintiendo cómo tu respiración agitada hacía subir y bajar tu pecho.

-Yo... -comenzaste a decir, pero las palabras se fracturaron por completo cuando el ritmo de tu respiración se aceleró exponencialmente.

Sin dejar de mirarte desde abajo, la mano libre de Yoongi se coló por debajo de la tela de tu blusa. Con destreza y sin el menor titubeo, bajó la copa de tu sostén para dejar tu piel expuesta. En cuanto sus dedos cálidos y ásperos tocaron directo tu seno desnudo, un escalofrío violento te recorrió entera.

Acarició la piel suave y apretó con delicadeza pero firmeza, sintiendo bajo la yema de sus dedos cómo tu pezón se erguía por completo, duro y sensible por su toque.

La visión de tu cuerpo rindiéndose ante él, combinado con la textura de tu piel contra sus manos, hizo que el propio Yoongi perdiera un segundo la compostura.

Soltó un jadeo bajo directamente contra la tela de tu ropa, sepultando su cara un instante contra tu abdomen mientras continuaba moldeando y masajeando tu pecho con un ritmo lento, adictivo y dominante.

-Sr. Min... -alcanzaste a articular, apenas capaz de mantenerte en pie mientras tus rodillas amenazaban con ceder, aferrándote con desesperación a sus hombros para no caerte.

-Dime Yoongi... -susurró él contra la piel de tu vientre, sin detener el movimiento de su mano en tu pecho y apretando un poco más fuerte tu cadera contra su cuerpo-. En esta habitación no hay ningún 'Señor Min'. Solo estamos tú y el hombre que te va a volver loca esta tarde.

Subió la mirada lentamente hacia ti, con los ojos entrecerrados y oscurecidos por el deseo, viendo cómo tu pecho desnudo subía y bajaba agitado bajo su dominio.

-Dime que te gusta cómo te toco... Pídemelo.

-Sí... me gusta -respondiste titubeando, apenas capaz de articular las palabras mientras el calor en tus mejillas y la sensación de su mano en tu pecho amenazaban con hacerte perder el sentido.

-¿Quieres que te haga mía? Dímelo -exigió Yoongi en un susurro rasposo y autoritario, justo antes de empezar a desabrochar uno a uno los botones de tu blusa con una destreza impaciente.

Cada botón que cedía dejaba más de tu piel expuesta al frío del despacho y al calor abrasador de su mirada. En un movimiento rápido y fluido, se puso de pie, haciendo que su imponente figura volviera a dominar la habitación. Te tomó con firmeza de la cintura, te cargó sin esfuerzo y te subió de golpe al borde del escritorio de caoba.

El contraste de la madera fría bajo tus muslos y las manos calientes de Yoongi tomándote por la nuca te sacudió entera.

Alineó su cuerpo entre tus piernas abiertas e inclinó la cabeza, hundiendo su rostro en tu cuello. Sus labios comenzaron a recorrer la piel sensible de tu garganta, dejando besos profundos y húmedos con leves succiones que te sacaban pequeños suspiros sofocados.

-No sabes cuánto te he deseado... -murmuró Yoongi contra tu piel, con la voz ahogada por una hambre contenida de meses-. Cuántas veces he querido tenerte así... rendida a mí, temblando en mi escritorio y sabiendo que nadie más en este jodido mundo va a poder tocarte.

Te apretó más fuerte de la nuca, deslizando sus dedos entre tu cabello para inclinar tu cabeza hacia atrás, dejando tu cuello completamente expuesto a sus besos y mordiscos posesivos, mientras su otra mano descendía sin prisa pero sin pausa por la curva de tus caderas, buscando despojarte de lo último que los separaba.

Toda la contención que habías guardado durante meses terminó de romperse en ese instante. Ya no había espacio para el miedo, la timidez o las excusas torpes. El peso de tu deseo por él, acumulado en silencio cada vez que lo veías, estalló al sentir la calidez de su boca y la posesividad de sus manos.

Dejaste escapar un suspiro largo y tembloroso, y tus manos, que antes se aferraban con timidez a sus hombros, subieron hasta su cabello, enredando tus dedos en sus mechones negros para pegarlo aún más a tu cuello.

Te arqueaste levemente contra su cuerpo, rindiéndote por completo a su toque, dejando que él tomara el control absoluto de la situación.

Yoongi sintió el cambio en tu postura de inmediato. El momento en que dejaste de resistirte y empezaste a buscar la cercanía de su piel, un gruñido de satisfacción retumbó en su pecho. La ferocidad en sus movimientos se volvió aún más intensa al saber que, finalmente, lo deseabas tanto como él a ti.

-Así me gusta... -murmuró él contra tu garganta, con la voz rasposa, sintiendo cómo tu pulso se aceleraba bajo sus labios-. No te escondas más de mí.

Con una impaciencia contenida, Yoongi terminó de despojarte de la blusa, dejándola caer al suelo del despacho sin importarle nada más. Sus manos grandes y firmes volvieron a recorrer tus costillas y tus caderas, levantándote ligeramente para acomodarte mejor sobre el borde del escritorio.

Se separó un par de centímetros de tu cuello solo para mirarte a los ojos. En sus pupilas dilatadas ya no había espacio para el jefe de la mafia frío y distante; solo estaba el hombre completamente obsesionado contigo, contemplando tu rostro, tus labios entreabiertos y tu pecho subiendo y bajando aceleradamente ante su mirada.

-Vas a ser mía hoy, mañana y cada maldito día que yo quiera... -susurró con una promesa posesiva, justo antes de inclinar la cabeza y atapar tus labios en un beso profundo y definitivo que te robó el poco aire que te quedaba.

El beso no tenía nada de suave. Era hambriento, posesivo y dominante, devolviéndote cada uno de los meses que ambos habían pasado ignorándose. Tu boca se abrió ante la presión de la suya y Yoongi no dudó en profundizar el contacto, saboreándote con una desesperación que te dejó completamente sin aliento.

Sus manos bajaron firmes hacia el borde de tu falda, subiéndola sin rodeos hasta tus caderas. Cuando sus dedos fríos rozaron la parte interna de tus muslos, un escalofrío violento te erizó la piel.

-Abre las piernas para mí... -te ordenó en un susurro sobre tus labios.

Tus muslos temblaron, pero obedeciste de inmediato, abriéndote para él mientras permanecías sentada sobre el escritorio.

Yoongi se acomodó justo en medio, presionando su pelvis contra la tuya. Sentiste la dureza impresionante de su miembro aún a través de la tela de su pantalón de vestir, marcándose directo contra tu intimidad, lo que te sacó un jadeo.

-Mírate... -murmuró él, bajando una de sus manos hasta el borde de tu ropa interior. Con un tirón decidido y sin romper la mirada, te la deslizó por las piernas hasta quitarla por completo, dejándote expuesta y totalmente a su merced-. Estás empapada, hermosa. Y todo esto es por mí... ¿verdad?

-S-sí... Yoongi... -alcanzaste a balbucear, sintiendo la vergüenza arder en tus mejillas, pero incapaz de negar la realidad.

Una sonrisa oscura y satisfecha se dibujó en sus labios. Se desabrochó el cinturón con una rapidez practicada y bajó la cremallera de su pantalón, liberando su longitud rígida. El calor de su piel rozando tu centro desnudo te hizo arquear la espalda de golpe, aferrándote a las solapas de su saco.

Yoongi sostuvo tu cadera con una mano, clavando sus dedos en tu piel para dejarte fija contra la madera, mientras con la otra guiaba la punta de su miembro hasta tu entrada húmeda.

-Mírame a los ojos cuando te tome -te exigió con voz baja, ronca y cargada de autoridad-. Quiero que veas exactamente quién te está haciendo suya.

No pudiste apartar la mirada. En el instante en que él empujó sus caderas hacia adelante, entrando en ti de un solo movimiento lento, firme y profundo, tus ojos se cerraron por completo y un gemido se te escapó de la garganta, resonando por todo el despacho.

La sensación era abrumadora, intensa, casi dolorosa de lo perfecta que se sentía.

-Mmmm... -Yoongi soltó un gruñido grave, cerrando los ojos un segundo al sentir lo estrecha y caliente que estabas a su alrededor-Estás tan malditamente apretada para mí...

Se quedó un momento inmóvil adentro de ti, dejando que te acostumbraras a su tamaño, mientras sus manos moldeaban tus caderas con una fuerza que te dejaría marcas. Luego, comenzó a mover sus caderas con embestidas lentas pero pesadas, profundas, tocando un punto exacto adentro de ti que te hizo perder la cabeza.

-Eres mía... ¿me oyes? -susurró sucio a tu oído, mordisqueando tu oreja mientras aceleraba el ritmo de las estocadas-. Toda esta casa, todo este imperio es mío, pero tú... tú eres mi juguete favorito. La única que me vuelve loco.

-Yoongi... más... -suplicaste sin pensar, perdiendo la noción de la timidez y dejando que el placer te dominara.

-¿Más? ¿Quieres que te rompa en mi propio escritorio? -respondió él con una risa baja y peligrosa, antes de embestir más fuerte, haciendo que el mueble rechinara con el impacto constante de sus cuerpos-. Dímelo. Dime de quién es este cuerpo. Dímelo mientras te lleno.

-T-tuyo... es tuyo, Yoongi... -gemiste entrecortadamente, echando la cabeza hacia atrás.

-Maldita sea, sí... -gruñó él, tomándote de la barbilla para obligarte a sostenerle la mirada de nuevo mientras aumentaba la velocidad a un ritmo desenfrenado, posesivo y salvaje-. No vuelvas a mirar a ningún otro hombre en tu vida. Nadie más va a follarte así. Nadie más va a escucharte gemir.

El sonido de la piel chocando contra la piel y tus gemidos descontrolados llenaron la oficina. Yoongi te sostenía con una fuerza brutal, llevándote al límite con cada embestida, haciéndote sentir que le pertenecías en cuerpo y alma.

-¿Te gusta así? -gruñó Yoongi en tu oído, con la voz ronca, rota por el esfuerzo y cargada de una posesividad enferma que te hizo perder los estribos.

Sin disminuir el ritmo demoledor con el que te embestía contra el escritorio, su mano abandonó tu cadera y ascendió con una velocidad imponente hasta rodear directamente tu cuello. Sus dedos se cerraron con firmeza, lo justo para hacerte arquear la espalda y robarte el aire por completo, obligándote a abrir los ojos de golpe.

La imagen era brutal y embriagadora: él, con el rostro sudoroso, las facciones duras y los ojos clavados en los tuyos; tú, a su merced, con la piel encendida y sus dedos controlando cada bocanada de oxígeno que entraba a tus pulmones.

-S-sí... Yoongi, por favor... -jadeaste, ahogándote en un sollozo de placer puro mientras la presión en tu cuello hacía que cada estocada se sintiera diez veces más profunda y salvaje.

-Dímelo -exigió él, inclinándose hacia ti mientras aumentaba la velocidad, moviéndose sin piedad y haciendo que el escritorio entero temblara bajo el peso de sus caderas-. Dímelo en la cara, preciosa. ¿Te gusta fuerte? ¿Te gusta que te folle rápido y sin piedad sobre mi escritorio?

-¡S-sí! ¡Me gusta fuerte, me encanta, Yoongi! -gritaste tu confesión sin importarte ya la decencia, entregándole el control absoluto de tu cuerpo y de tu voz.

-Maldita sea, me vuelves loco... -rugió él, aprobando tu respuesta con una embestida tan salvaje y profunda que te arrancó un grito.

El placer se acumulaba en tu vientre, una tensión tan densa que te hacía temblar entera.

Sentías sus dedos apretando tu cuello con más fuerza, marcando su territorio, recordándote que le pertenecías en cada rincón, en cada célula.

-Ya casi terminas, ¿verdad? -te susurro sucio al oído, con una sonrisa perversa y excitada en los labios-. Te vas a venir en mi, vas a derramarte toda aquí, sabiendo que eres mía.

El ritmo se volvió caótico, desesperado, una mezcla perfecta, respiraciones agitadas y el sonido obsceno de la piel chocando. Sentiste el orgasmo estallar dentro de ti de forma violenta, una contracción tras otra que te sacudió el cuerpo y te hizo arañarle los hombros con desesperación.

Al verte, Yoongi soltó un gemido. Su propia ritmo se volvió frenético; te dio tres movimientos finales, duros y profundos, mientras te retenía con fuerza del cuello y de la cintura.

-Tómalo todo... -te ordenó con voz áspera, hundiéndose hasta el fondo en un último empujón antes de tensar todo su cuerpo.

Gimió tu nombre en un susurro ronco contra tu boca cuando comenzó a correrse dentro de ti, liberando su calor de golpe, llenándote por completo mientras te mantenía atrapada contra su pecho, con la respiración entrecortada y el corazón latiendo a mil por hora en el silencio absoluto de la oficina.

Mantenías la respiración entrecortada, sintiendo aún los latidos frenéticos de tu corazón retumbando en tu pecho, cuando la mano de Yoongi subió hasta tu rostro.

Te tomó con algo de brusquedad, apretando tus mejillas entre sus dedos largos hasta hacer que tus labios se juntaran ligeramente en una mueca vulnerable, obligándote a sostenerle la mirada fijamente.

Sus ojos, todavía nublados por la adrenalina, tenían un brillo posesivo.

-Me moría por hacerte mía -dijo con esa voz grave y cargada de una honestidad tan pesada que te sacudió por dentro.

La presión de sus dedos en tus mejillas y la intensidad de sus palabras hicieron que soltaras un pequeño jadeo contra sus manos.

Tus ojos se dilataron y el ardor en tu rostro volvió a encenderse, incapaz de asimilar que el hombre más temido del bajo mundo acababa de decirte eso tan cerca.

Sin embargo, el momento de vulnerabilidad duró solo un suspiro.

Yoongi te soltó el rostro, se separó de ti con movimientos rápidos y se acomodó la ropa en cuestión de segundos, cerrandose el cinturón y ajustándose el saco con una tranquilidad impecable.

La calidez de su mirada desapareció, siendo reemplazada por esa máscara helada, distante e inexpresiva que lo caracterizaba ante el mundo.

-Arréglate la ropa y sigue con tu trabajo -te ordenó con tono frío y seco, volviendo a su postura de jefe indomable mientras caminaba hacia su silla de piel y tomaba de nuevo su vaso de whisky como si nada hubiera pasado.

Te quedaste sentada en el borde del escritorio con las piernas temblando, abrochándote la blusa con manos torpes y el pulso acelerado, sabiendo que, aunque por fuera volviera a ser el implacable Min Yoongi, el secreto que acababan de sellar en esa oficina lo había cambiado todo para siempre.




Si me leíste y llegaste hasta aqui gracias y si les gusto me regalan un voto por favor 🫶

Let ANGIE KIM ♡ know what you thought about this chapter!

Further Recommendations

Mystic Wolf

Teresa: The book is well done, brilliant in fact! Z

Read Now
Bear Shifter Secrets

tatianne Ingrid: Adorei cada capitulo! parabens

Read Now
An Irish Match

readingtoday77: This story is so very sweet. I really like each main character's emotional evolution, especially Liam working through difficult past betrayal and tragedy to be able to take a chance and love again. The sex scenes were fiery and tender and so very moving, especially the scene when Maeve says that she...

Read Now
To Catch a Ghost, Part 1

Wendy Salvo: I really liked this story but now that I’ve read all three I wanted to come back with a thought, the forward on this story talks about a reverse harem and not having to choose, but there isn’t any choice, or thought of a harem until the moment she connects with them, there is only foreshadowing of o...

Read Now
The Mate he couldn't have

starlit_soul: I love the plot and dialogue It's my first ware wolf story and I can already see my self reading more of these

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

AARADHYA BAISLA: This wo soo so so nice I loved the storyline 👏💗

Read Now
His Silent Luna

Leah: I love the emotions of this book, there's never a boring part, it's always thrilling and the occasional edge is perfect, I did notice some mistyped words or misspelled words, but for this book I didn't mind at all, this was an emotional rollercoaster, but it was worth it, I read this book in 1 day, ...

Read Now
Graves Lost Daughter Book 1 Devils Creek MC

PattieJo60: Loved this story so much. The characters were great. How they grew in the story was written so well. I must have gone through a dozen of tissues. Seriously book made my day. Thank you so much.

Read Now
The Full Moon Breeding Club

Susan Morris: This is a fantastic romance story! The writing, the timing, the flow, the characters were all great. I love the story because it involved a “process” I had not read about before in shifter romance and was well thought out and applied to this story. Cheers to the author!

Read Now