Capítulo 1
Mi cuerpo entero me duele. La venda que cubre mi rostro me provoca un dolor de cabeza insoportable, y he perdido la noción del tiempo. No recuerdo cuándo fue la última vez que vi la luz del sol ni cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que hablé con alguien.
Todavía recuerdo la noche en que todo comenzó.
Había salido con mis amigas, como tantas otras veces. Sin embargo, al terminar la noche, decidieron marcharse con unos desconocidos y me dejaron sola. Al principio no le di demasiada importancia. Pensé que podría encontrar un taxi y regresar a casa sin ningún problema.
Qué equivocada estaba.
Me quedé esperando a un lado de la calle, mirando de un lado a otro en busca de algún vehículo que pudiera llevarme a casa. El taxi que esperaba nunca llegó. En su lugar, una camioneta oscura apareció a lo lejos y comenzó a acercarse lentamente.
Al principio no sospeché nada, pero algo en mi interior me hizo sentir incómoda. Cuando noté que el vehículo reducía la velocidad cerca de mí, decidí alejarme lo más rápido que pude.
No sirvió de nada.
Dos hombres altos y robustos salieron de la camioneta y se abalanzaron sobre mí. Intenté escapar, grité pidiendo ayuda y luché con todas mis fuerzas para liberarme, pero ninguno de mis intentos funcionó. En cuestión de segundos, me habían obligado a subir al vehículo. Después, todo se convirtió en una sucesión de recuerdos confusos que todavía me cuesta ordenar.
Ahora estoy aquí, encerrada en una habitación pequeña, húmeda y en pésimas condiciones. No sé dónde estoy ni qué quieren de mí. A veces me traen algo de comida y agua, pero nunca se quedan el tiempo suficiente para que pueda hacer preguntas. La mayor parte del tiempo solo escucho el silencio, interrumpido ocasionalmente por ruidos que provienen del otro lado de la puerta.
No sé cuántos días han pasado. Tampoco sé si mis padres ya se han dado cuenta de mi desaparición, si están buscándome o si alguien les ha dicho algo sobre mí.
Esa incertidumbre es casi tan insoportable como el dolor que siento en todo el cuerpo.
A pesar de todo, intento aferrarme a una sola esperanza: que alguien me encuentre y consiga sacarme de este lugar.
Quiero volver a casa. Quiero escuchar las voces de mis padres, sentir el sol sobre mi rostro y recuperar la vida que tenía antes de aquella noche.
No sé cuánto más tendré que soportar, pero necesito creer que algún día podré salir de aquí.
Porque, aunque no sepa dónde estoy ni qué me espera, todavía tengo la esperanza de volver a ser libre.








