Chapter 1 El día que chocaron los mundos
El sonido de la chicharra de las siete y media de la mañana nunca había sonado tan amenazante en el Instituto Saint Jude.
Para los pasillos de mármol pulido y casilleros relucientes, caminar por ahí era como desfilar por una pasarela invisible. Todo estaba en su lugar: los uniformes impecables, los grupitos exclusivos en las bancas del jardín central, y las sonrisas ensayadas que ocultaban las inseguridades de todos. O al menos, así era hasta que las puertas principales se abrieron de par en par y entró el verdadero caos.
Los estudiantes de la preparatoria San Francisco cruzaron el umbral como si estuvieran invadiendo territorio enemigo. Nada de uniformes caros; lo suyo eran chamarras de cuero desgastadas, sudaderas con capucha, mochilas cargadas de parches y una actitud de "no me importa nada" que dejó helados a los alumnos de Saint Jude.
Valeria Vance observó la escena desde el segundo piso, apoyada contra el barandal de cristal con una tableta en la mano. Para ella, el orden era sagrado. Como capitana del equipo de debate y la alumna modelo indiscutible, aquel cambio temporal de instalaciones no era más que un desastre logístico que alteraba su perfectamente planeado último año.
—Es una pesadilla —suspiró Sofía, su mejor amiga y la editora del periódico escolar, acomodándose los costosos lentes de sol sobre la cabeza—. Mira al chico de la chaqueta de mezclilla. ¿Vino a estudiar o a asaltar la dirección?
Valeria siguió la mirada de Sofía. En medio del vestíbulo, un chico alto, de cabello oscuro ligeramente revuelto y una mochila cargada de pines de bandas de rock, miraba alrededor con una sonrisa cínica. Era Mateo Silva.
Mateo detuvo la mirada por un segundo en el segundo piso, cruzándose exactamente con los ojos fríos y evaluadores de Valeria. En lugar de apartar la vista o sentirse intimidado por el entorno elegante, Mateo le regaló una sonrisa de medio lado, alzada y provocadora, antes de seguir caminando junto a sus amigos, que ya hacían bromas ruidosas sobre los floreros decorativos del pasillo.
Valeria apretó la mandíbula. Dieciocho semanas, se repitió mentalmente. Solo tenía que sobrevivir dieciocho semanas compartiendo su escuela con gente como él. ¿Qué tan difícil podía ser ignorarlos?
Muy difícil, al parecer.
Diez minutos más tarde, el timbre para la primera clase de la mañana sonó, y Valeria entró al aula del profesor Henderson. El ambiente ya estaba tenso. A la izquierda, los chicos de Saint Jude sentados en sus lugares habituales; a la derecha, los del San Francisco ocupando los asientos del fondo con una postura desafiante.
El profesor Henderson, un hombre mayor que parecía a tres días de la jubilación, ni siquiera levantó la vista de sus papeles al entrar.
—Buenos días. Como ya sabrán, la dirección del distrito decidió fusionar los grupos este semestre para fomentar la "integración comunitaria". Así que no me importa quiénes eran amigos antes o a qué escuela pertenecían. He preparado una lista de parejas para el proyecto socio-comunitario que abarcará todo el semestre. Vale el cuarenta por ciento de su calificación final.
Un murmullo de quejas recorrió el salón. A Valeria le sudaron ligeramente las manos. Un proyecto del cuarent0 por ciento dependía de su promedio, lo que significaba que no podía permitirse fallar.
—Cuando diga sus nombres, pasan a buscar las pautas del trabajo —continuó el profesor Henderson—. Sofía Miller con... Lucas Gómez. [...] Y finalmente... Valeria Vance con... Mateo Silva.
El aula se quedó en absoluto silencio.
Valeria parpadeó, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones. Miró hacia el fondo del salón. Mateo levantó lentamente la vista de su cuaderno, con los ojos fijos en ella, y soltó un suspiro resignado.
El profesor Henderson ni se inmutó.
—Tienen hasta el viernes para entregarme el esquema inicial de su propuesta. Y por el amor al cielo, traten de no matarse en el intento.








