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“Se fecundaba en su vientre el placebo de un amor. Continuidad de las noches hacían provisoria una neurosis épica. ¿A dónde estoy? ¿A dónde voy? Cercanía de un tiempo de rosas que penetraba en cada poro oculto. Mente insaciable, cuerpo abominable. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy?“.
Me senté a ver caer mi propia inmunidad. Como una ceniza, cada partícula de inspiración se la llevaba el viento. Mi corazón envuelto en excesos, necesitaba un poco de la supremacía estática de mi mente.
Empecé de nuevo: ”Los profanadores de tumbas descienden a levantar con minuciosidad el sentimiento...“, lo taché, sin titubeos.
La televisión sigue prendida. La música enreda el ambiente entre sus brazos, lo acoge, lo mima y lo suelta con una leve poética en su intenso esplendor. Todos callan y nadie ríe. Todos ríen y nadie calla. Como una fuga de gas mi alma se separa, se divorcia de mi ser, se burla de mí. ¿Quién soy?
Sin alma y sin sabor, me desprecia la bendición de las palabras infundada antes en mí, para que sin dolor y sin rencor tan sólo se arrancase de mi ego. ¿Cuándo has sido, insensible quimera, extirpada de mi ser, tal como extirpan el corazón a un mediocre cadáver? ¿En qué momento de ensueño te has alejado de mí, tal como se aleja la primavera para darle lugar al ocre otoño?
Y me senté a ver como mis utopías descendían de su cúspide, quedando tan sólo de mí, materia y desdeño.