Capítulo primero
Olvidarte
Sun Hyun y Hanpen estuvieron al pendiente de Taeyang por más de cinco o seis semanas, pero dado que había pasado tanto tiempo y sus vidas tenían que continuar, reunieron la fuerza suficiente para empacar sus cosas y dejar la que fuera la casa de su hermano menor y su amigo mientras retenían las lágrimas, resueltos a mostrarse fuertes. Se despidieron de Taeyang y Hanpen lo abrazó para susurrar las que serían, también, sus últimas palabras.
—Sanarás, rezaré para que algún día sanes.
Al principio, estaba realmente agradecido de poder tener tiempo a solas. Ninguno de los dos lo rodeaba para obligarlo a comer, tomar una ducha, o asistir a alguna video conferencia de importancia.
Estaba solo, libre y devastado.
Con el paso de los días fue aminorando el impacto, y constantemente tenía pesadillas sobre Tokyo. Le reclamaba con la mirada que estuviera olvidando lo así de pronto. Cuando soñaba con él, sentía que no le quedaba más remedio que sentarse lo que restaba de la noche frente a sus fotografías. Pensaba en cada una de sus faltas, y crecía el vacío que hacía sentir su corazón pesado y frío.
Como siempre, rememoraba con lucidez increíble y vívida cada uno de los momentos que habían pasado juntos, los gestos infantiles y graciosos que Tokyo podía plasmar en su rostro. Miraba sus dedos extendidos, el fulgor casi deprimente del hilo que trataba un camino que ya no podía ver, pero que seguía ahí
Cuando salía, multitud de chicos de más o menos su edad le recordaban la frágil y delgada silueta de su amante. Cuando los alcanzaba y los tomaba por el hombro para verlos, inevitablemente, se encontraba con un extraño. Escuchaba el incesante cantó que con frecuencia Tokyo entonaba, frases sacadas de algún libro francés
De esta desventura queda un poco de sal en el té, moretones, calambres. Ganas de llorar. Ganas de llorar...
Resuelto a no pensarlo de nuevo, volvía a casa empapado en lágrimas. ¿Cuánto tiempo más hasta escupir rosas y sangre también?








