1.
Dentre una cueva misteriosa iluminada por colgantes antorchas, los intervalos brillantes chocaban contra la roca; Pequeñas criaturas multicolor danzán en una mágica ocasión. Concentración profunda en el magnetismo, el suave viento pasaba de en pelaje a sensaciones.
La Medía Luna adornando las estrellas, una vista qué se antojaba de fantasía, En una isla flotante, justo en el centró del bosque, una piedra preciosa brillaba intensamente bajó un antiguo Altar con destellos luminiscentes.
Era una ocasión irrepetible y que marcaría un nuevo punto en la historia, nunca antés el deber de un Guardián habia estado en discusión; sin embargó el lo declinó, la verdad siempre fue su fuerte.
"Tengo derecho a ser libre como un águila surcando el horizonte, la retención es una obligación...Más nunca fue mi decisión".
En pose meditativa, con rastas que lo adornaban hasta la cintura, un pequeño Equidna con ojos tan cristalinos cómo el mar, dejaba reposar a las luciérnagas en sus brazos entre cruzados, sus ojos desprendían un aro azuloso. Con suave exhalación hace un ademán a la derecha hasta terminar delicadamente en su frente.
—Seré un traidor...—dijo Knuckles lo suficientemente claro cómo para que las criaturas controlarán su decisión—Qué Tikal decida mi destinó.
Todo su cuerpo daba pulsos como un corazón, la energía Caos brotaba incontrolable, ascendió un par de centímetros del suelo con las criaturas guardando respetó al Guardián, era increíble verlo sin signós de cansancio.
Mente y Alma se conectaban entre sí, una fina unión entre la vida y la muerte marcaban al Equidna en su peligrosa travesía, era la primera vez en la historia dónde un Guardián desistia del legado en contra de su voluntad.
Las pequeñas criaturas que hasta en ese momentó dejaban de danzar y se agarraban de las manos, en círculo alrededor del Equidna en profunda felicidad.
Uniendo las palmas de sus manos a la altura del pecho las fluctuaciones de energía se contraian en...Un símbolo Esmeralda que aparecía en los cuatro puntos cardinales del Equidna en estado meditativo, unificaba la Unión del último gran pasó.
Pronto el resplandor había acabado, las estrellas resplandecian célebres en el Cosmo. Lejos de ahí, un par de ojos brillantes en la nada del espacio miraban interesados, finas garras descagaban un corazón de un extrañó espinoso, era tétrico de ver, y sin embargó parecia indiferente...Hasta entonces.
(...)
Acabo de escribir una frase en mi diario frecuentemente actualizado, es una libreta francesa forrado en negro con una medía Luna en el centro, me la regalo mi amiga sally, en el apogeo del invierno.
Que bien es recibir un regalo y no maldiciones de gente que me ve pasar por las calles. "Vete a vacunar" "¿dónde esta tu correa?". Y cosas así, al menos yo soy sano y libre de todo metal que les ponen a sus vacunas.
Dejando de lado eso.
Me paso mis dias libres al parqué.
Esperando a que se termine la guerra de pelotas, sentado en una banca al frente de una majestuosa fuente.
Fue fácil convencerme...
—No quiero ir—denege.
—¿Acaso te pregunté?—dijo callandome con la contra, pero encerio no quiero ir—. Solo pasa por ella, krishna, ¿qué tal dificil puede ser...?—dijo como si no tuviera gran ciencia, resople y me dirigí al umbral de la puerta.
—Qué astuta—dije con el fín que no escuchara, pero ella me respondio.
"Lo se". Desde la cocina, cada dia me cae mejor.
Un viento cálido empieza a soplar a traves del bosque, la naturaleza se despierta de su letargo invernal.
Desde el décimo primer pisó del hotel Campaline de Villete, se logra vislumbrar la gran ciudad del siempre hermoso, elegante, romantico y sofisticado; París.
Los autos se ven como pequeñas esferas coloridas, pasando por la tan imponente Torre Eiffel capitál Francia. Que se entre corta en los rascacielos de sus altos edificios.
"Tuileres".
El parque más grande y antiguo de París, extendiendose entre Louvre y la Plaza Concorde, el mejor sitio para ver a la gente pasar; con una coleccion de esculturas apreciables bajo el cielo descubierto, un jardín de feria de verano, noria y demás atracciones.
Allí, donde los más pequeños se divierten en pequeños barcos teledirigidos, en el corazón de París.