A un silencio de distancia

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Summary

Ella vive una vida dedicada al trabajo, el vive un día a la vez. Sus vidas se cruzaron por casualidad.

Status
Ongoing
Chapters
37
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

El chico de la azotea

El frío de la noche calaba mi piel hasta llegar a los huesos; sentada en un ducto del aire mirando hacia al infinito. Así eran la mayoría de las noches, subía a lo más alto del edificio donde actualmente trabajo para fumar un par de cigarrillos.


Ver a Bogotá a eso de las 6 de la tarde, cuando las luces de apartamentos y casas empezaban a dar vida a esos lejanos edificios que veía de fondo. La gente llegaba a sus hogares mientras yo seguía trabajando.


Para que nadie se enterara de mi escondite, cerraba la puerta atravesando una barra de metal en la mitad de la misma. De tal manera nadie podría pasar, al menos eso pensaba. Me daría tiempo de apagar el cigarrillo e inventar una buena excusa.

Ese noche, alguien intentó abrir la puerta.

Sentí que mi corazón se aceleraba.


Apagué el cigarrillo y lo guardé en la caja porta cigarrillos.


Cuando quite la barra y abrí la puerta vi un chico de espalda, se disponía apenas a bajar el primer escalón.

Al escuchar la puerta volteo y me miró de arriba abajo con rapidez, al verme supe que buscaba lo mismo que yo, un buen lugar para fumar.

-Disculpa, no quería interrumpir... Es solo que también quería fumar. Dijo

-¿Quién te dijo que estaba fumando? Pregunté

-Pues lo deduje por el porta cigarrillos que tienes en tu mano y por el olor que aunque lo intentes, no puedes ocultar. Respondió

Miré mi mano derecha que aún sostenía el porta cigarrillos. -Que idiota soy. Pensé 


Subió y se sentó a mi lado, no tenía intención de charlar. Pues saco un cigarrillo, lo encendió y saco de su bolsillo su celular. 


Lo detalle.

Es delgado, ojos oscuros o al menos eso parecía, cabello de corte juvenil corto a los lados y un fleco que con regularidad caía en su rostro. Algunas cicatrices de acné en su rostro. Quizás de unos 23 a 25 años.

-¿Eres la jefe de contabilidad? Preguntó sin dejar de mirar el celular.

-Si, lo soy pero... Yo a ti no te había visto antes.

-Soy nuevo, llevo tan solo dos días aquí. Eres linda. Dijo mientras apagaba el cigarrillo con la suela de su zapato.

No supe que responder y el tampoco me dio tiempo de pensar en algo, pues tan rápido como lo dijo, bajo las escaleras.

Tomé el filtro del cigarrillo que el apagó y lo puse en mi porta cigarrillos. Lo último que quería es que sospecharan que alguien subía a fumar.

Bajé y esperaba verlo aún trabajando, me lleve una sorpresa cuando me di cuenta de que estaba sola en ese piso. ¿Cómo entró? El acceso al piso más alto sólo lo teníamos quienes trabajábamos en el piso 15.

Fui al baño para verificar que no estaría allí. ¿Entrar al baño de hombres? Pensé. Solo para verificar que no estaba loca.

Puse mi mano derecha sobre la puerta, me disponía abrir pero me daba vergüenza abrirla. ¿Y si había alguien allí? ¿Que diría?.

De pronto, la puerta se abrió y yo quedé con la mano en el aire.

-¡¿Que haces?! Preguntó el hombre desconocido. Frunciendo el ceño

-Nada, solo quería decirte que no dejes el filtro del cigarrillo y mucho menos los cerillos arriba.

-Soy Bruno por cierto, y lo siento, no sabía que estaba prohibido fumar arriba. Lo tendré en cuenta.

Su voz era gruesa, movió sensaciones en mi, me di cuenta de que era un hombre diferente, estaba acostumbrada a que los hombres me miraran con lujuria, pero Bruno no... ¿Es gay? Me pregunté.

-¿Tú nombre? Preguntó

-Soy Danna.

-Vaya, no lo habría imaginado, tienes un nombre juvenil a mi parecer.

¿Que se cree este idiota? Pensé.

Dibuje una sonrisa falsa en mi rostro.

Le di la espalda y camine por el corredor. El me seguía, caminé rápido pero el corredor parecía interminable.

-Pedí comida ¿comerías conmigo? Preguntó cuando llegamos al final del pasillo.

-Gracias, pero no como en la noche.

-Debí suponerlo. Replicó.

-¿Por qué? Pregunté.

-Bueno pues con mucho respeto, tienes un cuerpo increíble. ¿Me acompañarías a comer? Preguntó.

-Gracias, debo terminar un informe para mañana. Quizás después. Sonreí

¿En qué momento me vio? No me di cuenta... Claro, en el corredor, caminó detrás de mi. Típico en los hombres.

Es mucho menor que tú Danna. —Pensaba mientras veía el monitor de mi computadora. 


Luego del encuentro con Bruno, no volví a trabajar esa noche.

Me sentía intrigada hacia el, ¿que puesto ocupa? ¿Es un practicante? Los practicantes no trabajan hasta altas horas de la noche.

¿Que pensaría de mi cuerpo? Me peiné con ayuda del reflejo de la ventana que tenía a mi izquierda.

Pasadas las 10 de la noche, me disponía a salir, no había visto de nuevo a Bruno, tomé las llaves de mi auto, mi bolso.


Bruno salió del archivo y parecía que también iba a salir.


Abrí mi cajón, como si estuviese buscando algo, debía pasar al lado de mi oficina para salir de la oficina. Así que le di tiempo. Quizás se despediría o diría algo.

-Hasta mañana. Dijo

-Yo también voy de salida. Respondí.


Tomamos el mismo ascensor.


No dejaba de mirar su celular. Lo que me dio tiempo para detallarlo un poco más. Tenía brakets, sus ojos si eran oscuros, tal vez cafés.

Levantó la mirada hacia mi mientras hacía mi análisis.

Nos miramos a los ojos, ambos sonreímos.


-Te invito un café dijo.