Capítulo cuatro: Océano Pacífico.
Hace una semana y unos días, conocí a un niño de mar. Tiene una sonrisa tan propia, tan dulce, inclusive siendo de mar. Tiene espuma en el cabello; suave y enredada, siempre contenida, fascinante. Él prefiere alaciarla. Mi corazón se derrite pensando en lo bien que le sienta así. Pequeños rizos cristalinos le caen al rostro rozando sus párpados y las sienes.
Ya he besado al mar. Me ha envuelto en su abrazo, sentí su corazón correr, escuché cómo el sol hacía relucir sus aguas claras. Contemplándolo a la mitad de sus playas, provocó mi curiosidad de nadar más profundo.
El niño de mar calienta sus aguas constantemente y emana vapor con sabor a sandía, a veces a un espesor amargo pero relajante, casi como respiración. Me gustaría probar esa sensación tan cálida en diferentes sabores.
Hace una semana y unos días que conocí a un niño de mar, que más de mar, parece de río. Él alguna vez tuvo residuos en sus playas, tóxicos como el ras del tiempo. Él alguna vez vió que su propio cuerpo se rompía, se congelaba de a poco. Mi pequeño niño de mar, ¿no ves que quiero cuidarte? ¿no es evidente que quiero verte crecer en enormes olas? 3600 segundos corren tan rápido y se vuelve tan lejano volverlos a vivir.
El niño de mar no sabe que me gusta observarlo cuando sonríe. El niño de mar no sabe que he sabido leer de a poco sus oleajes, el arrullo de su corazón. El niño de mar no sabe que las manecillas me rasguñan cuando siguen avanzando y yo estoy ahí, queriéndolo. El niño de mar tiene una risa preciosa e instantánea como aquella luz que simplemente aparece y se va, que grita. El niño de mar no sabe que en una semana y unos días marcó pequeñas motas de agua sobre mi piel, con intención de risa, de estar bien, de respirar libremente. Me gustaría disfrutar la brisa a la proximidad de la tormenta junto al niño de mar.
Pasan los días, las horas y yo sólo ansío saludar al niño de mar. Aquel iris de ojos tan lúcidos y vívidos. Han sido dañados. Han llorado. El mar ha hecho estruendos y muy en lo profundo, la vida ahí se muere.
El niño de mar lleva la argolla que me dió aquel amor del que nunca me enamoré pero me hacía tanto bien. Llevo la liga de espuma que le sostiene. Espero que él entienda que al mar se le ama eternamente, en esperanza de que te deje pasear tranquilo por sus aguas. El niño de mar me hace muy feliz.
El prisma de aquella voz, esos labios, creo que empiezo a recordarlos. El último beso y el acostumbrarme al aroma que lo caracteriza y lo distingue de no ser de río. El niño de mar no sabe que las cicatrices que me han marcado se quedarán ahí.
He besado al mar, ¿lo he dicho ya? Aquellos labios dulces que se pierden entre burbujas y risas discretas que desmienten lo fácil que me ha hecho olvidar que me odio. Mi pequeño y dulce niño de mar, ¿no ves que me he perdido entre tus rizos de espuma? Pero no hagas nada para sacarme, que me gustaría acostumbrarme a este tipo de felicidad.
El niño de mar me ha tatuado un hacha en la muñeca. El niño de mar se casó conmigo jugando a la kermés. El niño de mar no sabe que son las 4:20 de la mañana y no dejo de querer besarlo y abrazarlo. A veces me da miedo pensar que el niño de mar cree que lo dejaré a un lado en cualquier momento. Me encantaría fusionarme en esa sensación de querer vomitar amor. Yo quiero que el niño de mar sea muy feliz viendo las estrellas y el pasar de los días mientras crece junto a personas que lo amen por lo que es, quien es. Yo sé que al niño de mar todavía le duele algo y quiero curarlo. Yo sé que el niño de mar puede llegar a mentir para curarse o cubrirse, total, barricadas ya hizo. El niño de mar no sabe que no me importa si es un 27 de septiembre o febrero del próximo año. Mi dulce y tierno niño de agua salada, ¿acaso no sabes que ya te he dedicado tantos recuerdos? ¿Acaso no ves que me sanas en cada tierno abrazo que te atreves a darme? Yo espero que sí.
Mi gran y dulce niño de mar, he colapsado antes de esto. Jupiter me mandaba cada estrella fugaz, pero necesitaba cariño y segundo a segundo, me enamoraba de cada una de ellas. Al final todas se fueron. Las notas y el cantar de las sirenas se volvieron mi más profundo secreto. Niño de mar, dime, ¿lees esto con el mismo amor que lo escribí? ¿Sanarás mis heridas más recientes? Creo que tu forma de brillar, tan divina, tan perfecta, será suficiente. Creo que me gustaría dejar de pensar que todos van a quererme tan abrupta y profundamente, así como me gusta amar a mi. A veces quisiera no poder querer. Así que, niño de mar, te confío mi kriptonita.
Mi dulce niño de mar... regreso de verte y por primera vez soy feliz conmigo. Me veo al espejo. No hay odio, no hay dolor.
Hace una semana y tres días exactamente que conozco al pequeño niño de mar. Se volvió mi fascinación en tampoco tiempo. Soy fiel creyente en que el tiempo no entra en la báscula, él es mi prueba viviente. Mi niño de mar es profundo y acogedor, incluso para mi. El precioso niño de mar no sabe que padezco de talasofobia y quiero escondérselo, no quiero que piense que por mis miedos irracionales daré media vuelta y me iré lejos. Me adentraré lo más profundo hasta adorar a las inmensas creaturas que habitan el Océano Pacífico mientras juego damas chinas con el niño de mar. Yo sé que un 15 de enero sonreirá por leer mi manojo de palabras amieladas, espero que lo haga.
Mi gigante de agua salada me abraza cuando le extiendo los brazos, baños de luna y memorias de un sol infinito. Me tiene como idiota viéndolo desde la cercanía de su palabra. El niño de agua salada ahora está turbio, pero sé que se aliviará pronto, para entonces será mío y sólo mío. Quiero que mi niño de mar se acurruque conmigo a ver la historia de cierto personaje que cruzó selvas y montó a maquinas futurístas. Mi niño de mar vive el hoy, mañana lo hará también. Un niño de aquel líquido vital para la vida (salado) me ha enviciado en el andar mecanográfico de su corazón en tan solo 10 días y contando.
Quizás él no sepa que estoy obsesionada con cada letra y tílde que conforman su nombre, con las pequeñas facciones que hacen el pliegue de los codos, de los párpados. El niño de mar me empieza a dejar sin tinta que plasmarle. ¿El niño de mar me esperará? ¿El niño de mar me extrañará en el silencio abrumante de una noche? Quizá. Quizá no.
Pequeño niño de mar, el color obscuro de tus ojos me confunde con la claridad de tus sentimientos, me hacen fantasear con la luna. Siempre he querido tocar el agua sin tener miedo a ahogarme. Dime niño de aguas profundas, ¿será tonto pensar que me esperas recargado en la reja de ese pedacito de paz?
Constantemente pienso en el niño de mar y me hace reflexionar en si estaré haciéndole algún mal o lo llegaré a motivar a terminar de buena gana el día. Quiero ser feliz. Quiero llegar a ser quien la luna naciente esperó de mi. Ojalá volviera en luna llena. Quiero que el niño de mar tenga el valor de salir del agua a caminar conmigo mientras jugamos a ser felices, hasta dejar de ser un sueño de medianoche. Mi niño de mar, todas las palabras que me has hecho dejar ir para que lleguen a ti. Cada precioso recuerdo que te has colgado al cuello con intención de nunca perderlo.
Mi grandioso niño de mar tan eterno como finito, ¿sabías que las balas perforan más lento dentro de las profundidades de la rabia? Sé que hoy me volverán a perseguir las horas para iniciar otro día mañana y lo único que espero es poder tenerte cerca. Mi sonriente niño de agua salada, así sean nueve meses o dos años, procuraré seguirte escribiendo hasta poder llegar a ti con libertad. Lo entendí desde el principio, sólo busco estar contigo. Cuéntame el porqué de tus miedos, de tus dolores y sigamos juntos la última luz que irradia el sol, sólo prométeme que no dejarás escapar a la pequeña luciérnaga que contiene este momento.
Oh, mi niño de mar, aún no siento haber dicho suficiente lo muy alto que me levantas en tus brazos, lo volátil que has vuelto a mi corazón. Quiero cantarte mientras duermes, admirarte en la calma de tus aguas. Escucharte reír se ha vuelto música para mi. Quisiera explicarte todo lo que me sale poco a poco a estocada de esgrima, quiero que llegues a conocer mis pequeños rincones de soledad y los vuelvas todos amarillos.
El niño de mar me ha cambiado la vida. Todas mis grandes constelaciones de estrellas me mientan lo feliz que me veo cuando regreso de verle. Los pequeños detalles minimalistas, tan predecibles, a veces tan torpes en su habla me han hecho ahondar en la mía para entender su presencia de agua en mí. Enamorarme de él todos los días se ha vuelto hábito. Sentir sus labios, jugándomela a nunca volver a hacerlo.
Mi enorme niño de mar, déjame ser quien te sonría a mitad de la noche para jugar a montar auroras boreales. Déjame amarte, mar mío, ¿estarás dispuesto a renunciar a la idea de sentirte solo? Quiero acariciarte la piel, quiero recostarte en mis piernas hasta que me digas qué guardas en aquella vitrina que dejaste atrás. Algún día volverá. Algún día volverás a ella. Juguetones se han vuelto los momentos en los que me cruzas por la mente, intentando adivinar qué has hecho hoy al levantarte y ver el collar que te dí.
Mi niño de mar se ha vuelto mi utopía, mi pequeño lugar secreto. He sido fiel a mis sentimientos hacia él, les permito salir a flote sin remordimiento ni pena alguna. Quiero que él se quiera tanto como yo lo quiero a él. La libertad de correr en la arena se ha vuelto libertinaje de una emoción pura, queriendo adorarle. El color violeta de las rosas rojas a la luz de la luna hacen memoria del sabor sandía de sus labios. Permíteme, niño de mar, adentrarme en las ruinas que estancaste en la laguna del olvido, esas que aún no han sido consumidas por las paredes de tierra y la sensación a humedad.
Pequeño niño de mar, te extrañé tanto y tan fuerte... La debilidad me inunda las piernas cuando te diviso a simples pasos de la lejanía. La mayoría de mis días se han dedicado a pensarte, sonreírte desde fuera de la estancia del recuerdo. En algún momento enfrentaremos el problema, mi amor, y seremos sólo nosotros. Hasta entonces los números romanos del anillo dorado y negro te recordarán como su significado especial. Sólo espera pacientemente, niño de mar, que el tiempo vuela y no es precisamente un ave. Llevaré mi momento impreso en papel, prometo guardarlo en el bolsillo junto al corazón.
Mientras que pueda recordarte, todo seguirá, seguiré trabajando en tu confianza, por ende la mía. Dime que me quieres una vez más. Dime lo que soy para ti mientras me miras tiernamente. Dime que los celos de las plumas de gorriones muertos en la almohada serán sólo para remarcar el hacha que llevo tatuada en la muñeca y en el alma. Mejoraré invicta para siempre darte a leer mi corazón hecho letras y pequeñas miradas. Nunca olvides el sentimiento que hemos creado, no dejes de sentir, así como yo tampoco lo haré, mi paraíso robado, mi niño de mar.
Mi niño de abrumantes ojos, por primera vez pido que respondas a mi escribir, ¿vas a cuidarme? ¿Serás esa sensación de felicidad que me incita a dejar de abrir mi antebrazo?Di facto, mi nuevo amor nunc et in hora mortis meae. Enséñame tu forma de ser feliz, de irradiar a voluntad. Déjame escuchar tu forma de amar, sentirte para siempre. Quiero que debajo de la sombra del recuerdo de un árbol me abraces fuertemente hasta que sienta en lo profundo tus intenciones. Porque durante meses tendré una hora para entregarte todo lo que sé de mi misma, hasta que lentamente vayas entiendiendo mis ademanes, mi forma de ser, como yo lo hago ahora. Verte sonreír, anda, da mihi gustum.
Aún no pareces entender que incluso pretendiendo ser a puerta cerrada, te he dado mis llaves y combinaciones de cada uno de mis secretos para cuando gustes conocer hasta la más mínima página de ellos. Mi niño de mar, gracias por hacerme feliz, incluso en la miseria de vida que vivo.
Mi niño de mar, espero sepas que en mi, el verdadero sufrimiento jamás llegará. No volvamos la espera en miedo esperanzado. El lanzarse a la pelea impasible, mientras te observas pidiendo una copa de whisky en aquel restaurante que da finta de cobrar un alma. Una ausencia. Esa risa continua, macabra. Dime, ¿podrás llorarle al lugar que tanto te ha esperado? Tapa tus lágrimas con el velo que dejaron colgado en un perchero de la iglesia, haciendo notar que tus labios son joya digna del infierno. Olvídate del grito del silencio, tan abstracto como el mismo sonido. Olvídate de querer ser cruel belleza hiriente. Mientras el odio siga corrompiéndome seguiré necesitando que creas en mi, en que te amo. Te he contado cada partícula de mi sentimiento, de algunas partes de mi ansiedad risueña y ganas de matar. Vamos niño de mar, dime que soy yo quien te ha vuelto cristalino, agua viva, finita para que yo pueda admitir que soy sólo culpable a medias. Oh, niño de mar, ¿puedo pedirte un favor? Conserva el beso que nos mandamos ese día después de despedirnos, hazlo separador para el próximo libro que te dé a leer.
Pequeño niño de mar, el paralelismo de mis fantasías recrea la hematofobia que me causa el imaginar verte llorar a causa mía, mea culpa, meus solus. Nos verán y asegurarán un amor infantil, por la razón que quieras, serás memoria de aquella vez que nos perdimos entre miradas coquetas y risas. Mi gran faro de luz, en medio del océano desierto, has logrado arrebatarme mis más dolorosos deseos. Desde que conozco al niño de mar los días se quedaron a la mitad. Ha borrado mi definición de día gris. Hace siglos que la atelofobia me sigue de cerca, va dos asientos atrás de mi en el vagón. Dime niño de mar, ¿lograrás borrarla? ¿Sonreirás hasta el final de mis días? Hoy resalto que de la imagen en movimiento las curvas incesables de tu rostro se vuelven anáfora de un verso a rienda suelta; sístole, diástole... A priori de enamorarme de los colores de tu vida, quiero dedicarme a la monotonía de tus errores, de los neologísmos que corren por las venas de tus manos. ¿Cuántos lunares recorren tu cuerpo? Cada beso de las estrellas que han marcado tu piel. Déjame amarte, prometo no soltar tu mano antes de tiempo, antes de irnos lejos. Antes de que dejes escapar tu último anhelo. Hasta que la muerte nos separe, amor mío, hasta entonces.