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Caminando bajo las luces de la ciudad a mitad de la noche, con algunos autos pasando por las calles y sin ninguna persona caminando alrededor. Un ambiente que a muchos les causaría inseguridad o incluso les resultaría escalofriante, sin embargo, el hecho de que todo sea tan silencioso y tranquilo, lo vuelve agradable a mi percepción.
Se preguntaran, ¿por qué me encuentro envuelta en una situación como esta? En realidad la respuesta es simple... Después de haber escuchado las interminables peleas que tienen mis padres casi todas las noches, hoy he llegado a mi límite para soportarlas.
No puedo estar un día más en aquella casa la cual han convertido en su campo de guerra, o tal vez si pueda, pero ya no quiero hacerlo.
Por mucho tiempo pensé que todo era mi culpa, que yo era la causa de sus gritos, de sus golpes, del odio que se tenían el uno por el otro; pensaba que tal vez sin mi presencia ellos serían felices. Hasta que un día, llegue a la conclusión de que ni siquiera existía en su caótica burbuja. Podía estar parada a lado de ellos y eso no era impedimento para que se lanzaran lo primero que tuvieran a la mano.
Cada día me encontraba diciéndole a mi madre que esas peleas no le traerían nada bueno, que en algún punto, uno de los dos llegaría a un punto de no retorno y todo se saldría de control. Sabía que mi padre no tenía solución, al menos no con nosotras. Tenía la esperanza que mi madre pudiera entrar en razón y salir adelante, pero siempre me contestaba con un ′Ahora no estoy de humor′ y con desilusión me quedaba callada, sabiendo que tal vez nunca se atrevería a salir de ese círculo vicioso, ni siquiera por su hija.
Ahora que lo pienso, me había preocupado tanto por mi madre que no me di cuenta que yo también me llevaba gran parte de los daños emocionales. Por cada pelea, en las que se gritaban cosas horribles, lo único que podía hacer era llorar en mi habitación, tratando de conciliar el sueño y así no poder escuchar todo lo que pasaba fuera de mis cuatro paredes.
Hasta que un día, todo sentimiento de tristeza se fue, y en su lugar me sentí enojada, y frustrada por todo ese tiempo perdido creyendo que en algún momento ellos podrían cambiar, pero ahora sé que la única que tiene que hacer un cambio, soy yo.
Toda mi vida traté de pasar desapercibida, siempre tratando de no llamar mucho la atención, pero ahora quiero que todo eso cambie, aunque tenga que iniciar desde cero.
Camino hasta llegar a un parque y me siento en uno de sus bancos. Respiro profundamente y cierro los ojos para poder pensar detenidamente en mi siguiente paso. Una fría brisa pasa sobre mi rostro, haciendo que abra rápidamente mis ojos, miro a los lados y no logro ver a ninguna persona alrededor, observo el poste de luz que está enfrente de mi y este empieza a parpadear hasta que finalmente se apaga, miró de nuevo a mi alrededor, esperando que la oscuridad se haga presente, pero ese momento no llega del todo.
Al parecer las estrellas se han puesto de acuerdo para brillar aún más fuerte esta noche. Verlas iluminar la noche junto con la hermosa luna, siempre me brinda una gran tranquilidad, pues a lo largo de los años, han sido mi única compañía en aquellas caóticas noches.
Ahora, solo espero que sigan siendo espectadoras de lo que me depare la vida, ya sea bueno o malo, después de todo creo que serán mi nueva familia. Por eso, a pesar de todas las adversidades, creo que podré seguir adelante siempre que recuerde a mi querido cielo estrellado.
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『 Fin 』