2. Operación Foxtrot (Kookmin adaptation)

Summary

By Stormy Glenn Yo era un niño bonito. Todos lo decían. Tenía el aspecto adecuado para el negocio de modelaje, y había ganado mucho dinero luciendo mi cara en todo el mundo. Yo también tenía cerebro pero nadie parecía notar nada más allá de mi buena apariencia. Era molesto cuando no lo hacían. Yo quería que el sargento Jeon Jungkook se diera cuenta. Quería que viera mi bonita cara y se diese cuenta de que podía mantener una conversación inteligente al mismo tiempo. Quería que él me quisiera de la manera en que yo lo quería. Fue frustrante cuando no lo hizo. Cuando alguien más se da cuenta, mantener a Jeon a salvo de ellos se vuelve más importante que probarle al hombre que yo era tan inteligente como lo era de bonito. Era una lástima que Jeon no pareciera interesado.

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13+

Capítulo 1

Libro 1 Pareja: Hank y Ian

Pareja actual:

Andrew - Jimin

Denice Cooper - Jeon Jungkook

Si tuviera que sonreír a un idiota más o sacudir una húmeda mano más, iba a gritar. Por qué mi agente había sugerido que asistiera a esta estúpida fiesta, nunca lo sabría. Estaba empezando a pensar que necesita encontrar un nuevo agente. No era más que una fachada esta maldita cosa.

El número de personas que pensaban que podía tocarme porque era modelo era asombroso. Estaba bastante seguro de que tenía hematomas en mi culo por ser pellizcado tantas veces. Y si una persona más intentaba poner sus manos debajo de mis pantalones, iba a lastimar a alguien.

Esto era ridículo. Ya había estado en esta fiesta por más de dos horas, y estaba listo para ir a casa. Eché un vistazo a mi reloj. Eran solo las once. La fiesta sin duda continuaría hasta las primeras horas de la mañana. Tenía una sesión en la mañana. No podía permanecer hasta la madrugada. El fotógrafo debería mi culo a rastras si tenía bolsas debajo de mis ojos.

Tal vez podría deslizarme sin que nadie me atrapara. No era como si me extrañasen. Esta fiesta se trataba de ser bonito. Había al menos diez modelos aquí que eran por lejos más atractivos que yo. Ni siquiera era el camarero más atractivo. Muy pronto, habría alguien más bonito que yo para tomar mi lugar, y no debería que soportar estas horribles fiestas de cócteles.

Las odiaba.

No me estaba decepcionando. Sabía que tenía el aspecto adecuado para este negocio. Mi robusta cuenta bancaria atestiguaba eso. Muchos modelos hicieron lo que hice. Simplemente invertí mejor que la mayoría, y no gasté frívolamente.

No era como si necesitara tanto. Tenía un espacioso apartamento tipo loft. Lo había conseguido barato porque estaba encima de un restaurante cubano. Los olores eran embriagadores. La música era animada, pero la reproducían demasiado tarde en la noche.

Por extraño que parezca, ya me había acostumbrado.

Siempre había algún tipo de buffet en las sesiones, así que comía relativamente barato. No tenía televisor, pero tenía instalada una computadora de primera línea. Mi mayor gasto era el presupuesto de mis suéteres. Como la mayoría de mi ropa estaba provista para mis sesiones, no necesitaba mucho más. Usualmente aparecía en mis jeans y suéteres.

Tenía una fuerte adicción al cachemira. Me gustaba lo suave que era, cómo se sentía contra mi piel. Me gustó cómo me hizo sentir. El tejido de cable (Tipo de tejido con patrones entrecruzados) era mi siguiente favorito. Yo poseía tres pares de jeans bien gastados. Tenía más de cuarenta suéteres. Cinco trajes Armani. Dos smokings.

Ni siquiera quería contemplar cuántos pares de zapatos tenía.

No me permití tomar drogas ni beber en exceso. Llevaba una joya, un brazalete de plata que me regaló mi abuela antes de fallecer. Nunca me lo quité, ni siquiera para sesiones fotográficas. No viajaba con tanta frecuencia, y cuando lo hacía, mis gastos de viaje eran pagados por quien sea para el que estuviera modelando. En realidad, he estado en todo el mundo con el dinero de otra persona un par de veces.

El viaje a América del Sur unos meses atrás había sido todo para mí. Solo sabiendo que mi primo Hank estaba realmente vivo, y ahora viviendo felizmente con su novio, hizo que cualquier cantidad de dinero que haya gastado al alquilar un avión y organizado todo bien mereció la pena.

No importaba cuánto había tenido que echar mano de mis ahorros para pagar ese viaje, no me arrepentí ni un poco, excepto el auto. Lamenté ese maldito auto… si pudiera llamarse auto.

La caja de metal del infierno vino fácilmente a la mente.

Iba a lamentar mucho más si no tomaba aire fresco. El aire dentro estaba estancado, rancio y lleno del abrumador hedor a humo y sudor. Me moví hacia el balcón. Hacía un poco de frío para estar afuera, pero si no lo hacía, iba a vomitar.

Empujé las dobles puertas de cristal que daban al balcón y las atravesé. Tomé una bocanada de aire fresco y limpio, o al menos lo que calificaba como aire limpio en la ciudad, y me di cuenta casi inmediatamente que no era el único aquí.

Podía oler al menos cuatro… no, cinco personas aquí, y una de ellas olía muy bien… y delicioso. Estiré el cuello para tener una mejor visión del balcón. En realidad, era un espacio bastante grande con diferentes áreas de asientos, una piscina infinita y una barra sin atención.

El sonido de una pelea me alcanzó. Teniendo en cuenta a quién estaba oliendo, eso no podía ser bueno. Me moví alrededor de la gran pared divisoria y vi a varios hombres de pie junto a una de las áreas de descanso. No parecían estar teniendo una conversación amistosa.

Incliné mi cabeza y levanté mi oreja hacia ellos, escuchando descaradamente.

—¿Quién eres? —Espetó alguien—. ¿Por qué estás aquí?

—Te lo dije. Solo vine aquí a fumar un cigarrillo.

El sonido de carne golpeando carne me hizo estremecer.

—¿Quién eres tú? ¿Qué escuchaste?

Cuando escuché el sonido inconfundible de un arma siendo amartillada, sabía que tenía que hacer algo. Todos mis instintos me gritaban. Considerando quién o, mejor dicho, qué era, eso decía mucho.

—Cariño, —Grité mientras doblaba la esquina—. ¿Ya terminaste tu cigarrillo? Me gustaría volver a casa.

Apliqué una de mis sonrisas galardonadas en mi rostro mientras caminaba hacia el pequeño grupo de hombres.

—Ahí estás, amor. ¿Estás listo para volver a casa? Tengo una sesión en la mañana. Necesito mi siesta de belleza.

Cuando llegué a los hombres allí de pie mirándome, les envié a todos una sonrisa amistosa antes de inclinarme y presionar un beso en los labios del sargento Jeon Jungkook.

Mis ojos se ensancharon un poco cuando sentí una ráfaga eléctrica atravesarme al contacto.

No había estado esperando eso.

Por supuesto, tampoco esperaba que Jeon estuviera en el balcón. Podía fingir como los mejores de ellos. Estaba un poco en el negocio de fingir.

—Oh, ¿qué es esto? —Saqué un pañuelo de mi bolsillo, lo mojé con mi lengua y lo unté en la mancha de rojo en el cuello de Jeon —No sé qué es esto, pero deja de comerlo. ¿Sabes que es difícil quitar las manchas de…? —Me incliné hacia atrás y recorrí con la mirada el enorme cuerpo de Jeon—. ¿Qué llevas puesto, cariño? Esa no es una de las camisas que te compré.

Jeon se encogió de hombros.

—Es cómodo.

Yo resoplé. Ruidosamente.

—Te ves mucho mejor en seda. En esto… —hice un gesto con la mano hacia arriba y hacia abajo— no tanto.

Una sonrisa torcida adornó los labios de Jeon.

—Pensé que dijiste que me veía bien en cualquier cosa.

—Bueno, sí, pero incluso yo tengo límites. —Pasé mi brazo por el de Jeon antes de volverme para mirar a los hombres que nos rodeaban—. Oh, eres el señor Cavetti, ¿verdad? —Le pregunté cuando me acerqué al único hombre que conocía.

Nunca olvidaba una cara.

Había visto al hombre en varias funciones a las que había asistido en los últimos meses. No estaba seguro de lo que hacía exactamente, pero el arma que escuché amartillar hace unos minutos dijo que no podía ser bueno.

Era extraño que no pudiera ver el arma.

—¿Quién eres? —Preguntó el hombre. Sonreí mientras tendía mi mano.

—Park Jimin.

—Eres ese chico modelo, ¿cierto? —Preguntó uno de los otros hombres—. El que hizo esa sesión de revista en Tahití el año pasado para los bañadores.

Mi sonrisa se ensanchó. Era la falsa que le daba a la gente que no me gustaba, pero que no quería que supieran que no lo hacían.

—Sí. Nos divertimos mucho en ese viaje. —Apreté más fuerte el brazo de Jeon mientras lo miraba—. Recuerdas ese viaje, ¿verdad, cariño? Es en el que nos quedamos en esa pequeña y linda cabaña en la playa.

—¿Era esa que tenía la hamaca? —Preguntó Jeon sin perder el ritmo.

Casi le sonrío.

—No, ese era el lugar en el Caribe. Tahití fue la que tuvo la ducha al aire libre.

Jeon se rió entre dientes.

—Oh sí, lo recuerdo.

—¿Conoce a este hombre, señor Park? —Preguntó el señor Cavetti.

—Por supuesto. Él es mi novio.

Novio.

Me sentí como si estuviera en la escuela secundaria.

Bueno, no lo hacía. Nunca tuve un novio en la escuela secundaria.

El hombre me miró con curiosidad.

—¿Por qué nunca los había visto a los dos antes?

—Se supone que no debía, —le expliqué, aunque mi garganta estaba tan cargada de miedo que temía que me desmayaría—. Como modelo, se supone que debo verme disponible. Es parte de la mística.

Los ojos del hombre se entrecerraron.

—Entonces, ¿por qué los veo juntos ahora? —Resoplé como si el tipo fuera un idiota, y lo era.

—Jeon generalmente me acompaña como mi guardaespaldas. La gente no tiende a prestarle atención si creen que él solo está ahí para mantenerme a salvo. Mi agente dijo que era mejor así. Jeon podría ir a todas mis sesiones conmigo, pero nadie sabría de nuestra verdadera relación.

El señor Cavetti me miró como si no creyera ni una palabra de lo que dije.

—Fumar es muy peligroso.

—Lo sé, ¿verdad? —Dramáticamente amplié mis ojos—. Le he estado diciendo eso por años. La mitad del tiempo, ni siquiera quiero besarlo.

Cuando los labios del hombre se curvaron hacia atrás, supe que era hora de salir de allí.

—¿Estás listo para ir a casa ahora? —Le pregunté a Jeon mientras le daba palmaditas en el pecho—. Esa sesión es a las nueve. Si tengo bolsas debajo de mis ojos, Paolo me va a golpear con su cámara.

Jeon levantó una ceja mientras miraba al Sr. Cavetti.

—¿Había algo más?

Los ojos del hombre mayor se entrecerraron.

—No, puedes irte.

Me habría tragado la lengua cuando nos alejamos, excepto que mi garganta se había cerrado. Podía sentir los ojos en nosotros mientras nos alejábamos. El espacio entre mis omóplatos picaba.

—Realmente necesitas dejar de fumar, cariño. —Hablé con una voz un poco más fuerte de lo que necesitaba, pero quería que los hombres detrás de nosotros me escucharan recriminándole a Jeon—. Hace que tu ropa huela toda desagradable.

—Lo sé, Jimin, y lo estoy intentando, —respondió Jeon como si estuviera de acuerdo con el juego—. El chicle y el parche simplemente no están funcionando.

—Tal vez podamos probar esas cosas de Chantix.

—Sabes que odio las pastillas, Jimin.

—Sí, pero solo tendrías que tomarlas como una vez al día o algo así. Tiene que ser más fácil que el chicle o el parche.

—Lo intentaré, Jimin, pero no puedo hacer ninguna promesa —Jeon abrió la puerta y la sostuvo para mí. Entré. Jeon me siguió, envolviendo su brazo alrededor de mi cintura.

—Sigue caminando, Jimin, —murmuró Jeon—. Todavía están mirando.

Cielo santo.

¿Cómo he acabado en estos líos?

Oh sí, yendo al rescate de uno de mis amigos.

Quería poner los ojos en blanco, pero esa no sería una buena idea, al menos no todavía. Demasiadas personas nos miraban a mí y a Jeon cruzando la habitación. Necesitaban ver a una pareja feliz yendo a casa, no yo enloqueciendo.

—Mi piel se está arrastrando, —susurré, esperando que Jeon pudiera oírme.

Jeon se sacudió.

—No irás a dejar salir pelo, ¿verdad?

Me sacudí hasta que recordé que Jeon sabía acerca de la parte peluda de mí.

—No, claro que no.

Demonios, no tenía idea, pero no iba a admitir eso. Todavía estaba tratando de descubrir cómo funcionaba lo peludo, y ese estúpido doctor brujo quien insistió que necesitábamos entrenar para el Apocalipsis venidero no fue de ayuda. Por un lado, Santos no abandonaría la pequeña ciudad donde vivían Ian y Hank, y dos, él estaba totalmente loco.

—¿Te marchas tan pronto, precioso?

Sentí un gruñido retumbar en mi pecho hasta que me di cuenta de que la persona que hablaba detrás de nosotros me llamaba hermoso a mí y no a Jeon.

¿De dónde demonios había salido ese gruñido?

No estaba de humor para socializar. Era todo lo que podía hacer para lucir la sonrisa plástica en mi cara cuando me volví.

Leonard Lake.

Debería haberlo sabido.

El hombre era un imbécil. Él también era un imbécil rico. Parecía pensar que todo lo que tenía que hacer era tirarme un fajo de billetes y yo iría corriendo.

Lo había estado esquivando por semanas.

—Me voy a casa, Leonard. Tengo una sesión en la mañana y estoy cansado.

Los labios del hombre se torcieron de una manera que estaba seguro de que él pensaba que era atractivo.

No era así.

—¿Necesitas una compañía?

Apreté mi agarre en el brazo de Jeon y lo tiré un poco más cerca.

—Tengo compañía.

—¿Él? —Las fosas nasales de Leonard se encendieron mientras miraba a Jeon de arriba a abajo.

Sabía lo que estaba viendo. Metro noventa y tres de macho primordial y musculoso. Una recta nariz romana, gruesas cejas de color marrón oscuro y una mandíbula cuadrada cubierta de barba. Cabello marrón arenoso muy corto y ojos verde esmeralda que brillaban como esmeraldas.

El sargento Jeon Jungkook era el ejemplo perfecto de lo que debería ser un hombre de verdad.

O al menos el hombre perfecto de mis sueños.

¡Wow! Necesitaba dormir.

—Buenas noches, Leonard.

—Llámame, —dijo Leonard mientras nos alejábamos.

—No es muy probable, —refunfuñé mientras prácticamente arrastraba a Jeon hacia la salida.

—¿Amigo tuyo? —Preguntó Jeon mientras me agarraba del brazo.

Gruñí de nuevo.

Me gustó esta cosa gruñona. Sentía que transmitía adecuadamente mi enojo y mi desprecio a quien fuera que estaba gruñendo.

—¿Asistes a estas fiestas a menudo?

—Más de lo que me gustaría.

Por qué no podía ir a las sesiones de fotos, tomarme una foto y llamarla buena estaba más allá de mí. Comprendía lo de asistir a desfiles de moda, y ocasionalmente a una fiesta de cócteles solo para halagar, pero me daba la sensación de que eso era todo lo que había estado haciendo durante los últimos meses.

Realmente necesitaba considerar un nuevo agente.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Jeon apretó su agarre en mi brazo.

—Este no es el momento ni el lugar. —Sí. Puse mis ojos en blanco.

Fue un poco más difícil salir del edificio de lo que estaba seguro que Jeon pensó que sería. No estaba en la cima de mi industria. Ni siquiera estaba en el top ten. Pero tenía muchos conocidos y compañeros de trabajo.

También pensé que mucha gente se carcomía con curiosidad sobre el hombre con el que estaba. Solo sonreí y lo presenté como un amigo.

No le di a la gente el nombre de Jeon. Eso simplemente no parecía inteligente.

Cuando nuestros pies llegaron a la acera, estaba acabado. Los pies me dolían peor que cuando corría por la jungla de Sudamérica unos meses atrás, y tenía cuatro de ellos en ese momento.

Esto apestaba.

Jeon silbó y agitó su mano. Cuando el taxi al que él había hecho señas se detuvo, Jeon abrió la puerta trasera y la sostuvo para mí. Subí y comencé a deslizarme para hacer espacio para Jeon, pero la puerta se cerró detrás de mí.

—Hey, qué…

—Gracias por tu ayuda, Jimin. Cuídate. —Dio una palmada en la parte superior del taxi, y éste arrancó, dejando atrás a Jeon.

Cuando gruñí esta vez, todo apuntaba en la dirección de Jeon. Estaba enojado. Había sacado al hombre de lo que fácilmente podría haber sido el final de su vida, ¿y él me abandonó en un taxi sin explicación?

Jodidamente no lo creía.

Saqué mi teléfono celular y marqué el número de Hank. Él no era solo mi primo, sino que era el comandante de la unidad de Jeon.

—¿Hola?

Oh, el hombre sonaba somnoliento.

—¿Hank?

—¿Minnie?

Odiaba que me llamaran Minnie.

—Sí.

—¿Pasa algo malo? —Preguntó Hank. Define malo.

—No, solo necesitaba que le dieras un mensaje a Jeon cuando lo veas.

—Uh, está bien. ¿Qué mensaje?

—Dile que es un imbécil.

Probablemente podría haber llegado a algo realmente mordaz para decir si no hubiera estado tan cansado, pero mi cerebro estaba en pura fuerza de voluntad en este momento. Estaba cerca de apagarse.

—Sí, claro, se lo diré, —dijo Hank—. ¿Estás seguro de que nada está mal?

—No, yo solo… él me hizo cabrear.

—¿Jeon está allí? —Preguntó Hank. Resoplé, no uno de mis sonidos más finos.

—Sí, no. Me metió en un taxi y se fue, y después de que también salvara su trasero.

Bastardo.

—Minnie, estoy bastante seguro de que Jeon está en una misión en este momento.

—Yo sé eso. —Bueno, lo hacía —Él sigue siendo un imbécil.

La risa de Hank retumbó por el teléfono.

—Me aseguraré y le haré saber.

—Gracias.

Deslicé mi dedo por la pantalla y colgué.

Mi trabajo estaba hecho.