3. El Golem del Oráculo (Kookmin adaptation)

Summary

By Mell Eight Golem nunca conoció otra cosa que no fuese el dolor. Sólo existe para servir a los caprichos y necesidades del Oráculo. Decidido a escapar de una vida de abusos y servidumbre, huye y encuentra refugio en una cueva. Entonces un día un niño se queda dormido en su regazo... Jimin no es nadie especial. Está en la Casta de la Tierra, destinado a vigilar al niño problemático de la Casta, Tae. Un día, buscando a Tae que está perdido, se encuentra con Golem escondido en las montañas. Aún más sorprendente es la razón por la que se esconde Golem, una razón que obliga a Jimin a tomar una decisión: Oráculo o Golem.

Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prólogo

El chico que estaba de pie frente al Oráculo era todavía muy joven para el poder que podía ver en él y el futuro que iba a soportar. Debería esperar uno o dos años más para que le hicieran la prueba. Sería más beneficioso para él.

Un futuro así coincidía con la espera de algo más de tiempo para probar al joven que estaba delante de ella. Ella había visto grandes cosas en su futuro si lo hacía. Saldría de la cámara de pruebas como el Dragón de la Tierra y protegería las ciudades, salvaría vidas y realizaría grandes hazañas. Su Dragón de la Tierra estaría a la altura de su título con la mayor fuerza y moralidad. Sin embargo, mientras realizaba esas grandes obras al otro lado del mundo, el mundo mismo llegaría a su fin. No podía permitir que eso sucediera.

Había en su cabeza una visión, una transmitida por el Oráculo anterior y una que se aseguraría de que el siguiente Oráculo viera también. Fue en su tiempo que la capacidad de evitar que esa imagen ocurriera se hiciera posible, por lo tanto, era su deber hacer todo lo posible por evitarlo.

Dos hombres idénticos se sentaron en sus tronos: los Reyes gemelos de Altnoia. A su lado se sentaba un hombre que ella no conocía. El tercer hombre era de la Casta de Fuego, por lo que el Oráculo sabía, pero también sabía que no sería su tarea enviarlo allí. Debajo de las tres sillas, escondida a la vista, había una sombra verde. Hervía de odio y resentimiento, con una intención mortal y cáustica mientras empezaba a repugnar a los que estaban alrededor de los reyes. Finalmente, la sombra verde se levantaría de nuevo, vencida pero no quebrada por la batalla que había hecho que los reyes Edan y Egan recuperaran su trono.

Esta vez, en esta versión particular de los eventos futuros, la sombra ganaría. Mientras el Dragón de la Tierra hacía grandes obras al otro lado del mundo, el mismo mundo que intentaba proteger moriría.

También había otros futuros posibles. Siempre los hubo. En otra versión de la historia, una joven, y su hijo, se acercaban a la sombra verde y lo derrotarían con amor. Era un futuro con un resultado feliz, pero un comienzo infeliz. Ella moriría, su cría sufriría y el Dragón de la Tierra se marchitaría de dolor. No haría grandes obras en todo el mundo, pero a su vez, el mundo no se acabaría. Todo lo que se requería era que el joven de dieciocho años que estaba delante de ella se pusiera a prueba lo antes posible. Una vez que fuera el Dragón de la Tierra, ella lo usaría para crear a su hijo. La combinación de su poder con el de ella criaría una cría lo suficientemente fuerte para salvar el mundo.

Al final, no tuvo elección. Era su deber y el de cada Dragón hacer lo que fuese posible para que el mundo siguiese girando.

Estaba tan feliz su Dragón de Tierra. Su pelo se había vuelto del marrón oscuro de las nueces recién recogidas, sus ojos del verde vibrante de las cosas que crecen y se nutren en la tierra. En su espalda, blasonado en toda su gloria, estaba el Dragón de la Tierra. Sin alas, pero tan elegante como cualquier otro dragón, abarcaba todo el largo de su cuerpo. La cabeza descansaba sobre su pecho, largos bigotes como raíces rodeando sus pectorales mientras que el fuerte y escamoso cuello cubría todo su hombro izquierdo. El cuerpo del dragón, con sus cuatro cortas patas terminadas en afiladas garras, era tan grande que apenas le quedaba piel incolora en la espalda. La cola bajaba por una pierna, terminando en forma de pala en la punta. El dragón en sí mismo estaba hermosamente sombreado desde el marrón de la tierra más profundo hasta el verde del árbol más alto.

El Dragón de la Tierra tenía todo su futuro frente a él, o eso creía. La fiesta de celebración en su honor se prolongó hasta bien entrada la noche y el Oráculo vio como el joven bebía y disfrutaba. Cuando nadie miraba o estaba lo suficientemente sobrio para preocuparse, se acercó a su Dragón de la Tierra. Sus ojos estaban vacíos, los espíritus de su estómago se llevaron su cerebro a otra parte. Era fácil seducirlo, incluso más fácil alejarlo de la fiesta a una habitación sin usar donde ella pudiera usarlo para concebir a su hijo.

El Dragón de la Tierra desapareció en la montaña. Se convirtió en la roca misma de su elemento, abandonando su humanidad tanto como pudo. No habría grandes hechos para su Dragón de la Tierra, pero un día ella esperaba que él pudiera perdonarla.

Ya había hecho pruebas a docenas de niños antes. No había ninguna razón para que dudara con respecto a esto. Tenía ojos brillantes y ansiosos, sin duda imaginando las grandes cosas que haría una vez que se convirtiera en un miembro de alto nivel de la casta. Como todos los niños destinados a ser ordinarios, este niño sufriría una decepción. No iba a probar nada alto; de hecho, iba a pasar la prueba tan bajo en la Casta de la Tierra, que se convertiría en un pensamiento olvidado de último momento.

No habría grandes hechos para este Niño de la Tierra. Ninguna habilidad que lo diferenciara y lo hiciera grande a pesar de su bajo estatus. Si ella lo hiciera probar ese día o en cinco años, nada cambiaría.

Sin embargo, el Oráculo seguía dudando.

Tenía la suficiente experiencia para saber que en su obra había visiones y murmullos, pero cada uno podía presagiar eventos igualmente importantes. Había un murmullo en su cabeza, algo que le decía que este niño podría ser más que una casta terrestre perdida en el futuro. Una vez tomada la decisión, retiró su mano de la frente del niño y habló:

—Vas a probar en segundo lugar. En tres días, ven a mis aposentos.

Su recién coronado Dragón de Fuego estaría fuera celebrando para entonces, sin saber a dónde lo llevaría su futuro. Este niño sin importancia entraría en las cámaras de pruebas y emergería como nada. Pero podría ser algo, algún día. Tal vez. El murmullo se había acallado con su declaración, pero un día volvería y este niño sin importancia respondería a su llamada.

Salió de las cámaras de pruebas sabiendo ya su destino. El Oráculo pudo verlo en su cara. El niño se giró, y a su espalda había un campo apacible. Vacío de todo, excepto de la tierra sin limpiar, parecía insípido. Los demás estaban de acuerdo y se burlaban de lo que el niño había probado con tan mala suerte. Ni siquiera la más pequeña brizna de hierba crecía en el tatuaje; sólo la suciedad marrón cubría toda su espalda, desde las nalgas hasta el cuello.

El Oráculo se puso de pie y extendió sus pequeñas manos hacia arriba hasta que pudo tocar la mitad de la espalda de Jimin.

—Hay una semilla aquí. —susurró ella para sus oídos solamente— Puede que crezca, o puede que no. Eso depende totalmente de ti.

Jimin se giró y se inclinó ante ella. Su cara ocultaba bien su dolor, pero ella podía verlo en su corazón.

—Me esforzaré por ser la mejor casta terrestre que pueda ser — respondió con voz firme.

—Entonces vete, Jimin de la Tierra —respondió con fuerza— Espero ver grandes cosas de ti.

Jimin se fue, seguido por sus nuevos compañeros de la Casta Terrestre que lo verían comenzar su entrenamiento avanzado. Él era de poco poder o importancia, así que lo dejarían en paz muy pronto. El Oráculo sabía que un día Jimin volvería a sus aposentos y los sorprendería a todos. Pero aún no podía ver cuál sería esa sorpresa.