PROFESOR (LIBRO 2)

Summary

 El profesor Jeon Jungkook es odiado y temido por todos sus estudiantes. Estricto, reservado y despiadado, él no tolera equivocaciones y tiene poca paciencia para sus estudiantes. Park Jimin con veintiún años lucha para mantener a sus hermanas menores después de la muerte de sus padres. Al borde de perder su beca, Jimin está lo bastante desesperado como para acudir al profesor Jeon. Todos dicen que Jeon no tiene corazón. Todos dicen que él es un bastardo despiadado. Jimin descubre que todos tienen razón. Él llega a un acuerdo con Jeon, pero inesperadamente, el trato se convierte en mucho más. Algo absorbente y adictivo. Algo que ninguno de ellos desea. "SEGUNDO LIBRO" VA DE VUELTA. SI NO TE GUSTA LO HOMOSEXUAL NO LO LEAS +18

Status
Ongoing
Chapters
35
Rating
5.0 7 reviews
Age Rating
18+

CAPÍTULO 1

La señora Choi iba a matarlo.


Jimin miró a su reloj e hizo una mueca. Ya era la una de la mañana; él había prometido a la señora Choi que no iba a volver a casa después de la medianoche.


Preparándose, abrió la puerta tan silenciosamente como pudo. Sunhee era de sueño ligero.


Jimin cerró la puerta, estremeciéndose cuando crujió. Maldita sea.


─ ¿Sr. Park? ─, dijo la señora Choi, frotándose los ojos y sentándose en el sofá.


Jimin miró a las gemelas, pero no parecían haber despertado. Se acercó a su niñera.


No le tomó mucho tiempo, el apartamento era pequeño.


La señora Choi estaba frunciendo el ceño profundamente, una mirada triste en su rostro.


─ Lo siento ─, dijo Jimin antes de que ella pudiera decir nada. ─ Estoy realmente, realmente arrepentido. No pasará nuevamente, lo juro. No podía volver antes. Fue una noche tranquila, y no he conseguido muchas propinas. Yo no tenía suficiente dinero para pagarle por esta semana, así que termine quedándome hasta que lo hice.


Los labios de la señora Choi fruncidos. Ella suspiró.


─ Sr. Park Jimin. Entiendo su situación, es la única razón por la que sigo aquí, pero debes entender la mía. Tengo una familia, también, pero me paso hasta quince horas aquí, cuidando de dos enérgicas niñas de cuatro años. No me paga lo suficiente para eso.


─ Voy a encontrar otro trabajo ─, dijo Jimin rápidamente, tratando de sofocar el pánico creciente en su pecho. ─ Voy a encontrar un mejor trabajo y le pagaré más.


Ella suspiró de nuevo, sacudiendo la cabeza. ─ Eso es lo que dijo el mes pasado, Jimin. ─ Miró a las niñas. ─ Admiro su dedicación, pero no pude seguir así. Sólo tiene veinte años. Se merece algo mejor. Ellas se merecen algo mejor, también. ¿Por qué no les encuentra una buena familia?


─ No, ─ dijo, su voz dura. ─ Ellas ya tienen una familia. Me tienen a mí.


─ Apenas le ven. Preguntan por usted todo el tiempo. Ellas lo extrañan.


Jimin miró hacia ellas. Sunhee y Hye dormían enroscadas una hacia la otra, sus mejillas regordetas casi se tocaban. Se le formó un nudo en la garganta.


─ También las extraño. ─ Él miró a la señora Choi. ─ Por favor, encontraré una solución. Realmente no volverá a suceder.


Pescando su billetera del bolsillo trasero, le dio a ella todo el dinero que tenía. ─ Aquí, tome esto.


Ella negó con la cabeza, pero aceptó el dinero. ─ Piense en lo que dije, Jimin, ─ dijo antes de tomar su bolso y salir.


Jimin cerró la puerta y volvió a la cama. Se arrodilló junto a la cama, apoyó la barbilla en el colchón, y se quedó viendo a las gemelas.


La luz tenue hizo que su pelo rubio platinado pareciera casi dorado. parecían pequeños angelitos.


Jimin cerró sus ojos. Dios, estaba tan cansado, pero dormir era la última cosa en su mente. No necesito abrir la heladera para saber que e quedaron sin comestibles; sabía cuánto tiempo les llevo agotarse. Ellos no tendrían nada que comer pasado mañana.


La desesperación arañó su garganta, luego vino el resentimiento y la ira.

Jimin se los quitó de encima. Estar enojado con sus padres por tener numerosas deudas, morir y dejarlos sin un centavo era inútil. Él no podía permitirse el lujo de perder el tiempo. Necesitaba dinero. Ahora.


¿Pero cómo? Él ya tenía dos empleos.


─ ¿Jimin?


Jimin abrió los ojos. Una de las niñas ya no dormía. Una oleada de pánico lo recorrió cuando se dio cuenta que ya no podía distinguirlas. ¿Era Sunhee o Hye?


─ ¿Bebé? ─ Graznó a través del nudo en su garganta.


La niña se sentó lentamente, con cuidado de no despertar a su hermana, y Jimin exhaló. Era Sunhee; ella era más madura y considerada que Hye, quién era frecuentemente una pelota de energía sin dirección.


Sunhee se acercó a él, y Jimin la levantó en sus brazos.


─ Hey, princesa ─, susurró, besándola en la sien y respirando su dulce aroma.


─ Estás en casa ─, dijo Sunhee, envolviendo sus pequeñas manos alrededor de su cuello. ─ Te extrañé.


─ Yo también ─, Jimin murmuró, acariciando su espalda. Lo siento.


─ ¿Te divertiste mientras yo estaba afuera?


Sunhee asintió. ─ Jugamos mucho, pero el Halcón no nos dejó salir afuera.


─ No llames a la señora Choi así. ─ A pesar de que tuvo que reprimir una sonrisa. ─ ¿Algo más?


─ Un hombre grande vino después del desayuno. Él tenía una carta para ti, pero el Halcón no nos dejó que la tocáramos.


─ Una carta, ¿eh? ─ Jimin se puso de pie, sosteniendo a Sunhee junto a su pecho, y caminando hacia su escritorio. ─ Vamos a ver.


Agarró el sobre y volvió a la lámpara en la mesa de luz. Él entrecerró los ojos y su estómago cayó al ver de quién era.


─ ¿Qué es? ─ Preguntó Sunhee.


Jimin abrió el sobre, sacó el pedazo de papel en el interior y comenzó a leer.


"... calificaciones inaceptables..." " ... en caso de no lograr mejorar..." "... la beca será revocada a menos que el estudiante logre..."


Él papel de le cayó de los dedos al suelo y él no se dio cuenta.


─ ¿Jimin? ¿Algo malo pasó?


Miro abajo a los ampliamente abiertos ojos castaños de Sunhee y forzó una sonrisa.


─ No, amor. Todo está bien. ─ Enterró la cara en su pelo y cerró los ojos.


Cuando llovía, lo hacía a cántaros.