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—¡Yah~, Jungkook-ah! Tienes que ir —exclamó el alto de labios rellenos.
—Sabes que las fiestas no son lo mío, hyung —respondió el castaño, bufando.
—¡Pero no es cualquier fiesta, Jungkook! Es mi fiesta de cumpleaños, tienes que estar ahí —dijo, esbozando un puchero.
El nombrado lo miró y seguidamente negó con la cabeza.
—Por eso, hyung. Yo puedo estar todo el día contigo y comprarte todos los filetes que quieras —dijo, sacando los libros que ya no iban a servirle de su mochila para proceder a meterlos en su casillero—, pero no me pidas ir a una fiesta porque sabes que no iré —alegó, girándose a verlo—. Y menos a las que tú organizas —el mayor lo miró, indignado.
—¿Y por qué? ¡Mis fiestas son las mejores! —exclamó, escandalizado, sacándole una tierna risa de ardilla al menor.
—Por lo mismo, Jin-hyung: las tuyas son las más escandalosas y es más probable que se quieran sobrepasar con mi virgen cuerpo —soltó, esbozando una tierna sonrisa, dejando ver sus dientes de conejo.
El de hombros anchos soltó unas carcajadas con sonido parecido al de cuando limpias un vidrio y le dio manotazos seguidos en el hombro.
—Tú, ¿virgen? —rió—. Pero qué buen chiste, Jungkook-ssi, al igual que tus calificaciones —dijo, antes de que el castaño lo agarre del brazo y le dé golpes seguidos en el hombro a la vez que sonreía—. ¡Ah! ¡Ay, ay, ah! ¡Yah, Jungkook-ah! —gritó, zafándose del agarre del menor y alejándose, para sobarse y voltear a verlo. —¿Entonces qué? Irás a mi fiesta de cumpleaños, ¿verdad? Irás a festejar a tu hyung favorito —él sólo lo miró, antes de negar.
—Ya te dije que no iré, hyung —el mayor sólo lo miró y sonrió maliciosamente, antes de asentir mientras cerraba los ojos.
—Sí, irás. Y no está a discusión, Jungkook-ssi —amenazó, antes de voltearse cuando escuchó el timbre que anunciaba el inicio de otra clase.
—¡Ya te dije que no! Y no podrás hacer nada para cambiarlo —gritó, al ver que su hyung comenzaba a perderse entre la multitud de estudiantes que se dirigían a sus aulas, para seguidamente acomodarse la mochila que reposaba en su hombro y dirigirse él también a su clase, después de cerrar su casillero.
Y por más que lo juró, ahora se encontraba apretujado en una esquina de la enorme mansión de su mejor amigo, observando cómo la gente que se abarrotaba en la habitación, con la música, el alcohol y las personas prácticamente teniendo sexo en cada parte disponible, ululaban a su alrededor.
Dio otra mirada a todo el lugar y bufó, sin saber la razón por la que al final decidió asistir.
—¡Jungkookie! —gritaron a su costado, para seguidamente ver al castaño de hombros anchos dirigirse a él con su pareja, Kim Namjoon, tomado de su mano—. Te dije que vendrías —habló, una vez estuvo frente a él, después de haberle dado un gran abrazo y dejado un rastro de su fuerte esencia a vainilla, haciendo que Jungkook frunciera la nariz en desagrado.
—Exacto y ya me voy —dijo, para intentar hacer su camino hacia la puerta y ser detenido por el de hombros anchos, causando que bufara nuevamente.
—¡Pero si la fiesta apenas va a comenzar!
—Al igual que yo a cansarme —se quejó, rodando los ojos.
—¡Oh, vamos, Jungkook-ah! Vas divertirte.
—Hyung, no conozco a nadie de aquí...
—Pues ese puede ser un buen comienzo —lo interrumpió.
—Y no me interesa —completó el castaño, ignorando lo que su hyung acababa de decirle y haciendo que frunciera el ceño—. Si estoy aquí, es por ti, Jin-hyung, no para hacer amigos.
—¿Y qué pensabas hacer? ¿Quedarte en tu casa a jugar Overwatch hasta que ya no puedas mantener los ojos abiertos? —atacó, soltando la mano de su novio para cruzarse de brazos, comenzando a enojarse.
—Tal vez... —se encogió de hombros, haciendo que su mayor se enojara.
—Pues ni lo pienses, Jeon, que te quedarás aquí hasta que amanezca y no está a discusión —sentenció, volviendo a tomar la mano de Namjoon y mirándolo con picardía, mientras el castaño se quejaba—. Bebe, socializa o simplemente quédate en esta esquina toda la noche, has lo que quieras. Ya encontrarás algo que te guste —dijo, antes de sonreírle de lado y tirar de la mano de su novio para retirarse a darle la bienvenida a las personas que continuaban llegando—. ¡Pero si me entero que abandonaste la casa antes de las seis de la mañana, vas a arrepentirte, Jeon Jungkook! —gritó, para hacerse escuchar sobre la ensordecedora música y perderse entre la abundante multitud que continuaba en aumento.
El castaño negó y se quedó en su esquina tanto como pudo, observando todo desde la penumbra, de brazos cruzados, con su atenta y profunda mirada. De vez en cuando iba por un trago o a perder el tiempo en algún otra parte, pero no fue hasta que dieron las doce y ya llevaba tres vasos de cerveza que algo en medio de la pista llamó su atención.
Un lindo rubio cenizo se encontraba dejándose llevar, entre el tumulto de gente que se encontraba en la pista, al ritmo de la música junto con un chico castaño con una bandana en la cabeza, ambos riéndose y bailando lo que ellos consideraban divertido y casual: el de piel pálida llevando sus brazos frente a su torso y moviendo sus hombros, piernas y caderas en sincronía con la música de manera casi celestial, haciendo a Jungkook tragar saliva con la imposibilidad de apartar su vista del más bajo.
No sabía cuánto tiempo pasó desde que se percató de la presencia de aquel bello ser, enfundado con pantalón de cuero, unos converse negros y una fina camisa blanca algo ajustada a su torso, se encontraba en la fiesta, pero todo dio un giro tortuoso para el castaño cuando el de la bandana le susurró algo a su mejor amigo para dirigirse a la barra y la música cambió, dispuesto a hacerlo delirar, aumentando su dulce tortura.
Jungkook no era fan del reggaetón, pero en ese momento agradeció enormemente la existencia del género y juró hacerle un altar al DJ por escoger la canción que lo transportaría al mundo del pecado y la lujuria.
“Báilame como su fuera la última vez...”
Taki Taki comenzó a retumbar en todas las paredes de la casa de su mejor amigo y cuando el peli rubio comenzó a moverse con más sensualidad para la cordura de cualquier humano con ojos, Jungkook maldijo fuertemente.
Observó atentamente cómo el de labios gruesos comenzó a mover las caderas y el torso en sincronía con la música, dándole un delicioso vistazo a su abultado trasero, que se encontraba siendo asfixiado dentro de esos ajustados pantalones de cuero, haciendo a Jungkook relamerse los labios y obligarse a no parpadear para evitar perderse cualquier exquisito movimiento de aquel hermoso ser.
El de piel pálida procedió a pasar su mano por todo su torso, mientras mantenía sus ojos cerrados y echaba su cabeza hacia atrás, con la mano libre peinándose los cabellos hacia atrás y dejando una incitante vista a su cuello, mientras entreabría sus rosados labios y se movía con más ímpetu, haciendo que un jadeo involuntario saliera de los labios del castaño en la esquina de la habitación.
Jungkook estaba seguro de que ese precioso ángel fue hecho para tentarlo y causar que el calor le recorriera el cuerpo entero hasta asfixiarlo.
Pero cundo el castaño recorrió el cuerpo entero de aquel ser celestial y reparó en el bulto que se marcaba a causa de lo ajustado que era el pantalón, contorneando deliciosamente los musculosos muslos y apetitoso culo de aquel rubio cenizo, mandó todo a la mierda.
Jungkook se despegó por completo de su esquina y comenzó a acercarse, observando detenidamente a su hipnotizante presa mientras se dirigía a él, entre toda la gente apretujada en la pista, a paso rápido, no pudiendo esperar ni un minuto más para sentir esa cremosa piel contra la suya y comerse esos carnosos labios como si su vida dependiera de ello.
Ese pecaminoso ángel tenía que ser de él. De él y de nadie más.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, contempló la parte trasera de la anatomía del peli rubio, recorriéndolo lentamente con la mirada hasta tomarlo de la cintura y pegar su cuerpo al de él, susurrándole al oído.
—¿Me concedes esta pieza, precioso? —el más bajo sintió sus vellos erizarse ante la cercanía del castaño y su aliento golpeando contra la piel sensible de su cuello, procediendo a sonreír sensualmente de lado.
—Ya te estabas tardando —soltó, pegándose aún más contra su cuerpo—. Creí que sólo te quedarías mirando en esa esquina toda la noche —confesó, girándose a verlo, causando que sus entrepiernas rozaran de manera exquisita y que a Jungkook le fuera imposible reprimir el profundo gruñido que salió de su boca, mientras el más bajo sonreía y lo sujetaba de los antebrazos, pegando sus entrepiernas—. Tu mirada es difícil de ignorar —susurró, acercando sus labios a los del castaño, provocándolo, tanteando el terreno, antes de alejarse al verlo comenzar a acercarse en busca de sus labios, sonriendo satisfecho al verlo de aquella manera, anhelante de él.
Pero no lo culpaba, Jimin no siempre era consciente del efecto que causaba en las personas y cuando lo hacía, era tan evidente y radical, que no dudaba en sacar provecho para divertirse un rato.
»Estaré encantado de ser tu pareja esta noche —sonrió, dejando ver las tiernas medias lunas que se formaban en sus ojitos cuando esbozaba una de sus enormes y preciosas sonrisas y, sin dejarlo decir palabra, comenzó a mover su cuerpo contra el de Jungkook, mordiendo su labio al ver la cada vez más oscurecida mirada del más alto mirarle con deseo.
“Y enséñame ese pasito que no sé...”
Jungkook no iba a desperdiciar esa oportunidad, mucho menos cuando aquel hermoso ángel había comenzado a seducirlo cual ser del inframundo, pero su rostro era tan puro que te hacía imposible pensar que aquella persona merecía menos que el cielo... Y sus movimientos lo demostraban. Aquel movimiento de caderas, el rose de sus pieles al moverse al ritmo de la música, los alientos entre mezclados a causa del inexistente espacio que había entre ellos, el sudor empapándolos de manera sensual, esos ojos que lo miraban con intensidad... Estaban teletransportándolo al paraíso.
—Ésta y todas las noches, precioso —gruñó Jeon contra su oído, sintiéndolo soltar una risita que lo hizo esbozar una pícara sonrisa.
—¿Y que te hace pensar eso, guapo? —contestó el rubio, mordiéndole el lóbulo de la oreja en el camino, escuchándolo gruñir nuevamente y tomándolo bruscamente de la cadera.
—Oh, ya verás que después de esta noche, no podrás apartarte de mí.
—¿Y cómo estás tan seguro de eso?
—Hmm... —murmuró, pasando su nariz contra el apetitoso y marcable cuello del más bajo. —Tienes razón... Más bien —el gritito del rubio lo interrumpió al tirar de la piel sensible de su cuello con los dientes, de una manera que hizo al más bajo jadear y que la temperatura de su cuerpo comenzara a subir considerablemente—, yo soy el que jamás podrá dejarte después de esta noche —tomándolo desprevenido, le dio la vuelta y comenzó a moverse descaradamente contra su culo, haciéndolo contener la respiración al sentir el bulto de sus pantalones contra su trasero—. ¿Cómo te llamas, nene? —preguntó contra su oído, recorriendo con su lengua el contorno de su oreja, haciéndolo suspirar.
—T-tú primero... —contestó, demasiado ocupado con las sensaciones que la lengua de Jungkook, de camino a su cuello, provocaban en él como para pensar en su nombre.
—Pero claro, que estúpido soy —dijo contra la piel de su cuello, comenzando a depositar húmedos besos en la piel del más bajo y haciendo que este volviera a suspirar profundamente con los ojos cerrados—. Debí presentarme primero, para darte un nombre qué gemir... —rió entre dientes, retomando sus húmedos besos para hacer un camino hacia su oreja y chupar su lóbulo, haciendo que reprima otro grito, que aunque hubiera salido, hubiera sido imposible que fuera escuchado gracias al fuerte volumen de la música. —Jeon Jungkook, para tus orgasmos y placer —susurró de manera ronca, comenzando a descender su mano por el torso del más bajo, antes de volver a hablar—. ¿Ya me dirás tu nombre, precioso?
“Un besito bien suavecito, bebé...”
Y cuando el peli rubio sintió los dedos de Jungkook tocar el cinturón de su pantalón, decidió volver a la jugada.
Se giró, volviendo a rozarse a propósito contra el más alto, sonriéndole para ahora él comenzar un camino de besos en su cuello, llegando a su marcada manzana de Adán para darle un jugoso mordisco, sintiéndolo jadear contra su rostro antes de relamerse los labios.
—Tendrás que ganártelo, guapo —mordió su propio labio inferior, mientras alzaba una ceja y sonreía juguetonamente de lado.
—¿Ah sí? —vio al rubio asentir, antes de él mismo sonreír socarronamente de lado para descender su cabeza y olfatear el cuello del más bajo, sintiendo el olor de su saliva impregnado en éste y gruñir. —¿Tendré que arrancarlo de su sensual boca? —preguntó, mientras acercaba sus labios a los de él y el muchacho de piel pálida y con marcas de sus mordiscos asentía, para proceder a sonreír. —¿Qué más placer que aquel? —soltó, antes de saltar a devorar sus gruesos labios, gimiendo al sentirlos por fin contra los suyos y no creyendo la existencia de un lugar más celestial que al lado –o sobre– de aquel pecaminoso ángel.
Jungkook rodeó su cintura con ambos brazos para evitar cualquier espacio entre ellos, mientras sus labios se conocían y presentaban de manera vigorizante, sintiendo los suaves labios del más bajo responderle con ímpetu y gusto –éste disfrutando de su sabor a licor y menta–, dispuesto a descubrir todos los sabores que su cuerpo pueda brindarle.
El rubio sintió sus piernas temblar, su corazón acelerar y su cuerpo calentarse cual motor de auto de carreras en aumento cuando, sin permiso alguno, el castaño introdujo su lengua rudamente en aquella dulce boca, buscando más de su delicioso y adictivo sabor, dispuesto a domar la suya, pero no iba a dejarle las cosas tan fáciles. Comenzó a rodear la lengua de Jeon con la suya de manera sensual y lenta, ralentizando el beso con la intención de profundizarlo, sintiéndolo suspirar mientras sus manos abandonaban su cintura para sostenerle ambas mejillas, volviendo el beso absorvedor y necesitado, causando que ambos se rindieran ante sus deseos y se comieran mutuamente sin prórroga ni vergüenza alguna al estar en medio de una multitud, simplemente dejándose llevar y dominar por el indulgente pecado.
Jungkook sintió como su lindo rubio succionaba su lengua y un jadeo salía de su propia boca sin poder evitarlo, para proceder a tirar de su labio inferior al separarse en busca del aire que tanto imploraban sus pulmones, ambos inhalando aceleradamente para exhalar aire caliente contra sus rostros, antes de abrir los ojos y observarse con los labios hinchados y ojos ardientes en deseo.
—Jimin... —susurró, quedando en un pequeño trance mientras contemplaba el masculino y precioso rostro del hombre que había estado comiéndole la boca segundos antes. —Park Jimin —logró formular, antes de verlo sonreír levemente de lado y asentir.
—Bien Jimin, no sólo quiero arrancarte tu nombre, también tu ropa, miles de gemidos y probar todos los sabores de tu cuerpo cual ambrosía —filosofó, agradeciendo por primera y única vez en su vida los ensayos de Historia—, pero no aquí —aclaró—. No quiero que nadie te vea hermosamente desnudo y escuche tus angelicales gemidos más que yo —soltó, como si estuviera hablándole de la hora, haciendo que Jimin comenzara a sentir esas molestas mariposas en el estómago, viéndosele imposible no esbozar una sonrisa y soltar una carcajada, mientras sus mejillas adquirían el color de la manzana envenenada de Blanca Nieves.
»Así que, ¿por qué no vamos a un lugar en donde seas sólo mío? —murmuró, observando su tierna sonrisa a la vez que sus adorables mejillas enrojecían a más no poder, mientras bajaba la cabeza antes de armarse de valor para mirarle a los ojos, morderse el labio inferior y asentir.
El de dientes de conejo, y apetitoso lunar bajo los labios, sonrió ampliamente, acariciando suavemente la mejilla de Jimin antes de darle un dulce pico en los labios, tomar su mano –entrelazando sus dedos– y comenzar a conducirlo a la planta alta de la casa como si fuera la suya propia, sabiendo que era probable que su mejor amigo le haga un drama después pero, en su defensa, sólo hacía lo que él le había dicho: hacer lo que quisiera, quedarse ahí hasta que amanezca, divertirse y, por nada del maldito mundo, abandonar la casa antes de las seis de la mañana, sólo que lo cumpliría en la cama de la habitación de huéspedes.
Se dirigió a las escaleras de la inmensa mansión y comenzó a subirlas sin soltar la mano del chico detrás suyo, éste sintiéndose atacado por las mariposas en su estómago, el rubor en sus mejillas y la boba sonrisa en sus labios, pero sin exceptuar el nerviosismo que comenzaba a parecerse en su sistema por la situación, ya que era la primera vez, en toda su vida, que hacía algo como aquello; tampoco ignoraba el hecho de que era virgen y que lo máximo que había hecho con otro chico eran unos cuantos besuqueos y manos escurridizas, pero hasta ahí. Jamás había llegado a pensar que su primera vez sería con un completo desconocido en la fiesta de cumpleaños de su hyung favorito.
Sin embargo, no se arrepentía y estaba por descubrir que lo agradecería toda la vida.
Cuando el rubio cenizo se dio cuenta de que estaban en el pasillo de las habitaciones, el sudor comenzó a hacerse presente en sus manos y frente.
—¿J-Jin-hyung no se enojará cuando descubra que estuvimos aquí? —preguntó, haciendo notar su nerviosismo.
Jungkook se giró a mirarlo cuando estuvieron frente a una de las habitaciones para invitados y le robó otro beso para sonreírle cómplice, haciendo que las mariposas en el estómago de Jimin revolotearan más impetuosas.
—No te preocupes, precioso. Yo me encargaré de que mi hyung no se enoje contigo —sonrió juguetón—. Nada que un par de filetes y un NamJoon atento no contente —le guiñó un ojo, haciendo que Jimin sonriera mientras asentía, confiando en su lindo castaño con dientes de conejo.
“Taki Taki...”
Apenas ambos estuvieron dentro de la habitación, Jungkook estampó a Jimin contra la puerta cerrada, atacando su boca y atrapando su menudo cuerpo entre el suyo y la puerta, con su cabeza entre sus brazos, sintiéndolo suspirar ante el repentino arranque de ferocidad.
Jimin sentía su cuerpo arder mientras Jungkook saqueaba su boca con la lengua y sus manos comenzaban a recorrerle el cuerpo lentamente, sabiendo que tenían hasta que amanezca para conocer sus cuerpos, memorizar las partes sensibles, disfrutar de las sensaciones y del placer que venía con todo aquello.
La lengua de Jungkook hacía cosquillas en el paladar de Jimin mientras éste recorría la parte inferior de ella con la suya, sujetándolo de la parte trasera de la cabeza para acercar más aquellos finos y rosados labios a su boca, enterrando los dedos entre su cabello y tirando de éste cuando sintió al más alto morderle la lengua, causándole un gruñido.
Sus cabezas cambiaron de posición para seguir con el beso, mientras el cuerpo del castaño se pegaba contra el del rubio y era su turno de asaltar la boca del contrario, acariciando la punta de su lengua con la suya antes de que ambas se enrollaran y causaran un rudo vaivén que hacía a sus cuerpos moverse y sus entrepiernas endurecer.
Jungkook succionó el labio inferior de Jimin antes de que él deslizara sus manos por su ancha espalda, clavando ligeramente sus dedos antes de posarlas en su espalda baja, suspirando cuando lo sintió tirar de su labio inferior con rudeza, mientras soltaba un gruñido y lo hacía jadear.
Ambos abrieron los ojos y se contemplaron hambrientos el uno del otro, para comenzar el juego.
Jimin se mordió el labio inferior, que tenía rastro de la saliva de Jungkook, y comenzó a mover su pelvis rítmica y sensualmente contra la de Jungkook, como si estuvieran bailando y la música aún llenara el silencio, relamiendo sus labios mientras mantenía el contacto visual y lo sentía tensarse contra su cuerpo.
El movimiento de caderas estaba enloqueciendo a Jeon, que se había quedado inmóvil, disfrutando de la deliciosa fricción entre sus bultos que Jimin causaba con sus exquisitos movimientos, antes de que éste le sonriera y comenzara a besar su cuello, pasando su lengua y rozando sus labios contra su piel, mientras comenzaba a acelerar los movimientos y subir los besos, haciéndolo insoportable para la poca cordura que mantenía.
Y entonces sucedió: Jimin gimió contra su oído. La fricción entre sus miembros, aprisionados dentro de sus pantalones, comenzó a hacer deliciosos estragos en él, siendo el detonante de su futuro delirio.
Fue suficiente control para Jungkook.
“Taki Taki”
Rápidamente y como lo había hecho anteriormente, le dio la vuelta a Jimin y volvió a estamparlo contra la puerta, dejándolo de espaldas a él y a su merced.
Un jadeo escapó de entre sus labios al sentir a Jungkook reír contra la piel de su nuca y su pesada mirada recorriendo la parte trasera de su pequeña anatomía.
—¿Con que tentando mi cordura, precioso? —murmuró, su voz sorprendente y sensualmente ronca, arrancándole otro jadeo al peli rubio. Jungkook soltó otra profunda risa. —No sabes lo que es el peligro, mi precioso ángel... —lentamente, comenzó a recorrer las piernas del muchacho frente suyo con sus manos, haciéndolo suspirar profundamente cuando sujetó sus muslos con fuerza. —Bueno... Conmigo sabrás lo que es tentar al diablo... —y sin más, adentró sus manos debajo de su camisa mientras comenzaba a restregar su gran bulto contra su culo.
Jimin jadeó mientras sentía a Jungkook restregarse descaradamente contra su trasero y sus manos acariciaban su marcado abdomen para ascender, encontrando sus pequeños y sensibles botones, comenzando su tortura.
El rubio dejó salir un grito mientras Jeon jugaba con sus pezones y se empujaba contra su culo, gruñendo contra su oído para proceder a besar y succionar su cuello, haciéndolo enloquecer.
Todo eso era nuevo para Jimin, el placer era abrumador, lo recorría por completo y nublaba cualquier pensamiento, sólo había lugar para las sensaciones que Jungkook provocaba en su cuerpo, dejándolo indefenso.
No se dio cuenta en qué momento había comenzado a empujar su culo contra Jungkook, pero ahora se encontraba gimiendo mientras movía sus caderas contra las del castaño, pidiendo más sin ningún ápice del chico nervioso e inexperto que era antes de haber entrado a la habitación.
Y Jungkook estaba dispuesto a dárselo.
Lentamente, Jungkook descendió una de sus manos por el torso de Jimin hasta llegar a su cinturón de cuero y jugar un poco con su cordura, para proceder a desabrocharlo y, sin contemplaciones, introducirla por completo. Comenzó a acariciar su erección, escuchándolo gemir profundamente mientras él gruñía contra su cuello y le acariciaba el falo por completo, relamiéndose los labios.
—J-Jungkook... ¡Ah! —lloriqueó el rubio, cuando el nombrado le estrujó los testículos con una mano mientras que con la otra seguía jugando con sus fruncidos pezones, haciéndolo cerrar los ojos con fuerza mientras movía sus caderas con más insistencia, buscando una solución para las constantes palpitaciones de su pene. —Kook... Ah~ —gimió, mientras lo sentía pasar la lengua por su cuello y la piel detrás de su oreja, antes de tirar de esta con sus dientes y dar un fuerte empuje, jadeando contra su hombro.
Como si eso no fuera suficiente para tener a Jimin con la boca entre abierta y los gemidos saliendo incontrolables de entre sus labios, Jungkook decidió hacerlo sentir placer de manera seria.
Lenta y de manera tortuosa, deslizó su otra mano al interior de los pantalones del contrario y, mientras la restante se encontraba acariciando y pellizcando sus bolas, la otra se encargó de bajar y subir lentamente por todo su miembro, sintiéndolo temblar entre sus brazos y gemir profundo contra la puerta, antes de retorcerse con brusquedad.
»¡Jungkook! —gritó, mientras éste sólo esbozaba una sonrisa de medio lado, aumentando la velocidad de su mano y la fuerza en la otra, haciéndolo echar la cabeza hacia atrás y soltar un agudo y profundo gemido que lo hizo ponerse aún más duro. —J-Jungkook... P-por fav-vor... P-para... Kook... —pero estaba lejos de hacerlo, en cambio, se encargó de seguir haciendo mimos en el cuello de Park mientras dejaba a sus manos jugar lo que quisieran debajo de los pantalones de cuero ajenos. —Ah~ Ngh... ¡Ah! —gritó, cuando sintió el dedo pulgar del castaño pasarse deliciosamente por su punta chorreante de pre-semen, mordiéndose el labio ante tan vergonzosos sonidos que salían de su boca, pero no podía evitarlo.
Jungkook lo estaba llevando a un punto en el que no era consciente de lo que hacía, sólo de lo que sentía.
—Oh no, precioso... Si vas a callarte, que sea por mis labios —y sin más, comenzó a abusar violentamente de su boca con la suya, callando todos sus gemidos y aumentando al límite el movimiento de ambas manos, sintiendo a Jimin restregarse contra su pelvis en busca de más, en busca de la liberación que tanto imploraba y hacía que su cuerpo se contrajera en hilarantes espasmos.
Sus lenguas comenzaron a acariciarse en un beso escaso de labios, el trabajo lo llevaban sus músculos húmedos de saliva que comenzaba a escurrirse entre sus bocas, calentando cual incendio sus cuerpos.
—J-Jungkook... Por fa-vor~ —imploró el rubio, sintiendo su vientre contraerse, al igual que todo su cuerpo, anticipando su exorbitante liberación. —No qui-ero correrme en m-mis pantalones... —habló con dificultad. —P-Por f-favor...
—Bien... —detuvo sus movimientos y sacó sus manos del pantalón del chico, escuchándolo exhalar en señal de alivio. —No te correrás en tus pantalones... Pero sí en las sábanas —lo giró y tomó entre sus brazos, causando que le rodeara la cintura con sus piernas, y lo llevó a la cama, acostándolo debajo de él para mirarlo atentamente.
Tenía la respiración agitada, el cabello un tanto revuelto, la ropa arrugada y el rostro igual de rojo que una quemadura en la piel después de una divertida tarde en la playa, pero que era resultado de un excitante juego en donde sus manos habían tomado el grueso pene de Jimin como su juguete favorito.
Mientras que a la vista del rubio, Jungkook se encontraba deliciosamente precioso bajo la escasa luz de la habitación, su pecho subiendo y bajando rápidamente a causa de su acelerada respiración y su mirada hambrienta de él, haciéndolo estremecer.
Jungkook comenzó a mover sus caderas contra las de Jimin sin romper el contacto visual, restregando su erección contra la del chico debajo de él mientras lo veía cerrar los ojos con fuerza, echar la cabeza hacia atrás y entreabrir sus carnosos labios para soltar un fuerte gemido que retumbó en toda la habitación, haciendo que su erección palpitara con intensidad entre sus pantalones y sus movimientos aceleraran, causando un marcado bamboleo en la cama, haciéndolo perder la cabeza por completo.
—Jungkook...
Jimin no podía creer todas las sensaciones que comenzaban a invadir su cuerpo, recorriéndolo de pies a cabeza y haciéndolo retorcerse entre las sábanas, eso sin mencionar que no se la había metido y aún se encontraba vestido.
Pero eso Jungkook estaba por solucionarlo.
De manera casi salvaje, Jungkook le sacó la camisa y los pantalones, junto con su ropa interior, para proceder a sacar la suya de manera casi desesperada y contemplar el precioso cuerpo desnudo debajo suyo.
Jungkook sintió su pene dar un gran salto dentro de sus jeans al mirar el cuerpo blanquecino del rubio: desde sus estrechos hombros, sus marcadas clavículas adornadas con sensuales lunares, su marcado abdomen, la piel suave de su pelvis, sus fornidos muslos y pantorrillas, nariz adorablemente fruncida, ojos cerrados con fuerza, mejillas tintadas de un rosa intenso, deliciosos lunares esparcidos por su cuello y rostro, tiernas manos de dedos pequeños y su grueso pene viendo alto y en dirección a él, invitándolo a darle una pequeña probada.
Jimin abrió los ojos a falta de movimiento del chico sobre suyo e inmediatamente un jadeo salió de su boca al encontrarse con su oscura mirada recorriendo toda su anatomía, haciéndolo erizarse.
Jungkook encontró la mirada del rubio observándolo entre expectante y anonadado, sorprendido al ser observado de aquella manera por el castaño, como si fuese lo más hermoso y sensual que haya visto en toda su vida.
Y lo era. Jungkook no sabía que putas había hecho para encontrarse con un chico como aquel, que no sólo derrochaba sensualidad y hacía babear a cualquiera que presenciara su paso, sino que además era tan condenadamente tierno con esos ojitos que lo miraban con timidez mientras sus abultadas mejillas adquirían un color más intenso que el amanecer... Pero le rezaría un rosario a la virgen y el padre nuestro a Dios en agradecimiento después de esa noche.
Lentamente y bajo la atenta mirada de Jimin, inclinó su cabeza hasta tenerla entre las lechosas piernas del rubio y observó con deleite el pene erecto del más bajo antes de dar una lenta lamida por toda la extensión, desde la base hasta la punta, y succionar, arrancándole un ensordecedor grito.
»¡Ah! ¡Jungkook! —Jungkook estaba seguro de que su sabor era ambrosía pura y él, siendo un simple y desgraciado mortal, se encontraba sintiéndola caliente contra su lengua, extendiéndola por todo su paladar hasta tragarlo e implorar por más.
Pronto se encontró engullendo todo el grueso falo del rubio que lloriqueaba sobre las sábanas, enrollando su lengua antes de subir y succionar fuerte la punta, exigiendo más de ese manjar del que estaba seguro podría vivir toda su vida y jamás cansarse.
Jimin se sentía morir en aquella cama mientras Jungkook le abría las piernas de manera obscena y bajaba para succionar con fuerza sus bolas, incapaz de hacer otra cosa que retorcerse y lloriquear que no parase, que estaba alcanzando las estrellas gracias a su lengua y labios que rodeaban su pene con avidez y lo hacían sollozar.
Sabía que no le quedaba mucho tiempo y casi maldijo cuando sintió uno de los dedos de Jungkook rodear tortuosamente su entrada, usando la saliva y semen que escurrían de su pene para úntalo en sus dedos y acariciar su anillo con deleite, recorriéndolo antes de presionar contra él e introducir el índice hasta la base, esperando un momento antes comenzar a moverlo.
Jimin no tuvo el tiempo de sentirse incómodo ni para decirle que era el primero, que ni siquiera él se había atrevido a tocar esa parte escondida en su cuerpo; que fuera delicado, rudo; que tuviera piedad de él o todo lo contrario; no tuvo tiempo ni de dar un respiro cuando Jungkook introdujo otro dedo y comenzó a moverlos sin descanso mientras su lengua se encontraba acariciándole la punta y sus labios succionaban todo lo que él tenía para darle.
Hasta que sucedió.
Jimin dejó escapar un fuerte grito mientras se dejaba ir dentro de la boca de Jungkook y su anillo estrujaba los dedos dentro suyo con majestuosidad mientras el castaño aceptaba el manjar y lo tragaba todo, para seguir succionando y no dejar ni una sola gota.
Sus mejillas estaban ardiendo al igual que todo su cuerpo mientras su pecho subía y bajaba en busca de aire, mientras el orgasmo pasaba y el cansancio se apoderaba de él.
Pero no habían acabado.
Jungkook se despojó de las prendas que le faltaban mientras lo observaba recomponerse del exquisito orgasmo que le había provocado, sintiéndose más que orgulloso cuando lo vio con la mirada perdida y el cuerpo teniendo lineros espasmos, para proceder a tomarlo de los muslos y acercarlo a él.
—No creerás que hemos terminando, precioso —habló, mientras el rubio levantaba la mirada y lo observaba, jadeando y abriendo sus ojos de sobremanera al encontrarlo completamente desnudo y con el pene viendo hacia arriba, más duro que cualquier piedra.
—J-Jungkook... —salió a duras penas de su boca, mientras lo observaba cubrir su pene de pre-semen para no lastimarlo... Demasiado. —J-Jungkook n-no...
—Shh... Seré suave... Al principio —sonrió, mientras le besaba la frente y acariciaba la mejilla.
Pero Jimin no quería pedirle que se detuviera, simplemente quería decirle que no creía que todo eso entrara en él. Pero como la última vez, la respiración se le atascó en la garganta con su siguiente movimiento.
Lo embistió de manera lenta, introduciendo todo su falo dentro de la estrecha cavidad de Jimin, aprovechando su preparación anterior, haciéndolos jadear a ambos.
—Mierda... Estas tan estrecho —gruñó contra su oído, mientras lo escuchaba gemir profundamente y se lanzaba contra sus labios, enrollando su lengua con la de Jimin a la vez que comenzaba a moverse.
Inició haciendo círculos en el interior de Jimin, mientras éste gemía y cerraba sus ojos con fuerza, sintiendo como se expandía para recibir a Jungkook, esperando que se acostumbrase y el dolor se fuese para proceder a salir por completo y entrar de manera ruda y rápida, causando que su pequeño le mordiera la legua.
Jungkook gruñó y aceleró sus embestidas, mientras sus lenguas salían de sus bocas para disfrutarse entre sí al igual que lo hacían sus cuerpos, causando que su saliva escurriera entre ambos y la verdadera acción comenzase.
“¡Rumba!”
Jungkook le succionó la lengua y tiró de su labio inferior antes de separarse por completo y comenzaba a profanar el interior de Jimin con su falo cual bestia.
—¡Jungkook!
El nombrado gruñó mientras arremetía con fuerza el interior de Jimin y éste imploraba por piedad.
Entre balbuceos y gemidos, Jimin se encontraba moviendo sus caderas como podía contra las de Jungkook, hasta que se le hizo imposible mantener su ritmo y simplemente se dejó deshacer debajo del castaño y sobre las sábanas, retorciéndose y sintiendo las lagrimas recorriendo el costado de sus ojos a causa de todo el placer que no podía contener y que lo hacía perderse entre una nube de deseo y alegría de estar sintiendo las cosquillas recorrer su cuerpo por completo a causa de las brutales arremetidas de Jungkook contra su entrada.
Por su parte, Jeon se encontraba contemplando a su precioso ángel sollozando debajo suyo, causándole un ataque directo al corazón mientras lo veneraba con su cuerpo, ya que no podía creer como un ser podía ser tan tierno y excitante a la vez, mientras la saliva escurría de su boca entreabierta, el sudor bajaba por su cuerpo y gemidos dulces salían de esos carnosos y enrojecidos labios.
»K-Kookie... P-por f-favor... E-Es d-demasiado~ —el placer comenzaba a hacer estragos en el cuerpo de ambos, pero Jungkook no iba a parar, no cuando escuchó a Jimin gritar. Había encontrado su punto dulce. —¡Jungkook! —arremetió con fuerza ese delicado punto y lo contempló retorcerse, lloriquear y sentirse desfallecer a causa de tanto placer que golpeaba su cuerpo una y otra vez, con las lágrimas y saliva deslizándose por su rostro hasta que fue demasiado.
El límite del placer explotó en sus cuerpos y lo escuchó, Jimin dio su último grito de la noche y se corrió entre ambos, bañando sus torsos y apretando el pene de Jungkook de manera celestial hasta que él también terminó, corriéndose dentro del rubio.
Ambos respiraban agitadamente, Jungkook se desplomó sobre Jimin, éste le rodeó el cuello con los brazos y hundió su nariz en el mismo, a la vez que el castaño repartía besos sobre su cabeza y le acariciaba dulcemente la cintura, antes de salir por completo de su interior y acostarse a su lado, cubriéndolos a ambos con las sábanas.
Se miraron el uno al otro, recorriendo sus rostros con la mirada hasta que Jimin se sonrojó y desvió la suya, esbozando una tierna sonrisa tímida que hizo al corazón de Jungkook saltar fuertemente contra su pecho.
—¿Qué?
—Y-yo... —Jimin se armó de valor y lo miró a los ojos. —Q-quería agradecerte... —Jungkook frunció el ceño, esbozando una sonrisa.
—¿Por qué?
—Por hacer mi primera vez inolvidable —no pudo evitarlo, lo abrazó por la cintura y escondió su rostro en su pecho, sintiendo sus mejillas encenderse.
Ahora fue el turno de Jeon de sorprenderse y sentir la presencia de las molestas mariposas en su estómago, causando que una inmensa sonrisa de estúpido surcara su rostro.
—Yo también tengo que agradecer un par de cosas.
—¿Ah sí? —preguntó contra su pecho, restregando tiernamente su pequeña nariz. —¿Cuáles?
—Que Jin-hyung me obligara a venir a su fiesta, que te haya invitado y que sepas mover el culo en la pista de baile —Jimin soltó una carcajada antes de darle un golpe en el hombro, mientras esbozaba una tierna sonrisa y le daba un suave y dulce beso en los labios—. Por haberte conocido... Porque mi futuro novio tenga una preciosa cara de ángel con un exquisito cuerpo para pecar.
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Akdkdkdkdkdkkd no sé de dónde saco tanta frase mmalona, pero me gusta 😳
Mi primer lemon gay jsjsjsj
Pensé que el final me iba a quedar muy kk je Amé demasiado el principio, pero llegó un momento en el que no sabía lo que estaba escribiendo y mucho menos si estaba bien, pero cuando pasé a editarlo terminó gustándome shfldñdñd
Al igual que Jeon, no soy fan del reggaetón, pero apenas escuché “Taki Taki” la amé juju hasta mi hermano se sorprendió cuando la puse en el carro JAJAJA: “¿Y eso? Tú no eres de reggaetón” Y es cierto jiji
Aclaración: “Ambrosía”. En la mitología griega, la ambrosía es una sustancia asociada a los dioses, considerada generalmente la comida o bebida de estos. jiji
Nota: si traduces el título al español, significa “ángel pecador” uwu
P. D. Este One Shot tiene más de dos años y lo he vuelto a subir tal cual estaba en mi perfil de Wattpad (@74Moonlight), después de que me lo eliminaran 😤. Así que si tiene errores, agradecería muchísimo que me los hicieran saber 💗
Muchísimas gracias por llegar hasta aquí y votar🌟 y/o comentar💬 si lo hiciste, y si no, significa demasiado para mí el que te hayas tomado el tiempo para leerlo🌙, no podrías hacerme más feliz /.\💕
Espero leernos pronto <3
Glashiash~♡♡♡♡
—Moonlight♡