Chapter 1
—¿Cuánto cuesta el kilo de fresas? - dijo Jimin, para luego de pagar lo debido y mandar saludos a la familia de la tendera. Era primavera y de repente tuvo antojo de fresas, así que las incluyó en la lista de compras de la semana.
Como cada domingo salió de su casa con su canasta como cada semana dispuesto a hacer la compra, montó su bicicleta y pedaleo con calma hasta el mercado del pueblo.
Hace poco se había mudado por allí, terminó sus estudios en letras, luego de publicar algunos trabajos y cosechar su éxito decidió que quería cambiar de aire, incluso eso ayudaría a refrescar sus ideas. Quien sabe si volvía con otra novela que llegara al best-seller.
Luego de chequear que hubo comprado todo lo de su lista, el rubio se coloca de nuevo su sombrero de llamativo lazo turquesa y se encamina hacía las afueras del pueblo; monta su bicicleta en camino hacia su casa.
Pasó con una sonrisa entre los ondeantes y dorados campos de trigo, pensando en como disfrutaría de una limonada de fresa con un poco de pan recién horneado.
Jimin vivía en una pequeña cabaña pintoresca cerca del bosque, era un lugar hermoso puesto que en esta época toda la colina se cubría de flores y daba una vista de ensueño. Con el sol sobre su cabeza visualizó poco a poco el techo de tejas naranjas de su casa, suspiró aliviado puesto que sus muslos ya habían empezado a hormiguear por el esfuerzo.
Con un sonoro bufido bajó de su bicicleta, dejando a un lado de la entrada a la cabaña. Una de sus hermosas manos hurgó entre las compras hasta encontrar la llave de la puerta, frunció el ceño al encontrarla más liviana de lo que recordaba. Su mano encontró el adorable llavero de cerezas y justo cuando se dispuso a abrir la cerradura lo escuchó, un débil pero audible cuack.
Era extraño, los animales de por allí no se acercaban mucho a la cabaña y si lo hacían eran conejos o ardillas, no veía muchos patos puesto que el lago estaba en las profundidades del bosque.
Volteó y se sorprendió con 6 patitos a sus pies mirándole con atención, entre ellos yacían las hojas de lo que fue una fresa, ahora entendía porque la canasta estaba liviana. No entendía de dónde habían salido, aparentemente le siguieron por las fresas que se escaparon de su canasta.
¿Tendrían dueño? Lo más probable es que no, no vivía mucha gente por allí y no creía que le hubiesen seguido desde el pueblo, ¿o si?
Sus pequeñas alitas se agitaron y graznaron en protesta, Jimin soltó una risa melodiosa ante ello, al parecen aún tenían hambre. Abrió la puerta y a prisa tomó un abrigo del perchero, lo colocó en el suelo y animó a los patitos a subir a el, una vez arriba los llevó dentro y los dejó en la mesa de su pequeña cocina.
Los patitos le miraron con atención mientras sacaba algunas verduras del refrigerador y les servía agua en un pequeño cuenco. Al acercárselos no dudaron en precipitarse hacía ellos, con pequeños graznidos empezaron a comer y beber.
Jimin los observó atento, en lo profundo de su ser algo se alivió porque tal vez, ya no estaría solo de nuevo.
🍓🍓🍓🍓
— ¡Te digo que si Hoseok! El corral estaba bien cerrado y yo he estado sentado aquí toda la mañana.
—¿Pero entonces como 6 patos, ruidosos como zapatos que rechinan y del tamaño de mi mano pudieron desaparecer ?— Hoseok le miraba con una mirada divertida y apenada.
— ¡No lo sé, Dios! Si no los encuentro, mamá me dejará sin la cena.— dijo con un puchero, su madre era una mujer estricta y él un hombre capaz de quemar la casa al tratar de hervir agua.
Namjoon estaba frustrado, tanto que sus cabellos apuntaban en todas direcciones luego de haberlos jalado tanto.
Sus patos habían desaparecido de su jaula sin dejar ninguna pista y el sinceramente no entendía como había pasado, había estado en el negocio familiar desde tempranas horas y no se había movido de allí, echaba un ojo constante a todos los animales, entre ellos los patos. Pero al ir a la trastienda a buscarlos luego de que un cliente preguntara por ellos, se llevó la sorpresa de una jaula vacía.
Su mejor amigo Hoseok llegó luego de que sus gritos asustados llenaran todo el mercado, aparte de perder a sus patos ahuyentó al cliente que partió enfurecido, definitivamente su madre no estaría contenta hoy.
Era ya medio día y a pesar de haber revisado los al rededores y preguntado a los demás tenderos, no tenían ni una sola pista de los pequeños patitos.
— Estoy seguro que alguien se los llevó,— estaba exaltado y se notaba en el énfasis que ponía en cada sílaba— pero cuando lo encuentre se las verá conmigo, ese ladrón ponzoñoso sabrá quien soy y porque no hay que robarle a Kim Namjo— en ese momento Namjoon observa un pequeño rastro de patitas saliendo de la tienda, casi imperceptibles pero ahí estaban.
Sacude a Hoseok y ambos sonríen al ver el rastro, lo siguen hasta la salida del pueblo, dónde se divide en dos, deciden seguir uno cada uno, Hoseok yendo por el camino que va hacía el pueblo vecino y Namjoon siguiendo las huellas por los campos de trigo.
Luego de unos treinta minutos donde pensó que quizás era más convertirse a si mismo en pato que encontrar a los que se le habían perdido, Namjoon finalmente vio con sus ojos cegados por el sol el fin del rastro, las pequeñas huellas se detenían frente a una pintoresca cabaña, al acercarse a la entrada pudo ver restos de fresas y las señales de una manta, la persona que vivía allí debía tenerlos dentro.
Un poco agitado por el camino y por el pensamiento de que esa persona había secuestrado a sus patitos, Namjoon golpeó su gran puño contra la puerta de madera. Se asomó por la ventana cuando al pasar de dos minutos nadie dio señales de vida, golpeó más fuerte esta vez, con un seño fruncido en su mente y pensando como le reclamaría hasta quedarse sin voz al secuestrador de patos inocentes.
Dispuesto a tumbar la puerta se llevó un susto tremendo cuando esta se abrió y una figura pequeña lo miró intrigado, sus ojos se entrecerraron al ver a sus patos en los brazos de esta persona y se sintió más que traicionado cuando los dichosos patos se restregaron contra el rubio que le miraba asustado.
Cuack, ahora sospechaba que hubiese sido un secuestro.
🍓🍓🍓🍓
Ambos se miraban en silencio, con la duda asomándose notablemente en sus caras, pero quien podría culparlos; uno pensaba que habían secuestrado a sus patos sin remordimientos y el otro que venían a robarle y sacarle los intestinos de paso.
Porque Namjoon aparte de agitado y sudoroso, era tan alto y musculoso como una montaña, el ceño fruncido tampoco ayudaba a que se viese menos amenazador. Jimin tembló ante la idea de que tener que verse en alguna discusión de cualquier tipo con él.
Por otro lado, el castaño no hallaba sentido a que este pequeño y a primera vista ingenuo pueblerino hubiese secuestrado a sus patitos, quizás ni siquiera eran sus patos y el ya había pensado como irse a los golpes con él.
Luego de aproximadamente tres minutos de intercambio de miradas, Jimin habló cautelosamente.
—Disculpe,¿lo conozco?— tratando de espabilar, Namjoon contestó apresurado.
—Ehh...no lo creo, mis disculpas si le he asustado.— ya con más calma, empezó a explicar la situación —No vengo con malas intenciones, solo me interesa conocer el paradero de mis patos; verá, estaba en mi puesto del mercado y fui a buscarlos a su corral luego de que preguntaran por ellos, pero habían desaparecido, me preocupé mucho porque la tienda es el sustento de mi madre y él mío, luego encontré un rastro de huellas que me guiaron hasta acá. Por lo que puedo ver usted tiene algunos patos,—dijo para luego señalar a las inquietas bolitas cafés en los brazos de Jimin—¿Soy muy atrevido al preguntar si son suyos?
—¡Oh, claro que no!—la tensión en los hombros de Jimin se fue y sus palabras fueron acompañadas por una pequeña risa— De hecho yo también estaba preocupado, esta mañana fui al pueblo a hacer las compras y cuando regresé a casa noté que estos pequeñines me siguieron,— su mano acarició delicadamente a los mencionados— aparentemente, las fresas que compré se cayeron de mi cesta y ellos siguieron el rastro.
El ambiente entre ellos se llenó de alivio y sus risas no tardaron en hacerse presentes, que hecho más improbable y ridículo del que habían sido partícipes.
—¡Dios, yo pensaba que me habían robado!—ciertamente, Namjoon estaba aliviado de no haber tirado la puerta del rubio.
Rieron y hablaron, pronto los patitos habían pasado a segundo plano. Sus ojos adoptaron un brillo fresco, dentro de sus pechos algo se agitó levemente. A Namjoon los ojos ajenos le empezaron a parecer fascinantes y a Jimin los hoyuelos en la cara del castaño le tentaban a tocarlos.
En la puerta de la cabaña de Jimin, charlaron por más de una hora; aunque para ellos fueron segundos, porque cuando el amor empieza a hacer de las suyas todo queda relegado.
Solo salieron de esa pequeña nube que los rodeaba cuando un grito se escuchó en la lejanía, un Hoseok notablemente cansado venía por el camino, con los brazos alzados y la cara llena de tierra, gritaba y hacía señales a Namjoon.
El castaño estaba odiando seriamente a su amigo, ¿porqué le interrumpía ahora que había encontrado a la criatura más bella y fascinante del bosque?
—¡Demonios Hoseok, ahora no!— gritó apenado a su amigo. En la distancia, el pobre Hoseok estrujó su rostro en desdén y rabiando se sentó en una piedra bajo el inclemente sol.
Jimin soltó una risita y recordando el origen de el malentendido, dejó en los brazos de Namjoon la manta con los patitos, haciendo que por unos segundos sus manos se rozaran y un sonrojo cruzara ambos rostros.
—Supongo que ya debes volver, estos pequeñines querrán volver con su madre y por lo que me contaste tu también.— su sonrisa apareció y con ella su eyesmile, juntó sus manos en un gesto nervioso.
—Si, mamá ya debe de estar esperándome.— Namjoon estaba avergonzado, pero algo le decía que esto no se iba a repetir dos veces y que aprovechara mientras pudiera—Dijo que hoy haría tarta de fresa, son muy buenas, ¿quisieras probar una algún día?
Esa sin duda había sido la mentira más piadosa que había dicho, su madre si hacía tartas, pero jamás le dejaba comerlas, esperaba que cuando apareciera en la puerta de su casa con un Jimin a su lado tuviese compasión de él.
Jimin estaba emocionado, también agradecido de que Namjoon tuviera iniciativa, sino él tendría que haber pedido la cita y digamos que jamás había sido tan hábil en ese aspecto.
—Seguro son deliciosas Nam, me encantaría probarlas.— y a Namjoon le dio un cortocircuito por el apodo.
Ambos sonrieron, ansiosos por que dicho encuentro se concretara, incluso habían empezado a imaginar como comerían tartas en un pequeño picnic cerca del bosque tomando limonada y viendo las ardillas pasar.
—Entonces pasaré por ti el sábado, con suerte no se escaparán de nuevo— dijo bromista alzando juguetonamente a los patitos en sus brazos.
Despacio agitaron las manos, mientras Jimin se recostaba en el marco de la puerta y Namjoon caminaba sonriente hasta Hoseok.
—¡Vaya, pensé que nunca volverías!—Hoseok sintió que ya tenía el trasero fusionado con la piedra, tanto así que al levantarse emitió sonoros quejidos —¿Ese muchachito se robó los patos?—dijo atónito, Jimin se veía como si fuera su primo pequeño.
—A lo mejor y lo que se ha robado ha sido mi corazón.