hmm hmm

Summary

Esta historia no es mía, es una traducción de Quente como o infierno, escrita por babyboonn. Los derechos de autor son reservados por lo tanto no se aceptan copias ni adaptaciones.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1 infierno

¿Usted conoce el infierno? ¿o siquiera imagina cómo sería?


El infierno descrito por

Dantes

tiene la forma de infundíbulo, este que sigue en dirección al centro de la tierra, donde Lúcifer está a la espera. En cada circulo son castigados los distintos pecados, de acuerdo con su grado de "severidad".



Primer círculo, El limbo.


Los no purificados.



Segundo círculo, Valle de los vientos.

Lujuriosos.



Tercer círculo, Lago de barro.

Gulosos.


Cuarto círculo, Colinas rocosas.

Avariciosos y Pródigos.


Quinto círculo, Laguna Estigia.

Iracundos y Perezosos.


Sexto círculo, Cementerio de fuego.

Herejes.



Séptimo círculo, Valle Flegetonte.

Violentos.



Octavo círculo, Malebolge.

Corruptos, hipócritas, ladrones, sembradores de discordia, falsificadores, malos consejeros, seductores, aduladores y los demonios armados con espadas en manos dividen a quienes en vida dividieron a las personas.



Noveno y último círculo, Lago Cocito.

Los traidores.



Las santas escrituras nos hablan que el infierno es un lugar de tormento, tenebroso, torturoso; un área exclusiva para los pecadores, los cuales no quisieron obedecer los mandamientos venidos de Cristo.

El Tártaro, es representado por la mitología griega romana, como un calabozo repleto de sufrimiento. Los dominios de Hades eran decididos por niveles, como la gran mayoría de los infiernos; La diferencia es que en la mitología griega, usted siendo bueno o malo, de cualquier manera, terminará en el Tártaro, y luego pagarás menos o más, dependiendo de tus pecados.

Tantas definiciones y suposiciones sobre el verdadero infierno, purgatorio, oscuridad, martirio, tormento, alboroto, abismo, como quieras llamarlo.

Podemos decir que ninguno es realmente correcto, después de todo el infierno no es nada bueno.

El diablo, él es asombroso.

Pero cálmate, no temas, este no es un cuento de terror.

La moneda fue lanzada hacia arriba, pero no tuvo riesgo en caer, flotaba sobre la palma de su mano, en movimientos lentos y giratorios. Aquello sonaba extremamente tedioso. Suspiró alto y pesado en medio de aquella música alta y estridente, las luces lo hacían entrar en una especie de estado anestésico. Las mujeres y hombres a su alrededor parecían sedientos por él.

Tomó la copa old fashioned, levantándola hasta sus labios y bebiendo de aquel whisky que ya no hacía ningún efecto en su garganta.

- ¿Cómo puedes aburrirte en un lugar como este? - La voz animada e incrédula preguntó hacia el hombre.

- Estoy acostumbrado. - La mirada de fastidio hizo que el otro no comprendiera.

Se levantó sin mucha emoción y caminó en dirección al mostrador del barman, asintió mostrando que quería otro trago.

- Lúcifer, si te resulta esto tan tedioso podríamos volver al infierno... - La propuesta no era minimamente atrayente, el moreno lo fulminó con la mirada, rompiendo la copa que había estado en su mano.

- Maldición Hoseok, es Jungkook, ¡JUNGKOOK! Solo llámame Jungkook, ¿entendiste o tendré que repetirlo de nuevo? - Los ojos totalmente negros hacían que J-hope tragara en seco.

- Perdón, perdón Señor. - Pidió en medio de temblor, no era exactamente miedo lo que sentía.

Jeon rió seco inclinándose, quedando frente a frente al otro.

- Tú sabes que yo no acostumbro a perdonar, Hoseok. - La voz ronca parecía en advertencia, hizo a J-hope estremecer en puro nerviosismo.

- Sí Señor, yo sé. - en su rostro habitaba una expresión débil, estaba sudando frío y sus manos estaban heladas.

Jungkook a su vez se echó a reír a carcajadas, era aquello lo que le gustaba; sentir el miedo a través de las venas, ver el temor en los ojos de los demás, mirarlos temblar.

- Realmente me gustaría hacerte arder Hoseok, pero te quiero, eres mi gran amigo. - La voz serena, diferente a la anterior invadía en los oídos del contrario, dándole un alivio inconmensurable. Un suspiro simple salió de sus labios, luego asintió con la cabeza.

- Hoseok, salí del infierno para corromper las almas desde más cerca. Dime cómo puedo limpiar a ese vagabundo de allí, si alguna vez hizo todo este trabajo sin mi ayuda. - El diablo llevaba una voz irónica común.

- Señor, podemos buscar algo mejor para hacer. - Sugirió Hoseok, viéndolo arquear las cejas pensativamente.

- El Señor está en el cielo, eso es lo que recuerdo, que me "expulsaron" de allí. - Refutó con la intención de que el otro lo llamase por su nombre.

- Señor... - Se aclaró la garganta. - Quiero decir, Jungkook, podríamos dar un paseo, tal vez algo no te llame la atención. - Incluso sonaba cómico decirle a Lúcifer que se podía jurar que sabía dónde estaba cada persona, dónde estaba cada alma pura e inocente, lista para ser cortada y destrozada por él de cualquier manera; Aunque no, no era así.

- Y podemos. - Dijo ya levantándose, saliendo de ese lugar a toda prisa.

Las calles de los Ángeles nunca fueron tan desanimadas, miraba alrededor y todos ya estaban intensamente profanados, sucios. Prácticamente no había nada que corromper.

- Parece que ya hicimos un gran trabajo. - Dictó, a pesar de estar satisfecho no estaba saciado, su entonación delataba todo desánimo.

- ¿y no estás contento con el resultado? - J-hope le cuestionó, cargando una sonrisa macabra y animadísima por lo que veía a su alrededor.

Hoseok era una especie de ayudante, mano derecha y mejor amigo de Jungkook. A pesar de temerle con todas las fuerzas, él podría ser tan malo como se lo imaginara.

Aquella escena para él sonaba como una bella melodía, era como oír su música preferida o comer aquel dulce que te lleva al cielo. No es que él quisiera ir allí, nunca, aquí todo era mucho mejor.

- Hope, a veces tú consigues ser peor que yo. - Los labios de Jeon formaron una pequeña sonrisa ladina, los fuegos ya eran opacos. - Estoy orgulloso de ti. - Pronunció para el ayudante, al paso que reía.

Existe tal estereotipo impuesto sobre Lúcifer que llega a ser cómico e irónico.

Aquella imagen de un ángel completamente feo, con expresiones maldadosas y asustadoras no hacían parte de la línea Jeon Jungkook, lo que le dio el poder de usar su belleza en combinación con la persuasión y así acabar con las vidas ajenas.

Un hombre alto, de porte fuerte, siempre bien vestido, su forma de expresarse con palabras bien articuladas y colocadas, pensaba vehemente antes de ejecutar todo y siempre sabía, él lo sabía todo.

No es como si pudiese leer mentes, sin embargo, entendía lo que las personas querían, sus sueños y más oscuros deseos. No lo seguían, pero tampoco querían esconderse de él y si de casualidad llegaban a resistirse; él los convencería para que le dijesen todo, los persuadiría de la manera más sucia e inocente para que hablaran.

Aquel rostro bonito, con labios finos y una mirada penetrante podía conquistar a cualquiera.

Si el Diablo apareciera en tu cocina a las tres de la mañana, ten por seguro que querrías que se quede, pedirías a Dios para que lo haga.

Él era un verdadero seductor, su olor no era de azufre ni nada por el estilo y no tenía cuernos grandes, sin embargo, les aseguro que tenía otra extremidad grande.

Conducía atentamente, mirando hacia el frente, aunque por un breve momento un olor invadió sus fosas nasales, impregnando y apoderándose de su ser. En ese momento, realmente parecía que podía crear cuernos y una cara demoníaca.

Una pureza inquebrantable emanaba de algún lugar, no sabía exactamente dónde estaba, pero sentía agonía acercándose.

No era como en las películas de terror, claro, si él quería darse un baño con esa agua bendita podía hacerlo, pero aquella agua para él era más sucia que el mismísimo infierno.


- Lúcifer, ¿por qué estás haciendo esa cara? - Hoseok una vez más dejó escapar su nombre, aún no se acostumbraba al nuevo nombre en clave.


Jeon a su vez le dio una mirada intensa, cargada de desaprobación, haciéndole sentir que algo ardía en su interior, le dolía.


- Jugkook, ¡Detente, detente! - Pidió aturdido, poniendo sus manos sobre su cabeza y moviéndose desesperadamente.


Jungkook rió burlonamente.


- Nunca aprendes a controlarlo. No deberías sentir tanto dolor, ¡eres mi brazo derecho! - Habló sin siquiera volver a mirarlo.


- Yo sé Jungkook, pero no consigo controlarlo. ¡No deberías hacer esto conmigo! - Su voz sonaba aliviada y al mismo tiempo con molestia.


Jeon, continuó siguiendo ese olor evidentemente atractivo; ni siquiera se dio cuenta de que estaba frente a una iglesia la cual no era demasiado grande, en realidad parecía demasiado pequeña.


- Jeon Jungkook, ¡ni siquiera lo pienses! - Hoseok habló encarándolo con seriedad.


- Ah, Hoseok, tú me conoces tan bien. - La voz cínica era latente.


Jungkook acababa de salir del convertible, viendo a J-hope hacer lo mismo.


- Ya sabes, sólo puedes entrar si el dueño es un pecador nato. - El otro cargaba una expresión incrédula, al final él también podía sentir algo puro demás ahí adentro.


- ¡Todos son pecadores! - Lúcifer retrucó con cinismo.


- Me entiendes Jeon, no puedes entrar, no debes poner desafíos ante Dios. - Ante aquellas palabras Jungkook tapó sus oídos, como si fuera tan molesto y de hecho sí lo era.


- ¿Sabes que estás hablando de Dios con el diablo? - Preguntó sin gusto.


Hoseok a la vez negó con la cabeza.


- Sí el dueño es un hipócrita... - Dio un paso, tocando el césped con la suela de su zapato Gofer. - Tú podrás entrar. - Hablaba a medida que daba paso por paso.


Cuando se encontró cara a cara con la puerta, miró a Hoseok con una gran sonrisa en su rostro.


- Y como sabes ¡El Señor Park es todo eso y mucho más! - Jeon se rió, tan cínico y malicioso cuando notó quién estaba frente a esa audiencia, de pie en ese púlpito.


Entró al lugar sin la menor discreción, pisando hondo; mirando con vehemencia al hombre que hablaba o en este caso, gritaba.


- COMO SE HA DICHO, NECESITAMOS APRENDER. RECHAZAR LAS TENTACIONES DIARIAS DEL DIABLO. – El señor hablaba exageradamente alto en ese micrófono, con una melodía chirriante.


Gritó cosas con poco sentido común y la gente estaba de acuerdo. El diablo hizo un simple movimiento de negación con la cabeza.


- Hoseok, ¿ellos realmente piensan que estoy dispuesto a tentarlos a diario? – Preguntó riendo, haciendo reír también a su mano derecha.

- Ellos necesitan culpar a algo por sus propias decisiones. – Respondió viendo a Jungkook negar nuevamente con la cabeza.


Por increíble que pareciera, el diablo también llevaba principios. No soportaba a las personas hipócritas, esas tenían sus lugares bien reservados.


Se sentó en la primera fila y vio que el reverendo lo miraba.


Sin embargo, mostró tal desgana que en los delgados labios de Jungkook apareció una sonrisa burlona, esta que mostró no sólo los dientes, sino que también sabía todo sobre él.


En el mismo momento pareció que el hombre se había perdido, tragándose sus propias palabras en seco, todavía sin entender el por qué. Inmediatamente terminó su discurso, apenas diciendo un “Amén" para terminar.


Lucifer no tenía escrúpulos en absoluto, se rió internamente mientras veía al señor Park descender del púlpito completamente aturdido, dirigiéndose hacia su familia.


Y ahí era donde residía la voluntad de Jeon. En ese pequeño, tan inocente, tan bien conservado por sus padres, sin saber nada sobre el verdadero rostro de las personas.


El chico de cabellos rojizos naturales, cargaba no sólo una pureza inusual, sino que también una belleza deslumbrante. Su cuerpo era oculto por una vestimenta con túnicas sueltas que llevaba, pero Jungkook podía imaginárselo desnudo, hasta el último detalle.


-Park Jimin… - Susurró para Hoseok que inmediatamente entendió la mala intención del diablo.


- No es que dude de ti, jamás, pero si logras hacer esto felicidades. – Pronunció, haciendo que Jeon lo mirara con falsa seriedad.


- Yo voy a sacrificarlo con mi semen. – Dijo mientras sus ojos devoraban al pelirrojo.


Éste que por alguna razón le dirigió la mirada, con una mirada simple e inmaculada, no había nada más que una mirada por mirar.


Jungkook sonrió y lo saludó con su mano, viendo al pelirrojo darse la vuelta mirando hacia atrás, con la intención de comprobar si el saludo era realmente para él, al darse cuenta de que sí lo era, sonrió dirigiendo la mirada hacia abajo con inocencia.
El diablo se estremeció.


Jimin siempre había sido un chico muy vigilado por sus padres, en especial su padre, él lo “protegía” del mundo.


Park no tenía amigos, solo compañeros del coro de la iglesia, no podía estudiar en escuelas normales, por lo que si madre fue la encargada de enseñarle desde casa. No tenía la más mínima tecnología, ni siquiera de esos teléfonos con cable. A pesar de esto era un chico extremadamente inteligente y comprensivo, tenía apenas dieciocho años y no sabía nada acerca sobre la “vida" o la maldad real que había en las personas, era demasiado ingenuo.


Y maldita sea, todo aquello para Jeon sonaba extremadamente caliente, sería un pecado desenfrenado.


-Yo voy para allá. – Dijo para su amigo quien no se sorprendió.


J-hope sabía que iría allí y se llevaría bien con todos, eso definitivamente no era una corazonada, era una certeza.


Jungkook, caminaba hacia el pobre pastor, no tan pobre. No dijo una palabra cuando llegó, solo le tendió la mano, lo vio temblar por un momento. Sin embargo, el reverendo no se negó, estrechó la mano del otro con firmeza.


-Ahora pastor, ¿no me va a presentar a su familia? – Preguntó intimidante, arqueando las cejas y soltando una sonrisa algo maliciosa.


-C-claro… - Tartamudeó sin querer.


El señor Park no entendía el por qué lo sentía tan amenazador. Aunque ya había tenido pesadillas en las que aparecía el bonito rostro de Jeon, ahora sonaba muy aterrador tenerlo frente a él.


La mujer sólo le sonrió a Jeon, mientras Jimin jugueteaba con su ropa sin voltear a mirarlo en absoluto.


-Esta es mi esposa Karen y mi hijo Jimin. – La voz incierta le daba satisfacción al otro.


-Es un placer conocerla. – Jeon caballerosamente seductor dejó un apretón en la mano de ella.
Rápidamente desvió la mirada hacia Jimin quien todavía permanecía sentado.


El chico de cabellos cobrizos era tan puro que parecía haber una cúpula de luz a su alrededor, pero no se intercambiaron palabras.


-¿Ustedes se conocen de dónde? Nunca lo he visto por aquí. - Preguntó curiosa Karen, ya que no recordaba a Jeon.


- es… - Se aclaró la garganta, arrastrando la palabra aún tenso, sonriendo, la tomó frente a él.


- Nos conocemos hace unos días. Soy nuevo por aquí, pero es como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo, es como un sueño. ¿No es así pastor Park? – La referencia fue lanzada sin escrúpulos, haciendo que el reverendo se tragara el nudo que se había formado en su garganta y se limitara a asentir.


Se formó un silencio.


-Bueno, debo irme ahora. Espero verlos pronto. – Sonrió dulce y con elegancia. – Hasta luego, Jimin. – Tomó el mentón del chico levantándolo haciendo que sus ojos se encontraran.


- Nos vemos. – La voz apenas audible era tímida y dulce como la miel. Sonaba como música a los oídos de Jungkook.


Deseaba tener esa dulce voz pidiendo en voz baja que lo follara, diciendo palabras sucias y pecaminosas. Cómo quería verlo gimiendo de la manera más loca y traviesa posible. Anhelaba follarlo en todos los sentidos y formas posibles.


Inmediatamente se dirigió a la salida de la iglesia, notando que los demás ya se habían ido a sus respectivos hogares.


Sin embargo, cuando ya estaba cerca de la puerta de la puerta de salida, sintió una mano fría tocarlo y voltearlo.


-¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí? ¿Qué es lo que quieres? – era la voz del pastor, y era muy diferente a como le hablaba a sus “fieles".


-Me conoce muy bien señor Park. Te veo todos los días, no solo en tus sueños. – El timbre de voz fue cambiado gradualmente ronco. Lo que hizo que el otro retrocediera unos pasos asustado.




Fin, hasta la próxima 👍.