16 kookmin

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Manada brac

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1

Jimin Sloane se acomodó en una bola bajo la maleza mientras los carros pasaban zumbando. Jaló sus brazos bajo la camiseta, tratando de protegerlos. Él hacía lo mejor que podía. Pero incluso en la sombra, le ardían dolorosamente.

Aunque no iba a explotar en llamas como se describía en las películas de Hollywood, podría tener feas quemaduras. Tenía que encontrar un refugio, no podía seguir caminando por la carretera con el sol tan alto en el cielo.

Su estómago gruñó, estaba totalmente vacío, y se sentía mareado. Era solamente medio vampiro. Su madre había sido totalmente humana, así que él no vivía solo de sangre. La necesitaba como cualquier vampiro, pero su sed solo lo afectaba cada dos semanas, un vampiro completo necesitaba alimentarse una vez a la semana.

Cerró los ojos cuando sintió que el alto sol quemaba sus pupilas y secaba sus ojos. Minnie se rodó y sacó unas gotas para los ojos del bolsillo delantero. Sus dedos estiraron la piel y colocó algunas gotas en cada ojo parpadeando cuando el líquido cayó y entonces algo se derramó por un lado de su cara.

Parte del líquido que escapaba eran de las gotas y parte eran sus lágrimas. Ser medio vampiro solo le había causado dolor en su aquelarre. Los otros vampiros se burlaban de él, lo relegaban, literalmente, ellos lo ridiculizaban. Él no podía evitar necesitar comer alimentos humanos para sobrevivir, tampoco podía evitar el ser diabético.

Había estado a punto de morir en dos ocasiones cuando los vampiros que se burlaban de él le habían escondido la insulina. Él no era alto ni delgado, no tenía el distintivo cabello negro. Ni siquiera era tan fuerte como ellos.

Minnie era pequeño, algo regordete y tenía el cabello rojo naranja en punta. Ellos se burlaban de su voz infantil, de que fuera demasiado curioso y que hablara malditamente demasiado.

Minnie se había criado en el aquelarre, su madre murió cuando él nació. Él la había drenado desde el vientre. No fue algo que hubiera hecho intencionalmente, pero un vampiro bebé necesita sangre. Siendo su madre humana ella no estaba preparada para el embarazo.

El doctor vampiro la abrió para sacar a Minnie. Eso fue lo que su padre le dijo. La culpa de lo que había hecho lo había carcomido durante cien años hasta ahora. Él era considerado joven, pero ahora era un adulto.

Su propio padre era cruel y solía decirle lo que había hecho, quería ver el dolor del sufrimiento de saber que había matado a su madre. Desde los tres años, había llorado cada noche, deseaba tener una mamá que lo sostuviera. La madre que él había matado. Un hecho que su padre nunca dejaba que olvidara.

Quizás fue por eso que ellos hicieron lo impensable.

Ellos finalmente lo habían hecho. Lo habían expulsado de su aquelarre, a plena luz del día y amenazado con matarlo si regresaba. Minnie llevaba ya dos semanas viajando. La ciudad que acababa de pasar tenía un aquelarre, pero él no iba a ir con el príncipe y pedirle refugio.

Él había tenido suficiente de aquelarres para toda su vida.

Minnie se acostó bajo la sombra de un árbol, cansado y hambriento, perdido y solitario. Todo lo que él quería era a alguien que lo quisiera. Que lo abrazara y que le demostrara que le importaba.

Envolviendo sus brazos alrededor de su hambriento estómago, Minnie cerró los ojos y se quedó dormido.

Jungkook estaba sentado en el cofre de su camioneta, que estaba estacionada en el camino de grava junto a los otros vehículos de los shifters. Lanzaba una pequeña pelota azul para el estrés y la atrapaba y la volvía a lanzar, malditamente aburrido.

Cada guerrero en esa casa tenía a su pareja excepto Jungkook y los hermanos Santiago—ellos no contaban porque nunca actuaban como si fueran parte de la manada.

Él aún no encontraba a su pareja y probablemente nunca lo haría. Estar ahí solo le recordaba lo que no tenía. Con lo temperamental que era, aun así seguía siendo un shifter y anhelaba encontrar a su pareja como cualquier otro.

Bajando del cofre de la camioneta, Jungkook subió a la camioneta. El sol se estaba poniendo y el aire era una cálida brisa mientras se dirigía a la ciudad. No tenía obligaciones de patrullaje por un tiempo. Quizás podría ir al restaurante que el guerrero Cody tenía con su socio humano. Los humanos no debían de saber de ellos.

Al menos eso solía ser verdad.

Estacionó la camioneta frente al restaurante y apagó el motor. Tomando una mesa en el restaurante, Jungkook tomó el menú que le ofreció el medio lobo y pareja, Tangee, que trabajaba ahí.

—¿Qué te traigo para tomar, Jungkook?— Tangee le preguntó mientras le daba al guerrero los cubiertos envueltos en una servilleta.

—Dado que no sirven cerveza, tomaré un refresco. —

Jungkook se rió y abrió el menú. Él sabía lo que iba a pedir, pero el leerlo le daba algo que hacer.

Lentamente levantó la mirada hacia el restaurante en donde un pequeño con el cabello rojo-naranja atrapó su mirada. Dos pequeños ojos verde jade veían hacia la mesa frente a él. El resto de la cara de esa persona estaba escondida por el respaldo de la banca, pero el color de los ojos hacía que fueran los más impactantes que Jungkook hubiera visto.

Los ojos lentamente bajaron cuando esa persona bajó la cabeza. Jungkook podía decir por la media cara que había visto que era un adulto. No era un niño viendo sobre el asiento. Regresó al menú divertido. Si el pequeño twink estaba interesado. Jungkook podría darle un buen momento en la parte de atrás de la camioneta. Ya había pasado un tiempo desde que había tenido sexo y parte del estado de irritabilidad que tenía constantemente se debía en parte a eso.

Jungkook se mordió una sonrisa cuando el corto y alborotado cabello naranja salió de nuevo a la superficie, los verdes ojos lentamente se levantaron arriba del respaldo, levantó la cara justo para que sólo se viera debajo de los ojos. Parpadeó y los abrió más, entonces se bajó de nuevo.

Jungkook sostenía el menú mientras salía de la mesa y se dirigía a la siguiente y se sentó. El chico estaba acurrucado en el asiento y parpadeó sorprendido.

Una sonrisa curvó sus labios al ver lo lindo que el pequeño hombre era. —Hola.

El pequeño chico gritó, se cubrió la cara con las manos. Sus dedos se separaron para ver entre ellos a Jungkook.

Jungkook le dio una gran sonrisa. La pequeña bola de fuego era muy jodible. —¿Cuál es tu nombre, pumpkin ?— El color del cabello de la bola de fuego le recordaba a Jungkook una pumpkin dejada en el porche por Halloween.

Los dedos se cerraron de nuevo cuando el hombre trató de deslizarse de la mesa. Jungkook sacó su pierna impidiendo que el pumpkin escapara. «Oh no», él iba a conseguir algo de eso.

El hombre se deslizó de nuevo al asiento, esta vez abrió los verdes ojos que se iluminaron un poco al ver a Jungkook. —M– Minnie.

Jungkook acomodó su brazo en el respaldo, disfrutando de la vista. —¿Tienes hambre, pumpkin?

Las sexys mejillas del twink se incendiaron. Bajó la cabeza viéndose totalmente avergonzado. Jungkook notó que sólo tenía un pequeño plato con pan tostado frente a él y un vaso con agua. Por lo que se veía del cuerpo del hombre, solía comer más.

A Jungkook no le gustaban los hombres flacos. Él era un lobo muy grande, medía un metro noventa y dos y pesaba ciento diez kilos de puro músculo. Le gustaba comer y quería a un chico que él pudiera agarrar bien, dentro y fuera de la cama.

A él nunca le gustó sentir los huesos cuando pasaba sus manos sobre un cuerpo. No, él quería agarrar carne y su hombre ajustaba perfectamente.

La sonrisa de Jungkook lentamente se perdía cuando el más fuerte olor llegó a su nariz. El olor de fuego y canela era intoxicante. Un músculo en su mandíbula se tensó cuando se dio cuenta que el pequeño pumpkin que él quería para un revolcón en su camioneta era su pareja.

Minnie estaba aterrado y desconcertado al mismo tiempo.

Un dulce aroma había llegado a su cabeza mientras mordisqueaba su pan tostado, lo único que podía pagar con los pocos dólares que tenía en su bolsillo.

No había comido apropiadamente, y su nivel de azúcar en la sangre estaba alto. Tenía dos botellas de insulina y no había doctor vampiro que se los reemplazará. Con la falta de comida últimamente, Minnie había estaba limitando las dosis tratando de hacer que durara. Estaba comenzando a sentirse ansioso, así que atribuyó el aroma a su estómago vacío.

Se tomó todo el vaso de agua y levantó la mano para pedir otro vaso. El mesero con el tatuaje de flamas en el cuello se acercó a la mesa y llenó su vaso. —Amigo, es el quinto vaso. ¿Estás bien?

Minnie sentía la boca como si la tuviera llena de bolas de algodón. Él no podía calmar la sed y se había estado haciendo peor durante esas dos semanas.

Otra sed lo estaba invadiendo.

Bueno, al menos ahora podía encargarse de un problema. ―Discúlpame. —Se deslizó de la silla y caminó rápidamente al cuarto de baño.

Minnie abrió la fanny pack tan pronto cerró la puerta del cuarto de baño. Sacó la única jeringa que tenía y el frasco de insulina y extrajo treinta unidades de medicamento.

Sacó una toalla de papel del despachador, dejó la jeringa sobre el papel mientras guardaba el frasco en la fanny pack. Él no quería correr riesgos. Con su suerte podría caer del lavabo y quebrarse, dejándolo con solo un frasco.

Minnie humedeció una toalla con agua y jabón. También tenía poco alcohol y algodón, lo dejaba para limpiar la aguja para un futuro uso. Estaba corriendo riesgos si seguía usando la misma aguja y la pobre higiene, pero no tenía elección.

Pellizcó un pedazo de la grasa de su cintura y la limpió. Una vez hecho, dejó la toalla a un lado y tomó la jeringa.

—¡Qué jodidos!

Minnie giró la cabeza y gritó. El gran hombre de la mesa tomó la jeringa y la lanzó por el cuarto de baño. Se apresuró por ella, sabiendo que tendría que usar su muy preciado y pocos paquetes de torundas de algodón con alcohol en limpiar la aguja que había caído en el suelo.

—¡Usas drogas!— La ira en la voz del hombre retumbaba en el pequeño cuarto de baño. Moviéndose a la velocidad de la luz, tomó a Minnie de la cintura y lo jaló fuera del cuarto de baño.

—¡No! La necesito. Por favor, déjame ir. Tengo que conseguirla. ―Minnie se movía en los brazos del hombre luchando por liberarse. Comenzó a sentirse mareado y un poco confundido por el alto nivel de azúcar. Sentía naúseas mientras se jalaba de los grandes brazos del hombre.

—No necesitas eso, pumpkin. —El hombre acarició su mejilla sintiéndose triste mientras Minnie lloraba.

—Yo…yo la necesito. Voy a morir si no la consigo —La voz de Minnie estaba llena con las lágrimas de frustración.

Jungkook sintió un doloroso nudo en su pecho. Su pareja usaba drogas. La pareja, Drew, que era la pareja del guerrero Remi, las había usado durante un año antes de encontrar a su guerrero. Remi había ayudado a Drew a superarlo. Quizás Drew podría ayudar a su pumpkin.

—¿Qué sucede?— Cody preguntó aproximándose lentamente a la mesa con el ceño fruncido.

Jungkook sacudió la cabeza desestimando la pregunta del lobo. ―Él es mi pareja, Cody. Lo atrapé tratando de usar drogas en el cuarto de baño.

—Mierda, llévalo a casa. Drew puede ayudarlo. —Cody se apartó cuando Jungkook en un solo movimiento levantaba a Minnie a sus brazos y se ponía de pie.

—No, no, no. Soy diabético. Necesito esa jeringa —Minnie gritó, retorciéndose de nuevo—. Revisa mi fanny pack y la verás.

Jungkook se volvió a sentar y apartó las manos de Minnie abriendo la fanny pack y sacando un frasco de vidrio. El guerrero Cody se lo arrebató y leyó la etiqueta.

—Mierda —maldijo, corrió hacia el cuarto de baño y regresó un segundo después con la jeringa entre sus dedos—. Él dice la verdad. —Cody le dio la jeringa a Jungkook.

—Déjame hacer esto. —Jungkook se apartó.

—T…Tú tienes que limpiar la aguja. —Los inestables dedos de su pareja buscaron en su fanny pack y sacó un sobre con una torunda con alcohol y se lo dio a Jungkook. Jungkook lo abrió y limpió la plateada aguja.

—¿Cómo se hace esto?— Jungkook estaba aterrado de lastimar a su pumpkin. Él nunca había inyectado a nadie en su vida. ¿No se necesita anudar una de esas bandas elásticas alrededor del brazo?

Su pareja levantó un lado de su camisa, Jungkook gruñó cuando reveló la cremosa piel tan cerca de Cody. —Pellizca mi grasa y encaja la aguja entre tus dedos.

Jungkook quería lamer ese pedazo de piel expuesta. Acomodó a su pareja en su regazo, pellizcó la piel y lentamente encajó la aguja.

—Ow, ow, ow, ow. —La expresión de Minnie era de dolor. La mano de Jungkook inmediatamente se congeló. Él podía sentir el sudor formándose en su frente.

Su pequeña bola de fuego comenzó a reírse graciosamente. ―Sólo bromeaba, tan rápido como arrancas una cinta, empuja el émbolo.

Jungkook suspiró aliviado. La pequeña mierda lo había asustado de muerte. Le gustó oírlo reír. El sonido era dulce. La voz de su pareja era infantil e inocente. Jungkook sintió ese profundo instinto surgir, la necesidad de proteger a su pareja era fuerte. Empujó el émbolo y sacó la aguja dándosela a Cody.

—No la tires —su pareja le advirtió a Cody.

Cody vio la delgada pieza de plástico en su mano y luego a Minnie. —No puedes usarla de nuevo.

Minnie se encogió de hombros. —Es todo lo que tengo.

—¿Por qué?— preguntó Jungkook.

—Me echaron de mi casa. Las pertenencias de mi vida están en mi fanny pack.

Minnie podía sentir que las miradas lo perforaban. Él tragó, no estaba seguro de qué hacer. Extendió la mano, esperaba que el hombre con el cabello multicolor le entregara la jeringa.

Esos dos hombres no entendían cómo su vida estaría amenazada si él tiraba su última jeringa. Si no la recuperaba, no podría ser capaz de inyectarse su insulina. Él podría morir.

El hombre apartó su mano, rehusándose a entregársela a Minnie. Sus ojos fijos en Minnie, como si tratara de leerlo. Finalmente negó con la cabeza. —Nosotros te conseguiremos más.

Minnie vio al hombre alejarse con su última preciada jeringa en la mano.

Su última.

¿Qué si ellos no lo hacían? Minnie la necesitaba. El hombre no podía tirarla. Él quería seguir protestando pero su cuerpo empezó a anhelar algo más. Se rascó el cuello, su otra sed hormigueaba un poco más. De nuevo su garganta se sentía seca. Conocía los signos, pero ¿qué podía hacer?

—Te llevaré a casa. Ahí hay un doctor que podrá ayudarte. —El alto hombre levantó a Minnie en sus brazos acunándolo cerca. Con lo mucho que Minnie anhelaba el toque, temía lo que esa cercanía pudiera hacer con su cordura.

Minnie trató de pensar en algo que pudiera distraer su mente. ―¿Cuál es tu nombre?

El hombre se reía profundamente. —¿No te lo he dicho, verdad? Soy Jungkook.

Jungkook, A Minnie le gustaba el nombre. Minnie se acurrucó en los brazos de Jungkook, sintiendo los efectos de la insulina, que hacía su otra sed más evidente. Cuando estaba en el restaurante sintiéndose desorientado y con naúseas, la sed por la sangre se había quedado al fondo, pero ahora que se había encargado de eso, el pulso en el cuello de Jungkook lo llamaba, gritándole acerca de su sed por sangre.

Minnie nunca había bebido directamente de la fuente en su vida.

—Vamos, pumpkin, te colocaré el cinturón de seguridad. — Minnie tomó una respiración mientras Jungkook se inclinaba y tomaba el cinturón de seguridad. Su piel olía delicioso. Él tuvo que morderse el labio inferior para no darle una pequeña probada. Jungkook besó su frente antes de apartarse y cerrar la puerta. ¿Qué iba a hacer?

El delicioso aroma inundaba su cabeza, haciendo que sus dientes dolieran por darle una pequeña mordida. Solo una. Quizás él podía accidentalmente caer en el asiento y sus dientes podrían accidentalmente golpear una vena. Solo accidentalmente, claro está.

Jungkook subió a la camioneta, su aroma simplemente llamaba a Minnie. El olor llegaba con tal fuerza que se mordió un gemido.

Minnie retorcía las manos en su regazo y miró por la ventana lateral, el pequeño pueblo se alejaba y se veía el escenario del campo. Era de una impactante belleza. Su aquelarre se localizaba en una aglomerada ciudad en donde más comida estaba fácilmente disponible para que los vampiros se llenaran de sangre.

Ellos nunca salían de ahí, porque podrían morir de hambre. Aquí había muy poca gente. Los vampiros serían fácilmente detectables si se alimentaban en un pequeño pueblo.

Entraron a un área boscosa, había una gran casa a la distancia. Los ojos de Minnie casi se saltaron al ver lo enorme de la casa. La casa de su aquelarre no era tan grande y había muchos de ellos viviendo en el lugar.

—Está bien, pumpkin, aquí estamos —Jungkook declaró mientras apagaba el motor y salía de la camioneta.

Minnie desabrochó el cinturón de seguridad mientras Jungkook rodeaba la camioneta por el frente. Salió con la mirada fija en la casa. Ahora estaba oscuro, la casa estaba entre sombras, pero Minnie podía ver en la oscuridad, podía ver todas las cámaras de vigilancia. La que estaba sobre la puerta se movía siguiéndolos mientras ellos subían los escalones del frente.

Minnie se apartó y la cámara lo siguió. Se movió a un lado y la cámara de nuevo lo siguió como un pequeño y blanco robot.

Jungkook se carcajeó. —Ese debe ser Nero, nuestro residente geek por la electrónica. Le agrada tener algo de diversión con las cámaras.

Minnie sólo asintió y siguió a Jungkook a un gran vestíbulo, sus ojos recorrían el lugar. El interior era magnifico.

Cuándo alguien caminó hacia ellos, Minnie se deslizó detrás de Jungkook. Podría ser medio vampiro, pero la otra mitad definitivamente era un cobarde. Crecer en un aquelarre, lleno de gente que prefería lastimarlo a hablar con él, lo hizo asustadizo.

—¿Él es?

Jungkook lo jaló, Minnie bajó la mirada y vio hacia sus pies. Él quería salir de aquí, no le gustaba estar rodeado de extraños. —Él es Minnie.

El hombre se movió frente a él —Hola, soy el doctor Nicholas Sheehan. —El hombre estrechó la mano de Minnie—. Dime Nicholas.

Minnie se atrevió a mirar al hombre, ver qué tipo era realmente. Se relajó un poco ante la presencia del hombre. Le gustaba comenzar a relajarse con Jungkook.

Jungkook guió a Minnie hacia las escaleras y a un pasillo y abrió la puerta de una recámara. Minnie se detuvo, no estaba seguro de entrar. Había sido un tonto por seguirlo ciegamente. Eso le enseñaría una invaluable lección. Levantó la vista hacia Jungkook y el alto hombre le sonrió amablemente.

—Nadie va a lastimarte, pumpkin. El doc sólo necesita examinarte. —Minnie asintió, aterrado de que el humano descubriera quién era, o mejor dicho, lo que era.

Entró unos centímetros en el cuarto, miró alrededor para asegurarse de que nadie los esperaba. Cuando vio que estaban solos, entró.

Sus manos se aferraban a los brazos de Jungkook cuando el hombre lo levantó y lo sentó en la cama. Estaba renuente en dejar salir al alto hombre. Tan tonto como se oyera, él era el único en que Minnie confiaba. Ellos se acababan de conocer, pero Minnie ya se sentía cercano al hombre.

—¿Has sido diabético toda tu vida?— Nicholas le preguntó.

Minnie asintió hacia el doctor. Podía sentir sus manos temblar mientras el doctor escuchaba su corazón, revisaba su pulso y revisaba también sus ojos y oídos. El doctor sacó un abate-lenguas y lo metió en su boca y le dijo que dijera ‘ah’.

Oyó el gemido. La falta de respiración que le decía que el doctor lo había descubierto.

Levantó la vista rogando con la mirada a Nicholas.

—Necesito hacer una revisión más completa. ¿Podrías salir, Jungkook?— Minnie se sintió aliviado ante las palabras del doctor. Él esperaba no equivocarse y que Nicholas solo estaba siendo amable.

Jungkook miró a Minnie y entonces al doctor, el escepticismo estaba dibujado en su cara cuando él preguntó:—¿Por qué?

Nicholas se limpió la garganta y se acercó a Minnie. — Necesito revisarlo más en privado.

Minnie vio cómo Jungkook gruñía y murmuraba pero los dejó solos y cerró la puerta detrás de él.

Nicholas se quedó viendo la puerta por un momento, entonces se giró hacia Minnie y se sentó en la cama. —¿Él lo sabe? Minnie negó con la cabeza.

—Eso no es bueno. —Vio al doctor apartarse y sacar su teléfono celular del clip de su cinturón. Presionó algunos números y se lo llevó a la oreja, viendo a Minnie todo el tiempo con una amable sonrisa en su cara. Se giró y le dio la espalda a Minnie mientras hablaba por teléfono. —Maverick, te necesito aquí arriba.

Más extraños. A Minnie no le gustaba ni un poco. Él quería a Jungkook pero temía preguntar por él. —¿Quién es Maverick?

El doctor se giró hacia él, una suave sonrisa en su cara. —Él es el Alfa.

Minnie gimió horrorizado ante esa declaración. —¡Estoy en una casa de lobos shifters!

Jungkook se paseaba de un lado a otro por el pasillo fuera de su habitación. Él pudo haber llevado a su pareja al cuarto de exploración, pero su pequeña bola de fuego ya estaba demasiado nervioso. Su pareja necesitaba estar cómodo. El cuarto de exploración en su opinión era demasiado estéril. Minnie necesitaba sentirse relajado.

¿Qué podría estar tomando tanto tiempo? Su ansiedad se elevó cuando vio a Maverick subir las escaleras, abrir la puerta de la recámara y cerrarla en la cara de Jungkook. Oyó que le puso llave. ¿Qué jodidos sucedía?

Siguió paseándose. ¿Le habría puesto mal la dosis? La jeringa ya estaba llena, Minnie la había llenado, así que debería de haber sido lo correcto. El hombre había sido diabético toda su vida. Seguramente él sabía qué hacer.

Jungkook pasó sus manos por su suave cabeza. Quizás ellos habían esperado demasiado tiempo y el medicamento no ayudó. No tenía idea de lo que le sucedía a los diabéticos, no sabía nada de eso. Podía entrar en línea e investigar, descubrir todo lo que pudiera hacer para ayudar a su pareja.

La imagen de ese cabello rojo naranja en punta en la cabeza de su pumpkin hizo que Jungkook sonriera. Su pareja era hermoso. Sus ojos eran tan grandes que dominaban toda su cara, el tamaño hacía que el verde fuera más evidente. Aun quería retozar en su camioneta. La atracción era fuerte. Jungkook estaba volviéndose loco esperando en el pasillo.

Dejó de pasear cuando la puerta se abrió, esperaba ver a Nicholas y poder entrar. Pero en su lugar Maverick salió. —Sígueme. ―El Alfa no dijo una palabra más mientras veía fijamente a Jungkook, esperando que él siguiera las órdenes.

¿Qué estaba sucediendo? Jungkook alcanzó la puerta de la recámara, determinado a descubrir lo que sucedía. Era su pareja quien estaba ahí, y probablemente necesitaba que Jungkook lo confortara. Una gran mano sobre la suya detuvo cualquier intento de abrir la puerta. —No hasta que hablemos, Jungkook.

Contra su mejor juicio, Jungkook lo siguió. Vio la puerta cerrada y se preguntó si había tomado la decisión correcta. Maverick lo guió hacia su oficina y le señaló con un movimiento de su mano que tomara asiento.

Jungkook estaba demasiado nervioso, no quería sentarse.

Quería correr hacia las escaleras, subirlas y revisar a su pareja. — Prefiero quedarme de pie. Ahora dime lo que sucede con mi pareja ―Jungkook bufó. Tenía suficiente de esa mierda de secretos.

Maverick apoyó los codos en el escritorio y se pellizcó el puente de su nariz. —¿Lo acabas de conocer?

—Si, en el restaurante cuando fui a cenar. ¿Qué tiene que ver eso con su diabetes?— Empezaba a asustarse. ¿Lo que su Alfa estaba tratando de decirle es que la diabetes de su pumpkin era algo que amenazaba su vida? Podía sentir su cuerpo comenzar a sudar, sus manos temblaban y se frotó su cabeza.

—Nada y todo. —Maverick exhaló, se recargó en su silla y lo miró directamente a los ojos—. Él es un vampiro.

El mundo de Jungkook se inclinó. Su boca se quedó abierta y se tambaleó hacia atrás, sus piernas golpearon el sofá, haciendo que cayera sobre él. —No —murmuró. No su pumpkin. ¿Cómo podía el hermoso hombre que estaba arriba y que había atrapado su corazón en cada sentido de la palabra en tan corto tiempo ser un chupa sangre?

La rabia lo recorría ante la crueldad del destino. Su pareja era ¡un jodido chupasangre! La palabra se repetía en su cabeza, mientras una caliente furia lo consumía. Se puso de pie como si una explosión lo hubiera expulsado del sofá. Su cabeza cayó hacia atrás y un aullido desgarró su pecho.

Se giró, sus caninos mordieron su labio inferior mientras su visión se nublaba ante la pura ira de la situación. —Haz lo que quieras con él ―gruñó.

Jungkook salió de la oficina, pateando todo a su paso mientras se dirigía a la cocina y a la puerta trasera. Cambió, su ira se elevaba cuando se dio cuenta que él se había enamorado de la bola de fuego en un corto tiempo.

Un chupa sangre. «Maldición».

Sus pies se comían el terreno mientras atravesaba el bosque, el dolor era fuerte en su corazón ante la ironía de la situación.

Minnie veía hacia fuera por la ventana, mientras veía a un gran lobo aullar y correr hacia el bosque. ¿Era ese Jungkook? Probablemente el hombre lo odiaba porque no lo dijo tan pronto se conocieron.

Los Shifters y los vampiros no se relacionaban. Al menos no de donde él venía.

Se sentía como si una parte suya se hubiera ido con el lobo, dejándole una fría y solitaria sensación. Minnie no podía entender las confusas emociones en su interior, sentía que le habían empezado a afectar desde el momento en que puso los ojos en el grande y calvo hombre en el restaurante. Frotó su abdomen, deseando que Jungkook lo sostuviera de nuevo. Anhelando esos fuertes brazos que envolvieron su cuerpo, que esos brazos lo acunaran de nuevo.

Nicholas se colocó frente a él, sus ojos viendo bondadosamente a Minnie. —¿Puedo hacerte una pregunta personal?

Minnie parpadeó para detener las lágrimas y asintió, viendo de nuevo hacia afuera por la ventana, por donde se había ido el lobo.

—¿Cómo puedes ser diabético y vampiro?

Minnie negó con la cabeza, realmente no quería hablar de eso ahora, eso estaba fuera de su personalidad. No actuaba como él mismo desde que conoció a Jungkook. —Soy medio vampiro, medio humano. Aunque la sangre que corre por mi cuerpo es mía, necesito alimentarme dos veces al mes. Debido a los rasgos de vampiro en mí, la necesidad está ahí. La sed.

—¿Necesitas alimentarte? No creo que a mi pareja le guste esto, pero si necesitas… —El doctor mostró su muñeca y Minnie se apartó.

—¡No! Nunca he bebido de una persona. Toda mi vida he tenido un donador, el doctor me entregaba la sangre humana en una bolsa, calentaba eso. Yo…Yo no puedo morderte. Sólo…no puedo. ―Minnie comenzó a agitarse. Necesitaba salir de aquí. La casa entera estaba llena de shifters. No estaba seguro de lo que ellos podrían hacerle, y no podía quedarse para descubrirlo.

—Ese doctor debió de regular tu medicamento con la sangre de ese donador en mente. Necesito saber lo que tomabas, la cantidad y el tipo de sangre que bebías.

Minnie sacudió la cabeza sintiendo que la desesperanza lo invadía. —No sé el tipo. ¿Puedo irme o soy un prisionero?

Nicholas pasó su mano a través de su cabello, exhalando fuerte. ―No eres un prisionero, pero no creo que debas irte. Puedo darte las cosas que necesitas menos la sangre dado que no sé qué tipo necesitas. ¿Puedes esperar una hora para que te consiga las cosas?

Minnie lo veía con cautela, preguntándose si sería algún tipo de truco. Decidió confiar en el hombre de los ojos bondadosos. — Puedo conseguir después la sangre. ¿Me prometes que estaré bien?

Nicholas no se veía complacido pero asintió. —Maverick no es el tipo de Alfa que te detendría como su prisionero. Nunca te tendría aquí contra tu voluntad. —El doctor tomó las manos de Minnie entre las suyas, mientras su mirada se suavizaba incluso más viendo a Minnie—. ¿Qué acerca de Jungkook? ¿Solo te vas a ir, dejándolo?

Minnie vio hacia afuera por la ventana, la tristeza lo engullía y amenazaba con tragárselo por completo. —Él me dejó a mí.

Minnie se movió cuando el doctor se deslizó a su lado. —Su mejor amigo fue asesinado por un vampiro. Dale tiempo para que se acostumbre a la idea.

Su estómago se giró y su cabeza comenzó a latir. Realmente podría estar pegado alrededor de él, sabiendo que Jungkook nunca podría verlo a los ojos de nuevo. —Entonces él me odia — murmuró.

—No a ti per se, pero está resentido. —Nicholas palmeó la rodilla de Minnie y se puso de pie—. Regresaré en una hora.

Minnie se acurrucó en la cama sintiendo que su mundo había implosionado. Jungkook había dicho que era su pareja. Minnie sabía acerca de las parejas. Los vampiros también las tenían. ¿Ese fue el aroma que olió en el restaurante? ¿Por eso sentía la necesidad de estar en los brazos del alto hombre? Las lágrimas caían silenciosamente ante la pérdida que sentía. Esto no era justo. Él no podía evitar ser lo que era.

Debió de haberse quedado dormido porque el sonido de la puerta lo despertó. Nicholas entró y cerró silenciosamente. —Tengo lo que necesitas.

Minnie se rodó y aceptó la bolsa negra. Sus manos temblaban cuando abrió el cierre y vio el equipo. En el interior había una tonelada de paquetes de torundas de algodón con alcohol, cinco jeringas, tres botellas de insulina, e incluso un medidor de glucosa. Él fue echado antes de poder tomar el suyo. Levantó la vista hacia el doctor. —Gracias. —Cerró la bolsa y la sostuvo contra su pecho como si fuera el mayor tesoro de su vida, y lo era.

Nicholas le sonrió y colocó su mano en el hombro de Minnie. —Si necesitas más, ve al Centro Médico en el otro lado de la ciudad. Pregunta por mí, me aseguraré de darte lo que necesites. Aunque tendré que examinarte. Me gustaría hablar con el doctor que te atendía, tener tu expediente.

Minnie sabía que eso era imposible. Ni siquiera él sabía cómo contactar al hombre. Cuando él lo necesitaba, alguien más lo llamaba.

Además los shifters y los vampiros no se relacionan. A pesar de que Nicholas era humano, él vivía con shifters. —Gracias —fue todo lo que Minnie pudo decir antes de salir de la habitación para luego salir por la puerta del frente.

Jungkook estaba sentado desnudo en el tronco de un árbol, viendo hacia la casa, a la ventana del cuarto en donde había dejado a su pareja. Retorcía una ramita en su mano mientras pensaba en su mejor amigo. Había odiado tanto tiempo a los vampiros por lo que le habían hecho que no estaba seguro de saber cómo dejarlo ir.

Minnie no se veía como ellos.

Jungkook sonrió. No con esas puntas naranjas que crecían salvajes por todos lados de su cabeza y esos hermosos e impactantes ojos verdes.

¿Realmente iba a renunciar a su pareja debido al odio en su interior? El pensar en esos ojos verdes que lo veían sobre el respaldo de la banca en el restaurante, abriéndose más por la sorpresa cuando se dio cuenta que él lo veía. Solo eso rápidamente encontró el camino al corazón de Jungkook.

La noticia lo había tomado por sorpresa, noqueándolo. ¿Su pumpkin era un vampiro? Jungkook suspiró confundido como el infierno.

—Deslízate a un lado.

Levantó la vista y vio al desnudo guerrero, Tank, de pie ahí. Estar desnudo alrededor de otro no molestaba a los guerreros. Ellos habían crecido de esa forma, estaban acostumbrados a eso, pero maldición, ese pedazo de carne que colgaba entre las piernas de

Tank...

—Pervertido, muévete.

Jungkook se deslizó a un lado, preguntándose cómo infiernos la pareja de Tank manejaba eso.

—No elijes quién es tu pareja, Jungkook. Minnie te fue dado por una razón.

Jungkook giró la ramita, viéndola mientras pensaba en el pequeño bola de fuego. ¿Podría dejar pasar el hecho de que su pareja bebía sangre? Miró alrededor y se lamió los labios, veía cómo la cálida brisa hacía danzar las hojas en los árboles. Se había sentido tan bien el tener a su pareja en sus brazos. No podía negar eso. Se quedó sin aliento y soltó una pequeña risa al pensar en la expresión de su pareja cuando le quitó la jeringa de la mano. «Pellizca la grasa». Jungkook sonrió. Su pareja estaba lejos de estar gordo, robusto, pero no gordo.

—¿Cómo dejas ir algo que has mantenido tanto tiempo?— Jungkook bajó la vista hacia la ramita, extrañando ya a su pumpkin.

No sentía odio hacia el pequeño bola de fuego, solo confusión. —Sostén a tu pareja en tus brazos y hazte esa pregunta. — Tank apretó su hombro y se puso de pie—. Ve por él, Jungkook. Si no lo haces te arrepentirás.

Jungkook se preguntaba si Tank tendría razón. Se inclinó y dejó la ramita en el suelo antes de ponerse de pie. Hablaría con Minnie, vería cómo se sentía con él antes de tomar una decisión.

Sonrió cuando vio unos jeans y una camisa doblados en la tierra junto a la puerta de la cocina. Alguien no quería ver su feo trasero subiendo las escaleras desnudo.

Jungkook se puso la ropa, pasó su mano por su calva cabeza y abrió la puerta de la cocina. El alba llegaría pronto. Tendría que cubrir las ventanas para proteger a su pareja. No importaba la decisión que tomara, nunca enviaría al chico afuera con el sol.

Por lo poco que sabía acerca de los vampiros, Minnie no explotaría en llamas a causa del sol, pero tendría quemaduras fuertes a causa de la exposición prolongada. No permitiría que eso sucediera.

—Hey. Te preparé un plato y otro para tu pareja. —George señaló la bandeja con la espátula. Había pan, queso y algo de carne horneada. Se veía delicioso. Su estómago comenzó a gruñir al ver la bandeja.

—En caso de que nadie en esta casa te haya informado, y dudo eso, mi pareja es un chupas…un vampiro. —Tenía que recordar ya no usar esa despectiva frase. Porque sin importar lo que sucediera, Jungkook sabía que no podría dejar ir a Minnie.

—Bueno, al parecer el que no está informado eres tú. Él es un media raza. Come comida humana y todo, ¿puedes imaginarlo?— George dijo cínicamente con clara desaprobación en su mirada. Jungkook podría decir que George estaba siendo cínico.

«Espera, ¿acaba de decir que es un media raza? ¿Qué significa eso?»

Bueno, él sabía lo que eso significaba, pero si era medio humano, ¿bebería sangre? Un par de parejas eran medio lobos. Ellos no cambiaban pero aun así tenían la capacidad de extender sus caninos. Pequeños caninos, pero aun así lo hacían.

Jungkook tomó la bandeja, ahora ansioso por ver a su pumpkin. Se apresuró a subir los escalones balanceando la bandeja con una mano mientras abría la puerta de la recámara con la otra. Una renovada emoción lo recorría.

Minnie no estaba en la recámara. Quizás estaba en el cuarto de baño. Dejó la bandeja y tocó la puerta. Cuándo nadie respondió, la abrió.

El cuarto estaba vacío al igual que la recámara. ¿Dónde jodidos estaba su pareja?