💔 𝑳𝒂 𝒂𝒍𝒆𝒈𝒓𝒊́𝒂 𝒚 𝒆𝒍 𝒄𝒂𝒐𝒔, 𝒍𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒎𝒐𝒏𝒊𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒉𝒆𝒄𝒉𝒐𝒔
Jungkook se encontraba en la bañera de su habitación con las venas cortadas, por más increíble que pareciera se sentía tranquilo, no había dolor; solo felicidad puesto que pronto alcanzaría su tan esperado final. No sabía cuánto tiempo habría pasado, tal vez algunos segundos, minutos u horas pero eso estaba bien, sin embargo había una opresión en su pecho por dejar a su madre y a Jimin, aunque probablemente a este último no le afectaría tanto; confiaba en que su madre algún día lo superaría con el amor y apoyo de su hermano.
Algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas al recordar los pocos momentos felices de su vida, pues la mayoría de ellos estuvieron pintados de dolor. No sabía si era el efecto de ser consciente de su muerte, pero estaba rememorando todo lo que había pasado para tomar la decisión de quitarse la vida.
¿Por dónde empezar? Tal vez por el inicio.
Desde pequeño había pasado algunos episodios traumáticos, o tal vez eran imaginaciones suyas, pero recuerda los toques incómodos de su primo en su cuerpo; tal vez fue una caricia, pero eso dejo huellas que impedían que confiara y eso impedía acercarse a las personas.
Luego siempre pasaba por las recriminaciones de su familia materna por dar favores que no pedía y que tarde o temprano cobraban. Su padre se cansó de ello y engañó a su madre, ese suceso sumió a su madre en una profunda depresión y su familia nuclear empezó a desintegrarse poco a poco. Su padre se fue, su madre solo se centró en el dolor, su hermano se alejó de él y por último el empezó a cerrarse en sí mismo entrando en una cruel depresión.
Poco tiempo después conoció a su mejor amigo Hoseok, con su ayuda sus días grises se convirtieron en días de muchos colores, aprendió a esconder sus monstruos en lo más fondo de su corazón, quería ser solo un chico normal de 15 años, sin preocupaciones. Hoseok era como un sol, era bueno, le entendía, le apoyaba en los estudios, se preocupaba por su alimentación. Él le había enseñado que las personas podían ser buenas y aprendió a confiar y este tal vez fue su peor error.
La amistad crecía, lamentablemente su madre decidió que era un buen momento para mudarse. En su nueva escuela la mayoría de las personas eran tan superficiales, que no le quedó de otra que solo adaptarse y acostumbrarse, lo bueno era que aún mantenía contactó con su amigo.
Poco tiempo después termino el colegio, lamentablemente el dinero no alcanzaba para pagar sus estudios de arquitectura, su gran sueño. Fue una lástima tener que dejar todo atrás y ponerse a trabajar en una cafetería para intentar ahorrar.
Conoció a Jongin en su trabajo, era mayor que el por unos años. Era tan liberal, vivía el día a día sin preocuparse del mañana, le gustó su forma de ser y siguió la enseñanza de Hoseok, confío en Kai, se apegó tanto a el que se convirtió en su sombra, poco a poco el chico le incluía en sus planes y de la noche a la mañana Jungkook dejo de ser el chico temeroso de confiar y empezó a ir a las fiestas que Jongin le invitaba, empezó a beber, drogas, bailes, la vida loca que le hacía feliz momentáneamente.
Recuerda que un 14 de febrero conoció a Jimin, en una fiesta de San Valentín organizada por uno de los amigos de Jongin.
Su amigo le presento a Jimin, en ese instante comprobó que el amor a primera vista existía, pues no había otra manera de describir lo que sintió cuando lo vio por primera vez; su Jimin de mejillas gorditas y según él le hacía ver gordo, pero para Jungkook era precioso. Él podría ser seguir trazando todas las inseguridades de Jimin pero a su ver eran obras de arte que le hacían diferente al resto, el agradecía poder haber sido afortunado de apreciarlo alrededor de estos años de relación.
Se recuerda a sí mismo un poco tímido al inicio, pero después se dio valor a si mismo tomando un poco de alcohol.
Se separó de su grupo para ir a bailar junto a aquel hermoso chico.
Primero fueron solo unos simples balanceos, pero poco a poco empezaron a conversar.
— ¿Cuantos años tienes? — pregunto Jungkook interesado por el chico de cabellos rubios.
— tengo 23— Jimin balanceo sus caderas cerca del contrario— y tu ¿cuántos años tienes?
— tengo 18 años— respondió siguiendo el ritmo de la música encantado por los movimientos del otro chico.
— Apenas eres un niño— comento riendo el rubio.
Y eso nunca cambio, Jimin siempre lo vio como a un niño.
Recuerda que esa noche se besaron, pero no llegaron a más.
Jungkook pensó que nunca más se volverían a ver, pero empezaron a verse frecuentemente en todas las fiestas.
Ya nada le importaba a Jungkook, era feliz con aquella vida, todo se había desplazado a segundo lugar; sus sueños y superarse.
Mas aun cuando Jimin se volvió parte frecuente de su vida debido a que su atención solo era para él, estaba muy enamorado. No sabe cómo, pero una noche de tantos coqueteos de su parte y de Jimin haciéndose el desentendido con la excusa de que él era muy menor para él llegaron a acostarse, disfrutando de la lujuria.
Días después Jimin había aceptado sus sentimientos hacia él, todo parecía ir de viento en popa, su relación estaba bien, no había problemas, salían juntos e incluso les molestaban diciendo que eran igual o más dulces que el azúcar.
Su momento favorito fue cuando tiempo después de comenzar la relación; el frío empezó a presentarse y decidieron tener una cita en la primera nevada del año por la tradición de estar con tu pareja en ese día.
Jungkook miró con gran admiración y amor a aquel chico de ojos avellana y cabello rosa acercarse con pasos apresurados pero lentos debido a la nieve, con una sonrisa radiante que incluso iluminaba más que el ligero sol de ese día.
— hola mi bonito Jungkookie— saludo el recién llegando, dando un pico a los labios del de cabellos negros.
— hola, amor— sonrió este con una sonrisa para luego juntar sus labios nuevamente tomándose su tiempo.
— hey! ¡Para! No es momento— río el mayor haciéndose ver más tierno de lo que estaba, enfundado en mucho abrigo.
— es imposible no aprecia tu belleza— se sinceró el menor.
— Basta! Me avergüenzas— río suavemente el pelirosa con las mejillas de un rojo tómate.
Eso era lo que más amaba Jungkook, había momentos en los que Jimin se comportaba de manera natural, sacando a relucir su verdadera personalidad, dejando de lado su máscara de chico coqueto.
Ese día fueron a patinar, y luego pasaron por una cafetería para tomar algo caliente por las altas temperaturas, terminaron la cita jugando con un poco de nieve.
Pocos meses después parecía que todo aquello había acabado, su madre empezó a estar sin humor, pagándolo con todos. Jimin también pareció aburrido de la relación, hasta que un día le dijo que terminaban. No tenía en quien confiar, tenía vergüenza de contactar con sus amigos del colegio y más con Hoseok, a su vista Hoseok tenía una vida perfecta pero claro el no sabría que su amigo también pasaba por problemas.
Sus inseguridades, miedos y la depresión volvieron con más fuerza que antes, se sentía nervioso y asustado, no quería pasar por lo mismo y aguantó.
Volvió a hablar con su amigo contándole parte de su vida con muchas de mentiras de por medio.
Pero Jimin volvió y todo volvió a importarle poco, esa era su vida, lo amaba demasiado, nunca podría decirle que no a su amado. No imaginó que todo se tornaría tan tóxico, pues en cada fiesta que asistían Jimin terminaba besándose con cualquiera que se le cruzara en el camino.
Un día decidió reclamarle.
— Jimin que son estas horas de llegar! — gritó molesto desde el sofá del departamento del mencionado al verle llegar a las 4 de la madrugada, había estado esperando cuando el rubio le había dicho que le esperará en su departamento. — Jongin me ha dicho que te has estado besando con unos chicos! —
— porfavor no empieces Jungkook que me duele la cabeza— bufo molesto tirando sus llaves y quitándose el calzado— además fueron unos simples besos, no seas tan infantil Jungkook— rodó los ojos.
— No soy infantil— contradijo enojado, se paró de su sitio.
— Claro que lo eres, ahora mismo estás comportándote como un niñito berrinchudo— respondió pasando por su costado en dirección a su habitación— y si tanto molesta podemos terminar ahora— hablo por última vez.
Jungkook ya no supo que más decir, no podía dejarle ir, él era su Jimin, él podía aguantar que su chico se besara con alguien más, después de todo solo eran unos besos.
Que equivocado estaba, esos besos no quedaron solo en eso, el menor tuvo que aceptar que Jimin ya no era solo para él, su amado solo lo llamaba cuando necesitaba de alguien para satisfacer su lujuria, ya no eran palabras dulces dirigidas a él.
Sabía que todo eso le hacía daño, todo era tan tóxico, sin embargo, no lo iba a aceptar, no quería separarse de Jimin, no lo iba a permitir, aprovecharía las migajas que el otro le daría. Después de todo Jungkook solo era un chico que necesitaba el amor de alguien, además de tener más de un solo trastorno, podríamos decir que padecía de Daddy Issues y por eso se negaba dejar el “amor” que le daba el otro.
Hoseok como el buen amigo que siempre fue, intento sacarle la información de lo que estaba pasando para poder ayudarle, pero Jungkook no quiso hablar, y el cómo buen amigo solo le dijo que le apoyaría y que si lo necesitaba siempre estaría dispuesto a ayudarlo e intento convencerle de volver a los estudios.
Si Jungkook solo le hubiera hecho caso tal vez ahora no estaría recordando los últimos sucesos de su vida, desangrándose y respirando por última vez.
Volviendo a su día a día, el siguió al lado de Jimin a pesar de las traiciones y decepciones que recibía de parte de este.
A veces a altas horas de la madrugada iba a casa de Hoseok llorando porque volvía a enterarse de otro engaño de parte del chico que amaba. Un día no lo aguantó más y se sinceró, Hoseok le dijo lo que él sabía, pero no quería aceptar.
— Jungkook no te hace bien seguir con esa relación, debes terminar con él, se nota que no te ama y no te respeta como persona, todo es muy tóxico te hace daño, por favor déjalo— había suplicado entre lágrimas a su mejor amigo.
— Lose, pero cállate, el me ama, solo es algo temporal, estoy seguro de que va a cambiar—
— No lo va a hacer, tienes que entender eso, por Dios, tienes una vida por delante, eres joven ¿Recuerdas tus sueños de ser arquitecto?
— claro que lo hago— suspiró
— puedes dejar a ese tal Jimin y puedes empezar a estudiar, tú lo puedes lograr, eres muy inteligente.
— No voy a dejar a Jimin, hyung.
— despierta Jungkook, tienes que hacerlo, te estás dañando, ya tienes muchas heridas del pasado, por favor busca ayuda profesional.
— Ya cállate Hoseok! ¡No quiero hablar contigo sobre eso! Seguro estás celoso por qué no vives la vida como yo-
Hoseok se quedó callado un momento mirándolo con decepción.
— sabes no te tengo celos y si tengo a alguien, no te lo conte porque no quería molestarte con mis cosas— suspiro con decepción en su voz— y por último, Te adoro Jungkook, realmente lo hago porque eres importante para mí, eres el hermano que nunca tuve, tú sabes que siempre estaré para ti, pero ya me cansé de esto, me cansé de verte sufrir por un idiota que parece no pensar en ti, me cansé de preocuparme por si estás bien o no, yo solo quiero el bien para ti, pero tú pareces no querer cooperar, necesito seguir mi vida y no solo pensar en ti, tengo que pensar en mí y me alejaré de ti, sabes que si me necesitas siempre puedes buscarme, siempre y cuando quieras superar todo esto.
Ese día alguien más lo había abandonado, y lo entendía, si el fuera su amigo no hubiera soportado tanto.
Días después pregunto a Jimin si le amaba y este le respondió.
— claro que sí Jungkook, no empieces con tu conducta de niño necesitado de amor, que me aburre—
Al parecer nadie le necesitaba y aquello aporto a su decisión de despedirse de esta vida. Esperaba que, en otra vida, en el cielo o donde sea que vaya deseo ser más feliz que aquí.
“Adiós mamá, adiós Hoseok, adiós hermano, adiós mi amado Jimin” pensó y cerró los ojos sintiéndose muy cansado.

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