Unos cuentos sueltos

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Summary

Colección de cuentos cortos escritos para el Mundial de Escritura celebrado en agosto de 2021.

Status
Complete
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
13+

Enredadera

“Siéntanse como en casa”, pidió a sus hijos, luego de cruzar la puerta principal, o lo que quedaba de la misma. Cuando el niño se adelantó para subir las escaleras, la polvareda hizo que su hermana se cubriera la nariz. El padre rió.

“Yo tenía esa misma energía, esa curiosidad, cuando vine aquí por primera vez”.

Ella, mientras tanto, observaba en la pared el retrato de un señor muy serio, con un sombrero gracioso y una mirada perdida en el abismo.

“Tenía su misma edad. Nuestros viejos siempre nos decían que esta casa estaba embrujada y que no nos acerquemos. Chacho nos contó que había escuchado a un tío decir que era de una familia muy antigua. Que pasó algo muy feo y que desde entonces nadie se animaba a vivir acá. Entonces Lola nos desafió a que encontráramos algún recoveco por el que entrar y nos quedemos a pasar la noche. Yo acepté porque ella me gustaba y quería impresionarla”.

El padre caminó unos pasos hacia la pared de enfrente. Acarició las hojas de una enredadera que crecía entre los ladrillos, trepando hacia el resquicio de luz de una grieta en la techumbre. Ella se acercó más a la pintura, en la que podría haber jurado, los ojos del señor ahora miraban a otro sitio.

“Le dijimos a nuestros viejos que nos quedábamos a dormir en lo de Beto, que no estaba muy de acuerdo con la idea, pero era nuevo en el barrio y quería caernos bien. Esa noche llenamos las mochilas y nos encontramos en la puerta de atrás. Chacho la llenó de golosinas. Yo traje una linterna, Lola unos cuentos de terror y Beto un mazo de cartas”.

A través de un hoyo en el piso de madera, el niño observaba a su padre desde el piso superior. Comenzó de pronto a escuchar un sonido lejano, que se repetía dos veces por segundo. Parecía el pisar de unos zapatos. Un objeto bajo la mesa de costura llamó la atención de la niña. Se acercó para encontrar un naipe con la figura del rey de espadas. En la parte inferior derecha, una mancha escarlata oscurecía su número.

“Lejos quedaron las risas, las miradas cómplices, las manos llenas de azúcar pegoteado, cuando él llegó”, el hombre continuó. “Tuve que verlos a todos gritar. Cuando fue mi turno, busqué en el cielo sus ojos, y le rogué que me devolviera a mis amigos. Que me dejara ir. Para mi sorpresa, se mostró interesado. Me hizo una propuesta y la acepté. ¡Yo era tan sólo un mocoso!”.

El grito de su padre la perturbó. Miró de nuevo hacía el retrato, pero ya no había nadie en él, solo una sustancia pegajosa precipitando por sus bordes. Escuchó el alarido de su hermano antes de que una mano le cubriera la boca.

Lola palmeó con firmeza la espalda de su amigo.

- No tenemos que entrar ahí si no te animás, ¿sabés?

Él se encontró de nuevo frente a la puerta de atrás de aquella casa. Observó sus manos pequeñas. Los recuerdos en su cabeza comenzaban a desvanecerse.

- Mejor vamos de verdad a lo de Beto, me dijo que tiene la Play. Venimos otro día.

Beto asintió con la cabeza y comenzaron todos la caminata, mientras Chacho tomaba un caramelo de su mochila.