27 KOOKMIN

Summary

Demonios guerreros

Status
Complete
Chapters
5
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1

—Santa mierda Jupiter, el hombre luce bien.

Jimin descansó el mentón en sus manos mientras miraba a Jhonny Deep que giraba a través de la pantalla del televisor. Mantuvo una mirada soñadora hacia los suculentos y dulces labios. Dame cinco minutos y… Jimin se estremeció. Todo tipo de posibilidades pasaban por su mente de lo que podían lograr hacer en ese tiempo.

Apretó su polla contra el cojín del sofá, deseando que otra persona le diera cinco minutos. Jimin se extendió, boca abajo, mientras observaba la juguetona acción en la pantalla, preguntándose por qué Jungkook, el feroz Demonio Guerrero, no le daba ni la hora. Jimin suspiró profundamente, imaginándose que Jungkook estaba en la pantalla. Hombre, su pene ya estaba duro al pensar a Jungkook con un traje de pirata. Ah, sí, podría saquear el botín de Jimin en cualquier momento que quisiera. Jimin sonrió al pensar en las diferentes formas que Jungkook podría saquearlo.

—Deja de molestar mi cama, —dijo Snooke, dejando las palomitas de maíz en la mesita de cristal.

—No tendría que hacerlo, pues estaría en el sofá si cierta persona no se molestara.

Jimin miró sobre su hombro a Jungkook, quien estaba sentado en la silla frente a él. Cuando el guerrero no le hizo caso, rodó los ojos y miró la pantalla.

Levantó la pierna derecha, rascándose la pantorrilla izquierda con el pie mientras se imaginaba a Jungkook levantándose de la silla en la que estaba sentado y cubriendo su cuerpo con todos esos fuertes y vibrantes músculos. Y Jungkook tenía muchos de estos.

Miró por encima a Jungkook y luego a la televisión. No hubo suerte. El guerrero no movió ni un músculo. Deprimido apretó un poco más duro el suave cojín, deseando que alguien seguramente le ayudara aliviar su problema de duro—como—una—roca entre sus piernas.

¿Cómo se había metido en este lío de todos modos? Era un ser humano. Ellos eran hombres—demonios. Eran de dos mundos aparte, literalmente. Todo lo que había hecho era tratar de ayudar a un amigo. Cuando Snooke vino a él, llorando por estropear la única oportunidad que tuvo con un guapísimo hombre, es decir, el guerrero Kane, Jimin se sintió obligado a ayudarle a conquistar a su hombre. Pasó de vivir una mundana vida a vivir en un extraño reino.

Todo por querer ayudar a un amigo.

Sin embargo, no todo era tan malo. Todos los guerreros que vivían en este edificio eran hombres jodidamente calientes que podrías encontrarte en una paraíso balneario, pero Jimin solo quería uno de ellos, y Jungkook no parecía estar interesado en lo más mínimo.

Ni siquiera estaba seguro que la—fantasía—para—masturbarse sentada frente a él fuera gay. Jimin se estremeció ante la idea de desear a un hombre heterosexual. ¡Que pesadilla seria!

Jungkook media más de seis pies. No era un experto en medidas, pero imagino que sería seis con cinco. Era seis con cinco de puro musculo y piel lamible. Cada jodido centímetro.

Jimin apartó la mirada del Sr. Pon—mi—polla—dura—en—un— segundo y volvió a mirar la película que estaba viendo.

¿Por qué no podía tener una relación como la de Snooke y Kane? Jimin miró a la pareja. Estaban sentados en su lugar habitual. Kane estaba en la silla y Snooke estaba sentado en el suelo entre los pies del guerrero. Kane estaba pasando las manos por el pelo de Snooke distraído de la película, luciendo feliz de mirar a su pareja.

—No sé cómo me siento por esta película. No termino de entender como un humano puede recibir disparos en múltiples ocasiones y nunca un golpe, ni una sola vez, —se quejó Jungkook, encorvándose en la silla.

Los ojos de Jimin se encentraron en la entrepierna abultada del guerrero y luego desvió la mirada. Corría el riesgo de lanzarse a disfrutarla con su boca.

—Es solo una película, para entretenerse, —dijo Snooke.

Jungkook agitó su mano hacia la televisión mientras negaba con la cabeza. —Pero debería ser más realista.

—Si quieres algo más realista, vete y enfrenta al mundo. Yo, por ejemplo, disfrutare unas vacaciones de fantasía donde todo y cualquier cosa es posible, —respondió Snooke.

—Supongo. —Jungkook negó con la cabeza mientras se recostó hacia atrás de la silla y se quedaba callado.

— A mí me gusta, —tiró Jimin. Esperó una respuesta de su fantasía, pero Jungkook lo ignoro.

Una vez más, por enésima vez, Jimin se sintió estúpido por tratar de hablar con alguien fuera de su alcance. ¿A quién engañaba? Era demasiado bajo, flaco, y también un nerd. ¿Por qué diablos Jungkook estaría interesado en alguien como él, cuando el hombre, obviamente, podía tener a sus pies a quien deseara?

Y Jimin, evidentemente, era alguien que no deseaba.

Se levantó de la cama, decido a salvar algo de su dignidad, y entró a la cocina donde su Terrier Australiano, marrón y negro, Tulip, dormía.

—Hey, chica. —Jimin se inclinó hacia abajo y la rascó detrás de la oreja—. Tú me quieres, ¿no?

Tulip le lamió la mano y luego se dio la vuelta, volviéndose a dormir. Jimin se sentó en el suelo junto a ella, sintiéndose nostálgico. Los guerreros le habían dicho que no podía volver a su casa en el 'Reino Humano', que no era seguro por el momento, ya que algunos hombres estarían buscándolo al verlo con Snooke cuando trataron de matarlo. No solo conocían donde vivía, si no cuál era su apariencia.

Tenían miedo de que los hombres malos irrumpieran en su apartamento y lo usaran para llegar a Snooke. No era tanto nostalgia lo que sentía, era frustración. Sabía que podría llegar a ser feliz aquí, tan raro como fuera este mundo, si alguien le diera la hora.

—¿Todo calmado aquí?

Jimin miró al hombre de sus sueños. ¿Realmente Jungkook le estaba hablando? —Extraño mi casa.

Jungkook dejó su vaso en el fregadero y luego se acercó. El corazón de Jimin latió en su pecho. Podía oír la sangre latiendo en sus oídos mientras el guerrero se arrodillaba a su lado. Inclinó la cabeza hacia atrás y parpadeó hacia el hombre que invadía sus sueños. Se preguntaba si Jungkook iba a besarlo.

—Linda perrita. —Jungkook alcanzó la barriga de Tulip y la rascó. Sus patas comenzaron a moverse mientras sacaba la lengua. Jimin estaba envidioso por la atención que Tulip estaba recibiendo de Jungkook—. Creo que puedes irte a casa cuando organicemos este lío. Simplemente pasa el rato. —Jungkook le sonrió y se levantó——. No está tan mal aquí.

Jimin le dio una buena mirada al culo de Jungkook cuando se levantaba y salía de la cocina. Se levantó y limpio el polvo de su trasero. No tenía sentido estar sintiendo lastima por sí mismo. Tenía amigos en el edificio. Bueno, los hombres lo trataban con suficiente amabilidad. Eso era mejor que no tener a nadie con quien hablar.

Snooke y Kane se encontraban en su propio pequeño mundo, desde que se habían convertido en pareja. La relación era muy dulce, y todo lo que Snooke hacia era mirar con soñadores ojos a Kane todo el día.

Jimin salió de la cocina, atravesó la sala de estar, y fue a la puerta del apartamento. Salió y tocó. Este era el edificio más extraño que hubiera viso. Los contenedores y armarios habían sido construidos para estos demonios de gran tamaño. Necesitaba de un taburete cada vez que tenía que sacar algo de la despensa o usar el baño.

—Oye, amigo, ven aquí. —Phoenyx, otro de los guerreros, se hizo a un lado mientras entraba—. ¿Pensé que era otra noche de cine en casa de Kane?

—Ya he visto la peli. Además, Jungkook actúa como si no existiera, y es difícil estar en una misma habitación con él.

Odiaba el hecho de decir todo lo que viniera a su mente. Se hacía difícil mantener sus propios secretos. Había sido de esa manera desde que podía recordarlo.

Cuando acababa de cumplir los quince años, él y su madre estaban de compras en un centro comercial cuando soló dejo escapar lo caliente que estaba un tipo. Su madre se había quedado en estado de shock. Así que Jimin en ese momento supo que era gay.

Así era, y eso hacía que la gente desconfiara. ¿Quién quería a un amigo que le dijera a todo el mundo sus problemas? No mucha gente. Por eso, cuando se hizo amigo de Snooke, Jimin se aferró a él como un salvavidas.

—Estaba a punto de ir a la tienda. ¿Quieres acompañarme? — Pregunto Phoenyx mientras cerraba la nevera y cruzaba la cocina.

—Depende. ¿Vas a ir por las sombras o caminando? —Los guerreros utilizaban las sombras para ir de un lugar a otro. Cualquier rincón oscuro serviría. Lo habían traído a este mundo a través de una sombra, y había arrojado su comida después. Prefería viajar de la manera normal, a través de puertas reales.

Phoenyx se rió entre dientes.

—Podemos caminar. —Mantuvo la puerta abierta para Jimin.

—Eso es un alivio. No tenía ganas de abrazar el inodoro.

Realmente no las tenía. Todo eso de atravesar las sombras lo enferma, y no era algo que no le fuera de importancia.

Sus ojos se agrandaron y su corazón latió más rápido cuando vio a Jungkook apoyado contra la pared derecha fuera del apartamento de Kane. Sus brazos estaban cruzados sobre su pecho, y tenía el ceño fruncido.

—Podría informarle a alguien cuando te vayas a ir.

—Estaba cansado de comerte con la mirada.

Jimin sintió su rostro rojo mientras miraba sus zapatos. Maldita boca.

Oyó a Phoenyx riéndose detrás de él, y Jimin quiso darse la vuelta y golpearlo. No era divertido. Miro a Jungkook quien tenía enarcada una espesa ceja.

—Deberías haberle dicho a alguien.

Jimin cruzo los brazos sobre su pecho, una postura desafiante. —Lo hice mientras cruzaba la sala y llamaba a la puerta de Phoenyx, — bromeó—. Sin embargo no había señal en mi angustioso viaje.

Jimin podía oír a Phoenyx riendo histéricamente detrás de él. Una mano se posó en su hombro y lo sacudió un poco. —Tú eres divertido como el infierno, pequeño hombre.

Jimin entrecerró sus ojos hacia Phoenyx.

No me llames así. No pude crecer hasta alcanzar proporciones épicas, como ustedes. Cinco pies con nueve es una altura promedio en un hombre humano.

Los ojos de Phoenyx se abrieron como platos mientras seguía riendo.

—No son cinco con nueve, mi hombre. Más bien cinco con seis.

—Tres apestosas pulgadas, que importante.

Jimin comenzó a caminar por las escaleras sintiendo ambas miradas clavadas en su espalda. ¿A quién le importaba? Era el hombre raro aquí, lo sabía. No tenían que estárselo recordando constantemente. Se agarró de la barandilla y camino rápidamente hacia la salida.

Esa era otra cosa extraña. Alguien podía salir, pero no había manera de entrar. Si alguien estaba fuera del edificio no podía ver la entrada en la parte inferior de las escaleras. La única manera de entrar era por las sombras. El regreso iba a ser divertido. Jimin se quejó. Se había olvidado de eso cuando accedió a ir con Phoenyx a la tienda.

Jimin salió a la calle, esperando a Phoenyx para que lo alcanzara. Se sorprendió al ver a Jungkook saliendo con el guerrero también. Para alguien que no le daba la hora, Jungkook se mantenía pegado a su lado. Eso lo confundía jodidamente. Era como si Jungkook personalmente se asignara el papel de ser su guardián.

Bueno, no necesitaba a un guardián. Necesitaba algo más. Algo que Jungkook no estaba dispuesto a dar.

—¿Podemos parar en Jake’s Java? Tengo mucha sed, y quiero probar el nuevo sabor, el placer del melocotón. —Pidió Jimin, mientras se dirigía hacia el café sin esperar una respuesta.

Su amigo Chris trabajaba allí. Chris le agradaba. El demonio era muy amable.

Claro, ¿por qué no? — Dijo Phoenyx mientras lo seguía.

Una vez que entraron a la cafetería, Jimin corrió hacia el mostrador. Saber que Jungkook estaba detrás de él lo ponía nervioso. Con su pie derecho se rascó la pantorrilla izquierda mientras colocaba las manos sobre el mostrador.

Sus pantorrillas le picaban cada vez que estaba nervioso o excitado. Era una extraña reacción que su cuerpo tenía desde la infancia. Por un momento pensó que las pulgas de Tulip se le habían pegado cuando conoció a Jungkook y sus pantorrillas comenzaron a picar en todas direcciones desde el domingo.

Había intentado con varias cremas hidratantes, pero nada parecía ayudar.

—Hey, Chris. —Le sonrió al demonio—. ¿Puedo tener una de esas bebidas de melocotón?

—Jimin, mi hombre. —Chris le sonrió—. Por supuesto que puedes. Un licuado de melocotón viene directamente.

Jimin tamborileó los dedos sobre el mostrador mientras esperaba su bebida. Cuando Chris le trajo un gran—y—jodidamente—lleno—de— crema—batida—vaso los ojos se le abrieron como platos.

—Es una linda gigante explosión.

Chris se rió entre dientes mientras se lo entregaba. —Invita la casa, amigo.

—Gracias. —Chris tomó un pitillo del vaso del mostrador y desprendió la blanca envoltura. Eso le recordó que necesitaba encontrar un trabajo. Si tenia que quedarse aquí necesitaba dinero—. ¿Esta contratando?

Chris lo miró con sorpresa antes de que una sonrisa cruzara su rostro.

—Vas a tener que preguntárselo a Jake, pero te voy a recomendar.

—¿Quién es Jake? —Preguntó. Chris señaló a un hombre muy guapo hablando con un cliente—. ¿Es que cada hombre es caliente a morir aquí?

—Gracias, no sabía que me encontrabas caliente. —Se rió Chris.

Jimin rodó los ojos.

—Sabes lo que quería decir.

—La mayoría de los hombres, pero no le digas a Hondo que dije eso.

— Chris le hizo un guiño antes de irse a atender a otro cliente.

Jimin chupó su batido mientras se acercaba al propietario de Jake’s Java. —Disculpe, ¿está usted contratando?

El hombre dejó de hablar con el hombre y lo miró.

—¿Ha trabajado en una cafetería antes? —Preguntó.

No. Jimin había trabajado en un aburrido prostíbulo y nunca quería ir por ese camino otra vez.

—Soy un aprendiz rápido. —Le sonrió a Jake—. Y Chris es mi amigo.

Jimin señaló a Chris quien levantó los pulgares hacia Jake.

Jake posó vacilantemente sus ojos en Chris y en Jimin. —Le daré una oportunidad. ¿Por qué no viene mañana a las ocho? Veremos cómo funcionan las cosas desde allí.

¡Sí! Jimin comenzó bailar alrededor. Jake lo miró con una expresión de desconcierto en su rostro. —Se llama baile feliz. —Jimin se rió y bebió su batido.

Jake se rió entre dientes, sus ojos iluminándose mientras lo miraba. — Soy consciente que así se llama.

Jimin oyó un gruñido detrás de él. Se dio la vuelta para ver a Jungkook mirando a Jake. Interesante.

Ignoró a Jungkook y estiró la mano sacudiendo la de Jake. —Gracias por darme una oportunidad. No se arrepentirá. Espero.

Hizo una mueca por su honesta lengua y rápidamente se alejó antes de que pudiera decir algo más estúpido.

—Tengo un trabajo, —le dijo emocionado a Phoenyx mientras levantaba los brazos en el aire, haciendo una vez más su baile.

—Bien por ti. ¿Ahora me darás bebidas gratis? —Phoenyx le preguntó al abrirle la puerta de la tienda para Jimin.

Resopló mientras señalaba con el dedo de la misma mano con la que sostenía el vaso. —Quiero estar bien con el jefe antes de pedirle cosas gratis.

Jungkook volvió a gruñir, pero Jimin lo ignoró. ¿Por qué debería importar? No era como si Jungkook mostrara el más mínimo interés por él. Chupó el batido, mientras seguía a los guerreros a la tienda de comestibles. Estaba en las nubes pensando sobre su nuevo trabajo cuando alguien lo agarró del brazo, deteniéndolo en seco.

—¡Hey! —Gritó.

—Eres un humano, —se burló el hombre mientras le apretaba el brazo.

—Y usted un culo. Ahora suélteme. —Tiró, pero el hombre mantuvo un firme agarre sobre su brazo.

—Lo dejaría ir si fuera tú. —La cara de Jungkook se removió en una primaria ira mientras caminaba hacia Jimin.

Jimin se quedó paralizado por la expresión de Jungkook. Era poderoso y aterrador. Infiernos, deseaba que el hombre que lo retenía se alejara. Era jodidamente aterrador.

El hombre vaciló por un segundo antes de que el sentido común prevaleciera y libero a Jimin. —No sabía que estaba contigo.

—No lo está, —gruñó Jungkook—. Eso no significa que voy a dejarte que vayas agarrando a la gente de los alrededores.

El corazón de Jimin se hundió. Si hubiera tenido un solo hilo de esperanza de estar con Jungkook, el guerrero acababa de cortarlo. Lo rechazó abiertamente, dejando que todo el mundo a los alrededores supiera que no lo quería.

Jimin tiró su batido al basurero más cercano y se alejó en dirección a la tienda. Se sentía herido y humillado. Todas las veces que se había lanzado a Jungkook empezaron a llegar nuevamente a su mente. Jimin quería meterse debajo de una roca por la vergonzosa manera que había enseñado su atracción por el guerrero.

—Espera, amigo. —Phoenyx lo alcanzó.

Jimin metió las manos en sus bolsillos cuando empezó a caminar por los pasillos sin rumbo fijo. —¿No tienes que hacer las compras?

Quería estar a solas, lamerse sus heridas en privado. Sintió el picor de las lágrimas en sus ojos, pero se negó a permitir que cayeran.

Phoenyx alcanzó un paquete de pan de la estantería. —Listo. Ahora vámonos a casa.

Jimin sabía que todos los guerreros estaban al tanto de sus sentimientos por Jungkook. Phoenyx debería estar sintiendo lastima, y eso era lo último que deseaba. La piedad era algo que Jimin odiaba.

—Haz tus compras. Estoy bien.

Phoenyx agarró un par de cosas más, pero luego insistió en que había terminado. Jimin se encogió de hombros, indiferente acerca de la situación. Estaba cansado de estar tras un hombre que no lo quería. Entonces, ¿qué más daba?

Podía sentir que Phoenyx lo miraba. Sabía que ahora estaba siendo un gran amargado. Jimin acaba de estar entusiasmado por su nuevo trabajo solo para que su burbuja de euforia se estallara por la negación de Jungkook. Le había dolido más de lo que quería admitir.

—¿Hay algo que necesites o quieras, mientras estamos aquí? — Preguntó Phoenyx mientras caminaba por el pasillo.

Jimin negó con la cabeza. —Nada se me ocurre. Kane me compró todas las cosas necesarias.

Lo tenía todo en la casa del ‘'Reino Humano'’, pero nadie lo dejó regresar y recuperar sus cosas.

—Entonces oficialmente hemos terminado aquí.

Phoenyx pagó por los artículos mientras Jimin se dirigía a la puerta. Jungkook estaba allí como un guardia. Le llegó una diabólica idea y se volvió hacia Phoenyx.

—Hay algo que me falta.

Alcanzó el artículo y lo pusó sobre la cinta transportadora. Phoenyx enarcó una ceja, pero Jimin no le hizo caso. Agarró el artículo cuando fue registrado y se dirigió hacia la puerta, Jungkook observando todos sus movimientos.

—Aquí tienes, niño grande. Lo vamos a necesitar una vez que saques la cabeza de tu culo. —Dejó caer la caja de condones en la mano de Jungkook cuando salió de la tienda. Se rió una vez que estaba fuera del alcance del oído. Jungkook pudo haberlo negado públicamente, pero Jimin no se daba por vencido. Lo había lastimado, pero ya se había recuperado.

Nada iba a disuadirlo de conseguir al hombre que quería. Ni siquiera el mismo Jungkook. El guerrero iba a caer . Imágenes sucias se pegaron a la mente de Jimin con ese pensamiento. Dios, esperaba que Jungkook cayera . Sería un trágico desperdicio no tener esos besables labios envueltos alrededor de su polla. Esa imagen hizo que su agujero se cerrara ante la idea de tener a Jungkook jodiéndolo hasta dejarlo sin sentido. Había pasado demasiado tiempo, y Jimin tenía que sacar la miseria de su mente. Si no conseguía que Jungkook actuara prono, la polla de Jimin iba a terminar desgastada por tantos trabajos de su mano. Aunque ya no funcionaban. Su dura polla no quería a su mano.

Jimin maldijo cuando se dio cuenta que necesitaba a un guerrero para volver al edificio. Para nada sirvió su dramática salida.

Espero hasta que Jungkook y Phoneyx lo alcanzaron, iban un bloque más atrás, Jungkook lo miraba extrañamente, pero los condones no estaban en sus manos. Oh, bueno, no se puede culpar a un hombre por intentarlo.

Miró a Phoneyx y vio una sonrisa tirando de sus labios. Quizas por lo que Jimin había hecho. Bueno, tal vez eso haría que Jungkook tomara nota e hiciera algo al respecto. Sus bolas se iban a caer si no conseguía un poco de ese culo caliente del guerrero.

Jimin se quejó. ¿Por qué actuaba de repente como un pervertido hambriento de sexo? No era él, así no era. Jungkook lo estaba volviendo loco. Jimin se volvió hacia King Kennedy y se dirigió hacia el edificio de apartamentos.

Estaba oscuro, pero siempre era así. El sol no salía en el 'Reino Demonio'. Eso no molestaba a Jimin. Era uno de los raros humanos que les gustaba la noche. Si no odiara tanto al maldito frío, se hubiera trasladado a Alaska, donde era de noche todo el tiempo, o casi. Había oído decir que así era.

—¿Estás listo para atravesar la sombra? —Phoneyx le preguntó mientras sostenía su mano.

—Naturalmente que no. Tengo que conseguir una de esas pastillas anti—mareo cada vez que voy a hacerlo. —Jimin levantó la mano para tomar la de Phoneyx pero Jungkook metió su mano en medio, agarrando con fuerza la de Jimin. Bueno, bueno, bueno, tal vez el condón si había servido.

Jimin comenzó a bailar alrededor. —La danza feliz. —Le sonrió a Jungkook cuando arqueó una ceja—. Sabía que ibas a entrar en razón.

Jungkook resopló mientras caminaban al lado del edificio. Jimin cerró los ojos cuando lo alcanzó la conocida sensación de querer vomitar. Tenía que manejarlo mejor. Su mano libre sujetó a Jungkook cuando la sensación se hizo insoportable.

—Ya te acostumbraras con el paso del tiempo, —Phoneyx le informó dejando la bolsa de comestible encima de la encimera.

Jimin odiaba el dejar ir la mano de Jungkook. Era grande, caliente, y se sentía bien envuelto alrededor de él. Jungkook tiró, y tiró de nuevo, haciendo todo lo posible para que liberara su mano.

—Pero no quiero. —Jimin hizo un puchero, pero lo dejo en libertad—. Aguafiestas. —Agarró unas cuantas cajas y ayudó a acomodarlas. Jimin tuvo que usar un taburete para llegar al armario, pero por el momento, no le importaba.

—¿Podemos hablar en el pasillo? —Jungkook le preguntó a Jimin. —Puedes hacer más que hablar conmigo. —Dejó la caja y miró a Phoneyx—. Lo voy a seguir y veré si puedo tener sexo. Me disculpo por irme.

Phoneyx sacudió la cabeza e hizo un gesto hacia la puerta. —Buena suerte con eso.

Jimin caminó alrededor de la gran encimera y felizmente siguió a Jungkook por la puerta. Tan pronto como Jungkook la cerró, tuvo a Jimin contra la pared. Jungkook agarró las muñecas de Jimin, fijándolas a la pared y metió su pierna entre los muslos de Jimin, quien rodó sus ojos por el puro placer que experimentaba.

Jungkook se acercó a su oído y gruñó: —No sabes lo que haces, pero estás jugando con fuego, humano.

Jungkook lo iba a sacar de su mente con ganas. Había estado encantado con el ser humano desde que había puesto sus ojos en él. Jimin era luchador, sexy, compacto, y lo estaba volviendo loco. Especialmente su pequeña y sucia boca. Le hacía pasar a Jungkook un gran tiempo.

Jimin se tensó por un momento y luego una lenta sonrisa cruzó sus seductores labios. —No me asustas, Jungkook. Puedo manejarlo, creo. Espero hacerlo. Si no es así, estoy seguro como la mierda que me voy a divertir intentándolo.

Jimin no dejaba de sorprender a Jungkook. Permaneció con el rostro estoico negándose a permitir que el humano viera lo mucho que realmente lo estaba afectando. —Sácalo de tu cabeza. Nunca va a suceder entre nosotros. —Lanzó a Jimin, mientras cada terminación nerviosa gritaba para llevar al hombre a su apartamento y joderlo hasta que ninguno de los dos pudiera caminar bien.

Jimin miro hacia arriba a Jungkook mientras se ponía de pie. —Te voy a tener, Jungkook, así sea la última cosa que haga. Vas a estar en mi cama, muchacho, —le dijo cuando estaba a la altura de sus pantorrillas. Se puso de pie, se alejó y cerró la puerta del apartamento de Snooke detrás de él.

El humano lo sacaba de casillas. Jungkook se quedó mirando la puerta del apartamento por un momento antes de correr arriba por las escaleras hacia su apartamento, preguntándose qué iba a hacer con Jimin. No es que no lo quisiera. Infiernos, se moría de ganas de joderlo hasta la próxima semana. Pero había visto a Chris y a Snooke siendo utilizados en contra de sus compañeros.

Jimin no era su pareja. No había manera de que lo fuera. Era un humano, después de todo. ¿El destino acoplaría a un demonio con un humano? Jungkook negó con la cabeza ante sus pensamientos errantes. Sabía una cosa segura, sin embargo, se volvería loco si alguien trataba de usar al humano en su contra.

Los enemigos de los guerreros no se detendrían ante la posibilidad de dañar o matar. Jungkook no podía entender por la vida como Hondo dejaba que Chris trabajara en un lugar público. ¿Y ahora Jimin también trabajaría allí? No estaba bien en lo absoluto.

Jungkook se dio una ducha y luego se dirigió al apartamento de Panahasi. Tomó asiento al escuchar al líder decirles sobre el tipo muerto que había sido encontrado en el Río Negro. No tenía idea de quién era el tipo, pero podía ver los labios de Kane apretados. —El hombre era alguien que frecuentaba el Club Diablo’s.

—¿Lo conocías? —Se inclinó y le susurró a Kane. El guerrero hizo un breve gesto.

Jungkook lo dejó solo por ahora. Harían una reunión después sobre quien era la víctima. Su mente volvió a Jimin. Es cierto, había sido sorprendido por Jimin cuando había puesto la caja de condones en su mano. Estaban en el cajón de la cómoda de su habitación ahora mismo. No es que los necesitara. Los Guerreros Demonios no podían contagiar o contagiarse de enfermedades humanas. Estaban allí más como un recuerdo.

Se quedó allí sentado recordando visiones al azar de Jimin que jugaban en su mente. Jungkook podía sentir su polla cada vez más dura por las imágenes mentales. Se recordó sentado en el apartamento de Kane quien estaba perdido en el sueño loco de estar enamorado de su compañero. Ahora Jungkook sabía cómo Kane se había sentido. Pero no estaba detrás de Jimin con su nariz bien abierta, no como Kane había estado.

Jungkook miró a Panahasi cuando el líder comenzó a hablar de nuevo. — He estado trabajando con Diablo. Por lo que hemos encontrado, el hombre que murió estaba trabajando para Marino Malone. Pare que no le gusta pagar a quienes terminan sus trabajos. Mata a su personal aunque el contrato este fuera de lugar. El troll luchó por mantener el misterio del hombre muerto lejos de Río Negro y pagó el precio más alto.

Kane tomó la palabra. —No era un hombre misterioso.

—¿Lo conocías? —Preguntó el líder y su atención se centró por completo en el guerrero.

—No lo conocía personalmente, pero él se me acercó un par de veces en el Diablo’s. Incluso lo llevé a una de las habitaciones de atrás, —dijo Kane. Jungkook escuchaba la forma resentida en la que Kane estaba hablando, como si fuera el culpable. Las chispas de ira prácticamente se disparaban de los ojos del hombre.

—Lamento escuchar eso, Kane. —Panahasi asintió con la cabeza hacia el guerrero y luego se volvió hacia el resto del grupo—. El intento de Marino de usar el río para liberar a los que están encerrados en las celdas de detención, me dice que está cerca de desbloquear el cristal que robó del Banco Falcon’s, si tuviera la oportunidad de usar el río. Tenemos que saber dónde está y recuperar el cristal antes que las criaturas encerradas se escapen del Inframundo.

—¿Cómo lo encontraste? —Takeo, otro Guerrero Demonio, preguntó— . Hemos estado buscándolo en todos los lugares conocidos y desconocidos frecuentados por pocos.

—Tengo a un guardián trabajando en la solución a nuestro problema. —Panahasi se acercó al bar, recogiendo el periódico—. Y como de costumbre, la noticia fue historia de primera plana.

—No entiendo cómo Sexton sabe esas cosas. No podría estar pendiente de cada suceso a cada segundo del día, —dijo Jungkook.

—Estoy de acuerdo. Hay algo más del hombre que no sabemos. Simplemente no he descubierto qué, aún. —Panahasi comenzó a echarle un vistazo al periódico, al Diario Demonio.

Era molesto saber que alguien los vigilaba. Eran Guerreros, capaces de utilizar poderes y luchar con más fuerza que cualquier otro, de ayudar a los ciudadanos de la Ciudad Serenity con su vida cotidiana, y la mayoría de veces salvarlos de que sus almas les fueran robadas. Eran un grupo de élite. ¿Entonces por qué estaban sentados aquí en una colectiva reunión?

Tenía que haber una manera de averiar sobre el caos que estallaba en toda la ciudad. Jungkook sabía a ciencia cierta que todos los guerreros solamente estaban enojados como el infierno porque Marino tenía el cristal y el único que tenía la capacidad de abrir las celdas —además del portero—, y por todos los extraños sucesos que estaban ocurriendo.

Se sentía como en los viejos tiempos, antes de que el portero se hiciera juez y guardián, y cuando los criminales causaban estragos y caos en toda la ciudad. Los Guerreros Demonios nacieron por los tiempos oscuros, por la necesidad de que los chicos malos fueran controlados. No estaba tan mal como entonces, pero si seguían sin tener idea de lo que sucedía, lo estaría.

—Una cosa más antes de ir. —Panahasi llenó su vaso de whisky, una de sus bebidas favoritas, tomando un sorbo antes de continuar—. Maverick, el Alfa de los lobos Timber, me llamó a sus tierras. Dijo que los seres humanos se estaban perdiendo. La razón por la que piensa que los demonios lo tienen es porque fue testigo de como un ser humano era secuestrado y llevado a través de un portal.

—¿Cómo? —Takeo saltó, como si tuviera el culo incendiado—. Solo los guerreros pueden usar las sombras.

—Debió de haber usado el Río Negro para llegar al 'Reino Humano' y luego entrar. Y utilizar ese mismo portal para volver aquí, si es aquí donde está el humano.

—Pero no hemos visto nada raro, —intervino Jungkook—. No una explosión de visitantes humanos.

Panahasi bebió el whisky, estudiando a todos en la sala. —Estoy seguro de quien hace esto no les permite caminar libremente.

Jungkook observó a Takeo salir a gran velocidad, dirigiéndose directamente al pasillo de Panahasi y desapareciendo.

—¿Qué diablos está haciendo? —Preguntó Hondo.

—Tiene un amigo humano al que está ayudando. Estoy seguro que fue a revisarlo, —respondió Panahasi.

—Sabía que estaba tocando las botas del 'Reino Humano'. —Hondo rió.

Jungkook esperó a ver si el líder corregiría al guerrero, pero Panahasi ignoró la explosión.

Panahasi levantó la sesión, diciendo que mantuvieran sus ojos y oídos abiertos a cualquier pista disponible de Marino o las personas desaparecidas.

Jungkook salió del apartamento del líder y se encontró de pie frente al apartamento de Kane. No estaba seguro de porque permitía que el humano se metiera debajo de su piel.

Jimin era franco, descarado y crudo. Todo lo que evitaba era tener un compañero de cama. Así que, ¿por qué estaba tan fascinado con el maldito humano? Jimin era como un accidente automovilístico. Jungkook no podía ver, pero tampoco podía apartar la mirada. Por más que trataba de mantenerse alejado del bocazas, seguía viniendo por el camino hacia él.

Quería halar su pelo en frustración. Jungkook se lo guardaba para sí mismo, pero le gustaba la soledad —con excepción de cuando estaba trabajando— y Jimin la mataría de golpe si le permitía al humano entrar en su cama y en su vida.

Salió bruscamente de sus pensamientos cuando la puerta del apartamento de Kane se abrió y Jimin salió con su perrita, Tulip.

—Veo que vienes a tocar mi puerta trasera. —Jimin se rió mientras cerraba la puerta del apartamento—.

— Sin embargo, tendrás que esperar. Tulip va a orinar.

—¿Cómo vas a volver a entrar?

Jimin torció los labios mientras lo contemplaba absorto en sus pensamientos. —Supongo que me olvidé de esa parte. Parece que vas a acompañarme. —Jimin después de solucionar su problema empezó a caminar con la perrita por las escaleras.

Jungkook, maldita fuera, se puso a caminar junto a él. No le gustaba estar a solas con Jimin. El humano sentía la necesidad de hablar, algo que Jungkook no tenía ganas.

—Entonces, ¿botaste los condones, o los tienes en el bolsillo? — Preguntó Jimin cuando salieron del edificio. Redujo la velocidad, permitiéndole a Tulip husmear—. No puede ser demasiado tarde. Empiezo mi nuevo trabajo mañana a horas tempranas con Jake, así que podemos aunque sea tener un rápidin.

¿Cómo es que podía hablar de sexo paseando a su perrita? —No vamos a dormir juntos, Jimin.

—Oh, di mi nombre de nuevo. Suena tan sexy viniendo de ti. ¿Es acento italiano lo que oigo? Vamos a tener sexo. Es sólo cuestión de tiempo, cariño.

Este maldito humano era imposible. No importaba cuantas veces había rechazado los avances de Jimin, en poco tiempo el humano regresaba por más. Jungkook miró a su alrededor, temeroso de que los vieran juntos. No quería empezar a estar en los chismes porque lo habían visto con él. —¿Terminaste?

—No. —Jimin siguió caminando. Caminaron por la calle hasta el parque mientras Tulip atendía sus negocios. Jungkook vio a varios jóvenes justo al otro lado. La cancha de baloncesto que había, parecía estar ocupada por los jugadores.

Miró hacia abajo, cuando Jimin se inclinó hacia el piso, recogiendo los desperdicios de Tulip en una pequeña bolsa de plástico. Su rostro estaba crispado de disgusto. —Que asco.

Jimin se encogió de hombros. —Es parte de la responsabilidad de tener una mascota. —Llevó la bolsa atada a un cubo de basura y la dejó caer. Jungkook podía sentir su cuerpo estremecerse ante la idea de recoger cualquier cosa que saliera por la parte trasera de un perro.

Tulip comenzó a ladrar y a tirar de la correo cuando un perro de dos cabezas pasó de largo. El vampiro que paseaba al perro le sonrió a Jimin y detuvo a su mascota cerca. —Nunca he visto un perro de una cabeza. —Sus colmillos brillaron mientras sonreía.

Los pelos de Jungkook se erizaron y dio un paso más cerca de Jimin. — Y yo nunca uno de dos cabezas, —dijo Jimin con deleite—. ¿Tiene personalidades separadas, o se trata de un perro con dos cabezas? —Jimin se inclinó y rascó detrás de las orejas a una de las cabezas del perro. Tulip se acercó y olió cada centímetro del jodido perro.

—Mitzy y Mickey tienen personalidades distintas, —dijo el vampiro con orgullo—. Soy Peter.

Jimin se enderezó y estrechó la mano del vampiro. —Soy Jimin, y Tulip. —Apuntó hacia la terrier, que lamía la cara del otro perro. Jungkook vio de cerca a Peter. Al ser un Demonio Guerrero, tenía enemigos en abundancia y no confiaba en nadie, además de los otros Demonios Guerreros.

—Entonces, ¿es él o ella? —Jimin preguntó.

—Las dos cosas. —El vampiro lo miró sorprendido—. —¿No lo es Tulip?

—Santo guacamole. ¿Tienes un perro hermafrodita? —Jimin caminó alrededor del perro con dos cabezas, tratando de echarle un vistazo a sus partes íntimas. Jungkook tuvo ganas de reír. Tenía que admitir, la falta de modales de Jimin era refrescante de ver. Estaba acostumbrado a que todos los respetaran por ser Demonios Guerreros. Mirando las cosas a través de los ojos de Jimin le hacía ver el mundo como si se tratara de otro espectador.

Al vivir todo el tiempo que había vivido, las cosas se habían convertido mundanas y rancias. Por eso Jungkook disfrutaba de su condición de ermitaño. No había nada nuevo aquí. Sin embargo, al estar cerca de Jimin eso cambiaba, y el cambio lo ponía incómodo.

Peter se quedó mirando a Tulip, inclinando la cabeza hacia los lados, haciendo todo lo posible por parecer indiferente a su curiosidad. Cuando vió que Jungkook lo miraba, su rostro se puso pálido girando lentamente a rojo.

—Esto es genial. —Jimin rió—. —Tal vez podamos hacer una cita para jugar con ellos.

—Una obra de teatro… ¿qué? —Peter preguntó.

—Ya sabes, reunirnos para que los tres puedan jugar.

Peter asintió con la cabeza mientras sonreía. —Creo que así será.