Desde el inicio de nuestro amor 2 - Saga Guerreros

Summary

Jimin es conocido entre los miembros de su clan como el Retador por su carácter indomable, que siendo su mayor atractivo es también su gran maldición. Enamorado de Jungkook desde la infancia, juntos vivieron una bonita historia de amor que se rompió cuando éste partió a luchar junto al rey de Baekje sin despedirse de él. Jimin se juró entonces que jamás lo perdonaría. Jungkook, por su parte, es tan testarudo y orgulloso como su amado. Ahora que ha regresado y vuelven a encontrarse, ninguno de los dos está dispuesto a dar su brazo a torcer. Cada uno ha sufrido a su manera la ausencia del otro. Pero la vida es caprichosa, y la pasión que sintieron en el pasado comienza a apoderarse de ellos de nuevo. ¿Serán capaces de resistirse? _________ … _________ • KookMin • Jungkook Activo / Jimin Pasivo • Menciones de otras parejas NamJin VHope • Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro • La temática y los personajes no me pertenecen, los créditos son para su autor original • La historia tiene variaciones en su trama original Pd: Este segundo libro esta basado en los personajes de Shin Hye y Mingyu de primer libro que pasaran hacer Jimin y Jungkook respectivamente como sabes en una saga y para poder pasarla al KookMin algunos personajes varían sus nombres a medida que van leyendo lo comprenderán mejor.

Genre
Romance
Author
Juliana
Status
Complete
Chapters
60
Rating
n/a
Age Rating
16+

1

Castillo de Deoksugung, Seúl 1348

Las risas y los aplausos sonaban mientras la luz de las antorchas iluminaba el salón del castillo de Deoksugung. Los artistas amenizaban el ala derecha del salón, la gente hablaba y bebía, y unos malabaristas entretenían a los más pequeños en el patio de armas.

Una vez acabada la actuación para los niños, el sonido de las flautas tomó el patio de armas, y donde hasta hacía poco tiempo caritas embobadas habían observado a los malabaristas, ahora reían, danzaban y cantaban los guerreros y demás personas del pueblo.

Aquella celebración se debía a que el señor del clan Park Mingyu y su encantador esposo, Park Yoon Gi, habían tenido su segundo y esperado hijo. Cinco años atrás había nacido una niña, a la que habían llamado Park Jisoo, y a pesar de que Mingyu enloquecía de amor por la pequeña, que era una preciosidad, como guerrero y señor de sus tierras anhelaba un varón. Su sucesor. Así, que cuando Myung Soo, nombre que le pusieron al pequeño, llegó al mundo su felicidad fue completa.

Para el bautizo se organizó una gran fiesta. Mingyu quería mostrar al futuro señor del clan Park, y en apenas unos días, el castillo de Deoksugung se llenó de luz, clanes, guerreros y vecinos.

Jimin, el joven hermano del señor Park, reía junto a su complaciente abuelo, Dae Hyun.

—Era un impertinente, abuelo —se mofó—. Ese tonto aprovechó mi distracción para intentar besarme, y no me quedó más remedio que blandir la espada y darle su merecido.

—Muchacho, ¿otra vez?

Divertido por lo que le contaba, Dae Hyun sonrió. Su intrépido nieto era un joven de un valor incalculable, y no sólo porque su propia sangre corriera por las venas de él. Aquel pequeño chico tenía el coraje de un guerrero, y eso hacía que se metiera en incesantes problemas. E igual que atraía a las personas por su belleza, las hacía huir con su carácter.

Con una cristalina carcajada que hinchó el corazón del anciano, el asintió.

—Abuelo, no me quedó más remedio. ¡Fue repulsivo! Jimin era un joven de cabello claro como el sol, y tenía unos expresivos y maravillosos ojos azules. Pero para desgracia de su hermano e incluso de su abuelo, era demasiado rebelde, y se le conocía por el apodo del Retador.

Su hermano mayor Mingyu, a pesar de adorarlo, se enfadaba con él todos los días al ver y sentir en sus propias carnes los continuos retos que Jimin le lanzaba. En más de una ocasión, tras batallar con el joven, Mingyu, desesperado, hablaba con su abuelo, y juntos reconocían que le habían consentido en exceso. Pero el enfado les duraba poco. Jimin era listo y embaucador, y sabía que, con una increíble sonrisa, o una dulce palabra, volvía a tenerlos a su merced.

Los guerreros y las personas, cuando llegaban a Deoksugung, caían rendidas a sus pies. Pero tras ser testigos de su orgullo, su carácter desafiante y su altivez durante un par de días en su compañía, huían despavoridas, y las que no lo hacía se arrepentía de no haberlo hecho a tiempo y escapaban, para satisfacción de él joven y desesperación de su familia.

Algunos años atrás solo un joven guerrero, había sido capaz de llegar al corazón de Jimin, pero tras haberse sentido traicionado por él, su carácter se había endurecido y había cerrado la puerta al amor.

Aquella tarde, mientras la gente del castillo se divertía, Park Mingyu, sus hombres y dos de sus grandes amigos, los señores Jeon Hoseok y Kim Namjoon, bebían cerveza en sus jarras, y Yoon Gi, esposo de Mingyu, Taehyung, esposo de Hoseok, y Seokjin, hermano de Taehyung y esposo de Namjoon, se ponían al día luego de meses sin verse.

—Creo que Hani es demasiado pequeña para tener su propio caballo. ¡Por Dios, Taehyung!, sólo tiene seis años —dijo Yoon Gi.

—Yo tenía su misma edad cuando mi padre me regaló a Moon. Creo que es bueno que Hani sepa montar a caballo, y no tardaré mucho en subir a la silla de Moon a la pequeña Somin. —Al notar la mirada escandalizada de Yoon Gi, Taehyung le indicó con una sonrisa—: ¡No me mires así, Yoon Gi! Mis hijas, en unos años, serán dos hermosas mujeres, y quiero que sepan defenderse en un mundo de hombres porque nunca se sabe lo que puede pasar. Y permíteme que te diga que deberías dejar que Jimin le enseñara a Jisoo ciertas cosas que tarde o temprano le vendrán muy bien.

Al oír aquello, Yoon Gi se tensó. Aún recordaba con horror cuando su cuñado Jimin, con su pequeña hija, galopando a través del bosque en una carrera frenética.

—Mingyu y yo hablamos muy seriamente con Jimin. No queremos que nuestra hija se deje guiar por las enseñanzas de su alocado tío. Es más, deseo criar a Jisoo como una respetable señorita, y aunque adoro a Jimin, no estoy de acuerdo con lo que a veces pretende enseñarle.

Seokjin suspiró. Jimin les había contado amargamente cómo su hermano y Yoon Gi le habían prohibido enseñarle a la pequeña Jisoo cualquier cosa que no fuera propia de una delicada señorita.

Taehyung, Seokjin y Jimin se habían conocido años atrás, cuando los dos hermanos habían llegado al castillo huyendo de la maldad de sus tíos goguryeo. Desde el primer momento, Jimin se había sentido atraído por aquellos dos muchachos, y tras forjarse una verdadera amistad entre ellos, cada uno había enseñado a los otros diferentes artes como el manejo de la espada, el tiro con arco o a rastrear. Pero Yoon Gi no era como ellos. Yoon Gi era un dulce y delicado chico. Todos lo adoraban por su tranquilo carácter, pero su visión de la vida y de lo que suponía ser un buen esposo y señor de castillo, era completamente distinto a la forma de ser de los otros tres chicos que eran más aventureros.

—¡Por san Dangun, Taehyung! —se quejó Yoon Gi, escandalizado—. Somin apenas tiene cuatro años y ya la quieres subir a un caballo. Y a Hani, con seis, pretendes enseñarle el arte de la guerra. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Acaso dudas de que Hoseok y su clan sean capaces de protegerlas de los peligros que en un futuro las puedan acechar?

Taehyung miró al cielo, y tras suspirar con prudencia, volvió la vista a su hermano, que sonreía.

—Sé que mi marido y mi clan —dijo— se dejarían el alma y la vida antes de permitir que a mis hijas les ocurriera nada…, pero ¡yo! quiero que sepan defenderse por sí mismas y que aprendan por mí lo que nadie les va a enseñar.

Seokjin, al ver la cara de horror de Yoon Gi, sonrió, mientras observaba a Jimin sentarse a su lado.

—Yoon Gi, debes entender que las enseñanzas que nuestros padres y abuelos nos proporcionaron a mi hermano y a mí nos han ayudado mucho. ¿Crees que mi padre pensó alguna vez que mi hermano o yo correríamos los peligros a los que finalmente tuvimos que enfrentarnos?

Yoon Gi negó con la cabeza, e iba a contestar cuando Jimin dijo:

—¡Oh, Dios!, me imagino de qué habláis, y siento deciros que mi querido cuñado y mi adorado hermano no os entenderán. Para ellos cualquiera de las cosas que nosotros hábilmente con el tiempo hemos aprendido son indecentes y poco adecuadas para un joven de buena familia.

Molesto, Yoon Gi levantó el mentón para mirar a aquellos tres chicos que se reían entre codazos, y comentó:

—Por supuesto. Yo no apruebo esa clase de educación. Mi hija será educada como lo fui yo. Aprenderá el arte de hogar, y todo que sea adecuado a su delicadeza y feminidad, y te guste o no, Mingyu y yo te dejamos muy claro que no queremos que le enseñes a Jisoo ninguna de tus locas habilidades.

Jimin, tras mirarlo con sus espectaculares ojos azules, esbozó una sonrisa que dio a entender mucho a sus dos amigos, y con cariño, le indicó a su cuñado:

—No te preocupes, querido Yoon Gi; me quedó muy claro y… En ese momento, se oyeron unas fuertes risotadas y voces que provenían del portón de entrada, de modo que los jóvenes dejaron su conversación y prestaron atención al origen de aquel alboroto. Con curiosidad observaron que entraban dos mujeres y unos guerreros escandalosos, barbudos y con pinta de bestias.

Tras saludarse con los demás guerreros de los otros clanes con insultos que aturdieron al tranquilo Yoon Gi, el grupo se dispersó. Entonces, Jimin blasfemó al reconocer a uno de los hombres que había llegado con aquellos guerreros.

—¡Maldita sea!, el que faltaba —murmuró, volviéndose para no mirar. Había llegado Jeon Jungkook, hermano de Hoseok y cuñado de Taehyung. Éste cruzó una sonrisa con él, aunque se le heló al ver a una de las jóvenes que lo acompañaba.

—¿Quiénes son ésas? —preguntó Seokjin con curiosidad.

—La del pelo rojo y sonrisa de cuervo es la insoportable Han Hyo Joo — respondió Taehyung—. Y la rubia es Lisa, su hermana. Por cierto, una joven encantadora.

—¡Oh!, pero si son mis primas —dijo Yoon Gi, sonriendo al reconocerlas.

—¡Qué ilusión! —gruñó Jimin, molesto.

Han Hyo Joo era la tonta e insípida hija del señor Han Jae Duck, casado en segundo matrimonio con una tía de Yoon Gi. Aquella muchacha poseía una gran belleza. Tenía un pelo cobrizo maravilloso y unos ojos verdes increíbles, pero lamentablemente resultaba insoportable: se quejaba por todo. Era todo lo contrario a Lisa, su hermanastra, una joven de bonitos ojos castaños y pelo claro, divertida y sonriente.

—¿Quieres que salgamos fuera a tomar el aire? —se ofreció Seokjin. Jimin se limitó a negar con la cabeza. Odiaba a Jeon Jungkook. Durante muchos años había soñado con sus besos, sus abrazos, con ser su esposo y darle muchos hijos. Pero el día en que él, a pocas horas de que se casaran, se marchó sin despedirse a China para servir y luchar junto a Choi Jian, hermano de Choi Bo Min, rey de Baekje, decidió odiarle el resto de su vida.

—Jimin… —susurró Taehyung al notar que el joven respiraba con fuerza.

—Tranquilo. Estoy bien —indicó, sonriendo con alguna dificultad. Taehyung nunca olvidaría la incrédula mirada de Jimin cuando éste leyó la breve nota que un guerrero le entregó de parte de Jungkook. Sólo ponía: «Volveré». Pero tampoco olvidaba la desilusión de Jungkook al regresar, después de dos años de dureza extrema en China, y saber que Jimin, «su Jimin», no quería saber nada de él.

Jimin inspiró y, tras asumir que allí estaba el hombre al que odiaba, levantó el mentón con orgullo y preguntó:

—Creo que esta noche lo vamos a pasar muy bien, ¿no os parece? Yoon Gi se llevó las manos a la boca. Aquella mirada y, en especial, aquel gesto de su cuñado no auguraba nada bueno, y cogiéndolo del brazo, susurró: —Por todos los santos, Jimin. Recuerda que eres un Park y que le debes un respeto a tu hermano y a tu clan. Y no quiero que te molestes, pero son mis primas y me fastidiaría mucho que nos dejaras en evidencia.

Al escuchar aquella advertencia, el joven miró con una graciosa sonrisa a su cuñado y, tras levantarse, acomodarse bien la capa y arreglarse su bonito cabello rubio, apuntó con gesto orgulloso:

—Park Yoon Gi, te quiero mucho y te respeto porque eres mi cuñado, pero que sea la última vez en la vida que ¡tú! me recuerdas que soy un Park. —Y endureciendo la voz, siseó mientras Taehyung se levantaba—: Sé muy bien quién soy, y no necesito que nadie me lo aclare. Y en cuanto a tus primas, tranquilo, sé comportarme.

Pálido y a punto de que se le saltaran las lágrimas a causa de aquellas duras palabras, Yoon Gi se levantó y, sin decir nada, salió corriendo por la puerta ante la mirada de sorpresa de su esposo. Seokjin, mirando a su amigo, murmuró:

—Desde luego, Jimin, a veces eres…

Pero antes de que pudiera terminar la frase, el marido de Yoon Gi se acercó hasta ellos y Seokjin, tras levantarse, se marchó.

—¿Qué ocurre aquí? ¿Por qué Yoon Gi se ha ido llorando? —preguntó Mingyu cruzando una rápida mirada con Taehyung.

Jimin lo miro, torciendo el gesto e ignorando las preguntas, soltó:

—¿Qué hace él aquí?

Mingyu entendió la pregunta y cabeceó. Sabía que su hermano no se lo pondría fácil, pero no estaba dispuesto a entrar en su juego, y acercándose más a él, le susurró al oído:

—Jeon Jungkook es mi amigo, además de un excelente guerrero. Y tanto él como sus hombres visitarán mis tierras siempre que yo quiera. ¿Lo has entendido?

—No —resopló el joven, retándole con la mirada. Incapaz de seguir allí sin hacer nada, Taehyung se interpuso entre los dos y, tomándole la mano a Jimin, dijo:

—Mingyu, disculpa mi atrevimiento, pero creo que es mejor que me lleve a Jimin a tomar aire. Lo necesita.

Tras unos instantes en que las miradas de los hermanos siguieron desafiándose, Mingyu asintió, y Taehyung de un tirón se llevó a Jimin al exterior bajo la atenta mirada de algunos hombres, entre ellos su marido y su cuñado.

—Intuyo que alguien no está feliz de verte —bromeó Namjoon, palmoteando la espalda de Jungkook para desconcierto de éste y regocijo de su hermano Hoseok.