Una flor para ti 4 - Saga Guerreros

Summary

Estar enamorado de alguien que se desea olvidar no es algo que el joven e impetuoso guerrero Jeon Jungkook lleve bien. Tiempo atrás, Jungkook posó sus ojos en Jimin, un joven de mirada y pelo castaños que lo cautivó con su sonrisa. Pero cuando el padre de Jimin falleció, sus abuelos maternos los obligaron, tanto a él como a su madre, a dejar las montañas altas, su lugar de residencia, y regresar a Gungnae, un lugar en el que ninguno de los dos conseguía ser feliz, sobre todo cuando sus abuelos se empeñaron en concertarle un matrimonio. Dispuesto a salvar a su amado, Jungkook partió hacia Gungnae, pero al llegar allí se encontró con Jimin riendo divertido con uno de aquellos Goguryeo. Ofuscado y con el corazón destrozado, regresó a las montañas altas con la intención de olvidarlo. _________ ... _________ • KookMin / temática m-preg • Jungkook Activo / Jimin Pasivo • Menciones de otras parejas NamJin VHope • Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro • La temática y los personajes no me pertenecen, los créditos son para su autor original • La historia tiene variaciones en su trama original Pd: Esta historia habla de los personajes de Hoseok y Taehyung del libro anterior no se olviden que para poder adaptarla hay que hacer variaciones en sus personajes. Bienvenidas

Genre
Romance
Author
Juliana
Status
Complete
Chapters
64
Rating
5.0 4 reviews
Age Rating
16+

1

Gungnae, Goguryeo, 1328

—Con todos mis respetos, señor...

—Padre, por favor.

—... Señor, vuestro nieto no debería haberse marchado a Anyang con esos bárbaros —insistió Dong Woo mirando al anciano—. Su sitio está aquí, no con esos guerreros que...

—Esos guerreros son parte de su familia, padre. Jimin se crio en Sanseong-ri con los Park, y Jae Hyun y su hijo siguen velando por el —increpó Min Young, la madre del muchacho. Acto seguido, mirando al hombre que la observaba furioso a su lado, añadió—: Y en Anyang tiene lo más parecido a un hermano. Taehyung y él se criaron juntos, y por nada del mundo deseo que dejen de verse.

Negándose a entender lo que aquélla decía, Dong Woo volvió a mirar al anciano, que los escuchaba. Sabía muy bien cómo manejarlo, por lo que insistió:

—Si los padres del joven Choi se enteran de que vuestro nieto se ha marchado a las Montañas altas con esos malditos Buyeo, romperán el compromiso. Pensadlo. Si envío a alguno de mis hombres ahora mismo, lo interceptarán antes de llegar a Yangju con esos bárbaros que lo acompañan y lo traerán de vuelta.

—Ni se te ocurra, Dong Woo —siseó Min Young.

Él la miró y, clavando los ojos en ella, murmuró:

—Tu osadía al hablar te...

—Mi osadía —lo cortó ella— es el resultado de tu desfachatez.

—¡Compórtate, Min Young! —regañó señor Sang Min a su hija.

Shin Dong Woo, hijo de una hermana del anciano y su hombre de confianza, la observó. Aquella deslenguada lo sacaba de sus casillas.

Habían pasado muchos años desde que Min Young lo había plantado para marcharse con un maldito guerrero, y él todavía no se lo había perdonado.

Recordar la frustración que había sentido al saber que la mujer que amaba no lo amaba a él y lo había dejado por otro lo hundía cada vez que la miraba, pero, sin querer dejar al descubierto toda su rabia, indicó:

—Señor, ¿puedo hablar?

Lee Sang Min, que estaba a su lado, miró a su hija y le recriminó:

—Min Young, retén tu lengua o te irás de la sala. Y una vez más me permito recordarte que tú no tienes ni voz ni voto aquí.

La aludida maldijo en silencio cuando Dong Woo, al ver que ella callaba, asintió y prosiguió:

—Intentaba decir que, en un momento tan delicado como el que estamos viviendo, lo que menos importa es lo que Jimin desee. El señor y la señora Choi quieren que la boda se celebre cuanto antes, y no debemos obviar que el enlace del joven Jong Ho con Jimin nos beneficiaría en todos los sentidos.

Acalorada por tener que escuchar aquello, Min Young se revolvió. Los años vividos en las Montañas altas con su marido, ya fallecido, le habían enseñado que la felicidad en el hogar lo era todo, y no estaba dispuesta a que su hijo no tuviera una boda por amor; así que se encaró a aquel que en otro tiempo había sido su prometido, y empezó a protestar:

—Dong Woo, no consiento que...

—¡Cállate! —siseó él.

Ofuscada, Min Young se disponía a replicar cuando su padre, levantándose y acercándose a ella, indicó:

—Está claro que tu madre te consintió demasiado, pero eso no ocurrirá con el maleducado de tu hijo. Se casará con el hijo de los Choi, y ahora cállate. Tus modales de bárbara son deplorables.

La aludida miró al anciano con gesto de desagrado.

¿Cómo podía hablarle así delante de aquel hombre?

Desde la muerte de su madre, su relación era pésima, y la presencia de Dong Woo la empeoraba. Pero nunca consentiría que utilizaran a Jimin como moneda de cambio. Nunca.

Imaginarse a su hijo siendo infeliz el resto de su vida le carcomía el corazón, pero se lo destrozaba aún más saber que debido a su osadía, al haberlo criado su marido y ella como a un guerrero, haría cualquier cosa para que ni su abuelo ni Dong Woo cumplieran su objetivo.

No era la primera vez que intentaban desposarlo, pero Jimin se las había arreglado para evitar aquellos matrimonios enseñándoles a sus futuros maridos lo irreverente que podía llegar a ser y lo Buyeo que se sentía.

Por suerte, los anteriores pretendientes se habían quitado de en medio sin dar guerra, pero Min Young sabía que el hijo de los Choi era medio tonto, y sus padres sólo deseaban casarlo con quien fuera para que les diera descendencia. El resto no les importaba.

Mientras pensaba en Jimin, e ignorando la dura mirada de Dong Woo, que estaba a su lado, indicó:

—Quiero que mi hijo se case por amor, y el...

—¡Fuera de aquí! —voceó su padre—. Tu descaro y tu arrogancia me han conducido a esta absurda situación. Con tus disgustos te llevaste a tu madre a la tumba, y ahora pretendes llevarme a mí también.

—¡Padre!

Pero Lee Sang Min ya no la escuchaba, estaba furioso.

—Deberías haberte casado con Dong Woo. Este hombre era tu prometido. Tu madre y yo lo escogimos para ti. Y tú, con tu huida y tu fatídica elección, lo avergonzaste a él, a tu madre y a mí. Y eso, maldita sea, nunca te lo voy a perdonar.

—Padre, Seo Joon era una buena persona. Me enamoré y...

—¡Cierra esa boca! —siseó furioso Dong Woo al oírla.

Nunca una mujer lo había hecho sentirse tan idiota.

El abandono de ella la noche antes de la boda era lo peor que le había pasado nunca. Él la amaba, soñaba con ella noche y día, y jamás aceptaría que lo hubiera traicionado con un maldito Buyeo.

Entendiendo la mirada enajenada de aquél, el señor Lee se acercó a su hija y señaló:

—En su momento no te casaste con quien correspondía, pero tu hijo lo hará. Y lo hará porque esta vez Dong Woo y yo nos encargaremos personalmente de que así sea.

—No, padre. El...

Un fuerte bofetón le giró la cara.

Con el beneplácito del padre de la mujer, Dong Woo se acababa de desfogar.

A continuación, sin inmutarse, el anciano añadió:

—Jimin se casará con el hijo de los Choi, y si éstos se echan atrás por la manera irreverente de tu hijo, será Dong Woo quien se case con él.

Horrorizada, Min Young los miró a ambos y, buscando algún sentimiento en su padre, gritó:

—Pero ¡es tu nieto! ¿No quieres que sea feliz?

El señor Lee la miró fijamente y siseó mordiéndose la lengua:

—El mismo apego que tú me has tenido a mí es el que yo le tengo a ese bárbaro.

A Min Young se le revolvió el estómago al oír esas duras palabras y, con la mejilla enrojecida, mientras miraba a los dos hombres y se juraba que no permitiría aquello, oyó a su padre decir:

—Éste será su último viaje a las Montañas altas. ¿Cuándo regresa?

En un primer momento Min Young no contestó, pero cuando su padre la empujó, dijo:

—No lo sé. Quizá dentro de dos semanas.

Dong Woo asintió, y el anciano indicó:

—Esperaremos a que vuelva y a que los malditos Park lo dejen frente a la fortaleza. Una vez que llegue, será desposado.

Min Young negó con la cabeza. Impediría aquella locura antes de que su hijo fuera un desgraciado como pretendía su padre, y, dando media vuelta, murmuró:

—Me retiro a mi habitación.

Ninguno dijo nada. Sólo la observaron salir.

Agobiada, corrió hacia la escalera y allí se encontró con Soo Ae y con Haeri. Soo Ae, una anciana que adoraba a la mujer tanto como al hijo de ésta, le sonrió y preguntó:

—¿Qué os pasa, mi niña?

Sin querer mostrarle la angustia que sentía a la mujer, Min Young sonrió a su vez.

—Nada —contestó—. Sólo que extraño a Jimin.

—Tranquilizaos, mi señora —dijo Haeri—. Sabemos que Jimin está en buenas manos y regresará feliz como siempre.

Ella asintió y, tras dirigirles una sonrisa, subió la escalera y fue a su habitación.

En el despacho, cuando Min Young se hubo marchado, el señor Lee indicó respirando con dificultad:

—¿Sigue en pie que, si los Choi se echan atrás, tú te casarás con mi nieto?

—Sí —afirmó Dong Woo—. Si se da el caso, me ocuparé personalmente de que al fin sea un perfecto hombre y esposo.

El viejo asintió y, sin un ápice de piedad, sentenció:

—Vigila a Min Young. Conociéndola, tratará de impedir la boda.

El aludido afirmó con la cabeza y, sin dudarlo, salió de la estancia.

En su habitación, Min Young miró angustiada a su alrededor. Tenía que advertir a su hijo de lo que ocurría, por lo que, tras coger un papel, tinta y pluma, escribió:

Jimin:

Soy mamá. Te ruego, te suplico, que, tras leer esta carta, no regreses a Gungnae y te mantengas todo lo lejos que puedas de este lugar, porque aquí nunca serás feliz.

Cariño, en cuanto me sea posible viajaré para reunirme contigo. Sé que no me será difícil encontrarte, porque, conociéndote, estarás cerca de Taehyung o de ese joven llamado Jeon Jungkook, que algo me dice que es el dueño de tu corazón.

Sé fuerte ante las adversidades y sé claro con las personas que te quieren. Tu padre y yo criamos un guerrero y, como él decía, el que no lucha por lo que quiere no se merece lo que desea.

En el amor, sé tú mismo. No cambies. Quien te ame te corregirá, pero nunca te cambiará. Y, si ese Jungkook es el hombre de tu vida, jamás dejéis de hacer de vuestros pequeños instantes grandes momentos que en el futuro os puedan ayudar a recordar por qué estáis juntos.

Mi amor, utiliza el corazón y la cabeza y, sobre todo, sé feliz y nunca olvides que tu padre y yo te queremos y siempre estaremos muy orgullosos de ti.

MAMÁ

Tan pronto como terminó de escribir, dobló la carta y se la guardó en la manga del vestido. Ahora debía encontrar a alguien que se la llevara a su hijo.

Con cuidado, abrió la puerta de su habitación y se tropezó con Ji Eun, su criada. Min Young se aproximó a ella y preguntó:

—¿Sabes dónde están Yun Ho, Chan Won o Sung Kyu?

La mujer asintió y, al ver el gesto pálido de aquélla, dijo:

—¿Qué os pasa, mi señora?

Min Young, angustiada, se le acercó y, tras quitarse un anillo de plata con una piedra negra que le había regalado su marido el día de su boda, indicó:

—Guárdalo y, si algo me pasa, entrégaselo a Jimin si aparece por aquí.

—Mi señora, me estáis asustando...

Min Young lo sabía, sabía lo que estaban ocasionando sus palabras, pero prosiguió:

—En cuanto se lo des, dile que huya. Que huya lo más lejos que pueda, porque aquí no está seguro.

—Pero... pero, señora...

A continuación, Min Young dejó sobre la mano de aquélla su preciado anillo y añadió:

—Vete. Nadie debe saber que hemos hablado.

Ji Eun, tan asustada como su señora, se guardó el anillo en el pecho y se alejó a toda prisa.

Una vez de nuevo a solas, Min Young corrió escaleras abajo para salir al exterior. Sin mirar atrás, y oculta por la oscuridad de la noche, caminó hacia las caballerizas y, al entrar, sonrió al ver allí a Yun Ho y a Ho San, que se ocupaban de los caballos.

Sin tiempo que perder, les pidió que le llevaran aquella nota a su hijo al castillo de Anyang, y Yun Ho aceptó sin dudarlo. Ho San, en cambio, se mostró más reticente. No quería adentrarse en un territorio tan hostil.

Esa noche, Yun Ho se marchó, pero su viaje duró poco. Fue interceptado por dos hombres antes de llegar a Yeoncheon, quienes, tras matarlo sin piedad y enterrarlo, le robaron la nota y, a su regreso, se la entregaron a Dong Woo, que, al leerla, enfureció y se la guardó.

Dos días después, enajenado por la furia que sentía cada vez que leía que aquel Buyeo había sido el amor de la vida de su ex prometida y cuando Min Young paseaba con su caballo por un risco muy peligroso, se acercó a ella y, tras una fuerte discusión, la empujó y ella cayó contra las piedras. Dong Woo contempló la escena sin un ápice de piedad. Sin duda, la caída del caballo le había hecho más mal que bien a la mujer y, mientras un hilillo de sangre manaba de la boca de ésta, murmuró:

—El amor de tu vida debería haber sido yo, y no ese maldito Buyeo. Y ahora, te guste o no, seré yo quien se ocupe del irreverente de tu hijo; le bajaré esos humos que tiene porque me casaré con él.

—No..., no... —replicó Min Young en un hilo de voz al tiempo que sentía que las fuerzas la abandonaban.

Diez días después, inevitablemente, murió ante los ojos de un hombre que debería haberla criado como un padre y que no derramó una sola lágrima por ella.

La mujer, que, con los ojos cerrados, parecía dormir, había sido la persona que más lo había decepcionado en el mundo. Entonces, mirando a Dong Woo con gesto severo, el anciano indicó:

—Deberás partir con ella en un carruaje. Todos han de creer que mejoró y se marchó a Kaesong para reponerse. Una vez que os alejéis, entiérrala donde quieras y regresa dentro de unos días. Si alguien pregunta, diremos que está en Kaesong, en el hogar de los Min.

—De acuerdo —asintió Dong Woo aplastando unas flores secas de color naranja que Min Young tenía en su habitación.

Sin un ápice de pena, mientras se dirigía hacia la puerta para salir, el viejo añadió:

—El bárbaro de su hijo regresará y entonces nosotros nos ocuparemos de él.

—No veo el momento —afirmó Dong Woo.

Ji Eun, que estaba oculta en las sombras, lo oyó todo y lloró por la pobre Min Young. La maldad de aquellos sinvergüenzas para con la fallecida y su hijo no parecía tener fin.