Por un beso tonto

Summary

Jimin y Taehyung son dos inspectores de Policía acostumbrados a perseguir a delincuentes y a detener a infinidad de bandidos. En la última redada en la que participan uno de sus compañeros resulta herido. Cuando lo acompañan al hospital, conocen a Jungkook, neurocirujano, y Hoseok, pediatra, con los que rápidamente conectarán, y no precisamente para bien. Sus vidas, sus mundos y sus vivencias son muy diferentes, pero cuando la pasión asalta sus corazones, ya nada vuelve a ser igual, porque como dice Jimin, hay muchas maneras de salvar vidas: unas lo hacen con pistolas y otros con pijamitas verdes y gorritos con dibujo aviones. _________ ... _________ KookMin / temática m-preg Jungkook Activo / Jimin Pasivo Menciones de otras parejas NamJin VHope Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro La temática y los personajes no me pertenecen, los créditos son para su autor original La historia tiene variaciones en su trama original

Genre
Romance
Author
Juliana
Status
Complete
Chapters
61
Rating
5.0 5 reviews
Age Rating
16+

1

Isla Jeju 15 de junio de 2008

—¡Buenas noches, isla Jeju…! El gentío enloquecido de la discoteca Monkey Beach Jeju gritó.

«Ehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh.»

—¡Queremos pasarlo bien! —aulló uno de los tres DJ por el micrófono.

—¡Sí! —gritaron cientos de personas con ganas de pasarlo bien.

El DJ vestido de blanco levantó la mano, subió el control de la música y todo el mundo comenzó a bailar. La noche en la isla era divertida e idónea para conocer gente.

Entre aquella multitud que bailaba, reía y bebía, estaban Jimin y Taehyung, dos amigos que, sin ataduras de ningún tipo, pensaban disfrutar aquella noche a tope porque sus vacaciones se acababan.

—Bueno… bueno… bueno… —río Taehyung, el más alto de los dos—. Creo que ha sido una excelente idea veranear de nuevo aquí.

—Te lo dije —sonrió Jimin—. Jeju tiene algo especial. Me encanta esta isla y espero algún día poder tomar la decisión de vivir aquí.

—¿Y qué harás?, ¿vender collares o pareos por la playa? —se mofó Taehyung.

Jimin lo miró y sonrió. No sabía qué haría en el futuro, pero tampoco le importaba mucho. Lo único que tenía claro era que quería ser feliz, sin ningún tipo de atadura.

—Quizás monte mi propia tienda de collares y pulseritas. Ya sabes que a mí el cuentico hippie me encanta.

—Sí, pero no un cuentico como el de tu primo, que mira dónde está.

—No… no por supuesto —se carcajeó Jimin—. Yo tengo claro que me encanta el solomillo, el jamón serrano y no estoy dispuesto a hacerme vegetariano, ni por un chico, ni por nadie.

—Y como es lógico, querrás vivir en una preciosa casa blanca, ¿verdad?

—Hombre… eso es lo que le gustaría a todo el mundo. Pero con mi estilo de vida tengo claro que viviré en un pequeño apartamento no en una casa. Eso sí, junto al mar y en un lugar tranquilo, donde pueda escuchar música y leer. Ahí vienen Mark y Lucas —señaló Jimin a dos chicos con mezcla entre coreano e italiano, altos, piel blanca y bien vestidos, con ese algo que vuelve loco a cualquiera.

—Ainssss… qué pena —suspiró Taehyung al verlos acercarse—. Se acaban las vacaciones. Se acaban Mark y Lucas.

Observados por ellos y por otras personas, los chicos recién llegados, caminaron hacia Jimin y Taehyung con ese aire sexy e irresistible que a la mayoría de las mujeres y algunos hombres les gustaba, pero no reconocía.

—Mírale. ¡Qué bueno está! —susurró Taehyung al ver a Mark con un conjunto blanco de lino abierto hasta el ombligo dejando ver su tonificado cuerpo.

Los habían conocido el primer día de estar en la isla, y desde el segundo uno, su compañía había sido divertida y alocada, algo que iba con ellos. Todos eran adultos y sin necesidad de hablar entendieron que estaban de vacaciones. No habría preguntas ni reproches. Solo habría unas buenas y divertidas vacaciones. Nada más.

—Sí… sí que están buenos —asintió Jimin, aunque solo tenía ojos para Lucas que, a diferencia de su amigo, iba vestido con un conjunto de lino azul—. Pero no olvides, Tae que esto es Jeju. Estamos de vacaciones y ellos son los típicos niños lindos y…

—Y mañana regresamos a nuestra vida real.

—¡Exacto! —asintió Jimin.

—Yo creo que para aprovechar la última noche directamente voy a arrastrarlo al apartamento.

¿Qué te parece?

Jimin soltó una carcajada. Los chicos llegaron hasta ellos, los besaron y se emparejaron como cada noche. Poco después reían y bailaban como el resto de la gente del local. Sobre las tres de la mañana se dirigieron al apartamento de Jimin y Taehyung. Había que despedirse, y bien.

Cerca de la una de la tarde del día siguiente, con las maletas llena de ropa sucia y recuerdos, Jimin, Taehyung y los otros dos chicos llegaron al aeropuerto de Jeju. Allí tras varios besos largos y dulzones, e intercambio de teléfonos a los que nunca llamarían, se despidieron.

Poco antes de embarcar, los muchachos hablaban y una gitana muy morena y racial se acercó a ellos.

—Que calor que hace hoy —y tendiéndoles una ramita dijo—. Anda chicos, compradme hierbabuena para la buena suerte.

Los muchachos se miraron y sacaron un won cada uno. Sin perder tiempo, la gitana los cogió y se los guardó.

—Tomad—dijo clavándoles en el pelo dos ramitas—. Esto os dará buena suerte. ¿Me dejáis mirar la palma de vuestras manos?

—¡Mi madre!… me encantan estas cosas —comentó Jimin con una sonrisa mientras extendía la mano.

La gitana les tomó las manos, y en menos de dos segundos los miró y dijo:

—Hay qué suerte la de ustedes…

—¿Nos va a tocar la lotería? —se burló Taehyung.

—Mejor aún —asintió la gitana—. El amor está por llegar para los dos… y no serán coreanos… serán extranjeros.

Ellos se miraron con gracia. Seguro que aquella gitana los había visto con los chicos cuando se despedían, pero la dejaron continuar.

—Con ellos vuestra vida será cómoda y placentera, y…

—¿Se ve cuántos niños tendremos? —se mofó Jimin. La gitana volvió a fijar la vista en sus manos.

—Cariño, eso no lo veo. Pero lo que sí os puedo asegurar es que estas serán vuestras últimas navidades solteros y sin hijos.

Al oírla, los dos soltaron una risotada. Lo último que entraba en sus planes era una boda, y menos aún niños. Por lo que, tras despedirse de la gitana, que continuó su particular venta de ramitas por el aeropuerto, embarcaron en su avión.

—Tengo el corazón partido —se burló Taehyung mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

—Pues ya lo puedes ir pegando con cinta —respondió Jimin.

—¡Joder, Jimin! —río Taehyung—. ¿No te da pena no volver a saber nada de ese pedazo de hombre, posible marido y padre de tus hijos?

Jimin lo miró, se quitó la ramita del pelo y sonrió. La gitana y sus brujerías.

—Pues, chico… no te voy a mentir. Lucas ha sido un estupendo ligue de verano, y con eso me doy por satisfecho. Además, ya sabes que yo paso de parejas, hijos y toda esa complicación. Y ahora, cierra la boca, relájate y ¡por Dios!… no ronques.

—¡Imbécil! —sonrió Taehyung, consciente de que roncaba.

Jimin lo miró, bajó la gorra hasta que se tapó los ojos y los cerró; de inmediato se quedó dormido hasta llegar a Seúl.

Seúl, 18 de septiembre de 2008

Vestido con un precioso traje de noche de Dolce & Gabbana, él inspector de policía Park Jimin, acompañado por varios de sus compañeros, cubría un operativo policial en la Sala Joy Eslava de Seúl.

Se celebraba el 50 aniversario del exclusivo y elitista Hospital Jeon, y un contacto les había alertado de la posibilidad de que intentaran atentar contra Jeon Jung Soo, dueño y fundador del hospital.

Apoyado en la barra del bar con una copa de vino en la mano, Jimin hablaba con sus compañeros mientras vigilaba con disimulo a su alrededor. No le gustaba nada aquel tipo de operativo. Demasiada gente desconocida en una sala con varias plantas. Pero allí estaba él. Con un traje de seda de color negro, su rojo cabello bien peinado y unos zapatos de cuero que lo estaban matando.

—Ese traje te sienta de maravilla. Estás fantástico con él, es más, creo que a quien vigila Min hoy es a ti —afirmó Taehyung, más conocido como el inspector Kim.

Mingyu sonrió ante el comentario. Jimin suspiró. De todos era conocida la relación que tuvo con Min en el pasado. Algo que él no estaba dispuesto a retomar.

—Uf… —suspiró Jimin al comprobar por enésima vez que Min lo miraba—. Paso de él y de sus miraditas.

—Sí… sí —sonrió Taehyung con disimulo—, lo malo es que él aún no pasa de ti.

Jimin volvió a sonreír. Si algo le gustaba de su amigo era su forma de decir las cosas. Taehyung y Jimin eran hombres de estatura promedio y con cuerpos normales, aunque Taehyung era rubio con ojos azules y Jimin, pelirrojo y con ojos marrones.

—Hoy me considero un chico con suerte —sonrió Mingyu, el compañero subinspector—. ¿Quién me iba a decir que iba a estar acompañado por semejantes bellezas?

—No te emociones —aclaró Jimin con el gesto burlón—, es trabajo.

El inspector Park Jimin tenía claro que no soportaba la personalidad seductora de Mingyu, el subinspector y galán oficial de la comisaría de Seúl. Un tipo alto y con sonrisa de ángel que había partido a más de un corazón.

—Umm… ¡qué rico! —susurró Taehyung mientras cogía otro canapé de la bandeja que el guapo camarero ofrecía.

—¿A qué te refieres? —sonrió su amigo con disimulo—, ¿al canapé o al camarero? Eso los hizo reír.

Se conocieron en la Academia de Policía años atrás. Primero estuvieron destinados a Daegu, y con el tiempo los dos regresaron a Seúl, donde ejercían como inspectores en la Comisaría de Seúl.

Sus caracteres eran parecidos, aunque con ciertas diferencias. Taehyung, aunque sus relaciones eran tormentosas, creía en el amor, y Jimin, gracias a Min, su ex, no.

—Os emocionáis con poca cosa —dijo Mingyu mirándolos.

—¿A ese le llamas tú poca cosa? —Jimin señaló con asombro al impresionante camarero de ojos almendrados y cuerpo atlético que servía los canapés.

—No le hagas caso —se mofó Taehyung haciéndolo reír—, la envidia lo está matando.

—Pero si ese hombrecito no se comprara conmigo —contestó Mingyu, que guiñó un ojo a una rubia muy escotada que pasó por delante de ellos.

La rubia, vestida en un minivestido rojo super apretado que si respiraba se abriría en dos, lo miró, le sonrió con coquetería y siguió hasta detenerse junto a un grupo que había cerca de ellos.

—Ese tipo sí que tiene suerte —señaló Mingyu al ver que la rubia recostaba en él.

Con disimulo, Taehyung y Jimin miraron al tipo que Mingyu les indicaba. Estaba de espaldas, pero era un hombre alto y con buen porte, al que el esmoquin le quedaba perfecto.

—Mmmmmm… ¡Qué dios griego más sexy! —asintió Taehyung mientras Jimin continuaba escaneándole con la mirada—. ¿Verdad, Jimin?

—Tiene buen culo y se ve estupendo para revolcón —se carcajeó mientras observaba como la rubia siliconada del minivestido rojo se acercaba a él y, con gesto serio, él se alejaba.

—¿Buen culo? —Mingyu río al oírlos—. ¿Cómo podéis decir eso?

—¿Qué pasa? —se burló Taehyung—. ¿Está prohibido ponerles nota a los traseros?

—Deberíais tener cuidado con ese tipo de comentario —replicó Mingyu—. Quien os oiga creerá que estáis desesperados por pillar un buen… pene.

Aquel comentario exasperó a Jimin. No soportaba los comentarios inoportunos sobre su orientación sexual y, por su profesión, solía oírlos muchas más veces de las que deseaba.

—Mira que me enojan los machitos como tú. Pero ¡bueno! ¿Acaso los hombres heterosexuales como tú no decís cosas tan vulgares como «oh, Dios, qué tetas» o aún mejor el típico «qué cuerpazo tiene la rubia»?

—Déjalo, Jimin —suspiró Taehyung—, son todos iguales. Anda, toma otro canapé, que están riquísimos y que lo vas a disfrutar más que hablando con este idiota.

—¡Pues me desespera que todo piensen igual! —levantó la voz Jimin. Pero al ver que las personas que estaban al lado lo miraban, para disimular añadió—: Oh… ¿Ella es de Italia?… qué maravilloso país.

—Precioso país… precioso… —asintió Taehyung metiéndole un canapé en la boca.

Incrédulo por aquel arranque de furia, Mingyu cerró la boca, mientras ellos dos continuaban una absurda conversación sobre Italia. No pretendía sacar de sus casillas al inspector Park. De todos era conocido su fuerte carácter y cómo se las gastaba.

Una hora y media después, tras muchos canapés y alguna copa de más…

—Calcetín blanco, zapato oscuro, tonto seguro —se burló Taehyung.

—Son crueles como ustedes no hay nadie igual —dijo Mingyu.

—Disculpadme un segundo, necesito ir al baño —masculló Jimin de mal genio.

Sin esperar respuesta y con un enojo descomunal, se encaminó hacia los aseos. Como siempre, había cola para entrar.

«Dios… cómo odio esto», pensó colocándose en la fila como un buen chico.

La paciencia no era lo suyo, y menos cuando el chaleco antibalas le cortaba la circulación, los zapatos lo mataban y el jodido soporte donde llevaba la pistola amenazaba con rodar por su espalda.

Desesperado porque la fila no avanzaba, miró a su alrededor para intentar olvidar su desesperación por vaciar la vejiga y se sorprendió al ver al dios griego a pocos metros de él. Apoyado en la pared, su postura indicaba tranquilidad, algo que no parecía tener la rubia del minivestido rojo que frente a él movía los brazos.

Con disimulo se movió hacia su derecha. Eso le permitió oír la voz chillona de la señorita Glamour.

—Pero yo quería asistir a la fiesta —protestó la rubia—. De no ser por Sana y su acompañante no me hubieran dejado entrar. Eso no me ha gustado nada.

—Te dije que yo no pasaría a buscarte, Ji Eun. Siempre he sido claro contigo —respondió él sin alterarse, pero cansado del acoso de aquella rubia tonta—. Las cosas entre tú y yo acabaron antes de comenzar, por lo tanto, ni yo tengo nada que ver contigo, ni tú conmigo.

—Pero cariñito hermoso…

Sin poder evitarlo, a Jimin se le escapó una carcajada al oírla, y aunque rápidamente disimuló, ya era tarde. Aquella risotada había atraído la mirada de él, que ahora lo observaba con curiosidad mientras la rubia proseguía con sus protestas.

Cinco minutos después y tras varios intentos de la rubia por besar y abrazar al dios griego, él comenzó a echar humo. Se estaba poniendo muy pesada aquella rubia tonta que conocía de dos noches locas.

«Madre mía, qué mujer más pesada», pensó Jimin, a quien solo le quedaban tres personas por delante para pasar al baño. Comenzaba a compadecer al dios griego.

—Ji Eun, por favor. ¡Basta ya! —gruñó molesto—. Tú y yo salimos un par de veces, lo pasamos bien juntos y punto, ¿de acuerdo?

Pero la rubia era terca como ella sola y volvió al ataque justo en el momento en que comenzó a sonar la canción Something stupid.

—Pues no entiendo por qué no quieres estar conmigo…

Jimin no pudo más. Aquella tonta era insufrible, y el tipo comenzaba a darle pena. Así que le pidió al chico de la fila que le guardara un segundo el lugar, se acercó hasta ellos y ante la mirada incrédula de él, Jimin gritó bien alto para ser oído.

—Cariñito… suena nuestra canción… llevo buscándote un buen rato…

Y antes de que la rubia se moviera, Jimin se acercó a él con descaro y le plantó un rápido beso en los labios. Aunque él lo miró sorprendido, al verlo gesticular, sonrió y sin perder un segundo, lo agarró por la cintura y lo apretó contra él.

—Es cierto, cariño, nuestra canción —respondió él tan cerca que Jimin apenas podía apartar su boca de la de él—. ¿Por qué has tardado tanto?

Miss Silicona con su minivestido rojo se quedó petrificada ante el descaro de aquellos dos. Quiso decir algo, pero al ver cómo él bajaba sus manos posesivamente hacia el trasero del otro, sin decir ni una sola palabra, levantó la barbilla y se marchó.

Por el rabillo del ojo y mientras él continuaba besándolo, Jimin vio como ella, con su rápido movimiento de caderas, se alejaba. Se apartó unos milímetros de aquel que tan fascinado parecía y le indicó:

—Ya puede soltarme, amigo. La pesada se ha ido y yo tengo la vejiga a punto de reventar.

Él lo oyó, pero se negaba a soltarlo. ¿De dónde había salido aquel hermoso hombre? Incrédulo, lo observó mientras la música continuaba. Era pelirrojo, alto, aunque no tanto como él, y con unos preciosos ojos marrones. Vestía un ajustado traje que dejaba entrever un cuerpo fuerte y redondeado, y eso le gustó. Aunque no tanto como su soltura y su manera de hablar.

—Eh… ¡Tú! —dijo Jimin para espabilarle—. O apartas tus manos de mi culo en este instante o te juro que lo vas a lamentar.

Al oír aquello, el dios griego soltó una carcajada y lo soltó. A sus casi treinta años, y acostumbrado a ser él quien se quitará a las personas de encima, se sorprendió de que él le hablara así.

—Bonita canción de Sinatra, ¿no crees? —dijo él, divertido.

—No está mal. Pero yo soy más actual y prefiero la versión de Robbie Williams y Nicole Kidman.

En ese momento, Jimin miró hacia el baño. Era él siguiente para entrar y no estaba dispuesto a perder su turno. Se volvió hacia él, que aún lo miraba con gesto extraño, y mientras se alejaba le dijo:

—Me debes una, Casanova, y ten más cuidado con quién te metes. El mercado está lleno de idiotas y yo no andaré cerca para quitártelas de encima otra vez.

La puerta del baño de señores se abrió y Jimin, deseoso de vaciar su vejiga, entró, dejándole confundido y con la boca abierta.