Tattoo

Summary

—¿Un tatuaje? ¿Acaso estás loco, Park? Espera, ya sé, Satán te ha poseído, no eres tú mismo en este momento, —¿Verdad? —¿Sabes qué, Jeon? Vete a la mierda—. Jungkook observó su precioso trasero alejarse de él. Park Jimin nunca, pero nunca, maldecía. Nunca, jamás. Y lo acababa de mandar a la mierda. —¡Espera, Park! Te haré el tatuaje. Ven conmigo. ******************** • KookMin / temática m-preg • Jungkook Activo / Jimin Pasivo • Menciones de otras parejas NamJin VHope • Esta es una adaptación solo para entretenimiento y sin fines de lucro • La temática y los personajes no me pertenecen, los créditos son para su autor original • La historia tiene variaciones en su trama original (Adaptación) • Todos los derechos de autor al dueño de la imagen que use de portada

Genre
Romance
Author
Juliana
Status
Complete
Chapters
11
Rating
5.0 6 reviews
Age Rating
16+

1

Jimin sabía que aquello era una estupidez. Sabía que su padre lo asesinaría en cuanto llegara a casa y que su madre lo amenazaría con expulsarlo de la casa.

Sabía que sus vecinos lo etiquetarían con crueldad.

Otro loco más…

Y poco le importaba, también.

Por eso fue que entró a aquel bar, estrujándose los dedos y mordiéndose los labios mientras caminaba hacia la barra.

Él nunca había estado en un lugar como aquel. Allí solo venía la otra mitad.

Los chicos malos, los rebeldes, las chicas “sin rumbo”, como solía llamarlas su madre.

Y ahora el, hijo del reverendo, un niño ejemplar del pueblo, caminaba hacia la barra del Bar Big Hit, sintiéndose tan fuera de lugar que podía hasta sentir las miradas de todos allí clavadas en su menuda figura.

—¿Dis… disculpa? — Murmuró, y la enorme figura de un muchacho moreno se giró hacia él, esbozando una sonrisa de oreja a oreja. Ese era Kim Namjoon, uno de los peores. Alto, musculoso como un jugador de futbol y tatuado hasta el trasero. Podía ser increíblemente simpático cuando se lo proponía.

El moreno entrecerró los ojos mientras recorría a Jimin con la mirada.

—Park Jimin, ¿Qué demonios haces tú aquí? — Farfulló, entre divertido y completamente azorado.

—No tengo idea. —Susurró Jimin.

¿Porque estoy harto de mi vida? ¿Aburrido? ¿Vacío?

—¿En qué puedo ayudarte entonces? —Namjoon se inclinó sobre la barra, mientras miraba al niño Park, siempre tan obediente y tranquilo, casi temblando allí, en medio de toda esa gente tan diferente a él.

—Quiero hacerme un tatuaje. —Soltó Jimin valientemente, y se permitió felicitarse en silencio por su muestra de arrojo.

—¿Un tatuaje?

—Sí, eso. —Namjoon soltó una carcajada, y Jimin le frunció el ceño de inmediato. —¿Qué? —Espetó, molesto.

—Oh, nada, nada, es sólo que… Olvídalo. ¡Jungkook! —Jimin pegó un salto cuando el moreno llamó a gritos a su amigo, sin siquiera dejar de mirarlo.

Desvió sus ojos marrones hacia una escalera detrás de la barra, por donde el infierno personal de su padre y de todo el pueblo en realidad, apareció.

Chaqueta de cuero, botas y jean negro, cabellos castaño, rebeldes ojos esmeralda.

Perfecto.

O eso es lo que Jimin pensaba.

El pelirosa sabía que si alguna vez alguien se enteraba sobre quién era el protagonista de todos sus sueños, lo desterrarían.

Bueno, no, pero sí lo rechazarían.

En Busan no había lugar para dudas. O estabas del lado de los “puros”, gente cerrada de mente, frustrada y anticuada, quienes tenían como mayores enemigos al Diablo, los rebeldes y los negros, o estabas del lado de los “rebeldes”.

En su mayoría jóvenes hartos de una vida de privaciones. Sexo, vicios, tatuajes, malas palabras y estupideces ilegales.

En este último grupo se encontraba Jeon Jungkook, el amor platónico de Jimin desde que tenía memoria.

Jungkook había vivido toda su infancia a sólo una calle del pelirosa. Jugaban juntos de pequeños, pero con el correr de los años, Jimin había visto cómo sus caminos se dividían cada vez más. El hizo todo lo que se suponía que debía hacer. Él hizo todo lo que le prohibían hacer.

Hacía años que Jungkook se había mudado de su hogar de la infancia, pero Jimin lo veía pasar de vez en cuando en su moto, siempre vestido de negro, siempre fumando, siempre con su típica fachada de chico malo. Era una decepción para sus padres, y para el pueblo entero.

—¿Qué mierda hace Park Jimin aquí? — El castaño lo observó desde sus casi dos metros de altura, frunciendo el ceño.

Ah, ¿Había olvidado decirlo? Jeon Jungkook lo odiaba.

Jimin no tenía idea del porqué, y nunca se había atrevido a preguntar. Como buen cristiano que era (o quería ser), nunca respondía a sus provocaciones, y siempre lo ignoraba, pero la constante mirada de reproche que Jungkook le dedicaba no desaparecía nunca.

—Quiere hacerse un tatuaje. — Comentó Namjoon divertido, todavía sin girarse hacia su amigo.

Jungkook se acercó a la barra, e imitó la posición de Namjoon.

Ambos miraron al pequeño pelirosa desde su superior altura, haciéndolo sentir un pequeño insecto.

—Estás jodiendo. —Jungkook soltó una carcajada burlona, y Jimin torció el gesto.

Acostúmbrate, Park, todo el mundo maldice aquí, por todo, todo el tiempo.

Jimin no entendía por qué aquella gente sentía la imperiosa necesidad de inmiscuir la palabra “mierda”, “maldito” o cualquiera de sus derivados en cualquier oración que dijeran, siempre.

—Nop. Se quiere hacer un jodido tatuaje.

—¿Acaso estás loco, Park? Espera, ya sé, Satán te ha poseído, no eres tú mismo en este momento, ¿Verdad? — Se burló el precioso castaño, y Jimin apretó los labios.

—¿Sabes qué, Jeon? Vete a la mierda. Y olvídate del estúpido tatuaje. — Más enfadado que nunca, Jimin se dio media vuelta, dispuesto a hacer una teatral salida.

Oh, cielos, lo siento, soy tan malo. ¿Cómo pude haberlo mandado a la mier… allí? Me siento tan bien, pero no debería hacerlo.

Jungkook, por otro lado, se quedó mirando el pequeño trasero del pelirosa marcharse, ignorando las risotadas de Namjoon a su lado.

Park Jimin nunca, pero nunca, maldecía. Nunca, jamás.

Y lo acababa de mandar a la mierda.

No era la primera vez que alguien lo mandaba a la mierda, pero ese era Park Jimin.

Park Jimin Te ignoraré como si no existieras.

Reaccionó un segundo ante de que Jimin abriera la puerta del bar, y salió corriendo detrás de él.

—¡Espera, Park! —Llegó a su lado justo cuando el pelirosa había abierto la enorme puerta de madera sólo unos centímetros, y Jungkook apoyó una mano en ella, cerrándola de golpe, haciendo a Jimin saltar en su lugar, y de paso, quedando muy cerca de él.

—¿Qué? — Farfulló Jimin, sintiendo sus mejillas enrojecer.

—Te haré el tatuaje. Ven conmigo. —Sin darle tiempo a responder, Jungkook tomó la pequeña mano de Jimin y lo arrastró junto a él hacía detrás de la barra, y luego hacia las escaleras, ignorando los cuchicheos que se oían detrás y las risotadas de Namjoon.

Jimin abrió los ojos como platos cuando llegó al segundo piso.

Él se esperaba un lugar en tonos negros y rojos, algo sucio y desordenado. Nunca se hubiera esperado algo como aquello.

—Esto se parece mucho a un hospital. —Susurró, y Jungkook lo miró de reojo.

—Somos rebeldes, no suicidas. Se necesita de mucha higiene para hacer un tatuaje, sino podrías contraer una infección. —Le informó, al tiempo que se despojaba de su chaqueta de cuero, quedando solo con una camisa negra con letras grises, que dejaba ver sus musculosos bíceps y un par de sus tatuajes.

—Oh. —Jimin no pudo formular nada más, y se quedó allí, mirando las paredes blancas, los potecitos de alcohol en gel y diferentes desinfectantes, las agujas y demás herramientas esterilizadas a su alrededor.

—¿Qué vas a tatuarte? —Preguntó Jungkook, mientras levantaba un cuaderno de dibujo entre sus finos dedos, y lo miraba con una ceja alzada.

—Son tres pequeñas aves.

—¿Aves? —El castaño alzó una ceja, y sus ojos brillaron burlones. Inmediatamente, Jimin se puso a la defensiva, y Jungkook notó su cambio de actitud, porque levantó ambas manos en el aire, todavía sosteniendo el cuaderno en una. —No me burlo, para nada.

—Bien. —Jimin entrecerró los ojos, pero decidió creerle, y Jungkook le señaló un sillón blanco en una esquina.

—Siéntate allí. Yo dibujaré las aves y tú me dirás si te gustan o no, ¿bien? — El pelirosa obedeció, y lo miró a su vez mientras él se sentaba frente a una mesa y comenzaba a garabatear sobre el cuaderno. —¿Serán pequeñas verdad?

—Sí. —Murmuró Jimin, sin despegar la mirada de las facciones concentradas del castaño.

—¿En dónde será?

—Aquí. —Jimin levantó una mano para tocarse la clavícula y el hombro, y Jungkook apartó la mirada del cuaderno para observar su movimiento.

Jimin lo vio tragar saliva, y asentir sin decir nada antes de volver a concentrarse en su dibujo, y no entendió el porqué de la expresión alarmada del castaño.

El muchacho siguió observando a Jungkook dibujar, pudiendo mirarlo por primera vez sin temor a ser descubierto.

No debía haber hombre más bello que aquel, decidió finalmente.

La forma en la que fruncía los labios y entrecerraba los ojos con concentración, el pequeñísimo ceño que se formaba en su normalmente despreocupado rostro, le fascinaron. Jimin desplazó su mirada hacia abajo, hacia sus manos, grandes, de dedos largos, uñas limpias y muy hábiles.

Las cosas que debe ser capaz de hacer con esas manos…

Oh, no, cambio de dirección.

El pelirosa desvió la mirada hacia otro lado, ruborizado por sus propios pensamientos, y dando gracias al cielo porque nadie pudiera oírlos.

¿Desde cuándo se había convertido en un muchacho tan mal pensado? Su madre lo obligaría a rezar durante horas sin parar si lo supiera.

—Ven aquí. —Jimin dejó de mirar finamente a la pequeña botella de alcohol cuando la ronca voz de Jungkook llegó a sus oídos, y se acercó a él para mirar por sobre su hombro el dibujo de los tres pequeños pajarillos dibujados sobre el cuaderno.

Eran perfectos. Eran lo que él siempre se había imaginado.

—Sí, esos. — Susurró. —Son perfectos.

Jungkook asintió, satisfecho, y arrancó la hoja del cuaderno, comenzando a traspasar el dibujo sobre el papel de calcar.

—Bien, ve yendo a la camilla. —Jimin se acercó a la gran camilla blanca sin dudas. —Y quítate la ropa. — ¡¿Qué?! Jungkook reparó en la expresión horrorizada del pelirosa, y lo miró con impaciencia. —Sólo la camisa, Park, ¿Cómo esperas que te tatúe si no? No seas tan malditamente mojigato. —Esto último lo masculló, y Jimin le frunció el ceño molesto.

Él no era ningún mojigato.

Bien, sí lo era, pero eso estaba por cambiar. Ya lo había decidido.

Dejando a Jungkook con la boca abierta, el muchacho tomó ambos bordes de su camisa blanca y se la quitó de un tirón, quedando frente a Jungkook con nada más que un pantalón.

Jungkook no podía apartar la mirada del torso desnudo de Jimin.

Tantos años soñando con eso, y allí lo tenía, frente a él, tan vulnerable, inocente y precioso como siempre. Y semidesnudo.

¡Vamos! Ese era Jimin. El mismo Jimin con el que jugaba de niño, y el mismo Jimin que lo ponía de los nervios con aquel aire de paz interior y de resignación hacia el mundo y hacia su propia vida.

El simplemente no debería provocar ese efecto en él.

Haciendo un esfuerzo sobre humano y tragando saliva con fuerza, Jungkook se obligó a sí mismo a volver la mirada al dibujo.

Jimin, inspirando hondo e ignorando la mirada con la que Jungkook recorrió su cuerpo unos segundos antes, se subió de un salto a la camilla, y se recostó sobre ella, juntando las manos sobre su vientre.

—Bien. —Jungkook se puso de pie y se acercó a Jimin, para luego apoyar el papel carbónico sobre la nívea piel del pelirosa. —¿Aquí es donde lo quieres? — Jimin asintió, y el castaño tomó un algodón con alcohol para esparcirlo sobre el papel y grabar el dibujo sobre la piel de Jimin. —Eres mayor de edad, ¿Verdad?

—Tengo diecinueve años, Jungkook. —El castaño ya lo sabía, por supuesto, pero no pensaba admitirlo.

—¿Dolerá? — Susurró el pelirosa unos segundos después, mientras observaba a Jungkook metiendo una aguja nueva dentro de la máquina tatuadora y poniéndose un par de guantes de látex.

El castaño le echó una mirada a su inesperado cliente, y sintió la necesidad de tranquilizar los rasgos de Jimin, que ahora lo miraba con terror.

—Sólo un poco, al principio— Susurró, y prendió la máquina con una mano mientras tomaba una servilleta de papel con la otra. —¿Listo? —Jimin asintió. —Inspira hondo. —El pelirosa obedeció, y cerró los ojos con fuerza cuando sintió el primer pinchazo sobre su piel.

—No duele tanto. —Murmuró, envalentonado, luego de un minuto.

Jungkook le respondió con una de sus deslumbrantes sonrisas.

—¿Por qué las aves? —Preguntó en un momento dado el castaño, mientras reunía toda su fuerza interior para ignorar la forma en la que su ante brazo rozaba constantemente el pecho de Jimin durante el proceso.

—La libertad, supongo.

—¿Libertad? —Jungkook no pudo evitar el tono burlesco de sus palabras, y Jimin bufó.

—La libertad que me fue negada todo este tiempo. La que pretendo conseguir de ahora en más.

Jungkook asintió, con una sonrisa cada vez más grande en su rostro.

—¿Quién hubiera dicho que Park Jimin se convertiría en un rebelde, ah? —Comentó, y Jimin soltó una risita.

—Tampoco comenzaré a fumar, emborracharme y maldecir cada tres palabras, Jeon.

—¿Ah, no? —Jungkook sabía que no. Era Jimin, por todos los cielos, él odiaría verlo fumando, borracho y maldiciendo. Jimin era un pequeño ángel. Su pequeño ángel. —¿Y cómo pretendes lograr esa libertad?

—Principalmente, me iré de aquí en cuando reúna el dinero.

Jungkook sonrió. Él venía soñando con lo mismo desde los quince años. A sus veintiuno, ya estaba bastante cerca de lograrlo.

—¿A dónde irás?

—No tengo idea. —Jimin sonrió. —Incheon, quizás. Un lugar muy lejos, en donde la gente no te condene a ir al infierno por cada cosa diferente que hagas.

—Me parece genial.

—¿Tú nunca pensaste en irte? —Jimin se sentía en el cielo.

Por primera vez en su vida, estaba manteniendo una conversación con Jeon Jungkook, una conversación en serio, sin burlas o comentarios con doble sentido por parte del castaño. Aparte de eso, el constante roce de la piel del castaño contra su pecho lo escandalizaba y lo volvía loco al mismo tiempo.

—Todo el tiempo. Lo lograré, estoy cada vez más cerca. —Comentó satisfecho, y alejó la máquina de la piel de Jimin durante un instante para sonreírle.

Jimin sintió que dejaba de respirar durante un segundo.

Jimin siempre había adorado la sonrisa de Jeon Jungkook. Cuando sonreía, dejaba de lado su fachada de chico malo, y parecía un chico mucho más jovial. Parecía un adolescente de nuevo.

El intercambio de sonrisas sólo duró un instante, luego, Jungkook se mordió el labio y volvió a concentrarse en el tatuaje.

Pensaba que ya había olvidado a Park Jimin, de verdad creía haberlo hecho. Pero evidentemente, aquellos ojos chocolates que siempre lo miraban como si esperaran algo de él lo seguían volviendo loco.

—¿Qué dirán tus padres sobre esto?

—Querrán asesinarme. Realmente, ya ha dejado importarme lo que piensen. —Murmuró Jimin, y Jungkook le respondió con una gran sonrisa.

—Hecho. —Dos minutos más tarde, Jungkook separó su mano de Jimin, y le sonrió con picardía.

Jimin emitió un pequeñísimo gritito de entusiasmo y se puso de pie con rapidez, caminando derecho hacia un espejo de cuerpo completo en la otra punta de la habitación.

Jungkook se quitó los guantes de látex y sonrió mientras lo seguía con la mirada.

Su cuerpo siempre había sido muy pequeñito. Tanto que parecía un niño al lado de él, y Jungkook adoraba eso. Sus jeans eran algo grandes para él, pero sus preciosas piernas todavía lograban lucirse.

Jungkook se acercó hacia el por detrás.

Jimin estaba mirando el tatuaje con los ojos como platos, y una pequeña sonrisa se estaba dibujando en su sonrosado rostro.

—Este es mi favorito— Jungkook pasó su brazo por sobre los hombros de Jimin, y señaló uno de los pequeños pajarillos que volaban sobre la clavícula del muchacho.

—Los adoro a los tres. — Respondió Jimin con una sonrisita, y sus ojos se encontraron con los de Jungkook en el espejo.

Ambos sintieron como sus pulmones quedaban sin aire, y Jungkook actuó sin siquiera pensar.

En un rápido movimiento, tomó la cintura de Jimin y lo hizo girar en sus brazos.

Jimin lo miró con los ojos abiertos como platos y la respiración acelerada, y Jungkook supo que no podría detenerse.

Agachando la cabeza, tomó los labios de Jimin con los suyos, haciendo lo que hacía años quería hacer.

Jungkook sabía delicioso, a tabaco y menta, decidió Jimin, mientras sentía su lengua moverse tímidamente contra la del castaño.

Era su primer beso. Su primer beso y se lo había dado a Jeon Jungkook.

Y no me arrepiento.

Jungkook besó a Jimin siendo todo lo delicado que podía. Sabía que era el primer beso del pelirosa, y no porque alguien se lo hubiese dicho, sino porque era evidente en la forma tímida en la que Jimin abría la boca y se entregaba a él, dejándole el control.

—¿Eso era lo que querías? —Preguntó Jungkook en un murmullo contra los labios sonrosados de Jimin en cuanto se separaron.

—¿Q… qué?

—Siempre me miras con esos hermosos ojos que tienes como esperando algo de mí, como si estuvieras deseando que hiciera algo. ¿Era eso?

Jimin no podía encontrar la voz, así que asintió con la cabeza.

—Esto está sangrando. Ven. — Jimin miró al castaño fuera de lugar cuando él lo tomó de la mano y lo llevó hacia la otra punta de la habitación.

—¿Qué cosa sangra? — Preguntó, todavía confundido.

—El tatuaje, nene. —Jungkook señaló con la cabeza hacia su clavícula y Jimin se miró con el ceño fruncido.

Era cierto, estaba todo lleno de sangre.

Jungkook limpió su clavícula con algodón, y luego se dedicó a cubrir el tatuaje con una pequeña venda.

—Deberás poner algo de crema cicatrizante sobre él durante unas semanas. Quizás una costra se forme sobre él, no la arranques. —Murmuraba mientras terminaba de cubrirlo, y Jimin se limitaba a asentir con la cabeza.

El ruido de unas pisadas subiendo hizo que ambos se giraran hacia la escalera, y en un solo movimiento Jungkook alcanzó su chaqueta de cuero, que descansaba sobre el respaldo de una silla, y la envolvió alrededor de Jimin posesivamente.

El pelirosa soltó una risita, y metió las manos por las mangas, que obviamente le quedaban enormes, antes subirle el cierre.

—¡Jungkook! —Un rubio, altísimo y hermoso, apareció en la habitación, sonriéndole a Jungkook ampliamente.

—Kim Seokjin, podría asesinarte ahora mismo, ¿Dónde mierda has estado todo este tiempo? —El castaño se acercó al perfecto rubio con rapidez, y lo rodeó con los brazos, estrechándolo contra su cuerpo.

—Cállate, imbécil, yo debería asesinarte a ti, Namjoon me contó sobre lo de tu arresto, ¿180 kilómetros por hora, Jungkook? ¿En serio? ¿Cuándo te convertiste en un maldito suicida?

Jungkook soltó una carcajada, sin apartar al rubio, Seokjin, mientras el apartaba un par de mechones de cabello color castaño que habían caído sobre el rostro del muchacho.

Jimin sintió un nudo en la garganta. No tenía idea de quién era Kim Seokjin, pero aquel gesto lució tan íntimo que Jimin estuvo casi seguro de que ellos eran novios.

Entonces, ¿Por qué lo habría besado Jungkook?

Y la respuesta le rompió el corazón.

Porque ellos eran así. Todos allí eran así. Andaban con muchas personas a la vez, se acostaban con quien se les ocurría.

¿Habría Jungkook querido hacer lo mismo con él?

Más enfadado que nunca, Jimin se quitó la chaqueta y se puso torpemente su camisa, caminando decidido en dirección a la escalera.

Ni siquiera se volteó cuando Jungkook lo llamó por su nombre, y bajó al primer piso a toda velocidad.

—¿Qué tal el tatuaje, pelirosa? — Namjoon estaba apoyado en la barra, mirándolo con una enorme sonrisa en el rostro.

—Perfecto. —Masculló Jimin, pasando junto a él rápidamente, y saliendo del bar todavía más rápido.

Estaba caminando hacia su casa, a solo un par de metros del bar, sintiéndose la persona más estúpida del mundo, cuando Jungkook lo tomó por el codo y lo obligó a voltearse.

—¿Qué sucede contigo? —Jungkook lo miraba con el ceño fruncido, confuso. —¿Qué sucedió?

—Quise irme, eso es todo. —Masculló Jimin, evasivo, mientras se separaba del tacto del muchacho.

—¿Eso es todo? —Repitió Jungkook, molesto. —Y una mierda.

—Suéltame.

—No hasta que me digas que mierda es lo que sucedió allí arriba.

—¡Sólo quise darte tiempo a solas con tu novio, eso es todo! Ahora, no molestes más. —En cuanto Jimin intentó girarse, Jungkook lo levantó sin ningún esfuerzo aparente, y lo apoyó contra la pared de cemento en medio de la acera, dejándolo a su altura. —¡Suéltame!

—¿Novio? —Jimin se revolvió en sus brazos, y Jungkook se pegó a él como una lapa, dejándolo sin aire. —Seokjin no es mi maldito novio, Jimin.

—Oh, sí, claro. — Comentó sarcásticamente el pequeño pelirosa.

—Es la verdad. Seokjin es el novio de Namjoon.

—No es cierto.

Jungkook, completamente exasperado, no pudo hacer más que invadir la boca de Jimin con la suya, dándole un beso mucho más demandante, posesivo y brusco que el anterior.

Jimin, a pesar de su enojo, no pudo evitar corresponderle.

—Sí, lo es. —Murmuró Jungkook contra sus labios en cuanto se separaron, casi sin aire. —Te quiero, Jimin. Te he querido y deseado durante años, y nunca te hubiera robado tu primer beso si eso no fuera verdad.

—Ese no fue mi primer…

—No intentes negarlo, cariño. Sé que lo fue— Jimin bufó, avergonzado. —Y me fascina que lo haya sido.

—¿De verdad? —Jungkook asintió con la cabeza, todavía pegado a él, y Jimin le frunció levemente el ceño. —Si me has querido durante tanto tiempo, ¿Por qué siempre parecías odiarme?

—Nene, nunca te odié. Sólo estaba enfadado. Enfadado al saber que nunca podría estar contigo, de que eras demasiado perfecto, demasiado bueno para mí. Intenté olvidarte de un millón de maneras diferentes y nunca lo logré, y lo peor es que cuando intentaba hacerte reaccionar frente a mí de alguna manera tú solo me ignorabas. Detestaba que me ignoraras…

Jimin lo observó con los ojos como platos durante unos segundos.

—Eres un idiota.

—Lo sé.

—Si me hubieras dicho lo que sentías hace tiempo, Jungkook, todo habría sido diferente. Pensaba que me odiabas y no entendía por qué.

Jungkook sacudió la cabeza negativamente, sonriendo.

—Te adoro, Jimin.

—Y yo a ti, Jeon.

—Di que sí.

—¿A qué?

—Sé mi novio.

Jimin entrecerró los ojos, mientras se perdía en los preciosos pozos color esmeralda de Jungkook.

—Bien, lo seré, pero… —Jungkook había comenzado a sonreír, pero volvió a ponerse serio en un segundo. —No seré como todas esas otras conquistas con las que sueles salir, ¿Entendido? No me convertiré en un desastre, no dejaré que hagas lo que se te ocurra conmigo y por supuesto que no te compartiré. —Terminó el pelirosa muy seriamente, y Jungkook le sonrió con ternura.

Cuanto lo adoraba…

—Posesivo. Me gusta. —Murmuró pícaramente mientras depositaba pequeños besos sobre los labios entreabiertos de su ahora novio. —Acepto todas las condiciones, señorito.

—Entonces todo está perfecto, señor…— Murmuró Jimin, antes de acercar su rostro todavía más al de Jungkook, buscando un beso más profundo.

Jungkook no dudó en complacerlo.

—¿Jimin? ¿Park Jimin? —Ambos se vieron obligados a separarse cuando una voz femenina llamó su atención, y se giraron para mirar a la regordeta señora Lee, la más grande chismosa del pueblo, que los miraba con los ojos abiertos como dos platos.

—Hola, señora Lee. —Saludó Jimin, divertido ante la expresión de la señora mayor.

—¿Jeon… Jungkook…?

—Ese soy yo. —Comentó el muchacho, rodeando el cuello de Jimin con un brazo y sonriéndole impertinentemente a la señora.

Lee Hewon los observó de hito en hito unos segundos, y luego se giró sobre sus talones y salió pitando de allí.

Jungkook soltó una carcajada, mientras Jimin suspiraba y apoyaba su frente contra el pecho de su novio.

—Mi madre se enterará de esto en menos de un minuto.

—Oh, estoy seguro de que mi suegra estará encantada con la noticia.

Jimin rodó los ojos, pero sonrió al mismo tiempo.

Era un vicioso, pervertido, mal hablado, impertinente e imbécil.

Pero era suyo, y lo adoraba.