I'll fuck you if you let me baby
Ya era demasiado, su polla se endurecería en cualquier momento si el pastelito a unos cuantos metros de el no dejaba de mover las caderas de un lado al otro, cada vez que daba un paso en la caminadora.
Desde su sitio, en el área de pesas, podía observar al pequeño bomboncito delicado y sexy que usaba la caminadora todos los días, con sus leggings apretados de colores pasteles que se ajustaban perfectamente a sus piernas y culo apetecible.
El chico era una completa hermosura de pies a cabeza, con un aura dulce y cálida que sólo te provocaba querer comértelo a besos.
Su respiración se volvió pesada cuando el pequeño comenzó a trotar suavemente, haciendo que su gordo y bonito culo se moviera agradablemente.
Sin poder aguantarlo más, se levantó de su sitio, tomando lugar al lado del chico, en una de las caminadoras del gimnasio.
Ya había hecho su sesión de cardio en la mañana, corriendo los 5 kilómetros desde su casa hasta el gimnasio, y boxeando por aproximadamente una hora y media.
Pero, el no estaba ahí para hacer cardio, sino, para ver más de cerca al bello chico que tanto le encantaba.
Con disimulo y sin ser un cerdo irrespetuoso, comenzó a analizarlo.
De cerca era aún más lindo, su cabello lila platinado y sus delicadas facciones de angelito, contrastaban bellamente con su cuerpo curvilíneo y delgado. El balance perfecto entre lo adorable y lo sexy.
Su nariz era pequeñita y adorable, sus labios eran gorditos y rosas y sus ojitos eran pequeños pero expresivos, como los de un cachorrito.
Su adorable estatura que rondaría los 1.67 metros, le hacía ver aún más delicado y agraciado, como una pequeña florecita.
Su abdomen, fácilmente visible por la blusa crop blanca que llevaba, era plano y tonificado, con una cinturita suave y pequeña, perfecta para apretar hasta dejar hematomas en ella.
Más abajo, un pequeño bulto se formaba en la parte delantera de sus leggings, en donde un claramente pequeño miembro descansaba.
Y como no hablar de su culo, este era grande y firme, acompañado de unos muslos regordetes y perfectos, más unas piernas largas y estilizadas.
Era totalmente su tipo, o al menos lo era físicamente.
El chico tuvo que haber notado su presencia, ya que dejó de trotar en la máquina y comenzó a caminar de nuevo, volteando su rostro hacia el.
—H-hola —Saludó cordial y tímido, con una sonrisita temblorosa en sus rechonchos y apetecibles labios.
Su voz era extremadamente suave, con toques agudos que sólo hacían a su apariencia soft y dulce destacar aún más.
—Hola bonito, ¿como te llamas? — El azabache preguntó coqueto, haciendo al menor sonrojarse violentamente.
—M-me llamo jimin, un gusto. ¿Cómo te llamas tu, guapo? —Devolvió la pregunta, empleando un tono ligeramente más suave y seductor, pero sin poder ocultar lo cohibido y tímido que se encontraba por la imponente presencia del azabache.
—Me llamo jeongguk, y seré directo contigo, dulzura. Me pareces la cosita más sexy y apetecible en este mundo, y me encantaría saber si te gustaría que tuviésemos un momento íntimo juntos — Jeongguk admitió con una sonrisa descarada en su atractivo rostro. —Si no lo deseas, lo entenderé y te dejaré tranquilo, nene —Agregó.
Esperó paciente la respuesta, sonriendo socarrón cuando el más joven paró la máquina, quedándose quieto y soltando un suspiro entrecortado.
—Y-yo... a-ah —Respondió entrecortado y tímido, sintiendo sus piernas temblar.
Ese simple y pecaminoso sonido fue suficiente para calentar al mayor de sobremanera, más aún cuando, al bajar la mirada, sus ojos se encontraron con un bultito creciendo entre las piernas del pequeño.
Con la respiración pesada y algo de desesperación, bajó de la máquina, tomando la cintura de jimin y bajándolo al suelo por igual.
—Me gusta ver que lo deseas tanto como yo lo hago, belleza. Me calientas mucho, y si fuera por mi, te follaría aquí mismo sin ningún problema —Confesó con un susurro en la oreja del chico, lamiendo su lóbulo sensualmente.
—E-eres todo lo que puedo soñar en un hombre, y si tienes que hacerlo aquí, hazlo, pero fóllame porfavor —Jimin levantó la mirada, encarando al mayor con ojos llorosos y pupilas dilatadas. Su respiración comenzaba a hacerse errática.
Sus miradas no rompían el contacto, ambos se deseaban de sobremanera y no había nada que esconder.
El mayor tomó los labios de jimin entre los suyos, comenzando con un beso desesperado, caliente y muy húmedo.
Aprovechando que se encontraban solos, tomó por los muslos a la florecita, comenzando a caminar con el entre brazos hasta los vestidores del gimnasio.
Jimin se sentía en el cielo, siendo sostenido firmemente por el protagonista de sus sueños más húmedos.
Tenía que admitir que estaba gratamente sorprendido, nunca creyó que el sería el interés sexual de alguien como el mayor.
Jeongguk era la definición exacta de su tipo ideal; alto, musculoso, rostro anguloso y atractivo, tatuado, mayor... ¡Era literalmente el hombre perfecto!
Por lo mismo, no entendía como alguien como el, tan opuesto y diferente, sería de su interés.
Pero, eso era lo de menos cuando tenías a al hombre de tus fantasías apretando tu culo con firmeza.
Sus pies tocaron el suelo de repente y su cuerpo fue volteado con algo de brusquedad contra la pared más cercana, quedando frente a frente con esta.
El mayor no perdió el tiempo, deslizó los apretados leggings color lavanda por las piernas de jimin, dejándolo vestido solamente con unas bragas estilo brasileño de algodón.
Su polla se endureció dolorosamente dentro de sus shorts de deporte, presenciando las bonitas y grandes nalgas pálidas de la florecita siendo apenas cubiertas por las braguitas de algodón.
Jimin se sintió deliciosamente expuesto, sintiendo la mirada hambrienta del mayor en su culo.
Sabía que tenía un buen culo, así que con toda la intención, se inclinó aún más contra la pared, arqueado su espalda y dejando su trasero empinado.
—¿Te gusta lo que ves? —Se atrevió a preguntar, encarando al mayor, pícaro y descarado.
—¿Que si me gusta? Tienes el culo más bonito y follable en este mundo, angelito. —El azabache admitió socarrón, nalgueando una de sus mejillas con algo de fuerza.
El chico gimió ante eso, amando el rico escozor en su nalguita derecha gracias a la palma pesada y fuerte que lo había azotado.
¿Será que a jeongguk le gustaban los juegos de dominación tanto como a el?
Solo el pensamiento de ser azotado y degradado por aquel adonis le excitó, pero eso tendría que descubrirlo más adelante.
El mayor tomó las grandes nalgas entre sus manos, teniendo problemas para abarcarlas por completo.
Comenzó a amasarlas y apretarlas en movimientos circulares, dejando la marca de sus dedos por todos lados.
Jimin gimió excitado, recostando su frente contra la pared, delirando cuando los pulgares del hombre pasaban rozando su sensible entrada.
Sin poder esperar más, el azabache deslizó las bragas por las piernas del menor, dejando su culo completamente expuesto.
Seguido a eso, abrió las bonitas mejillas con sus pulgares, encontrándose con el ano rosado y visiblemente apretado, viéndose tan apetecible y delicioso.
Acarició el pequeño orificio con cuidado, sintiendo la suavidad de este y sacándole gemidos pecaminosos al más pequeño.
—Te gusta eso, ¿no es así dulzura? —Cuestionó burlón, presenciando el desordenado asentimiento de jimin mientras aún estimulaba el lindo ano apretado.
Después de algunos segundos, dejó de toquetear la rosada hendidura, nalgueando a jimin un par de veces más antes de bajar sus propios shorts y boxers, liberando su dura erección.
También, retiró su camisa y la de jimin, dejando sus cuerpos completamente desnudos de una vez por todas.
El mas bajito no pudo evitar voltear el rostro una vez más, queriendo tener una vista completa de la desnudez de jeongguk.
Su boca se hizo agua, admirando el cuerpo de dios griego de su mayor.
Un gemido salió de sus labios al bajar la mirada, encontrándose con una gruesa y perfecta polla, siendo masajeada lentamente por la masculina y gran mano del mayor.
La anticipación llenó su ser, sintiendo mariposas en su estómago con solo el pensamiento de ser follado hasta la saciedad por ese gordo y largo pene.
—¿Te gustan grandes pequeño? Parece que disfrutas de la vista —Jeongguk lo sacó de su trance, haciéndole sonrojar por la pregunta tan descarada.
—M-me encantan grandes, pero la tuya me parece especialmente apetecible—Respondió pícaro, aún con el sonrojo en las mejillas y una sonrisita traviesa en sus bonitos labios.
Jeongguk sonrió encantado, amando esa respuesta. Sus labios chocaron con los del chico una vez más, comenzando a restregar su duro falo entre sus mejillas regordetas.
El pelimorado gimió, sintiendo la lengua cálida de su acompañante hacerse paso entre su boca, sacándole suspiros y gemidos ahogados.
Sus besos siguieron por varios minutos, húmedos y deliciosos, hasta que el mayor se separó abruptamente.
—Espérame aquí bonito, iré a traer lubricante y condones, no tardo. —Jeongguk anunció, alejándose y dejando a jimin aturdido.
Rápidamente trotó hacia los casilleros del lugar, llegando hasta estos y abriendo el suyo, hurgando entre su maleta de deporte hasta encontrar los sobres plateados de lubricante y condones.
Si, era un hombre precavido.
Con las cosas en mano, volvió con jimin, besando sus bonitos labios rápidamente.
Tomó una cantidad generosa de lubricante en sus dedos, tanteando aquella bonita entrada y comenzando a prepararla.
El chico saltó ligeramente, jadeando expectante cuando el primer dedo se hizo paso en su interior.
Agregó dos dedos más al sentir la positiva respuesta del menor, haciendo que este gimiera aturdido al sentir su apretado agujero expandirse poco a poco.
Jimin comenzó a gemir entrecortado, amando la sensación de los largos dedos del azabache llegando tan profundo en su interior, rozando de vez en cuando su punto dulce.
—Eres realmente una belleza, dulzura— El mayor susurró ronco, sin poder despegar su mirada de la bonita cara de excitación del menor, con su ceño fruncido y su boca abierta.
Siguió con las penetraciones, cambiando el ángulo en el que sus dedos entraban y salían hasta tocar de manera precisa la próstata sensible.
—¡Ah mierda! —El menor gritó agudo y acabado, sintiendo sus piernas flaquear ante la deliciosa sensación de su próstata siendo estimulada.
Jeongguk sonrió socarrón, torturando el punto dulce del chico sin parar, sacándole agudos gemidos, cada vez más altos y rotos.
—J-jeongguk, basta por favor, m-me correré si sigues haciendo es-eso — Jimin sollozó excitado, a punto de caer de rodillas al suelo.
— Está bien cariño. Ya estás más que preparado para recibirme — El mayor retiró sus dedos del pequeño agujero, tomando el condón que había traído, abriéndolo y lo poniéndolo con cuidado en su polla.
Luego, tomó al bajito entre sus brazos, haciendo que este enredara sus bonitos muslos alrededor de sus caderas, dándose estabilidad por fin.
Jimin se preparó para sentir la intromisión, sintiendo como la punta de la polla se hacía paso en su interior. Sintió como jeongguk se quedaba quieto, esperado alguna palabra de su parte.
—Mételo t-todo, hazlo sin compasión —Gimió excitado, queriendo sentir ese trozo de carne hacer pedazos su interior.
Sintió la gorda polla hacerse paso en su interior de una sola estocada, sacándole gemidos desgarrados y algo adoloridos y lágrimas finas de los ojos.
Si que era una polla grande, enorme, diría el.
— Y-ya, muévete, párteme en dos — Una vez mínimamente acostumbrado al gran tamaño, suplicó necesitado.
Jeongguk acató la petición, comenzando a penetrar en el agujero del más joven.
Al principio, trató de ser gentil, fallando miserablemente al sentir esas maravillosas paredes de terciopelo apretarlo.
—L-lo haces muy bien. Quiero m-mas mas~ —Jimin suplicó, amando el ritmo brusco de las embestidas en su interior.
Las estocadas se hacían más duras y bruscas con cada segundo que pasaba, jimin se sentía en el cielo mientras era sostenido de manera codiciosa entre los brazos del mayor.
Sus gemidos también aumentaban de intensidad cada vez que era penetrando, amando la poca delicadeza con la que era follado.
Encantando, el azabache embistió aún más duro, dándose cuenta de lo mucho que el menor disfrutaba de sus estocadas profundas y certeras.
Sus manos apretaron aquella cinturita fina y definida con ganas, embobado a más no poder con el rostro del más pequeño.
—Con que te gusta duro, ¿no es así florecita? —Preguntó ronco y entrecortado, sin parar el ritmo de sus embestidas ni la presión de sus manos alrededor de la cintura estrecha.
—¡S-si! M-me encanta duro, m-mas p-porfavor —El pelimorado respondió con un sollozo, delirante y acabado, con lágrimas cayendo por sus ojos gracias a las deliciosas embestidas.
Jeongguk no se contuvo, tomó los dulces labios de jimin en un beso desesperado, sintiendo los deditos de este enredarse entre su cabello azabache.
Todo lo que podías escuchar en esos vestidores era el erótico sonido de las pieles de ambos hombres chocar, los gemidos agudos y graves que contrastaban de manera perfecta, el chasquido húmedo de los sucios besos entre ambos, y sus suspiros y respiraciones entrecortadas.
Tenían suerte de ser los únicos en ese gimnasio ese martes al medio día, porque estaban realmente expuestos.
—¡Aaah, a-ahí porfavor, m-mas! —El más joven gritó, echando su cabeza hacia atrás al sentir su próstata ser abusada sin compasión por el glande del mayor.
—Lo que me pidas bonito — Jeongguk no se hizo de rogar, sus bruscas embestidas fueron dirigidas a ese punto en específico, apretando fuertemente la cintura entre sus manos.
—Y-ya n-no aguanto, m-me correré jeongguk
El menor era un desastre de gemidos, grititos y lágrimas, a punto de llegar a su ansiado orgasmo con la polla del mayor haciendo pedazos su culo.
—Hazlo bebé, yo también estoy cerca — Respondió guturalmente, tomando la pequeña polla desatendida entre su gran mano, comenzando a masturbarla a su gusto.
El pelimorado gimió ante esa acción, sobrecargado y a punto de explotar.
Gritó una vez más, antes de sentir su orgasmo manchar su abdomen y el pecho de jeongguk.
Su cuerpo cayó rendido y su interior se apretó alrededor de la polla gorda que aún lo embestía, haciendo a su acompañante llegar a su orgasmo también.
— D-dios cariño, eso fue increíble — El azabache embistió unas pocas veces más dentro de un maleable y cansado jimin, vaciándose completamente dentro del condón.
Luego de unos segundos descansando, el mayor salió lentamente del pequeño, bajándolo al suelo.
El bajito, aún con los ojos cerrados, se acurrucó contra el cuerpo de Jeongguk, con las piernas temblorosas y el culito adolorido.
Al mayor le causó ternura ver a su acompañante comportarse como un gatito dormilón en busca de mimos.
Con delicadeza, comenzó a acariciar su suave cabello, siendo un soporte para el tembloroso cuerpecito maleable.
Luego de un rato, decidió que era buena idea darse una ducha, así que tomó el cuerpo de jimin entre sus brazos, y se dirigió a las duchas con el.
El chico se dejó hacer, enredando sus piernas y brazos alrededor del gran cuerpo de Jeon y casi que quedándose dormido.
Había sido la mejor follada de su vida.
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El azabache solo podía admirar al chico bonito y adormilado acurrucado en su pecho, apoyándose contra su cuerpo en busca de estabilidad.
No podía despegar su mirada de esa carita de ángel, con sus ojitos cerrados y sus bonitos labios de azúcar formando un pucherito involuntario, con su gordita mejilla aplastada contra su pecho.
¿Que era lo que había hecho para tener a tal encanto acurrucado contra el?
No lo sabía, pero lo agradecía.
El pelimorado abrió lentamente los ojitos, y con eso, el mayor desvió la mirada, tratando disimular un poco su admiración por el.
Con la mirada baja, el pelimorado le dio la espalda al mayor y comenzó a lavarse cuidadosamente, sintiéndose tímido de repente al estar tanto tiempo acurrucado contra alguien que prácticamente no conocía.
Lo más probable es que haya incomodado a jeongguk, y eso le hizo sentir estúpido.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando unas manos grandes y cálidas se posaron en su esbelta cintura, comenzando con caricias suaves y relajantes.
Se dejó hacer, acurrucándose de nuevo contra jeongguk como el mimado que era.
A veces odiaba ser tan amante del afecto.
—Eres muy bello jimin, nunca había estado con una persona tan hermosa como tu. Me encantas —El azabache expresó, susurrando suavemente en el oído de pelimorado.
Este sintió una ola de escalofríos recorrer su cuerpo entero, pegándose aún más contra el cuerpo del más alto.
—¿Te parece si nos seguimos viendo dulzura? Sería un honor para mi el poder conocerte más —Agregó encantador ante la positiva respuesta del bajito.
—Si quisiera jeongguk, t-tu también me encantas —Respondió cohibido pero decidido, encarando al mayor con una sonrisa.
El azabache no espero invitación, se inclinó para tomar esos labios de azúcar entre los suyos, besándolos con fervor y pasión.
Jimin correspondió sin dudar, envolviendo con sus brazos a jeongguk.
El beso subió progresivamente de intensidad, calentando el ambiente poco a poco.
Jimin gimió suavemente, abriendo la boca en invitación a la lengua del azabache.
Este aceptó, metiendo su lengua en lo profundo de aquella boquita pecaminosa.
Sus manos bajaron lentamente hasta acunar las perfectas nalgas de la preciosura entre sus brazos, haciéndose paso con sus dedos entre estas hasta tocar la aún dilatada abertura.
Con cuidado metió dos de sus dedos de nuevo en el agujero, siendo delicado pues hace tan solo unos minutos había estado destrozando ese lugar con su polla.
Las piernas del menor comenzaron a temblar nuevamente, y sus fuertes jadeos le imposibilitaron la tarea de seguir besándose con jeongguk.
Le gustaba el sexo duro y hasta cierto punto el dolor, pero su ano estaba demasiado resentido para recibir la polla del mayor de nuevo.
Así que con delicadeza, posó sus manos en el pecho fuerte del azabache.
—M-me duele —Pronunció quedo, poniendo ojitos de cachorro involuntariamente.
Jeongguk sintió que se derretía de ternura, así que sacó sus dedos de ahí, sin querer incomodar al pequeño.
Con una idea en mente, se puso de rodillas, sorprendiendo al menor de inmediato.
Con delicadeza, volteó el cuerpecito magullado hasta que este estuvo encarando la pared del cubículo de la ducha.
—Se que puede aliviar tu dolor príncipe —Dijo socarrón, antes de abrir las bonitas mejillas blancas y meter su lengua entre estas, lamiendo el bonito agujero rosa.
Jimin trastabilló con un gemido, inclinándose ante la deliciosa intromisión.
Lo demás fue historia, jimin volvió a correrse con un gemido escandaloso, siendo lavado por jeongguk luego de su segundo orgasmo.
Más tarde ese día, ambos salieron del gimnasio con las mejillas sonrojadas y las manos entrelazadas, dirigiéndose a un café cercano para conversar de manera más tranquila.
Resulta que ambos tenían mucha química, y no sólo en el sexo.