sin su árbol
-Ha pasado un año Ester y todavía no puedes escribir una buena historia- aseguró su agente.
-No puedo, me quedé estancada, en ese momento... y lo veo, recuerdo, y no quiero estar aquí. Me ahogo, no puedo respirar.- Conseguí decir al fin.
-Ester, no solo soy tu agente, también soy tu amiga. Y a pesar de tus primeros grandes aciertos, esta prolongada ausencia ha deteriorado la relación con la editorial. El director me llamó y exigió una nueva historia. Tienes doce meses.- sentenció Luisa Bocca tristemente.
-Ellos solo exigen y ganan millones con mis libros, pero no les interesa si me pudro en el intento.- aseguró indignada.
-Cariño, el trato fue tres libros por año, y entregabas hasta siete. Han sido pacientes, al permitir que incumplas con el contrato. Y además no han detenido los pagos.- aclaró mientras encendía un cigarrillo.
-Tienes razón, ha sido inconsciente. Y qué haré entonces.- respondió apesadumbrada.
-Primero, te irás por unos meses fuera del país. Te instalaré en un lugar de esos que te gustan. Y veremos si allí puedes escribir. Si no logramos nada, contrataré un gigoló para que te quite esa depresión, y esperaremos resultados.- la risa pícara de Luisa no se dejó esperar.
-¡Luisa! Sabes que no soy de ese tipo de mujeres.- reclamó ofendida.
-Jamás entendí eso de guardarse para el marido. ¿De qué te atribuye?, si el bruto mal educado te hizo mil pedazos. Y nunca le importo que fueras virgen.-
-Pero a mi si, fue mi decisión. No era importante el marido, solo el hecho de ser de un solo hombre. Y cumplir en ese sentido, con las expectativas de la familia.- aclaró en pie Ester.
-Amiga, no te molestas, es que las mujeres como tu son casi un mito. Y ahora me pareces como uno de tus personajes.-
-¿A quién?- inquirió curiosa.
-A una dríada, porque en el momento en que cortaron tú roble te marchitaste.- Luisa con los ojos llenos de lágrimas miró a su amiga que continuaba observando la bahía, casi inmóvil.
Una larga inhalación, hizo que el cuerpo de Ester se estremeciera.
-¿Luisa?- llamó a la mujer de forma extraña. –Ahora entiendo esa frase que oí una vez.-
-A cual te refieres.- insistió el agente.
-“La costumbre es más fuerte que el amor”.-
Luisa le dedicó una larga mirada y tomando el bolso aseguró:
-Alista tus cosas, porque te llamaré en la semana para ver lo del viaje.-
La agente se alejaba sin esperar respuesta. Salía de ahí decidida a ayudar a su gran amiga.








