EQUIVOCACIÓN capitulos del 34 al final

Summary

Jeon Jungkook, un conquistador acostumbrado a conseguir a cualquier persona que desee, y Jimin, una chico dulce y encantador pero muy orgulloso: el cóctel explosivo está servido. Si quiere recuperar a su chico, va a tener que seducirlo... Jungkook conoce a Jimin por casualidad. Metido a fondo en su papel de playboy, iba buscando a otra persona, pero acabó llamando a la puerta Jimin y se encontró con un chico tierno, divertido... y para nada lo que Jungkook anda buscando. Así que Jungkook rechaza a Jimin. Error. ¡EQUIVOCACIÓN! Ahora Jimin no quiere saber nada de él, pero Jungkook está dispuesto a lo que sea, LO QUE SEA, con tal de tener una segunda oportunidad. +18 años .Pareja principal Kookmin SEGUNDO LIBRO DE LA SAGA CAMPUS

Status
Ongoing
Chapters
19
Rating
5.0 5 reviews
Age Rating
18+

CAPÍTULO 35

JIMIN


Me estoy riendo para mis adentros cuando me siento en mi escritorio a releer el poema absolutamente horroroso que Jungkook me ha escrito. Sus versos me hacen partirme de risa; sobre todo hace comparaciones con cosas de coches y hockey, y su rima es un caos. ¿Es ABAB? No, hay un tercer tipo de rima. ¿ABACB?


Dios, es malo a niveles épicos.


Y, sin embargo, mi corazón no dejar de hacer piruetas como si fuera un delfín feliz.


─ ¿Qué es tan gracioso? ─ Sam entra en nuestra habitación después de su programa de una hora en la radio. Lleva unos pantalones vaqueros rotos, una camiseta sin mangas minúscula y sus Doc Martens, pero las puntas ahora son moradas. Se lo ha debido de teñir hoy mientras yo estaba en clase, porque todavía eran azules cuando me marché de la habitación esta mañana.


─ Me encanta el morado ─ le digo.


─ ¡Me alegro! Oye, enséñame qué es lo que te hace tanta gracia ─ Se acerca por mi espalda y mira la pantalla ─ ¿Es ese video del bebé koala que Eunwoo nos envió a todos? Es taaaan adorab… ¿Oda a Jimin? ─ pega un gritito de sorpresa ─ Oh, Dios. ¿Quiero

saber qué es eso?


Supongo que alguien que sea mejor persona que yo habría minimizado la ventana antes de que Sam pudiera leer el poema de Jungkook, pero lo dejo como está. Es demasiado divertido como para no hacerlo.


Su risa resuena por toda la habitación mientras lee el poema.


─ Oh, mierda. Esto es un desastre. Le doy un punto por las referencias al hockey, eso sí. ─ Sam levanta un mechón de mi pelo y lo analiza ─ Oye, el tono se parece un poco a las camisetas retro de los Bruins de los años sesenta.


La miro boquiabierto.


─ ¿Cómo rayos sabes cómo son esas camisetas?


─ Mi hermano tiene una ─ Sonríe ─ Solía ir a todos sus partidos en el instituto y eso me convirtió en un gran fan. Ahora juega para el equipo de Dakota del Norte. Me sorprende que mis padres no hayan renegado de nosotros. Prácticamente hemos

rechazado todo lo relacionado con el sur y nos hemos venido al norte a la mínima oportunidad que se nos ha presentado ─ Su mirada se desplaza de nuevo a la pantalla ─ ¿Así que tienes un admirador secreto?


─ Admirador, sí. Secreto, no. El chico del que te hablé. Jungkook. ¿Recuerdas?


─ ¿El jugador de hockey?


Asiento con la cabeza.


─ Estoy haciéndole pasar por unos cuantos obstáculos antes de salir con él.


Sam parece intrigado.


─ ¿Qué tipo de obstáculos?


─ Bueno, este poema, por ejemplo. Y… ─ Me encojo de hombros. Entonces, agarro mi teléfono y busco el mensaje que le envié ayer por la noche, el que contiene la lista más absurda que jamás he escrito.


Él toma el teléfono. Nada más acabar de leerlo, se ríe con más ganas.


─ Oh, Dios mío. Esto es una locura. ¿Rosas azules? Pero, ¿eso existe?


Me río.


─ No en la naturaleza. Ni en la tienda de flores de Hastings. Pero podría encargarlas en alguna tienda de Boston.


─ Eres malo, Jimin. Muy malo ─ me acusa, con una amplia sonrisa dibujada en su boca ─ Me encanta. ¿Cuántas ha hecho hasta ahora?


─ Solo el poema.


─ No puedo creer que te siga el juego con esto. ─ Se deja caer en su cama, arruga la frente y mira fijamente el colchón ─ ¿Me has hecho la cama?


─ Sí ─ contesto con timidez, aunque no parece molesto. Le advertí que mi TOC podría sacar su cara increíblemente ordenada de vez en cuando, y hasta ahora no se ha

inmutado las veces que ha sucedido. Los únicos objetos en su lista de “si tocas esto, te mato” son sus zapatos y su biblioteca de música de iTunes.


─ Espera, pero no has doblado mi ropa. ─ Juega a estar profundamente indignado ─ ¿Cómo es posible, Jimin? Creí que éramos amigos.


Le saco la lengua.


─ No soy tu asistente. Dobla tu puta ropa, estúpido.


Los ojos de Sammuel brillan.


─ ¿Así que me estás diciendo que puedes mirar tranquilamente esa cesta hasta arriba de ropa recién salida de la secadora… ─ señala la cesta en cuestión ─ Sin sentir la

tentación, por muy pequeñita que sea, de doblarla? Todas esas camisetas…

arrugándose mientras hablamos. Calcetines solitarios… deseando encontrar a su pareja…


─ Doblemos tu ropa ─ suelto.


Una tormenta de risas invade su pequeño cuerpo.


─ Eso pensé.