Cap 1 đș
âMi historia no es exactamente una feliz.
Las calles de la ciudad de Nueva York debajo estaban llenas de sonidos y olores, no todas agradables, sino familiares.
El hombre que estaba frente a él en la silla de cuero se echó hacia atrås y juntó los dedos debajo de la barbilla.
âÂżPor quĂ© no me lo cuentas?
La mirada de Jimin recorriĂł la habitaciĂłn. HabĂa una foto enmarcada de las montañas en la pared. En todos sus viajes, nunca habĂa escalado una montaña. Cada vez que empezaba a sentir que habĂa hecho todo y visto todo, el mundo le recordaba lo grande que era en realidad.
âCrecĂ en California en los años sesenta con una madre hippie que tuvo la brillante idea de nombrarme en honor del dios galĂ©s de la matanza. Gracioso, no âPreguntĂł con una sonrisa irĂłnica.
Una cara en blanco le devolviĂł la mirada. Correcto, no habĂa llegado a la parte relevante de su historia. No podĂa ver la ironĂa aĂșn.
Jimin estaba muy consciente de que el hombre pensaba que estaba delirando. Si miraba el pequeño libro que tenĂa, Jimin sin duda encontrarĂa una lista de dolencias mentales y advertencias tan largas como su brazo.
âÂżPor quĂ© dices eso? âpreguntĂł el hombre.
âLlegaremos a eso, eso viene mĂĄs adelante en la historia, âle dijo Jimin. MirĂł el reloj en su muñeca.
El hombre asintiĂł para que Jimin continuara.
âNunca conocĂ a mi papĂĄ. Mi mamĂĄ me dijo que era mĂșsico, âdijo Jimin. âAunque, para ser honesto, ella estaba tomando tantas drogas en ese entonces que probablemente no tiene idea de quiĂ©n era realmente.
âEso debe haber sido difĂcil, crecer sin un padre.
El resplandor naranja de los momentos de muerte del sol brillaba contra las ventanas del edificio opuesto y le devolviĂł el brillo.
âEn realidad no, âdijo Jimin. âEra lo que era. SeguĂ con las cosas y, tan pronto como tuve la edad suficiente, me fui de casa.
âAquĂ. Nueva York, âle dijo Jimin.
MirĂł hacia arriba para ver la reacciĂłn del otro hombre, pero no habĂa una. Sin duda pensĂł que era aĂșn mĂĄs delirios, todo parte de la cosa de Jimin.
âÂżFuiste asesinado?
âLo fui. VerĂĄs, nunca he sabido cuĂĄndo mantener la boca cerrada.
La maldita cosa se escapa antes de que mi cerebro pueda ponerse al dĂa. Estaba caminando a casa con este tipo al que me estaba tirando y unos imbĂ©ciles nos ofendieron por estar tomados de la mano.
âÂżQuĂ© pasa con el chico con el que estabas?
âHmm? Oh, corriĂł âle dijo Jimin. âNo es que lo culpe.
âÂżAsĂ que ellos... te mataron?
âNo, âcontinuĂł Jimin, ignorando el hecho de que el hombre claramente le estaba siguiendo la corriente.
abalanzó después. Estaba salvaje, fuera de control. Me cazó como un buitre que se abalanza sobre un animal moribundo.
âÂżUn vampiro? âPreguntĂł el hombre, haciendo una nota en el cuaderno sobre el brazo de su silla.
âSĂ, pero este vampiro era bastante nuevo en el juego, y realmente no sabĂa quĂ© demonios estaba haciendo. LlorĂł, sollozĂł como un bebĂ© cuando me vio, ahogĂĄndose en mi propia sangre.
DeberĂa haber dejado que muriera, pero en cambio, hizo algo mucho peor.
âÂżQuĂ© hizo?
âMe hizo como Ă©l.
El hombre cerrĂł su libro y se puso de pie con un resoplido.
âMira, esta es tu hora, pero... Âżes realmente asĂ como quieres gastarla?
Jimin observĂł cĂłmo el hombre se subĂa la camisa por encima de la cabeza, mostrando un cuerpo que era el mejor en el mejor de los casos.
âÂżEs esto lo que quieres? âPreguntĂł el hombre, acechando seductoramente hacia Ă©l.
Jimin suspirĂł y mirĂł al hombre.
âNo, en realidad, quiero que finjas no tener miedo de mĂ.
Se puso de pie para que estuvieran a la altura de los ojos. Eran de la misma altura, aunque el hombre tenĂa un poco mĂĄs de mĂșsculo que Jimin. DejĂł que sus ojos se suavizaran y dejĂł que su don de persuasiĂłn se hiciera cargo.
âDe hecho, no tienes miedo en absoluto, âle dijo Jimin, su voz dĂłcil y suave como un lago en la oscuridad de la noche.
El hombre se balanceó un poco sobre sus pies, su mente sometiéndose a la voluntad de Jimin fåcilmente.
Se inclinĂł y le dio un tierno beso en la falsa piel bronceada, odiando la forma en que los productos quĂmicos llenaban sus fosas nasales.
âHasta el fondo.
Con eso, hundiĂł sus colmillos en el cuello del prostituto y bebiĂł con avidez. El lĂquido rojo cĂĄlido cubriĂł esta garganta seca y llenĂł su estĂłmago vacĂo. Era el cielo, y la prisa que venĂa con la alimentaciĂłn lo hacĂa desear poder seguir adelante.
El prostituto, probablemente deberĂa haber preguntado su nombre en algĂșn momento, se inclinĂł hacia Ă©l. Jimin lo sostuvo, acariciando su cabello por un momento, fingiendo que solo por unos segundos estaba con alguien que le importaba y a quiĂ©n le importaba.
Jimin lo llevĂł hasta el sofĂĄ y lo instĂł a sentarse. En la bolsa que habĂa traĂdo consigo un sĂĄndwich y una botella de zumo de naranja. Se lo dio a... realmente deberĂa haber preguntado el nombre del hombre.
SacĂł cincuenta dĂłlares de su billetera y lo dejĂł en el mostrador.
Sin nada mĂĄs como despedida, Jimin se fue. El aire cĂĄlido de la noche se sentĂa bien en su piel permanentemente frĂa. Cuando comenzĂł a caminar, mirĂł su reloj sabiendo ya que iba a llegar tarde al trabajo por tercera vez esa semana.









difĂcil vida