Moving on || namjin os.

Summary

« Algún día en el futuro, podremos compartir nuestras historias, Cuando no nos importen todos nuestros errores, nuestros fracasos y nuestras glorias ». ➳ Angst. ➳ Namjin - Namjoon x Seokjin ➳ Título inspirado en 'Moving on' - Kodaline. ➳Historia original. ➳ Prohibida la Copia/Adaptación. ➳ Publicado: 01/04/21

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
16+

𝓤𝓷𝓽𝓲𝓵 𝓽𝓱𝓪𝓽 𝓭𝓪𝔂 𝓬𝓸𝓶𝒆𝓼 𝓪𝓵𝓸𝓷𝓰...

La amargura del café se sintió en su garganta, al igual que la temperatura media que sus manos se iban adaptando tras tomar la taza. Sus ojos se mantuvieron atentos a las personas que caminaban por las calles, sonrientes, titubeantes y pensativas. Ninguna lloraba. Ninguna gritaba. Solo mostró felices y alegres, tomando de la mano a sus parejas o hablando con amigos. La imagen clara de un júbilo ajeno que no podía compartir. ¿Era acaso su castigo por mentir frente a Dios o, simplemente, era un recordatorio más de sus malas decisiones? Era, simple y sencillamente, el destino burlándose nuevamente de él.

Mientras esperaba por su taza de café y por la presencia de su acompañante, Seokjin pudo recordar, en un lugar no tan lejano, el día en que su felicidad se materializó con la altura perfecta, los ojos sombríos y la sonrisa joven tenue de una segunda cuyo corazón navegaba en busca del amor. Aquel día, cuando ambos se encontraron por casualidad en el tren, significó el momento más feliz de su vida. Cuando sus manos se unieron en el toque destinado de un mal movimiento y sus ojos se encontraron entre las penumbras del corazón herido; sintieron que era una epifanía divina.

“Disculpe” fue la única palabra que se duró al mismo tiempo. Él, un adolescente totalmente desconocido y ajeno a su vida, le había brindado un acto de caballerosidad jamás conocido. Desde la mirada amable hasta las manos que recorrieron sus hombros con honestidad y le colocaron una gabardina que escondería, después, dentro de su armario. Todo ese momento compartido significó mucho para él. Su encuentro apenas apareció treinta minutos, pero tuvo una repercusión gigante en su corazón. En ese corazón que se había cansado de esperar por alguien que le otorgara un poco de amor.

Y cuando el segundo encuentro, tan poco parecido al primero, existió entre ambos, no pudo evitar maravillarse nuevamente por él. Sus miradas ya no se sintieron extrañas, estaban familiarizadas debido a todas las noches que pensaron el uno en el otro, debido a todos los pensamientos perdidos de sus propias heridas. En ese momento, se sintieron perdidos sobre el futuro, pero, apenas siendo jóvenes sin conocimiento alguno de la vida, decidir arriesgarse y se perdieron en la atracción que sintieron los peligros.

Llamadas, visitas, palabras, encuentros, citas, conversaciones. Todo se resumió en un amor inmaduro, férvido y prohibido. Un amor que, pese a la sinceridad de los mutuos sentimientos, no pudo prosperar. Las decisiones que se tomaron fueron incorrectas y desleales. Las palabras que atormentaron su mente cuando fueron separados continuaron maldiciéndolos en los años posteriores.

“Un amor entre dos hombres no va a prosperar en ningún sentido. Es un pecado”.

El amor que nació entre las vías de un tren y el consuelo de un corazón lastimado, no pudo sobrevivir a las plegarias de una madre hipócrita y el castigo de un padre intolerante. No pudo seguir escribiéndose, a pesar de las hojas que quedaron en blanco, a la espera de recibir más de su amor. Seokjin no pudo continuar con el hombre que había cambiado su mundo en pequeñas conversaciones de madrugada, no pudo continuar amándolo en la cabaña del bosque que alquilaban cada fin de semana para encontrarse. No pudo seguirlo en su escape al exterior. No pude hacer muchas cosas. Solo se permitió romperle el corazón con la negación de sus sentimientos y lo dejó marchar al amanecer.

El sacrificio que existió en sus acciones nunca fue recompensado. Ni siquiera, años más tarde, cuando se volvió a encontrar, en el centro de una ciudad maldecida por su amor.

— ¿Desea algún aperitivo? —la voz del mesero se sintió lejana, pero fue suficiente para devolverlo a la realidad.

— Solo un café, gracias.

El mesero asintió y le sonrió con amabilidad.

Tras unos segundos, volvió a sentirse solo en la mesa que ocupaba dentro de la cafetería. Afuera, la nieve seguía cayendo y las personas seguían perdiéndose entre el tumulto. La vida continuó su curso, pero él quedó estancado en su pasado, en aquellos recuerdos que representaban sus únicos años de felicidad y en el hombre que conocía su alma mejor que alguno.

Trató de tomar el valor necesario para salir de allí, pero no pudo. Se quedó quieto en su lugar, a la espera del culpable de sus remordimientos; su único amor. Esperaba por él, una vez más, porque sabía que no encontraría otra oportunidad para verlo y no existiría otra temporada de invierno donde sus caminos se cruzaran. Aguardó pacientemente hasta que la campana de la entrada sonó y todo su mundo volvió al vagón de tren, donde un joven de cabello negro le había sonreído y le había mostrado amabilidad, por primera vez.

— Namjoon... —susurró cuando lo vio acercarse.

Sus ojos no tardaron en hallarlo, como siempre lo hacían, y sus labios no tardaron en curvarse en una pequeña sonrisa llena de resignación y melancolía. Seokjin trató de no llorar, pero el intento fue mucho más doloroso que el mismo acto. Cuando menos lo esperó sintió una lágrima derramándose con indiscreción, desbaratando, en instantes, su imagen imperturbable.

Namjoon, por su parte, se acercó en silencio y tomó asiento frente a él. Su rostro era un poco más maduro, sus ojos tenían un brillo tenue y su altura seguía siendo mayor a la suya. Nada en él había cambiado en absoluto. Seguía siendo el mismo joven prudente y ligeramente feliz que conocía. Seguía perturbándole con una sola mirada.

Entre ellos siempre hubo silencio, ya sea por la serena personalidad de Namjoon, como por la comodidad de su poca comunicación. Las palabras en su relación distanciaron mucho de lo que en verdad sintieron, por lo que se prometieron pocas cosas y crearon más momentos. En ese instante, Seokjin sintió el arrepentimiento de sus palabras no dichas y el dolor de sus momentos felices.

— Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos vimos... —empezó el contrario; tímido, temeroso, vacilante, igual que siempre—. ¿Cómo ha estado?

Seokjin trató de responderle con la verdad, trató de formular en palabras todo el dolor que sintió el día de su separación y toda la infelicidad que lo abrazó cuando se vio lejos de él. Trató de decirle que no amaba a la mujer que lo esperaba en casa, que solo era un pretexto para no sentirse solo y complacer a su padre; pero, ni siquiera revelándose ante Namjoon podría dejar de sentirse miserable.

Entonces, con todo el dolor de su propia mentira, no tuvo otra respuesta más que el invento de un bienestar falso, una sonrisa fingida y el relato de su vida caóticamente exitoso. Relató una historia ficticia de felicidad que no le pertenecía, pues su alma se hundía en desesperación cada noche que no podía verlo más que en sueños y en recuerdos que mojaban su almohada cada mañana.

Namjoon, por su parte, solo sonrió con amabilidad y se dejó llevar por la mentira de su acompañante. Su historia tampoco era cierta, pero en ese momento, cuando ambos deseaban dejar a un lado los sentimientos que seguían guardando, ser honestos no cambiaría sus decisiones.

— Sin embargo, —detuvo sus palabras, totalmente ahogado de la culpabilidad y la añoranza de tener al hombre de su vida frente a él—, por mucho que intentó olvidar lo que hemos vivido, no lo he logrado, Seokjin.

El azabache se detuvo por un momento. No supo qué decir ante la confesión improvisada del contrario, no supo cómo responder ante el reflejo de sus propios sentimientos. La mirada del menor fluctuó entre la honestidad, el miedo y la culpa.

Yo tampoco lo olvidé, quise decirle, pero ya era muy tarde para él. Su garganta se mantuvo con un hierro ardiente clavado, mientras sus lágrimas luchaban por escapar. En el corto momento de serenidad que tuvo para él mismo, se imaginó una vida junto al hombre que amaba, en la cabaña que alquilaban por unos cuántos dólares, sentados frente al fuego, tocándose bajo la ropa por un rato, antes de llevar las cosas más lejos y acabar con el cuerpo sudoroso y saciados de su propio amor. Se imaginó una vida donde vivieran lejos de los problemas, de sus familias y sus remordimientos. Pero, ni siquiera feliz en ese sueño, podría vivir sin el miedo de que le arrebatasen una vez más la felicidad.

Entonces, con el cuerpo erguido y las lágrimas descendiendo por su mejilla con fluidez, le confesó que lo amaba, que nunca había dejado de hacerlo y que, posiblemente, jamás encontraría a otro hombre que lograra apaciguar su anhelante corazón. Pero, también le dijo que ni siquiera con todo el amor que sentía, podía luchar para quedarse.

Namjoon solo asintió y secó sus lágrimas con un pañuelo, le entregó el anillo que había comprado para él en uno de sus tantos viajes y se lo colocó en el dedo anular, del mismo modo que soñó hacerlo. Tomó sus manos, frías por el invierno, y besó el dorso de cada una con sumo cuidado, reconociendo que no podría hacerlo en un futuro; y, sin esperar una respuesta suya, le dijo:

— No es justo que uses en nuestra despedida, la gabardina que te obsequié cuando nos conocimos.

No dijo más. No reafirmó sus sentimientos, no trató de luchar por su relación, no planteó alternativas. Simplemente se dio por vencido, al igual que Seokjin. Ambos se vieron por última vez, se sonrieron como si no existieran tantos problemas entre ambos y, con las lágrimas derramándose, se abandonaron ir el uno al otro.

Namjoon se marchó tras un silencio doloroso. Seokjin lo vio marcharse y se cubrió los labios mientras se abrazaba a la gabardina café que acompañó sus días más difíciles.

En la mesa de aquella cafetería pequeña quedaron, la llave de su cabaña íntima, los recuerdos de su amor y la promesa de que volverían a encontrarse cuando ya no importaran sus errores, fracasos y glorias, cuando ambos compartirían la misma valentía de abandonar todo y amarse Porque, a pesar de todo, una historia inconclusa siempre llega a tener un punto final, pero, para ellos, quienes no abandonaban su amor juvenil, esta despedida solo se traducía en puntos suspensivos…


... 𝓘′𝓵𝓵 𝓴𝒆𝒆𝓹 𝓸𝓷 𝓶𝓸𝓿𝓲𝓷𝓰 𝓸𝓷.