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Summary

Libro 0.5 Serie MR

Genre
Romance/Erotica
Author
Soue
Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

CapĂ­tulo 1

Jeon Jungkook tiene una polla extremadamente chupable.

Estamos hablando de veinte centĂ­metros de perfecciĂłn. Dos decĂ­metros de suculenta carne de hombre. Una verdadera cornucopia de delicias carnales.

Es el tipo de polla que detendrĂ­a a un hombre heterosexual en su camino y le harĂ­a preguntarse, aunque sĂłlo fuera por un segundo, si tal vez no era tan heterosexual como pensaba.

Del tipo que se ve en las estatuas griegas, sĂłlo que mĂĄs grande y probablemente no de mĂĄrmol.

De las que hacen que se te apriete la parte de abajo cuando la ves, porque vaya, pensar en esa anaconda en tu trĂłpico hace que todo tu interior se contraiga.

Y esta noche, es del tipo que va a hacer que mi boca se sienta como un vagón de metro de Tokio en hora punta. Hablamos de una multitud. Abarrotado. Absolutamente lleno. Y si tengo suerte, unas cuantas paradas mås tarde nos bajaremos los dos a la vez y decidiremos volver a casa juntos para ver qué clase de jaleo podemos armar cuando la cama sea nuestro destino final.

ÂżCĂłmo, te preguntarĂĄs, conozco todos estos detalles Ă­ntimos sobre las partes mĂĄs sutiles de la anatomĂ­a de Jungkook ?

Es simple.

Lleva pantalones de chĂĄndal grises para la gran fiesta de Nochevieja de esta noche.

Señor, ayĂșdame.

La primera vez que lo veo esa noche, estĂĄ de pie junto a la ventana de la sala de estar de la mansiĂłn mĂĄs elegante del centro de SeĂșl, con una taza roja en la mano, luciendo la chaqueta amarilla y azul del instituto, como si fuera el Ășltimo año de nuevo. SĂłlo que, ya sabes, su Ășltimo año. Lo que harĂ­a que fuera mi primer año. Pero no entremos en eso, porque mi primer año fue vergonzoso en todos los sentidos, y tambiĂ©n porque la supuesta incapacidad de Jungkook para reconocer que el 2015 habĂ­a llegado y se habĂ­a ido no es lo que me llama la atenciĂłn.

Oh, no.

Porque hay una silueta en su chĂĄndal que puedo ver desde el otro lado de la habitaciĂłn, y no creo que sea porque tenga una botella en el bolsillo.

Jungkook estå haciendo las maletas, y donde quiera que vaya, quiero ir con él.

Me gustarĂ­a decir que, nada mĂĄs verlo, pongo mi mejor sonrisa seductora, me pavoneo hacia Ă©l y le arranco los pantalones, pero... bueno... eso no ocurre. Para cuando salgo de mi estado de estupefacciĂłn, un grupo de lo que supongo que son los amigos de la universidad de Jungkook se agolpan a su alrededor y arruinan mis posibilidades de hacer un movimiento. A partir de ahĂ­, todo son “¡Colega!” y “¡Hermano!” y tragos de cerveza, y aunque el porno me ha enseñado que un pequeño y bonito jovencito como yo podrĂ­a abalanzarse y ser repartido entre ellos como la salsa en AcciĂłn de Gracias, no estoy interesado en un buffet de pollas de chicos de fraternidad durante toda la noche.

VerĂĄs, he tenido esta cosa por Jungkook desde antes de saber lo que era el sexo, y tal vez se ha mantenido como... nueve años. Ochenta y tres dĂ­as. Y un estimado, aunque no cientĂ­ficamente probado, de trece horas. AsĂ­ que mientras sus amigos son atlĂ©ticos y altos y en general agradables de ver, el Ășnico que me pone caliente es Jungkook .

Oh, Jungkook .

Antes era un dios en el campo de fĂștbol de la escuela primaria, ahora es la fuerza que gobierna mi corazĂłn. Lo que darĂ­a por pasar mis dedos por su estupendo pelo castaño, sentarme a horcajadas sobre sus muslos carnosos y besar toda la barba de aspecto abrasivo que oscurece su mandĂ­bula de corte cuadrado. Si pudiera olfatear el pliegue de su cuello, mordisquear su clavĂ­cula y...

— Hermano — dice alguien por detrás de mí. Tal vez uno de los amigos de la fraternidad de Jungkook, a juzgar por su forma de hablar —. Estás bloqueando la puerta.

Parpadeo para volver a la realidad y me doy cuenta de que, de hecho, estoy haciendo precisamente eso.

— ÂżPodrĂ­as moverte? — continĂșa —. O simplemente — me agarra por el hombro y me empuja suavemente hacia un lado para que quede presionado contra el marco de la puerta —, escabĂșllete. AsĂ­. Mucho mejor.

Pasa junto a mĂ­ en medio de un olor a pachulĂ­, hierba y cerveza, y va a reunirse con el grupo de amigos de Jungkook que estĂĄn al otro lado de la sala, que lo atraen hacia ellos con gritos de “¡Hoseok!” y palmadas amistosas en la espalda. Pronto se enfrascan en una conversaciĂłn y, para mi sorpresa, varios de ellos me miran por encima del hombro. Uno de ellos me guiña un ojo. Recibe un codazo y una bofetada en la cabeza, y despuĂ©s de eso, ninguno me presta atenciĂłn, lo cual estĂĄ bien, porque sĂłlo hay uno de ellos que me interesa, Jungkook , que resulta ser el Ășnico que no puedo ver.

Me pongo de puntillas y estiro el cuello, pero no sirve de nada. Jungkook se ha ido, perdido en un mar de personas, y menos mal, porque estoy seguro de que si le viera dar una palmada en la espalda a Hoseok, mi mente irĂ­a directamente a lo increĂ­ble que serĂ­a que me diera una palmada en la espalda. Y en otros lugares cerca de la espalda, pero mĂĄs abajo.

MĂĄs abajo que eso.

¿Ya estås en el territorio de las nalgas? Bien. Ahora, en lugar de la mano de Jungkook , imagina con qué podría golpearme si ambos estuviéramos desnudos, y él estuviera detrås de mí, y mi culo desnudo estuviera al aire, y...

Bueno, ya te haces una idea.

La cuestión es que mi polla también empieza a hacerse a la idea, así que antes de avergonzarme, salgo del portal en busca de un baño.

La casa es tan grande que es engañosamente difĂ­cil de encontrar. Atravieso los pasillos y compruebo todas las puertas en mi afĂĄn por descubrirlo y me encuentro con todo tipo de lugares maravillosos, un estudio, una biblioteca, una sala de medios de comunicaciĂłn, pero, por desgracia, no hay ningĂșn baño a la vista.

He oĂ­do decir que a los ricos no les importa una mierda; al parecer, tampoco aceptan ninguna.

Tras un largo rato explorando la planta baja de la casa, encuentro un cuarto de baño en un ala desierta tan alejada de la fiesta que lo Ășnico que oigo es el bajo retumbante de alguna canciĂłn de baile que estĂ© sonando y el rumor lejano de una conversaciĂłn en voz alta. EstĂĄ justo al lado de un lavadero vacĂ­o. A estas alturas, mi erecciĂłn se ha controlado por sĂ­ sola, pero me ha costado tanto llegar hasta aquĂ­ que me ofende la posibilidad de irme sin hacer nada, asĂ­ que orino, me enjabono con un elegante jabĂłn de manos y me miro en el espejo.

“Le chuparĂĄs la polla”, me digo, y luego frunzo el ceño para que sepa que lo digo en serio. “El fracaso no es una opciĂłn. No vas a suspirar por Ă©l durante diez años sin hacer un movimiento. Esta noche es tu noche y Jungkook es tu propĂłsito de año nuevo, asĂ­ que ponte a ello”.

No voy a mentir, soy un gran orador motivacional... cuando otras personas vienen a mĂ­ con sus problemas. ÂżCuando me enfrento a mis propios problemas? No tanto.

Frunzo el ceño, aprieto los labios y entrecierro los ojos, pero ni siquiera mi cara mås enfadada es suficiente para que me tome en serio.

ÂżDĂłnde diablos estĂĄ Tae? Necesito a mi mejor amigo aquĂ­ para animarme.

Compruebo mi teléfono. Se acercan las nueve y no hay mensajes nuevos. Eso no es del todo inusual en Tae, que a veces se pone tan ansioso que no comprueba su teléfono durante días, pero el caso es que me dijo en persona que estaría en la fiesta esta noche. Nos conocemos desde que eståbamos en pañales y nunca, jamås, ha faltado a su palabra.

ÂżDĂłnde estĂĄs? Necesito una charla de ĂĄnimo. Jungkook estĂĄ aquĂ­ y quiero entrar a matar.

Mis mensajes llegan, pero no se marcan como leĂ­dos. TodavĂ­a debe estar de camino. No pasa nada. Hay un poco mĂĄs de tres horas entre ahora y la medianoche, y eso me da tiempo mĂĄs que suficiente para chupar una polla perfecta, preciosa y apetecible.

Me miro al espejo con el ceño fruncido por Ășltima vez, echo el labio superior hacia atrĂĄs y gruño para ponerme en la mentalidad de un depredador de pollas, y luego me separo de la encimera del baño y me dirijo a la cocina, donde me espera un botĂ­n de cerveza y combinados de bebidas.


â˜†ă‚œăƒ»ă€‚ă€‚ăƒ»ă‚œă‚œăƒ»ă€‚ă€‚ăƒ»ă‚œâ˜…


La segunda vez que veo a Jungkook esa noche, llevo dos cervezas y una deliciosa bebida roja afrutada y lo estoy notando. Pero no estoy borracho. Jimin borracho es ruidoso y desordenado y no sabe cuĂĄndo dejar de hablar. Jimin achispado es mucho mĂĄs agradable, pero un poco tonto.

Por ejemplo, cuando Jungkook entra en la habitaciĂłn, decido que me lo voy a ganar demostrando cuĂĄnta cerveza, y por tanto, cuĂĄnta polla, puedo tragar sin respirar. El problema es que mi garganta no se entera, y acabo derramando por la parte delantera de mi camiseta como si acabara de volver de una intervenciĂłn dental y la anestesia aĂșn no hubiera desaparecido.

Como soy la Ășnica persona en la habitaciĂłn, Jungkook lo ve todo. Peor aĂșn, como soy la Ășnica persona en la habitaciĂłn, no tengo dĂłnde esconderme. Como eso no es suficiente, la escena se desarrolla en el lavadero, al que me he retirado para planear mejor cĂłmo meterme en los pantalones de Jungkook .

Ya sabes, la lavanderĂ­a, los pantalones.

El Jimin achispado de hace cinco minutos pensó que era graciosamente oportuno. El Jimin achispado ahora se arrepiente de lo imbécil que es cuando bebe.

Necesito un plan para cambiar esto, y lo necesito rĂĄpido.

Por suerte para mĂ­, Jimin borracho no es sĂłlo tonto, es astuto.

Después de que una cascada de cerveza barata haya empapado mi camiseta y se haya colado en la parte superior de mis vaqueros, golpeo la lata vacía contra la parte superior de la secadora, me paso el brazo por la boca y me arranco la camiseta por la cabeza. Con el mismo entusiasmo, me quito los zapatos y me arranco los vaqueros. La cerveza se ha portado bien y no me ha empapado la ropa interior, así que me los dejo puestos.

Pequeñas desgracias, ¿no es así?

— Me estaba preparando para poner una carga — le digo a Jungkook mientras golpeo la lavadora —. ¿Tienes algo que quieras meter?

Jungkook me mira.

Yo lo miro.

Tardo unos largos diez segundos en darme cuenta de que mi tonta boca no ha dicho ” poner una carga” como habíamos acordado en un principio.

Sigue el silencio. Me quedo congelado con mi ropa empapada de cerveza hecha un ovillo bajo un brazo mientras el otro descansa sobre la lavadora de algĂșn desconocido. El lejano ruido de la mĂșsica confirma que la fiesta sigue en marcha, pero para llegar a ella tengo que pasar por delante de Jungkook , lo que significa que no puedo salir sin mĂĄs. AdemĂĄs, estĂĄ el asunto de no tener ropa. Estoy a un par de calcetines y a unos favorecedores Ralph Laurens de estar desnudo.

¿Por qué pensé que desnudarme con el pretexto de lavar la ropa era una buena idea?

No fue una buena idea.

Estoy a un microsegundo de aclararme la garganta cuando Jungkook se quita la chaqueta y se pasa la camiseta por la cabeza. Nunca lo habĂ­a visto con el torso desnudo, y la visiĂłn de sus ondulantes abdominales me pone en Ăłrbita.

Joder, qué bueno estå.

Es decir, sabĂ­a que era atractivo, pero hay algo diferente al verlo sin ropa. Tal vez sea la luz de la lavanderĂ­a, pero hay un brillo en su piel como si hubiera encontrado una forma de Photoshop en la vida real.

ÂżY su cuerpo?

Maldita sea, su cuerpo. Ancho en el pecho, afilado en la cintura, y sólido. Simplemente... sólido. Es como si yo pudiera treparme a él como a un årbol, y él no tuviera que dar ni un paso atrås para sujetarse.

Lo veo y sigo la curva de sus hombros por las colinas de sus brazos definidos hasta el paquete de ropa que tiene en la mano. Se adelanta, sonriendo, y me las entrega.

— ¿Te servirá esto?

Me late el corazĂłn. Se me seca la boca. Estoy razonablemente seguro de que la persona rica que construyĂł esta insana mansiĂłn decidiĂł que serĂ­a bonito que el lavadero fuera una estructura independiente con un ciclo de lavado propio, porque juro que la habitaciĂłn empieza a girar.

Jungkook se desnudĂł para mĂ­ y me entregĂł su ropa.

Me sonriĂł.

Voy a vomitar.

No, como, realmente voy a vomitar.

Viene tan råpido que no puedo detenerlo. En un momento, estoy encantado con el hombre de mis sueños, y al siguiente me lanzo sobre su chaqueta.

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Good Writing

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