CapĂtulo 1
Jeon Jungkook tiene una polla extremadamente chupable.
Estamos hablando de veinte centĂmetros de perfecciĂłn. Dos decĂmetros de suculenta carne de hombre. Una verdadera cornucopia de delicias carnales.
Es el tipo de polla que detendrĂa a un hombre heterosexual en su camino y le harĂa preguntarse, aunque sĂłlo fuera por un segundo, si tal vez no era tan heterosexual como pensaba.
Del tipo que se ve en las estatuas griegas, sĂłlo que mĂĄs grande y probablemente no de mĂĄrmol.
De las que hacen que se te apriete la parte de abajo cuando la ves, porque vaya, pensar en esa anaconda en tu trĂłpico hace que todo tu interior se contraiga.
Y esta noche, es del tipo que va a hacer que mi boca se sienta como un vagón de metro de Tokio en hora punta. Hablamos de una multitud. Abarrotado. Absolutamente lleno. Y si tengo suerte, unas cuantas paradas mås tarde nos bajaremos los dos a la vez y decidiremos volver a casa juntos para ver qué clase de jaleo podemos armar cuando la cama sea nuestro destino final.
ÂżCĂłmo, te preguntarĂĄs, conozco todos estos detalles Ăntimos sobre las partes mĂĄs sutiles de la anatomĂa de Jungkook ?
Es simple.
Lleva pantalones de chĂĄndal grises para la gran fiesta de Nochevieja de esta noche.
Señor, ayĂșdame.
La primera vez que lo veo esa noche, estĂĄ de pie junto a la ventana de la sala de estar de la mansiĂłn mĂĄs elegante del centro de SeĂșl, con una taza roja en la mano, luciendo la chaqueta amarilla y azul del instituto, como si fuera el Ășltimo año de nuevo. SĂłlo que, ya sabes, su Ășltimo año. Lo que harĂa que fuera mi primer año. Pero no entremos en eso, porque mi primer año fue vergonzoso en todos los sentidos, y tambiĂ©n porque la supuesta incapacidad de Jungkook para reconocer que el 2015 habĂa llegado y se habĂa ido no es lo que me llama la atenciĂłn.
Oh, no.
Porque hay una silueta en su chĂĄndal que puedo ver desde el otro lado de la habitaciĂłn, y no creo que sea porque tenga una botella en el bolsillo.
Jungkook estå haciendo las maletas, y donde quiera que vaya, quiero ir con él.
Me gustarĂa decir que, nada mĂĄs verlo, pongo mi mejor sonrisa seductora, me pavoneo hacia Ă©l y le arranco los pantalones, pero... bueno... eso no ocurre. Para cuando salgo de mi estado de estupefacciĂłn, un grupo de lo que supongo que son los amigos de la universidad de Jungkook se agolpan a su alrededor y arruinan mis posibilidades de hacer un movimiento. A partir de ahĂ, todo son âÂĄColega!â y âÂĄHermano!â y tragos de cerveza, y aunque el porno me ha enseñado que un pequeño y bonito jovencito como yo podrĂa abalanzarse y ser repartido entre ellos como la salsa en AcciĂłn de Gracias, no estoy interesado en un buffet de pollas de chicos de fraternidad durante toda la noche.
VerĂĄs, he tenido esta cosa por Jungkook desde antes de saber lo que era el sexo, y tal vez se ha mantenido como... nueve años. Ochenta y tres dĂas. Y un estimado, aunque no cientĂficamente probado, de trece horas. AsĂ que mientras sus amigos son atlĂ©ticos y altos y en general agradables de ver, el Ășnico que me pone caliente es Jungkook .
Oh, Jungkook .
Antes era un dios en el campo de fĂștbol de la escuela primaria, ahora es la fuerza que gobierna mi corazĂłn. Lo que darĂa por pasar mis dedos por su estupendo pelo castaño, sentarme a horcajadas sobre sus muslos carnosos y besar toda la barba de aspecto abrasivo que oscurece su mandĂbula de corte cuadrado. Si pudiera olfatear el pliegue de su cuello, mordisquear su clavĂcula y...
â Hermano â dice alguien por detrĂĄs de mĂ. Tal vez uno de los amigos de la fraternidad de Jungkook, a juzgar por su forma de hablar â. EstĂĄs bloqueando la puerta.
Parpadeo para volver a la realidad y me doy cuenta de que, de hecho, estoy haciendo precisamente eso.
â ÂżPodrĂas moverte? â continĂșa â. O simplemente â me agarra por el hombro y me empuja suavemente hacia un lado para que quede presionado contra el marco de la puerta â, escabĂșllete. AsĂ. Mucho mejor.
Pasa junto a mĂ en medio de un olor a pachulĂ, hierba y cerveza, y va a reunirse con el grupo de amigos de Jungkook que estĂĄn al otro lado de la sala, que lo atraen hacia ellos con gritos de âÂĄHoseok!â y palmadas amistosas en la espalda. Pronto se enfrascan en una conversaciĂłn y, para mi sorpresa, varios de ellos me miran por encima del hombro. Uno de ellos me guiña un ojo. Recibe un codazo y una bofetada en la cabeza, y despuĂ©s de eso, ninguno me presta atenciĂłn, lo cual estĂĄ bien, porque sĂłlo hay uno de ellos que me interesa, Jungkook , que resulta ser el Ășnico que no puedo ver.
Me pongo de puntillas y estiro el cuello, pero no sirve de nada. Jungkook se ha ido, perdido en un mar de personas, y menos mal, porque estoy seguro de que si le viera dar una palmada en la espalda a Hoseok, mi mente irĂa directamente a lo increĂble que serĂa que me diera una palmada en la espalda. Y en otros lugares cerca de la espalda, pero mĂĄs abajo.
MĂĄs abajo que eso.
ÂżYa estĂĄs en el territorio de las nalgas? Bien. Ahora, en lugar de la mano de Jungkook , imagina con quĂ© podrĂa golpearme si ambos estuviĂ©ramos desnudos, y Ă©l estuviera detrĂĄs de mĂ, y mi culo desnudo estuviera al aire, y...
Bueno, ya te haces una idea.
La cuestión es que mi polla también empieza a hacerse a la idea, asà que antes de avergonzarme, salgo del portal en busca de un baño.
La casa es tan grande que es engañosamente difĂcil de encontrar. Atravieso los pasillos y compruebo todas las puertas en mi afĂĄn por descubrirlo y me encuentro con todo tipo de lugares maravillosos, un estudio, una biblioteca, una sala de medios de comunicaciĂłn, pero, por desgracia, no hay ningĂșn baño a la vista.
He oĂdo decir que a los ricos no les importa una mierda; al parecer, tampoco aceptan ninguna.
Tras un largo rato explorando la planta baja de la casa, encuentro un cuarto de baño en un ala desierta tan alejada de la fiesta que lo Ășnico que oigo es el bajo retumbante de alguna canciĂłn de baile que estĂ© sonando y el rumor lejano de una conversaciĂłn en voz alta. EstĂĄ justo al lado de un lavadero vacĂo. A estas alturas, mi erecciĂłn se ha controlado por sĂ sola, pero me ha costado tanto llegar hasta aquĂ que me ofende la posibilidad de irme sin hacer nada, asĂ que orino, me enjabono con un elegante jabĂłn de manos y me miro en el espejo.
âLe chuparĂĄs la pollaâ, me digo, y luego frunzo el ceño para que sepa que lo digo en serio. âEl fracaso no es una opciĂłn. No vas a suspirar por Ă©l durante diez años sin hacer un movimiento. Esta noche es tu noche y Jungkook es tu propĂłsito de año nuevo, asĂ que ponte a elloâ.
No voy a mentir, soy un gran orador motivacional... cuando otras personas vienen a mĂ con sus problemas. ÂżCuando me enfrento a mis propios problemas? No tanto.
Frunzo el ceño, aprieto los labios y entrecierro los ojos, pero ni siquiera mi cara mås enfadada es suficiente para que me tome en serio.
ÂżDĂłnde diablos estĂĄ Tae? Necesito a mi mejor amigo aquĂ para animarme.
Compruebo mi telĂ©fono. Se acercan las nueve y no hay mensajes nuevos. Eso no es del todo inusual en Tae, que a veces se pone tan ansioso que no comprueba su telĂ©fono durante dĂas, pero el caso es que me dijo en persona que estarĂa en la fiesta esta noche. Nos conocemos desde que estĂĄbamos en pañales y nunca, jamĂĄs, ha faltado a su palabra.
ÂżDĂłnde estĂĄs? Necesito una charla de ĂĄnimo. Jungkook estĂĄ aquĂ y quiero entrar a matar.
Mis mensajes llegan, pero no se marcan como leĂdos. TodavĂa debe estar de camino. No pasa nada. Hay un poco mĂĄs de tres horas entre ahora y la medianoche, y eso me da tiempo mĂĄs que suficiente para chupar una polla perfecta, preciosa y apetecible.
Me miro al espejo con el ceño fruncido por Ășltima vez, echo el labio superior hacia atrĂĄs y gruño para ponerme en la mentalidad de un depredador de pollas, y luego me separo de la encimera del baño y me dirijo a la cocina, donde me espera un botĂn de cerveza y combinados de bebidas.
âăă»ăăă»ăăă»ăăă»ăâ
La segunda vez que veo a Jungkook esa noche, llevo dos cervezas y una deliciosa bebida roja afrutada y lo estoy notando. Pero no estoy borracho. Jimin borracho es ruidoso y desordenado y no sabe cuĂĄndo dejar de hablar. Jimin achispado es mucho mĂĄs agradable, pero un poco tonto.
Por ejemplo, cuando Jungkook entra en la habitaciĂłn, decido que me lo voy a ganar demostrando cuĂĄnta cerveza, y por tanto, cuĂĄnta polla, puedo tragar sin respirar. El problema es que mi garganta no se entera, y acabo derramando por la parte delantera de mi camiseta como si acabara de volver de una intervenciĂłn dental y la anestesia aĂșn no hubiera desaparecido.
Como soy la Ășnica persona en la habitaciĂłn, Jungkook lo ve todo. Peor aĂșn, como soy la Ășnica persona en la habitaciĂłn, no tengo dĂłnde esconderme. Como eso no es suficiente, la escena se desarrolla en el lavadero, al que me he retirado para planear mejor cĂłmo meterme en los pantalones de Jungkook .
Ya sabes, la lavanderĂa, los pantalones.
El Jimin achispado de hace cinco minutos pensó que era graciosamente oportuno. El Jimin achispado ahora se arrepiente de lo imbécil que es cuando bebe.
Necesito un plan para cambiar esto, y lo necesito rĂĄpido.
Por suerte para mĂ, Jimin borracho no es sĂłlo tonto, es astuto.
DespuĂ©s de que una cascada de cerveza barata haya empapado mi camiseta y se haya colado en la parte superior de mis vaqueros, golpeo la lata vacĂa contra la parte superior de la secadora, me paso el brazo por la boca y me arranco la camiseta por la cabeza. Con el mismo entusiasmo, me quito los zapatos y me arranco los vaqueros. La cerveza se ha portado bien y no me ha empapado la ropa interior, asĂ que me los dejo puestos.
Pequeñas desgracias, ¿no es as�
â Me estaba preparando para poner una carga â le digo a Jungkook mientras golpeo la lavadora â. ÂżTienes algo que quieras meter?
Jungkook me mira.
Yo lo miro.
Tardo unos largos diez segundos en darme cuenta de que mi tonta boca no ha dicho â poner una cargaâ como habĂamos acordado en un principio.
Sigue el silencio. Me quedo congelado con mi ropa empapada de cerveza hecha un ovillo bajo un brazo mientras el otro descansa sobre la lavadora de algĂșn desconocido. El lejano ruido de la mĂșsica confirma que la fiesta sigue en marcha, pero para llegar a ella tengo que pasar por delante de Jungkook , lo que significa que no puedo salir sin mĂĄs. AdemĂĄs, estĂĄ el asunto de no tener ropa. Estoy a un par de calcetines y a unos favorecedores Ralph Laurens de estar desnudo.
¿Por qué pensé que desnudarme con el pretexto de lavar la ropa era una buena idea?
No fue una buena idea.
Estoy a un microsegundo de aclararme la garganta cuando Jungkook se quita la chaqueta y se pasa la camiseta por la cabeza. Nunca lo habĂa visto con el torso desnudo, y la visiĂłn de sus ondulantes abdominales me pone en Ăłrbita.
Joder, qué bueno estå.
Es decir, sabĂa que era atractivo, pero hay algo diferente al verlo sin ropa. Tal vez sea la luz de la lavanderĂa, pero hay un brillo en su piel como si hubiera encontrado una forma de Photoshop en la vida real.
ÂżY su cuerpo?
Maldita sea, su cuerpo. Ancho en el pecho, afilado en la cintura, y sólido. Simplemente... sólido. Es como si yo pudiera treparme a él como a un årbol, y él no tuviera que dar ni un paso atrås para sujetarse.
Lo veo y sigo la curva de sus hombros por las colinas de sus brazos definidos hasta el paquete de ropa que tiene en la mano. Se adelanta, sonriendo, y me las entrega.
â ÂżTe servirĂĄ esto?
Me late el corazĂłn. Se me seca la boca. Estoy razonablemente seguro de que la persona rica que construyĂł esta insana mansiĂłn decidiĂł que serĂa bonito que el lavadero fuera una estructura independiente con un ciclo de lavado propio, porque juro que la habitaciĂłn empieza a girar.
Jungkook se desnudĂł para mĂ y me entregĂł su ropa.
Me sonriĂł.
Voy a vomitar.
No, como, realmente voy a vomitar.
Viene tan råpido que no puedo detenerlo. En un momento, estoy encantado con el hombre de mis sueños, y al siguiente me lanzo sobre su chaqueta.








