Cap 1 💗
Era una fría y sorprendentemente húmeda —en lugar de nevada— noche de enero, que había dejado el asfalto cubierto con un el resbaladizo brillo del hielo. Lo que hacía que mantener el amplio trasero del camión tipo tiller en donde debía estar, fuera casi imposible a alta velocidad. Tendríamos suerte si llegábamos a la escena de una pieza.
Aunque no estuviéramos batallando contra el fuego, el capitán todavía requería que nos preparáramos. No quería que nos cortáramos con las ramas, así que vestíamos saco y pantalón, casco e incluso protectores faciales. Lo que tenía sentido con lo que estábamos haciendo. Lo que no tenía sentido era que nosotros, estuviéramos ahí para comenzar.
Pienso que la gente que reportó la ubicación del cuerpo, nos llamó a nosotros, en lugar de la policía, porque entre los dos, la policía y los bomberos, nosotros teníamos la escalera. Era todo el asunto del gatito atrapado en el árbol. Los bomberos bajábamos mascotas de los árboles, así que un cadáver también calificaba. Todo lo que yo sabía, es que podía haber continuado con mi vida sin tener que ver esa cosa sangrienta.
A todas luces, el hombre había estado volando un ala delta cuando el equipo falló y se estrelló. Todas sus extremidades estaban rotas y retorcidas en un ángulo grotesco, atravesadas por ramas, las que en una caída de gran altura se habían convertido en arpones de madera en la piel suave.
—Jesús, Ty, ten cuidado —le gruñí al tipo a mi izquierda en la plataforma, cuando chocó conmigo de nuevo, la segunda vez todavía más fuerte que la primera. Si no hubiera mantenido mi balance, me hubiera derribado de la plataforma hidráulica que se cernía a más de veintidós metros del suelo. Maldito novato.
Yo respetaba la urgencia, no al entusiasta fanfarrón — especialmente con un cuerpo que sólo era un trabajo de recuperación.
—Vete a la mierda, Kook —me gruñó.
—¡Una mierda que lo eres! —ladré.
De entre las dos cosas para agarrar —el novato sabelotodo o el cadáver—, la decisión fue fácil. Los bomberos salvaban vidas, incluso las fastidiosas. Aplacando mi ira, me lancé por Tyler Cantrell, arreglándomelas para atrapar su mano antes de que cayera en picada a la muerte que lo esperaba como tres pisos más abajo.
El tiempo se hizo más lento. Escuché las ramas romperse, y vi cuando el cuerpo empapado en sangre, se sumergió en las copas de los árboles y fuera de mi vista. Grité para que todos buscaran refugio en lugar de gritar de dolor, cuando mi hombro izquierdo fue arrancado violentamente de su sitio cuando resbalé del cesto. Mi mano derecha de alguna manera logró encontrar un hueco, salvándonos del concreto abajo.
Escuché gritos que provenían de debajo nuestro cuando la plataforma se sacudió y comenzó a bajar lentamente.
—Mierda —Tyler gritó, tratando de alcanzar la parte de debajo de la cesta, pero colgando demasiado lejos para agarrarse de cualquier cosa excepto mi muñeca y brazo.
Como si fuera a hacerlo. El tipo había sido un imbécil del carajo por no ver lo que estaba haciendo, en primer lugar, pero bueno o malo, el trabajo nos hacía hermanos. Cerré los ojos, ignorando el estirón de mis tendones que amenazaban con ceder debido a los 79 kilos de Tyler, y me concentré en mantenerlo agarrado. Todavía había tanto equipo abajo que, si la caída no nos dejaba lisiados, todas las cosas en el suelo, maldita sea, lo harían.
Fue una caída rápida cuando me bajaron con brusquedad al suelo.
—¡Maldita sea! —el Capitán Ryers gritó, y cuando abrí los ojos, estaba parado delante de mí.
Yo abrí la boca para defenderme, pero mi amigo Frank Miller, levantó una mano para detenerme.
—¿Qué carajo aprendiste en el entrenamiento? ¿Nada? — Ryers gruñó con suficiente rencor para hacer arrugar a muchos imbéciles.
Su mirada no estaba dirigida a mí, sino a Tyler, que estaba jadeando a mi lado.
—Awww, mierda —Frank gruñó mientras me ayudaba a quitarme el saco.
—Esa es una pésima apuesta —le dije, sonriendo con los dientes apretados.
—Tú sabes, por supuesto, que Ryers va a transferir al jodido nuevo de vuelta a Louisville, ¿no? Es una maldita amenaza.
Era difícil discutir. Ty era joven, más joven que el resto de nosotros, y básicamente un idiota arrogante. Yo no ocultaba que no me agradaba, pero tampoco quería verlo fuera.
—Debería hablar con Ryers.
—¿Hablar con Ryers de qué? —El hombre preguntó cuando entró como una tromba al cubículo de la sala de emergencias.
Cuando la gente conocía a Kevin Ryers, tenían la clara impresión de que era grande. Parecía alto, parecía enérgico, y como que llenaba el espacio en torno a él. En realidad, era más bajo que mi metro ochenta y cinco y más redondo, pero cada vez que alguno de nosotros, cualquiera de su equipo, lo describía, siempre comenzaba con “Él realmente es grande”.
—Señor, yo…
—¿Qué? —gruñó, sus ojos color avellana oscureciéndose a un verde oliva mientras me miraba.
—Traté de detener…
—Oh, no me jodas, James, córtala ya —dijo, palmeando mi hombro bueno.
A primera vista era imposible. Pero tenía más que sangre humana corriendo por mis venas.
Era un descubrimiento que hizo que en mi vida todo fuera más creíble.
Había sido tan sólo un año atrás que una sencilla parada para ofrecerme a llevar a casa a un anciano, en apariencia discapacitado, giró mi vida hacia algo completamente extraño.
El anciano era Fabron Chaloner, que resultó ser una gárgola y, oh, sorpresa, me dijo que yo también lo era. No es que tuviera cuernos saliendo de mi cabeza o alas de murciélago, o garras, pero lo que sí tenía, era la habilidad de moverme entre dos mundos: humano y goji o gárgola.
Yo era único entre mi recién encontrada especie. Era un Romanus, y mi trabajo hasta donde sabía, era ser el puente entre humanos y el clan o tribu, de gárgolas que había descubierto.
Lo que tampoco se me había pasado, era que para muchos miembros de la tribu, yo era una decepción. Esperaban que hiciera algo, fuera algo, pero nadie podía decir con exactitud, qué se suponía que era ese algo. Un Romanus tenía un propósito específico dentro del clan, pero hasta donde podía decir, hasta Raoul estaba confundido con los detalles. Era el tuerto guiando al ciego.
Eso estaba bien conmigo. Luchar contra incendios se llevaba la mayor parte de mi tiempo. Trabajaba guardias dobles, y a veces triples, en la estación en caso necesario, así que en realidad no tenía tiempo para comprometerme a averiguar qué clase de gárgola se suponía que era. No había manual de instrucciones. Por supuesto, eso no detenía a la tribu de esperar a que hiciera algo, y cada vez que alguno de ellos me veía… era como ser el mago estrella en Las Vegas, donde cada persona que había en la calle quería ver un truco. La decepción cuando sólo les sonreía y los saludaba con la mano era palpable. Nadie, además de Jimin, entendía que no era una falla de mi parte.
Jimin Toussaint.
Sólo pensar en él me causaba dolor en la boca del estómago.
Había salido de la ciudad por trabajo, a hacer consultas en otros sitios en construcción para su jefe, y yo lo extrañaba demasiado.
Jimin era un lion —león—, un soldado del clan. Era un hombre grande, fuerte y hermoso a quien yo le gustaba tanto, como él a mí. A pesar de que mi mundo y todo dentro de él estaba patas arriba, nunca había sido más feliz en mi vida personal.
—¡James!
Levanté la cabeza de golpe y de repente, de pensar en mi amante, estaba de vuelta a la realidad, mirando la cara de mi capitán. Estaba ceñudo.
—Disculpe, ¿qué dijo?
Estuve de acuerdo rápidamente, y Ryers, por una vez, pareció apaciguado.