Snow · • ❝〔 YOONMIN 〕❞ • ·

Summary

Solo un frío día invernal entre dos mejores amigos que comparten algo más que un simple abrigo. ~ Fluff

Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 3 reviews
Age Rating
13+

Unique

La gélida brisa invernal que se colaba por la abertura de su chaqueta, cruzaba incluso más allá del grosor de su suéter de cuello alto, llegando casi a calar sus huesos. Un débil quejido abandonó sus labios, que ya habían perdido todo color por la atmósfera glacial en la que se encontraba sumergido y diminutos copos de nieve que se acumulaban bajo sus pies, creaban pequeños montículos blancos.

Era la primera nevazón del año y al parecer, también la más fría.

Ante sus ojos apareció la imagen de un chico de cabellos rubios, quien giraba a su alrededor lleno de júbilo. La expresión en su rostro no podría describirse de otra manera que repleta de gozo. Soltaba risas y jugueteaba con la nieve, extendiendo los brazos y mirando al cielo para coger las motitas blancas con la boca.

Park Jimin era su mejor amigo desde los seis años. Y a pesar de que, con el pasar del tiempo ya había perdido la complexión física típica de los infantes, parecía que mentalmente continuaba en aquella tierna edad. Yoongi había visto cómo su compañero de juegos se convertía en un precioso joven de dieciséis años que seguía conservando aquella inocencia tan característica al igual que el brillo en sus ojos que le hacía imaginar que el rubio poseía una galaxia en ellos.

En estos momentos, la imagen del menor se veía aún más angelical desde su punto de vista, debido al tenue tinte rosado que comenzaba a adornar sus mejillas regordetas al igual que la punta de su pequeña nariz a causa de los grados bajo cero a los que estaban expuestos.

— Está muy frío aquí afuera, Min, deberíamos volver adentro, ¿Qué te parece? — Yoongi tenía las manos pegadas a la boca mientras exhalaba vaho para mantenerlas tibias.

— Nuh uh... no arruines la magia de la nieve... — El rubio ahora lucía como un personaje salido de un cuento invernal. El suéter color crema, que ahora estaba completamente empapado, se le ceñía al cuerpo con gracia y el gorro negro de lana, regalo del mayor para su cumpleaños número doce, apenas si cubría su cabellera.

— Pero estás todo mojado y te estás congelando, no quiero que cojas un resfrío — El mayor trataba de entrar en calor abrazándose a sí mismo, mientras se movía con cierto ritmo. Estaba seguro de que si se quedaba quieto, moriría siendo un hielo.

— ¡Los jóvenes no se resfrían! Piensas eso porque eres todo un anciano malhumorado — Yoongi suspiró ante el comentario del rubio.

A pesar de que sólo tenía un año más que su amigo, se sentía plenamente responsable de él y de su salud. Después de todo, había pasado media vida al cuidado de su atolondrado compañero. Sonrió para sí mismo cuando el menor comenzó a tirar nieve al cielo. Realmente parecía un infante.

Los copos de nieve que brillaban sobre Jimin, sus risitas y el paisaje blanco, creaban un escenario de ensueño. Desvió la mirada que mantenía sobre el rubio por un segundo, concentrándose en la brisa que movía las pequeñas motitas blancas, las cuales danzaban sobre el jardín. Estaba resguardado bajo el techo de la escuela, por lo que al menos aún conservaba todas sus prendas secas. Agradeció mentalmente no hacerle caso a su mejor amigo de colocarse en medio del patio para jugar con la nieve.

Se encontraba tan ensimismado que no se percató de la sonrisa maliciosa que adornaba ahora el dulce rostro del chico que tenía enfrente. Tampoco notó que estaba de cuclillas cogiendo un montoncito de copos caídos, para darle forma de bola con las manos desnudas. No cayó en cuenta hasta que la húmeda esfera blanca impactó de lleno contra su cara, las sonoras carcajadas del menor no se hicieron esperar. Yoongi le dedicó una mirada cargada de falso odio e hizo ademán de perseguir al rubio y cuando este salió corriendo, el mayor sonrió. Definitivamente seguía siendo su Jimin de seis años.

— Bueno, bueno, no me hagas caso de ir adentro, pero cuando estés muriendo con 40 grados de temperatura, no quiero que vengas a mí diciendo “Yoongi, Yoongi, cuídame por favor, soy muy débil para subsistir por mi mismo, necesito de ti”. No te escucharé y solo diré...

“Te lo dije, tonto Jimin” — Completó el aludido, quien seguía humedeciéndose bajo el blanco cielo.

— Exacto — El chico de cabello color menta se giró sobre sus talones, dándole la espalda al menor — Volveré al salón de clases, te me cuidas — Y emprendió camino dejando atrás a su mejor amigo.

— ¡Espera! — El mayor sonrió para sí mismo con orgullo, pero no se detuvo ante los gritos de su compañero — ¡Yoongi! No me dejes... — Pudo sentir como unas frías manitas se enrollaban sobre su cintura, impidiendo que continuara avanzando — Mmm... eres tan cálido Yoon — El castaño frotaba ahora su entumecida nariz contra la espalda de Yoongi, emitiendo tenues ronroneos.

— ¡Ahg, Jimin! Estás todo mojado, suéltame — Yoongi se sacudió con fingida pesadez mientras emitía un sonoro suspiro. Cuando se volteo para verlo, el rubio lo miraba con un marcado puchero sobre sus rosados labios. Se veía adorable, sobre todo con la nariz moqueando debido al frío. Era imposible para el pelimenta enojarse con su pequeño. — Quítate esa cosa.

Yoongi se despojó del tibio suéter que descansaba bajo su chaqueta sin pensarlo dos veces, para extenderlo al muchacho que ya castañeaba sus dientes. Era obvio que se estaba congelado ahora que se había quedado por fin tranquilo.

— Te vas a resfriar si no te abrigas pronto.

— Adoro este suéter, Yoon — Jimin miraba con una amplia sonrisa a su mayor antes de coger y atraer hacia sí la prenda negra. Acercó la tela a sus fosas nasales, inhalando sonoramente.

— ¿Por qué?

— Porque huele a ti.



❆❆❆❆



— Jimin, esta es la tercera vez consecutiva que estornudas... ¿Podrías dejar de hacerlo? Me desconcentras, no puedo escuchar lo que dice el maestro.

— ¡Oh Yoongi! ¿Cómo no se me había ocurrido? ¡ES UNA EXCELENTE IDEA! — El tono del menor era completamente sarcástico — Déjame intentarlo... Hey, nariz, ¿Podrías dejar de sentir irritación en tus mucosas? Mi mejor amigo es un anciano odioso... ¡A-Achú! Ups, creo que no funcionó.

— Te dije que no era buena idea estar todo el receso bajo la nieve.

¡Ti diji qui ni iri biini idii...! Si, si, ya te vimos Yoon — Yoongi rodó los ojos y volvió a concentrarse en los ejercicios que tenía anotado en su cuaderno ignorando por completo a su compañero de puesto — Me estaba divirtiendo Yoon... ¿Acaso no puedo? Yoon... — Sintió las pequeñas manos de su compañero jalar débilmente de su chaqueta — ¿Yoonnie? ¡No me ignores! — El menor sacudió con insistencia el brazo del mayor, hasta que se volteó a verlo. Un adorable puchero se había posado sobre sus labios junto a una mirada de perrito abandonado.

— Claro que puedes hacerlo, MinMin, no dije que no podías — El pelimenta deslizó uno de sus dedos por la boca del rubio, deshaciendo aquel gesto que le robaba el corazón — Pero siempre y cuando te comportes como un chico de dieciséis años, no como uno de tres — Yoongi detuvo la caricia luego de sonreír dulcemente. El menor se alejó del toque del mayor con gesto indignado.

— ¿Ah sí? Pues tu deberías comportarte como un chico de diecisiete años, no como un anciano de ochenta y tantos. Ya hasta casi te pareces a mi padre... no, no. Casi podrías pasar como mi abuelo...

— Señor Min, Señor Park, retírense al despacho del director, ¡AHORA!



❆❆❆❆



— ¡Achú! — Yoongi rodó los ojos por quinta vez consecutiva y le extendió un pañuelo nuevo y limpio a su amigo. — Gladiad.

El pelimenta ahogó una risa. Al parecer, el resfriado de Jimin no se había conformado solo con hacerlo estornudar cada cinco minutos, sino que siguió avanzando y ahora apenas podía pronunciar ciertas letras sin que sonara gracioso.

— No te dias, tengo la nadiz tapada — El mayor miró al rubio mientras soltaba una sonora carcajada, la cual rebotó como eco en el pasillo vacío de la escuela. Jimin lo fulminó con la mirada mientras se cruzaba de brazos y lentamente fruncía su ceño. — Adejate de mí, tonto Yoongi.

— Esta bien, esta bien. No te enojes Mimi — Apoyó la cabeza en el hombro del rubio y suspiró. — Pero... te lo dije.

— ¡Shhh!

— Te ves tan adorable cuando tienes el ceño fruncido... pero te ves aún más encantador con mi suéter encima. — Yoongi depositó un suave y fugaz beso sobre la sien del menor, provocando así que cualquier rastro de enojo se disipara de la cara de su mejor amigo, dando paso a que éste sonriera tímidamente mientras un débil color rojizo tomaba lugar sobre sus mejillas.

Llevaban aproximadamente media hora esperando en el pasillo del despacho del director a que éste hiciera acto de presencia. El lugar estaba tan desierto que no parecía ser el edificio de un establecimiento educacional, ni siquiera andaba por ahí el histérico secretario. Pero al parecer, todo el directorio había tenido asuntos más importantes que resolver, algo mucho más urgente que castigar a dos de sus mejores alumnos por conversar en medio de la clase. De todas formas, era viernes, y se solían perdonar muchas cosas los días viernes.

Yoongi fijó la mirada en el enorme reloj que tenía enfrente mientras suspiraba. Había comenzado a tamborilear con los dedos sobre el muslo del rubio, siguiendo el ritmo del reloj. Las clases terminarían dentro de poco y podía sentir como lentamente la temperatura corporal de su amigo iba en aumento.

Uno, dos, tres...

— Bien, arriba Minnie. — El mayor saltó del asiento con una energía poco común en él.

— ¿A dónde vamod? — El aludido limpió la nueva mucosidad que expulsaba su nariz con la manga del suéter de Yoongi.

— Nos iremos a casa, creo que estar fuera de la cama hace que te pongas cada vez peor.

¿Peod? — El mayor se percató, ahora que estaba de pie, que todo el brillo que solía poseer su amigo se había apagado. Tenía la nariz roja y los ojitos cristalizados. Se veía demacrado.

— Sí, hasta te estas colocando un poco verde... ¡Por aquí! — Yoongi enterró sus largos dedos en las costillas del menor sacándole una sonrisita.

— ¿Me seguidas amando aunque sea vedde?

— Te amaré toda la vida, aunque seas un horripilante monstruo de un solo ojo y verde... que haga ARGGG — La amplia sonrisa del menor fue suficiente para que el pelimenta estallara de amor. Lo agarró de las mejillas apretándolas, deformando por completo la cara de su mejor amigo, quien ahora no podía parar de reír. — Vamos, vamos, toma tu mochila, iremos a mi casa.



❆❆❆❆



Habían emprendido camino hacia el hogar de Yoongi que estaba solo a un par de cuadras de la escuela. La calle estaba completamente vacía, la nieve había dejado de caer, pero aún así la brisa congelaba todo a su paso. El mayor no pudo evitar sentir cómo el muchacho que caminaba a su lado, temblaba de frío. Sabía que no le diría nada porque su orgullo era más fuerte.

Jimin no se había quitado el suéter de Yoongi, pero la ropa mojada que portaba bajo este, estaba comenzando a humedecer también la prenda negra.

— Tienes las manos rojas, Jimin ¿tienes frío? — No esperó la respuesta del menor y sólo cogió sus manos como tantas veces había hecho en el pasado. Aunque esta vez se sintió diferente al resto y Yoongi no se enteraba si era porque las extremidades del menor estaban a punto de convertirse en duro hielo o por la corriente eléctrica que le transmitió. Acercó lentamente los dedos del otro hasta sus labios y comenzó a exhalar suavemente el aire tibio que salía de él para hacer que entrara en calor.

— ¿Y-yoon? — Jimin había reducido el ritmo de la caminata.

— ¿Mh?

— M-me... me gusta... como se siente tu mano sobre la mía... — El mayor solo continuó con su labor sin responder nada, pero ahora dejaba pequeños besitos sobre las rojas manos del contrario. El contraste del frío de sus dedos con lo cálido de sus labios le producía cosquillas.

Estaban aproximadamente a media cuadra de llegar al domicilio del pelimenta cuando paró en seco al rubio.

— ¿Minnie?

— ¿Ah?

— A mi... también me gusta como se siente tu mano junto a la mía...



❆❆❆❆



La ligera y débil luz que se dejaba entrever por el visillo de la ventana de la habitación de Yoongi, iluminaba lo suficiente como para distinguir una faceta que no muchos conocían de él. Las paredes blancas se hallaban decoradas con algunas fotografías de las cosas que más le gustaban. El mar, aquel parque al que había ido con sus padres cuando era niño, Jimin, su perrito Shadow y el museo.

El pequeño piano, regalo de los padres del rubio, se encontraba estratégicamente a un lado de su cama, la cual a su vez, se ubicaba delante de la gran ventana.

Situar el inmueble en frente del ventanal, había sido idea del menor. También había convencido al pelimenta de colgar pequeñas lucecitas sobre el respaldo de la cama, para darle un aspecto más romántico. Yoongi nunca supo para qué le serviría crear un ambiente romántico, si la única persona que había entrado a su habitación, era su mejor amigo.

El cuarto del mayor era sencillo, pero muy acogedor. Las partituras desparramadas por el suelo de madera y la colcha gris, indicaban lo duro que había estado trabajando en su canción la noche anterior.

Y de entre todos los lugares que Jimin había conocido en su corta vida, la habitación del mayor era - por lejos - su lugar favorito. Amaba pasar sus tardes en esas cuatro paredes, ya sea observando los atardeceres o leyendo, mientras el pelimenta practicaba con el piano.

— Quítate toda la ropa mojada, Min, y te metes bajo las cobijas. No quiero que sigas con esa humedad, te hace mal. — El menor estaba sentado al borde de la cama, observando maravillado los copos caer por la ventana. — ¿Jimin?... ¿Quieres que... t-te quite la ropa?

— ¿Yoongi? ¿Acaso decuedas de aquella vez que...?

El rubio no terminó de formular la pregunta porque supo que su mayor había captado el mensaje de inmediato. Con la mirada fija en la ventana, recordó la razón tan extraña - pero hermosa - que había hecho que su mejor amigo se enamorara de la nieve.

Jimin tenía doce años la primera vez que le rompieron el corazón. Un muchachito de cabellos rojos lo había ilusionado, usado y desechado cruelmente, como si se tratara de un objeto. Yoongi no iba a permitir que nadie lastimara a su mejor amigo, por lo que esperó a la salida de la escuela al pelirrojo. El resultado fue un ojo morado y sangre escurriendo por su nariz.

Cuando Jimin se lo encontró en el parque al que solían ir, las lágrimas comenzaron a brotar de sus pequeños ojos con rapidez.

" — Jiminnie... si algo te lastima... me lastimaría a mi mismo... Saltaría enfrente de lo que fuera que tratara de hacerte daño.”

Y luego de eso, comenzó a nevar.

El mayor, que estaba sentado en el taburete del piano, desvió la vista de la ventana y la concentró en el muchacho sentado sobre su cama, quien no despegaba la mirada del paisaje que tenía delante. Estudió con cuidado cada una de sus delicadas facciones y sonrió. Se levantó lentamente, sin hacer ningún ruido y cogió entre sus brazos al ensimismado joven.

— Ve a cambiarte esa ropa mojada, ¿mh? — Susurró contra el oído del menor. — Puedes darte un baño si gustas, para entrar en calor. — El chico en sus brazos empezó a moverse y a hacer pequeños ruiditos, como un niño berrinchudo.

— Nuh uh, no quiero Yoon.

El mayor rodó los ojos, depositando un casto beso en la frente del menor, percatándose de lo caliente que estaba.

— Iré abajo a preparar sopa, cuando vuelva quiero que estés dentro de esa cama, ¿me oíste? — El menor asintió con un puchero en sus labios — Bien, traeré un termómetro también, creo que tienes fiebre.

El mayor dejó de pie al rubio, y dándole un último vistazo salió de la habitación.

Claramente, no era la primera vez que tenía a Jimin en sus aposentos. Habían pasado infinidad de momentos en su cuarto, tanto buenos como malos. Como cuando el rubio lloró desconsoladamente toda la tarde por obtener una mala calificación o cuando le preparó una fiesta sorpresa para subirle el ánimo a su mayor cuando fue rechazado de la academia de piano. Eran un apoyo constante y mutuo, siempre cuidándose de resfriados o piernas lastimadas.

Pero esta vez, algo se sentía diferente. Yoongi no supo en qué momento la compañía de su mejor amigo pasó a sentirse como algo más. Pero sí tenía claro que le gustaba hacerlo reír porque amaba la forma en la que sus ojitos desaparecían y el suave sonido de su escandalosa risa, se había convertido de un momento a otro, en el motor de su vida.

La sopa hirvió lista más rápido de lo que le hubiera gustado. El solo hecho de volver arriba con su compañero de vida, le hacía temblar las manos. Cogió del botiquín un termómetro y se encaminó escaleras arriba.

Trató de calmar su respiración un par de veces antes de entrar a su cuarto.

— Tomé este pijama azul con cuaditos... estaba tidara pod allá... espedo que no te haya molestado. — Jimin se giró para quedar frente a frente con el dueño de las prendas. El mayor miraba con el ceño fruncido sin responder. — Oh... ¿no podía?

— No, no — Yoongi negó rápidamente, colocó el cuenco humeante sobre la mesita de noche, encendiendo la lámpara. Podía sentir la mirada inquisidora de su amigo, quien lo examinaba con los ojos entrecerrados cada movimiento, tratando de averiguar la razón del gesto del mayor. Yoongi cerró los ojos con fuerza mientras trataba de ordenar sus ideas. — E-es sólo que... sólo que... no puedo creer que en realidad estés usando mi ropa...

Y no era como ai eso no hubiera pasado antes, pero ahora era tan diferente.

El menor soltó una risita tapando su rostro con sus pequeñas manos, para evitar que Yoongi se fijara en lo rosadas que estaban sus mejillas. Por alguna razón que no llegaba a comprender del todo, amaba la forma tan extraña que tenía Yoongi para decirle que lo amaba. Si tan sólo pudiera quererlo como algo más.

Camino despacito hasta la cama, brincando sobre ella. El mayor mordió su labio evitando la sonrisa que comenzaba a asomarse mientras lo miraba con ternura. Se acomodó a su lado, permitiendo que el rubio se acurrucara contra su pecho.

Gladiad pod prepadad la sopa. — El mayor se limitó a asentir con la cabeza.

La temperatura había descendido considerablemente dentro del cuarto, en cambio la de Jimin solo iba en aumento. Yoongi abrazó al rubio contra sí, mientras trataba de arropar a su menor con todas las mantas que tenía a su alcance. El menor emitía suaves soniditos de gozo, los cuales solo se podían percibir debido a la cercanía de sus cuerpos.

Edes cómodo, sedas mi nueva almohada— Jimin frotó su rostro sobre el pecho del pelimenta mientras aspiraba el tenue aroma de su perfume.

— Serás mi prisionero el día de hoy, no dejaré que te levantes pero si me robas las mantas, Park Jimin, no tendré ni una pizca de piedad y pondré mis pies fríos sobre ti. — Murmuró contra la cabellera rubia de Jimin. El menor sonrió con los ojos cerrados.

Se quedaron en esa posición por varios minutos, solo con el sonido de sus corazones latiendo como si fuera uno. Yoongi amaba la fragancia que desprendía la cabellera de su amigo, por lo que comenzó a acariciarla con la nariz mientras depositaba pequeños besitos sobre ella.

No hay palabras para describir lo que sentían ambos en ese momento.

Las pequeñas manitas de Jimin, que ahora se encontraban en su temperatura normal, buscaron las manos del mayor. Entrelazaron sus dedos como si lo hubieran hecho un millar de veces. Y se sentía bien.

— ¡Achú!

— Te dije que era mala idea...

— ¿Me vas a detar en estos momentos? — Jimin levantó la cabeza para quedar cara a cara con el pelimenta mientras se limpiaba la nariz con la manga de su pijama.

— No sería capaz...

Sus ojos se encontraron y no pudieron simular el revoltijo de emociones que sentían dentro de sí. Era como si mil mariposas estuvieran batallando en su estómago contra un centenar de dragones escupe-fuego. Jimin apoyó con delicadeza su mejilla contra la del mayor. Y entonces Yoongi lo entendió.

— H-hay algo que quiero decir... Sé que soy... que yo... — Suspiró frustrado, el rubio fijó nuevamente su mirada en él, que ahora no le correspondía el contacto. — Esto no es fácil para mí... yo no... nunca... ¡AHG!

— ¿Yoon?

— Mira, solo sé que me gusta estar cerca de ti, me gusta cuando sonríes, mi corazón se siente lleno cuando estas conmigo y... me gusta tu cara. No sé que significa todo esto para ser sincero. — Sentenció. Jimin solo soltó una risotada, volviendo la vista a sus manos mientras mordía su labio.

Un par de minutos pasaron antes de que Jimin pudiera responder a lo que imaginaba, era una confesión de amor. — Creo... que... me siento igual que tú — Los ojitos de Jimin comenzaban a cristalizarse nuevamente, solo que esta vez no era debido a la fiebre.

— ¿Q-qué?

Jimin levantó la mirada de sus manitos y mirando fijamente al mayor contestó. — Creo que te amo, Yoongi.

El pelimenta separó sutilmente los labios mientras terminaba de analizar las palabras de su mejor amigo. Jimin al no ver respuesta del contrario, dejó escapar un par de lágrimas mientras cerraba los ojos.

— No, no llores...

Jimin no respondió. Se limitó a enterrar el rostro en el pecho del pelimenta a la vez que negaba con la cabeza.

— Jimin, mírame.

El menor alzó la mirada y sus ojitos rojos y su nariz goteando solo hicieron que el corazón de Yoongi brincara lleno de amor por su mejor amigo.

— Y-yo también te amo, Min.

— ¿De verdad?

— Claro que sí, ¿no me crees?

El rubio solo dejó caer más lágrimas mientras evitaba la mirada del otro.— Es que no sabía si tú sentías lo mismo... No sabía si me escogerías... Ya sabes, tienes a un montón de chicos que te buscan siempre, chicos bonitos y yo... solo soy un desastre.

Yoongi cogió el rostro de su menor en sus manos, deslizando sus pulgares retirando el rastro de las lágrimas calientes. Solo en ese entonces sus miradas se conectaron. Acarició la nariz del otro con la suya, volviendo el encuentro aún más íntimo.

— No seas tonto...— Murmuró contra su rostro. Depositó un dulce beso sobre la nariz roja y moqueante de Jimin. — Tu eres el ser más hermoso que he visto en mi vida. No sé que cosa buena hice para que el destino te pusiera en mi camino, pero estoy agradecido. No tengas dudas, eres mi amor y antes que todo... siempre te escogeré a ti.

Y sin darle más vueltas al asunto, acortó los centímetros que los separaba uniendo sus labios en un suave y dulce beso.

Luego de unos segundos, se separó del menor y juntó sus frentes mientras sentían sus respiraciones. No hicieron más que sonreír como dos bobos enamorados.

— Podría quedarme así toda la vida.

— Pues hagámoslo.