Ep 1 🌊
El centro de investigaciones era como un segundo hogar, o mejor dicho era un primer hogar, al menos para Jimin. No estaba seguro de recordar como era su vida antes de las pizarras blancas y de los monitores de los ordenadores, antes de casos complejos y objetivos oscuros. Ah, es cierto: antes eran uniformes, patrullajes a pie, ebrios y chicos.
No, los villanos eran de mejor calidad aquí y al menos los grupos de crimen organizado tenían sus propias habitaciones para ser investigados.
El Detective Sargento Longbottom, también conocido cariñosamente, cuando no estaba cerca, como ―Trasero-estirado, se encontraba apuñalando con su dedo la fotografía de Harvey Cooper tomada por una cámara de seguridad, mientras hablaba sin parar.
—…nuestra prioridad más alta es meter a alguien dentro del grupo —dijo. —Tenemos la aprobación del Inspector Cassidy de empezar otra operación encubierta. Lo que este equipo tiene que hacer es trabajar para encontrar la manera de infiltrar a alguien.
Cooper está demasiado loco para acercarnos directamente y su señora lo mataría si le es infiel. Entonces, ¿alguna sugerencia?
—¿Vecinos? —preguntó Tracey.
—No tiene relación alguna, —dijo Trasero-estirado. —¿Te apetecería ser la empleada doméstica, Tracey?
—Ya tiene una, —dijo Gavin. —Su hermano limpia su piscina.
—¿Qué hay de su hermano? —Preguntó Tracey, bajándose de la mesa y señalando en dirección a la pizarra de los contactos.
Todos estudiaron la pizarra. —Quien coños sabe. —dijo Trasero estirado. Comenzó a hojear un expediente que tenía en su posesión.
—¿Entonces? —Preguntó Roscoe, que era el Detective Sargento recién transferido de Queensland y estaba creciendo rápidamente en la institución. —¿Podemos ir a allanarlo?
Todos rieron al escuchar la sugerencia.
—Entonces, alguien necesita entrar a su casa, —dijo Roscoe.
—JungKook, —dijo Trasero-estirado.
—No tendrás que hacer mucho, —dijo Trasero-estirado, sonando justo como lo hacía cuando Jimin y Tracey peleaban por los turnos. —Solo guiarlo un poco, darle un rápido abrazo y hacer que te lleve a casa. Luego echar un vistazo alrededor y dar tus excusas.
—O mejor aún, —dijo Tracey. —Haz que se enamoré de ti, permanece con él y quizás te lleve a conocer a su hermano.
Jimin podía sentir cuan rojo estaba su rostro. —¡De ninguna manera! —gritó, por sobre el bullicio del equipo. —¡Soy hetero! ¡No puedo fingir ese tipo de cosas!
—Por supuesto que puedes, —dijo Tracey, dándole palmaditas a su brazo. Al levantar la vista, Jimin pudo ver a todo el personal administrativo mirando en su dirección, probablemente querían ver cuál era el escándalo.
Trasero-estirado hizo caso omiso a las protestas de Jimin cuando éste le habló en su oficina momentos después.
—Estarás bien, —dijo Trasero-estirado.
Jimin se cruzó de brazos con un puchero.
—No me preguntes a mí, —dijo Trasero-estirado. —Ve a casa e investígalo.
JungKook siguió a Sharon por la mansión, pasando por la sala y el teatro en casa, en dirección a la cocina. —Siempre, —dijo.
Sharon abrió uno de las neveras y miró dentro. —Brioche, jamón ahumado y una rebanada de brie.
—Todo suena bien, —dijo JungKook abriendo la otra nevera y apartó los Moëts y Lambruscos para tomar una Corona.
Sharon rió, mostrando dientes blancos y brillantes que contrastaban con su prominente bronceado. —No te preocupes, cielo. Te lo serviré acompañado de algo más.
JungKook tomó su cerveza y se dirigió por las escaleras hacia donde se encontraba la oficina de Harvey al lado del garaje.
El seguro fue quitado del otro lado de la puerta, Harvey la abrió y colocó sus brazos alrededor de su hermano.
—Afuera de mi apartamento esta mañana, me siguieron hasta aquí. —Dijo JungKook.
Harvey comenzó a pensar y frunció el ceño por un momento.
Luego colocó las manos sobre la solapa de su chaqueta de diseñador.
JungKook sacudió su cabeza y dijo, —¿Hola? ¿En el ute? No parecía valer la pena el esfuerzo. Decidí solo venir a quejarme al respecto.
—Iré a ver de quien se trata, —dijo Harvey mientras tomaba un par de binoculares y se dirigió a la parte de atrás del garaje.
JungKook cuidadosamente retiró su mirada de los papeles que se encontraban en la oficina de Harvey y la hoja de cálculo en su computador. Mientras menos supiera, mejor.
Harvey regresó momentos después, dejándose caer sobre su silla ejecutiva y colocando sus pies sobre el escritorio.
pistas, —dijo Harvey. —Maldición, iba a pedirte que llevaras unos documentos esta tarde, mejor los enviaré por correo.
—De acuerdo, —dijo JungKook poniéndose de pie. —Iré a limpiar tu piscina para confundir al policía.
—Haz que te alimenten también. ¿Necesitas dinero? —preguntó Harvey, acercándose a la caja fuerte que se encontraba debajo del escritorio.
Había varios juegos de notas bancarias en la caja y varios documentos. Harvey tomó uno de los juegos y sacó una nota por el equivalente de quinientos dólares, —Está limpia, no hay necesidad de pasarla por el casino.
—Gracias hermano, —dijo JungKook y le dio un puñetazo gentil en el brazo mientras se ponía de pie y guardaba las notas en sus pantalones con la otra mano.
asentarte.
—Gracias por la advertencia, —dijo JungKook mientras salía de la oficina, cerrando la puerta al salir. Escuchó como el seguro volvía a ser colocado en la puerta.
Blue era su madre, una mujer extravagante, encariñada con el cabello purpura y el botox, la cual estaba encantada de aterrorizar a la alta sociedad de la ciudad, los cuales no sabían qué hacer con ella.
Por un lado, era bulliciosa, maleducada y vulgar, pero por el otro, era millonaria y despilfarradora.
Blue se encontraba esperándolo al lado de la piscina, bronceando su piel blanca, besó a JungKook en la mejilla, dejando una marca de lápiz labial rojo. JungKook comenzó a trabajar en la piscina tratando de ignorar los reclamos que esta tenía con respecto a su vida amorosa.
—Oh, cielos, —logró jadear. —Eso es increíblemente gracioso.
Collins rió un momento más y luego dijo, —Cariño, no te puedo enseñar a ser gay, nadie puede. Es algo con lo que se nace, no algo que aprendas, es como un acento.
—Eso no ayuda, —dijo Jimin miserablemente—Me enviarán de encubierto como un hombre gay. Tienes que ayudarme un poco.
Collins codeó alegremente a Jimin.
—¿Iniciarme? —preguntó Jimin, su voz casi un chillido.
Collins nuevamente comenzó a carcajearse, Jimin se rindió, lo dejó con sus cigarrillos y regresó a la oficina del equipo y a su ordenador. Maldición, esto no podía ser bueno.
—El Hotel Majestic, —dijo Roscoe a todo el equipo. —Fue ahí a donde se dirigió a eso de las cuatro y media. Lo seguí y la habitación se encontraba llena de hombres semi-desnudos, contoneándose por la pista de baile. Demasiado atrevido para ser tan sólo la tarde, si me piden mi opinión.
—¿Qué hizo en ese lugar? —Preguntó Trasero-estirado.
—Quien demonios sabe, —dijo Roscoe.
fue algo muy rápido. Bebe Carlton, conoce al personal por nombre y siempre gana en el billar. Me fui al auto después de que cinco hombres me invitaron a bailar, cuando salió lo seguí nuevamente a casa. Durmió solo.
El Majestic era un viejo bar con pisadas grabadas en los escalones de la entrada por generaciones de clientes sedientos.
Aquellos clientes históricos probablemente se sorprenderían al conocer a la clientela actual. Había hombres gay al frente del bar y por el corredor, Jimin comenzó a avanzar entre la muchedumbre hacia la terraza.
Había mujeres en la parte trasera del bar, bajas, gordas e intimidantes lesbianas, mujeres elegantes con trajes oscuros, con maletines, mujeres sin cabello, mujeres con mostachos. Observó en dirección a la pista de baile que Roscoe había mencionado.
Se dirigió nuevamente al frente del bar y ordenó una Carlton para él, solo para acostumbrarse a la idea, y la llevó a través de la habitación para recostarse sobre uno de los viejos ventanales y ver bien a los clientes.
Había banderas con arcoíris en las paredes, el sistema de sonido tenía música estruendosa y la pista de baile tenía una esfera con espejos, pero aparte de eso era uno de los mejores bares en los que Jimin había estado. Era mucho mejor que aquel bar falso Irlandés en el que el equipo se reunía.
Las personas le saludaban mientras pasaban a su lado y un hombre joven con una barba y tatuajes se quedó a hablar con Jimin acerca de la línea ofensiva de los Tigres.
—¿Viniste solo? —Le preguntó el Sr. Tatuaje y Jimin asintió.
—¿Te gustaría venir a mi casa? —El Sr. Tatuaje preguntó y Jimin sintió como sus mejillas se enrojecían. Maldición, alguien trataba de ligárselo.
—No gracias, amigo, —dijo Jimin, esperando que esa fuera la mejor manera de rechazar a un hombre.
El Sr. Tatuaje asintió y se dio la vuelta para hablar con un hombre de mediana edad que se encontraba del otro lado.
Jimin observó brevemente a Tracey del otro lado de la habitación, su cabello estaba atado, vestía jeans y una camiseta. No hizo contacto visual con ella y cuando volvió a mirar en su dirección ya no se encontraba. Se supone que ella era su refuerzo, en caso
que las cosas salieran mal, ella llevaba su placa y un comunicador.
Jimin no traía esas cosas con él, solo su billetera, dinero en efectivo una identificación falsa y los condones que Trasero-estirado le había dado. Se sentía otra vez como un niño, el cual era aleccionado por su madre acerca de tener sexo seguro y sus consecuencias, solo que esto era peor.
Ya se había bebido tres cervezas y rechazado cuatro ofertas antes de que por fin pudiera ver a su objetivo, este se fue a recostar contra el bar y llamó al barman, luego colocó una moneda de dólar en la orilla de la mesa de billar, para reservar su lugar en la línea.
JungKook era un hombre sólido, aproximadamente en sus veintitantos como Jimin, espalda ancha y esbelto, vestía una camiseta desteñida y jeans rotos. Tenía un poco de barba, cabello rubio y ojos de apariencia cansada.
Los cuales miraban directamente a Jimin.
Jimin tuvo un breve momento de pánico al haber sido visto, pero la sonrisa sugestiva en el rostro de JungKook calmó sus miedos.
—Hola, —dijo, recostándose en el muro al lado de Jimin. —No conozco tu cara.
—Esta es la primera vez que vengo, —dijo Jimin. De cerca, JungKook parecía haber sido vencido por el clima, no se había rasurado, olía a cigarrillo, cerveza y sudor, sin embargo Jimin se encontró a sí mismo observando los vellos de su pecho que salían por encima de su camiseta.
—Bienvenido al mejor bar del universo, —dijo JungKook. —Deja que te compre una bebida, ¿qué deseas?
—Carlton, regular, —dijo Jimin sonriéndole a JungKook a pesar de que su corazón comenzaba a latir fuertemente en su pecho. Mierda, estaba nervioso. El trabajo encubierto era suficiente para asustar a cualquiera, pero había un aura de masculinidad alrededor de JungKook que intimidaba por completo a Jimin.
JungKook le mostró una sonrisa a Jimin y dijo: —Soy JungKook, ¿cómo te llamas?
JungKook le entregó el palo de billar y Jimin observó como este caminó a través de la multitud, se inclinó en la barra y levantó dos dedos, luego regresó con las dos cervezas. Ningún dinero fue intercambiado: o JungKook tenía una cuenta en el bar o no pagaba sus bebidas.
Jimin intercambió el palo de billar por una de las bebidas, la botella estaba helada y trató de sonreírle coquetamente a JungKook, esperando como loco que estuviera enviando las señales correctas.
Quién diablos sabía cómo persuadiría a JungKook para que se lo llevara a casa.
—Tienes acento inglés, —dijo JungKook— ¿Acabas de mudarte aquí?
Jimin sacudió la cabeza. —He vivido un par de años aquí, solo que eh… nunca había venido a un bar gay.
—¿En serio? —Dijo JungKook, su voz se tornó más ronca mientras se acercaba a Jimin.
Los vellos de la mano de JungKook eran dorados y su reloj tenía un brazalete de cuero desgastado. Si Jimin no hubiera visto las fotografías de vigilancia de JungKook entrando y saliendo de la mansión de Cooper, jamás hubiera creído que este tipo probablemente vivía del crimen. Ciertamente no gastaba dinero en desodorante o ropa.
—Gracias, —dijo Jimin Y—Eso sería genial.
Esto era una trampa.
Peter falló un tiro, miró en dirección a JungKook y sonrió, había demasiado interés en esos ojos.
Si los policías le enviaban a un chico lindo para que jugara, no iba a rechazar la oferta.
JungKook se recostó contra la mesa de billar al lado de Peter, mientras este metía la bola ocho. Pasó sus dedos ligeramente por la columna de Peter donde se presionaba contra su camiseta. JungKook estaba seguro que había sentido como Peter se estremecía ligeramente.
—¿Quieres irte de aquí? —preguntó JungKook, mientras Peter le entregaba el palo de billar a la siguiente persona que estaba esperando por usar la mesa.
—Por supuesto, —dijo Peter y dejó caer la mirada nerviosamente.
JungKook estaba impresionado. Incluso si el chico era un actor de clase mundial o la policía había llevado a este pobre sujeto que acababa de salir del closet para hacer esto, parecía estar genuinamente asustado.
Sin importar el caso, sin duda alguna el chico estaba trabajando horas extras y algo de eso divertía a JungKook, provocando que se riera mientras tomaba la delgada muñeca del chico y lo guiaba por la muchedumbre.
—No, —dijo Peter. —Iba a tomar un taxi para regresar a casa, supuse que tomaría varias cervezas.
JungKook pudo haber soltado la muñeca del chico en este punto, pero no quiso.
Sin importar que tan bueno fuera el chico para actuar, era un terrible policía encubierto, enviando claras señales de que ya sabía cuál era el auto de JungKook.
El Ute se encontraba debajo de un alumbrado público y JungKook recostó a Peter sobre la puerta del pasajero y deslizó su mano por el brazo de Peter hacia arriba. La otra mano de JungKook tocó el cuello de Peter, encontrando su pulso acelerado y luego la deslizó hacia su cabellera.
JungKook se hizo hacia adelante y presionó su boca contra la de Peter. El chico sabía a cerveza y pasta dental, JungKook sintió que el pobre intento de beso y de seducción del cual era víctima, era un tanto divertido y erótico.
Al principio el chico no correspondió el beso, luego una mano se deslizó por el cuello de JungKook y su boca se abrió. Tentativa y gentilmente, Kook exploró la boca de Peter, sintiendo como su propia respiración se aceleraba ante la sensación, se acercó para presionar su cuerpo contra el de Peter en la oscuridad.
Peter dejó escapar un suspiro contra la boca de JungKook y éste esperaba que hubiera una cámara infrarroja filmando esto, sería algo muy especial para la fiesta navideña del equipo contra el crimen organizado.
—Salgamos de aquí, —dijo, mientras se hacía hacia atrás y abría la puerta del pasajero.
Peter parecía estar muy nervioso y JungKook colocó una mano sobre su muslo y le dio un apretón. De repente, tuvo una iluminación mientras esperaba que el semáforo se cambiara a verde en la calle principal: ¡el chico era virgen! Los policías le habían enviado a un virgen y JungKook sintió algo que no había sentido en mucho tiempo cuando su consciencia comenzó a despertarse.
—Oye, —dijo. —Te ves demasiado asustado. No entres en pánico ni nada.
Peter le miró, su rostro pálido bajo la iluminación de uno de los anuncios. —¿Qué? —preguntó.
—Nada, —dijo JungKook, observando una furgoneta de una panadería que lo estaba siguiendo. Ahí estaba su cola, o mejor dicho, uno de ellos. No arriesgarían a uno de sus preciados chicos solamente con un carro como refuerzo.
Cuando JungKook se estacionó en su entrada, la inútil suspensión del Ute se quejó debido a las aberturas del concreto y Blackie comenzó a ladrar a tal punto que podía escuchar como esta se lanzaba contra la puerta principal.
Peter lo siguió por los escalones de la entrada hasta la baranda y JungKook abrió la rejilla de seguridad, luego el cerrojo de la puerta principal. Se había negado a que Harvey le instalara un sistema de seguridad electrónico, no había mucho que robar.
—Entra, —dijo JungKook, resistiendo las ganas de despedirse del equipo de vigilancia como por lo general lo hacía.
La casa era vieja y dilapidada, ―el sueño de cualquier renovador, seguramente así lo llamaría cualquier anuncio de bienes raíces, pero a Kook le encantaba de esta manera.
La habitación más grande era su dormitorio, la habitación de al lado su estudio y la cocina se encontraba al fondo. Blackie parecía querer frotarse contra la pierna de Peter y JungKook dijo, —¡A la manta! —con un tono furioso y ella se dirigió hacia su habitación.
Peter se quedó parado sin hacer nada, una mirada impactada en su rostro mientras miraba fijamente a los lienzos acumulados en una pila al final del corredor. —¿Pintas? —preguntó.
—Así es, —dijo JungKook. —¿Se te antoja una mano de whiskey?
—¿Una mano? —preguntó Peter, siguiendo a JungKook por el estudio, esquivando cuidadosamente las hojas en el suelo y pinturas tiradas hasta que llegó a la cocina.
—Cinco dedos, —dijo Kook, registrando uno de los muebles de la cocina y tomó dos vasos para lavarlos.
Colocó los vasos en la mesa, quitó los platos sucios y periódicos viejos, luego tomó la botella de whiskey. Vertió el licor en cada vaso, —Siéntate.
Peter se dejó caer en una de las sillas maltratadas de JungKook, mientras éste tomaba una botella de agua con hielo de su nevera, moviendo varias cosas para alcanzarla, luego le agregó un poco de agua a cada vaso. —Esta es la forma en la que beben esta cosa en Irlanda, —dijo Kook, mientras tomaba su vaso y lo sorbía.
El sabor le hizo cerrar los ojos en dicha: dulce y suave, amargo y un tanto fuerte, y un sabor final como un maldito terciopelo.
Estaba ebrio. Esa era la respuesta, esa era la razón por la cual se encontraba respondiendo el beso de JungKook.
en las que habían enviado a Tracey de encubierto, había besado a tipos, él se encontraba haciendo lo mismo.
Kook se hizo hacia atrás y Jimin se tomó su tiempo antes de abrir los ojos, Kook lo levantó de su asiento. Era mucho más fuerte de lo que aparentaba.
El mueble de la cocina estaba lleno de latas de comida de perro y sartenes usadas, pero JungKook lo sentó en la orilla y comenzó a besarlo nuevamente.
Jimin podía hacer esto, cerrar sus ojos, abrir la boca otra vez, colocar sus brazos alrededor del cuello de JungKook y permitir que JungKook lo guiara, como lo había hecho en el auto. De hecho, todo esto había sido muy fácil una vez que habían iniciado, Jimin no comprendía porque Tracey se quejaba tanto al respecto. La barba de JungKook se sentía bien cuando tocaba sus labios y barbilla, firme y áspera, además JungKook sabía a cigarrillos y cerveza, pero las chicas también lo hacían a veces.
JungKook deslizó su húmeda boca por el cuello de Jimin y comenzó a succionar la sensitiva piel, la respiración de alguien podía escucharse fuerte y aceleradamente por encima del murmullo de la nevera. Maldición, era su propia respiración, entonces comenzó a pensar que necesitaba controlar un poco la situación. Se alejó un poco.
Las manos de Kook se detuvieron, cuando este intentaba abrirle los botones de la camisa a Jimin, —Seguro, —dijo JungKook.
Jimin se percató de que aunque esto lo enfurecía, debía entregarle un reporte a Trasero-estirado y lo mejor era que comenzara a prestar atención.
La puerta trasera estaba sin llave y las bisagras rechinaban.
Montañas de ropa sucia se encontraban en el suelo, sin embargo el baño estaba sorprendentemente limpio, al menos en comparación del de Jimin.
Jimin cerró la puerta del baño con llave y abrió el armario que se encontraba sobre el lavabo. Píldoras, Panadol, un par de pinzas decentes, banditas. Nada más.
Sería mejor que orinara, solo para JungKook pudiera escuchar los sonidos correctos y cuando Jimin abrió sus pantalones se percató de un horrendo detalle.
Estaba duro, era innegable, definitivamente estaba erecto.
Debió de haberse tomado una media docena de cervezas, sólo necesitaba una despabilada, eso era todo.
Jimin se echó agua, se lavó las manos y quitó el seguro a la puerta. Tenía que regresar, inventar sus excusas y salir del lugar.
JungKook se encontraba en el mismo lugar de hacía unos minutos, recostándose contra el mueble de la cocina, aunque debió de haberse movido porque tenía un vaso de whiskey en sus manos.
Había hecho muchas cosas estúpidas en su vida, Jimin podíaadmitir eso. Hubo una vez en la que estuvo surfeando en Rotto, en un arrecife. Aún tenía fragmentos del arrecife incrustados en su pecho debido a eso.
Incluso había trabajado un turno en un bote. Odiaba a los crustáceos.
Obviamente nada de esto le había enseñado algo, ya que no podía alejar su mirada del rostro de JungKook.
—Tengo que irme ahora, —dijo. —Tengo que trabajar mañana.
—Seis botones… esa era la cantidad que había en la camisa de JungKook.
Trasero-estirado querría saber eso.
Uno de esos botones había desaparecido, el de la parte de abajo y un lado de la camiseta se había salido de sus jeans.
Santo Cielo.
Cuando por fin Jimin fue capaz de alejar su mirada del rostro del hombre, JungKook le entregó un pedazo de papel, el otro hombre hubiera podido estarse burlando o riendo de él, pero solo parecía estar entretenido.
Oh, sí, ese es el nombre de Jimin. —Gracias, —dijo Jimin tomando el papel, después de recibirlo, casi salió corriendo en dirección a la puerta principal, tropezándose con los lienzos, tirando uno que se fue a chocar contra una tabla de surf, sin mirar hacia atrás, salió por la puerta principal y caminó por las plantas creciendo en el frente en dirección a la calle principal.
No podía destruir su coartada, aunque lo único que deseaba era entrar en esa estúpida camioneta de la panadería, a pesar que sabía que había cientos de binoculares con visión nocturna estaban vigilándolo, sacó su teléfono móvil y llamó a un taxi.
O tal vez no, quizás el equipo estaba haciendo apuestas a sus expensas, ¿cuánto duraría?, ¿qué tan lejos llegaría? ¡Esos bastardos!
Hacía frío y Jimin caminó rápidamente por la calle. Para su suerte, JungKook vivía en el centro de la ciudad y encontró un taxi tan solo unos minutos después.
—…artículos de baño normales, mala plomería, —dijo, recordando todo lo que podía. —Malos cerrojos en la puerta trasera, un gran pasador, deja la puerta trasera sin llave, seguramente porque el perro se puede enfurecer. Ninguna fábrica ilegal de drogas en la cocina.
—¿Algo inusual? —preguntó Trasero-estirado.
—Tenía una nevera redonda, —dijo Jimin.
Su perro trató de tener sexo con mi pierna.
—¿Nevera redonda? —preguntó Roscoe, levantando la vista de su teclado y mirando a Jimin. —¿Qué demonios es una nevera redonda?
—Mi abuela tuvo una, —dijo Trasero-estirado. —Cuando era un niño.
Todos se quedaron mirando a Trasero-estirado durante largo rato y Jimin se sintió aliviado al ver que nadie más en el equipo era capaz de visualizar a Trasero-estirado de niño.
Les señaló con el dedo. —Entonces, todo lo que sabemos es que JungKook pinta, bebe buen whiskey, quiere salir con Hadley y no cierra con llave su puerta trasera.
Hubo una risa burlona al escuchar el último comentario y Roscoe dijo: —El forense podría tomar un molde dental del cuello de Hadley.
Se encontraba sacando la estúpida camiseta y gel para el cabello de su casillero, y colocándolo dentro de su maletín, cuando Trasero-estirado ingresó al salón del personal, se acercó y cerró el casillero de Jimin.
—Roscoe se va a disculpar o la próxima vez lo enviaré a él, — dijo y no había ningún rastro de burla en su voz. —No arruines esto Jimin. Ya entraste a la casa de Cooper y bajó la guardia contigo, eso es un gran logro.
Jimin se recostó sobre el casillero de Tracey y asintió. —Gracias, sargento, —dijo.
—Ve a casa, no vengas mañana temprano. Nos veremos al mediodía y planearemos como haremos la llamada telefónica a Cooper, —dijo Trasero-estirado.
Jimin era un tipo sin complicaciones, lo sabía.
Le gustaba el futbol, la cerveza y las chicas. Aunque jamás había logrado entender que era lo que querían las mujeres o como hacerlas felices.
No le gustaban los hombres, al menos no en ese sentido.
Liz Hayes se encontraba en la televisión, hablando de alguna idiotez, mientras Jimin comía su pizza y trataba de distraerse y dejar de pensar en lo que había ocurrido. Necesitaba sacárselo de la mente, eso era todo.
No era la primera vez que había hecho algo que lo perturbara por su trabajo. La vez en la que habían trabajado en conjunto con los federales y el equipo de respuesta táctica, había visto cosas que lo enfermaron y le provocaron pesadillas.
No estaba enfermo por lo que había pasado con JungKook, pero su estomago aún tenía mariposas y no podía enfocarse en lo que Liz decía.
No, no iba a pensar en JungKook.
El maquillaje de Liz era terrible, parecía tener un repello de base, máscara acumulada en las pestañas y su estilista debió de haber quemado su cabello, además de que tenía un molesto patrón en el habla.
No iba a pensar en ello, se rehusaba. No iba a imaginarse lo que hubiera ocurrido si se hubiese quedado y ciertamente no iba a dejar su pizza y cerveza para abrirse los pantalones.
No podía permitirse imaginar lo que hubiera pasado si se quedaba, ¿Kook hubiera abierto el cierre de sus pantalones? ¿Botón por doloroso botón? ¿Hubiera obligado a Jimin a que se pusiera de rodillas? No podía imaginarlo, sin importar que…
El correrse era estúpido, estúpido, estúpido. Jimin era un estúpido por haberse corrido y debería estarle prestando atención a Liz Hayes, debió de haberle importado lo que fuera que estuviera promoviendo.
Mañana le diría a Trasero-estirado que no podía hacer esto.