Pending Issues ⚔Kookmin⚔ L2

Summary

Sinopsis Al encontrar un pequeño lugar donde asentarse nuestra pareja vive su dia a dia amandose y disfrutando de sus sencillas vidas. La llegada de un Periodista metiche pone a Jimin en estado de alerta, sus miedos tienen logica al ser secuestrado por un viejo rival de los Cooper. JungKook Cooper ama su nueva vida junto al hombre que ama, extraña a su hermano de eso no hay duda, el aceptar realizar una entrevista sobre su difunto hermano pondra en peligro a su compañero. Podra salvar a su amor. Continuacion de L1. L2: Asuntos Pendientes ° Serie: Policia Encubierto. ° Parejas Actuales: JungKook Cooper (ExMafioso) Jimin (Policia) Adaptación *Esta historia es una adaptación del libro original solo por entretenimiento sin fines de lucro. *La historia no es de mi pertenencia por lo tanto Todos los creditos a su Autora Original. 🔞🚫📎👬 *Prohibida su copia, otras adptaciones pedir permiso.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Ep Unico 🌊

El Ute avanzó dificultosamente sobre el mal camino, la suspensión vibrando con cada agujero. Detrás de Jimin, los nuevos y horrendos suburbios se expandían por las dunas arenosas, pero los centros comerciales no habían llegado aún a donde ellos se dirigían, justo a la costa.


Los gomeros estaban recostados alarmantemente sobre una sencilla casa, proveyendo cierta protección del sol de verano, logrando que la pequeña cabaña fuera habitable. Blackie, como siempre era un perro guardián con apariencia callejera, cuando llegó el automóvil fue a saludarlo inmediatamente, tirando de la cadena que evitaba que se escapara durante el día, mientras Jimin y Kook trabajaban.


—¡Cállate! —gritó Jimin y Blackie se echó al suelo, llorando en protesta.

—Tonta, —dijo Jimin afectuosamente y cuando salió del Ute, se acercó a acariciar al perro.

—¿Dónde está Kook? —preguntó.


Blackie movió la cola alegremente, con esos ojos irresistibles, por lo que Jimin la soltó de la cadena, lo que provocó que el perro le saltara en los brazos.


Estaba demasiado agotado como para ponerse a discutir con el perro, así que la llevo dentro de la casa y la dejó caer sobre el viejo sillón del pórtico a un lado de la puerta.


La puerta frontal de la casa se abrió, por lo que concluyó que Kook ya estaba de regreso de cargar camiones en el muelle. A donde se había ido y porque no había esperado a Jimin, era todo un misterio.
Además el hecho de que hubiese dejado a Blackie preocupaba a Jimin.


Jimin dejó caer su gorra en la mesa del cuarto principal y se desabrochó el pesado cinturón en el que llevaba toda la parafernalia de guardia de seguridad de sus pantalones, linterna, radio, un pequeño botiquín de primeros auxilios y un bastón. No llevaba arma, trabajaba en un lugar con pocos riesgos, revisaba que las alarmas de seguridad del sector estuvieran funcionando adecuadamente y verificaba que no hubiese ningún tipo de actividad sospechosa en las góndolas de los supermercados.

Se quitó la camisa azul y la lanzó en dirección al baño, al piso, para que Blackie se encargara de abusarla. Se quitó las pesadas botas, luego los pantalones, todos los lanzó al piso del baño. Jimin tomó un par de pantalones y camiseta del suelo del dormitorio y los colocó sobre su piel sudorosa.


No había ningún Jase en el dormitorio o en la cocina. Una carta medio metida en un sobre, estaba sobre uno de los muebles de la cocina, al lado del tostador, así que Jimin la cogió.


Estaba dirigida a JungKook Cooper y el remitente era Las Noticias Diarias, Sydney.


Maldición, algún periodista le había escrito a JungKook. Jimin colocó el sobre y la carta en su lugar, justo donde los había encontrado.


Jimin cerró la puerta de la casa al salir y con Blackie siguiéndole, caminó descalzo por los matorrales en dirección a la playa.


JungKook se encontraba sentado ahí, con las rodillas arriba y la cabeza baja. Jimin dejó que Blackie saltara sobre él, sin embargo éste ni se inmutó.


JungKook no era un hombre depresivo, ni tampoco introspectivo. Sin embargo Jimin sabía que la muerte violenta de su amado medio hermano aún lo deprimía, cuando culpa y alivio era todo lo que él podía sentir.


Cuando esos días llegaban, Jimin lo dejaba en paz, le daba el tiempo y la paz necesaria para curarse. Jimin sospechaba que las cicatrices que llevaba en el hombro, recuerdo de un disparo de escopeta, desaparecerían antes de que Kook dejara de sufrir por su hermano.


Blackie saltó sobre Kook tirándolo sobre la arena y cuando Kook se logró levantar, alzó una mano en dirección a Jimin en bienvenida.


Safety Bay, al sur de Rockingham, no era una playa para surfear, sólo una bahía gentil donde el océano chocaba contra la limpia arena y las algas marinas podían observarse por el agua cristalina. Jimin caminó hasta la orilla del agua, dejando que el agua tibia del océano le bañara los pies con cada ola, el agua salada humedecía sus pantalones.


Jimin se aseguró las gafas de sol sobre su rostro para evitar que Blackie se las quitara y se sentó al lado de Kook. Jase colocó un brazo alrededor del hombro de Jimin.


—Vi que recibiste una carta de un periodista, —dijo Jimin. —¿Qué quería?


JungKook no se había quitado la camisa kaki del trabajo ni sus pantalones cortos y olía a sudor de un arduo día de trabajo al recostarse sobre Jimin.

—Quería entrevistarme acerca de Harvey, alguna estupidez de que quiere que su familia hable por él en un libro que escribe.

Jimin asintió. —¿Le hablarás? —preguntó.

—Harvey está muerto. No me importa si fue el líder de una organización criminal, traficando y robando. Ni siquiera me importaba cuando Harvey estaba vivo, no me quiero involucrar con nada.

Jimin, fue un policía del departamento de lucha contra el crimen organizado y se había encargado de investigar a Harvey Cooper, posiblemente sabía más que JungKook acerca de las actividades ilegales de Harvey y se le hacía más difícil perdonar, pero eso era algo que jamás le diría a Kook. Si Jimin no hubiese estado investigando a Harvey, no hubiera sido enviado de encubierto para acercarse a JungKook y no estarían juntos, pero él y JungKook nunca estuvieron de acuerdo en algunos puntos de Harvey.

—Parece razonable, —dijo Jimin.
—El periodista debe de ser muy tenaz al habernos logrado encontrar aquí, en el campo.

—Todos los periodistas son unos imbéciles, —dijo JungKook haciendo a Blackie a un lado y poniéndose de pie. —Vamos a buscar algo para cenar, ya no quiero hablar del reportero.

Jimin se puso de pie, se estiró y movió su cuello hasta que tronó. —¿Enlatada o congelada?

—Olvida eso, —dijo JungKook. —Compré un bistec.

Jimin sonrió. JungKook debió de haber descargado un camión con carne y le regalaron algo los trabajadores del matadero. Había muchas cosas positivas de ya no ser un policía y chuletón robado de primera clase, era quizás lo mejor.

A JungKook parecía habérsele olvidado lo del periodista. La carta desapareció esa tarde y Kook regresó a ser él mismo de siempre, el siempre alegre. Jimin no estaba tan feliz, en primer lugar, le gustaría saber cómo ese reportero logró encontrar a Kook. Kook no había cambiado de nombre, pero era un nombre bastante común y estaba a kilómetros de distancia de su antiguo hogar, trabajaban en lugares diferentes y tenían vidas muy discretas.


Cuando Jimin se percató del auto de vigilancia, que era completamente anónimo. Pintura vieja, pegatinas en el parachoques placas de la ciudad cercana más grande, era exactamente el tipo de coche que Jimin hubiera escogido para un trabajo así.


La persona de detrás del volante no levantó la mirada de su periódico cuando Jimin se estacionó en la puerta del personal del muelle. Jimin se acercó a la puerta del pasajero y abrió la puerta. JungKook entró inmediatamente.


—Hola, —dijo JungKook lanzando su almuerzo al suelo y acercándose para besar a Jimin.


—Espera, —dijo Jimin bruscamente, su mirada estaba enfocada en el retrovisor, observando a la persona del auto estacionado.


—¿Qué pasa?


—Tenemos una cola, —dijo Jimin.

—¿Ya viste ese auto? Es un Comodoro blanco, de aproximadamente unos diez años.


—Pensé que era familiar, —dijo Kook colocándose el cinturón de seguridad.

—¿Vas a perderlos?


Jimin observó a JungKook durante un momento, luego encendió el motor.

—Kook, amor, no somos criminales y no vale la pena el esfuerzo de perder la cola. Piensa en esto un momento, o es el periodista, que ya sabe dónde vives, o nos encontró de la misma manera en la que el periodista lo hizo, como sea que haya sido ya sabe dónde vives.


JungKook apretó la pierna de Jimin.

—Le escribí, le dije que no quería hablar.


Jimin no se molestó en señalar que eso le confirmó su ubicación al periodista.

—Entonces estará cometiendo un delito en el momento que llegue a nuestra casa, —dijo Jimin.


Jimin condujo del trabajo de Kook con su mirada enfocada en el retrovisor, la persona del coche no los siguió, por lo que quizás ambos estaban siendo paranoicos. O quizás las personas que los vigilaba no tenía la necesidad de seguirlos, ya que sabía dónde vivían.


El sábado por la tarde, se encontraban recostados en el sillón del pórtico, habían arrastrado la televisión a la puerta principal para poder ver el juego de cricket con mayor comodidad. Jimin estaba casi dormido, después de haber trabajado un turno extra la noche anterior, en un concierto al aire libre. Su cabeza se encontraba en el muslo de JungKook, mientras este le acariciaba la cabellera, la cual ya estaba creciendo después de haberse rapado.

—Y parece que Inglaterra está metida en todo tipo de problemas —pudo escuchar la voz del comentarista. —El tiro de Australia los tiene acabados y el balón continúa moviéndose. Esto ha terminado, Reynolds tiene el balón al final de la cancha. Inglaterra está a tres por cincuenta y tres.

JungKook se acomodó más en el sillón, por lo que Jimin se relajó más y su sueño comenzó a profundizarse, luego la mano de Kook, fría por la cerveza, tocó el brazo desnudo de Jimin. —Despierta, —susurró mientras Blackie comenzaba gruñir intimidantemente.

Jimin se despertó inmediatamente, parpadeando y maldiciendo, JungKook gritó: —¡Blackie atrás!

Blackie regresó al pórtico, aun protestando por la presencia de un hombre que titubeaba al frente de la casa.

El extraño era alto, con los hombros relajados debajo de la camisa y la mirada de un reportero criminal que Jimin reconoció por su tiempo como oficial de policía.
—El hombre del Comodoro, —dijo Jimin.

—Disculpe, —dijo el hombre, con la mano extendida. —Estoy buscando a JungKook Cooper y puedo ver que lo encontré.

—Deje la propiedad o llamaremos a la policía, —Jimin se puso de pie dejando a JungKook detrás de él. — Kook, ve a buscar mi teléfono móvil.
—susurró Jimin.

JungKook se movió, empujó el televisor y entraba en la casa cuando el extraño dijo: —No hay necesidad, en serio. Únicamente quiero hablar con JungKook, de manera no oficial. Trató de entender por qué Harvey murió.

Cuando Jimin se giró a mirar en dirección a JungKook, se sorprendió al encontrar derrota en la expresión de JungKook y como dejó caer los hombros.

—¿Kook? —preguntó Jimin y JungKook sacudió la cabeza.

—Sabe dónde vivimos. O hablo con él, o tendremos que volver a mudarnos y me gusta este lugar, —dijo JungKook.

El extraño no se movió, a pesar de las palabras de JungKook, no hasta que Kook dijo: —¡Blackie!


La atención del perro cambió del extraño a JungKook, quien se agachó y le acarició.

—Buena chica, —murmuró. —Eres nuestro valiente perro guardián. A tu manta.


Blackie lamió el rostro de JungKook y trotó al interior de la casa para buscar su manta, feliz de haberse deshecho del horrendo extraño y permitiendo que un nuevo amigo entrara a la propiedad.


JungKook se puso de pie nuevamente, limpiándose la saliva de perro de la mejilla con el anverso de la palma.


—¿Tienes un nombre? —le preguntó al extraño que se estaba aproximando a la casa con cautela.


—Aaron Lindsay, —dijo el hombre.

—Soy periodista investigador para Las Noticias Diarias. Y tú debes ser JungKook Cooper.


JungKook asintió. —Y éste es Jimin.


El rostro de Aaron dibujó una sonrisa la cual Jimin sabía era poco sincera.

—El desaparecido Detective Jimin Hadley, visto por última vez en el funeral de Harvey Cooper.


—Púdrete, —dijo Jimin y luego se dirigió a JungKook. —Esta es una mala idea.


JungKook solamente se encogió de hombros. —Terminemos con esto de una buena vez.


—Sólo tengo unas pocas preguntas, —dijo Aaron sacando una libreta del bolsillo de su camisa. —¿Les molesta si me siento?


Los tres tomaron asiento alrededor de la mesa de la cocina, la luz de la grabadora de Aaron se encontraba encendida.


—¿Por qué me encontraste? —preguntó JungKook, su voz estaba tan adolorida que Jimin tomó su mano sobre la mesa.


—Hay muchas incógnitas, —dijo Aaron.

—Como porque Hadley renunció a la policía, para empezar. ¿Fuiste un sacrificio policiaco en este caso, Jimin? ¿O viste algo que te forzó a marcharte?


Jimin mantuvo la boca cerrada. Aunque hubiera sido lo suficientemente estúpido para contestar, sabía cómo era un trato de confidencialidad y había firmado uno cuando se unió a la fuerza.


—Muy bien, —dijo Aaron. —Cambiemos de tema. ¿Qué ocurrió realmente en la casa de Cooper cuando la otra pandilla entró a la fuerza? ¿JungKook?


—Mataron a Harvey, —dijo JungKook.
—La policía limpió la escena, me escondí en la cocina. Nada que decir.

No era totalmente cierto, pero Kook y Jimin nunca hablaron de como JungKook había disparado al tirador para salvar la vida de Jimin.

Aaron cambió la página de su libreta.
—De acuerdo al abogado, que se encontraba en la casa en ese momento, se escucharon varios disparos, de armas automáticas, escopetas y armas. No me parece un asesinato simple. ¿Qué fue lo que realmente pasó? ¿Harvey opuso resistencia? ¿Alguno de ustedes disparó a alguien?

Jason se encogió de hombros. —Estaba escondido y no vi nada.

—No estaría seguro de confiar en un abogado que puede distinguir los tipos de armas con sólo el sonido, —dijo Jimin.

Nuevamente cambió de páginas de su libreta. —De acuerdo a un informe, un oficial de policía recibió un disparo en el pecho de una escopeta por la señora Cooper. ¿Es eso cierto?

JungKook dio un puñetazo contra la mesa, sacudiendo la grabadora y asustando a Aaron.
—No quiero hablar de la muerte de mi hermano.
Cambia de tema o vete.

—Dime la verdad de ti y Jimin, —dijo Aaron—¿Cómo se conocieron?

Jimin miró en dirección a sus manos entrelazadas y por un momento se sintió abrumado.

—Existen cosas personales y ¡qué coños te importa!, —dijo JungKook y su tono de voz se escuchaba tan furioso como Jimin se sentía
—Lárgate ahora.

Aaron asintió tomando su grabadora mientras se ponía de pie y colocó una tarjeta de presentación en la mesa. —Gracias por su tiempo. Han sido de mucha ayuda. Este es mi número de móvil si desean contarme algo más, ya sea oficialmente o no.

JungKook siguió a Aaron a la puerta, donde el televisor aún se encontraba encendido. Jimin se quedó en el mismo lugar, viendo las manchas de la mesa del comedor.

JungKook interrumpió los pensamientos deprimentes de Jimin.
—Sacaré a Blackie a dar una vuelta. Vengo luego.

Después de que el reportero se fue, Jimin comenzó a analizar todos los posibles problemas, analizando la situación una y otra vez en su mente. El mundo del crimen organizado era un lugar turbio, con alianzas cambiantes, puñaladas por la espalda e informantes. Un reportero solitario, formulando preguntas estúpidas, no era lo suficiente para que Jimin pudiera determinar en qué dirección vendrían y realmente no quería llamar a ninguno de sus viejos contactos policiales para averiguar.

Además existía la posibilidad de que el reportero fuera genuino y que en verdad estuviera investigando para hacer un libro de Harvey.
Había suficiente material para hacer varios libros.

Lo que no previó fue un anuncio en el periódico el domingo siguiente. “¡Historia de amor de nuestra época!”, con fotografías de Jimin y JungKook a cada lado. Jimin cogió el periódico en la caja del supermercado, dejó su carretilla con la comida de perro y papel higiénico a un lado para permitirles a los otros compradores pasar.

Revista Dominical.

Sacó la revista con hojas de colores del interior del periódico. En la portada se encontraba una fotografía de la cual Jimin ignoraba su existencia, donde Kook lo estaba abrazando en el funeral de Harvey.
El policía y criminal que lo dejaron todo por amor, página 3.

—Maldita sea, —dijo Jimin enfurecido y una ancianita empujando una carretilla llena de mezcla para macetas lo miró con desaprobación.

Le devolvió una mirada hostil y abrió la revista.

Jimin Hadley, era un Detective que pertenecía a un escuadrón contra el crimen organizado y JungKook Cooper, hermano de Harvey Cooper, líder de un importante cártel del narcotráfico que murió debido a un tiroteo, se encontraban en lados opuestos de una investigación policial del imperio de Cooper. Algo pasó durante esa investigación.
Ahora la pareja se encuentra en un pequeño pueblo al otro lado de Australia, viven en una pequeña cabaña, donde se agarran las manos en la mesa del comedor o se abrazan mientras ven un partido de cricket.

Como ocurrió que pasaron de la escena del asesinato de Harvey Cooper, hace dieciocho meses, a esta pequeña casa aún es incierto, al contrario de la devoción de uno por el otro, la cual brilla a través de la pobreza y de su estilo de vida ordinario. ¿Sabían los superiores de Hadley de esta aventura amorosa? ¿O Hadley decidió cambiar de bandos? ¿Sabía Harvey Cooper que su hermano amaba a un policía?
La ausencia de la policía en investigar esta relación y la falta de venganzas por parte del crimen organizado indica que esto puede ser lo que aparenta: una historia de amor de nuestros tiempos, una historia de dos personas que encontraron el amor entre la muerte y el peligro.


Jimin tomó la revista entre su puño, luego estiró las hojas nuevamente para observar las fotografías de la página. Una fotografía de él en servicio con su uniforme, una de su comandante, el Detective Inspector, Longbottom, el cual llevaba la insignia después de su más reciente asenso, sin embargo no había una fotografía reciente de Jimin.
De JungKook, había una tomada con lentes de larga distancia cuando este salía del trabajo y la ya famosa fotografía de Kook y Harve saliendo de la Corte suprema, vistiendo trajes oscuros similares.


—Esto es malo, Kook, —dijo Jimin entre dientes. —Muy malo. Si hay alguien buscando a cualquiera de nosotros, le acaban de dar un mapa directo.


Jimin estacionó la patrulla de seguridad y tomó su radio. —Tango cuatro a base, —dijo—Respondiendo a la alarma de la bodega de la Calle Clive, detrás del panel de los batidores.


—Copiado, Tango Cuatro, —respondió la radio. —Cuando termines ahí, Jimin, en el supermercado Central de Rockingham hay un ladrón. ¿Podrías pasarte por ahí y asustarlo un poco?


—Entendido, —dijo Jimin anotando los detalles en su libreta. —Dame cinco minutos, sólo apago esta alarma.


Colocó nuevamente la radio en su estuche, se puso la gorra y cerró la puerta del auto.

No había necesidad de colocarle seguro a la puerta, el localizador de GPS inutilizaba el coche si éste era robado.


La alarma continuó timbrando pero no parecía haber nadie detrás del panel de batidoras, o cualquiera de las bodegas rentadas del callejón. Jimin se acercó a la puerta y apagó la alarma, luego se dirigió hacia la parte trasera, caminando por la maleza y por el camino arenoso.


Ya sea que hubieran sido chicos o un gato callejero. Jimin hizo una nota mental de decirles a los dueños que ajustaran la sensibilidad de las alarmas. Le pagaban para ser preciso, así que caminó por el resto del callejón asegurándose de que todas las puertas estuvieran bien cerradas.

Al llegar al final del callejón, se agachó para verificar un candado en una puerta, algo golpeó la cabeza de Jimin, era sólido y duro que lo tiró al suelo. Una mano aseguró su cabeza al suelo lleno de arena y su teléfono móvil fue arrebatado del estuche de su cinturón.

Un metal frío, que olía a aceite de arma, fue presionado contra su mejilla y luego una voz dijo: —No hagas una escena aquí.

Jimin dejó de luchar y relajó su cuerpo.
Si ésta era una ejecución, éste sería su último momento, mientras alguien colocaba dos balas económicas a su cráneo.

No hubo ejecución y las manos lo colocaron sobre sus pies, mientras intentaba encontrar la manera de continuar respirando a pesar de su temor.

Había tres hombres vestidos en trajes deportivos, camisetas ajustadas y pantalones, todos tenían la misma apariencia de asesinos que se encontraban bajo el efecto de anfetaminas, hormonas del crecimiento humano y esteroides.
Ninguno de sus rostros le resultaba familiar. El arma que se encontraba contra su cabeza era una Magnum de calibre 357, un arma muy fuerte para recibir un disparo, y los otros dos hombres tenían unas 38 metidas en las cinturas de sus pantalones.

Jimin levantó las manos y permaneció en silencio.

Uno de los delincuentes tenía un ejemplar de la Revista Dominical y observó las fotografías. —Este es el correcto, es él sólo que sin el cabello alborotado.

—Muy bien, —dijo otro de los hombres.
—Pórtate bien, señor amante y te devolveremos a tu novio de una pieza.

Jimin no creía prudente discutir con las personas que lo estaban secuestrando, por lo que dejó que los delincuentes lo guiaran a la parte trasera de las bodegas, donde un Holden, decorado con luces y pintura llamativa los esperaba a un lado de un arbusto de laureles.

Las posibilidades de que permaneciera con vida mejoraban: el auto era el orgullo de algún delincuente, no uno robado, y el tapizado sería protegido a toda costa.
Ningún tipo de sangre tocaría ese preciado vinilo.

Jimin fue empujado a la parte trasera y colocado sobre el suelo, dos de los maleantes se subieron detrás de él y colocaron sus pies sobre las rodillas y hombros de Jimin, para evitar que causara cualquier tipo de problema.

El motor fue encendido, saltando a través del árido suelo y con la suspensión quejándose, luego pasaron a la carretera donde se encontraba el coche abandonado de Jimin.

—Hazte cargo, —dijo el delincuente con los pies sobre el hombro de Jimin.

El conductor salió del auto, el coche que se movía debido al peso desapareció y Jimin pudo escuchar como el porta equipajes se abría.

Un cañón de una pistola apareció en el campo visual de Jimin.

Jimin no planeaba luchar contra tres profesionales armados, pero aun así estaba haciendo todo lo que podía.

Con sus manos destripadas debajo de su cuerpo, se rompió una uña, luego insertó la uña en la alfombra del auto. Luego se pellizco fuertemente, ensartándose otra uña en uno de sus dedos, lo suficientemente fuerte como para sangrar, luego apoyó su dedo contra la alfombra del suelo, dejando sangre y huellas. Nada mejor que un poco de evidencia forense sólida.

Un olor a petróleo llegó al auto y algo sólido chocó contra el coche, justo cuando el conductor entró y aceleró, avanzando a toda velocidad.

Habían incendiado su auto de trabajo.

Sabía que no había nada mejor que un auto en llamas para atraer la atención de la brigada de fuego y la policía, y en cinco minutos la policía sabría que Jimin había estado manejando ese coche y que había desaparecido.

El Holden, un enorme modelo V8, se alejó del fuego. Jimin llevó la cuenta de cuantas veces cruzó el auto, había hecho suficientes patrullajes alrededor de Rockingham para conocer este pedazo de tierra, las calles principales y las no tan transitadas.

Los delincuentes estaban muy bien entrenados, estaban dirigiéndose a la autopista por el camino más corto, mientras el suelo debajo de Jimin vibraba y sacudía, volviéndose cada vez más y más caliente donde el metal se curvaba y se convertía en la palanca de velocidades.

La autopista era un camino largo y recto, uniendo a Rockingham con la ciudad más cercana, proveyendo un fácil acceso a los cientos de trabajadores que traían todas las cosas que arruinaban lo que una vez se había conocido como el pueblo de al lado del mar más tranquilo.

Media hora después, el auto desaceleró, saliendo de la autopista y dirigiéndose a algún lado al sur de la ciudad, era un área que Jimin desconocía por completo. No tenía idea de cómo rastrearla.

Finalmente, el auto se detuvo frenando inesperadamente, deslizándose en un garaje, la puerta del mismo se cerró automáticamente y oscureció el vehículo hasta que alguien abrió la puerta del coche, encendiendo la luz del interior.

El metal de un arma de fuego fue colocado en la nuca de Jimin y una voz dijo: —Baja del auto, lenta y tranquilamente, intenta algo valiente y te dispararé.

Jimin se levantó lentamente, mantuvo sus manos a la vista, luego se deslizó por el asiento trasero y salió al garaje.

Por fin un rostro que reconocía. —Andy el Loco, —dijo. —Qué sorpresa.
—Andy el Loco era uno de los jugadores hace dieciocho meses, pero obviamente había cambiado de ciudad y había escalado su posición en la cadena alimenticia.

Andy el Loco sonrió, dándole un codazo al delincuente que se encontraba a su lado.
—Ves, se los dije, sabe quién soy.

Jimin sabía, por las horas y horas que pasó investigando para el departamento y por ver las interminables grabaciones de entrevistas con delincuentes, lo cual sería un error asumir que este montón de criminales eran menos inteligentes o peores que cualquiera de los otros con los que había tenido contacto, sin importar lo estúpidos que parecieran.

El hecho de que aún continuara con vida y no le hubieran disparado en la cabeza, eran las mejores noticias que había recibido en mucho tiempo y eran casi lo suficiente para evitar que entrara en pánico. Casi, pero no totalmente.

Una mano empujó a Jimin hacia adelante y este cayó sobre una pila de químicos.
Se estaba sentando sobre un bote de Suzie (pseudoefedrina) una de las drogas precursoras de la metanfetamina y una de las sustancias más caras del planeta.
Debió de haber abierto la boca, porque uno de los delincuentes lo golpeó en el rostro con su 38.

Oh, sí, estaba frito. De ninguna manera sería liberado, no después de haber visto el Suzie.

Andy el Loco le devolvió a Jimin su teléfono. —Llama a Cooper, —dijo.

—No estoy seguro de poder llamar a Harvey, está muerto, —dijo Jimin. —¿Quieres que llame a JungKook?

—Por supuesto que me refería a JungKook, estúpido idiota, —dijo Andy el Loco.
—Llámalo, dile que quiero hablar con él.

Jimin tomó el teléfono de Andy el Loco y el delincuente que se encontraba detrás de él dijo: —¡Oye! Ni se te ocurra llamar a alguien más o estás muerto.

Pudo sentir como el metal era empujado contra su hombro, irónicamente era el hombro que había recibido el disparo la última vez.

—Hay un problema —dijo Jimin.
—Sólo tenemos un teléfono y lo tengo en mi poder. ¿Por qué no me dices que es lo que quieres de JungKook y veré si puedo ayudarte?

—Depende, —dijo Andy el Loco. —¿Sabes dónde conservaba su dinero Harvey? Me debe cuatrocientos.

Jimin suspiró y el seguro del arma de su espalda fue quitado.
Cuatrocientos mil dólares era mucho dinero.

—Debes mostrarle respeto a Andy el Loco, —dijo el delincuente quitándole el teléfono a Jimin con una mano y mostrándole el arma con la otra. —¿No lo respetarás?

—No tengo sino el más alto respeto por un hombre que se representa tan bien como Andy el Loco lo hace, —dijo Jimin.
—Es un hombre con clase y medios considerables. Estoy seguro de que es un
caballero. —Dijo con la mayor honestidad que pudo manejar, aunque dudaba que Andy el Loco pudiera identificar el sarcasmo cuando lo oyera.

Andy el Loco movió sus horrendos labios mientras pensaba. —Entonces, JungKook te folla, ¿correcto? ¿Hablamos del mismo JungKook Cooper? ¿Tipo grande, desaliñado relacionado con el difunto Harvey Cooper?

—Suena como JungKook, —dijo Jimin.
—¿Por qué?

—¿Cuánto crees que pagaría JungKook por ti? —preguntó Andy el Loco.

—¿Dinero? —dijo Jimin y se hubiera reído de no ser porque estaba aterrorizado. —¿Te parece que tenemos esa clase de dinero?

—Información, —dijo Andy el Loco. —Sé que los lacayos y abogados de Harvey nunca encontraron todos los bienes de Harvey, hay un botín esperando ser encontrado y tiene esa enorme deuda a mi favor. Tu JungKook me ayudará a encontrarlo.

Jimin asintió, aprovechando la oportunidad de mirar alrededor del garaje. Un auto, suficiente espacio para algunos de los elementos para la fabricación de drogas, pero no había señales de una fábrica de drogas. No olía a amoniaco, así que esto era una bodega no un laboratorio.

Andy el Loco observó a Jimin con sus ojos llenos de especulación.
—Entonces, ¿cuánto te ama JungKook? Lo suficiente como para llamarte cuando empiece a extrañarte, ¿ver cómo estás?

Jimin no sabía si JungKook lo amaba, ciertamente nunca había utilizado esa palabra. Amaba follárselo, definitivamente, pero Jimin no estaba seguro de si eso se traduciría en la voluntad de negociar con asesinos.

—Estoy seguro que JungKook llamará cuando se dé cuenta de que no he vuelto del trabajo, después de las once, —dijo Jimin, ya que no había necesidad de compartir sus dudas acerca de JungKook. Le haría ganar algo de tiempo, aunque no estaba seguro de que podría hacer con él. Decir sus oraciones, ¿quizás? Podría ser el momento de hacer las paces con el mundo.

Andy el Loco asintió. —Entonces te mantendremos con vida hasta después de la media noche. Charlie, átalo y haz que permanezca en silencio.

Con cuatro armas apuntándole, Jimin levantó sus manos lentamente, sosteniéndolas frente a su cuerpo.
—No estoy haciendo nada estúpido, —dijo mientras uno de los delincuentes, probablemente Charlie, colocó su arma en una banca detrás de él, muy lejos del alcance de Jimin, se le acercó con cautela y enrolló la cinta adhesiva en sus manos.

—Hiciste algo muy estúpido cuando comenzaste a vivir con JungKook, —dijo Andy el Loco.
—Y ha empeorado desde entonces, hasta el punto en el que los periódicos decidieron publicitar donde viven y a quien se follan.

Una vez que su rostro, manos y pies fueron adheridas con la cinta, Jimin relajó su cuerpo. Había engordado un poco después de que dejó la fuerza y era mucho más difícil relajar su cuerpo, así que decidió hacer las cosas lo más lento posible para los delincuentes.

Dos de los delincuentes lo arrastraron por los escalones de concreto adentro de una casa sin muebles, mientras gruñían e insultaban, luego lo lanzaron sobre una alfombra cuando llegaron a lo que una vez fue la sala.

Sillas fueron arrastradas de algunos lugares de la casa y Andy el Loco se sentó en una de ellas, con el teléfono de Jimin en la mano.

—Vigílenlo muchachos, —le dijo a los delincuentes.

La cinta adhesiva de la boca de Jimin estaba bien asegurada, uniendo sus labios contra sus dientes y tuvo que comenzar a realizar los ejercicios de respiración que le enseñaron mientras era un oficial de policía, enfocándose en contrarrestar las ondas de pavor, concentrándose en no hiperventilarse.

El teléfono de Jimin timbró, asustando a éste, enviando más adrenalina a su torrente sanguíneo y su corazón comenzó a latir salvajemente en su pecho.

Andy el Loco miró la pantalla, luego presionó un botón y se lo acercó al oído.

La voz de JungKook era casi inaudible, Jimin no podía entender las palabras, pero Andy el Loco sonrió ampliamente.

—JungKook, viejo amigo. Soy Andy el Loco. El joven Jimin está un poco indispuesto en este momento, pero puedo pasarle el mensaje.

Pudo escuchar un grito enfurecido y esta vez Jimin pudo entender las palabras. —Andrew, tú maldito infeliz. Como le lastimes un solo cabello, le hagas una sola marca en la piel de Jimin y yo iré detrás de ti con un cuchillo de carnicero, tú imbécil.

—Ah, te he extrañado, —dijo Andy el Loco con una mirada de total alegría. —¿Tú y el maldito ejército de quién?

Esta vez ya no se pudieron escuchar más gritos y Andy el Loco regresó el teléfono a su oído.
—Lo que deseo es la ubicación de la caja fuerte de Harvey, en la que mantenía sus suministros personales. Dímelo.

Se pudieron escuchar sonidos indignados del otro lado de la línea y Andy el Loco sacó el arma de su estuche y se la mostró a Jimin.
—Ves, estoy sosteniendo el teléfono con mi mano derecha, por lo que este tiro no estará bien apuntado.

Lanzó un disparo, impactando contra la pared de encima de Jimin y bañándolo con pedazos del muro, logrando que gritara a pesar de su mordaza.

Andy el Loco rió, moviendo la pistola de un lado al otro, el teléfono contra su oreja.
—¿Pruebas? —dijo. —Eres un hombre desconfiado, Cooper, pero puedo hacerlo.

Colocó el arma debajo de su silla, caminó en dirección a Jimin y se arrodilló a su lado.
—Habla lindo, —le ordenó a Jimin, arrancó la cinta adhesiva del rostro de Jimin, desgarrándole la piel de los labios y Jimin le gritó obscenidades.

—Eso no es lindo, —le dijo a Jimin.—Sé lindo con tu novio o tal vez no quiera pagar para tenerte de vuelta.

Presionó el teléfono contra el rostro de Jimin y este pudo escuchar a Kook diciendo su nombre, parecía estar destrozado, podía escuchar el ladrido de alerta de Blackie a fondo. Extraños y lo que esperaba que fueran policías estaban en su casa.

—Kook, —dijo Jimin con la voz desgarrada.
—Trasero…

Quería decir “Trasero-estirado” con la esperanza de que Kookbreconociera el sobrenombre y llamara al Detective Inspector Longbottom para pedirle ayuda, pero Andy el Loco le arrebató el teléfono, llevándose la voz de Kook con él.

—¿Escuchaste? —Andy el Loco le dijo a Kook—Esa es la voz de tu chico. Ahora dime donde está la ubicación.

Andy el Loco escuchó, haciendo gestos de aburrimiento. —El difunto Harvey estaba demasiado controlado por su esposa.
Tienes cuatro minutos para llamarla y obtener la información.
—JungKook habló y Andy el Loco se encogió de hombros y dijo: —Entonces encuéntrala
rápido. Llámala a Bali o adonde quiera que se esté gastando el dinero y encuéntrala.

—Andy el Loco, —comenzó a decir Jimin, pero éste regresó a la silla tomó su arma, la cual ahora se encontraba apuntándole a Jimin en la cabeza.

—Cállate, —dijo.

Volvieron a amordazar a Jimin con la cinta y éste cerró los ojos. La adrenalina le quemaba y si esto no se resolvía pronto, tendría el peor efecto post-adrenalina posible.

Continuó recostado sobre la vieja alfombra, mientras los delincuentes cambiaban de turno y lo observaban, pudo ver como el sol se escondía por la ventana de la cocina. Dos horas, tres horas, Jimin no estaba seguro.
Lo suficiente como para que el estómago de Jimin se pusiera duro y que su garganta deshidratada comenzara a quemarle.

Después de que se ocultó el sol uno de los delincuentes se alejó, el auto se encendió y desapareció, luego regresó finalmente, con el sonido de la alarma desactivándose y activándose. El conductor regresó, con los brazos llenos de cajas de pizza. Estos chicos no eran estúpidos, sabían que no debían pedir pizza a domicilio.

Uno de los delincuentes levantó la mirada de su pizza y miró por las persianas de la ventana frontal.

—¿Jefe? —dijo cuándo la ventana se destrozó junto con la cara del delincuente.

Jimin trató de hacerse lo más pequeño que pudo, colocado sus rodillas hacia arriba y levantando sus manos atadas para protegerse.
Era demasiado, bajo estas circunstancias, el universo esperaba que experimentara un segundo tiroteo.

Más disparos, de algo pesado como una metralleta y los delincuentes disparando en respuesta, luego la ventana de la cocina explotó hacia adentro y pudieron escucharse tiros dentro de la casa.

Andy el Loco y sus muchachos corrieron por la casa, mientras otras ventanas explotaban, la puerta principal explotó y las luces se apagaron, dejando el distintivo olor a pólvora y gasolina.

Jimin se arrastró, alejándose de los fragmentos de vidrio que estaban esparcidos por la sala, en dirección a la puerta por la que había entrado la primera vez, quería encontrar un lugar donde esconderse, un lugar donde no fueran a dispararle.
La última vez había dolido demasiado.

Pudo escuchar pasos por la casa y Jimin se lanzó por los escalones hacia el garaje.
Tan cerca, estaba tan cerca, luego pudo escuchar a unas personas gritando y más disparos, disparos de escopeta se escucharon por toda la casa, Jimin se arrastró debajo del auto.

Tenía bastantes cortes, así que sin importar lo que ocurriera, había dejado bastante evidencia forense. El calor del vehículo era casi insoportable. El garaje estaba completamente oscuro y no parecía haber nadie cerca. La respiración de Jimin se escuchaba bastante fuerte en el espacio confinado, resonando por la cinta mientras intentaba quitarse la cinta de sus manos atadas.

Pudo escuchar las sirenas de las patrullas policiales en la distancia y Jimin probablemente estaba llorando, cosa que era bastante estúpida.
porque el agua salada dolía como los mil infiernos sobre las cortes de su piel.
Lo que fuera que había ocurrido en la casa, cual fuere el grupo que había retado a Andy el Loco por el poder, Jimin no tenía ni idea. No le importaba, de hecho, esperaba que esos disparos con escopeta hubieran estado dirigidos a Andy el Loco.

La cinta de su boca no cedía así que Jimin levantó sus manos tratando de encontrar algo punzante debajo del auto.

Resonaron pasos por la casa y la voz de Kook gritó: —¡Jimin! ¡Jimin! ¿Dónde demonios estás?

Atrapado debajo del coche, con la cinta aún como mordaza no era una buena respuesta, no con las sirenas de policía acercándose.

La alarma del auto. El coche tenía alarma.

Los pies de Jimin se encontraban debajo del motor y el auto era un Holden viejo, de los setentas, con espacio suficiente para que Jimin levantara los pies y los moviera hasta que golpeó algo eléctrico y la alarma se activó.

Jimin gritó contra su mordaza por el ruidoso sonido de la alarma del carro a tan corta distancia, pero la voz de Kook dijo gritando:

—¡Garaje! ¡Está en el coche!

Se pudieron escuchar varios pares de botas, luego una linterna apareció y alguien gritó: —¡Suzie!

—Toma los químicos y abre la puerta del garaje antes de que venga la policía, —dijo una voz ronca. La linterna se movió hacia abajo, luego unas manos aparecieron, tomando a Jimin por su ropa y arrastrándolo a la libertad.

La puerta se abrió y alguien muy grande tomó a Jimin en sus brazos, contra el oloroso cuero y las cadenas de alrededor de su pecho y luego corrieron hacia afuera, donde llamas de la casa iluminaban la noche.

Jimin fue lanzado a la parte trasera de una furgoneta, entró gente después de él y el motor se encendió, de manera que alguien tuvo que cerrar rápidamente las puertas detrás de él.

—¡Jimin! —gritó JungKook mientras la furgoneta cruzaba rápidamente lanzando a gente de un lado a otro.

Unas manos le sujetaron y luego la cinta adhesiva fue retirada de su boca, Kook se encontraba justo a su lado abrazándolo fuertemente, mientras alguien cortaba la cinta de sus manos y pies.

—Ahhhhhhhhhh, —jadeó Jimin, pero en cuanto sus manos fueron liberadas, abrazó a JungKook fuertemente. —¿Qué? —logró decir, aunque su boca estaba tan seca como el verano.

—Era la forma más rápida, —dijo Kook por encima del ruido. —Los policías hubieran querido órdenes de allanamiento. A los Dead Heads no les preocupan cosas como pedir autorizaciones o pruebas.

Las manos de Jimin que se encontraban alrededor de la espalda de JungKook encontraron metal y madera, en un arnés.
—No lo hagas, —dijo Kook. —Es una ballesta y no querrás dispararle a alguien por
accidente en un espacio tan confinado lleno de miembros de Death Head.

Jimin ya no pudo tolerarlo, había sido secuestrado, amenazado, atado y amordazado, disparado y luego rescatado por la banda de motociclistas Death Head. No podía soportar la idea de que Kook tuviera un arma ilegal y de que la mitad de la policía del estado estuviera tras ellos.
Era demasiado.

JungKook lo abrazó fuertemente, dándole palmaditas en la espalda y murmurándole palabras de afecto mientras Jimin lloraba.

—Tranquilo, —susurró JungKook. —Ya terminó y estás a salvo. No pienses en ello.

La velocidad de la furgoneta disminuyó y luego se detuvo. Las puertas se abrieron dejando que luz artificial entrara, luego los motociclistas se bajaron, uno de ellos cargaba el barril de Suzie.

JungKook tuvo que ayudar a Jimin a salir y cuando éste logró colocar sus pies en el suelo y estirarse, se percató del desastre en el que se había convertido. Sus antebrazos estaban heridos y sangrando, por donde se había protegido la cara mientras el vidrio era destrozado y penetraba sus ropas de trabajo, dejando marcas rojas por todo el material azul.

—¡Médico! —uno de los motociclistas gritó y Jimin se percató de que sus pies no le sostenían tan establemente como creyó. JungKook y un hombre musculoso con una larga barba lo sostuvieron, evitando que se golpeara contra el suelo de la guarida.

Una mujer se acercó, colocándose guantes de látex y con un botiquín debajo del brazo.

—Salgan, todos, —gritó. —Aseguren esas armas y salgan de la propiedad. Baz, quita a éste hombre de la vista y mételo al garaje, ahora.

Unas manos tomaron a Ryan levantándolo y llevándolo por un mar de figuras vestidas de cuero que se encontraban sacando pistolas de sus estuches. El garaje se encontraba lleno de filas de motocicletas brillantes, cromo, cuero y aluminio pulido, también tenía un enorme sofá, en el cual Jimin fue recostado. Estaba aliviado al ver que Kook se había quitado el arnés que sostenía la ballesta, pero eso no significaba que éste se evitase la larga y ruidosa charla que tendría con Kook al respecto.


—¡Largaros! —dijo la médico y todos los hombres de alrededor se dispersaron en la noche, luego regresó su atención a Jimin.

—Hola amorcito, —dijo. —Soy Bobbie. Rayos, eres un desastre.


Jimin cerró los ojos. Únicamente quería estar en un lugar seguro, no en una guarida de motociclistas, mientras una mujer llamada Bobbie le picaba las heridas.


—¿Jimin? —JungKook preguntó, apretando la mano que Bobbie no estaba picando.

—¿Aún estás aquí?


Algo antiséptico fue colocado sobre el antebrazo de Jimin y sus ojos se abrieron involuntariamente.


—Resiste, amorcito, —dijo Bobbie mientras un par de pinzas aparecían en el campo visual de Jimin, luego uno de los puntos de extremado dolor se detuvo. —El vidrio es una desgracia, —dijo Bobbie.

—Hiciste un muy buen trabajo al protegerte la cara. ¿Quieres analgésicos? Tengo unas drogas dentro y eso evitará que sientas dolor.


—De ninguna manera, —dijo Jimin.

—Prefiero sentir el dolor.


Bobbie se encogió de hombros. —Es un tipo de opio, cariño, es todo.


—No, —dijo JungKook. —Es fuerte, puede tolerar el dolor.


Jimin pensó, a través de la enorme miseria que lo invadía, que pudo escuchar orgullo en la voz de JungKook.


Transcurrieron largos minutos de dolor mientras Bobbie sacaba fragmentos de vidrio de Jimin, desinfectaba cada herida y luego colocaba mariposas en cada cortada, pero finalmente se hizo hacia atrás y asintió satisfecha.


—Un par de ellas necesitaran ser suturadas, —dijo. —Si estás en posición de ir a un hospital sería algo bueno o puedes llamar a nuestro doctor y ver si te cose.


—Iremos luego al hospital, —dijo JungKook

—Justo ahora, una gran cantidad de policías nos están buscando y debemos irnos de aquí.


Bobbie asintió. —Moose dijo que le dijeras a la Señora Blue que no llamaremos para cobrarle esto, ya que obtuvimos el barril.

¿Se lo dirás?


JungKook asintió. —Le diré el mensaje pero estoy segura de que apreciará el gesto de que continuemos con tan buena relación los Cooper y los Death Heads.

Bobbie se quitó los guantes, se puso de pie y le dio la mano a Kook. —¿Cómo iréis a casa? —preguntó.

—Podrías pasar dejándonos en una parada de taxi. —Solicitó JungKook.

Bobbie asintió. —No hay problema —dijo.
—Me robé un coche mientras vosotros chicos estabais en el operativo, en caso de que
necesitaran transporte.

JungKook se agachó y ayudó a Jimin a ponerse de pie. —No digas nada, —susurró y Jimin asintió reaciamente. Ya no era un policía y no tenía que saber nada de nada.

Bobbie los dejó en la estación del tren al lado de un viejo Corolla que no llamaba la atención, luego se fue dejando una nube de humo del tubo de escape del auto.
Kook ayudó a un bamboleante Jimin a través de la estación del tren en dirección a la parada de taxis del otro lado.

El taxista vio a Jimin por el retrovisor y luego giró la cabeza para ver como Jimin y Kook entraban al auto.

—Entrenamiento de futbol, —dijo Kook.

—¿A dónde se dirigen? —preguntó el taxista, encendiendo el taxímetro.

JungKook le dio la dirección en Rockingham y el taxista sonrió. —Están bastante lejos, —dijo. —Serán veinte dólares por adelantado.

JungKook introdujo una mano entre sus jeans negros y sacó su billetera. Aquí hay un par de cientos, amigo, para que sepas que te pagaremos.

El taxista guardó el dinero en el bolsillo de su camisa y apagó el taxímetro.
—Lo siento oficial, —le dijo a su volante.
—No he visto ningún hombre con esas descripciones.

Jimin gruñó, con razón el escuadrón contra el crimen organizado le era tan difícil capturar a los delincuentes. La pandilla de los Death Head rescataban secuestrados y los taxistas se vendían por tan poco.

JungKook deslizó su brazo debajo de Jimin. —Estaremos en casa en menos de una hora.
Cierra los ojos, necesitas descansar.
—Sus labios se presionaron contra la frente de Jimin, justo donde el dolor postadrenalina se estaba iniciando y éste cerró los ojos.

El taxi los dejó en la carretera frente a su casa y caminaron por la noche por el frente. El patio estaba lleno de coches de policía, luces azules y rojas iluminaban la casa, con dos patrullas de Seguridad en el desorden. Oficiales caminaban por el lugar, se escuchaban radios y en algún lugar en medio de todo eso, Blackie aullaba tristemente.

JungKook colocó sus manos arriba y Jimin levantó sus brazos heridos lentamente, hasta que una patrulla con poderosas luces los alcanzó iluminando sus rostros.

—¡Detente! —alguien gritó. —¡Son las personas desaparecidas!

Un oficial de policía se acercó.
—Soy la Detective Sargento Nolan, del Escuadrón de Casos Mayores, —dijo.
—Estamos aliviados al ver a ambos, JungKook y Jimin. —La radio en su hombro se accionó y la levantó en dirección a su boca y dijo: —Es correcto, los dos están aquí.
Relativamente a salvo.

Le sonrió a Jimin y a JungKook. —Los chicos del escuadrón contra el crimen organizado han entrado en pánico, parece que ustedes dos son la clase de personas que debimos saber que vivían bajo nuestra jurisdicción.

JungKook colocó su brazo alrededor de Jimin. —¿Podemos entrar a nuestra casa? Ha sido una larga noche.

—Aún no termina, —dijo Nolan alegremente mientras los paramédicos se dirigían en su dirección con botiquines de primeros auxilios en las manos.

—Al menos obtendrás esas suturas, —dijo JungKook.

Blackie estaba furiosa, encerrada en la parte trasera de un automóvil, probablemente para que dejara de morder a los oficiales de policía. Cuando Kook la dejó en libertad, se lanzó a su pecho, moviendo la cola y lamiendo, luego aulló otra vez cuando Kook lebcolocó la cadena a su collar, por seguridad de los oficiales.

Los detectives del escuadrón anticrimen organizado se encontraban sentados alrededor de la pegajosa mesa de su cocina y Kook y Jimin se les quedaron mirando sin decir una palabra.

—Volvamos a intentarlo, —un hombre con un traje oscuro dijo.
—Jimin Hadley, antiguo detective de otro escuadrón anticrimen organizado fue secuestrado por un tercer grupo, un Andy el Loco y sus secuaces e incendió su auto. Luego le dejaron inconsciente hasta que un cuarto grupo apareció, de identidad desconocida, contactó a JungKook Cooper, hermano del fallecido líder criminal, Harvey Cooper. Elbcuarto grupo indicó que, si JungKook estaba buscando a Jimin, lo podía encontrar en otro lado. JungKook se dirige allí en un taxi, los detalles del cual han sido olvidados y recupera al inconsciente, herido y parcialmente curado amigo.

Jimin recupera la consciencia pero no recuerda el incidente y luego caminan a esta dirección.


JungKook asintió: —Así es.


—¿Tienes idea de por qué este cuarto grupo de identidad desconocida recuperaría a tu amigo de la ubicación perteneciente a Andy el Loco, al cual hemos estado persiguiendo durante años?


JungKook se encogió de hombros. —Soy el hermano de Harvey, supongo que aún hay gente que le debe favores a Harvey incluso después de muerto. Tal vez eran adeudos con escrúpulos. —Kook no estaba teniendo éxito en ocultar el sarcasmo de su voz como Jimin lo había logrado.


—He visto algunas de las primeras imágenes de la escena del crimen de la casa de Andy el loco y es un desastre. —Dijo el detective.

—¿Hay algo que quieran decir antes del examen forense completo?


—Algunos de los socios de Harvey estaban encariñados con algo que llamaban “fiesta homicida” —dijo JungKook. —Lamento esto pero estoy seguro de que no le hubiera podido pasar a nadie mejor que a Andy el Loco. ¿Estamos bajo arresto?


—¿Por qué? —dijo el detective y parecía estar exasperado, algo que Jimin entendía completamente. —¿Por tener una historia tan poco detallada? La última vez que vi eso, esa no era una ofensa.


Miró a Jimin directamente: —¿Cómo pudiste? —preguntó. —Fuiste uno de nosotros. Sabes exactamente qué clase de información necesitamos para resolver esto, con tantos grupos de identidad desconocida y no dices ni una palabra.


Jimin resistió la necesidad de frotarse el rostro, sólo porque le dolería la mano.

—No soy policía, —dijo casi para asegurarse a sí mismo. —Ya no. Por favor, retírense de una vez a menos que estemos arrestados.


El detective se puso de pie, dando la impresión de tener una presencia capaz de llenar su pequeña cocina. —Si deseas hablar Hadley, aunque sea de forma no oficial, sabes dónde encontrarme.


Jimin se quedó en la mesa de la cocina, mientras JungKook supervisaba que la policía y los vehículos de seguridad se retiraran, luego caminó con Blackie por la propiedad para asegurarse de que no quedara nadie.

JungKook se sentó en la mesa y Blackie se recostó debajo de ella, su peso contra los pies de Jimin. Kook colocó una botella de whiskey Jameson en la mesa, junto con dos tazas de café.

Jimin pretendía explicarle a Kook exactamente lo que había hecho mal y porque llevar a un equipo de motociclistas armados a rescatarlo era una idea estúpida, pero JungKook le cubrió la mano y dijo:
—Lo sé. Sé que fue estúpido y arriesgado y que pude haber terminado en la cárcel, pero si llamaba a los policías hubieran seguido un procedimiento de órdenes de allanamiento y reglas y podías haber muerto.

—Cuando Keith de seguridad vino aquí diciendo que tu auto había sido incendiado y que habías desaparecido, supuse que alguien te había secuestrado. Luego Andy el Loco contestó tu teléfono. Sabía que una de las ramas de la pandilla Death Head local sabría dónde estaba ubicado Andy el Loco y estarían dispuestos a acabar con él y que si le pedía a Blue su ayuda, se aseguraría de darles el pago por el trabajo.

El enojo de Jimin desapareció. Estaba demasiado agotado y agradecido como para discutir con JungKook.
—Tendré que agradecerle a Blue la próxima vez que llame, —dijo débilmente.

JungKook sonrió satisfecho. —Míralo de esta forma, no hay muchas personas que puedan decir que su pareja les ha demostrado su devoción contratando a una milicia armada como regalo.

Jimin levantó la mano de JungKook y besó sus nudillos con susbadoloridos labios.

—Te dije que la entrevista con el periodista era una mala idea.

—Tampoco hay mucha gente que pueda decir que su pareja declaró su amor en un artículo a colores en Las Noticias diarias, —dijo JungKook.

—¿Tú qué? —dijo Jimin.

—Llamé al periodista, le dije que te amaba y que no me importaba si el mundo entero lo sabía.

—Maldita sea, —dijo Jimin tomando la taza de café con su mano libre, el whiskey le quemó de forma agradable.

—Pudiste habérmelo dicho.

JungKook rió traviesamente. —Parece que tengo el mismo gusto por el drama que Harvey.


Jimin estudió el rostro de JungKook cuidadosamente. —¿Existe algo de la riqueza de Harvey escondida?


JungKook sacudió la cabeza. —Ya no. Blue y la señora de Harvey lo limpiaron todo después de que éste murió. Todo se ha convertido en dinero en efectivo y fue sacado del país, así que no tenía nada que entregarle a Andy el Loco.


—¿No obtuviste algo del botín? —preguntó Jimin, a pesar de que no podía ver rastro de mentira alrededor del rostro de JungKook.


—¿Para qué necesito el dinero? —Preguntó JungKook.

—Cuando te tengo a ti.


Jungkook besó gentilmente los labios heridos de Jimin, donde la cinta había levantado la piel y dejado trozos de adhesivo.


—Pudiste habérmelo dicho, —repitió Jimin, pero dejó que JungKook lo guiara a su cama, Blackie siguiéndolos.

Fin