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MIENTRAS CAMINABA a lo largo del frío pasillo grisáceo detrás del médico forense, me di cuenta de que mi corazón había dejado de latir. No sabía cuándo el órgano que bombeaba la sangre a través de mi cuerpo había dejado de hacerlo, pero sospechaba que había sido el día anterior, cuando me llamaron para decirme que mi mejor amigo, Taehyung Adams, estaba muerto. En mi interior, todo había cesado su función. Había dejado de respirar en ese momento… solo que no me había dado cuenta.
No podía atraer el aire a mis pulmones, formar palabras e incluso, por un aterrador minuto, ni siquiera ver. Tampoco había sido capaz de expresar ese terror, pues había perdido el habla. Es curioso lo rápido que tu vida adquiere perspectiva cuando sucede algo repentino, algo que lo cambia todo.
—¿Jimin?
No podía esperar volver a ser el mismo después de ese momento.
—¿Amor?
Giré la cabeza para levantar la mirada hacia los ojos color miel de mi pareja, Jungkook Church, el semel, el líder de nuestra tribu de hombres panteras, la tribu de Mafdet.
—Puedo entrar solo.
Era lo que él quería, pero de ninguna manera lo permitiría. Tenía que saberlo; tenía que verlo por mí mismo. Negué con la cabeza, esa no era una opción.
—¿Señor Rayne?
Miré al hombre que habíamos seguido desde la recepción. Nos habíamos detenido delante de una puerta. Era de acero, y tenía una pequeña ventana ubicada al nivel de la vista de personas más o menos de mi altura: cinco pies con once pulgadas1.
Carraspeó.
—Solo pueden entrar usted, Señor Rayne, y el Señor Church —nos dijo el hombre, lanzando una mirada a Domin y a Yuri—. Ustedes dos tendrán que quedarse aquí.
—Seguro —aceptó Yuri de inmediato, moviendo rápidamente sus ojos hacia los míos.
Él estaba preocupado desde que el día anterior yo había dejado de hablar.
—Estaremos aquí —me aseguró Domin suavemente.
Cuando mis ojos se encontraron con los suyos, descubrí que gracias a su mirada fija, a la cadencia de su voz y a su agradable olor almizclado podía mantener a raya por un momento mi colapso nervioso. Su presencia era reconfortante, fortalecedora.
Esa revelación era desconcertante, porque no éramos amigos y sabía que él se encontraba allí por deber, sin embargo… después de recogerlo, la paz me invadió cuando se sentó en la parte de atrás de la limusina, y deslizó su mano por mi rodilla al pasar, eso me había ayudado. Y no éramos amigos, no éramos cercanos. El maahes, príncipe, de mi tribu y yo éramos más bien como coinquilinos, o lo habíamos hasta que se mudó. Ahora, cuando iba a ver a Jungkook para discutir asuntos de la tribu, apenas nos dirigíamos dos palabras, por lo que era extraño que su presencia significara siquiera algo. La presencia de Yuri tenía sentido; era mi sheseru, siempre estaba ahí para protegerme, mantenerme a salvo, por lo que su sólida presencia me reconfortaba. Sin embargo, era confuso que la presencia de Domin tuviera importancia, sobre todo porque su deber era con Jungkook, no conmigo. No tenía idea de por qué me fortalecían sus profundos ojos color castaño oscuro.
Jungkook colocó su mano con delicadeza pero firmemente en la parte posterior de mi cuello antes de decirle al hombre que estábamos listos. Mientras caminaba hacia el interior del cuarto con olor a antiséptico, me percaté de que su toque era lo que me mantenía en pie. Si Jungkook no hubiera estado a mi lado, yo estaría en el suelo. No tenía fuerza propia, usaba la suya. Como hombres panteras que somos, el tacto siempre nos reconforta —los animales ansían el contacto—, pero en ese momento eso era todo.
Dentro del cuarto, nos presentaron a Althea Nelson. Ella era la asistente del médico forense en Clark County.
—Hubo un fuego y su casa adosada se quemó —comenzó a explicar—. Por lo que quiero que se preparen para lo que van a ver.
Era una mujer pequeña, delgada, compacta, con penetrantes ojos color castaño claro. Su apariencia lograba ser compasiva y práctica a la vez.
—¿Están listos?
El cuerpo de mi mejor amigo se hallaba debajo de una sábana de plástico negro sobre una fría mesa de metal en un cuarto brillantemente iluminado. Jamás había estado menos preparado para algo en mi vida. Me dolía el corazón.
Sentí el pecho de mi pareja apretarse contra mi espalda mientras apoyaba sus manos en mis hombros. Me transmitía más energía mediante su calor y tacto, a través de mi ropa, a través de mi piel, hasta lo profundo de mi ser. Era todo lo que tenía.
La asistente dobló la sábana de plástico.
A mi cerebro le costó un segundo reaccionar, porque mientras él se cuestionaba, se me revolvió el estómago, por lo que brevemente me sentí abrumado, atrapado en arrolladoras emociones antes de que el grito atravesara mi cerebro. Debido a que soy el reah de mi tribu, uno de mis dones es que durante la transformación de humano a animal, suelo conservar la razón. Gracias a eso fui capaz de respirar y hablar. En ese momento, el felino que hay en mí, no el hombre, fue de mayor utilidad.
—Ese no es Taehyung Adams.
Pasaron varios segundos antes de que la asistente del médico forense resolviera lo que quería decirme. La observé, vi la preocupación recorrer fugazmente sus rasgos pronunciados. Con toda probabilidad, había escuchado muchas veces la incredulidad de las personas.
—Señor Rayne, usted…
—Este hombre se parece a él. —Tosí debido a que tenía la garganta seca por no haberla usado hasta ese momento—. Pero no es su rostro.
Ella carraspeó.
—Señor Rayne, ¿cómo puede decir que…?
—No —la interrumpí—. Sé lo que está pensando, pero estoy seguro.
Lo conozco desde que tenía seis años. No es él.
—Señor Ray…
—Si busca un apéndice y lo encuentra, entonces sabrá que está mirando al hombre equivocado.
Hubo un silencio ensordecedor.
Escuché el reloj en la pared. Era uno de esos con esfera blanca y números negros, sin pretensiones artísticas, su única función era dar la hora.
—¿Le extirparon el apéndice al Señor Adams? —Ella estaba sorprendida—. Esa información no aparecía en el expediente médico que recibimos de Chicago.
—Porque sucedió en Arizona cuando tenía veintiún años —le informé, y aunque era horrible porque algún pobre hombre había muerto, mi alivio era incontenible. Un gemido escapó de mis labios al recordar a Taehyung insistiendo en que no tenía resaca, que estaba realmente enfermo esa vez, ¡maldita sea! Había estado quejándose por horas antes de que finalmente cediera y lo llevara a la sala de urgencias. A él se le habían subido los humos a la cabeza porque, para variar, yo estaba equivocado. La última cosa que había escuchado mientras las puertas se cerraban había sido que yo era un gilipollas.
—¿Recuerda en qué hospital fue, Señor Rayne?
—Buen Samaritano —le dije.
—Déjeme ver si puedo conseguir esos expedientes para confirmar la información, pero si está seguro… —Su voz se fue apagando, dándome la oportunidad de confirmar el dato.
—Estoy seguro. —Suspiré, y fue un suspiro largo, porque por la expresión en su rostro, imaginé que el hombre que yacía delante de mí aún tenía su apéndice—. Yo estaba con él.
—Señor Rayne…
—¿Este hombre tiene apéndice? Su mirada se encontró con la mía.
—Sí, lo tiene.
—Sí, lo tiene. —Repetí sus palabras antes de darme la vuelta, alzar los brazos y abrazar el cuello de Jungkook, haciendo que se inclinara.
Mi pareja enterró una mano en mi cabello; mientras me sostenía firmemente con la otra en el centro de mi espalda.
—Lamento mucho haberle hecho pasar por…
—No —la interrumpió Jungkook, abrazándome con fuerza—. Usted solo cumplía con su trabajo.
—Lo siento mucho.
Yo también lo sentía, ya que mi cerebro comenzaba a captar una nueva realidad. Eché la cabeza hacia atrás y levanté la mirada hacia su rostro.
—Lo sé, amor —dijo, asintiendo—. Lo encontraremos. Lenta, insidiosamente, comencé a hiperventilar.
—Lo juro, Jimin. Lo encontraremos. Por favor, respira.
Tenía que creer en él, ya que jamás me había decepcionado antes.
UN AÑO y medio atrás había conocido a Jungkook Church, pero en ese tiempo mi vida entera había sufrido una metamorfosis drástica. Había pasado de ser un solitario, viajando de lugar en lugar, de ciudad en ciudad, con mi mejor amigo, Taehyung Adams, a encontrar pareja y tener un hogar. Soy el reah de mi tribu de hombres pantera, la pareja del líder, el semel, y soy el segundo al mando después de él. Pasé de no tener nada a tenerlo todo.
Las reahs suelen ser mujeres. Como yo no lo soy, cuando mi padre y mi tribu original descubrieron lo que era, fui golpeado y exiliado del hogar y la familia en los que había crecido. La única persona que me había sido leal, que me quería y había estado a mi lado, había sido mi mejor amigo, Taehyung Adams. Y primero me habían dicho que estaba muerto, y ahora descubría que estaba desaparecido; no sé cómo no me volví loco.
Cuando la puerta se abrió, me levanté del sofá donde estaba sentado, en la lujosa suite del Hotel Venetian en Las Vegas, viendo la televisión, o más bien, pasando de canal en canal. Domin entró primero, sujetando la puerta para que entrara la multitud, de la que no conocía a algunos, que lo seguía, antes de que Jungkook finalmente apareciera. Hubiera cruzado la habitación hasta llegar a su lado, pero Yuri Kosa, el sheseru, el defensor de mi tribu y mi guardián, colocó una mano sobre mi hombro, deteniéndome.
—Ellos han venido a verte, incluso tu semel.
Lo sabía. La habitación del hotel era como una casa lejos de casa, y como tal, Yuri estaba allí conmigo, igual que Artem Varda, su mano derecha. Como estábamos en el territorio de un semel que compartía un vínculo con Jungkook, Yuri no trajo más hombres con él para protegerme. Pero aun así, cuando entraban extraños a la habitación, Yuri permanecía a mi lado, y todos caminaban hacia mí. No tenía permitido hacer distinción alguna; debía ser visto como el jugador en el poder. Era una estúpida demostración de superioridad de los hombres pantera, pero eran reglas que debían ser acatadas, por lo que obedecí a mi sheseru sin dudar.
Cuando Jungkook estuvo lo suficientemente cerca, extendí mi mano hacia él, y la sujetó entre las suyas. No estaba contento.
—¿Qué sucede? —pregunté en voz baja.
Negó con la cabeza rápidamente antes de girarse a mirar a Domin. Vi al maahes de mi tribu convertirse en el centro de atención delante de los hombres que lo habían seguido al interior de la habitación.
—Les presento a mi reah —dijo Domin, dirigiendo su mano hacia
mí.
Observé cómo se arrodillaban delante de él. Reconocí a Calvin
Reynolds, el semel de la tribu de Opet, la tribu que llamaba Las Vegas su hogar; a su sheseru, Roger Tsang; a su sylvan, Amanda Dove, pero no a los demás. Supuse que los otros diez hombres eran sus khatyu, luchadores. Mientras mis ojos recorrían a los hombres arrodillados delante de Domin, fue Amanda quien atrajo mi mirada. Ella tenía un rostro atractivo, y me regaló una sonrisa temblorosa cuando se dio cuenta de que la observaba.
Me había sorprendido que en las dos tribus con las que mantenía contacto regular, la mía y la tribu de Pakhet de Christophe Danvers en Reno, no hubiera mujeres en uno de los dos roles que ejercían de consejeros para el líder. Durante mis viajes con Taehyung a través del país, había visto muchas tribus que tenían una mujer ya fuera como sheseru, defensor de la tribu, o sylvan, maestro de la tribu. En la tribu de Jungkook, ambos puestos estaban ocupados por hombres, igual que en la de Christophe. Eso me había parecido extraño.
No tenía duda alguna de que Jungkook seleccionaba a la persona más cualificada, pero no sabía si Christophe hacía lo mismo. No estaba seguro de cuán anticuadas eran sus ideas en relación a las mujeres. Además, él tenía una compañera celosa y temible que probablemente no desearía que otra mujer viviera bajo su mismo techo. El sheseru y el sylvan solían vivir con su semel hasta que encontraban a sus propias parejas.
—Jimin.
Levanté la mirada hacia mi pareja. En sus ojos color ámbar, en su amorosa mirada, solía encontrarme; solía encontrar la salvación en cualquier momento.
—Dime qué pasa.
—Calvin te lo exlicará —dijo, señalando hacia el semel de Opet, quien estaba ahora de pie, después de haber mostrado su respeto como correspondía a mi posición como reah de mi tribu. Todos los demás seguían arrodillados, ya que Domin no les había dado permiso para que se levantaran. Calvin era el único que no necesitaba su permiso.
Levanté la mirada hacia la suya.
—Mi reah —dijo, carraspeando—. Lamento haberle hecho visitar la morgue pensando que su amigo estaba muerto, pero los hombres de la tribu de Anuket tenían a mi hija hasta hace una hora, cuando la liberaron por mi participación en esta farsa.
Si Jungkook no me hubiera sostenido y metido debajo de su brazo, pegado a su costado, me habría desplomado.
—Anuket es su tribu anterior, ¿verdad? —preguntó Calvin.
—Sabes que así es —le dijo Jungkook—. Termina de hablar para que podamos marcharnos.
Él suspiró profundamente dando un paso hacia delante, para acercárseme.
—Jimin, ellos secuestraron a mi pequeña y amenazaron con violarla y asesinarla si no dejaba que la farsa evolucionara. Lo lamento tanto, pero estamos hablando de mi niña.
Asentí rápidamente, odiándolo y compadeciéndolo a la vez. Pensé en su hija Jacqueline: Jackie, Jack, J… Era linda y adorable. Tenía excelentes notas y era capitana de su equipo de natación. Como yo había sido el capitán de mi equipo cuando estaba en la escuela superior, siempre teníamos mucho de lo que hablar. Adoraba su dulce rostro, sus inmensos ojos color chocolate y su jovial personalidad. Como Taehyung vive y trabaja en el territorio de su padre, los había visto a menudo: a ella y a su padre. Ella me había confesado que estaba colada por un chico de su escuela.
—Es blanco, Jimin. ¿Puedes visualizarme con un chico blanco?
Le había dicho que sí. Blanco, negro, de cualquier color, de cualquier sabor que ella quisiera.
—A tu padre no le importará —le dije, seguro de que así sería. Calvin tenía cada color del arcoíris en su tribu, igual que Jungkook, igual que la mayoría. El exterior no era importante para él, ni para Jungkook, mientras…
—Pero él no es una pantera.
…en su interior hubiera una pantera.
—Mierda —exhalé.
—Ay, Dios —se había quejado, volviendo a arrojarse sobre su cama.
A los dieciséis años, esas cosas significaban el fin del mundo.
—¿Jimin?
Sacudí la cabeza para aclararla.
—Lo entiendo, Cal —le aseguré—. De verdad. Solo dime qué dijeron.
Él tosió quedo.
—Debías llamar, o debería decir que Jungkook tendría que llamar directamente a Archer Pike tan pronto como descubrieran que no estaban viendo el cadáver de Taehyung Adams.
—¿Quién…? —Tosí—. ¿Quién era el que estaba en la morgue?
—No tengo ni idea.
—¿No era uno de tus felinos?
—No. Me dijeron que no era una pantera.
—Era una pantera —le dijo Jungkook—. Sospecho que has perdido un miembro.
Cualquiera pensaría que Jungkook lo había golpeado por la expresión de su rostro. Yo no comprendía. No me importaba si el hombre era una pantera o no. Humano o pantera, la vida era preciosa y sagrada para mí. En mi mente, y sé que también en la de Jungkook, no había diferencia.
—Jimin. —Jungkook me llamó, atrayendo mi atención—. Tenemos que llamar a Archer Pike.
Asentí.
Jungkook entró en Internet con su teléfono para acceder a la base segura de datos y buscar el número que necesitaba. Eso le tomó unos pocos minutos.
—¿Estás listo? —me preguntó en voz baja. Asentí dejándole saber que lo estaba.
Minutos después estábamos sentados alrededor del teléfono en la sala escuchándolo sonar. Jungkook había activado el altavoz.
—¿Hola?
—¿Podría hablar con Archer Pike?
—Soy yo.
—Habla Jungkook Church —gruñó mi pareja con voz baja, dura—.
Ustedes tienen al beset de mi reah; quiero que me lo devuelvan ahora.
Escuchamos un profundo suspiro.
—Lamento la treta, semel-netjer, y me disculpo con el semel de la tribu de Opet por tomar prestada a su hija, pero necesitábamos llamar su atención.
Sentí como si me hubieran inyectado agua helada en las venas.
—Ustedes lo tienen.
—Intenté hablar con usted en Sobek, pero no quiso escuchar, y entonces anunció al Sacerdote que éramos khet, que estábamos muertos los unos para los otros, por lo que no me quedó más remedio que recurrir a esto. La tribu de Mnevis está intentando apoderarse de mi territorio. Necesito que venga con su sheseru y sus khatyu y se alinee con nosotros para ayudarnos a expulsarlos.
—¿Por qué haría eso?
—Su reah es el hijo de mi sylvan, esta fue su primera tribu y tenemos un pacto de alianza.
—Está loco —dijo Jungkook rotundamente—. No tenemos nada, y su sylvan está muerto para mí, igual que usted y el resto de su tribu.
—Si esa es su última palabra, entonces no me quedará más opción que ejecutar al beset de su reah, a quien tengo en mi poder.
No hice sonido alguno, y cuando la mirada de Jungkook se encontró con la mía, vi el brillo orgulloso en sus ojos. Podía decir que lo había conmovido profundamente que confiara en él, que hubiera permanecido en silencio.
—Si no regresa al beset de mi reah, a Taehyung Adams —comenzó a decir, volviendo a mirar hacia el teléfono—, iré a buscarlo, y usted perderá la vida. Como debe saber, tengo a un miembro de los Shu viviendo con nosotros, y cuando él hable con el Sacerdote en mi nombre, tendré autorización para asesinarlo, semel de la tribu de Anuket.
Se hizo un largo silencio.
—Pensó que aceptaría porque sabe que Jimin quiere a Taehyung. Su sylvan, el padre de Jimin, y su sheseru, el padre de Taehyung, probablemente estaban de acuerdo con este plan. Pero no le otorgaré ayuda solo por un hombre, en especial porque tengo un pacto de alianza con el hombre que va tras su territorio, Derek Jackson.
—¡Él es una basura! Es…
—Es apasionado —dijo Jungkook, interrumpiéndolo—, y más joven y fuerte que usted. Quiere una tribu racialmente mixta, no pura. Quiere diversidad porque quiere la tribu más fuerte, la mejor, y acepta a todos basándose en nada más que el deseo de ellos de apoyarlo. Tiene sentido.
—No puede…
—Puedo, y lo hice. No puede ser deshecho; ha sido sellado con sangre, la mía y la suya. Así que me devolverá a Taehyung Adams y todo estará bien, o iré con mi sheseru y mis khatyu y todos los miembros de los Shu que el Sacerdote decida enviarme y lo asesinaré a usted, a su sheseru y a su sylvan. Destruiré la tribu de Anuket, acabaré con su linaje, y se la dejaré a Derek Jackson. Decida.
Archer estaba resoplando al otro lado de la línea.
—¡Ahora!
Todos los ojos en la habitación estaban sobre Jungkook. Él estaba completamente quieto, seguro de su decisión. Yo contenía la respiración porque quería que me devolvieran a Taehyung más que nada en el mundo, pero sabía, en lo profundo de mi corazón lo sabía, que si ellos decidían no devolvérselo a Jungkook, no lo volvería a ver jamás.
—Entonces, debe venir por él y hablar con mi tribu, y decirles a todos que rehusó ayudarnos —le dijo Archer.
—Los ayudaré, semel —le aseguró Jungkook—. Todos son bienvenidos a refugiarse en mis tierras y con mi tribu, si no desean formar parte de la tribu de Mnevis. Los recibiré a todos.
—Usted dijo que mi tribu estaba muerta…
—Su tribu, semel —le aclaró—. Si cualquier pantera viene buscando santuario, buscando refugio, los acogeré. Entonces, pasarán a ser miembros de mi tribu. ¿Entiende?
Archer Pike no tenía idea del tipo de hombre que era Jungkook Church, y ese había sido su mayor error. Jungkook nunca, jamás, le daría la espalda a padres, madres o niños. Pagaría para reubicarlos a todos, hablaría con Derek Jackson en su nombre y haría lo que fuera necesario para lograr una transición calmada, si tenía que hacerlo.
—Su respuesta, semel —le exigió Jungkook. Escuchamos un fuerte suspiro.
—Entonces, venga y reclame al beset de su reah.
—Partiré esta noche —le informó Jungkook—. Lo llamaré después de reunirme con el semel de la tribu de Mnevis, y nos concederá salvoconducto a él, a mí, a nuestros sylvans y a nuestra comitiva.
—¿No traerá a su sheseru?
—No lo haré.
—Entonces, ¿quién…?
—Como ya señalé, tengo a un miembro de los Shu en mis tierras, a Taj Chalthoum; él actuará como mi sheseru e irá en el lugar de Yuri Kosa.
—No comprendo cómo es que dejará a su sheseru si su reah…
—Nunca, jamás, debe interesarse por mi reah —dijo, su voz pasó de fría a amenazante en segundos.
—Pero solicitamos la presencia de su reah.
—Su petición ha sido denegada.
Hubiera deseado poder decir algo, porque quería, necesitaba, ir. Pero si Jungkook lo había prohibido, no podía protestar… al menos, no en público. Ya me escucharía cuando estuviéramos solos.
—Mi sylvan quiere ver a su hijo, igual que su pareja, la madre de su
reah.
Mi madre no deseaba verme y mucho menos mi padre. Era una
mentira.
—Mi reah no pisará su territorio, y esa es mi última palabra. Hablaré ahora con Taehyung Adams, o prepárese a ser desafiado en el box.
Lo escuché contener bruscamente el aliento. Todos habían visto a Jungkook luchar en el box el verano anterior. Todos los líderes de las tribus de hombres panteras viajaban una vez al año a Sobek, entre Giza y Cairo, en Egipto, para las festividades del valle. En la festividad pasada, Jungkook había matado al semel de la tribu de Dendera porque me había secuestrado y torturado. En el box, todos habían visto su tamaño y habían visto cuán letal era. La idea de un desafío cara a cara no había resultado atractiva para Archer Pike.
—No puedo complacerlo, Jungkook Church, ya que Taehyung Adams está inconsciente en este momento. Antes de que yo llegara a su interrogatorio, había sido flagelado por mi sheseru.
Tuve que sostenerme del respaldo del sofá cuando la habitación se ladeó bruscamente hacia la izquierda. Las náuseas me invadieron, y comencé a temblar.
Taehyung.
Ellos habían torturado a mi mejor amigo, y yo no había estado allí para detenerlos.
—Fue flagelado —dijo Jungkook como si estuviera confundido.
—Sí.
La habitación se había quedado sin aire; el pecho se me comprimió a la vez que los ojos se me llenaron de lágrimas. Mordí el interior de mi mejilla izquierda para evitar hacer sonido alguno.
Él había sido torturado y después desfigurado. Ser flagelado significaba que te cortaban con una cuchilla, derramaban tu sangre, y de alguna manera, mutilaban tu cuerpo. Era diferente a ser marcado como apophi, una desgracia para tu tribu. Cuando un semel marcaba a uno de sus felinos, dejándole una cicatriz o sacándole un ojo, se hacía rápido. Dicha marca jamás pretendía ser un golpe mortal, sino un testimonio de un fracaso, tallado en la piel. Se realizaba en las reuniones tribales o durante un desafío en el box con todos como testigos.
Flagelar a un felino era lo que un grupo de panteras de una tribu hacía a otra pantera que entraba sin autorización en su territorio. La flagelación solía hacerse al final de una cacería y la encabezaba el sheseru. La noche que conocí a Delphine, la hermana de mi pareja, ella estaba sola en el territorio de otras panteras. Pudieron haberla flagelado si Taehyung y yo no hubiéramos intervenido, y si Markel, el sheseru de Domin en aquel entonces, hubiera deseado hacer algo más que asustarla. Un felino que ha sido flagelado podía, o no, sobrevivir dependiendo del nivel del castigo que el defensor de la tribu decidiera infligir. El dolor precedía a la mutilación y, en algunas tribus, también a la deshonra. No había forma de saber qué había tenido que sufrir mi amigo sin preguntar. El hecho de que su propio padre lo hubiera desfigurado, permitido que otros lo sostuvieran y torturaran, lastimaran e hicieran sangrar, era incomprensible para mí. De ninguna manera me quedaría ahora. De ninguna.
Me di la vuelta y caminé hacia la ventana que daba hacia el Strip de Las Vegas.
—Semel —dijo Jungkook con voz baja que contenía un filo helado—, he cambiado de parecer.
—¿Sobre traer a su reah?
—Sobre llevar a mi sheseru —le dijo—. Llevaré a Yuri Kosa conmigo, y cuando lleguemos, su sheseru se enfrentará al mío en el box en un combate a muerte.
—No puede exigir…
—¡Lo exijo! —rugió Jungkook—. ¡Contactaré con el Sacerdote esta noche y llevaré guerreros Shu como testigos!
—Yo…
—¡Será asesinado! A mano de mi sheseru o de quien el Sacerdote disponga, ¡pero será asesinado!
—Sí —dijo sin aliento.
—¿Qué le hizo pensar que podía tocar al beset de mi reah? ¡Es mío!
No soy su amigo, semel; ¡no existe pacto de alianza entre nosotros!
—Yo…
—¡Soy el semel-netjer!
A pesar de estar hablando por teléfono, y no cara a cara con Jungkook, su ira aterró a Archer Pike. Escuchamos su gemido a través de la línea.
—Me dará los nombres de los hombres que ayudaron a su sheseru en la mutilación del beset de mi reah.
Mutilar.
La palabra evocaba demasiados horrores como para pensar en ella.
—¿Me ha oído?
—Sí.
—Si Taehyung no está en una cama, vendado y atendido por un médico cuando llegue… —Respiró profundamente—. Destruiré su hogar, Archer Pike. ¿Me… ha… entendido?
—Sí.
—Estaré allí mañana con Derek Jackson y sus hombres. No cometa el error de hacer que tenga que buscarlo a usted o a Taehyung. ¿Entendió?
—Sí.
—¿Sí, qué? —siseó, rebosando ira y odio.
—Sí, semel-netjer.
Escuché que Jungkook colgaba, y después que algo se hacía añicos. No me di la vuelta. Suponía que había arrancado el teléfono de la pared y lo había arrojado en la habitación. Segundos después, vi su reflejo detrás de mí en el cristal, lo vi suspirar, vi el dolor en su mirada, y sentí calor emanando de él.
—Jimin…
Negué con la cabeza. Si hablaba me derrumbaría, y no estaba preparado para hacerlo.
—Váyanse —escuché que Domin decía a los hombres que seguían arrodillados.
—Semel-netjer —comenzó a decir Calvin Reynolds—, lo siento…
—Márchense —dijo Yuri, interrumpiéndolo—. Estamos agradecidos de que nos hayan alojado aquí, pero nos marcharemos pronto.
Nadie pronunció otra palabra. Los escuché marcharse, y cuando la puerta se cerró, el silencio absorbió todo el aire de la habitación.
—Llamaré a Taj desde el coche —dijo Domin, con voz profunda y baja—. Regresemos a casa para que puedan preparar sus equipajes.
Me di la vuelta, rodeé a Jungkook, y me dirigí hacia la puerta. Yuri caminaba justo detrás de mí.
—Los mataré a todos, Jimin.
Y a pesar de que como reah mi primer instinto era perdonar, en ese momento sus palabras rodearon mi corazón y me consolaron.
—Lo prometo.
Era todo lo que podía pedir.









Empezó tremendo pobrecito Tae😞
Voy empezando
Lo mio con el papá de Tae es personal