único
Mimi y Koo saltan emocionados, abrazándose mutuamente cuando el padre de Jungkookie, el señor Namjoon, accedió a que su pequeño pasara la noche en casa de su mejor amigo y vecino Jiminie. Seokjin, la madre de Jiminie había dicho que con gusto recibiría al pequeño y les prepararía una deliciosa cena, además de comprar golosinas y demás para que disfrutaran.
—Veremos la tv hasta tarde, jugaremos con mi nueva muñeca y comeremos papas picantes –Mimi habló, jalando a Koo de la mano, dentro de la cocina donde su madre estaba hablando con el señor Namjoon.
Seokjin estaba sonrojado pero ambos niños estaban tan emocionados que no notaron eso.
—Te dejaré ahora, Koo –el alto señor Namjoon se arrodilló frente a su hijo, besándole la frente—.Pórtate bien ¿si? No quiero quejas de ti.
—Vale, papá –el pequeño besó la mejilla de su padre, asintiendo repetidas veces.
—Cualquier cosa puedes llamarme, Jin, si pasa algo con Kookie puedo venir por él.
—No te preocupes, Nam, estará bien aquí –aleteó las pestañas, coqueto, acomodándose sobre la barra de la cocina, en una posición en la que sus grandes tetas se hicieran notar entre su escote.
El señor Namjoon sonrió lindo, con sus hoyuelos, decidido a salir. Mimi suspiró, el papá de su amigo era taaan guapo.
Más tarde cenaron pizza hecha por Seokjin, a Koo le encantó tanto que sus gordas mejillas quedaron sucias de salsa de tomate. La madre de Jiminie cambió a ambos por sus pijamas. Mimi vestía una camisita y unos shorts rosas con estrellas y Jungkookie una linda batita de monitos, ambos lucían tan adorables, tanto que Jin no resistió a tomarles unas cuantas fotos, abrazados y sonriendo hacia la cámara, enviándolas al padre de Kookie. Seokjin ayudó a ambos a lavarse los dientes y a estar listos para la cama.
—No hagan mucho ruido, chicos, si usarán la televisión que sea en volumen bajo, por favor. Mamá trabaja mañana, Mimi.
—Sí, mami.
—Si pasa algo o me necesitan me hablan, no hagan nada peligroso.
Los niños negaron rápidamente, sonrientes, asegurándole al mayor que no harían nada.
Mimi puso una película en Netflix, una que dijo Koo que deseaba ver desde hace días, pero su padre no había tenido tiempo de verla con él. Era divertida, ambos niños reían detrás de sus manos ante la comedia infantil.
Solo que Jiminie comenzaba a aburrirse, pero todavía no quería dormir.
—Koo ¿quieres jugar conmigo a la familia?
—¿A la familia?
—Ajá –Mimi asintió, bajando de la cama—. Mamá me compro una nueva bebé, será nuestra hija.
—¡Quiero verla, Mimi!
Koo chilló emocionado, queriendo ver la nueva muñeca de su amigo. Era linda, traía un biberón y chupete incluidos.
—Yo seré la mamá y tú... la otra mamá.
—¿Se puede tener dos mamás?
—Supongo –se encogió de hombros—. De todos modos, solo estamos jugando ¿si?
—Vale, Mimi. ¿Qué hacemos?
—Bueno... comencemos con que la bebé tenía hambre y lloraba.
—Oh, sí, ten –le dio el biberón de plástico—. Dale de comer a nuestra bebé.
—No, Kookie. La bebé no quiere biberón, quiere teta.
Las cejas del niño más pequeño se fruncieron.
—¿Qué es eso?
—¿Nunca tomaste teta? –Koo niega—. Es la lechita que viene de mamá, es muy rica, más que la de biberón.
Se alzó la blusa de pijama, acercando la boca de la muñeca a su diminuto pezón café, fingiendo que alimentaba a su bebé.
—Así ¿ves?
Jungkook asiente. Sí, lo había visto un par de veces en la tv, o algunas señoras en el parque, pero él no sabía que era normal, él no tenía una mamá que le diese teta.
Un rato después, habían fingido sacarle el aire a la muñeca y cambiarle el pañal, decidieron que su hija debía dormir, así que la acostaron en la cuna de juguete. Koo estaba impresionado, Jiminie sabía mucho sobre bebés y tenía muchos juguetes increíbles que parecían reales. Una carriola, la cuna, un canguro y más utensilios.
Una vez arropaba su bebé, ambos dejaron un beso en la frente de esta, justo como sus padres les hacían a ellos antes de dormir.
—¿Ahora qué? –Jungkook pregunta, subiéndose a la cama de su amigo, balanceando los pies que no alcanzaban el piso.
—Deberíamos hacer cosas de papás o... mamás.
—¿Qué hacen ellos, Mimi?
—¡Se dan besos en la boca! Mami dice que es rico, pero debes hacerlo cuando eres mayor.
—¿Nosotros somos mayores?
Mimi asintió, en realidad no estaba seguro de eso pero quería seguir jugando con Koo.
—Bien, podemos darnos besos y seguir jugando.
Koo puso los labios en piquito y Jimin no dudó en acercarse, aplastándolos juntos. Los ojos de Kookie se abrieron aún más grandes de lo que normalmente eran. Cuando se separaron, las mejillas de ambos estaban rojas.
—Ahora intentemos abrir un poco más la boca ¿si? He visto a mamá hacerlo así con sus amigos y amigas especiales.
—¿Especiales?
—¡Sí! Son sus amigos con los que se da besos y hacen cosas de papá y mamá.
—Oh.
Solo eso dijo, no entendió nada de lo que su amigo dijo, pero en verdad quería volver a sentir sus labios sobre los suyos.
Volvieron acercarse, besándose húmedo esta vez, totalmente desordenados. Ambas lenguas chocaron un par de veces, sacando ligeros gemidos en los dos ante la sensación. Siguieron así, dándose ese tipo de besos o uno que otro pico, hasta que Koo alejó a su amigo, sofocado, rojo del rostro.
—Mimi...
—¿Qué pasa, Koo? ¿no te gusta el juego?
—¡No! Me encantan –sí que lo hacía—. Es solo que... mi flor...
—¿Qué tiene?
—La siento rara, Mimi.
—¿Quieres que la vea por ti?
Kookie asintió, el confiaba en su amigo, además era 2 años mayor por lo que lo consideraba más sabio que él.
Jiminie le ayudó a recostarse en la cama, alzándole la linda batita, divisando los calzones amarillos de Koo.
—¡Ahora jugaremos al doctor? –Mimi chilló, emocionado—. Le revisaré la flor, paciente Koo.
—Vale.
El mas grande hizo a un lado la ropa interior de su amigo, admirando por primera vez el coño de su amigo. Rosa, pequeño y sus labios no eran tan gordos como los suyos, brillantes de flujos, libre de vello, delicioso a la vista. Jiminie tragó duro.
—Tienes los calzones mojados, Koo, te los quitaré para revisar mejor.
Jimin abrió las piernas de Jungkook para ver mejor, él ha visto (a escondidas) lo que hombres y mujeres le hacen al gordo coño de su madre en esas noches que trae a sus amigos especiales a la casa, y su madre era tan puta como para guardarse sus gritos. Mimi quería intentar eso.
—Mimi, duele.
—¿Dónde, Koo?
—Aquí –su pequeño dedo señaló su coño virgen, chorreante de jugos.
—Creo que tengo la solución, Koo, ¿quieres que el doctor Mimi te cure?
—Sí, por favor – casi suplicó, Jimin sonrió.
Abriendo mejor las piernas blancas de Jungkook, Jimin se posicionó entre estas muy cerca de coñito que estaba a punto de comerse. Acercó su naricita, olfateando, no olía mal, al contrario, ese olor le hacía querer mamar de ese coño hasta cansarse.
Un tímido lengüetazo dio entero al dulce coñito de Koo, tomándose el tiempo, superficialmente. Jungkook apenas había sentido algo, simplemente suspiro algo extrañado, pero estaba confiado en que su hyung lo arreglaría y haría que su flor dejara de doler pronto.
—¡Sabe muy rico, Kookie!
—¿E-en serio? —Jimin asintiendo, dando un lametón más profundo—Después quiero probar el tuyo.
Mimi tarareó de acuerdo sobre el clítoris apenas en desarrollo de Koo, moviendo su pequeña lengua de arriba abajo en el. Jimin se rió bajito.
—Esta bolita es graciosa, Koo –jugó con el clítoris como si fuese un interruptor de luz—Además sabe rico.
Jungkook gimió entrecortado por como su bolita de nervios estaba siendo maltratada inconscientemente.
—Chúpalo otra vez, Mimi. Eso se sintió muy bien.
Jiminie obedeció, poniendo sus pomposos labios alrededor del clítoris de Jungkook, mamando como lo hacía en las tetas de su madre, pronto Koo comenzó hacer esos sonidos como los de su mamá cuando esos hombres le comían su sucio coño de puta, solo que más bajitos y bonitos.
Kookie empuñó las manos en las sábanas bajo él, disfrutando de las succiones que recibía, además de la lengua de Mimi estimulándolo al doble. Jungkook creía ver estrellas.
Por curiosodad, Mimi acercó un gordo dedito a la entrada de Koo, justo donde sentía que salía esa humedad, él sabía que pipí porque no olía así. Metió un poquito de este, casi haciendo gritar a su amigo por la intromisión, y lo dejó ahí, no sabiendo que hacer.
—Mimi, e-es muy rico, a Koo le g-gusta que lo cures.
Jimin sonrió aun con la cara enterrada en el coño de Jungkook, ahogado en fluidos liberados por el placer, sus ojos casi se cierran, arqueando la espalda, gimiendo con la boca abierta, cosa que animó a Mimi a succionar con más emoción, decidió bajar, dejando un beso en el centro del coño, llegando a la entrada, su lengua hizo el intento de entrar, pero estaba muy apretado, por lo que solo recogió los jugos de ahí, disfrutando de su sabor.
—Aquí abajo es más rico, Kookie —Jimin se alejó del coño del menor, ahora rojo de haber sido succionado tantas veces, sus labios ligeramente inflamados al igual que el clítoris—. Te sale como un juguito ¡dame más juguito, Koo!
Como si fuese un gatito, Jiminie dio lengüetazos a la entrada, bebiendo más, saboreando y tarareando feliz.
—Mimi, t-toca mi bolita —pidió el menor entre lloriqueos.
Jimin lo apretó suavemente, causando un gran placer en Jungkook estar siendo doblemente estimulado.
Un poco después de tantas lamidas en el coño y apretadas en su bolita, Koo comenzó a sentir algo en su pancita.
Oh, cielos, ahora sí que se había enfermado.
—Jiminie, creo-creo que me haré pis –Jungkook se lamentó, no quería que en su primera pijamda hablarán a su padre porque se había hecho en la cama, él ya era niño grande para eso.
Él lo ignoró, ensimismado en el coño de Jungkook cuando sintió un chorro de ese liquido sabroso chocar contra su boca, tragando todo lo que podía. El menor estalló en un orgasmo, el primero de su vida, sintiéndose tan bien, con las pequeñas caderas temblando en busca de más contacto con la boca de su amigo.
Jimin se alejó del coño sucio de Jungkookie, admirando lo que había causado. El juguito seguía saliendo del hoyo del más pequeño, manchando parte de sus blancos muslos.
—¿Te curé, Koo?
—Sí, Mimi. Eres el mejor doctor.
—Kookie creo que mi flor se está enfermando como la tuya.
—¡Te curaré! Verás que rico se siente.
Jimin se quitó los shorts al igual que sus panties de barbie, ambos empapados de lubricante, el comerle el coño a Jungkook lo había hecho gotear tanto que el líquido había traspasado hasta llegar a la tela de su pijama. Se recostó en la cama donde antes estuvo Koo, abriéndose bien de piernas, llevando sus rodillas hasta el pecho para que su amigo pudiese comerle mejor.
—¡Cúrame, Koo!
La inexperta lengua de Kookie apenas dio lamidas de gatito sobre el gordo coño de Mimi, era tan gordo que sus labios lo cubrían, así que el mejor tuvo que usar sus dedos para abrirlo y encontrar la bolita de Jimin, esa que cuando su amigo chupó la suya se sintió tan rico.
Así que lo hizo, chupo del rosado coño de Jimin, disfrutando lo suave que se sentía en su boca, pronto notó que poco a poco comenzaba hacerse duro.
—Mmm sí, Koo, c-cura a Mimi –el mayor gimió gustoso, tomando la cabeza de Koo para acercarlo más.
Jungkook gimió, haciendo vibrar el clítoris de su amigo. Fue besando poco a poco el coño, pasando por el centro hasta llegar abajo, a la entrada. Lamió profundo y jadeó encantado.
—Tienes razón, Mimi, sabe muy rico aquí.
Siguió lamiendo ahí, sediento de los jugos de Jimin, cada vez queriendo más, volviéndose adicto al sabor. Así como su amigo hizo con él, jugó con su clítoris haciéndolo jadear y rodar los ojos de gusto. Frotó sus dedos rudamente, sacando casi gritos del mayor.
—N-no pares, Koo. Mimi quie-quiere más.
Jimin sintió un cosquilleó en el estómago, decidió ignorarlo solo porque le estaban devorando el coño de una manera tan deliciosa. Apretó las piernas, con los muslos aplastando la cabeza de Koo, quien no parecía querer alejarse. Le gustaba mucho ese jugo que salía del coñito de su hyung y cuando esté llegó al orgasmo, chorreando aún más, lamió con mayor insistencia.
—Koo n-no, basta –trató de alejarlo.
Jungkook no escuchó, orillando a Jimin a un segundo orgasmo, ya sobreestimulado, casi viendo estrellas a su alrededor.
Nuevamente estallando en la boca de Koo, Mimi sollozó suavemente. Pocos segundos después, Jungkook se alejó con una sonrisa brillante debido a la corrida de Jimin.
—Tu flor sabe rico, Mimi.
—La tuya también, Koo –se secó las pocas lagrimas que alcanzaron a salir de él.
—Debemos jugar así más seguido, es muy divertido y muy rico.
Mimi asintió, con una sonrisa grande, muy de acuerdo con eso.
Koo se inclinó, poniéndose en posición como un perrito para darle más besitos en los labios a su hyung, sintiendo los sabores de sus coños combinados entre sí.
Estaba decidido. Jungkook amaba las pijamadas con Jimin y sus juegos de la familia, o su favorito, de los doctores.
Seokjin sonríe desde la puerta, negando divertido de ver ambos coñitos sucios y rojos después del juego, observando como los pequeños compartían besitos.
Esperaba que su hijo tuviese más compañía así, seguido.