Parte única
Si Louis lo piensa bien, sus responsabilidades son exactamente iguales a las de las demás personas en el mundo: despierta muy temprano con la salida del sol y se hace cargo de su empresa familiar para obtener dinero con el esfuerzo y sudor de su frente.
O, es así como él lo describiría, pero la realidad es que, su concepto acerca de sus actividades económicas, está muy alejado de definirse de esa manera.
Durante las mañanas se encarga de supervisar personalmente los envíos de sustancias ilícitas hacia España y el norte de África —como lo hace exactamente en este momento—, mirando fijamente y con el ceño fruncido la pantalla que indica el recorrido que su mercancía está haciendo antes de ingresar a territorio internacional.
Dios bendiga a James por implementar el rastreo GPS en los botes de contrabando.
Por las tardes, se dedica a cumplir sus promesas de venganza, su parte favorita del día si tiene que ser sincero; porque sólo conoce esta manera de liberar toda la tensión que recae diariamente sobre sus hombros. Ser un criminal no es tarea sencilla.
Y durante las noches, permanece a la espera de cualquier acto de traición por parte de sus secuaces, mientras acaricia a Clifford, su hermoso perro de raza labradoodle.
Louis se mantiene al tanto de sus botes llenos de cocaína y hachís, gracias las pequeñas luces verdes que titilan cada vez más rápido conforme se acercan a su destino y, que, afortunadamente desaparecen pocos segundos después.
—Señor —alguien llama a sus espaldas y el mafioso ni se inmuta cuando detecta la voz de Liam, él tan sólo levanta una mano y mueve su muñeca como indicación de que continúe—. El cargamento ha llegado sin ningún problema, los hombres preguntan si deben descargar ahora mismo o si lo hacen por la noche; alguien le dijo a Jhon que hay marinos por la zona y que podría ser arriesgado en este momento.
Nadie dice nada, mientras el ojiazul piensa en la oscuridad de la pequeña sala de control y vigilancia que utilizan para el monitoreo constante de sus trabajos sucios.
El jefe suspira estirando su mano y tomando uno de sus tantos teléfonos celulares tendidos sobre la madera, se desplaza por él sin emitir palabra alguna y cuando encuentra el contacto lo marca de inmediato.
—Domínguez, mi buen amigo —dice con su tan notable acento inglés, todavía dándole la espalda a su mano derecha e ignorando la mirada curiosa de su técnico de redes—. Tengo un nuevo encargo para ti... Hmm, por supuesto que tendrás tu parte, ¿cuándo he fallado a mi palabra? —Louis permanece en silencio por más tiempo de lo normal y cuando habla su tono no es amigable—. Te estás volviendo codicioso, sin embargo. Y sabes más que nadie que detesto a las personas así, ¿o ya olvidaste a... ¿Liam? —llama y el hombre se apresura a colocarse a su lado—. ¿Recuerdas el nombre del último tipo que quiso pasarse de la raya en mis negocios? El sujeto que era amigo de Domínguez.
—¿Roy, el andaluz? —contesta Liam con una sonrisa en su rostro, claro que lo recuerda, él fue el encargado de desaparecerlo.
—Sí, ese mismo —Louis se ríe, como si exterminar personas fuese tan fácil como hacerlo con insectos—. Recuerdo que tenía una linda familia, creo que su viuda aún llora su pérdida. Dime, Domínguez, ¿te gusta tu familia? —empieza el mafioso con voz melosa, algo muy extraño en él y que genera escalofríos en todos los presentes—. ¿Te gustaría seguir disfrutando de los juegos de fines de semana con tu hijo y ver los recitales de tango de Sofía cada dos meses?
El agente de inteligencia grita algo del otro lado y Louis tiene que alejar un poco su celular de su oído. Dios, este hombre tiene que controlar su temperamento y aprender modales.
—No lo consideraría una amenaza, digamos que, es un diálogo previo a tomar decisiones reales —hace un pausa, observando la pantalla del radar—. ¿Sabes qué? ¡Hagamos esto más justo! La última palabra la tienes tú, mi querido Domínguez, la decisión está únicamente en tus manos; así que, elige muy bien y usando la cabeza, porque Roy no lo hizo y creo que nunca más podrá, porque... —se encoge de hombros, limpiando sus uñas—. Bueno, él ya no tiene una realmente.
La tensión se siente en el aire, y todos saben bien que del otro lado de la línea una batalla interna se está librando, Louis ya se puede imaginar contando los grandes fajos de billetes antes de que el agente responda con un triste: —Lo haré, tanto sólo envía las indicaciones y tus hombres tendrán libre el puerto por la noche.
—¿Ves lo fácil que es llegar a un buen acuerdo? —felicita Louis y saca un cigarrillo de su pantalón en un rápido movimiento, antes de tendérselo a Liam y que este lo encienda por él en cuestión de segundos.
Hay un par de murmullos del otro lado de la línea y Louis tararea ante el sabor de la nicotina ingresando a su sistema.
—Bien, hombre, entonces espero tu llamada por la noche —Louis cala el cigarrillo profundamente una última vez y libera la nube gris en forma de pequeños círculos—. Y, Domínguez —llama Louis antes de tomar el control de la llamada de nuevo, el agente contesta con un cansado: “¿Si, señor?“—, lo harás por la mitad de la paga.
Entonces, eso es todo lo que se dice antes de colgar.
—Liam —el hombre se irgue y Louis lo mira por primera vez—. Diles a los muchachos que esperen mi orden, yo les diré si es seguro o no desembarcar por la noche —el más bajo se da la vuelta y se despide de su técnico de redes con un asentimiento de cabeza—. Quiero que te comuniques con Roger y que él te confirme si Domínguez está haciendo o no lo que encomendé. Envía también, por favor, a los cazadores de ratas a por su familia y a un par más tras el argentino por si a este se le ocurre engañarme.
—Entendido, señor —y con eso Liam desaparece de su lado, tomando una dirección distinta.
Louis camina los largos pasillos de su zona central de control, está situada en una pequeña isla privada en las costas del Atlántico, lejos de ojos fisgones y cerdos policiales curiosos.
La extensión de su propiedad es increíble, grandes campos verdes de pasto para su adorada mascota, y fuertes cercos de árboles gigantes al contorno de la inmensa estructura de concreto que lo resguarda. Las olas rompen en la orilla, a kilómetros en la lejanía, y Louis disfruta tanto poder recorrer cada centímetro del lugar bajo la protección de sus guardaespaldas, porque nunca se sabe cuando el enemigo puede atacar.
Ingresa a su habitación en el lugar, nada mejor que tener su propio espacio personal, a pesar de estar lejos de su mansión principal en las afueras de Londres; y pronto, un par de patas delanteras y peludas se levantan contra su cuerpo.
—Cliff —se ríe el hombre cerrando la puerta, el perro ladra ante la mención de su nombre y da vueltas alrededor de Louis—. Basta, amigo, llenarás todo mi traje de sus pelos y baba.
El canino parece entender la orden y rápidamente corre hacia su caja de juguetes en una esquina, y regresa en un parpadeo lento de Louis, para posteriormente sentarse y dejar su pelota favorita en el suelo justo frente a él.
El juguete rueda hacia el dueño del animal y este se agacha para tomarlo, pequeñas gotas de saliva se adhieren a sus dedos.
—¿Quieres jugar ahora, amor? En realidad, papá quería dormir un poco, ¿podrías esperar una hora más, por favor?
Y bien, eso no fue para nada rudo, o tan siquiera dominante, pero ¿alguien podría hablarle de otro modo a su mascota? Hasta los mafiosos tienen principios, gracias.
Clifford gira su cabeza hacia la izquierda sin entender ni una sola palabra de Louis y ladra para que este obedezca ante sus deseos. No piensa permanecer un solo segundo más bajo techo cuando ha visto incontables aves esperando ser perseguidas.
Louis suspira con pesadez, de verdad quería tomar una siesta antes de retomar su cronograma de actividades, pero parece ser que el destino —su perro— tenía otros planes en mente; y el mafioso es débil de corazón, ¿de acuerdo? Tal vez tenga toda la pinta de macho alfa, pero sabe que inevitablemente terminará cayendo ante los grandes y brillantes ojos de Cliff, como siempre.
—Bien, tú ganas —le dice fuerte y el perro le ladra de vuelta, Louis busca el arnés de Cliff entre los tantos accesorios que le ha comprado a su mascota a lo largo de los años, y el canino empieza a jadear, moviendo su cola aún sentado en su lugar—. Cliff, ven —él llama y pronto tiene a un perfecto perro negro sujeto por cuerdas de tela adecuadas a su tamaño.
El animal empieza a olfatear todo en cuanto salen de la habitación y Louis lo guía hacia los campos de pasto para que pueda disfrutar de las maravillas de la isla.
Ellos pasan unas buenas horas en el exterior, y, puede ser o no que Clifford llene completamente de saliva y lodo el traje de diseñador de Louis, pero eso sólo se mantendrá en secreto entre ellos y el encargado de lavar la ropa del mafioso.
El mundo gira y trabaja de acuerdo a sus deseos.
...
El mundo es una perra.
Nada sale bien después de su baño y siesta tras el paseo de Cliff. La cosa es que, parecer ser que Dios, el Universo o quién mierda sea que se encargue de conducir su camino hacia la felicidad, simplemente lo odia; porque si no fuese de esa manera, él no estaría gritando enfurecido en este momento.
—¡Quiero su cabeza! —declara con enojo total, sus ojos están rojos del cólera que siente.
Dios, Domínguez, ¿qué mierda hiciste, maldito bastardo? Todo es culpa suya. El estúpido de atrevió a traicionarlo, ¡a él! De todas las personas en el mundo a quiénes podría haber elegido, escogió a la equivocada.
—Me importa una mierda el cargamento ahora mismo porque sé que en unos días lo tendré de regreso, lo que necesito en este momento es- ¡No! Escúchame bien, mierda, no-
El mafioso respira pesadamente, con sus pulmones ardiendo ante el grito estridente que profiere segundos después; es tan fuerte el tono que utiliza en sus palabras que todos en la sala pueden escuchar a Clifford ladrar de regreso al final del pasillo con desesperación ante la idea de su dueño siendo herido de alguna manera.
—¡Tráiganme a ese hijo de puta o todos correrán con el mismo destino que el andaluz! Cornelius, tienes hasta primera hora de mañana para entregarme a esa rata o tu cabeza será comida para los peces, y no me hagas repetirlo —su secuaz jura cumplir la misión y Louis sólo puede continuar advirtiendo de la suerte con la que correrá si falla—. Dile a Roger que te ayude... No, no es su culpa, él hizo que lo solicité y fue el primero en advertirnos cuando vio las actividades extrañas de Domínguez. No me llames de nuevo si no lo has capturado, ¿quedó claro? Bien, eso es todo. Cornelius, espero ver tu asquerosa cara y la del argentino en Londres por la mañana.
Nadie siquiera respira cuando Louis retira el teléfono móvil de su oído, una patada llega poco después a una de las sillas cercana al mafioso y todos saltan un poco en sus lugares. Él realmente está enfurecido, y un resentido “Joder” se escapa del castaño cuando pasa una de sus manos por su rostro.
—¿Louis? —llama Liam con notable preocupación ante el comportamiento de no sólo su jefe, sino su mejor amigo—. ¿Necesitas que me encargue de algo?
El jefe de la mafia inglesa niega con enojo pintado en sus fracciones, luce como alguien enloquecido por las malas emociones; y, en realidad lo está, porque segundos después su celular se estrella contra la pared de la habitación. Louis necesita venganza.
—Toda esta situación de mierda se solucionará mañana a primera hora, más le vale a Cornelius cumplir con la orden que le he dado.
—¿Estás seguro de que no quieres que envíe a otros hombres para que hagan el trabajo más rápido?
—No, Li, quiero que ese miserable sufra con la incertidumbre que le generaremos. Es una lástima por su familia, sus hijos realmente lucían como buenos niños.
—¿Quieres que hagamos algo con ellos?
—No, en realidad, sólo tiren un par de bombas caseras a su patio trasero y con eso será suficiente —Louis barre con sus ojos azules, cual cielo, a sus secuaces, uno por uno con la intención de intimidarlos, sólo Liam resiste su mirada—. Sabes que nunca le tocaría ni un solo cabello a un niño ni a futuras viudas, está determinantemente fuera de mis códigos —aclara, como si fuese lo más normal dentro del mundo en el que desarrolla sus actividades.
—Bien, tú decides, jefe —concuerda Liam antes de estirarse en su silla y posar sus pies sobre la mesa.
—¿Aumentamos la vigilancia, señor? —llama la atención su jefe de seguridad, Miguel, un latino ex convicto que terminó en prisión tras asesinar al sujeto del que hacía de guardaespaldas hace unos años.
—Sí, no quiero uniformados metidos husmeando mi territorio, suficientes problemas tenemos ya con la marina española en este momento como para cargarnos otro par encima —alguien se endereza en su silla y parece que quiere decir algo, pero Louis lo corta de inmediato—. Sí, Montgomery, puedes dispararles a quienes quieras, nunca has tenido reparo en ello y te lo he repetido un millón de veces.
—Gracias, señor —agacha la cabeza asintiendo—. Y lo siento, señor.
Louis rueda sus ojos apáticamente y con eso despide a todos, se pone de espaldas sin dirigirle otra palabra a nadie más y contempla el horizonte desde el frío del lugar. El ocaso cae lentamente y él sólo puede pensar qué otras cosas podrían salir mal desde este punto.
Siempre se ha sentido pequeño ante la inmensidad del cielo y el océano, a pesar de llevarlos él mismo en su mirada, o ante la sorpresa de algún día ser atrapado; en su negocio, como, en toda su vida en realidad, nada puede darse por sentado, y por supuesto, dejar cabos sueltos sin previas amenazas podría producir un desastre catalítico y conducir todo a su inevitable fin.
A veces, la sensación de incertidumbre es tan profunda que termina siendo arrastrado hacia el fondo —por esta razón, disfruta tanto generar lo mismo en sus víctimas—, y después, apenas puede verse a sí mismo frente a su reflejo en el espejo, porque ese hombre débil que aprecia en el cristal definitivamente no puede controlar todo lo que él hace diariamente.
El tibio calor de los rayos anaranjados le suavizan las facciones y Louis sabe que su expresión está siendo bañada lentamente por la inocencia de algo tan puro como lo es el astro rey; el castaño muchas veces quisiera simplemente derretirse ante el tacto y el suave deslizar de la caída del Sol para finalmente desaparecer.
—Amigo —alguien dice con tono cauteloso, ¡como si Louis fuese a gritarle a él! —, ¿estás bien?
Louis lo piensa un momento, ¿en realidad lo está? ¿o tan solo ha estado viviendo en una frágil burbuja de lujos y engaños que puede explotar en cualquier momento?
—No lo sé, Li —es lo único que dice antes de ver las últimas aves de la cálida temporada trazar el cielo con suaves aleteos. ¿Si fuese un ave las cosas serían mucho más fáciles? —. No tengo ni la más remota idea.
Siente el gran cuerpo de Liam deslizarse a su costado y posar un brazo a lo largo de sus hombros, el contacto es tan familiar que Louis podría echarse a llorar en este momento.
—Hey, tranquilo, sabes que las cosas se van a solucionar, nada está echado a perder. ¡Tú mismo lo dijiste! —anima el hombre dando un ligero apretón al hombro izquierdo del mafioso—. Ya verás que, en un abrir y cerrar de ojos, toda la carga estará de nuevo en tus manos.
—¿Sabes? Creo que lo de la mercancía está siendo tan sólo una excusa para mi estado de ánimo, últimamente siento que hay algo mal en mí, por alguna extraña razón me siento incompleto.
Liam frunce el ceño.
Él nunca ha escuchado hablar de esa manera a su amigo, y es realmente atemorizante ver como una persona puede hacerse a sí misma vulnerable con sus palabras al confesar algo —un pensamiento tan íntimo— en voz alta y frente a otra por mucho que se conozcan. Pero Payne entiende —bendito sea, porque él siempre lo hace— que es necesario que Louis exprese todo cuanto siente, porque después de todo, esas emociones son la reacción ante un estímulo y su cuerpo necesita liberarse de ello de alguna manera.
Así que, una idea —una solución práctica para el momento— surge en la mente de Liam en cuestión de segundos, como la pequeña y blanca estrella fugaz que surca el cielo a miles de kilómetros de distancia.
Y, siendo honesto, lo que tiene en mente tan sólo es una bandita para una represa, pero ¿qué más da? Al menos habrá contenido una gota.
—Lo que sucede, mi querido jefecito —bromea un poco, intentando aligerar las cosas—, es que no has tenido una buena mamada en siglos, ¿o me equivoco? —pregunta burlón porque sabe la respuesta, Louis se abstiene a contestar—. ¿Cuándo fue la última vez que te metiste entre las piernas de alguien?
El mafioso lo ignora decididamente, no piensa hacer caso a lo que Liam intente hacer en este momento, él no cederá.
—¡Han pasado siglos, compañero! —y lo sacude demasiado fuerte, el cabello de Liam cae ligeramente sobre su frente cuando sonríe.
Oh, no, por favor, la sonrisa de cachorro no. Se queja Louis en su interior y ya sabe lo que vendrá a continuación.
—¡Tengo una idea! —canturrea Liam tan animado que, si fuese físicamente posible, salpicaría su emoción sobre el fino traje de Louis. Sólo Clifford tiene permitido ensuciarlo, gracias—. Tú y yo tendremos una noche de chicos, ya sabes, toda esa mierda romántica que hacen los amigos en las películas que Viktor disfruta ver.
—No —Louis se limita a decir y Liam lo ignora simplemente parloteando aún más de cuán divertido será todo, y dirigéndolos hacia la salida.
Toda la situación grita: “¡peligro, huye cuánto antes!” y si Louis estuviese en su estado emocional normal, y no lamentándose por la posible incautación de su mercancía, estaría maldiciendo a su mejor amigo por hablar tanto y sin sentido.
—De nuevo, no, Li.
—¡Vamos, Tommo! ¿O el gran y poderoso mafioso de Inglaterra le tiene miedo a un par de shot de tequila?
—Sabes que no le huyo al alcohol, pero tus “brillantes ideas” siempre —impacta su índice sobre el pecho de Liam—, siempre, todo el maldito tiempo terminan mal, un día de estos nos costarán las cabezas.
Liam se ríe como nunca ha hecho y a Louis se le dibuja una pequeña sonrisa en el rostro. Payne lo tomará como una victoria.
El hombre más fornido toma su walkie-talkie y se comunica con el piloto privado de Louis: —¿Hans? Cambio.
—Aquí, Hans, ¿quién habla? Cambio.
—Es Payne, cambio.
—¡Hey, hombre! ¿El jefe necesita algo? —contesta de inmediato, Louis a su lado niega con la cabeza.
—Sí, debemos ir a Londres por un asunto urgente.
—¿En cuánto tiempo planean salir?
—De aquí a Londres nos hacemos una media hora más o menos, así que a las veinte y tres horas estaría bien, amigo.
—Copiado, capitán, prepararé el helicóptero ahora mismo —Louis arquea una ceja, ¿en qué momento se volvieron tan unidos? ¿A Liam no le disgustaba la presencia del piloto? ¿Cuándo cambió todo tan de repente?
—Genial, amigo, gracias. Cambio y fuera.
Liam guarda el walkie-talkie y Louis permanece a su lado.
—¿Desde cuándo te agrada mi piloto?
—Desde que me lleva de esta asquerosa isla a Londres cada dos semanas —sonríe, sus ojos oscuros ocultan algo más, pero Louis no consigue descifrar cuál es la mentira.
—¿Así que has estado usando mi helipuerto sólo porque sí?
—Exacto, es bueno saber que entiendes —y aprieta una de las mejillas de Tomlinson. Esta pequeña mierda.
—De todas formas, creo que debería saber a dónde pretendes llevarme —dirige la conversación con un tono de escepticismo.
—No lo creo, compañero, es una sorpresa —las manos de Liam juegan con el borde de su arma—. Y sólo te diré que te divertirás como nunca antes, el lugar es de estos sitios donde hay gente por doquier bailando y deslizando billetes en la ropa de alguien más. ¡Te va a encantar, es muy divertido!
—¿Vas a llevarme a un club de strippers? —dice con incredulidad.
Louis no ha estado en uno desde hace... Bueno, desde que tenía como veinte y cinco años y apenas estaba empezando a traficar hachís en viejas lanchas hacia África; todo lo que tiene son recuerdos borrosos y calientes de ese entonces.
—¡Oye! No es un club cualquiera, ¿de acuerdo? —contraataca Liam, ofendido—. ¡Es un club gay! ¿No es fantástico? Tendrás todos los culos que desees y que el dinero pueda pagar.
—¡Oh, Dios! ¡Liam debiste decirlo desde el maldito inicio!
—¿En serio? —pregunta incrédulo.
—¡Por el amor de todo lo que es ilegal, claro que no, Payno!
Y se permite reír de verdad, Liam lo mira totalmente indignado, pero aún así resopla un par de carcajadas cuando la expresión de Louis se suaviza.
—Muy bien, jefe, es suficiente —dice palmeando la espalda de Louis y guiando al mafioso a su habitación—. Ahora vamos a que tomes un buen baño, ¿de acuerdo? Te veo en dos horas y más te vale que uses ese maldito traje azul porque quiero presentarte a alguien.
Abre la puerta de la habitación de Louis y la cierra de golpe, el mafioso de nuevo se encuentra sólo con la compañía de un dormido Clifford sobre su cama.
Con pasos lentos y pesados se dirige a su baño y se refugia en él para permitirse, durante las próximas dos horas, disfrutar de la soledad.
Cuando el reloj da la hora acordada por Liam, el hombre aparece misteriosamente de la nada junto a Clifford, quien lo está olfateando sin poder reconocer su buen aspecto. Lleva un traje ceñido al cuerpo, muy parecido al de Louis, tan sólo que, en color marrón, y el cabello extremadamente fijo en su lugar.
Alguien debería bajarle a los productos de peinar, piensa Louis, mientras termina de abotonar la parte superior de su traje.
Si tiene que ser objetivo, luce endemoniadamente bien con lo que lleva puesto. Sus hombros se ven lo suficientemente anchos y sus piernas parecen una obra de arte, ajustadas tan bien a esos suaves pantalones, que a su vez amoldan a la perfección su trasero.
—Para no querer ir te ves demasiado bien.
—Si voy a hacer algo en contra de mi voluntad al menos espero tener algo de control en cómo me veo públicamente.
—Si tú lo dices —se burla Liam con una petulante sonrisa.
Ambos asienten cuando Louis ha cerrado las puertas detrás de sí, se ha asegurado previamente de que Clifford pase la noche acompañado de un par de sus hombres, y juntos toman el camino más corto hacia el helipuerto.
La noche está particularmente fría cuando llegan a la superficie totalmente descubierta, y el viento sopla con tanta fuerza que despeina un poco el trabajo que Louis ha hecho frente al espejo durante los últimos veinte minutos. Caminan uno al lado del otro, sus brazos cruzados cuando se agachan acercándose al helicóptero encendido que mueve sus hélices sin parar.
Liam abre la puerta por Louis y ambos ingresan a la cabina para abrochar sus cinturones y colocar sus auriculares de vuelo, en pocos segundos están recorriendo la oscuridad de la noche.
La luna llena se refleja en el agua bajo el helicóptero y un zumbido adormece el cuerpo de Louis cuando finalmente llegan a su helipuerto principal en su casa real a las afueras de Londres; son recibidos por sus guardaespaldas en cuanto la puerta de la aeronave se abre. Con un séquito de sujetos armados hasta los dientes, siguiendo cada uno de sus movimientos y comprobando las amenazas de sus alrededores, es conducido a una camioneta blindada con ventanas ahumadas.
La logística de transportarlo a la dirección que Liam le da al conductor tan sólo podría compararse a la del mismísimo Primer Ministro.
La larga y aburrida avenida que lo dirige hacia Londres está totalmente desierta, y tres autos más e iguales al suyo le siguen de cerca como medios de protección; las grandes casas poco a poco desaparecen y en su lugar empiezan a hacerse presentes los altos y característicos edificios llenos de luces brillantes. Louis nunca ha sido un fanático total de las grandes ciudades llenas de personas ruidosas y ambientes contaminados.
Las luces de los faros iluminan todo a su paso, las malas imitadoras nunca conseguirán hacerle justicia a la luna.
Una ridícula canción pop resuena en los altavoces del auto y el mafioso ordena quitarlo por algo muchísimo más de su agrado, Liam sonríe cuando detecta la pequeña sonrisa que se posa en el rostro de Louis cuando cumplen su orden, y no pasa desapercibida la manera en que mueve su cabeza de arriba abajo al compás de la batería.
Cuando llevan cerca de cuarenta minutos en el auto y Louis pretende regañar a Liam por la ridícula distancia, un edificio alto y de buen aspecto aparece en su campo de visión, el mafioso lo juzga sin dudar porque se ve extraño.
Hay una larga fila de autos lujosos haciendo fila para, al parecer, deduce Louis, poder ingresar al lugar. Ellos se colocan en la eterna extensión de automóviles, y pronto Liam le está dando instrucciones al chofer para que siga hasta el frente y se les atienda como merecen.
—¿Es una especie de juego para llamar la atención o...? —enarca una ceja en dirección de su amigo.
—El dueño del lugar es un amigo, y tengo acceso libre cada vez que quiera —dice Liam con una estúpida y gran sonrisa en su bello rostro.
Entonces, ellos están incorporándose al inicio de la fila en un santiamén y recibiendo bocinazos después, nada parece importarle a Liam cuando finalmente tienen el acceso libre para ingresar.
El auto desciende por una rampa suavemente en medio de una casi total oscuridad, y, en menos de cinco minutos, están aparcando en un lugar exclusivo y alejado del resto. El chofer abre la puerta para Louis y el mafioso observa todo con cuidado cuando sus caros zapatos de piel tocan el suelo.
Apenas hay iluminación, por lo que, Louis tiene que forzar sus ojos un poco, pero aun así, los costosos y ridículos deportivos de las otras personas son distinguibles conforme ingresan y buscan un espacio libre. Liam toca su hombro unos segundos después y le indica a Louis que siga la iluminación sobre sus cabezas, Louis pregunta por qué y su amigo le explica que es un código en el lugar para precautelar la seguridad de las personas.
Avanzan rápido, y con cada paso que dan se alejan más de su chofer, quien lo último que puede ver de ellos es su girar a la derecha y desaparecer luego de eso.
El par de amigos camina unos metros más y, finalmente, encuentran un gran y brillante ascensor plateado al fondo del pasillo.
Liam obtiene de su chaqueta una tarjeta y la coloca sobre el panel verde de aspecto sofisticado; las puertas del ascensor se abren de un sacudón y Liam toma a Louis de su brazo para finalmente arrastrarlo dentro.
Algo sorprendido, pero sin querer demostrarlo, Louis pregunta:
—De nuevo, ¿desde hace cuánto vienes a este lugar? —peina su cabello a través de su reflejo en la placa metálica frente a sí, optando por ocultar sus curiosos ojos de la sonrisa divertida de su amigo.
—Digamos que, desde que pude tener suficiente dinero como para gastarlo en lo que se me diera la gana, señor auditor.
—Mmm —tararea Louis y murmura algo más, que para los oídos de Liam suena como un “idiota”, pero está bien, ellos siempre son así.
Liam marca el único botón con bordes rojos del tablero y, en un instante, Louis siente la presión sobre sus hombros antes de que el ascensor se mueva.
Tardan apenas un minuto en estar donde deberían, Louis lo sabe porque el ascensor se ha detenido y una campanilla ha sonado sórdidamente; el mafioso toma una honda respiración como preparación, y, en un parpadeo, las puertas metálicas se abren para exponer sólo ante ellos la habitación más costosa que ha visto en su vida.
Una alfombra roja con detalles dorados como el oro cubre por completo el piso del lugar; luces brillantes, pero no lo suficiente como para ser invasivas a la vista, iluminan tenuemente los cuerpos que descansan y mantienen suaves conversaciones sobre mullidos sillones de cuero. Una especie de pasarela se encuentra en el centro de todo, proviniendo desde el fondo de una pared con telón borgoña, simulando el escenario de un teatro, y dividiendo el lugar en dos. Algunas barras de pole dance se distribuyen al contorno de todo.
No hay fuerte música como pensó que habría, tan sólo tonadas de fondo que van de acuerdo con los destellos costosos de las copas llenas de champagne que son llevadas por hombres cubiertos de pies a cabeza de negro.
Todo el espacio es refinado, y grita alcurnia, Louis por un momento se siente fuera de lugar, porque nunca pensó que a Liam le gustaría un sitio así, pero parecer haberse equivocado al hacer suposiciones tan rápido.
Piensa decir algo, salir de su anodación, pero, cuando abre la boca, todo se apaga y por primera vez consigue fijar su atención en la imagen más allá de la presencia ostentosa de los hombres en traje.
Aún parado junto a Liam por delante de la puerta del ascensor, Louis distingue Londres a través del ventanal, una hilera de pequeñas luces se abren paso en el horizonte y, aunque está lejos, el imponente Big Ben no pasa desapercibido.
La ciudad se ve diminuta, y es extraño contemplar una visión tan pequeña de algo que sabe no lo es. Londres es bastante grande.
Tan perdido como está en admirar, no siente el brazo de Liam aferrarse a su costado y dirigirlo hacia unos sillones situados entre los primeros, frente a la pasarela de cinco metros de ancho.
Liam se sienta a su lado y le brinda una copa de champagne, que Louis no tiene ni idea de dónde ha sacado tan rápido; todo continúa sumergido en la oscuridad de las bajas luces —intensidad reducida y expectación elevada— cuando toma con su mano la copa de vidrio delicado y se la lleva a los labios. Las burbujas de la bebida bajan por su garganta tan suavemente, que su cuerpo podría derretirse de ser necesario para poder probar de nuevo esa deliciosa sensación.
—Relájate un poco —comenta su amigo a su costado, antes de posar una pierna sobre la otra y abrir sus brazos sobre el respaldo del sillón de cuero que comparten.
—Lo estoy, sólo que, no he estado en un lugar como este desde hace mucho —los dedos de su mano izquierda rebotan sobre su rodilla—. En realidad, no he estado en un sitio como este, las extravagancias como estas no son lo mío.
Liam no dice nada por un momento y Louis piensa que lo ha ofendido de alguna manera, y, eso es antes de escucharlo burlarse: —¿Entonces es tu primera vez?
—Pequeña mierda —reprende Louis—. No olvides que sigo siendo tu jefe.
—Sí, señor— se burla Liam antes de sonreírle y decirle—. Hoy dejas de ser un virgen amargado.
Louis quiere enojarse, pero eso sólo le daría la razón a Liam; no es que sea un virgen, pero vaya que está amargado, y bueno, tal vez esta noche en realidad traiga algo de diversión a su monótona rutina.
En realidad, Louis está preparado para lo que sea que Liam haya pensado que es buena idea.
La tonada de fondo que los ha acompañado durante toda su estancia en el lugar aumenta lentamente de volumen, y, pronto, Louis observa como algunas luces se mueven sobre el telón del fondo.
—Ya va a empezar —informa Liam, y el castaño puede ver por su periferia cómo su amigo sonríe estúpidamente.
Entonces está sucediendo.
Una pierna y una muñeca doblada hacia abajo emergen detrás del telón borgoña y todos los murmullos de las conversaciones vecinas finalizan al instante. Louis se sienta recto y bebe de su copa intentando entender el asunto del acto.
Otra pierna y una muñeca aparecen del otro extremo del telón, y los aplausos alentadores no se hacen de esperar cuando un hombre rubio y sonriente hace su acto de entrada, y luego, como si fuesen cucarachas lo siguen siete sujetos más. Todos caminan con elegancia y paso firme sobre el escenario, y contonean sus esbeltas figuras ahora al ritmo de una canción que los hace lucir aún más impecables en su juego de seducción.
Pasan sus manos sobre sus pechos y empiezan coordinadamente a bailar. Piernas largas y firmes se deslizan sobre la pasarela, abriéndose lentamente hasta que sus glúteos tocan en suelo y sus pechos se inclinan hacia adelante, para dejar al descubierto el rebote indecente de sus traseros.
—¿Qué mierda? —exclama Louis sorprendido por la actuación, algo dentro de él arde ligeramente cuando uno de los bailarines lo observa y le sonríe—. Jodida mierda, ¿es por esto que secuestras a mi piloto todos los fines de semana?
Liam se ríe de su expresión y asiente.
—Es el mejor lugar en toda la ciudad— bebe un largo trago de su copa y continúa—. Y esto apenas es el inicio, mi querido Tommo.
—¿A qué te refieres? —Louis no lo entiende, ¿no es esta actuación vulgar todo lo existente en este lugar?
—Lo mejor está por llegar —toca su barba siguiendo atentamente cada movimiento que los bailarines hacen —sólo debemos ser pacientes y los enmascarados estarán en un momento —añade como si eso explicase algo—. Mi chico está ahí.
Y, ¿qué mierda? ¿Liam tiene a alguien en este lugar?
Como si sus pensamientos fuesen una especie de señal, los hombres del escenario descienden sensualmente por medio de las barras de pole dance, para inmediatamente acercarse a determinados sujetos a su alrededor.
Louis observa como el bailarín de hace unos minutos se apresura en su dirección, con coquetos pestañeos y suave sonrisa. El mafioso cree que tiene algo de suerte porque casi nadie ha sido elegido para contar con compañía en esta noche; pero cuando su brazo apenas se está alejando con la intención de tocar al bailarín, Liam lo detiene y le envía un ceño fruncido al hombre de poca ropa.
—Ya está reservado, Jonas —le dice, y Louis lo mira horrorizado. Primero lo trae a este lugar casi a la fuerza, ¿y ahora que está sentado en este mullido sillón ni quisiera le permite tocar a nadie? ¿Quién mierda se cree Liam?
—Yo veo que sí quiere algo de compañía —le responde Jonas con fingido tono agradable.
—Está reservado —repite su amigo y Louis recuerda que puede hablar.
—¿Qué mierda estás haciendo? —se gira hacia la izquierda y le susurra.
—Desechando lo que sé que no vale la pena. Jonas —dice de nuevo duramente—, piérdete de mi vista o le diré a Isaac que de nuevo estás siendo molesto e insistente con los clientes.
El bailarín parece horrorizarse ante las palabras y con una última mirada hacia Louis se apresura a buscar una nueva víctima y sentarse en su regazo.
—Me lo agradeces luego —le sonríe Liam, antes de apretar su hombro y hundirse de nuevo en el sillón.
Louis no entiende una mierda, pero sabe que, si Liam actuó de tal forma, en realidad fue por una buena razón; seguro tiene una buena excusa.
El ambiente se torna un poco pesado cuando Louis ve a su alrededor, la mayoría de los hombres en el lugar tienen a alguien sobre sí y sonríen ridículamente grande. Brazos enrollados alrededor de las cinturas de los bailarines, y cabezas metidas en sus cuellos; algunos hasta han osado besarse y tocarse de más.
La situación es algo incómoda cuando se está solo, en un cuarto lleno de hombres atractivos y coquetos; así que, como si el Universo se compadeciera de él, la luz baja de nuevo de intensidad y Liam silba con sus dedos metidos en su boca.
—Es momento del verdadero espectáculo —le grita Liam con entusiasmo y Louis no sabe qué esperar de ello, porque a su parecer, el anterior fue uno bueno.
El telón se cierra por completo y el mafioso escucha algo que no logra distinguir en medio del silencio del lugar.
Entonces, de pronto, todo está totalmente en silencio, y al siguiente segundo el sonido de la caída del telón al piso lo desconcierta.
¿Qué se supone que es eso? ¿Una obra de secundaria de bajo presupuesto?
Louis no entiende nada, y mucho menos comprende cómo es que unas jaulas gigantes cuelgan del techo con hombres dentro de ellas, mientras bailan extrañamente felices, ¿es eso tan siquiera seguro para alguien? Porque, vamos, podrían caer y aplastar a cualquiera en el suelo.
Dejando de lado su anodación por las jaulas colgantes, Louis regresa la vista al frente y observa algo que Liam advirtió: hombres usando máscaras.
¿Es esto una extraña fiesta de disfraces excéntrica a la cual no recibió invitación?
Estos inesperados bailarines caminan fuertemente con sus piernas firmes y tonificadas; y seguro pasan varias horas al día ejercitándose para tener la complexión que gozan, porque... ¡Mierda! es un verdadero espectáculo verlos deslizarse lentamente como plumas en el viento.
—Liam —llama Louis nerviosamente, y lo único que recibe por respuesta es un sonoro “shhh” como cortesía de su amigo.
El mafioso se siente abrumado cuando los hombres empiezan a rodar las caderas en círculos y descender salvajemente sus manos sobre sus piernas, para dejar su trasero en alto. Mueven el culo como si fuese lo único a lo que su cuerpo estuviese acostumbrado, tan flexibles y tentadores.
Cuando han permanecido lo suficiente agachados —Louis siente que ha pasado siglos viendo los redondos traseros—, los bailarines enmascarados emergen de nuevo doblando las piernas y abriéndolas mientras rebotan sobre ellas un par de veces antes de al fin levantarse y dirigirse hacia las barras de pole dance.
Todos observan como estos hombres se sujetan firmemente con sus manos a las barras y empiezan a deslizarse por ellas hasta el suelo; unos cuantos permanecen en el escenario y Liam le golpea el costado con su codo.
—Ahora viene lo bueno —y Louis no entiende una mierda.
Los bailarines se desplazan por el lugar coquetamente y eligen a sus víctimas lentamente.
—Ahora van a sentarse en el regazo de quien ha llamado su atención —explica Liam y Louis espera desesperadamente ser elegido—. No estés ansioso, Tommo —le susurra moviendo su rostro hacia el frente, haciéndole retirar la mirada de los enmascarados—, ninguno se fijará en ti.
—¿Por qué? —responde molesto, ¿para qué diablos ha venido a este lugar, entonces?
—Porque te he conseguido a uno de los mejores y ya estás tomado —una mano le aprieta el hombro y Louis levanta una ceja—. Hice una llamada antes de venir, y mi chico habló con uno de sus amigos y este aceptó ser tuyo por esta noche, al parecer el chico tuvo que cubrir a alguien más y tenía disponibilidad.
—Entonces, ¿me preparaste una cita a ciegas? —concluye y se burla de Liam, quién sólo se ríe a su costado.
—No somos unos malditos adolescentes, y llámalo como quieras —se encoge de hombros indiferente—, pero te he asegurado una buena noche, este chico es increíble —el mafioso lo mira expectante—. Nunca he estado con él, pero mi chico dice que es de los buenos y es muy solicitado; rara vez se involucra con alguien, pero cuando lo hace, vale cada maldito centavo.
—¡Gracias a Dios! —rueda los ojos—. Soy muy afortunado si ese sujeto ha aceptado, no sé qué haría sin ti Payno.
Liam no detecta el sarcasmo así que asiente.
—Realmente eres un suertudo, te has llevado el premio mayor esta noche.
Louis niega, pero de todas formas se gira hacia el frente y observa el nuevo ingreso y, por supuesto, bien recibido de más bailarines.
De la nada, un par de largas telas descienden al centro del escenario y un aro gigante permite que un cuerpo cubierto por un corto traje ceñido y rojo se sostenga en el aire. Las lentejuelas brillan con la poca luz, y la mandíbula de Louis se abre, y este analiza los movimientos bien ensayados del nuevo enmascarado.
Sus piernas se sostienen fuertemente a la delgadez del aro de acero que lo mantiene sobre el resto de los hombres, los del escenario corren hacia las telas que llegan al suelo y suben por ellas sin dudarlo. Pronto brazos y piernas fuertes se envuelven y deslizan por la suave extensión colgante.
Liam aplaude cuando los hombres se aseguran y caen teatralmente sin siquiera tocar el suelo, Louis sigue con su mirada a cada uno de los bailarines, pero el hombre del aro roba su atención sin dudarlo.
Su amigo le golpea el brazo izquierdo.
—Veo que te gusta ese, vaya suertudo eres realmente, porque ese es el tuyo.
Entonces, Louis está feliz por la elección de Liam porque el cuerpo del hombre es divino. Extremidades largas y fuertes le pertenecerán esta noche, y jodida mierda, el mafioso lo va a gozar realmente esta noche. Todos sus problemas han quedado en el olvido.
El hombre del aro hace extraños movimientos sobre el aire sujeto sólo por una pierna, y, por un momento, Louis piensa que puede caer, pero el enmascarado tan solo se sujeta aún más y aprieta sus manos un segundo después al metal.
Louis está siendo hipnotizado desde su posición en el sillón, Liam realmente le ha conseguido al mejor de todos.
El aro termina su descenso y cuando finalmente el bailarín toca el suelo, el resto de hombres le acompañan en su caminata hacia las barras de pole dance.
—Ahora vas a conocer a mi chico y a su amigo —le dice Liam, con una sonrisa en el rostro.
Los enmascarados se sujetan al frío metal y, el designado para Louis, se detiene un segundo para mirarlo por primera vez.
Un choque eléctrico le recorre el cuerpo a Louis cuando un par de ojos brillantes le analizan el rostro, no puede distinguir ninguna facción del enmascarado, pero nota lo ligero que luce su rizado cabello peinado hacia un costado.
El mafioso se queda estático cuando un guiño es dirigido hacia él.
Louis traga con fuerza y siente desfallecer cuando el habilidoso bailarín gira su cuerpo rápidamente y, en menos de un segundo, se encuentra de cabeza con las piernas dobladas en extrañas posiciones y señalando distintas direcciones.
—¿Me conseguiste a un jodido gimnasta o que mierda? —le dice a Liam, y él no responde tan atento a su propio muchacho.
El bailarín de Louis hace más movimientos y eso llama de nuevo la atención del mafioso, quién ahora tienen una expresión de asombro cuando ve cómo los brazos del enmascarado se encuentran sobre su cabeza mientras lleva su cuerpo hacia abajo contra el tubo; la polla de Louis puede o no haberse endurecido y aumentado de tamaño durante los últimos minutos. Coloca una mano sobre su entrepierna y se acaricia un poco siguiendo los firmes movimientos de su chico por esta noche.
El bailarín llega hasta el final del metal y abre sus piernas deliciosamente lento, los ojos de Louis viajan hacia su centro y nota la creciente erección del bailarín contra su vestimenta baja.
Louis fija su mirada como un imán al metal sobre el cuerpo del rizado y le sonríe con petulancia; todo él será suyo por unas horas, y el estar recibiendo este espectáculo, con las demás personas todavía presentes en la habitación, le está molestando.
—¿Todo su número será aquí? —habla sin más, y sin quitarles los ojos de encima al enmascarado bailarín.
—¿Te está gustando, no es así? —Liam evita la pregunta.
—Sabes que no me gusta compartir lo que es mío, y él lo es esta noche.
—Sí, bueno, esta parte es el espectáculo general —Liam se encoge de hombros mientras habla—. Tú recibirás más a solas en unos minutos, y podrás hacer lo que quieras con el muchacho.
—De acuerdo, ¿hay cuartos en este lugar o todo es en esta sala?
—¿Ya estás ansioso de estrenar tu polla de nuevo?
Louis rueda los ojos, como las cinturas de los bailarines hacen en el escenario, movimientos lentos y ensayados.
—Sólo tengo curiosidad porque, bueno, tú sabes, nunca he estado en este lugar y no sé cómo funcionan las cosas.
—Bien, te explicaré —empieza Liam, bebiendo de su cuarta copa de champagne—. Los primeros que salieron son los de uso general, por llamarlos de alguna manera; sus servicios no son tan eficientes y pueden dejarte en cualquier momento si consideran que tu paga y atención están siendo bajas —Louis asiente, observando a su alrededor y confirmando que varios de los hombres se han desplazado al regazo de otros—. Los segundos, me refiero a aquellos que bailaron antes nuestros chicos estuvieran en el aire, son un poco menos accesibles; ya que, los solicitan con unas horas o hasta días de anticipación porque son de mejor calidad; los reyes de los movimientos de caderas y esas mierdas —sorbe de nuevo—. Permanecen contigo toda la noche siempre y cuando puedas costear licor caro y regalos anticipados.
Louis se siente realmente impactado por lo dicho, nunca creyó que este lugar tuviese un sistema tan minuciosamente establecido, realmente Liam sabe en qué lugares meterse.
Su mejor amigo suspira cuando inicia de nuevo.
—Y, seguro te estás preguntando dónde entran nuestros chicos —sus ojos viajan al bailarín que ahora da vueltas en el aire, sostenido a la barra de metal sólo por la fuerza de sus brazos—. Ellos son lo mejor de Phonx, son los únicos en el lugar que tienen permitido acostarse con los clientes, además de los que estaban en las jaulas, claro, con quienes se hacen subastas de juego. Todos ellos son extremadamente exclusivos, y tienen sus clientes fijos. No se meten con cualquiera, tan solo unos cuantos tienen el permitido hacerlo, porque son realmente selectivos en ese aspecto —Liam silba hacia un muchacho de cabello oscuro, mientras este le lanza un beso—. Los dueños del lugar, es decir, mi amigo y su hermano, revisan el historial de todos con quienes duermen y hasta tu aspecto físico es analizado antes de poder ingresar a la reducida lista de afortunados.
—¿Y cómo mierda es que yo he conseguido acceso para poder tener al lindo rizado?
—Todo es gracias a mí —Liam sonríe, palmeando la espalda de Louis—. Simplemente dije que eres mi jefe y ellos decidieron darte un lugar; además, uno de ellos dijo que estás caliente como el infierno y fuiste aceptado sin siquiera enviar un expediente.
—Vaya, lo que puede conseguir el dinero y un buen rostro.
—Sólo el dinero, amigo, estás feo como la mierda.
Louis se ve notablemente ofendido y Liam se burla de él.
—Sabes que bromeo —el silencio se acentúa unos segundos y Louis ve de reojo cómo los bailarines empiezan a deslizarse por las barras externas del escenario, para finalmente estar en el suelo alfombrado de la habitación—. Lou, una cosa más antes de que nos separemos —advierte Liam, viendo fijamente al castaño—, sólo puedes acostarte con el muchacho si él lo quiere de esa manera, no puedes obligarlo a nada que él no quiera, y sé que no lo harás; pero, si él no se siente cómodo con tu presencia, inmediatamente llamará a los guardias y estos llegarán a ti tan rápido que no sabrás en qué momento terminó tu existencia.
—¿Este lugar es un club o una cárcel?
—Es por seguridad de los chicos, los cuidan como a dioses; Isaac y Dante se aseguran de que nada malo les suceda mientras están con los clientes y, bueno, quiero continuar asistiendo al lugar; así que, no hagas nada estúpido.
—No lo haré —promete el mafioso—, podrás continuar asintiendo al lugar y follar con tu chico exclusivo.
—Gracias, lo aprecio mucho —dice, antes de levantarse y acercarse al delgado enmascarado de cabello negro que lo espera. Ve cómo ambos comparten un beso apasionado cuando Liam le retira la máscara, y Louis aparta la mirada cuando siente que está siendo demasiado entrometido—. Nos vemos luego, jefe —se despide Liam, tomando la mano de su bailarín.
Louis observa cómo desaparecen entre un largo pasillo y puertas alejadas.
Alguien toca su hombro y su cuerpo se tensa al instante, su polla se contrae un poco cuando dos manos se colocan sobre sus hombros y luego una de ellas le levanta el rostro.
—Hola, hola —saluda el sujeto antes de inclinarse y dejar una caricia con sus labios sobre los de Louis, el fantasma de un beso se acentúa entre ellos, a Louis se le corta el aliento—. ¿Estás listo para irnos? —canturrea coqueto, el arrastre de palabras es hipnotizante.
—Y-yo… — Louis no sabe qué decir, el bailarín continúa toqueteando sus hombros y ahora su cabello.
—¿Acaso te he robado las palabras con ese pico? —tienta el rizado—. Vamos, cariño, que no soy un dementor y no te he robado el alma —dice juguetón—. A menos que desees eso, ¿quieres que te bese y te chupe algo más, corazón?
Y mierda, la respiración de Louis se ha detenido por completo, su corazón ha empezado a bombear más de lo debido y su polla se ha contraído contra su ropa interior.
—Levántate, amor —llama el bailarín y Louis se deja guiar por lo que dice—. Te llevaré a un lugar más tranquilo donde estoy seguro de que podrás hablar correctamente.
Louis toma la mano del hombre y pronto están caminando hacia el mismo lugar donde vio a Liam desaparecer.
La vista del mafioso deambula por el cuerpo del enmascarado, su bella espalda se mueve conforme él balancea sus caderas; su redondo trasero resalta tanto bajo su traje rojo y apretado que Louis quiere tocarlo.
Llegan frente a una puerta y se detienen unos segundos antes de que el rizado la abra para ambos, la cierra cuando Louis ha ingresado por completo.
Más sillones mullidos, pero rojos en este cuarto, están colocados cerca del ventanal que les da la increíble vista al oeste de la ciudad. Las paredes están llenas de extraños objetos de cuero que se sostienen por pinzas de metal clavadas como sostén.
Una mesa de billar descansa en medio de todo, junto al bar lleno de licor costoso a la derecha. Cada pequeño detalle de la habitación se ve ordenado, incluso la gran cama de tres plazas tendida; hay pétalos esparcidos sobre la superficie intentando darle un aspecto romántico a la escena erótica que pronto tendrá cabida.
¡Santa mierda, Louis va a follar!
Sus manos se sienten como gelatina porque no lo ha hecho en mucho tiempo, parece un maldito adolescente en su primera vez. Tal vez Liam tenía razón.
El bailarín le da la espalda, y cuando se gira, Louis ve al ser más atractivo que ha contemplado en mucho; ya no tiene la máscara ocultando e impidiéndole exponer su belleza al mundo. El mafioso analiza cada pequeño rasgo del rostro del bailarín y sonríe complacido con la especie de dios que tiene frente a sí.
Ojos verdes y dulces, pero a la vez imponentes, le miran con intensidad; sus labios rojos y redondos han sido tallados por días para, después, ser depositados en el lugar exacto antes de dejarlos sobre su piel para siempre. Piel de porcelana y extremadamente delicada le recuerda a Louis la canción de cuna sobre ángeles que su madre le cantaba de niño. Esta narraba la historia de querubines caídos y despojados, tan bellos como los mismos compañeros alados de Dios, que entre cánticos y transformados en seres humanos conquistaban corazones y robaban almas para poder romper su propia maldición.
Tal vez este ángel sí es un dementor.
—¿Cuál es tu nombre? —le sonríe el bailarín tímidamente, de repente ha dejado de intimidar tanto a Louis por su coraje.
—Louis, ¿y el tuyo?
—Tengo muchos nombres y dependiendo de quién pregunte hay uno nuevo —merodea el espacio con las manos entrelazadas en su espalda—. Dime, Louis, si ese es tu nombre real, no te juzgaría si usaras uno falso porque todos aquí lo hacen, ¿no eres tan imbécil como para darme tu verdadero, cierto?
El ojiazul traga, ¿se suponía que debía mentir? ¿No es este lugar exclusivo y todas esas mierdas?
—Claro que no lo es— intenta salvarse a sí mismo.
El bailarín se ríe y niega divertido. —Eres un mal mentiroso, ¿realmente así eres el líder de una mafia, o tus enemigos son aún más tontos?
De acuerdo, Louis se siente ofendido, y no ha venido hasta aquí a recibir burlas de nadie, ni siquiera del joven sin nombre que se ha servido una copa del bar.
—¿Y tú siempre tratas tan mal a tus clientes? —contraataca Louis, él puede ganar este juego.
—Sólo a los guapos y con dinero suficiente como pagar una noche y no arrepentirse de ello a la mañana siguiente, porque mis servicios no son nada baratos, cariño —se burla el otro hombre y se bebe de un solo trago el contenido rojo.
—Oh, ¿en serio? Debiste decirlo antes, me siento sumamente halagado ante tu generosidad —el sarcasmo se marca en exceso en su tono y el bailarín se carcajea cuando Louis pone sus ojos en blanco.
—Eres gracioso, me agradas —el bailarín permanece en silencio un segundo y luego habla—. Y sólo por eso podrás follarme las veces que quieras.
De acuerdo... ¿Qué? ¿Louis ha ganado? ¡Por supuesto que lo ha hecho, él es un jodido vencedor! Siempre tuvo fe en sí mismo.
—Creo que es lo mínimo que merezco después de tantos atropellos de tu parte.
—Sí, bien, no te acostumbres a ello —se encoge de hombros, antes de servir dos copas esta vez y extender una hacia Louis
El mafioso camina cauteloso, sintiéndose una presa bajo la atenta mirada jade del bailarín. Toma la copa y huele un poco el licor vertido en ella.
—¿No hay tequila en este lugar?
—Oh, sí lo hay. Tan sólo que a mí me gusta más el whisky.
—Seguro, como es más costoso —dice Louis con petulancia antes de beber. La realidad es que, el whisky es su bebida favorita, pero no piensa compartir eso con el bailarín sin nombre.
—¡Pero si el dinero no es problema para ti! —se queja engreidamente el rizado, pero Louis siente la diversión en sus palabras.
—Tranquilo, ángel, puedes tomar lo que sea de este bar.
El ojiverde hace una reverencia, y Louis se ríe de su ridículo comportamiento.
—Oh, gracias, mi señor, es usted un total caballero.
La carcajada que Louis suelta no debería sonar tan ruidosa, pero aun así lo hace, y pronto ambos terminan riendo y chocando sus copas como un brindis de celebración por su extraña conversación.
—Bien, ¿quieres que te muestre todo lo que puedo hacer mientras observas o… —empieza el rizado observando todo el espacio a su alrededor—, quieres que te la chupe de una vez? —Louis casi escupe el whisky que intentaba tragar cuando las palabras toman sentido en su cerebro.
¿Se supone que hagan las cosas así de rápido?
—En realidad... —carraspea, el licor le ha calentado la garganta—. En realidad, me gustaría saber de lo que eres capaz, he escuchado muchas cosas sobre ti.
—¿En serio? —hay cierta ilusión en su tono, pero se recompone rápidamente—. Quiero decir, ¿realmente lo has hecho?
Louis se aleja un poco del muchacho y camina con dirección a los sillones antes de tomar asiento justo en el centro del más amplio de todos.
—Sí, y quiero ponerte a prueba, ¿serías bueno para mí?
Los rizos del ojiverde se sacuden cuando asiente y Louis quiere pasar sus manos sobre ellos y peinarlos de regreso a su lugar.
—Puedo serlo.
—Bien. Entonces, demuestra lo que sabes hacer, ángel.
El apodo parece remover algo en el bailarín que Louis logra captar, parece querer decir algo, pero el mafioso lo interrumpe.
—Espera un momento, no podemos hacer esto si no sé tu nombre —el rizado se mantiene estático en su lugar y sólo analiza a Louis, parece esperar otro comentario, pero este no viene; así que, suspira cuando cuando dice—. Me llamo Harry.
—Lindo nombre, ahora ven aquí y ocupa el lindo trono que has ganado en el Cielo —concluye Louis, antes de palmearse los muslos y hacer que Harry se dirija hacia él.
El ojiverde camina como un cervatillo atrapado, luciendo torpe mientras arrastra los pies sobre la alfombra con sus brazos detrás de su espalda y una sonrisa traviesa en su rostro.
—¿Acaso eres Dios?
—No, pero por ti podría serlo esta noche —la mano de Louis cae sobre la cintura de Harry cuando este posa su trasero sobre sus piernas. Louis le aprieta la carne de la zona expuesta—. Quiero que me muestres de lo que eres capaz.
—¿Puedo besarte? —susurra Harry, mordiendo su labio inferior—. Es con fines de sensorialidad, la experiencia es mejor cuando se hace de esa manera.
Y Louis no duda ni un segundo cuando toma la mandíbula del hombre con fuerza y pega sus labios bruscamente. No hay movimientos delicados sobre la piel del otro, es casi obsceno, dientes y lengua chocando con los del contrario sin otra razón más que la de intentar conectar a dos seres cargados de deseo.
El mafioso muerde los redondos labios del bailarín y este gime cuando Louis lo atrae más cerca, tomando entre sus dedos hebras de cabello rizado y tirando ligeramente de él; apenas toman aire cuando sus bocas se separan, porque, al siguiente instante, es Harry quien besa a Louis.
La temperatura del lugar asciende con rapidez, manos rápidas y dedos traviesos juegan con los botones de la camisa de Louis que, finalmente, son desabrochados, dejando en exposición una fina capa de vello sobre su pecho. Harry se remueve un poco y pasa sus piernas a los costados de los muslos de Louis, la posición cambia magníficamente.
Cuando Harry termina el beso, una hilera de picotazos rápidos sobre el cuello de Louis inicia; la respiración del mafioso es pesada cuando sus manos aprietan el culo de Harry con fuerza, robándole un jadeo de sorpresa.
—¿En qué momento dije que estaba permitido tocar? —molesta el rizado, dejando marcas rojas en el cuello de Louis, dientes y lengua marcando lo que le pertenece.
—Y-yo lo siento —se disculpa el ojiazul, retirando sus manos casi quemando al recordar las palabras de Liam—. Pensé qu-
—Es broma, cariño —se ríe contra el hombro y la clavícula de Louis, sus manos viajan a las del castaño y las posa de nuevo en su trasero—, puedes tomar lo que quieras de mí, soy tuyo esta noche.
“Esta noche”. Louis no quiere sólo eso, teniendo al hombre tan dispuesto para él en este instante.
—¿Quieres ver algo fascinante? —pregunta coquetamente el bailarín, deslizando su culo sobre la polla dura de Louis, ha estado de esta manera demasiado tiempo y la estrechez empieza a fastidiarle.
—Quiero —y toma de la nuca al hombre para besarlo de nuevo. Harry lentamente baja de las piernas de Louis, y se separa del beso.
El mafioso realmente confundido lo mira irse, pero luego entiende por completo las acciones del otro hombre.
El rizado toma un control que se encuentra sobre la barra del bar y oprime un par de botones que provocan que las cortinas del ventanal se cierren lentamente. Las luces de la habitación bajan considerablemente de intensidad, y música de fondo empieza a sonar cuando el hombre camina de regreso; el bailarín contonea sus caderas en su paso, y desliza sus brazos de arriba abajo sobre su cintura, sus hombros sobresalen con cada movimiento lleno de sensualidad.
Con un rápido giro de caderas dirigido a Louis, Harry desliza sus ojos sobre el cuerpo del hombre antes de guiñar y detenerse justo frente a él con una sonrisa coqueta en el rostro.
El tiempo parece detenerse para el mafioso cuando las piernas de Harry se doblan un poco y pronto el centro de su cuerpo sube y baja con sus brazos extendidos hacia el frente; el trasero del bailarín sube y baja por unos segundos al ritmo de la música y Louis quiere levantarse y tocarlo.
Harry sonríe sobre su hombro antes de caminar hacia Louis y alzar una pierna al vacío, esta cae fuerte pero delicadamente contra la alfombra y genera la rotación del cuerpo del bailarín; ahora el rizado está de espaldas a Louis y el mafioso tiene la impresionante vista del trasero del ojiverde ante sus ojos.
Lentamente Harry se inclina hacia el frente y Louis queda petrificado cuando un rápido y ejecutado movimiento de trasero se realiza justo frente a sus narices. La atenta mirada de Harry sobre sus hombros lo pone nervioso, y el ojiazul tanto solo puede tragar la espesa saliva atorada en su garganta. El hombre de traje rojo se inclina aún más y desliza sus manos sobre su culo redondo mientras tentadoramente se sacude tanto como le es posible, de pronto y sin previo aviso, algo lo desconcierta: una pesada mano está cayendo justo sobre su mejilla derecha, y la acción le saca un jadeo de sorpresa.
Louis lo acaba de golpear y eso sólo ha conseguido excitarlos más a ambos.
El rizado se da la vuelta tan seductoramente como puede y se ríe ligeramente antes de pasar una mano por su cabello y crear una especie de “s” en su cuerpo mientras su otra mano recorre su pecho inquieto. Camina hacia el extremo izquierdo del sillón donde Louis mira fascinado su propio baile privado, con seductora sonrisa Harry coloca sus manos sobre sus rodillas y se inclina sobre el espacio de Louis antes de besarlo un poco; su trasero queda a total disposición del toque rudo de Louis cuando su mano se dirige allí.
Louis amasa la carne con fervor, como si este hombre con cuerpo de Dios pudiese desaparecer en cualquier momento y dejarlo con la dolorosa erección en medio de sus pantalones.
El bailarín se aparta de Louis cuando este intenta acceder a su ropa interior y se coloca de nuevo frente a él, para continuar con su trabajo, no sin antes, arrastrar sus delicados dedos sobre la caliente polla vestida de Louis.
—No juegues conmigo —reprende Louis ansioso, el bailarín finge no haberlo escuchado para molestarlo más.
El trasero de Harry queda casi a la altura del rostro de Louis cuando lo mueve en círculos y sus piernas se doblan hasta el punto de permitirle descender por completo; con su cuerpo atrapado en medio de las piernas de Louis, Harry se recuesta y echa su cabeza hacia atrás para ver el rostro del atractivo hombre que lo tomará en pocos minutos. Si el bailarín tuviese que ser realista, diría que está realmente ansioso por lo que obtendrá.
Otro beso es depositado en los apetecibles labios del rizado, antes de que este se separe del mafioso y se posicione en cuatro.
—¿Tan deseoso estás? —juega Louis antes de golpear de nuevo el trasero de Harry.
—Pensaría que el ansioso es otro —se burla el bailarín conforme desliza su pecho sobre el suelo; la simple toma de las piernas dobladas hacia el interior del cuerpo de Harry mientras avanza, provoca que Louis suelte un gemido sonoro—. Zayn me debe cien dólares.
—¿Quién es Zayn y por qué estás hablando de alguien más cuando yo estoy presente? —Louis realmente suena molesto, él detesta compartir.
El bailarín se ríe cuando está extendido por completo sobre el suelo.
—Es quién está en este momento con tu amigo y acaba de perder una apuesta —le dice y antes de que Louis pueda decir algo, Harry empieza con el verdadero propósito de sus movimientos.
Levanta su cadera y la acción llama la atención de Louis de inmediato; el mafioso no cree lo que ve hasta que realmente se pellizca el brazo y se asegura de que no es falso lo que sus ojos ven: Harry está rebotando su culo y sacudiéndolo como si no existiera un mañana, mientras el ojiazul sigue cada movimiento baja su atenta mirada.
El trasero de Harry salta unas treinta veces, mientras su dueño tararea una parte de la canción que aún resuena en los altavoces ocultos de la habitación.
Sinking.
Sinking love.
Louis se siente hipnotizado por cómo la jugosa carne de Harry se sacude, tanto así que, podría babear en este momento mientras seca sus sudadas manos sobre la tela de su pantalón de traje, definitivamente es un maldito adolescente. La cabeza de Harry es llevada al lado izquierdo de su cuerpo, y desde su posición, en la sumisión e indefensión total, observa cómo luce el excitado rostro de Louis.
Sus pómulos están más sobresalientes de lo normal y sus finos labios están siendo recorridos por su ávida lengua cada tres segundos, tal vez la iluminación en este momento no sea la mejor de todas, pero Harry sabe a ciencia cierta que no hay ser en este mundo que pueda lucir tan etéreo lo hace el mafioso en un momento como este.
Las manos de Louis parecen tomar vida propia cada vez que Harry se expone ante él, porque, mientras el bailarín lo contempla, los traviesos dedos de Louis delinean la curva de su espalda baja.
Tal parece ser que el mafioso no resiste más la tentación del cuerpo extendido de Harry sobre el suelo, porque de un momento a otro lo toma de la cintura y lo sienta sobre sus piernas. Harry parece sorprendido por la fuerza de Louis, pero se ríe de él cuando se levanta y se sienta de nuevo con sus piernas a los costados de los muslos de Louis.
Con movimientos totalmente ensayados el bailarín arrastra su pelvis sobre la polla de Louis, el mafioso sisea cuando siente el roce y aprieta aún más el culo de Harry sobre sí mismo. Al rizado parece agradarle la sensación porque aumenta la velocidad de sus giros de cadera y lleva una mano al cuello de Louis, apretándolo un poco en su estado de excitación, el mafioso sorprendido por la acción cierra sus ojos y desliza una mano sobre su entrepierna.
—Si quieres matarme este es el momento, mocoso.
—Tengo mejores cosas planeadas —se calla un segundo respirando fuertemente—. Uh, mira lo que tenemos aquí —responde Harry extrayendo el arma del pantalón de Louis—, podríamos jugar un poco con ella.
—No es un juguete —dice Louis con el ceño fruncido al sentir cómo Harry detiene sus movimientos y apunta con la pistola hacia su derecha.
—Silencio, Charly, estoy en una misión en este momento.
—¿Y cuál sería esa misión, ángel travieso?
Harry finge pensárselo un momento antes de colocar el arma en las manos de Louis y enrollar sus brazos alrededor del cuello del mafioso. Sus respiraciones se mezclan cuando el bailarín se inclina y lame los labios de Louis.
—Conseguir una buena follada —susurra antes de besar con lujuria al mafioso.
Louis retira los cartuchos del arma mientras se besan, la alfombra es golpeada por el sórdido sonido de la alimentadora cayendo, y el hombre le coloca de nuevo el seguro a la pistola antes de deslizar sus manos hacia el trasero de Harry.
Con un movimiento veloz Louis eleva a Harry de su regazo y hace que este enrolle sus piernas alrededor de su cintura; el mafioso los dirige a la superficie alta más cercana de todas, y la encuentran segundos después sobre la mesa de billar.
Harry siente cómo su trasero golpea contra la madera cubierta por el paño verde característico, y algo en su interior se clava en un punto sensible que le arranca un pequeño gemido involuntario.
Firmes labios someten a los suyos en un parpadeo, al tiempo que sus manos trabajan tan rápido como pueden para posarse en los fuertes pectorales de Louis, siente cómo su pecho se eleva con cada sonora respiración y gemido que profiere cuando toca los sensibles pezones del mafioso.
El ojiazul recorre cada pequeño pedazo de piel de los muslos del bailarín y cuando llega a su culo, lo atrae más hacia su propio centro con su mano izquierda, el arma sostenida en su mano derecha viaja hacia la sien de Harry y este siente el frío del cañón apuntarle la cabeza.
—¿Vas a matarme ahora o dejarás que te la chupe? —molesta, cuando el arma le recorre el contorno del rostro y finalmente llega a sus labios.
—Abre —pide Louis y Harry obedece sin protestar. Su boca oculta buena parte de la corredera metálica y el mafioso sonríe cuando ve que los labios de Harry se cierran adecuadamente al tamaño del arma—. Hum... Tienes una linda boquita, y estoy seguro de que tus labios se verán mucho mejor alrededor de mi polla.
Harry asiente a las palabras y cierra sus ojos imaginando que es a Louis a quien tiene en su boca, el mafioso retira el arma lentamente y la deja caer sobre la mesa de billar antes de tomar con fuerza el mentón del bailarín.
—¿Vas a ser bueno para mí, ángel? ¿Quieres serlo, o deseas que te encañone los sesos?
—Q-quiero ser bueno para ti, seré bueno para ti, Monsieur —y el empleo de la palabra en francés vuela la mente de Louis.
—Pero mira, ¿qué tenemos aquí? Mi pequeño ángel pude hablar la lengua del amor —sonríe complacido, cuando nota lo dilatadas que lucen las pupilas de Harry—. Veamos qué más puedes hacer con esa boquita y habilidad tuya —toma de los muslos al ojiverde y lo coloca en el suelo antes de demandar firmemente: —Ahora reza para tu dios, mi inocente ángel.
Harry cae sobre sus rodillas súbitamente y lame sus labios cuando su rostro queda a la altura de la entrepierna de Louis, nota como la silueta de la polla del hombre resalta por sobre su ropa y la sola imagen provoca que cierre los ojos un segundo antes de llevar sus dedos hacia la bragueta del pantalón del mafioso.
Louis contiene la respiración cuando siente la palma de Harry reposar con fuerza sobre su polla, el castaño se inclina hacia el toque y gime cuando el bailarín empieza a bajarle la ropa interior.
—Vas a tragar cada gota que arroje a tu garganta, ¿escuchaste, amor? —Harry asiente cuando por fin expone la polla de Louis.
La polla del hombre se irgue frente al rostro de Harry, venas sobresalientes van desde la base hasta el glande rojo e hinchado que resalta en la punta. Louis involuntariamente mece las caderas hacia el frente y golpea la mejilla de Harry, el ojiverde cierra los ojos cuando siente la caliente carne y el resbaladizo líquido preseminal en su rostro.
Una pequeña capa de vello decora el cuerpo de Louis desde su ombligo hacia el sur de su cuerpo y Harry quiere enterrar su nariz en él para inhalar tanto de la esencial del otro hombre como sea posible.
—¿Listo para tomar lo que te pertenece y pecar por mí, ángel? —dice Louis desde arriba, y Harry se obliga a levantar la vista y observarlo correctamente.
A pesar de la baja iluminación, Harry puede distinguir sin problema alguno lo sonrojadas que están las mejillas de Louis y cómo este evita con todas sus fuerzas llevar sus manos hacia su polla, la que se sostiene a sí misma palpitando precariamente en el aire.
El hombre arrodillado en el suelo respira hondo antes de escupir en su manos y tomar la polla del mafioso con su puño. Louis sisea cuando siente los dedos de Harry cerrarse alrededor de su carne expuesta y besar la punta de su glande.
—Mi total devoción hacia ti —es lo último que escuchar decir a Harry antes de verlo fijamente sacar su lengua y lamer toda la extensión de su polla.
—Mhh —Louis se queja con la boca abierta, mientras el bailarín toma con toda su cavidad bucal lo que el ojiazul tiene para ofrecerle.
Harry tararea cuando lleva la polla de Louis lo más profundo que puede hacia su garganta, el deslizamiento duro que lo arremete, por el movimiento de las caderas de Louis, lo toma desprevenido y provoca que su faringe se contraiga cuando gime alrededor de esta.
Louis se inclina sobre su cuerpo y Harry afloja aún más los músculos de su mandíbula para tomarlo correctamente, cuando siente de nuevo el arma siendo apuntada hacia su cabeza. El bailarín cierra sus ojos llenos de pequeñas lágrimas a punto de salir, al tiempo que mueve sus caderas sobre sus piernas dobladas para crear fricción en la parte baja de su trasero.
—¿Qué m-mierda estás haciendo? —pregunta un agitado y confundido Louis observando los extraños movimientos de Harry, su rostro lleno de reconocimiento se hace presente cuando ata los cabos—. ¿Ya estás listo para tomar mi polla? —Harry asiente, saltando un poco, cuando retira la polla de Louis de su boca y respira con fuerza.
Una fina línea de saliva va desde los labios hinchados de Harry hacia la intimidad de Louis.
—Es... estoy listo p-para que me to-tomes —gime el bailarín llevando una mano hacia su entrepierna y la polla de Louis, los masturba a ambos mientras se remueve circularmente en el suelo.
Louis realmente cree que está en el cielo de los ángeles impuros, porque las cosas que Harry le hace a su cuerpo no se sienten humanas. Sólo manos divinas podrían tocarlo como lo está haciendo.
—Levántate, amor.
¡A la mierda correrse en la boca del bailarín!
Harry lo mira desde el suelo, sus rizos se encuentran desordenados por los movimientos de cabeza que ha hecho, y sus mejillas están cubiertas de pequeños ríos que terminan antes de llegar a sus labios rojos; el ojiverde es simplemente la imagen apropiada de un querubín destrozado y pecador.
El rizado mira una última vez la polla de Louis y este la toma en su propia mano, la excitación que siente le exige que se masturbe y manche todo el rostro de Harry con su semen, pero él se resiste y dolorosamente regresa su erección a su ropa interior.
Louis cierra sus ojos un momento y cuando habla su voz suena quebrada.
—Dije levántate, ángel, no me hagas repetirlo —fija la pistola de nuevo en el rostro de Harry, pero esta vez medio de su frente; y el hombre se levanta rápidamente del suelo, cruzando sus piernas y doblándolas un poco, la posición le da la apariencia de alguien sumiso por naturaleza—. Eso es, buen chico.
—Señor, ¿po-podrías follarme ya, por favor? —pregunta Harry con inocencia fingida, es todo lo contrario a cualquier cosa dulce en este momento.
—Tan buenos modales —felicita Louis y coloca el arma sobre la mesa de billar, alejándose un poco de Harry—. ¿Estás tan desesperado, ángel? ¿No te basta con el butt plug que tienes dentro?
—N-no es suficiente, es demasiado pequeño —se queja el bailarín de manera engreída y apretando más sus piernas, el movimiento no pasa desapercibido para Louis—. No me llena como tú lo harías, Monsieur.
Louis niega divertido y coloca una mano sobre su polla, apretándola un poco y recorriendo atentamente el lugar, algo en las paredes llama su atención.
—Dime, amor, ¿disfrutas el dolor durante el sexo? —Louis sólo debe dedicarle una mirada rápida a los, de repente, brillantes ojos de Harry para confirmarlo por sí solo. Levanta el rostro del bailarín cuando se acerca lo suficiente de nuevo y besa sus labios suavemente antes de indicarle: —Ve a la cama y espérame ahí con el culo en alto, mi ángel.
El mafioso camina presurosamente hacia la pared que contiene distintos tipos de látigos y fustas, y se decide por un flogger de cuero negro y mango rojo cuando pierde de vista a Harry.
Louis nunca pensó que su noche terminaría de esta manera: sosteniendo entre sus manos un instrumento sexual de BDSM y tensando las largas cuerdas de este, pero bueno, si es lo que el mundo pretende obsequiarle en este momento, él no es nadie para rechazar el regalo.
Respira audiblemente y siente el material duro sobre su piel, está seguro de que el trasero de Harry terminará rojo, y de sólo imaginarlo suplicando por más azotes, un escalofrío le recorre el cuerpo.
Se gira con los puños al contorno del flogger y mierda, casi cae al suelo como aquel personaje de esa historieta cómica chilena que Liam suele leer, porque la vista que lo recibe es aún mejor de lo que pensó que sería.
El cuerpo de Harry está totalmente expuesto sobre la cama, con sus brazos extendidos y piernas separadas y dobladas a disposición de Louis; una pequeña gema roja resalta desde donde se supone se encuentra la entrada del bailarín y Louis casi se atora con su saliva cuando esta se acumula en su boca y la traga. Tiene tantas ganas de hundirse en Harry y maltratarlo.
Con tres pasos rápidos recorre la habitación y se para justo frente al trasero de Harry, su mano viaja y toca la mejilla del ojiverde, el hombre se estremece ante el tacto y eleva aún más su culo.
Louis se inclina y deja un pequeño beso fugaz en ambas nalgas antes de aclararse la garganta y decir autoritariamente.
—Vas a contar hasta veinte, y si pasas la prueba, te follaré hasta hacerte llorar, ¿bien? —Harry gimotea y Louis no está feliz con eso—. Ángel, responde adecuadamente, por favor.
Al bailarín le toma unos segundos, pero lo consigue—. Está... bien.
—Genial. Si te duele me dices y paramos, ¿de acuerdo? —Harry contesta con un pequeño “sí” y Louis asiente antes de continuar—. Si quieres detener los azotes dirás “rojo”, no importa el momento, si sientes que ya no puedes más nos detendremos y estará todo bien. Pero si quieres continuar responderás “verde” cuando te pregunte y los azotes continuarán hasta que completemos los veinte —Louis hace que las pequeñas cerdas del flogger rocen la piel de Harry con suaves movimientos de muñeca—. Si detienes la cuenta iniciaremos de nuevo desde cero, ¿lo has entendido?
—S-sí... sí. Lo he entendido todo.
—Bien —Louis retuerce el cuero de las cerdas y estas hacen un extraño sonido antes de ser aflojadas—. Prepárate que aquí va el primero.
Harry cierra sus ojos con fuerza cuando escucha el aire ser cortado por el movimiento de brazo de Louis.
Un golpe sordo resuena por toda la habitación cuando Harry se queja bajo y siente su piel quemar en un área determinada; sus manos se aferran a las sábanas de la cama y hunde su rostro en las almohadas para evitar llorar por el ardor.
—Cuenta, Harry —el sonido de la voz ronca de Louis lo trae de nuevo al mundo, y hace lo que se le ha solicitado.
—Uno —y el tono que emplea está tan roto y lleno de excitación, que escucharse a sí mismo provoca que todo su cuerpo se sacuda y una extraña electricidad desconocida le corra la columna vertebral.
Una mano acaricia la zona afectada y el bailarín está agradecido por el suave tacto.
—Muy bien, amor, vamos con el siguiente.
Los azotes que vienen tras ese duelen como el infierno, porque Louis sostiene firmemente el flogger y no tiene la menor compasión por el trasero de Harry, pero a este no le molesta en absoluto porque, a decir verdad, es algo que disfruta.
El mafioso recompensa a Harry cada vez que este cuenta, y al llegar al décimo golpe en el rojo culo de Harry, Louis pregunta por primera vez.
—¿Recuerdas tu palabra de seguridad, ángel?
—Sí, señor.
—Bien, precioso, ¿quieres continuar?
—S-sí —Harry apenas puede decir, cuando exhala audiblemente contra la almohada, Louis quiere verle el rostro destruido cuando termine—. Verde, por favor
Las cuerdas de cuero aterrizan de nuevo y Louis se inclina para besar la piel maltratada.
—Do-doce. Trece. Catorce —Harry respira entrecortado al quinceavo, y, por un momento, quiere parar, pero las sucias palabras de Louis lo alientan a continuar.
—Cinco más y podrás tenerme dentro de ti, ángel ¿Eso es lo que quieres, cierto, mi pequeña zorra? Sentirme golpear tu interior y hacerte llorar por mi polla.
—¡Sí, por... por favor!
—Entonces continúa contando, haz que el dolor valga la pena.
—Dieci-dieciséis —Louis tira un poco de su butt plug y a Harry se le corta la respiración—. Diecisi-siete. Dieciocho. Diecinueve —el bailarín suspira, conocedor de que tan sólo debe recibir un azote más para ser follado.
Louis levanta una última vez el flogger y lastima la piel de Harry en su acción con felicidad, su ángel ha sido muy obediente.
—Has sido realmente bueno, precioso —deja beso tras beso en la roja carne y lame cerca del juguete introducido en la entrada de Harry—. Déjame ver tu carita, ángel, por favor. Quiero ver lo destruido que luces por mí.
El bailarín apenas puede girar su rostro y Louis queda maravillado con lo que Harry le presenta: tiene los labios totalmente mordidos y rojos, las mejillas de un carmesí intenso y sus ojos llenos de lágrimas por aguantar tanto físicamente.
—Eres hermoso, totalmente precioso, y sólo yo puedo verte así hoy —el corazón de Louis se acelera cuando el pensamiento que tuvo durante el baile general de Harry llega a su mente de nuevo; él puede arreglar ese detalle después.
—¿Lo hice bien, señor?
—Fuiste perfecto, mi ángel, el mejor de todos y por eso serás recompensado —la sonrisa que se traza en el rostro de Harry no tiene precio, y Louis quiere besar los delicados hoyuelos que surcan sus mejillas.
Louis se endereza y deja de lado el flogger, a un costado del cuerpo aún expuesto de Harry, antes de sujetar la gema del butt plug y tirar de ella un par de veces; Harry gime ante la sensación y pronto está suplicando por más.
—P-por favor, por... Por favor, Louis, fóllame de una vez.
—Lo haré, amor, sólo sé un poco más paciente.
El mafioso consigue extraer con cuidado el butt plug del trasero de Harry, después de molestarlo un poco, la entrada rosada del rizado se contrae notoriamente cuando no tiene nada a su alrededor. La polla de Louis se aprieta aún más en sus pantalones, sintiéndose totalmente caliente en la zona; en cualquier momento podría correrse en su ropa interior y desperdiciar la oportunidad que la vida le presenta. Debe actuar rápido.
Como si Harry pudiese leer sus pensamientos, apenas se deja oír cuando dice: —Puedes encontrar el lubricante y los condones sobre el velador junto a la cama.
El ojiazul asiente y camina rápido hacia el lugar indicado, desabrocha de nuevo la bragueta de su pantalón cuando tira sus zapatos hacia cualquier lugar en la habitación y se sube en la cama.
—He estado esperando por esto toda la noche —sujeta su polla y bombea un par de veces con ayuda del lubricante esparcido en su mano, unta ligeramente un poco en Harry y juega con las puntas de sus dedos sobre el borde de la entrada del rizado.
—Por favor, por favor, por favor —ruega el bailarín, intentando mantener su posición con su entrada expuesta.
Cuando el mafioso considera que ha jugado lo suficiente con el embarrado agujero de lubricante de Harry; así que, toma un condón y se lo coloca, para, posteriormente, acercarse a la entrada del rizado e introducirse en ella sin previo aviso.
Harry jadea cuando siente que la polla de Louis está dentro de él, un inexplicable sentimiento lo embarga y rueda sus caderas hacia atrás para obtener más contacto; como si fuesen uno solo ser conectado por algo más que lo carnal, Louis mueve su pelvis hacia adelante y se encaja aún más en el trasero del bailarín.
Ambos gimen cuando Louis continúa con el vaivén de sus caderas dentro de Harry, y las paredes del segundo se contraen deliciosamente contra la polla de Louis.
—Mierda, estás apretado —gime el mafioso aumentando sus estocadas.
Harry se transforma en un manojo de lloriqueos y gemidos desde el momento en que la frente de Louis se pega a su espalda y el ojiazul da con su punto dulce, no hay marcha atrás cuando el rizado empieza a recitar el nombre del delincuente repetidamente.
—Louis. Louis. Louis.
—Joder, eres el mejor culo en el que he estado —le susurra el nombrado al tembloroso bailarín.
El único sonido importante del lugar, si Harry tuviese que destacar alguno, sería el que el chapoteo que sus piel compone. La desnudez exhibida en notas musicales de una orquesta para dos.
—Louis— jadea fuertemente cuando siente algo en su vientre, su polla ha estado chocando contra la cama y siendo ignorada por ambos—. M-me... me voy a... a correr.
—Hazlo, mi ángel, córrete para mí.
El ojiverde gime una última vez antes de sentir la electricidad recorrerle el vientre hasta la punta de los pies, sus dedos se recogen un poco cuando su polla expulsa largas tiras de semen sobre su abdomen y las sábanas limpias de la cama.
—Lou- —apenas consigue decir cuando entierra por completo su rostro en las almohadas frente a sí y sube más su trasero para que Louis encuentre también su liberación.
Louis arremete cada vez con más fuerza contra la entrada de Harry y diminutas gotas de sudor se forman en su frente; su cabello se está mojando ligeramente, y, si esta no es la mejor follada que ha tenido en un buen tiempo, él realmente no sabe cuál fue en el pasado.
Le toma cuatro, cinco, seis empujes más para finalmente correrse con fuerza en el condón y maldecir el nombre de Dios cuando su cuerpo cae sobre el de Harry, aplastándolo aún con su polla en su interior.
—Auch.
—Lo siento —se disculpa jadeante, pero pronto ambos se echan a reír segundos después—. No quise aplastarte.
—Creo que... que eso es lo menos hiriente que me has hecho esta noche —responde Harry aún con la polla encajada en el culo.
—Sí, bueno, eso fue por diversión mutua —se levanta despacio, y sale con cuidado de Harry—. Pero esta caída en definitiva no fue agradable.
Si Louis contempla la roja piel por más tiempo del necesario nunca lo admitirá. El bailarín sisea un poco por la falta de algo en su interior y Louis retira el condón de su polla para arrojarlo a la parte inferior de la cama.
—No estoy molesto —el rizado levanta su rostro y le sonríe, mientras gira sobre su espalda y se acuesta adecuadamente. Su trasero arde.
Los rizos rebeldes de Harry están revueltos en todas las direcciones posibles y Louis los peina un poco mientras los coloca detrás de sus orejas.
—Voy a limpiarte, ¿de acuerdo? Y después, podrás venir conmigo para que pueda cuidarte bien —Harry frunce el ceño confundido, ¿de qué está hablando este sujeto?
—¿Qué acabas de decir?
Louis lo mira por unos segundos antes de repetir sus palabras.
—Que vendrás conmigo después de limpiarte.
Harry por poco se ríe en la cara del pobre hombre.
—Así no es cómo funciona —le dice seriamente, aunque la sonrisa que tiene en su rostro delata la diversión de la situación.
—¿No lo hace?
—No —niega el bailarín con una suave sonrisa.
—Pues no me interesa —se encoge de hombro—. El mundo hace lo que digo.
—Si crees que puedes convencer a Dante e Isaac, y ellos están de acuerdo, yo no tendría ningún problema de ir contigo —concede el bailarín, cerrando sus ojos por el cansancio—. Podría chuparte la polla de nuevo, pero esta vez en tu casa.
—Bien. Entonces, quédate aquí —Louis se levanta de la cama y busca su ropa entre todo el desastre que han hecho—. Esto me tomará apenas un segundo, no te vayas a ningún lugar.
Como si Harry siquiera pudiera pararse y caminar.
—Aquí espero por ti, Monsieur —despide al mafioso que sale a zancadas de la habitación y da un portazo dejando a Harry solo.
El rizado sabe a ciencia cierta que salir no será posible en este momento, y que Louis sólo está afectado por el sexo, no es como si Dante o Isaac fuesen a ceder con facilidad. Harry se levanta un poco en la cama y empieza su limpieza con las sábanas sueltas a su alrededor; su trasero quema cuando se sienta, así que, se reclina de lado y retira el semen que intenta secarse en su cuerpo.
Tantea un poco su entrada con su mano y suspira cuando la sensibilidad de la zona afectada lo toma con más sorpresa de la debida. Necesitará de una buena pomada, tal vez haga que Louis se la compre y después se la unte.
Los minutos pasan lentos, y el sueño empieza a vencer el estado de Harry, el mafioso no da ninguna señal de estar de vuelta pronto; así que, el muchacho toma una de las sábanas y cubre su desnudez mientras sus ojos se cierran.
…
No sabe exactamente cuánto tiempo permanece dormido, ni cómo misteriosamente aparece vestido con un traje de cuerpo completo y uno de sus grandes abrigos felpudos en un auto en movimiento; porque, en primer lugar, no recuerda haberse vestido él mismo, ni subirse al vehículo de ventanas polarizadas.
Le toma cerca de dos segundos sentir la mano posada en su rodilla, y la reconocible fragancia varonil a su costado para saber que el dueño de ambos detonantes de sentidos es Louis.
—¿Qué estoy haciendo aquí? —pregunta confundido; él realmente esperaba que sus jefes no dieran la autorización.
—Estamos yendo a casa —aprieta la mano de Harry sobre su rodilla y sube un poco por su pierna—. Dante e Isaac dieron su permiso.
—Oh, eso es genial —hoyuelos aparecen en sus mejillas.
—Sí, mi ángel —deposita un beso en la sien derecha de Harry—. Y dijeron que puedes permanecer todo el tiempo que desees conmigo.
Bien. Si Louis atacó o no a los jefes de Harry y generó un revuelo en lugar, en definitiva, es información que el rizado no tiene por qué saber todavía. El mafioso pidió permiso, vaya que lo hizo, hasta dijo “por favor” al final de su oración y toda esa mierda. Pero ellos, esos idiotas, simplemente no hicieron lo que pidió; así que, el error no es de Louis, ¿de acuerdo? Sólo las consecuencias.
El chofer de Louis conduce de regreso a la mansión a las afueras de Londres, y cuando llegan, Harry es cargado por el jefe de la mafia al estilo nupcial. Los guardias se sorprenden cuando ven aquella imagen.
—¿Dónde está tu amigo? —habla Harry después de mucho, observando cada pequeño detalle de arte en las paredes de la mansión.
—Él se quedó con tu compañero, Liam dijo que intentaría traerlo aquí en unas horas.
Harry asiente sin ser consciente de la realidad, Louis tendrá mucho que explicar eventualmente.
Llegan a la habitación del mafioso en la mansión y cuando acuesta a Harry sobre la suave cama, un beso perezoso es depositado en los labios del bailarín.
Louis mira fijamente a Harry cuando dice: —Prometo que el lugar te gustará —y más besos son dejados alrededor del rostro del rizado.
El jefe de la mafia se acurruca cerca del ojiverde y traza lentamente pequeños círculos sobre la piel del bailarín durante largos minutos, antes de escuchar el toque en la puerta y ser interrumpidos en las íntimas caricias que empezaban a darse mutuamente.
—¿Quién mierda es? —dice en voz alta y con fastidio, Harry había empezado a comportarse juguetón.
—Soy yo —responde Liam del otro lado de la puerta.
—¿Solucionaste el problema? —un suave “sí, señor” llega a los oídos de Louis y este asiente feliz, viendo los preciosos ojos esmeraldas de Harry—. Bien, entonces no me interrumpas más.
El rizado le sonríe tímidamente antes de acercarse de manera voluntaria y pasar su lengua sobre los labios de Louis.
—Señor —Liam llama de nuevo, y si no fuese porque es su mejor amigo, Louis ya le habría gritado.
—¿Sí, Payno? —canturrea el ojiazul, envuelto en la sensación que los labios de Harry le provocan.
—Atraparon a Domínguez —el jefe de la mafia se detiene de golpe, dejando de complacer a su nuevo amante—. Y todos estamos esperando por ti y tus indicaciones, señor.
Louis suspira audiblemente y observa la puerta de la habitación, quiere desaparecerla al igual que sus problemas, pero no puede porque este es su trabajo y debe hacerle frente.
—Mi ángel —toma la mano de Harry y deja un suave beso sobre el dorso de esta—, tengo un par de asuntos que resolver, pero estaré de vuelta en poco. Sé bueno para mí y espera aquí, por favor.
Harry observa el océano profundo que Louis alberga en su mirada y asiente obediente a lo solicitado.
—Lo haré, señor —dice con una sonrisa que traza hoyuelos en sus mejillas.
—Gracias, te lo compensaré, lo prometo —y dicho aquello, se levanta de la cama y se coloca su chaqueta y zapatos.
Cuando está cerca de la puerta le da una última mirada a Harry, y este le lanza un beso que Louis finge guardar en el bolsillo trasero de su pantalón.
¿Era esto lo que le hacía falta? ¿Esta conexión extraña de lenguaje corporal era lo que entristecía su corazón y oscurecía sus días enteros en el pasado? Probablemente, Louis acaba de encontrar la cura a todas sus agonías en este ángel enviado por Dios.
—Regreso en un segundo, precioso —y la puerta se cierra tras eso, para dejar atrás la figura de Harry en la cama.
Los rizos son reemplazados por la espesa barba de un tranquilo Liam; Louis le sonríe y su mejor amigo imita el gesto de vuelta.
—Bien, vamos a por ese hijo de puta, Payno —y así, recorren juntos el pasillo a paso firme.
Una vida se cobra segundos después, y una traición se salda en un parpadeo.
Tomlinson, el legendario mafioso de Reino Unido, nunca descansa.
Fin.
Fin.