SonrĂe mucho. Haz uno o dos guiños.
Coquetea, pero no demasiado. Llena los bolsillos de propinas.
Esas eran las reglas que se repetĂan en mi mente mientras aparcaba el coche y me dirigĂa a la puerta trasera de Clancy's.
Eran las reglas que Mina, la asistente del gerente, me habĂa dicho en mi primera noche allĂ. Ella fue la pobre alma a la que engañaron para que me entrenara cuando empecĂ© la semana pasada, pero bajo su atenta mirada y paciencia, estaba mezclando bebidas y sacando cervezas en poco tiempo.
Pero no me pidan que haga ningĂșn truco de bar, porque no estaba allĂ, todavĂa.
ÂżMina, por otro lado? PodĂa decir que sus habilidades se desperdiciaban en Clancy's.
Era un lugar discreto con un pĂșblico tranquilo que elegĂa beber whisky mientras escuchaba el jazz suave de cualquier banda que estuviera tocando. Y cuando por fin le preguntĂ© por quĂ© preferĂa quedarse allĂ en lugar de ir a otro sitio donde pudiera mostrar su habilidad para voltear botellas y preparar bebidas, se encogiĂł de hombros y me preguntĂł por quĂ© creĂa que debĂa hacerlo.
En realidad, no era una respuesta, pero al ver la forma en que interactuaba con los clientes y seguĂa metiendo dinero en el tarro de las propinas, finalmente lo entendĂ.
Se sentĂa cĂłmoda allĂ y tenĂa una fĂĄcil camaraderĂa con los clientes.
Me alisé la camisa negra abotonada con el nombre de Clancy cosido en hilo blanco sobre el bolsillo derecho del pecho y me aseguré de que estuviera bien metida en mis pantalones negros de vestir. Me pasé la mano por el pelo, alisando los mechones ondulados en su sitio, y luego abrà la puerta.
Era muy diferente ver el local totalmente iluminado mientras lo preparĂĄbamos.
Las cabinas negras, las sillas y los taburetes de respaldo alto que en ese momento estaban vacĂos, pronto se llenarĂan de clientes que bebĂan sus preocupaciones, cotilleaban con sus amigos o venĂan a disfrutar la mĂșsica.
Pronto, las luces se atenuarĂan, la charla interminable llenarĂa el aire, y cualquier banda que estuviera en marcha proporcionarĂa la mĂșsica de fondo perfecta para completar el ambiente que era Clancy's.
SĂłlo tenĂamos que pasar las siguientes horas hasta que abriĂ©ramos y entraran los primeros clientes.
DespuĂ©s de fichar en el ordenador, me lavĂ© las manos y me dirigĂ a la barra donde trabajaba Mina. Su verdadero nombre era Rumina, y la Ășnica razĂłn por la que lo sabĂa era porque la vi cuando estĂĄbamos fichando mi primera noche allĂ.
Me habĂa amenazado con un daño fĂsico, que sabĂa que cumplirĂa, si alguna vez usaba su nombre completo, asĂ que nunca la llamĂ© de otra manera que no fuera Mina.
â Justo a tiempo â gritĂł cuando me vio.
PodĂa ver por quĂ© los hombres se sentĂan atraĂdos por ella.
Con su pelo rojo rizado recogido en una coleta baja, era absolutamente impresionante. Y su amable sonrisa hacĂa resaltar aĂșn mĂĄs su belleza natural.
LĂĄstima que sĂłlo tuviera ojos para una persona: su novia, Ărica, que trabajaba como agente inmobiliaria, y que llevaban tres años juntas.
â La puntualidad es mi segundo nombreâ bromeĂ©.
â ÂżJungKook Puntualidad?, A tus padres les deben de gustar los nombres Ășnicosâdijo con sorna.
â No tienes ni idea.
Mina se riĂł y juntos nos dedicamos a llenar los estantes con los vasos que el lavavajillas habĂa limpiado la noche anterior, asegurĂĄndonos de que las botellas estuvieran abastecidas y las cajas de refrescos estuvieran llenas. Una estaba casi vacĂa, asĂ que recuperĂ© una de repuesto del almacĂ©n y la coloquĂ© detrĂĄs del mostrador para cuando llegara el momento de sustituirla.
â Hay una nueva banda que viene esta noche â me informĂł Mina.
âNo los he escuchado tocar, todavĂa, pero George me dijo que vienen muy bien recomendados.
George era el dueño de Clancy's y mi nuevo jefe.
Evidentemente, el bar llevaba el nombre de su padre, Clancy Hobart, y era un gran
amante del jazz. Ese amor fue algo que se arraigĂł en el ADN de George desde su nacimiento.
â Incluso en el poco tiempo que llevo aquĂ, sĂ© que George es muy exigente con quiĂ©n deja tocar. Si permitiĂł que Shapiro Entertainment los contratara, entonces deben ser buenos.
Mina me informĂł que la mayorĂa de los actos se contrataban a travĂ©s de una agencia, y que Shapiro Entertainment era la que mĂĄs utilizaba George. Una vez que encontraba algo que le gustaba, se quedaba con ello, asĂ que permitir la entrada de un nuevo acto significaba que debĂan ser estelares para que Ă©l se arriesgara. Y aunque yo era mĂĄs bien un tipo de rock suave, empezaba a apreciar los sonidos relajantes que ofrecĂa el jazz.
Pero, de nuevo, tenĂa que hacerlo ya que era mi trabajo.
â ÂżEstĂĄ George aquĂ? â preguntĂ©, porque apenas vi al escurridizo dueño del bar.
Ya que fue él, el encargado de entrevistarme.
Después de darme un repaso a fondo y de mirarme con una astucia en los ojos que
me hizo retorcerme, me habĂa sorprendido al decidir arriesgarse conmigo, a pesar de mi
falta de habilidades.
â Me gustas. No sabes una mierda de camarero, pero algo me dice que lograras
aprender. ÂżPuedes empezar mañana por la noche? â me preguntĂł despuĂ©s de estar seguro de que habĂa fracasado en la entrevista.
Estaba agradecido porque necesitaba un trabajo después de una complicada ruptura con una ex-prometida y una mudanza a casa para lamer mis heridas.
Se suponĂa que sĂłlo serĂa temporal, hasta que encontrara un trabajo mĂĄs estable de nueve a cinco con beneficios y un plan de jubilaciĂłn. O, al menos, hasta que pudiera mudarme de mi horrible apartamento a algo mĂĄs grande que una caja de zapatos.
Pero cancelar una boda y mudarse de un estado a otro no era barato, y como todo estaba a nombre de mi ex desde que nos habĂamos mudado por su trabajo, mi cuenta bancaria estaba vacĂa y yo estaba desesperado por conseguir cualquier tipo de trabajo para alimentarla y alimentarme a mĂ mismo.
Por suerte, George vio algo en mĂ; de lo contrario, todavĂa estarĂa peinando los anuncios de bĂșsqueda y rellenando solicitudes.
â Creo que eso es todo. â dijo Mina una vez que le dio una mirada crĂtica a la habitaciĂłn.
Me di cuenta de por quĂ© George la contratĂł como asistente de gerente. Era eficiente, minuciosa y tenĂa la paciencia de un santo. Tuvo suerte de tenerla, y esperaba que se diera cuenta de ello. Entonces mirĂł su reloj.
â TodavĂa tenemos un rato antes de abrir, y la banda deberĂa llegar en cualquier
momento para prepararse.
Justo en ese momento, oĂmos el chirrido de la puerta trasera al abrirse, seguido de voces profundas que se acercaban. Mina me dejĂł detrĂĄs de la barra para recibir a la banda, y yo me asegurĂ© de tener trapos para limpiar el mostrador, comprobĂ© tres veces los vasos y las bebidas, e hice cualquier otra cosa que pudiera encontrar para mantenerme ocupado.
Ella no necesitaba mi ayuda con la banda, y me sentĂ raro simplemente de pie allĂ sin hacer nada.
No me pagaban por apoyarme en el mostrador, aunque aĂșn no hubiĂ©ramos abierto y me viniera bien el tiempo para relajarme. AdemĂĄs, relajarme me daba el espacio para pensar en el desastre en que se habĂa convertido mi vida, y habĂa mucho tiempo para hacerlo cuando estuviera solo en casa.
Acababa de darle al bar otra limpieza, que no necesitaba, cuando oĂ la cacofonĂa de los instrumentos siendo afinados y revisados. Me estremecĂ ante el sonido, pero tratĂ© de no juzgar. Tuve que recordarme a mĂ mismo que ese no era su conjunto actual, sino una rĂĄpida prueba de sonido antes de empezar, y que, si George les permitĂa tocar, debĂan ser buenos.
AdemĂĄs, ÂżcĂłmo podrĂa ser atractivo para el oĂdo golpear unas cuantas teclas o rasgar unas cuantas cuerdas cuando no se trataba de tocar una melodĂa? ÂżY quĂ© diablos sabĂa yo realmente de jazz? No mucho, aparte de los grupos que solĂa tener Clancy's, e incluso sus pruebas de sonido eran sĂłlo ellos tocando una canciĂłn. Cada una era diferente, y tenĂa que tenerlo en cuenta.
â JungKook, creo que el mostrador estĂĄ lo mĂĄs limpio posible. â dijo Mina a mi lado, y pude oĂr la sonrisa en su voz incluso antes de que mirara en su direcciĂłn.
â SĂłlo quiero asegurarme de que todo estĂ© listo. â dije antes de meter la toalla en la cintura de mis pantalones.
Tuve que alzar la voz para que me escuchara por encima de la banda, pero Mina estaba lo suficientemente cerca como para oĂrme bien.
â AsĂ es. Voy a abrir.
Las camareras, el lavaplatos y el cocinero se arremolinaban en la cocina, y el portero estaba parado junto a la puerta esperando a que Mina abriera. PodrĂa haberlo hecho fĂĄcilmente Ă©l mismo, pero se apartĂł para dejar que ella lo hiciera. Lo que me demostrĂł que no sĂłlo la respetaba a ella, sino tambiĂ©n a su posiciĂłn como asistente.
No perdĂ de vista a Mina mientras la veĂa atenuar un poco las luces y encender el interruptor del letrero de neĂłn que indicaba que estĂĄbamos abiertos antes de desbloquear la puerta.
Ted, el portero, dejó caer su trasero en el taburete junto a la puerta, lo que resultaba casi cómico, ya que su enorme tamaño intimidaba y me preguntaba cómo el pequeño mueble soportaba su peso. Pero lo hizo, y fue un espectåculo impresionante de ver. Y luego ella se dirigió detrås de la barra mientras esperåbamos a que entrara nuestro primer cliente.
No tuvimos que esperar mucho.
Clancy's tenĂa bastante clientela, algo que yo no sabĂa porque no habĂa entrado hasta mi entrevista inicial. Solicitar el trabajo habĂa sido un capricho, pero estaba agradecido de que hubiera salido asĂ. Hasta ahora me habĂa gustado mucho trabajar allĂ, y las propinas habĂan sido increĂbles. Cuando Mina me informĂł de que nos dividĂamos las propinas, pensĂ© que no me merecĂa ninguna porque ella hizo la mayor parte del trabajo mientras yo me quedaba mirando, pero ella habĂa insistido. Y despuĂ©s de volver a casa la primera noche con un buen fajo de dinero en el bolsillo, sentĂ que la presiĂłn de mis pulmones se aflojaba un poco.
Las cosas por fin estaban mejorando, y desde el fiasco de Jennifer, por fin tenĂa la esperanza de que todo irĂa bien.
Mina me vigilaba mientras sacaba la primera cerveza del grifo, instruyĂ©ndome sobre cĂłmo sostener el vaso justo para reducir la espuma. Y entonces oĂ los suaves sonidos de las baquetas de la baterĂa antes de que se uniera el piano seguido del bajo vertical.
La Ășnica razĂłn por la que conocĂa alguno de esos instrumentos era porque pensĂ© que tenĂa que saber al menos un poco de jazz si iba a trabajar en Clancy's. AsĂ que aprender los nombres propios de los instrumentos que se tocaban me ayudĂł a apreciar mĂĄs lo que estaba escuchando.
Mina y yo trabajamos juntos para servir a unos cuantos clientes mĂĄs a medida que iban entrando, y pronto toda la zona principal se llenĂł de gente repartida mientras tomaban las bebidas que llenĂĄbamos y las camareras les llevaban los diferentes platos que pedĂan.
Todo el tiempo la banda tocaba una mĂșsica suave que de alguna manera proporcionaba el compĂĄs perfecto para mantener nuestro ritmo.
â Lo estĂĄs haciendo muy bien. â me animĂł Mina con su amplia sonrisa antes de dirigir su atenciĂłn a un grupo de mujeres que acababan de acercarse.
Aunque no estaba versado en la mezcla de numerosos brebajes, podĂa preparar bebidas mĂĄs sencillas como margaritas, daiquiris o agitar un Martini.
Poco a poco fui aprendiendo todo lo demĂĄs. Si tenĂamos una gran cantidad de gente, Mina me delegaba las mĂĄs fĂĄciles, y si sĂłlo tenĂamos un cliente o dos, me permitĂa mezclar las mĂĄs difĂciles. Sin embargo, George tenĂa razĂłn, estaba aprendiendo. Y aĂșn no habĂa tenido ningĂșn fracaso Ă©pico.
La siguiente hora pasĂł volando, y aparte de algunos vistazos a la banda, realmente no tuve mucho tiempo para prestarles atenciĂłn. El pĂșblico crecĂa, y Mina y yo estĂĄbamos demasiado ocupados preparando bebidas y tomando pedidos como para que me importara realmente su aspecto. Pero la mĂșsica que ponĂan era buena, y los clientes parecĂan disfrutarla tambiĂ©n.
â ÂżEste pĂșblico te parece mĂĄs grande? â le preguntĂ© cuando se inclinĂł sobre mĂ para coger una botella de tequila del estante superior.
â Es por ellos. â contestĂł e hizo un gesto con la cabeza hacia la banda.
Mis cejas se alzaron con sorpresa. Vale, puede que tuvieran seguidores, y el bar abarrotado lo demostraba. Pero lo utilicĂ© a mi favor. Guiñé el ojo hasta que se me crisparon los pĂĄrpados. SonreĂ hasta que me dolieron los labios. Y coqueteĂ© hasta que tenĂa un bolsillo lleno de nĂșmeros. No es que vaya a usar ninguno de ellos.
HabĂa pospuesto las citas en el futuro inmediato, y no importaba cuĂĄntas de las mujeres del bar eran mi tipo. Simplemente no estaba interesado. Al menos, no hasta que pusiera en orden mi desastrosa vida.
Pero eso no me impedĂa coquetear y guiñar el ojo para conseguir algunas propinas, y con suerte en el proceso hacĂa que las mujeres se sintieran deseables por los pocos segundos de atenciĂłn que les dedicaba.
Estaba agitando un Martini cuando un sonido que sĂłlo podrĂa describir como sexo puro llenĂł el aire. El sensual sonido hizo que todo el mundo se detuviera para prestar atenciĂłn, y todas las miradas se dirigieron a la fuente, incluida la mĂa. Con la mano congelada a medio camino, girĂ© la cabeza hacia el escenario para encontrar el origen del seductor sonido.
Las luces se habĂan atenuado, algo de lo que apenas me habĂa percatado ya que ocurrĂa a menudo y me habĂa acostumbrado a ello durante la semana, con un foco que iluminaba al saxofonista.
La luz brillaba en el saxofĂłn dorado que tenĂa en sus grandes manos, cubiertas de tatuajes. Llevaba el pelo recogido en un moño desordenado, con algunos mechones sueltos y sudorosos pegados a las mejillas. Su camisa blanca abotonada estaba remangada hasta los codos y dejaba al descubierto aĂșn mĂĄs tatuajes, ya que la tela se pegaba a su piel sudorosa y mostraba mĂĄs tinta debajo.
Y tenĂa los ojos cerrados mientras tocaba con una pasiĂłn que sĂłlo podĂa suponer que le salĂa del alma. Incluso los miembros de la banda se habĂan girado en sus asientos para mirar, completamente cautivados mientras todo su cuerpo se movĂa de una manera tan tentadora que la señora de la barra dejĂł escapar un gemido bajo que era puramente animal, y no podĂa decir que la culpaba.
Mis ojos estaban pegados a Ă©l, como una polilla a la llama, y todo lo demĂĄs, incluida la bebida que estaba preparando, se habĂa ido al olvido.
Nunca en mi vida habĂa pensado que un instrumento fuera sexy. Pero mientras seguĂa viĂ©ndolo tocar, no pude evitar preguntarme si era el instrumento en sĂ, o el hombre tatuado que lo tocaba.
Y de repente me estaba cuestionando todo lo que sabĂa de mĂ mismo.