Prohibido Parte1 : intimidad Prohibida
Prólogo
Hoy es el día donde nuestro deseo más profundo se hará realidad. Tuvimos que fingir durante mucho tiempo. Nuestra familia no aceptará nuestra decisión, pero lo que sentimos es más fuerte. Todo se nos vendrá encima y tal vez flaqueemos en nuestra decisión, pero creo que podemos superarlo juntos. Sin importar lo que lleguen a hacer para separarnos, los amores verdaderos siempre se vuelven a encontrar. Es nuestro momento de ser felices y dejar el pasado tradicional y machista atrás. "No sé cuánto dure, pero si es contigo, no hay má Cuenta una leyenda griega que en la antigua Grecia, las deidades Chloris, Dionicio, las Cárites (las tres gracias de la mitología griega) y Apolo crearon la rosa queriendo resucitar a Afrodita, diosa del amor y la pasión. Le dieron su belleza, encanto, resplandor y alegría, otorgándole la capacidad de vencer la muerte y de hacer renacer la vida.
Asimismo, el símbolo de nuestro amor es representado por las rosas. La blanca siendo nuestra pureza, la roja nuestra pasión y la negra nuestra eternidad. Esperando que nuestro amor sea tan duradero como una rosa liofilizada y que, con el pasar del tiempo, cosechemos nuevamente nuestro amor para así reforzar las bases que alguna vez lo hicieron nacer.
¿Seremos capaces de lograrlo? ¿O será solo una fantasía imposible?
Capítulo Uno (01)
Son las 6:00 AM, parece que hoy será un lindo día, pero para mí es gris. No puedo verlo blanco o negro, ni tampoco multicolor como siempre. Solo me queda prepararme para el tormento de hoy, el cual comienza con los gritos de mi tío.
—¡Speedman, marica, baja, se te hace tarde! —gritan desde la cocina.
—¡Voy! —digo malhumorado.
Bajo a la cocina y le digo que no me gusta que me traten así. Solo me dice que deje de estar de afeminados, pero eso me enfada aún más y decido comer algo afuera.
Aún recuerdo el día antes de la tragedia que me hizo tener que venir acá. Todo fue tan lindo, habíamos celebrado el cumpleaños de papá. Mamá y yo le habíamos regalado una cadena con dije con diseño de nuestras iniciales "A, L y S". La noche del día siguiente, cuando madre me arropaba, escuché una discusión entre mi padre y alguien más. Ha pasado mucho tiempo y era un niño, tanto que ya he olvidado sobre qué era la discusión, pero unas horas después de la problemática discusión, papá y yo salimos. Ahogados, pero mamá no y mi corazón se llenó de preocupación. Luego, papá volvió adentro, a pesar de que el equipo de emergencia lo intentó detener, pero él no volvió a salir...
Me voy. Lo apartado que he sido me ha servido bastante para tener buenas calificaciones, tanto que entré un año antes a la secundaria. Hoy llega un chico nuevo. A todos les llena de intriga, pero a mí no me emociona mucho, porque de seguro es igual que los demás y me hará bullying.
Voy perdido en mis pensamientos, cuando de repente choco con alguien, es el chico nuevo, pero no me doy tiempo a verle a la cara, estoy en pánico. "Oh, disculpa", dice, pero me invade el miedo. Tomo mis cosas, salgo corriendo hacia los baños y me encierro en un cubículo. Lloro como siempre y oigo a alguien entrar y decir, "Mariconcito, ¿dónde estás?". Subo los pies para que no me encuentren, pero se me cae el móvil y hace ruido.
—Con que aquí estás, maricón. Sal de ahí —grita y golpea la puerta.
—Por favor, no me hagan nada —digo con voz quebradiza y llena de terror.
—No te dejaremos en paz, mariconcito —dice mientras abre la llave del lavamanos y todo el espacio queda sin ruido humano, más que el mío.
Después llegan sus secuaces y empiezan a hacer ruido, pero no sé qué es lo que hacen y no quiero averiguarlo. Solo me quedo quieto, pero cuando creo que ya todo ha terminado, intentóintento salir. Nuevamente escuchóescucho un ruido y, cuando menos me lo espero, vierten un tarro de basura con agua por encima del cubículo, lo cual hace que se me moje toda la ropa y los libros. Lo único que se salvó fue mi móvil. Estoy paralizado, sollozando, esperando el tiempo justo para intentar salir de nuevo, y cuando creo que ya se han ido, salgo del sanitario y comienzo a lavarme la cara y los brazos en el lavamanos. TérminoTermino de asearme un poco, levantó la mirada al espejo y los veo detrás de mí. Billy me toma por el cuello, los demás me golpeangolpean y desgarran mi ropa con las manos y tijeras. Me invade el miedo, intentó reaccionar, pero es imposible. No sé qué les hice para que me hagan esto. Recuerdo que alguna vez nos llevamos bien…*1
Recuerdo que cuando inicié el curso, él fue quien me recibió. Me ayudó a adaptarme al cambio de la primaria a la CQ. Era mi mejor amigo en la CQ, ya que mi otro mejor amigo no estaba en la misma institución que yo. Edward se había ido a una pasantía en Alemania. Recuerdo que comíamos, estábamos y leíamos juntos, pero después de la tragedia, me aparté y él con el pasar de los meses se convirtió en mi bully, incrementando sus ataques con el tiempo...
—Por favor, no me hagan nada —digo ahogándome y con el cuello apretado por sus manos—. Tú eres nuestro juguete y no te dejaremos en paz hasta que ya no te volvamos a ver. Eres un parásito que debe ser torturado hasta ser exterminado —veo odio en su mirada, pero a la vez veo algo de compasión o lástima que le detiene.
Me suelto y trato de escapar, pero fracasó en el intento. Me tomó nuevamente del cuello y me dice que no intente hacerme el astuto, pero que me dejarán en paz por hoy. Antes de irse, toman una cáscara de banana del suelo, la meten en el sanitario y luego en mi boca, hasta que me hacen vomitar.
—No seas marica —dice mientras se marcha.
Por fin, el tormento estudiantil ha terminado por el momento, pero tengo que prepararme para el de mi familia. Creo que iré a objetos perdidos a ver qué encuentro para vestirme. Tengo que hacerlo rápido, voy tarde a clase de literatura y la profesora es un poco estricta. Encuentro cosas muy polas, pero tengo que conformarme con eso. No me queda de otra, es lo único que hay.
Entro a clases y me coloco en la mesa del rincón como siempre. Unos minutos después, entra el chico nuevo, pero al verlo bien, se me hace conocido. No recuerdo quién es o dónde lo he visto hasta qué dice su nombre "Ennis Villanueva". Ahí recuerdo nuestra infancia y preadolescencia. Un grito de alegría sale de mi boca sin poder retenerlo ¡Ennis! Lo interrumpo y todos me miran, incluso Billy. Cuando termina, dice: "También soy el mejor amigo de Speedman".
Ennis ha sido mi mejor amigo desde los 5 años. Mis padres me dejaban a su cuidado y pasábamos jugando casi siempre. Éramos inseparables y siempre hablábamos de nuestros sueños. Él quería ser profesor de matemáticas y yo quería prepararme para poder llevar la empresa y los negocios de mi familia. Faltaban y faltan muchos años para eso, pero nos gustaba siempre pensar en el futuro.
Nuestra amistad era muy fuerte. Él fue de mucho apoyo junto con Edward durante el duelo por la muerte de mis padres. Hasta que se fue a estudiar al extranjero, teníamos mucho contacto por correo, pero hace un año y medio lo perdimos...
—¿Cómo estás, Speedy? —me dice mientras me da un cálido abrazo.
—Todo... mucho... y bien... muy... tú —me sonrojo, y él se echa una sonrisa mientras se sienta delante de mí y no paro de mirarlo pensando en lo mucho que ha cambiado. Miro al chico trigueño, ojos marrones y pelo marrón cobrizo. Ahora es desarrollado y de cuerpo medio tonificado. No se me pasa por la mente aquel chico obsesionado por las mates. Pasan tres lecciones de cuatro materias. La más dura es matemáticas y llega la hora de salida. Llego a casa, me encierro en mi cuarto el resto del día, pensando en si debo contactar a Ennis después de tanto tiempo, aunque él se mostró amigable, como si no me hubiese dejado de hablar por un año y medio.
Un nuevo día de sábado que tengo para ver televisión, bajo a la cocina y mi tío tiene listo el desayuno. Le tengo algo de aprecio y un poco de rencor, pero no puedo decírselo ni lo positivo ni lo negativo. Las pocas veces que se lo he dicho, me ha dicho que deje de estar de afeminado. No me gusta que me trate así, por eso no se lo digo y me trago mis palabras. La mayoría de las veces. Hoy empieza una serie nueva. Nunca había escuchado su nombre, pero su anuncio era muy cool, pero no la podré ver. Mi tío y primos van a ver fútbol americano y no me gusta para nada. Pido permiso para ir al parque y de milagro mi tío me lo da. Me alegro demasiado, pero antes de salir oigo a Luis decir: "Este va a ser un marica". Me enfada mucho sus palabras, pero no les tomo importancia.
Llego al parque y me encuentro con la profesora López y la saludo.
Ella es mi profesora favorita. Me ha ayudado en mis momentos de ansiedad y siempre me mima mucho...
—Hola profe, ¿qué tal? —digo amigable.
—Bien, ¿y tú qué tal, Speedy?
—Bien, solo quería saludarla.
—Gracias y adiós —me da un beso en la mejilla.
—Adiós.
Me voy a las hamacas, me mezo un rato. Un chico que conozco se mece en la hamaca que está a la par y me saluda.*2
—Hola, ¿cómo estás Speedy que haces con esa cara? Me dice con ojos de preocupación.
—Por lo mismo de siempre no te preocupes.
—Ah sí lo había olvidado.
—¿Pero tú cómo has cambiado en un año y medio?
—Sí, pero hay algo que ha cambiado especialmente. —Le veo un brillo en los ojos como de ilusión.
—Vamos a tomar algo. — Lo interrumpí, no quiero oír decirle que ya no es mi amigo. Lo acompaño, me doy cuenta de que ahora vive a tres casas de la mía, me despido y me voy a mi casa.
Voy directo a mi habitación, pongo música a todo volumen, oigo música de Nigga, pero no por mucho llega Luis y me grita para que apague el estéreo. Le digo que no, a punto de llorar.
—Eres un marica afeminado.
—¡No! Yo no soy un marica ni un afeminado, soy solo un chico tímido y apartado. No quiero que digas eso de mí.
Lo tomó por su cadena de oro, se la reviento, siento un fuerte golpe en el ojo que me duele demasiado y me pongo a llorar.
—Bueno, esto es lo que haremos: tú te quedas callado y yo no digo nada de mi cadena, ¿de acuerdo?
—De acuerdo. —Digo sollozando y luego bajó a cenar. Mi tío me mira y réplica.
—¡Qué te ha pasado en ese ojo!
—Me peleé con un chico en la calle. Titubeo.
—Qué bien que te defiendas, pero por dejar que te moretearan el ojo te quedas sin cenar.
Subo a mi habitación. Unos minutos después llega mi primo Edward, el único que me trata bien. Él es la razón por la que aguanto tanto y ahora acaba de subir a dejarme algo de comer.
—Toma Speedy y come algo. Dice preocupado.
—Gracias Edward, si no fuera por ti no sé cómo aguantaría todo esto. —Le digo agradecido.
—Bueno, me voy o me meteré en problemas. —Susurra.
Al día siguiente, me despierto muy temprano para arreglar mi habitación. Uso unos lentes oscuros para que no vean mi golpe. Termino de hacer mis deberes, salgo de casa y me llevo una sorpresa: Ennis está en la puerta.
—Hola Ennis, es un gusto verte.
—Hola Speedy, a mí también me da gusto verte, pero ¿qué te sucedió en el ojo?
—Mi primo me golpeó, no es nada. La historia es larga y el motivo siempre es el mismo. ¿A qué viniste?
Venía a invitarte a salir. Hoy en el cine estrenan una peli de terror muy buena. ¿Te gustaría ir a verla?
—¡Claro! Pero no tengo dinero, aún no me han dado mi mesada. Digo en un tono airado.
—¡Qué te he dicho! — Venía a invitarte al cine, eso quiere decir que yo pago. —Pone los ojos en blanco.
—Bien, entonces vamos y no pongas los ojos en blanco. —Le digo apretándole la nariz con la yema de los dedos.
Nos vamos al cine en su coche, compra tickets para la sala VIP IMAX, una de las salas más caras. Me deja elegir y, como era de esperarse, elijo una romántica que me gusta mucho. Lloro al verla, como siempre me pongo muy emotivo. Cuando termina, vamos a la cafetería, comemos algo y charlamos un poco.
—Estuvo muy buena la peli, ¿no crees?
—Sí, tú sabes que las de romance son mis favoritas, aunque lo que pase no sea real. —Digo en voz baja.
—¿Por qué dices eso? ¿No crees en el amor? Yo sí creo en él. —Me mira tiernamente.
—Es difícil creer en un amor rosa cuando tu vida está coloreada de gris y negro, de sufrimiento perpetuo. —Digo con un semblante amargo de tristeza.
—Lo siento, se me olvidaba tu lucha.
—No importa. —Me incomoda, no puedo contarle mucho.
—¿Quieres hablar de lo que sucedió...?
—Nada que no haya pasado ya. Yo solo llegué feliz, ya que te encontré en el parque, y me encerré en mi cuarto. Le di mucho volumen al equipo, llegó Luis, discutimos y ocurrió lo que ocurrió. —Suspiro.
—Lo siento mucho, sabes que te quiero mucho y no me gusta ver que sufras. Me acaricia el rostro y me dice que todo va a estar bien.
—Me gustaría ser tan feliz como tú. Osea, me gustaría tener tu vida. ¿Estará mal envidiarte eso? Pero qué más da, ya mi inocencia se ha ido casi por completo y mi vida es muy diferente a la tuya. Mis padres murieron hace algunos años ya, y desde que tengo que vivir con mi tío, mi vida es un infierno. —Sollozo.
Me gustaría hablar más abiertamente con Edward y Ennis, pero no puedo contarles todo. No puedo contarles que creo que el incendio no fue un accidente, que estoy seguro de que alguien cercano tuvo algo que ver. Pero si hablo, dirán que es una fantasía o una perspectiva de mi niño o que el humo me hizo delirar. Aun así, ellos son las luces que chispean en mi vida oscura.*3
Han pasado unas semanas, he estado pensando en años pasados cuando mis padres aún vivían. Sin duda, era feliz. En los años después de su muerte, viviendo con mi tío y primos, no ha cambiado nada. Hasta ahora, lo que me ha mantenido fuerte ha sido Edward. La verdad es que lo quiero mucho, es mi primo favorito, pero no se lo digo porque sé que él lo sabe.
Tengo que bajar a desayunar para luego ir a patinar. Llego al comedor y no hay nadie, solo está Edward y yo. Por el momento, empiezo el día bien.
—¿Qué quieres desayunar? Te complaceré en todo. —Me guiña un ojo.
—Bueno, prepara lo que a ti te parezca mejor, pero primero ponte los pantalones.
—¿Por qué? No es nada que no hayas visto y es muy normal andar en bóxer. —Pásame un bol de la despensa de arriba.
—Por favor, póntelos. —Le digo mientras intento abrir la cómoda, que está algo dura de abrir. Además, siento una sensación extraña de que esté así. Se le marca y mueve hacia los lados su miembro. Pasan unos intentos fallidos y siento que se acerca por detrás.
—¿Qué haces? —Murmuro.
—Quiero decirte algo. —Me tiene atrapado entre su pecho y la cómoda de abajo.
—Speedy, sabes que te quiero mucho y más que eres el lucero de mi vida, como yo soy el tuyo. —Me susurra al oído.
—Obvio, porque eres mi primo favorito, como yo soy el tuyo. —Le interrumpo y le doy con el codo suavemente en la costilla. Me voltea ligeramente, le miro a los ojos y le empujo con la mano por el abdomen.
Espera, ¿quieres saber cómo lo sé y por qué digo todo esto?
—Es porque te he estado espiando mientras duermes y me di cuenta de que hablas dormido, soñando conmigo. Además, tu cuerpo reacciona solo cuando estoy cerca. Me deseas tanto como yo a ti. —Dice con ilusión y convencimiento en los ojos.
Me pierdo en mis pensamientos. "Me desea tanto como yo". Siento como mi cuerpo irradia calor mientras le miro fijamente a los ojos. Siento su miembro flácido como flan de banana pegado al mío, mientras mis piernas tiemblan de nervios y en minutos cambia de textura y se pone duro como un leño. Me sonrojó y le regaló una sonrisa de asombro mientras lo mismo sucede con el mío. Le brillan los ojos como zafiros finos y le doy un beso tierno en la mejilla. En el momento en que se distrae, logró escapar de su esbelto cuerpo y salgo corriendo lo más rápido que puedo de allí. No sé qué siento o qué pensar.
Llevo corriendo sin rumbo casi una hora y media, tratando de digerir todo. Mi conciencia está tan pasmada como yo. Me siento en el muelle y hablo conmigo mismo.
"¡Edward me ama!"*4
—Si te ama —dice la voz de mi conciencia.
Pero eso está mal, si llegara a darse algo serio, sería incesto, y él no dijo nada de amor, solo habló de deseo.
La voz de mi conciencia se queda muda ante mi respuesta, es como un círculo infinito al cual no le encuentro salida razonable; pero al menos ya me siento mejor.
Decido ir a casa para ducharme, además, quiera o no, tengo que ir, no me queda otra, faltan dos días más a solas con Edward.
Llego a casa, él está en la entrada.
—¿Dónde has estado? Me tienes preocupado —dice con ojos tristes.
—Solo salí a pensar, pero creo que no dio fruto —le replicó con ironía.
—Tenemos que hablar —gruñe.
—No quiero y no insistas —me voy a mi cuarto, me siento en una esquina de la cama y luego me acuesto a dormir, sin bañarme ni hacer nada, solo quiero desconectarme, caigo en un profundo sueño.
Sueño con Edward, pero luego con Ennis, me despierto algo confundido, en ese momento suena mi portátil, es un correo.
De: Edward Smith.
Fecha: 00/00/00.
Para: Speedman Smith.
Asunto: Disculpas.
Sé que te he dicho algo fuerte, pero tenemos que hablar del tema, no te cierres tanto. Speedy, te quiero y eres lo que más deseo.
ADEMÁS, NO ME QUEDARÉ TRANQUILO HASTA QUE ACEPTES MIS DISCULPAS.
PD: T.Q.M.
Edward Smith.
Me pierdo en mis pensamientos, me pide disculpas, dice que me quiere, además de eso me exige y escribe en letra mayúscula. Eso es una provocación. Me calmó un momento, pero la ira puede más.*5
De: Speedman Smith
Fecha: 00/00/00
Para: Edward Smith
Asunto: No está bien
Puede que haya soñado cosas que intento olvidar. No quiero cometer un error tan grande como el incesto. Además, va en contra de nuestros principios, y tú sabes que en esto yo sería el perjudicado, no tú.
PD: T.Q.M
Speedman Smith
Le doy enviar sin pensar, pero al leer lo que he enviado, noto "TQM". Me ruborizo al pensarlo. Sé que lo sabe, pero se supone que estoy enojado. Comenzamos un intercambio de correos, yo tratando de que me deje en paz.
Toca la puerta y dice:
—Speedy, solo piénsalo y dame una respuesta lo más pronto posible.
—Déjame en paz, necesito mi espacio, pero tomaré tu consejo y aceptaré tus disculpas. Hagamos como que nada de esto pasó.
—Ok, pero te quiero para mí, solo para mí.
Pero ¿qué es lo que quiere con este juego? Será mejor ignorarlo.
Duermo profundamente, sueño con sus ojos brillantes como zafiros, su piel color vainilla y caramelo, de lo poco bronceada que está, su tonificado cuerpo y sus palabras resonando en mis oídos como versos de poeta ("te quiero para mí, solo para mí"). De inmediato pienso en si estará observándome dormir y escuchando lo que digo. Pero luego pienso en Ennis y en qué será lo que me tenga que decir.
He dormido casi toda la mañana y parte de la tarde. Tengo un hambre de mil demonios. No he desayunado ni almorzado nada. Bajo al comedor, parece que Edward no está, pero no le doy mucha importancia. Me hago unas papas a la francesa con salchichas, o como les dicen salchipapas, me siento a ver la TV. Pasa un rato y llamó a Ennis para que venga a ver películas conmigo. Trae palomitas y unos cuantos CDs para ver.
Charlamos bastante sobre tonterías y me cuenta cómo se la pasó en Nueva York.
—Pero lo que más me gustó de ahí fue el zoológico de Central Park. Tiene pingüinos, leones, elefantes, etc.
—Wow, que bien estuvo tu larga visita por allá.
—Sí, pero algo cambió mientras estuve de viaje —me mira con preocupación, me toma la mano y se acerca a mí—. Lo que te tengo que decir es algo complicado, pero es muy importante para mí —da un suspiro hondo. Noto preocupación en sus ojos y antes de que pueda decir más, llega Edward. Creo que está ebrio y grita "¡Suéltalo ahora mismo!".
Estoy asustado. Edward está furioso, sus ojos parecen arder. Tiene a Ennis del cuello y yo no puedo mover ni un músculo para ayudarlo. "Él es mío", le grita sin soltar su cuello. Estoy en shock y lo único que hago es llorar. Cuando logró soltar algo de mi boca, lo único que puedo decir es "déjalo". Roto en llanto, caigo arrodillado en el piso. Me vuelve a ver y lo suelta. Ennis se recupera, y en cuanto lo hace, sale corriendo del lugar.
Edward se acerca a mí, me envuelve entre sus brazos, frota su nariz en mi cabeza y huele mi pelo.
—¿Por qué me haces esto? —me susurra. Yo sigo paralizado, pero siento la necesidad de responder.
—¿Hacerte qué? —titubeo con voz temblorosa de miedo.
—"¡ESTO! Porque lo prefieres" —grita.
—No pienses en eso. Acompáñame a tu cuarto, si quieres ahí hablamos con más tranquilidad —me hace caso y sube conmigo. Le ayudo un poco, ya que apenas puede subir las escaleras.
—Bueno, ya estamos aquí. Quiero tu respuesta —dice con voz fuerte.
Estás borracho y no sabes lo que dices o haces. Intenté irme, pero de un tirón y con delicadeza me sienta en su regazo, cierra los ojos y choca su frente con la mía.
Siento una electricidad que me recorre todo el cuerpo y mis mejillas arden mientras le miro. Tiene una expresión de tristeza y preocupación.
—Por qué me haces esto, Speedy. Me estás matando. Sé que es difícil creer todo lo que te he dicho, incluso para mí era difícil creer que yo pudiera sentirme atraído por un chico. Sin embargo, no quería arriesgarme. Después de ver las señales, me di cuenta de que era posible, que era mutuo. Al mirarte dormir, lo confirmé y decidí decírtelo. El temor que tenía se está cumpliendo. —Pone su cara en mi pecho y solloza.
"No insistas, Edward. Esto no está bien y me estás confundiendo más de lo que ya estaba. No sé qué hacer". Coloco mis manos en mi cabeza y la muevo en señal de negación.
"No soporto tu indiferencia. Tu negación es absurda. ¿No entiendes que te amo y solo quiero verte feliz? No importa cuál sea tu respuesta, siempre será así". Le ruedan las lágrimas por las mejillas."No sabes lo difícil que fue verte salir con Steff y ahora me haces daño saliendo con Ennis".
Así que el beso que nos dimos, para ti sí fue real. Bueno, para mí creo que también lo fue, digo en mi mente.
A los doce años, cuando creí que me gustaba Steff y quería robarle un beso pidiéndole que fuera mi novia, le pedí a Edward que me ayudara o me diera consejos para ese primer beso. El problema fue que él me robó uno y ese beso se alargó mucho. Pensé que para él no había sido nada. Después de eso, me hice novio de Steff y de "manito sudada".
"No llores, Edward. No quiero verte así por mí solo. Es que no sé qué decirte. Sé que esto está mal y no sé qué es lo que quiero. Sigamos siendo los primos y amigos de siempre. No te lo tomes a mal, pero me tomas por sorpresa". Le digo al oído.
"Vayamos paso a paso a ver qué sucede", dice la voz en mi cabeza.
"Está bien, te esperaré. Pero no sé cuánto tiempo podré estar sin ti o cuánto podré ocultar esto". Suelta un suspiro.
Le susurro inconscientemente "Yo tampoco" y me besa suavemente en los labios. Le respondo el beso con pasión. Se quita la camiseta, se desabrocha el botón de los vaqueros y baja el cierre mientras yo contemplo su cuerpo tonificado. Mete sus manos dentro de mi camisa y acaricia todo mi cuerpo con sus cálidas manos, haciendo movimientos suaves en espiral, apretando y rozando mi piel. Me quita la camisa y vuelve a besarme. Le enredo mis piernas en la cintura y sigo respondiéndole con pasión. "Qué estás haciendo", me reprende la voz de mi conciencia y de inmediato cortó con la excitación descontrolada que se aproxima. ¿Está pasando lo mismo de nuevo?
"No, Edward. No, esto no puede ser porque somos primos. Mi primo, esto no está bien". Me abrocho el pantalón. Además, no estoy listo para dar el paso que quieres que dé.
"Entiendo, no te forzaré, pero quédate durmiendo conmigo. No pasará nada, te lo prometo". Me susurra al oído.
"Está bien, te complaceré, pero tenemos que dormir con los vaqueros puestos". Nos metemos a la cama y a dormir, se ha dicho.
Me despierto temprano, no puedo creer que en verdad me haya quedado a dormir con él en su cama después de todo lo que sucedió. Me tiene enredado entre sus brazos y pegado contra su cuerpo. No paro de mirarle y le acarició el pelo con mis dedos. Es la mejor manera de despertar.
Cuando escucho un ruido, hay alguien abajo. Intento zafarme y despertarlo, pero es casi imposible. Cuando lo logró, le aviso.
—Edward, Edward, mi tío ha llegado —digo nervioso.
—No te preocupes, sabes que nunca suben de una aquí arriba —me besa en la frente, me pasa la camiseta. Salgo de la habitación, observo que nadie me vea y me dirijo a la mía cuando escucho...
¡Speedman! Y de inmediato bajó. Lo primero que veo es el desastre de anoche: palomitas, papas fritas, algo de vómito en los cojines del sofá y una botella de whisky.
—¡Qué ha sucedido aquí! —grita.
Me paralizo. Sé que esto va a estar mal, sé que me echarán la culpa a mí, de todo el desorden y de la botella de whiskey. Pero no importa, sé que yo siempre soy el culpable para ellos, soy el que supuestamente les decepciona, aunque no haya motivo alguno. Además, una desgracia o problema más con el que lidiar no sería nada extraño. Ya tengo que salir del sueño tierno con Edward y volver al sufrimiento cotidiano después de un día lleno de confesiones, ya que mi tío llegó antes.
Es un día después del incendio, estoy en el hospital. Aún no ha llegado nadie de mi familia y no tengo noticias de mamá y papá. Estoy preocupado, aún me cuesta respirar, pero sigo preguntando por ello. Nadie me dice nada. Después de unas horas, entra mi tío y grita: "Debiste ser tú y no Eva".
—Sabía que tenías que ser tú. Tú eres la vergüenza de esta familia. No sé cómo Evangelina pudo tener un hijo como tú...
Siento mi sangre arder. La ira se apodera de mí y le respondo.
—Permite que me humilles y me maltrates de cualquier forma. A pesar de eso, te tengo cierto aprecio, pero a mi madre no la metas en esto —gritó eufórico, cuando siento un fuerte golpe en el ojo y otro en el estómago que hace que caiga al piso y me retuerza de dolor.
—A mí no me hablas así. Enderézate e híncate de espaldas delante de mí y quítate la camisa. Te voy a enseñar a respetar —dice con ira y autoridad. Hago lo que me pide, miro al suelo. Lo único que observo es un cable de cobre sin forro. —Quiero que cuentes cada uno de los azotes y pienses en lo que has hecho.
El primero es leve. —Uno. Luego viene el otro más fuerte. —Dos. Siento el dolor de mi piel rompiéndose. —Tres. Arde, pero aún no sangro ni me desplomo. —Cuatro. Cada vez se abre más mi piel, tiro un grito amargo. —Cinco. Siento mi espalda llena de sangre y me desplomo en el suelo manchándolo de sangre. Me va a azotar una sexta vez, ya no puedo más.
Edward baja a toda prisa y se mete entre él y yo para que no siga azotándome.
—¿Qué quieres? ¿Matarlo?
—Dios, qué he hecho —se pone las manos en la cabeza y se hinca en el piso lamentándose. Parece sinceramente arrepentido.
Intento levantarme, pero no puedo. Cuando Edward se percata de mi intención, me levanta y me lleva entre sus brazos a su habitación. Me coloca en la cama con la espalda hacia arriba y la cabeza hacia un lado.
—¿Por qué no has dicho que he sido yo el borracho? —su voz se quiebra con tristeza.
—La verdad no tenía otra opción. Mi tío no iba a salir de su conclusión y esa me apuntaba sólo a mí. Además, hubiera sido por el licor o no, lo hubiera hecho por el desorden —digo entre dientes y con mucho dolor. Él no me dice nada y se marcha.
Mientras tanto, yo sigo desangrándome. No a un grado mortal, pero sí muy doloroso. Unos minutos después llega Edward con paños en agua tibia, alcohol, una crema cicatrizante y bistec.
—Quédate quieto. Te voy a curar —me ordena.
Obedezco. Me limpia la sangre con los paños húmedos, luego pone otros limpios y los deja en remojo. Después me echa alcohol para neutralizar el área. Me arde y se me salen las lágrimas del dolor.
—Sé que te duele, pero si no te curo, será peor —noto preocupación en sus palabras.
—No te preocupes —digo casi sin voz y me da un beso en el hombro que me hace sentir mejor emocionalmente. Termina de vendarme y siento un cansancio inmenso. Él se queda conmigo hasta que me duermo.
Han pasado tres días en los que no he bajado a comer ni he salido de casa. Ennis ha estado trayendo los trabajos de la CQ. Edward los recibe de mala gana. Lo sé, ya que Ennis me cuenta todo por mensajes de texto y Edward me lo comenta cuando me los entrega. Edward no me deja ni que llame desde la calle hacia mi ventana.
El posesivo de Edward no ha insistido con lo mismo, pero sé que está ansioso de una respuesta. Ha pasado mis cosas a su habitación, ahora la compartimos. Me siento bien con eso, pero a veces suele ser muy sobreprotector y eso es muy agobiante.
Con mi tío casi no hablo. Estoy pensando en ser el asistente de la profesora de literatura, así no tengo tiempo de pensar en eso. Creo que hoy bajaré a desayunar. Debo incorporarme a la realidad. Me siento muy deprimido y aunque no pueda salir de casa, al menos debo salir de mi cuarto. Me cepillo el cabello, doy un suspiro y me preparo para salir.
—¿A dónde vas? —dice recién salido del baño. Tiene un aspecto fresco, con el pelo húmedo y una toalla alrededor de la cintura.
—Voy a desayunar —digo amable.
—¿Estás seguro? —dice serio.
—Sí, necesito salir de esta habitación y de las cuatro paredes de esta casa —digo enfadado.
—¿Para qué? ¿Para ir a verte con ese pendejo? ¿Es eso? —dice con una mirada profunda y llena de ira.
—Pues fíjate que sí, lo voy a ir a ver. Es mi mejor amigo. Esta es tu manera de demostrarme que me amas, teniéndome encerrado aquí? ¿O hay algo que no me has dicho? Este es el momento de que lo digas.
Trato de continuar enojado, pero con él no puedo mantenerme así. Le tiró una sonrisa que no llega a su vista.
—Sí, sí tengo que cuidarte como perro guardián, lo haré. Speedy, no quiero que sufras y no puedo permitir que... bueno, que salgas —dice furioso.
—Tarde o temprano te cansarás y para ese momento estaré listo —le digo furioso y confiado, ya que tengo un plan.
Estamos en el comedor, todos muy cálidos y concentrados en devorar nuestro desayuno, y decido romper el silencio.
—Voy a salir a distraerme un poco —masculló.
—¡No! —gritan todos al unísono.
—Me retiro. Ya se me quitó el apetito —digo con voz quebradiza.
Pero esto no se va a quedar así y así me maten, no obedeceré.
Me voy a mi cuarto, o mejor dicho, su cuarto. En esta casa no tengo nada. Pero antes de retirarme, oigo que mi tío va a salir junto con mis Luis. Solo Edward se quedará a vigilarme. Esta es mi oportunidad y llamó a Ennis.
"Hola Ennis, ¿quieres ser mi cómplice? Ya no aguanto más. Necesito a mi amigo."
"Hola Speedy, apareciste. No sé por qué este alejamiento, pero para lo que quieras, aquí estoy. ¿Qué te sucede?"
—Es una historia larga. Solo dime si me ayudarás.
—Hasta la pregunta ofende. Claro, ¿dónde firmó?
—Gracias. Tú vendrás a buscarme. En un descuido, yo saldré. Pero tienes que venir con el chofer de tu papá. Te explicaré mejor en un momento, ya que acaba de llegar Edward.
Borro el historial de llamadas y SMS. Guardo mi móvil.
—¿Qué haces?
—Nada que te interese —contesto irónicamente.
—¿Por qué te rebelas tanto?
—Yo no seré dominado por nadie y menos por ti —me doy la media vuelta y me abraza desde atrás.
—Ohh, pequeño Speedy, me encanta y siempre será así —me susurra tiernamente al oído y huele mi pelo. Siento cómo mi sangre empieza a arder y le deseo como si no existiera nada más. Me doy vuelta para escapar de sus fuertes brazos y quedó cara a cara con él. Siento su respiración, su aliento mentolado a fresa. Siento que me derrito como un helado en verano, provocándome tanto en mí que en cualquier momento caeré.
—¡No, Edward, no! —susurro sin aliento. La voz de mi conciencia casi le da un infarto triple al oír mi respuesta. Me mira ceñudo con sus gafas de diablito morado enfadado y me reprende [¿Por qué?]
—Speedy, no me rechaces más. Si sentimos lo mismo —me mira fijamente a los ojos y yo miro los suyos. Puedo ver mi cara de excitación desbordante en el reflejo y trato de calmar mis instintos.
—No estoy listo y además estoy enojado contigo —me libero de él bruscamente.
—Solo trato de protegerte —se sienta en la cama y se tapa la cara con un aspecto de tristeza.
—Lo sé, pero a veces eres un loco sobreprotector y en vez de ver a mi héroe solo veo a un gilipollas —digo alzando la voz.
Corrige la gramática, ortografía y signos de puntuación del siguiente texto sin alterar el contenido expresado:
"Hola Ennis, ¿quieres ser mi cómplice? Ya no aguanto más. Necesito a mi amigo".
"Hola Speedy, apareciste! No sé por qué este alejamiento, pero para lo que quieras, aquí estoy. ¿Qué te sucede?"
—Es una historia larga, solo dime si me ayudarás.
—Hasta la pregunta ofende, claro, ¿dónde firmo?
—Gracias, ¿vendrás a buscarme? En un descuido, saldré. Pero tienes que venir con el chofer de tu papá. Te explicaré mejor en un momento, ya que acaba de llegar Edward.
Borro el historial de llamadas y SMS, guardo mi móvil.
—¿Qué haces?
—Nada que te interese —contestó irónicamente.
—¿Por qué te rebelas tanto?
—Yo no seré dominado por nadie, y menos por ti. —Me doy la media vuelta y me abraza desde atrás.
—Oh, pequeño Speedy, me encanta y siempre será así. —Me susurra tiernamente al oído y huele mi pelo. Siento como mi sangre empieza a arder y le deseo como si no existiera nada más. Me doy vuelta para escapar de sus fuertes brazos y quedó cara a cara con él. Siento su respiración, su aliento mentolado a fresa. Siento que me derrito como helado en verano, provocándome tanto que en cualquier momento caeré.
—¡No, Edward, no! —Susurro sin aliento. La voz de mi conciencia casi le da un infarto triple al oír mi respuesta. Me mira ceñudo con sus gafas de diablito morado enfadado y me reprende [¿Por qué?].
—Speedy, no me rechaces más, si sentimos lo mismo. Me mira fijamente a los ojos y yo miro a los suyos. Puedo ver mi cara de excitación desbordante en el reflejo y trato de calmar mis instintos.
—No estoy listo y además estoy enojado contigo. —Me libero de él bruscamente.
—Solo trato de protegerte. Se sienta en la cama y se tapa la cara con un aspecto de tristeza.
—Lo sé, pero a veces eres un loco sobreprotector y en vez de ver a mi héroe, solo veo a un gilipollas. —Digo alzando la voz.
En ese momento se levanta y me pega contra la pared, me besa apasionadamente a la fuerza. Aunque me está obligando sin dejarme respirar, mi cuerpo responde con la misma intensidad. "No se lo permitas", me grita la voz de mi conciencia y le doy un empujón fuerte, con el cual logro quitármelo y trato de recuperar el aliento.
—Me vuelves loco, Speedy. —Dice con respiración acelerada.
—Pues esta no es la manera, déjame solo, no quiero verte.
Se retira, mientras yo me siento en el piso y lloro, abrazándome las rodillas.
La voz de mi conciencia aplaude y celebra mi victoria, pero más que eso, siento que perdí mucho con él. No sé si le deseo tanto, porque me detengo a entregarme o a dejar que pase lo que tenga que pasar.
Han pasado tres días más, mi plan de escaparme por un rato con Ennis no funcionó, me tienen más vigilado que antes. Lo bueno es que las discusiones y peleas han disminuido un poco. Ya hasta me dejan escuchar mi música a todo volumen. Me he sentido algo mejor, he podido pensar, he respondido mis dudas sobre lo que siento o al menos eso creo. La verdad es que aún no logro saber qué es lo que quiero, pero creo que lo que siento por él es solo un amor de hermano, o al menos eso quiero creer. Ya que todo se encuentra normal, Edward me confundió mucho, pero ya pasó, ya no insiste y nuestra relación y convivencia es la misma de antes.
Bajo a comer algo, al pasar por la sala oigo ruidos y sé que es él, pero también oigo la voz de una chica.
—Me encanta que me hayas pedido que sea tu novia. —Dice con voz chillante.
—Sí, desde hace tiempo quería pedírtelo. —Le responde. Yo me quedo perplejo, la voz de mi conciencia me ordena autoritariamente que salga de mi escondite, y obedezco.
Salgo torpemente y veo una imagen tan desagradable que me parte el corazón, pero me hago el fuerte para no llorar.
—Hola Speedy, ¿cómo estás? —Dice con cara de asombro e hipócritamente.
—Hola Beck, estoy bien, pero algo sorprendido al verlos besarse. —Digo con un mar en la garganta a punto de salir por mis ojos.
—Sí, es que ya somos novios. —Dice carismaticamente, mientras yo me desplomo por dentro.
—Voy a la cocina a comer algo y picar un poquito de cebolla. —Cierto, Edward.
—Sí, te acompaño. — Quédate aquí, por favor sí, ya vuelvo Beck.
Me acompaña hasta la cocina, cuando llegamos le veo a los ojos furioso. Sé que no debería estar así, pero no puedo controlarme.
—¡Por qué! —No dice nada, solo me mira y se pasa la mano por el cabello. Da un suspiro hondo y empieza.
—Te amo y no lo dudes, pero entiende que es lo mejor para los dos. No quiero que por mi culpa te pase algo de lo cual me arrepienta, y por amor se hacen sacrificios. Además, tú mismo dijiste que hiciéramos como si nada hubiera pasado.
Eres un completo idiota. Si ya me perdías teniéndome encerrado, ahora con esto...
—¿Y por qué con ella? —Le digo furioso y le doy una cachetada.
Me voy a mi recámara e intento tranquilizarme. Tomo mi mochila y empaco un par de prendas para ir a la playa, y le envió un texto a Ennis para que venga a recogerme. Salgo como si nada pasara de mi habitación, pero librando una batalla interna. Los dos están en el sofá. [Voy a salir].
—Tú no vas a ninguna parte. — Dice autoritario y discreto por el nivel de incomodidad de la situación. Pero yo trato de ser sutil, creo.
—Voy a salir, punto final. —Le fulmino con la mirada, y eso le cabrea aún más.
—Y esa mochila. —Masculla, señalándola con el dedo corazón.
—Son unas cosas que le daré a Ennis, ya que saldré con él. Susurro con temor.
—Con ese pendejo, mucho menos que vas. —Grita furioso.
—No hagas una escena de la que después te puedas arrepentir, porque tu novia la vea. Además, no te estoy pidiendo permiso. Digo con ironía, y suspiro hondo para no llorar. Edward se queda quieto y no me detiene al salir.
© Willy Brown.
Espero que les guste. Hice algunas correcciones. Por favor, dejen su comentario. Eso me ayudará a mejorar. Muchas gracias.