Única Parte
Louis sabía por la forma en que su piel quemaba mientras se impulsaba sobre el pene de plástico justo en su cama.
Sus pensamientos vagaban mientras se acariciaba los pezones y permitía que su cabello cayera sobre sus ojos, sabiendo el espectáculo de inocente que debía estar dando directo hacia el batallón de soldados.
Se había aprendido los horarios: la hora en que tenían que correr, incluso la hora en donde se despertaban para fastidiarlos desnudo en la ventana y con un cigarrillo en sus dedos.
No terminó, por supuesto que no lo hizo. Se impulsó hacia afuera sacando un 'pop' de su trasero lleno de lubricante y se acercó a la ventana, cerrando la cortina no sin antes mirar la expresión de enojo del comandante del batallón. Y sí, el comandante Harry Styles entrenaba a esa hora. Vaya casualidad.
Louis soltó una risita mientras recogía la ropa en el suelo y se la colocaba con delicadeza, gimiendo cuando las prendas tocaban sus puntos sensibles, solo porque amaba no correrse y sentirse de esa forma extraña todo el día. Pero el timbre sonó cuando terminó, y su cuerpo se heló bajándole toda la excitación de repente. Incluso si respiración se cortó cuando volvió a abrir la cortina y el coronel de rizos no estaba.
—Demonios —susurró mordiendo su labio.
(...)
Sus manos temblaban más que la primera vez que tuvo sexo, o cuando introdujo su primer dildo en su trasero.
¿Qué debía hacer? Estaba sudando del nerviosismo, porque llevaba tanto tiempo haciendo aquel pequeño juego que llegó a pensar que nunca se metería en problemas.
¿Y si se lo decía a su padre? Él seguro terminaría gritándole, o algo mucho peor.
El timbre volvió a sonar y tuvo que hacerlo, tuvo que bajar las escaleras completamente y atravesar la sala hasta llegar a la puerta, aun así no pudo abrirla.
¿Y si lo obligaban a entrenar con ellos? ¿Cómo le vería la cara a cada uno de esos militares después de las cientas de veces que los hizo calentarse? Recordó una noche en especial... Cómo se había corrido aquella noche donde toda su corrida terminó fuera de su ventana solo para que su delicado miembro sea visto por todo ellos. ¿Cómo podría si quiera estar a metros de ellos?
Tenía que hacerlo. Había hecho su propia tumba desde el primer día que comenzó con su absurdo juego.
—¡Lo siento, lo siento! —chilló en cuanto abrió la puerta. Hasta sus lágrimas estuvieron a punto de derramarse.
Louis pestañeó para no echarse a llorar y parecer más ridículo de lo que ya lucía, mirando la calma con la que estaba el comandante frente a él.
—¿Está tu padre? —habló por fin, con su voz tan ronca que las piernas de Louis temblaron levemente. Pero no les prestó atención cuando una lágrima ya bajaba por su mejilla.
—No, por favor —suplicó apretando la manija de la puerta y negando repetidamente—. Dejaré de hacerlo, se lo juro, pero no se lo diga a mi padre.
El comandante Harry parecía no tener piedad.
—¿Está tu padre, Louis? —volvió a preguntar, el enojo en su voz haciendo que Louis se diera por vencido.
—No —respondió en un susurro y cubrió su boca con su mano cuando un gemido acompañó sus lágrimas—. ¡Solo estaba jugando! ¡Prometo no volver a hacerlo, señor!
Louis vio como no se movió de su lugar, permaneció con sus gruesas manos cruzadas frente a sus pantalones verdes.
—Mírame —Harry ordenó, y Louis lo hizo con rapidez, sonrojándose por haber sido descubierto—, ¿qué se supone que querías lograr con tu absurdo juego, niño?
Louis temió encogerse de hombros, hasta abrir su boca lo asustó demasiado. ¿Qué más daba morir frente a su puerta?
Pero Harry entró después de mirar detrás de él y lo empujó hasta que ambos estuvieron dentro. Louis ni siquiera se dio cuenta, ya que estaba demasiado ocupado llorando lágrimas de cocodrilo porque de haber sido todo de otra forma, si nunca lo hubieran descubierto, él hubiera parado.
—Escúchame —exigió el comandante y Louis parpadeó, alzando su barbilla para poder tenerlo en su campo de visión—, vas a dejar de provocar a mis soldados desde el día de hoy hasta mi muerte. ¿Me estás oyendo?
—Sí —contestó bajito, abrazándose y casi temblando del miedo.
—¿Sí, qué? —exigió y Louis saltó en su lugar por el nivel de su voz.
—Eh —dudó y miró con pánico al sujeto—, ¿sí, mi comandante?
—Perfecto —susurró. Y bien la sonrisa en sus labios podría haber derretido a Louis, pero fue sostenido por las manos de Harry, que se tomó la molestia de limpiar sus lágrimas—. Dime, ¿qué querías lograr? —repitió.
Louis abrió sus labios y dejó escapar el aire que de repente se acumuló en sus pulmones, que al salir sonó como un sonido que hizo gruñir al comandante.
—¿Qué querías lograr? —preguntó en voz baja, una de sus manos viajando al cuello de Louis y sosteniéndolo en ese lugar. Louis volvió a hacer el mismo sonidito, sorprendiéndose de lo complacido que lucía el señor—. ¿Querías que alguien venga a follarte duro, hum?
Louis jadeó en busca de aire y asintió, su instinto saliendo a flote sin pensarlo demasiado.
—Responde —Harry volvió a estar serio con su voz alzada, pero Louis ya no temía. De hecho, avanzó un paso más cerca que él.
—Sí, mi comandante —murmuró, inclinando su cabeza para que la gran mano de Harry bajara por su hombro, y mucho más abajo.
—Hum —sonrió y se inclinó hasta estar muy cerca de sus labios. Louis se sintió morir—, ¿sabes quién soy, verdad?
Louis sonrió de lado levemente, sonrojado y tímido por lo que sentía en su interior. Y en sus cortos pantalones.
—Es amigo de mi padre —respondió.
Harry asintió complacido y sacó su lengua para pasarla por la comisura de los labios de Louis, quien cerró los ojos y gimió demasiado fuerte.
—A él no le gustará que ensucie a su hijo —Su boca siguió explorando la piel de Louis hasta llegar a su garganta—, no le gustará saber que lo ensucie con mi semen por ser un atrevido.
Louis era gelatina en sus manos. Sus propios brazos fueron a las a sus costados, sin vida y sin poder recordar cómo moverse cuando el comandante Harry chupó en su garganta con fuerza, quemándolo y haciendo que sus rodillas se doblaran. Fue rápido en sostenerlo desde su cintura.
—Está bien —subió a su oído y susurró con su aliento caliente entrando en Louis—, sé que quieres que te ensucie mucho. ¿Cierto, pequeño?
—Sí, sí, por favor, mi comandante —dijo, su voz saliendo de la nada y haciéndolo estar más cansando por usar su último aliento antes de que su respiración se acelerara más de lo normal y se mareara—, oh dios.
El comandante Styles adivinó que no podría estar de pie mucho tiempo y lo alzó desde su trasero. Louis no perdió tiempo y a pesar de estar mareado, se aferró a su cuello y permitió que lo llevara hasta la cocina.
—Calma, pequeño —susurró y lo dejó sobre sus pies.
—Voy a...—jadeó y cerró los ojos, lanzando su cabeza hacia atrás—...caer.
—Gírate —exigió y Louis lo hizo hasta estar recostado sobre el mesón de su cocina.
Pudo escuchar con claridad como el cierre del pantalón del comandante Harry era bajado por él mismo y el pánico lo invadió.
—No, no —susurró con voz entrecortada—, quiero verlo. Por favor, por favor.
—Shh, pequeño —Lo regresó a su lugar, aplastando su gran mano en la parte baja de su espalda, donde sus hoyuelos se hacían notar. Los dedos de Harry estuvieron ahí enseguida—, no voy a follarte aquí.
Louis asintió, lamiendo sus labios y aferrándose a la nada cuando sus pantalones cortos fueron bajados. Y bendito sea él por no haberse puesto ropa interior.
Harry gimió y bajó sus manos hasta abrir el culo de Louis y poder mirar su agujero, igual de húmedo que cuando el mismo Louis se estaba follando con su pene de plástico.
—No te corriste —supo al instante—. No te corriste y sigues demasiado abierto como para no tomarte, dios.
—Hazlo —Louis tentó moviendo su trasero hacia atrás y gimiendo—, hazlo con fuerza.
Harry se tiró sobre él, su miembro al aire rozando con el agujero de Louis mientras lo tumbaba hacia adelante.
Ambos suspiraron.
—Lo haré —dijo entre dientes, sin parar de rozar su pene entre las nalgas de Louis—, oh, sí que lo haré, demonios.
Louis gemía sin estar siendo follado, pero podía sentir la punta del miembro del comandante detrás de él rozando su abertura y más allá de ella, jugando con él y haciéndolo sentir mareado, tonto y débil bajo los brazos de Harry Styles, el comandante que se había tomado la molestia de hacerle aprender de su gran error. ¿Por qué masturbarse por militares de cuarta teniendo a Harry siempre delante de ellos? De todos.
—¿Te gusta? —preguntó interrumpiendo sus pensamientos y sin parar de follar sus nalgas—. Respóndeme —exclamó con ira.
—Sí, mi comandante —susurró alzando su trasero y mordiendo sus labios en un intento fallido de parar sus chillidos—, me encanta, mi señor.
—Sí —dijo a sus espaldas, hundiendo sus caderas en Louis y gruñendo con fuerza—, te encanta que juegue contigo tal como tú lo haces conmigo, ¿verdad, minino?
—Sí, mi señor...mi comandante —gimió y llevó dos de sus dedos a su boca, siendo incapaz de soportar el vacío que sentía—, estoy tan húmedo por usted...
—¿Sí? —Harry se acercó a la oreja de Louis y tiró de ella con sus dientes, sintiendo lo cerca que estaban sus cuerpos y lo poco que durarían—, ¿solo por mí, cierto?
Louis asintió y chupó con más fuerza sus dedos, sin importarle la saliva que escapaba de su boca y como Harry parecía estar quemándolo con su mirada.
—Voy a probarte —aseguró.
Él ya estaba sobre sus rodillas antes de que Louis pudiera estar listo para la sensación, pero fue lo mejor. Un enorme gemido huyó de sus labios a pesar de tener todavía sus dedos en sus labios; fue el más fuerte de todos. Ni siquiera cuando tocaba su próstata con sus dedos gemía de esa forma, y Harry solo había metido su lengua en él sin piedad.
—Hmm —gimió entre el culo de Louis, hundiéndose más en él y haciendo que el castaño abriera sus ojos en grande ante la gran sensación que lo invadió.
Harry rodeó su agujero con su lengua y llevó más saliva a aquella zona para sentir las paredes del muchacho mucho más húmedas de lo que ya las sentía. Incluso presionaban su lengua, lo dejaban atrapado por como Louis apretaba su trasero y gritaba bajito, bajando su trasero para que Harry saliera de él, ¿pero cómo? ¿Cómo parar cuando su lengua quería llegar mucho más fondo?
Louis se corrió con varios quejidos. Harry salió de él, entonces, y lo hizo girarse sin importarle lo débil que estaba el castaño o como parecía que caería en cualquier momento. Nada importó cuando bajó el resto de sus pantalones y tomó su polla en sus manos y la manipuló para que toda su corrida cayera sobre sus dedos.
—Para... —Louis miró hacia abajo, donde Harry miraba el espectáculo entre sus dedos—. Para, para, por favor...
Harry no lo hizo, y Louis en un intento de hacerlo detenerse, lo apartó con sus débiles manos. Fue tan lento que el comandante lo agarró con una sola mano y lo obligó a quedarse quieto, aclamándolo al mesón para meter su cansado pene dentro de su boca.
—¡Ah! —gritó y se ahogó con su propio aire, tratando de separarse y fallando cuando el señor lo chupó con fuerza haciendo que su cuerpo se doble y su pecho terminara en uno de sus hombros—. Ah... Ah, dios, pa-para.
Harry obedeció, lamiendo sus labios y soltando las manos de Louis, que derramó algunas lágrimas sobre el hombro del comandante.
—Hum, ¿estás cansado ya? —Harry se colocó de pie y acercó el abusado cuerpo de Louis entre sus brazos para acercarlo a su pecho, ya que el pobre muchacho parecía estar desmayado—. ¿Dónde está la habitación?
Louis abrió la boca para respirar, aferrándose a los costados de Harry para no caer al suelo. Pero ni siquiera sentía las fuertes manos de Harry sostenerlo por todas partes.
—No voy a volver a repetirlo, minino —dijo en su oído, haciendo que la piel de Louis reaccionara enseguida.
—Arriba —susurró con ojos cerrados y llenos de lágrimas—, en la segunda puerta a la derecha.
—Bien —Harry tomó su trasero, amando la forma en que se sentía en sus dedos. Como una masa que ya había manipulado, incluso saboreado.
Lo cargó, y Louis abrazó sus piernas a la cintura del comandante Harry con sus pocas fuerzas. Él se encargó de lo demás, haciendo que el castaño dejara su cabeza sobre su hombro y sosteniéndolo en ese lugar para subir las escaleras.
Louis se sentía candado, pero había algo en su vientre que se apretaba cuando se permitía sentir la piel de Harry sobre él, nada más que eso. Se sentía volar, con ganas de reír con fuerza y gritar con todo el poco aire que le quedaba, mas no podía por como de maltratado se sentía. Pero lo amaba.
Amaba la sensación de querer saltar y no poder hacerlo. Amaba tener al comandante llevándolo al cuarto que había provocado todo el episodio. Amaba sentir su saliva en su agujero y en sus muslos.
—¿Aquí? —preguntó el comandante y Louis asintió sin ni siquiera poder ver, porque estaba perdido en cómo la piel de Harry lo hacía sentir.
El sonido de la puerta no le dio la valentía de levantar la cabeza de donde estaba escondido, más bien se hundió más en el cuello del comandante, oliendo si perfume y susurrando lo bien que olía. Se atrevió a dejar un beso en esa zona, recordando el ardor en su cuello.
—Te voy a dejar en la cama —avisó y pronto su cuerpo rebotó en la superficie.
Pensó que todo había acabado ahí, que Harry se iría y lo dejaría dormir hasta el día siguiente, pero la decepción se fue tan rápido como vino cuando las grandes manos de Harry acariciaron sus muslos y separaron sus piernas.
—¿Fue ahí? —preguntó—, ¿en esa ventana hacías tus travesuras?
Louis vio a través de sus lágrimas y pestañas, asintiendo y tirando otra vez su cabeza hacia atrás con sofocación.
—¿Y supongo que este es el famoso dildo, eh? —Louis asintió sin ver, apretando su agujero y recordando lo largo y grueso que era su juego dentro de él—. Respóndeme con palabras cuando te esté hablando.
El castaño gimió con dolor.
—Sí, mi comandante —dijo y llevó una de sus manos a su vientre cuando fue consciente de la humedad en esa parte: Harry lo había besado—, con ese juguete me abrí para estar listo para usted.
—Lo he visto, pequeño travieso —Sus manos siguieron subiendo hasta que pudo tener su rostro entre sus manos de vuelta, esta vez con muchas más lágrimas y gemidos que parecían no querer lo que estaba sucediendo, pero Louis se abría más de piernas para que Harry encajara en ellas—, no sabes cómo me encanta que lo hagas, pero es mi turno. No me iré hasta probar cada rincón de tu cuerpo y tenerlo grabado en mi mente, para nunca olvidarlo. ¿Te gustaría, minino? Sé que sí.
—Sí, sí —susurró con su cabeza yendo de un lado a otro, Harry dejando que lo haga cuando lo soltó y se arrodilló en el espacio de entre sus piernas, preparando su mente para el mejor día de su miserable vida.
A la mierda todo.
—Abre la boca —ordenó y Louis lo hizo demostrando su sumisión, y cómo lo amaba. Harry podía ver el deseo en su cuerpo, muy lejano de la prueba que Louis le tenía entre sus piernas: su pene alzado otra vez, como si nunca se hubiera liberado. Estaba confundiendo al comandante demasiado, y quién lo culparía si viera lo que él estaba viendo en ese momento—. Ábrela lo más que puedas, mi pequeño gatito.
Louis no lo vio, pero se lo esperaba. Lo sentía en el aire, mezclado con el olor del calor de ambas pieles. El dildo fue a dar a su boca y Harry se encargó de meterlo y sacarlo mientras gruñía, seguramente imaginando que era su miembro el que estaba en aquella boquita dada por el mismo demonio, porque nada podría sentirse así de bien sin tener una consecuencia. Harry seguramente se iría al infierno, pero con el pecho en algo, orgulloso de haber tenido ese pequeño cuerpo solo para él. Y que nadie lo culpe, porque Louis parecía ser el pecado viviente.
Abrió sus ojos, por fin. Y disfrutó de la imagen que tenía frente a él; Harry follando su boca con aquel usado juguete, gozando con la forma en que Louis pestañeaba y se acercaba más a él, queriendo hacerle saber lo bien que lo tomaría a él si estuviera en el lugar del afortunado dildo. El comandante lo sabía a pesar de no estar usando palabras, solo suspiros y gemidos fuertes por parte de los dos. Louis chupando y llevando la punta del dildo a una de sus mejillas para que sobresaliera su piel, y Harry gruñera de esa forma que hacía que el castaño se perdiera.
Nadie lo volvería a hacer sentir de esa forma; loco y perdido en el espacio, pero consciente de lo que hacía. Pedía más, a pesar de no saber si podría aceptarlo todo.
—Voy a follarte —el comandante habló, perdido en el movimiento de los labios de Louis es el pene de juguete—, y no dejarás de hacer eso que estás haciendo ahora. No pararás, ¿me oyes?
Louis asintió y acercó su mano a la de Harry, tocando demás hasta llegar a la base del juguete y adueñarse de él. El comandante le sonrió, diciéndole con su sonrisa lo atrevido que estaba siendo, pestañeando rápido y hundiendo el juguete en su garganta, sacándolo y volviendo a hacerlo solo para él.
—Gírate —volvió a ordenar, y Louis a esa altura no estaba para negarse. Lo hizo, alzando su trasero tal como lo había hecho en su cocina, donde Harry había comido su culo como si fuera el mejor manjar que haya probado.
Los pantalones de Harry terminaron volando mientras Louis seguía chupando su juguete, que el anteriormente había estado atrapado en su culo, entre sus paredes llenas de lubricante que ahora guardaban la saliva del comandante.
—Mírate —susurró Harry a sus espaldas—, tan hermoso con ese culo abierto, y ni siquiera te he tomado bien, pero estás tan abierto...
Louis gimió y recostó su cabeza en la cama para poder mirar a su domador, ahuecando sus mejillas y sacando la polla de juguete con otro 'pop' que resonó en los oídos del señor.
—Por usted —le dijo con voz gastada por haber jugado demasiado. Hasta el fondo de su garganta—, para nadie más, mi comandante. Mi señor.
Harry asintió, aturdido por la imagen que tenía frente a sus ojos. No terminaba de creérselo, hasta quería volver a estar dentro de ese pequeño agujero que había hecho prisionero a su lengua anteriormente, pero su pene no lo soportaba. Ver a Louis a sus órdenes lo ponía demasiado y no sabía cómo había soportado tanto tiempo sin correrse.
—Te haré mío —prometió mientras tomaba su miembro en sus manos y lo acariciaba. Miró directo a los ojos azules de Louis para que supiera que hablaba en serio, no mentía para nada—, te joderé demasiado que me recordarás por días, mi cielo.
—Lo quiero —Louis sacó su lengua y la posó sobre la punta de su brillante juguete, volviendo a separarse y mirar más profundo en el verde de los ojos de su comandante—, lo quiero demasiado.
El comandante tomó el trasero de Louis como un experto, y con una sola mano separó sus nalgas para ver ese apetitoso orificio que lo volvía loco. Gruñó sin aguantarlo más y rozó su glande en esa zona, brillante ante sus ojos por la saliva y el presemen que él mismo estaba dejando. Su marca por todas partes. Y Louis solo gemía, alzándose hasta lo imposible y volviendo a colocar el juguete en su boca para no gritar y sollozar como un niño pequeño.
Vio estrellas y una galaxia entera cuando la punta del pene de Harry estuvo dentro de él. Ambos lo vieron; un mundo lleno de placer.
—Ah —Harry jadeó aliviado y cerró sus ojos, tirando su cabeza hacia tras y aspirando el aire que necesitaba para seguir adelante y no morir en el intento—, ah, ah.
Cuando estuvo dentro, tomó la perfilada cintura de Louis y se hundió más, sintiendo como su pene tocaba todo en su interior, todo lo que su lengua quería alcanzar. Fue magnifico.
—Te...Te sientes fantástico —dijo el comandante entre dientes. Louis no respondió, ocupado dándole la mamada al juguete e imaginando a Harry en su lengua corriéndose. Caliente por todas partes.
Harry estableció un ritmo. Fue lento cuando entraba y rápido al salir, disfrutando de las tiras de presemen que lo unían al hermoso culo de Louis, provocando que no quisiera salir más. Era una discusión interna mientras lo follaba: quería destrozarlo y abrirlo de piernas, mientras que otra parte de él quería sentarlo sobre él para que no se cansara tanto. Pero Louis lo disfrutaba desde donde estaba, porque una de sus manos tiraba de su pezón con fuerza, sin dolor, y su mano libre hundía el pene de plástico en su boca sin piedad.
El comandante siguió follando su trasero, disfrutando de todo lo que él le podía dar. Incluso el sonido lo estaba volviendo loco. ¿Cómo parar? Estaba tan cerca, pero no sabía si pararía para entonces.
—Bebé —llamó entre dientes, agachándose para besar su boca y tomar su pene rojo una vez más en sus manos, y jalar de él como si le perteneciera—, no sabes lo bien que te sientes —le susurró a su espalda.
Louis estaba siendo tan bueno. Obedecía su orden sin quejarse, a pesar de tener las sábanas debajo de él llenas de la saliva que su boca no podía contener. Al igual que los gemidos.
—Mi comandante —dijo con mucha desesperación, mientras Harry de abrazaba con una mano a su cintura, amando aquel día como el mejor de su existencia—, no lo soporto. No lo soporto más, mi señor, por favor.
—Joder —murmuró en la sudada piel de Louis, hundiendo sus caderas y sintiendo las tiras de semen entrando en Louis y no quería salir con miedo de que su semilla escapara de ese hermoso culo—, mierda.
—¡Ah, ah, ah! —Louis apretó las sábanas con ambas manos y se derrumbó sobre las sucias colchas, con Harry sobre él.
Ambos tenían su respiración acelerada al compás.
Harry fue el primero en moverse, dándose por vencido y queriendo ver el desastre en el culo de Louis.
—No se vaya todavía, mi señor —Louis suplicó en voz baja y mirándolo con piedad y humedad en los bordes de sus ojos.
—No me iré —aseguró y sonrió de lado, más hoyuelos mostrándose sin vergüenza—, estaré aquí para ti —prometió y Louis le asintió, creyéndole como un tonto enamorado.
—Mira esto —Harry le susurró cuando estuvo frente a su, ahora, maltratado agujero, que se mantenía rojo y botando el semen de Harry sin saber cómo guardárselo para siempre. Un enorme recuerdo que nunca olvidaría aunque perdiera sus marcas sobre su cuerpo—. Mira que precioso te ves ahora... Mucho más que antes, minino.
Louis rió y dejó que Harry besara ambas mejillas en su trasero.
—Dime cómo dejar esto ahora —dijo con un suspiro.
—No lo sé, mi comandante —respondió Louis con burla—. Debería decírmelo usted a mí.
El comandante rió y siguió mirando como chorreaba el interior de Louis, tal como un ciego volviera a observar la belleza del mundo.
—Te lo diré —comentó con voz perdida—, pero hoy no.
—Sí, mi comandante —respondió complacido.
(...)
Louis sacó el cigarrillo de sus labios y frunció la frente mientras miraba a los lejos.
El cielo lloraba ese día y él necesitaba unos brazos a su alrededor con urgencia. Pero no cualquier brazos. Él quería unos específicamente.
Lo extrañaba desde ya un buen tiempo.
—Maldición —gruñó y abrió la ventana de aquella habitación, que con el pasar de los días se había vuelto su lugar favorito.
—Louis —llamó su padre desde el marco de la puerta. El mencionado giró los ojos y lo miró con fastidio—, baja a comer ahora.
—Ahora iré, papá. ¿No puedes dejarme solo un instante? —tiró de su cabello con fastidio cuando no le permitió ver a su padre.
—Y cierra esa ventana —le dijo con un toque de burla en su voz—, te vas a enfermar.
Louis siguió rodando los ojos, lanzando el humo del cigarrillo por la ventana y viendo cómo la lluvia se encargaba de acabar con lo poco de él.
—Louis, por favor —volvió a rogar su padre en voz baja.
No quería llorar, pero había sido la semana más larga de su vida sin Harry abrazándolo por las noches, hasta extrañaba cuando lo regañaba.
—Dijo que regresaría de su misión hoy —su voz se partió y volvió a llevar el cigarrillo a sus labios para disimular en dolor en su rostro.
—Bueno —comenzó su padre—, cuando regrese no estará nada feliz de saber que no has comido en su ausencia.
Louis gruñó y agradeció que su padre desapareciera en ese segundo porque sus lágrimas cayeron en sus mejillas como si la lluvia estuviera dentro de esa pequeña habitación, donde Harry llevaba durmiendo meses.
Estaba dándose por vencido a su segundo cigarrillo, cuando la lluvia aumentó y terminó dejándolo empapado.
Estaba dándose por vencido cuando botó el humo por sus pálidos labios y miró a lo lejos, con su vista borrosa más por las lágrimas que por la lluvia.
Estaba dándose por vencido cuando se secó la última lágrima en la misma mejilla que Harry había besado días anteriores, después de haberle prometido que regresaría sano y salvo de esa pequeña guerra en los bosques, asegurando que no debía preocuparse.
Estaba a punto de darse por vencido, hasta que Harry apareció en patio de deportes de los militares con su hermosa sonrisa, la que contagió a Louis enseguida.
Y rió, sentándose mejor en el borde de la ventana y disfrutando de la vista que tenía hacia el comandante Harry Styles.