like royalty // Larry Stylinson

Summary

Louis, el príncipe de Halges, ha tenido su primer celo. Y su padre ha buscado al alfa que él quiere para que lo complazca durante su dolor, satisfaciendo también a Louis al acatar sus deseos. Louis ha hablado.

Genre
Erotica/Romance
Author
Levi
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Única Parte

—Uhm —El alfa miró entre los miles de soldados que cubrían la espalda del rey mientras él le miraba con atención—. Yo no...

—Lo muerdes —dijo el rey con voz gruesa y seria—, y yo te arrancaré la cabeza con mis manos, campesino. ¿Me has escuchado?

Harry inclinó la cabeza como respuesta, sus labios temblando y su cuello temblando por su fastidiosa imaginación.

—Pero, mi rey —susurró mirando la suciedad en sus zapatos—, yo no soy digno de estar con su hijo... Con el príncipe Louis.

El rey suspiró.

—Alza tu cabeza, alfa —ordenó y Harry obedeció con rapidez—. Sé que no eres digno de mi hijo.

Harry esperó por más palabras pero ellas no vinieron. Dejaron que las puertas de la gran habitación frente a él se abrieran con un sonido que incluso sonó tan elegante. Entró, mirando a sus espaldas con el temor de que todo fuera una sucia broma hacia su persona, que volvería al campo con su espalda marcada por látigos por siquiera haber entrado unos pocos centímetros a la pieza del consentido príncipe de Halges. Sin embargo, las puertas se cerraron y lo dejaron cautivo; el olor a celo próximo en el aire fue una cachetada que le regresó a la realidad. Una realidad buena donde él realmente iba a complacer al príncipe Louis.

—¿Por qué estás tan sucio?

La voz le hizo brincar como un gato sobre sus pies. Y se giró, temblando como un alfa cobrarte ante la dulce voz que invadió sus oídos.

—Mi príncipe —susurró con respeto, volviendo a inclinarse.

—¡No hagas eso! —él chilló con fastidio en su voz. Harry, ya demasiado preocupado, alzó su cabeza con un movimiento brusco y esperó su muerte lenta—. Me repugna ese movimiento; no lo vuelvas a hacer si quieres mantener tu pene en tus pantalones.

Él sonrió, tan lindo sobre su enorme cama cubierta de pieles, las mejores que los artesanos se habían encargado de traerle. Harry podría jurar que al menos una de esas pieles fue hecha por él.

—Lo siento, mi príncipe —respondió, el rosado en sus mejillas no notándose.

La túnica que llevaba el omega dejaba ver sus pezones, y Harry tragó saliva cuando los notó. Mordió su labio y se negó a pensar más allá de una muerte segura.

—¿Por qué estás sucio? —preguntó otra vez—. Dije claramente que te quería limpio para mí, ¿por qué no lo estás?

No tenía una respuesta. Apenas entendía qué estaba haciendo frente a él, el inalcanzable hijo del rey que nunca se dejaba ver fuera de su gran mansión. Quizá ya entendía la razón; era un omega. El rey ya sabía que tendría un hijo omega, tan mal visto para los demás.

—Acércate —indicó el príncipe, su voz siendo la melodía que te recibe en el cielo—. Acércate a mí, por favor.

Harry obedeció, paso por paso y sus ojos yendo a todas partes menos al omega echado en la gran cama, casi cubierta por miles de plumas y telas que no dejaban apreciar su belleza. Pero su olor no, ese vagaba alrededor de Harry con picardía para fuera bienvenido en sus fosas nasales. Olía al mismo cielo.

—Mírame —ordenó esta vez, casi gimiendo en un gran grito—. Mírame, por favor...

Harry lo hizo con un gruñido estancándose en su garganta y haciéndole apreciar su miserable vida.

Sus ojos le miraron y el omega ladeó su cabeza, mechones de cabello del color del mejor chocolate cayendo sobre sus hombros casi descubiertos por la túnica.

—Mírame —repitió como un gemido, sentándose sobre sus rodillas y mirando fijamente a Harry.

Tenía ojos azules. El cielo junto al océano en su rostro, notándose con atrevimiento entre sus mejillas rojas por el rubor que recorría desde sus resaltados pómulos hasta más arriba, donde Harry quería tocar para comprobar si existía.

—¿Te gusta...? —preguntó y Harry dejó de mirarlo en ese instante, volviendo a bajar su mirada con vergüenza por haber sido tan atrevido. Era el príncipe frente a sus ojos, de todas formas—. No... No —gimió todo lastimero—. No dejes de mirarme.

Increíble como su voz parecía obligarte y suplicarte al mismo tiempo, y Harry alzando su cabeza comprobó que él lucía de la misma forma.

—Lo siento, mi príncipe —Agradeció a los dioses que su voz no temblara.

—Respóndeme —dijo ignorándolo—. Responde la pregunta que te hice.

El alfa tragó saliva, casi escasas en su boca. Vio otra vez al omega, a su príncipe, la forma en que una de sus manos acariciaba uno de sus muslos descubiertos.

—Sí —susurró, parpadeando con rapidez y todavía esperando a que alguien lo golpeara por atrevido—. Me gusta lo que veo, mi señor.

Él rió, casi aplaudiendo por la felicidad que sentía.

—Por favor —dijo lamiendo sus labios y viéndolo de arriba hacia abajo—, no dejes de mirarme hasta que te lo ordene.

Harry asintió. Y Louis comenzó a desenredar la túnica que cubría su desnudez, solo lo suficiente para que la boca del alfa se llenara de saliva ante la tan esperada vista de sus pezones polvorientos de un rosado inexistente en otra parte que no fuera su cuerpo. Su cuerpo... El que mantenía un color rojo en el centro de su pecho y blanco como la leche a su alrededor, tan tentativo para succionar y dejar una marca que no se borraría con facilidad. El omega estaba expuesto y Harry vio la sonrisa en sus labios como una adicción mientras caía en su mundo para siempre cuando sus manos se desplazaron por sus hombros, su cuello libre de alguna marca de dientes.

Olía a pecado. Olía a las mejores frutas y a los más deliciosos dulces sobre el mundo, sus manos siendo la mayor tentación que te llamaba la atención por la forma en que sus dedos capturaron con sorpresa uno de sus pezones.

—¿Te sigue gustando? —preguntó en un murmullo que Harry escuchó con claridad.

—Sí —Tembló y asintió, con miedo de lo que estaba por venir.

El príncipe se asintió a sí mismo y con algo de vergüenza, apretó su pezón con la vista fija en el alfa, abriendo sus labios lo suficiente para que el suspiro atrapado en su cuerpo fuera libre. Y apretó otra vez, su piel erizándose y temblando por las cosas que se hacía a sí mismo frente al esclavo.

—¿Quieres hacérmelo? —preguntó entre jadeos, su mano libre subiendo de arriba hacia abajo por su muslo más descubierto. Había una mancha de humedad en la túnica, justo arriba de donde Harry suponía estaban sus caderas. Manchas del presemen que el pequeño omega príncipe ya estaba derramando con solo tocar su pecho—. ¿Quieres tocarme como yo lo estoy haciendo, hum?

Terminó por morder su labio y Harry avanzó un paso más cerca a la cama, embobado y sintiéndose embrujado por el olor del príncipe y por el príncipe. Quería tocarlo... El solo hecho de que sus dedos rozaran su piel podría hacer de su vida algo deseable para siempre.

—Sí —dijo sonando desesperado. Su miembro dolió pero no lo vio para comprobar que ya tenía una erección por el dulce omega a pocos metros de él. Podía sentirlo; su piel quemando de la excitación y sus labios secándose en busca de beber del océano más cerca, el que sus ojos no dejaban de ver con deseo—. Sí...

El omega gimió, arqueándose y saltando sobre sí mismo tal como si quiera algo debajo de él. Algo duro que amortiguara su caída brusca y lo complaciera por ello. Harry lo tenía.

—¿Sí? —Harry asintió, sus manos hechas puños a los costados de su cuerpo y pensando en que estaba en el cielo. Quizás murió y no se había enterado, quizás el mejor sueño estaba sucediendo con sus ojos abiertos y él no hacía nada más que no creérselo—. ¿Qué tanto, alfa?

—Mucho —respondió enseguida, sin que le importara la desesperación innecesaria en su voz—. Mucho, mi príncipe —Susurros escuchados por ambos.

Louis asintió, un puchero en sus labios y sus manos dejando las acciones que estaban realizando. Ahora sus dedos trabajaban en deshacerse en su totalidad de la túnica, que ya estaba muy húmeda. Se sentía húmeda también, en el frente y por detrás, donde su lubricante se desplazaba por la tela y se derramaba sobre sus tobillos. Harry lo olía, lo sentía en su nariz y lo imaginaba sobre su lengua.

—Me tocaré por ti —dijo mordiéndose los labios, sus manos siendo delicadas en sus acciones—. Me tocaré por ti, ya que tú no puedes hacerlo, alfa...

Harry quería decirle que lo haga. Quería gruñir y decirle que lo haga tan sucio como fuera posible, que manoseara sus partes como Harry las hubiera lamido. Pero él se mandaba por sí mismo, sus rodillas abriéndose como las puertas de un convento, dejando ver su preciosa polla descansando en el borde de su ombligo. Su ombligo, el cual mostraba con notoriedad un enorme pendiente que valía más que dos vidas de Harry.

—Mm —gimió lamiendo sus labios—. Aún no empieza y ya me siento muy caliente... Tan caliente que el calor me está matando. ¿No lo sientes? —preguntó en un susurro, su frente arrugándose en su pequeño y precioso rostro rojo.

—Sí —Ni siquiera estaba seguro de sentir algo más que sus ganas de tenerlo entre sus brazos. Quería besarlo y hundir su nariz en su cuello, succionar de su piel hasta que sus dientes estuvieran clavados en una marca que no se borraría con facilidad. Se moría y la única cura era besar sus labios.

—Quítate la ropa —ordenó, nunca parando. Sus dedos se desplazaron a su miembro, directo a su base para apretarla. La boca de Harry se llenó de saliva y un gemido de placer salió sin vergüenza de sus labios deseosos—. Hazlo ahora, alfa.

Harry quería hacerlo.

Comenzó con su vieja camisa sucia, casi sintiendo vergüenza por como su apariencia no llegaba ni a los talones de lo que Louis llevaba, y él solo mantenía ese trozo de tela sobre sus hombros. Pero se deshizo de ella lo más rápido que sus manos le permitieron moverse y Louis pareció disfrutarlo, porque su labio volvió a estar entre sus dientes en cuando su trabajado torso salió a la luz.

—Sigue —tartamudeó con dificultad, desplazando su mano hacia arriba y deteniéndose cuando sus dedos rozaron su glande—. No te detengas, por favor. Sigue... Sigue, alfa.

Harry quería obedecer.

Siguió con sus pantalones, una molestia que ya quería romper. Agradeció mentalmente y gruñó cuando su erección dejó de tener ese duro roce con sus pantalones de tela, que lo tenían sensible hasta a sus propios movimientos.

—Ah —suspiró tembloroso y Harry alzó la vista para ver como sus dedos no quería moverse más. Sostenía su lindo pene pero no quería correrse todavía, se veía en sus ojos y en el sudor de su frente pegándole su cabello a su frente—. Ah-Ah.

Harry quería hacerlo llorar del placer, una y otra vez hasta que no quedara nada de él. Solo un cuerpo tembloroso suplicando ya no más, porque tuvo suficiente por el resto de su vida. Y Harry lo besaría, le susurraría que lo hizo bien, aguantarlo, y lo tendría contra su pecho hasta que se calmara.

El alfa quedó desnudo frente al vulnerable omega, que llevó sus húmedos dedos a su boca para saborearlos. Sus ojos nunca abandonando el cuerpo de Harry, que sufría de espasmos por no estar donde debería.

—Tócate —Sacó sus dedos y los lamió como un gatito indefenso, hasta sonrió como uno cuando se abrió las de piernas y medio cayó sobre su espalda—. Tócate hasta que te corras fuerte, alfa. Te lo ordeno.

Y Harry era nadie para desobedecer. Muy lejos de que el pequeño omega con piernas abiertas fuera su príncipe, su instinto le decía que debía complacerlo. Quería ver satisfacción en su rostro, como si fuera su omega.

Mi omega.

Gruñó y lo hizo, desplazando su palma por su vientre plano para llegar a la cabeza de su polla. Louis disfrutó de eso, porque lo observó fijamente con algo de saliva escurriendo de sus perfectos labios delgados. Harry apostaría, si realmente lo quisiera, a que esos labios estaban lejos de ser vírgenes.

—Quiero besarlo —se encontró quejándose, sin soportar las palabras en su lengua. Gimió y el príncipe lo vio con algo de asombro, casi gateando hasta él.

—Yo igual —susurró y sus ojos vieron la boca del alfa con algo que Harry no podía describir—. Por favor —dijo con delicadeza—, córrete para mí.

Harry lo haría, así que asintió.

Vio el rubor centrado en las mejillas del príncipe Louis cuando él dejó de ver sus labios. Pareció cohibido por unos instantes en donde no sabía qué hacer, eso hasta que una de sus manos sostuvo su rodilla muy arriba, dejando ver sin vergüenza alguna su entrada chorreando de lubricante.

—Ugh —Harry lamió sus labios y cerró sus ojos, su mano apretando su base para no correrse ante tal imagen.

—Sigue —le alentó el principito todo sudado—. No pares.

Ya se podía sentir más pesado el aire. Louis tenía esa mirada de dolor en sus ojos que Harry había visto en otros y otras omegas; estaba rozando la línea del celo con el dolor característico por no ser complacido.

—Le duele —le dijo, deteniendo el movimiento de su mano y mirándolo. Louis parecía algo ido, pero sus deditos se aferraban a la parte baja de su rodilla como si su vida dependiera de ello—. Le está...

—No —mintió, sacudiendo su cabeza y mirando con desesperación al cuerpo de Harry, que nunca antes había recibido una mirada así tan notoria—. No... No te detengas.

Así que siguió, su pulgar por su glande para palpar el líquido que ya guía de él. Lo extendió sobre todo su falo hasta que su miembro estuvo brillante y resbaladizo, lo suficiente para poder entrar con facilidad en alguien. En Louis.

—Mírame —se quejó el omega, no disfrutando de que Harry solo viera su pene en sus manos. Pero no podía ser juzgado por ello cuando trataba de durar lo suficiente para el príncipe—. Mírame, mírame —se quejó ahogadamente.

Harry se quejó antes de alzar su vista y ver a Louis otra vez, que acariciaba una de sus nalgas para que más lubricante cayera sobre las sábanas y parte de la túnica. El omega rodó los ojos cuando tuvo la atención, tirando su cabeza hacia atrás y también palpando la humedad en todo su culo.

Hizo lo que Harry había hecho, alistarse como si esperara a ser tomado.

—Ah —suspiró tembloroso entre las miles de sábanas, sus dedos temblorosos sobre su piel y hundiéndose en una de sus nalgas—. Joder —se quejó más fuerte, sacudiéndose y entrando uno de sus dedos en sus pliegues.

Harry le miró con fuego en sus ojos, moviendo su mano con más rapidez sobre su pena. Tanto que el sonido se escuchaba en la habitación, casi al mismo tiempo que los suspiros de Louis por tocarse a sí mismo.

—A-Así —Louis asintió y mordió su labio. Hundió su dedo por fin, su pierna alzada temblando más que lo demás en todo su cuerpo y sus ojos cristalinos no dejando de mirar los movimientos del alfa frente a él—. M-Más —pidió entre sollozos como si ya estuviera siendo follado.

Y Harry lo intentó pese a el sabor a sangre que ya sentía en su boca. Pese a lo pesado que estaba su miembro cuando su nudo ya estaba cerca.

Fue violento al mover su palma en su mano, inclinando sus caderas a su propio toque y sus ojos siendo malvados por no despegarse del cuerpo de su príncipe.

A Louis no le molestaba la atención que estaba teniendo. Su dedo salió brilloso de entre su culo para comprobar que amaba lo que estaba haciendo y que dos dedos más hayan entrado en él y haya abierto su agujero para que el lubricante escapara de entre ellos, solo confirmaba lo ansioso que estaba por ser tocado y lo caliente que se encontraba por ser visto tocándose de esa manera tan obscena. Elevando sus caderas, dejó ir su pie cuando fue demasiado.

—¡Hum! —Apretó sus labios y soltó algunas lágrimas, viendo las tiras de semen que Harry ya tiraba sobre su costosa almohada. Su cuerpo tembló cuando vio su rostro y la relajación que este tenía; labios entre abiertos con sus colmillos asomándose. Y quería que su pecho se dejara de oprimir, que dejara de tener esas absurdas ganas de trepar sobre el alfa y besarle el rostro.

—Quiero —dijo en voz baja, gateando hasta obtenerlo. El alfa ni lo escuchaba por todavía seguir corriéndose.

Louis suspiró mientras se arrastraba, quejándose por sentirse vacío y por la siguiente ola de excitación que le atacó cuando estuvo sobre sus rodillas. Cayó a sus manos y así volvió a arrastrarse, queriendo obtener lo que quería. Y Harry jadeaba desde su lugar, sin darse cuenta de nada.

—Quiero... —murmuró y lo vio a centímetros de él, tan grande que quería quedarse sobre él toda la vida para sentirse seguro.

Llevó sus dedos sucios de lubricante a la punta del miembro del alfa, ignorando la forma en que este se sacudió cuando lo tocó, ignorando la mirada que le dio por la sorpresa.

Casi se detuvo pero el brillo en los ojos del Alfa le alentó a sacar su lengua de su boca, y Harry gruñó por ello, ayudándole a sostener su pene para que una tira de semen cayera en sus labios.

Louis gimió complacido cuando su boca se cerró y lo saboreó.

Cuando abrió los ojos, se abrazó a sí mismo y dejó que la semilla del alfa cayera sobre sus piernas. Miró como lo manchaban con un sonrojo inevitable en sus mejillas. No quiso alzar la vista cuando la última tira cayó casi sobre su estómago.

—¿Se corrió, mi príncipe? —Apesar de que la voz fuera muy baja, le hizo temblar de la necesidad.

—Yo...hum, no —Negó, pensando en como sus castaños no se sacudían por como seguramente estaban pegados a su rostro.

Harry fue paciente delante de él, suspirando mientras Louis cerraba los ojos fuertemente y se preguntaba qué estaba haciendo. Por qué había exigido que le trajeran a un alfa extraño a su cuarto, solo porque sintió...aquello.

—Quiero una ducha —le dijo en un susurro. Louis siguió sin mirar a Harry.

El alfa asintió, pese a ya no tener la atención de antes. Se agachó y recogió sus trapos, pensando en cómo moriría después de salir de la habitación del pequeño príncipe, pero él se quejó. Se sacudió y tembló cuando lo vio.

—¿Quiere que llame a alguien? —le preguntó y él negó, aferrando sus dedos a la sábana debajo de él. Podía ver su desnudez, pero de repente más le interesaba el dolor en sus facciones—. Puedo...

—No, no —Él suspiró y se levantó de la cama, alzando su vista por fin y mordiendo su labio inferior con su mirada fija en los labios de Harry—. Por favor, no te vayas aún. Toma una ducha conmigo —susurró.

Harry vio la súplica en los ojos de Louis, y Louis vio la duda en los de Harry.

—Puedes irte —Louis se encontró diciendo después, sacudiéndose y casi sollozando—, si es lo que quieres.

Pero Harry no podía dejarlo en ese estado. No podía dejarlo en lo absoluto.

—No —susurró, inclinando su cabeza—. Estoy para sus órdenes, mi príncipe.

Louis jugó con el arete en su ombligo, medio sonriendo cuando sus dedos tocaron la corrida del alfa en su vientre.

—¿Tú quieres quedarte? —Louis le preguntó a Harry, siendo consciente por primera vez que ambos estaban desnudos.

Harry dudó, sin embargo. Pensó en su castigo después de que todo acabara y como su vida tendría un fin seguro cuando sus pies pisaran fuera de la mansión, pero quería quedarse. Quería ayudar.

—Sí —Agachó más su cabeza mientras susurraba—. Lo deseo, mi señor.

—Bien —dijo Louis con fingida emoción. El dolor había huido de la nada, simplemente no existía sobre él ante la respuesta de Harry—. Dame tu mano, alfa. Te llevaré a la ducha.

Y Harry dio su mano como apostar contra el diablo. El toque le quemó como si ya estuviera quemándose en el infierno por siquiera haber visto a la mejor reliquia de Halges desnuda y tocándose.

—Alza la mirada —le susurró, entrelazando sus dedos y dando un paso hacia él.

Harry le miró, rojo en sus mejillas y en su pecho. A Louis no le importó, porque sonrió de lado y le asintió, casi saltando de la felicidad por haber aceptado. Un príncipe...feliz porque un muerto de hambre había aceptado su cita a la ducha.

—Sígueme —Y Louis no le quiso soltar la mano cuando le dio la espalda. Lo encaminó hasta su baño con su labio entre sus dientes y el deseo dentro de él.

La vergüenza se había ido de la mano con el dolor en algún momento. Quizá cuando sus dedos se tocaron; cuando ambas pieles se dieron una justa bienvenida.

La ducha estaba llena, llena de pétalos que Louis había pedido horas antes. El olor a naturaleza se sentía dentro y Louis abrió sus labios para suspirar y tener el valor de girarse a mirarlo. Lo hizo, en cámara lenta.

Le soltó la mano, evitando reír ante de la mirada que el alfa le dio cuando eso sucedió.

—Te voy a duchar —le susurró con felicidad. Sus dedos subieron por su torso y acariciaron la piel debajo de sus dedos, su nariz arrugándose ante el fuerte latido de su corazón en su pecho—. Por favor, siéntate.

Harry no podía creérselo cuando obedeció, todavía a la espera de que alguien le gritara por lo que estaba haciendo. Pero el príncipe se veía tan complacido ante lo que estaba haciendo, que deseaba ver esa mirada en su rostro en sus últimos segundos de vida.

Obedeció con lentitud, sus pies entrando primero y después inclinándose para sentarse, alzando su mirada al omega que se mantenía con su labio entre sus dientes y su pecho rojo, oliendo a lubricante con descaro.

—Relájate —le ordenó, sentándose sobre sus rodillas y sus dedos volviendo a tocarle el pecho.

El alfa tembló ante los dedos fríos de omega y por la forma en que su respiración se atoró en su garganta cuando sus dedos se mantuvieron donde su corazón latía.

—¿Puedo limpiarte, alfa? —preguntó en voz baja, viendo sus propios dedos moverse sobre Harry cuando sus palabras salieron de sus labios—. ¿Dejarás que te limpie para mí?

Harry asintió, incapaz de hablar cuando los dedos del príncipe subieron más arriba, a su barbilla para tocar con las puntas de sus dedos sus labios.

—Puede hacer conmigo lo que quiera —respondió de forma ahogada—, mi príncipe.

Louis soltó una risita, dando un saltito e inclinándose hacia el borde contrario de la tina donde Harry estaba sentado, tomando entre sus dedos una esponja rosada. El placer en sus ojos cuando comenzó a frotarla sobre Harry.

Harry vio los movimientos con placer.

—Ya no duele —confesó Louis a la vez que pasaba la esponja por sus brazos—. Ya no duele contigo aquí, alfa.

Louis se elevó sobre sus piernas, dejando ver una vez más su desnudez ante los ojos curiosos de Harry, y encontró con delicadeza a la tina. Harry fingió no estar sorprendido cuando Louis se sentó sobre su cintura y suspiró, volviendo a frotar la esponja, esta vez en su cuello.

Harry lo sentía sobre él. Podía oler el lubricante en el agua, apesar del fuerte olor de los productos en el lugar. Podía sentir hasta su culo cerca de su miembro.

—¿No lo sientes? —Louis preguntó, mirándole los labios y deseando tenerlos sobre todo su ser—. ¿No lo sentiste antes?

Harry le miró con confusión y su omega se negó a sentirse mal cuando no lo comprendió. Solo lamió sus labios y dejó la esponja, inclinándose para besar un lugar en la mejilla del alfa y quizá dejar sus labios sobre él demasiado tiempo.

—¿No lo sientes? —susurró el príncipe mientras se alejaba, sumisión en sus ojos y algo de placer.

Harry no entendió si él se refería a la sensación pesada en su pecho por tenerlo tan cerca. Ni siquiera era algo sexual, solo quería tenerlo delante de él y sobre él para siempre.

—Lo siento —dijo, no muy seguro—. Siento... Siento algo en mi pecho.

Louis le asintió, frunciendo su ceño pequeño como él e inclinándose para dejar un beso en su pectoral. Y su corazón bailó de la felicidad dentro de él.

—¿Cómo es? —siguió preguntando. Louis se acercó más, sus narices a nada se rozarse—. ¿Qué es lo que se siente?

El alfa lamió sus labios y quiso tomarlo de su cintura y acariciarle.

—Mi corazón —El alfa se sonrojó y bajó la mirada al pendiente en el vientre de Louis, su príncipe hermoso que le besaba como un inocente—. Mi corazón se siente extraño, mi señor.

—¿Se siente bien? —siguió. Podría haber seguido durante todo el día.

Los dedos de Louis acariciaron los rizos de Harry cuando terminó de hablar, y Harry tembló por su toque. Louis sonrió de lado y le alzó la cabeza, para que sus ojos se miraran.

—Dime, por favor —susurró, sus dedos no dejando su barbilla—. ¿Se siente bien tu corazón?

Y Harry asintió, inclinándose a su toque y casi confirmando que estaba en el cielo.

—¿Qué es? —Harry preguntó ahora, miedoso de sus sentimientos—. ¿Qué es lo que siento, mi señor?

Louis le besó los labios con una de sus manos en su pecho y la otra aun en su barbilla. Le besó con lentitud, abriendo sus labios y tomando los de Harry entre los suyos para succionarlos.

Harry se dejó, sus manos yendo a la cintura de su príncipe para tenerlo más cerca, para marcarlo en su piel y nunca olvidarlo.

Cuando se separaron, Louis se sacudió por una ola de su celo, descansando su cabeza sobre la frente del alfa.

—Es mi alfa —dijo Louis con dificultad—. Eres mi alfa... Lo sé, porque lo siento. Te he visto por mi ventana muchas veces y no dejo de sentir lo mismo que sentí la primera vez —Acarició su piel, sus dedos bajando de su barbilla a su cuello para aferrarse—. Dime, alfa... Dime que sientes lo mismo que yo.

—Lo hago —No lo pensó. No se detuvo a comprobar si era cierto, porque lo era. Simplemente lo era—. Siento lo mismo, mi príncipe.

Louis volvió a sacudirse, entre las manos de Harry que se mantenían en su cintura. Más de su olor dulzón se desprendió de su piel ante su movimiento y más lubricante hizo espesa el agua alrededor de ellos.

—Por favor —gimió, sus dos manos yendo a su cuello para pegarse más a su toque, al toque de Harry que se sentía tan bien sobre su piel caliente—. Por favor, jura que sientes lo mismo, que me tomarás si es así.

Harry suspiró, viéndolo tan cerca de él y con sus ojos cerrados fuertemente, sus labios medio abiertos que dejaban escapar suspiros que el alfa nunca antes había escuchado. Y lo lamió, sacó su lengua para lamer su mandíbula y bajar a su pecho, decidiendo que quería morir con su sabor en su lengua.

—Siento lo mismo —Besó el hombro de Louis y él ladeó su cabeza con confianza—. Lo siento tanto que me está matando tenerlo sobre mí.

—Entonces —Se separó y dejó un simple beso en sus labios antes de seguir—, tómame. Hazlo ahora. Soy tu omega.

—Es mi omega —Harry dijo embobado, sus manos subiendo de la cintura de Louis a su espalda.

Louis chocó su pecho contra el de Harry, asintiendo y abrazándose con fuerza a su cuello. Se sentía como si no lo quisiera dejar ir, tal como si quisiera mantenerlo pegado a él.

—Ya duele —se quejó con un gemido que hirió a Harry—. Ya comienza a doler más —susurró y hundió su nariz en el cuello de Harry, dejando un beso en el lugar donde su nariz rozó antes de aspirar su olor a tierra mojada que Louis adoró enseguida. Le hizo doblarse en los brazos de Harry—. Por favor, por favor...ahora.

Harry lo siguió sosteniendo, no seguro si debía hacerlo. Pero Louis estaba apurado por la forma en que se quejó, intentando gruñir y sonando más como un gatito ronroneando, cuando su mano temblorosa se instaló en un segundo sobre el miembro del alfa. Harry sintió claramente cuando las caderas de Louis se alzaron entre sus manos y gimió, rozando la punta en su entrada derramante de su esencia.

—Ahora —exigió entre sollozos, trabajando en u abrazo y en mantener el roce de su culo con el pene de Harry.

—Omega —llamó apretando su cintura—. Omega —disfrutó decir con sus ojos mirando la escena que Louis le permitía apreciar por como su culo estaba elevado y arqueado.

—Má-as —dijo quejumbroso, un puchero sintiéndose en el hombro de Harry y Louis disfrutando de la combinación de su entrada con la punta del miembro de Harry. La forma en que le rozaba contra sí mismo y lo alejaba, pasándolo por sus nalgas y sintiendo, además del presemen saliendo del alfa, su propio lubricante en una combinación perfecta—. Más —susurró.

Harry dejó de sentir la desesperación.

Las manos de Louis nacieron para estar en el cuello del alfa, y los dedos de Harry nacieron para sostener al omega en su regazo. Así que con ayuda, Harry se introdujo en él con un rugido quedándose en su garganta, y Louis bajando su trasero para la bienvenida apropiada al miembro del alfa, que dejó de hundirse para quejarse sobre su hombro.

—Dioses —jadeó Harry, tirando su cabeza hacia atrás. Se hundió más, siendo irresistible no hacer.

Louis se quejó entre los brazo del alfa, lamiendo su cuello y sollozando por el placer que comenzó a sentir en todo su ser. Su corazón dejó de latir, solo para usar el del alfa como suyo.

—S-Sí —Apretó sus ojos y besó la piel frente a sus labios. Harry solo dirigió sus fuertes manos a su culo, abriéndolo para que pudiera recibirlo mejor y así fue, sintiendo como más se introducía en él y algo le hacía derretirse—. A-Ah —Buscó sus labios con ojos cerrados.

—Omega —Harry gimió, besando con torpeza sus mejillas mientras alzaba sus caderas. El agua desapareció entre ellos—. Mi príncipe.

Ambas bocas se encontraron en un gemido que sonó en sus lenguas cuando ambos intentaron comerse.

El miembro de Harry tocó fondo dentro de Louis, sintiendo el lubricante acumulado a sus costados que le hacían la entrada más apretada de lo que ya era. Ajustada cuando volvió a alzarse, como si estar más dentro de él fuera posible.

—Lo siento —Harry dijo cuando sus labios se separaron. Louis se quejó como un niño pequeño, besando su nariz y mejillas en un intento de volver a besarle la boca—. Lo siento dentro de mí, mi príncipe... Mi omega.

El príncipe asintió, sin saber diferenciar las palabras. Solo podía darse cuenta de las manos del alfa todavía en su culo, ampliándolo y llenándolo con su miembro, sus labios rozando los suyos y palabras llamándole su omega.

Louis intentó saltar sobre él, fallando cuando su cabeza no quiso moverse ante el contacto cercado del rostro de alfa. Lo volvió a intentar, sollozando y derramando lágrimas cuando el pene de Harry tocó algo dentro de él que le hizo deshacerse y caer sobre su hombro, donde volvió a lamer con pereza.

—Mi pobre omega —Harry susurró, sintiéndolo suyo realmente—. Mi pobre príncipe.

Pero Louis no se daba por vencido. Volvió a intentarlo, alzándose tembloroso y volviendo a balancearse sobre el creciente miembro de Harry, intentado saltar y solo lográndolo cuando el alfa llevó sus labios a su pecho todavía rojo para succionar su piel, tal como había querido desde el inicio.

—Alfa —medio gritó, arqueando su espalda y dejando que los labios de su alfa le besaran uno de sus pezones, para posteriormente succionarlo. Le dejó mientras saltaba, el agua chapoteando y cogiéndose a sí mismo con Harry haciendo nada, solo abriéndole y mordiéndole los pezones con la fuerza necesaria para seguir teniendo los ojos cerrados. No los necesitaba abiertos; se sabía su rostro de memoria.

Louis apretó el rostro de Harry sobre su pecho y sintiéndose lleno, feliz y completo, se dejó ir. Se corrió sobre su pecho y parte del pecho de Harry, tirando de sus cabellos y sintiendo como su nudo se formaba debajo del pliegue de su trasero.

—Está bien —Harry se recompuso, ignorando la forma en que se atrapó dentro del príncipe—. Te tengo —le susurró, arrastrando su nariz desde su pecho ya con marcas a su cuello, olfateándolo y disfrutando.

—Abrázame —ordenó y Harry envolvió sus brazos en su espalda, besando su cuello y subiendo para besar su mejilla, luego sus húmedos ojos—. No me sueltes.

—No lo haré, mi señor —Besó por último sus labios y Louis sonrió antes de ocultar su rostro en su cuello, jadeando cuando una tira de semen dentro de él le hizo estremecer—. ¿Cuándo dura su celo, mi príncipe?

La vergüenza volvió de una bonita forma.

—No lo sé —refunfuñó—. Es mi primer celo.

Harry no aflojó su agarre, más bien, lo apretó más contra sí. Sus dedos se enterraron entre sus cabellos castaños y siseó cuando el omega volvió a quejarse.

—Aún lo siento —susurró como una promesa.

Louis suspiró como un enamorado, alzándose para besar sus labios y volver a su escondite.








—¡Yo no quiero pasar mi celo solo, encerrado en mi habitación, padre! —Sus ojos no querían derramar lágrimas por el derecho que se le estaba prohibiendo.

—Ese alfa que tanto deseas —dijo su padre con desprecio en sus palabras— no pasará tu celo contigo, Louis. De ninguna manera. ¡Es un vagabundo! ¡Un esclavo!

Louis tiró de sus cabellos y gruñó frustrado.

—¡Es mi alfa! —chilló con fuerza—. ¡Es mi alfa y moriré si no lo tengo conmigo durante mi celo!

El rey le miró por un largo segundo, analizando la desesperación en los movimientos de su hijo y las lágrimas no derramadas dentro del azul de sus ojos.

—Es mi alfa —sollozó y se tocó el pecho—. Lo siento aquí, padre... Mi omega lo exige, y moriré si no lo tengo para hacerme compañía.

—Louis —él dijo con seriedad—, ¿estás seguro de esto?

Louis limpió sus ojos, un puchero en sus labios y asintiendo con sus cabellos sacudiéndose con el aire.


—Te juro que es mi alfa —susurró con seguridad—. Quiero que lo traigas para pasar mi celo con él. Ahora.