Lubricant // Larry Stylinson

Summary

"¿Podrías tocar mi trasero y decirme si estoy lubricando?"

Genre
Erotica/Romance
Author
Levi
Status
Complete
Chapters
1
Rating
4.8 4 reviews
Age Rating
18+

Única Parte

La fiesta no había empezado y su boca ya tiene su tercer vaso de vino. Gemma sigue reclamando a los encargados del lugar por más licor, pese a que Harry no se ha acabado su primera botella.

—Estás exagerando —le dice cuando ella le rueda los ojos.

—¡Por supuesto que no, Harry! —chilla con fastidio—. ¿Sabes los cálculos que tuve que hacer para poder saber cuánto licor o comida necesitaba? ¡No puedes acabar con todo solo porque estás deprimido!

Harry chasquea su lengua y mira a la alfombra roja debajo de sus pies, diciéndose a sí mismo que no puede estar triste por perder algo que nunca le perteneció. Ella no fue suya y ambos lo sabían desde que su relación estuvo en su punto más alto, solo para caer con brusquedad al suelo donde Harry fue el único que amortiguó la caída, al parecer.

—No lo estoy —responde con voz ronca y dolor en el pecho—, es solo que...

—No me interesa —Gemma interrumpe y se cruza de brazos, tomando el papel de hermana mayor que tanto la caracteriza en momentos como ese—. No puedes seguir así. Ve a casa y toma una larga ducha, olvídate de la fiesta.

Harry lleva su puño a sus ojos y limpia la casi indistinguible humedad debajo de sus párpados, y niega con un largo suspiro escapando de sus pálidos labios.

—No puedo hacerte eso —dice en voz baja, dolido por la situación y por cómo se está sintiendo en cada segundo—. Es tu compromiso, tengo que estar aquí.

—Cómo sea —ella responde y se gira, todo su glamur haciéndose notar a cada paso que da.

El vaso en la mesa vuelve a ser el centro de atención para Harry cuando lo vuelve a sostener en sus dedos anillados, escuchando con atención cómo suenan cuando se estrellan contra el vidrio. No es nada más que eso mientras bufa por su repentina soledad, tan irónico por cómo cuando salía con Taylor parecía ser el centro de atención de miles de omegas y él, tan respetuoso como siempre, las apartaba para respetar su relación, ¿y para qué?

—No podemos seguir en estas condiciones, Harry —había dicho en medio de una calle transitada, con las personas pasando a su lado y mirándolo con curiosidad y cuchicheando lo mal alfa que seguramente era para ser dejado por su omega—. Creo que será mejor que nos tomemos un descanso, conocer nuevas personas y darnos un espacio, ¿qué te parece?

Obviamente, no había respondido. Sigue sin creerlo a pesar de ya tener una semana soltero, porque aquel día se giró y se marchó del lugar con un puñal clavado en su pecho, sin saber cómo quitarlo hasta ahora.

Nada más interesante que su vaso con licor que no lo estaba emborrachando como él quiere, es eso hasta que un omega vestido totalmente de negro pasa corriendo justo frente de él, riendo y mirando sobre su hombro para asegurarse que nadie lo esté siguiendo. Harry mira a la entrada, seguro de que se ha colado a la fiesta de su hermana que todavía no da inicio y ve que sí, él ha entrado sin invitación cuando el alfa en la entrada está igual de perdido que él.

—Gemma —llama en voz alta, pero su hermana permanece dándole órdenes al pobre beta que sirve los bocadillos—. Gemma —intenta llamándola otra vez.

Cuando ve por donde el omega corrió ve que él ya no está, se desvaneció como el humo del cigarrillo que llevaba en sus dedos y que alcanzó a mirar por el humo que lo rodeaba.

—Me lo he imaginado —se susurra y frunce su frente cuando su piel se eriza de la nada.

Ve rojo de la nada y el vino parece ser agua cuando lo bebe otra vez. Y su mandíbula está muy rígida como para abrir sus labios y beber todo el contenido del vaso de una sola tomada.

Hay una corriente que lo eriza y lo obliga a cerrar los ojos cuando llega a la parte baja de su estómago, más allá de ese lugar y subiendo hasta su cuello y teniéndolo con la cabeza tirada hacia atrás. El gruñido que sale de sus labios es desconocido para él cuando se escucha a sí mismo provocándolo.

Cuando baja su cabeza, el vaso no está en su mano y el espectáculo no ha terminado cuando todos en la sala lo miran con curiosidad y Gemma con sorpresa e incomodidad. No demora nada en cruzar el salón de baile.

—Harry —dice con voz ahogada y chasqueando la lengua cuando nota el líquido sobre la alfombra.

—Creo que... Creo que alguien ha entra-

—Escúchame —ordena y Harry la mira con su frente fruncida—, estás teniendo tu celo justo ahora.

Harry ríe y mira el temblor en sus dedos, el bulto en sus pantalones y como su piel parece la de una gallina por sus poros alzados y notablemente rojos.

—No —dice con voz lenta y señalando hacia donde cree que ha entrado el intruso—. Alguien...

—Harry —Gemma tira de su cabello con coraje y lo mira con todo el odio del mundo—, ¡¿qué está mal contigo?! ¡Sabes que no puedes beber cuando estás cerca de tu celo!

El rizado hace sus cálculos lo mejor que puede y no, es imposible que esté teniendo su celo cuando es el inicio del mes. No es posible, ni siquiera que se adelante por estar bebiendo cuando falta más que dos semanas para que suceda ese momento que tanto odia, siquiera olía a celo cerca cuando salió de casa.

—No es posible —susurra confundido. Gemma mira a su alrededor con pánico y el alfa también lo ve; un numeroso grupo de invitados entran con unas lujosas sonrisas en sus labios y unos enormes regalos que Harry promete no poder pagar aunque venda su alma al mismísimo demonio.

—Escúchame bien, Harry, porque no lo voy a repetir —Gemma lo tira de su brazo con fuerza, levantándolo y dirigiéndolo a donde sea que ella quiera llevarlo, solo se deja llevar por su hermana beta que parece tener más fuerza que él mismo. ¿Qué clase de alfa es?—. Te voy a encerrar en uno de los baños y te quedaras allí hasta que la limosina regrese. No sé cuánto será eso, ¿cuánto crees que puedas durar sin follarte tu propia mano? Hay como mil baños aquí, gracias al cielo que los hay, porque te hubiera tirado a la calle de no ser que ha llegado la familia de mi marido.

Harry mira la oscuridad como si le perteneciera, perdiéndose en el olor a chocolate caliente, canela y tierra mojada que hay en el aire junto a un liguero olor a cigarrillo, y ahora está seguro que no se lo está imaginando. ¿Cómo podría? Cómo imaginarse un olor tan curioso como ese, que incrementa mientras está siendo arrastrado al infierno.

—Gemma —dice con voz muy ronca y viendo la puerta blanca frente a él—, no quiero entrar ahí. Creo que alguien está...

—Calla —ella ordena y arruga su nariz cuando se detiene frente a él—, ya estás apestando a adolescente hormonal. Entra ahí y no grites demasiado, ¿me estás escuchando?

—No lo entiendes —susurra con su frente arrugada, mirando a sus alrededores cuando la luz del baño le da la bienvenida, tentándolo y diciéndole en un susurro que solo él puede escuchar que ha caído demasiado bajo en su caída. Pero no ha sido doloroso—. Creo que hay alguien ahí.

—Está bien —Gemma dice y lo empuja hasta que está dentro del baño—, vendré por ti cuando esté todo listo.

—Gemma —llama con desesperación, pero su hermana lo ignora cuando le cierra la puerta delante de sus verdes y asustados ojos—. ¡Gemma!

La cerradura se escucha y sus pulmones se cierra, su alfa interno reclamándole por ese acto tan egoísta.

Su espalda se estrella contra la pared más cercana y sus ojos se cierran cuando la corriente eléctrica vuelve a atacarlo con más fuerza, obligándolo a morder su labio para no gemir o gruñir. Es algo helado que se pasea por su espalda y lo toca por todas partes, haciendo que se sienta tan avergonzado y a la vez tentado a recorrer el camino que la corriente ha tocado. Por todos lados en su gran cuerpo, de pies a cabezas y de regreso.

Odia los celos. Los odia en especial porque cuando el momento llegaba, no sabía qué hacer. Su anterior pareja había estado tan cerca de tenerlo cuando se presentó estando ella ahí, y Harry solo pudo negarse a tener relaciones con ella declarándole que no estaba listo, no con ella cuando su piel se sentía tan extraña cuando la tocaba. No cuando se sentía lejos de donde verdaderamente pertenecía, esa sensación que sentía cada vez que la besaba o que la tenía muy cerca como para olerla y saber que no, nunca podría pertenecerle a ella.

Sus pies avanzan sin su permiso, arrastrándose mientras sus fosas nasales se abren para que el desconocido olor entre en él y lo vuelva a provocar, sin pudor ni nada que lo detenga cuando sus pantalones parecen ser dos tallas más pequeños de lo que eran hace dos horas. Sus pasos avanzan con ojos cerrados y dejándose guiar de lo que él cree es nada, y una risita le dice lo equivocado que está.

—Hey —dice la voz. Sus ojos se abren con lentitud cuando lo escucha, mirando primero como sus labios succionan el cigarrillo entre sus dedos—, gracias por tratar de delatarme.

Parpadea con la saliva siendo un mar dentro de su boca.

—¿Estás mudo? —pregunta con pena en su voz.

Lo segundo que ve es como sus piernas están cruzadas. Está sentado sobre el gran lavamanos y arrimado al espejo que le permite saber a Harry lo idiota que se ve frente a él, todo sudoroso y con ojos en grande por la esperada sorpresa que está frente a sus ojos.

Él se baja con la delicadeza que deja notar sin intentarlo, con cigarrillo entre sus dedos todavía y con una sonrisa malvada que no hace sentir nada a Harry, nada más que ganas de ahogarse en el azul que enseñan sus ojos y ser revivido a los pocos segundos de estar a punto de morir.

—Hey —repite el ser frente a sus ojos, tan calmado y sonriendo que el alfa puede jugar con su corazón en mano que no es real—, ¿estás respirando por lo menos?

Niega y el extraño omega ríe, lanzando su cabeza hacia atrás y poniendo como velo el flequillo en sus ojos. Harry quiere mover su mano y apartarlo, gruñir y decirle que necesita estar muerto para creer en su belleza.

Se detiene en seco y sostiene los bordes de la chaqueta de Harry, frunciendo sus labios y mirando hacia arriba, a los ojos del alfa que lo mira embobado y con brillo en sus labios por la increíble cantidad de saliva que guarda.

—Bien —dice, fingiendo estar serio de la nada y tirando de la chaqueta negra del alfa—, voy a ayudarte a respirar para que no me culpen de tu muerte.

Harry le asiente sin prestarle su mínima atención a las palabras que escapan con facilidad de sus besables labios. Su lengua se asoma y el alfa sabe que es a propósito cuando lo vuelve a mirar a los ojos.

—Así —susurra alzándose sobre las puntas de sus pies y sacando la tela de los hombros de Harry—, tienes que sacarla de esta forma.

La tela formando una chaqueta cae al suelo en un sonido que hace despertar a Harry. Lo hace volver a mirarse al espejo y notar su rostro rojo.

Vuelve a respirar y la conocida corriente vuelve a tirarle sus cadenas para dominarlo a su antojo. El olor también hace de su parte cuando lo aspira y nota los mismos olores que había notado anteriormente, pero con una intensidad que lo hace cerrar los ojos con fuerza y gruñir.

El omega frente a él ríe con fuerza y abre los ojos solo para verlo llevar el cigarrillo a sus labios y sacar una nube blanca de sus rosados labios, que siguen formando esa sonrisa coqueta que el alfa de Harry cree conocer.

—De nada —dice con la misma nube escapando de él.

Quiere hablar. Quiere suplicar y tenerlo más cerca cuando nota que ha retrocedido dos pasos lejos de él, casi una eternidad que Harry no quiere volver a conocer. ¿Cómo no sentía antes la necesidad de lanzarse sobre un omega durante su celo?

—Oye —llama, suspirando y mirando con inocencia hacia Harry—, ¿podrías ayudarme en algo?

—Sí —dice con rapidez, volviendo a sentir que no se conoce, pero que es su verdadero ser el que está hablando. Es su alfa tomando el control de la situación como nunca antes lo había hecho y aguantando cuando los ojos del omega se abren en grande y ladea su cabeza, su cuello asomándose demasiado en la gran camisa negra transparente que lleva.

Piensa que va a responder con algo sarcástico, pero sus ojos derraman inocencia por todo de él, sus movimientos son brutos cuando lleva el cigarrillo detrás de él y lo deja dentro del lavamanos. Su diminuta frente está fruncida con una increíble confusión que Harry casi se cree.

—¿Puedes tocar mi trasero y decirme si estoy lubricando?

Harry quiere gruñir, asentir y tomar su culo entre sus manos, pero es él quien ahora está confundido.

—¿Q-Qué? —le pregunta y el omega se encoge de hombros.

—Que me toques el culo y me digas si puedes sentir mi lubricante —repite, tan fácil que parece como si solo estuviera preguntando la hora con la gran diferencia de que cuando haces aquello no te giras y muestras tu culo a un alfa desconocido.

—¿Po-Por qué haría eso? —Harry avanza un paso más cerca, aspirando y decidiendo en ese segundo que la vergüenza no estará en sus planes.

Y el desconocido, que ha decidido lo mismo que el alfa desde hace varios minutos atrás, gira su rostro por sobre su hombro y parpadea demasiado, lamiendo sus labios y sacando la punta de su lengua de una forma tan obscena que Harry se dice con atrevimiento que no sobrevivirá para contarlo.

—Porque tú, maldito alfa, me estás excitando con tu olor a celo —dice sin arrepentimiento en su voz, solo sensualidad mientras sus manos van a su culo y lo aprieta sin ningún rastro de arrepentimiento cuando permanece mirando al alfa detrás de él—. Ya sabes... No puedo saber si estoy húmedo por mi cuenta, ¿no vas a ayudarme?

—Sí —dice en afirmación, seguro de sí mismo por primera vez.

El aire es denso mientras camina los centímetros que los separa a ambos, es como un pobre intento de detenerlo.

—Sí, sí —repite como un tonto cegado, pero al omega no le importa mientras se inclina sobre el lavamanos y aparta el fleco de sus ojos con la misma desesperación que Harry siente.

Después de unos interminables segundos, Harry está frente a él con sus manos temblando por no saber qué hacer.

—Hazlo así —susurra el desconocido, tomando sus manos y colocándolas con brusquedad en sus caderas—, tócame de esta forma, alfa.

—Sí, omega —susurra y traga la saliva esta vez, mirando el arte en sus manos y como la tela negra de los pantalones del omega está más encendida en una parte; entre sus nalgas pese a no estar abierto como Harry se lo imagina en su cabeza—. Te tocaré...

El omega asiente y gime bajito. Harry lo mira y nota el dolor en sus ojos, y su alfa no demora en gruñir con rabia ante la vista que tiene. Prueba una nueva sensación cuando desea tenerlo así para siempre, pero a la vez estando furioso por querer acabar con ese reflejo en sus ojos.

Sus dedos largos bajan con lentitud desde a los lados de sus caderas hasta más abajo, donde la redondez de él lo recibe. El desconocido aprieta su trasero y se inclina más a él, tirando más su cabeza hacia atrás hasta que casi roza el pecho de Harry.

—¿Así...? —pregunta y el omega asiente para luego negar y volver a girarse hacia el alfa.

—No —dice con odio en su voz—, no lo estás haciendo bien. Déjame...

Se gira y las manos de Harry no se despegan de la tela de sus pantalones, porque la mirada que él le da le grita que no lo haga y él mismo sabe que nació para estar ahí, en las caderas de ese tan apetitoso desconocido.

Él sonríe por la desesperada mirada que Harry tiene, y lo complace lo suficiente cuando aspira su olor.

—Hueles muy rico —halaga con burla—, ¿o es solo por tu celo, alfa?

Harry abre su boca en busca de palabras, pero no las hay cuando el omega precioso mira hacia abajo, hacia donde sus manos desabrochan sus pantalones con lentitud. Se los desliza por sus gordos muslos mientras las manos de Harry no lo abandonan en ningún momento, con miedo de que pueda sucederle algo si no tiene el apoyo que no necesita.

Los pantalones son historia que a Harry ni al desconocido les importa. Es una prenda que después de una rápida lucha queda a lado de la chaqueta de Harry.

Harry no puede apartar los ojos del cuerpo del omega entre sus dedos, mirando con deseo la forma en que su pene se aprieta en la tela delantera de sus pantis blancos, diciéndole con eso que él es la causa de todo.

—¿Te gustan? —pregunta con atrevimiento el alfa, y cogiendo la confianza que ha tenido desde que entró en el baño, enreda sus manos en el cuello de Harry—. A mí no, así que estás en todo tu derecho de destruirlos con tus dientes, alfa.

El alfa lo mira a los ojos, viendo la furia en sus ojos y la humedad en los bordes de sus ojos. Hay más que eso, pero Harry no se detiene demasiado a analizarlo cuando el omega lleva sus manos a su culo.

—¿Lo sientes? —susurra y Harry asiente todo tembloroso otra vez. Sus dedos no demoran en sentir la humedad den omega, pese a que sus interiores siguen apretando su culo—. Es por ti, alfa... Por como hueles y me tocas.

Quiere decirle que no lo está haciendo, que es él mismo quien lo ha estado guiando pero calla cuando un gruñido se va volando hasta llegar a los oídos del omega.

—Omega —gime, acercando sus dedos a los bordes de la tela en sus dedos. El omega abandona sus manos y vuelve a llevarlas a su cuello.

—No —dice con una risita escapándose y haciéndolo lucir como un bebé pulcro—, me llamo Louis, cielo.

Harry asiente y con un descaro que para nada lo representa, tantea ambas nalgas de Louis descubriendo lo que ya sabía; está lubricando lo suficiente como para derramarse hasta la muñeca de Harry.

—¿Y...? —él pregunta con un suspiro tembloroso saliendo de sus delgados labios llenos de la saliva que su lengua arrastra—. ¿Estoy lo suficientemente húmedo para ti?

El alfa asiente y descansa su cabeza sobre el hombro del omega desconocido cuando cree que no podrá ser salvado a tiempo, pero Louis, tan delicado como lo es desde que lo vio encima del lavamanos, alza su cabeza y retira la daga en su pecho de la nada, sin que Harry se lo haya pedido.

Lo besa, sacando su lengua e introduciéndola dentro de los labios de Harry, y él se deja como una masilla que quiere ser moldeada.

—Uhm —gime cuando se separa, su frente fruncida y volviendo para dejar un beso sobre los labios del alfa—. Sabes bien.

—Tú igual —susurra y sus dedos vuelven a ser manchados por más lubricante, salido de entre el culo de Louis sin que ambos se lo esperaran—. Demasiado delicioso, omega...

Louis sonríe, mejillas sonrojándose y volviendo a acercarse para que su nariz se golpee con la de Harry.

—Pruébalo —murmura todo rojo—. Pruébame. Hazlo ahora —ordena en voz baja.

Harry lo hace.

Sus dedos se regresan y Louis se suelta de su cuello para ir a su recibimiento, tomando su mojada muñeca entre sus cortos dedos y llevando la mano de Harry a su boca.

—Pruébame —vuelve a ordenar. Y Harry no puede hacer nada más que chupar sus propios dedos y sentirlo, dulce y salado en sus dedos.

El lubricante se estira como un delgado elástico en su lengua cuando la enreda en sus dedos. Y Louis gime en su mano libre, tan alto que su rostro se contrae y siente las piernas del omega temblar.

Louis se sostiene con fuerza de sus hombros, mareándose y acercándose otra vez, con un poco de casi nada de vergüenza para lamer los costados de la boca del alfa, donde se prueba a sí mismo y a la vez se siente derretido cuando sus líquidos llegan hasta sus muslos.

—Alfa —llama en un quejido.

Harry retira sus dedos ensalivados y conociéndose ya el camino, vuelve dentro de los pantis de Louis para esta vez hundir dos de sus dedos en él, teniendo una increíble y resbaladiza bienvenida. También tiene la misma recibida cuando besa los labios de Louis y él se vuelve sumiso en sus brazos, quejándose y follándose a sí mismo con los dedos del alza. De arriba hacia abajo, alzándose y volviendo a caer sobre los dedos de quien lo está besando con inocencia.

—Estás muy húmedo —Harry le confiesa después de separarse con un chasquido por la saliva de ambas bocas—. Demasiado, Louis... —Y el nombre saliendo de su boca sirve para separarse y sacar su camisa.

Ahora es Louis quien lo mira embobado, perdido y negando con su cabeza y un puchero en sus labios por la pérdida de los dedos de Harry, sintiéndose abandonado de repente.

—No, regresa —ruega y Harry lo hace, obedece cuando Louis está cerrando la herida en su pecho con descaro—. No... No estoy muy húmedo —dice con dificultad y toma la mano de Harry para regresarla donde él cree que debe quedarse para siempre.

Harry lo deja porque cuando vuelve a clavar sus dedos dentro de él, porque Louis ya lo está tocando por todas partes. Sus helados dedos recorren su pecho y trazan líneas chuecas por sus sacudidas.

—Eres muy hermoso —le dice con sorpresa en su voz—. Nunca había visto a un alfa tan precioso como tú.

Harry hunde un dedo más en él y su nariz en su cuello, quemándose con el fuego que Louis desprende de la nada. Su fuente de olor es tan fuerte que es imposible no gruñir cuando respira todo de él y se aprende su olor, solo segundos es lo que basta para hacerlo.

Louis sigue follándose a sí mismo mientras ladea su cuello, a disposición por primera vez en su larga vida siendo un atrevido de mierda, provocando a todo aquel que pasara a su lado y despidiéndolo con una sonrisa para huir. Pero con el alfa en su cuello es algo que no puede hacer, nunca se lo perdonaría se huyera de él antes de que su pene se hundiera en él. Hasta que su nudo toque su punto sensible y lo haga gelatina.

—Por favor —suplica el omega, acariciando su caliente piel de arriba hacia abajo—, follame más duro. Quiero... Necesito sentirte dentro de mi justo ahora.

El alfa de Harry se queja ante las suplicas del omega, y con nada de experiencia, se separa de su cuello y lo mira con mejillas encendidas. Louis permanece impulsando su culo en sus dedos cuando le devuelve la mirada.

—¿Q-Qué? —gime y llora.

—Yo no... —La mano libre de Harry va hasta sus ojos, limpiando sus lágrimas—. No sé cómo hacerlo —confiesa en voz baja.

Louis se queja en sus manos y lo mira con confusión y excitación, no comprendiendo las palabras que Harry le está diciendo.

—¿Eres...? —Se atraganta cuando cae sobre los largos dedos en su interior. Tiene que cerrar los ojos y respirar profundo para volver a hablar—. ¿No has estado con ningún omega nunca?

—No.

Louis luce sorprendido, y el calor en sus ojos se enciende quemando más la piel de Harry. Mucho más lubricante cae en su mano, pese a que está siendo apretado en su culo. ¿Cómo es posible aquello? Puede prometer, jurar que las paredes de Louis se vuelven más resbaladizas.

Ríe de la nada, sudado y brillando.

—¿Estoy yendo muy rápido? —pregunta con burla.

Harry debería estar ofendido, pero la sonrisa en sus labios la ha pintado el mejor artista sobre el mundo. Es Louis riendo otra vez y contagiándolo, tal como si fuera una gripe mortal y la cura no existiera.

—No me importa —dice después—. Quiero que me folles con tu pene virgen.

Harry asiente por milésima vez en esa noche, y Louis lo imita como burla. Deja un beso en su mejilla y aparta el fleco de su sudada frente.

—Espérate —le dice, y los dedos de Harry vuelven a salir de Louis y ahora es el omega quien se los lleva a la boca y los chupa con fuerza mientras que con una mano baja sus pantis.

El alfa no puede hacer nada más que mirarlo con fascinación, como si un nuevo mundo haya sido descubierto solo para sus ojos.

—Ahora sí —Louis besa la punta de cada uno de sus dedos, girándose y caminando hasta estar arrimado frente al espejo en el baño, una pared hasta donde Harry lo ha seguido.

Los dedos de Louis abren su culo, cada nalga separada y dejando a la vista lo que Harry ya ha tocado. Su entrada tan mojada que brilla bajo la poca iluminación del lugar.

—¿Qué esperas, alfa? —se queja Louis, frunciendo su frente y apretándose contra la nada—. ¿No vas a joderme?

—Sí —Harry dice con ofensa, pero no lo folla como Louis piensa.

Es una sorpresa para ambos cuando Harry se arrodilla frente a su trasero y se hunde sin pensarlo, perdiéndose entre las nalgas blancas de Louis.

Se puede escuchar el profundo gemido que ambos sueltas. Harry porque siente el sabor de los jugos de Louis sobre su lengua, más espesos. Y Louis porque la lengua de Harry toca los bordes de su entrada con avidez, no respetando su papel de un jodido virgen.

—¡Alfa! —gime y se suelta de sí mismo, sosteniéndose del espejo frente a él para no caer de rodillas al suelo—. A-Ah... J-Justo ah-hí, alfa.

Quizá Harry no sabe lo que hace, quizá sí, porque la necesidad de llegar hasta lo profundo de Louis lo invade con desesperación. No es él cuando sus manos van a cada mejilla de Louis y las separa tal vez con demasiado fuerza por como el omega se queja, pero tiene el gran perdón cuando su lengua entra entera dentro de él, recibiendo lo que quería. Más lubricante en su lengua que literalmente lo ahoga y tiene que separarse con frente fruncida.

—Omega —suspira con sorpresa y maravillado—, eres una delicia.

Louis ríe y niega desde arriba, alzando más su trasero. Y Harry ve justo cuando la abertura de Louis se abre más y deja ir su esencia.

Harry experimenta cuando uno de sus pulgares va hasta ese agujero tan rosa y lo abre, gimiendo cuando más, mucho más lubricante escapa de él. Y Louis gime pegado al espejo.

Se limpia la barbilla húmeda, tal como Louis, y regresa a donde siente que pertenece. Su lengua entra con más facilidad y Louis tiembla bajo ella cuando le da una vuelta dentro de él, pensando qué demonios ha hecho para merecer a tal ángel en sus brazos. ¿O quizá demonio por corromperlo de tal forma tan deliciosa?

Se hunde mucho más, si es que es posible.

Traga todo lo que recibe, como un muerto de hambre recibiendo comida a montones. Es egoísta cuando lame dentro, y cuando sale de él y lo hace por afuera. Lame su agujero, lo chupa siendo un adicto y vuelve a hundirse para morir entre sus nalgas, que están siendo apretadas con fuerza entre sus dedos.

—Po-Por favor —Louis lloriquea desde arriba, temblando más y apartando su trasero—. Te ne-necesito ahora, alfa.

Se conoce. Aquel alfa de antes no era él.

Se levanta como resorte y se aleja con un gruñido escapando de su garganta cuando Louis se folla a sí mismo con dos de sus dedos. Una de sus manos separa una de sus mejillas como antes y su otra mano se encarga de follarlo con tres de sus dedos mientras mira a Harry desvestirse.

Es sorprendente que la ropa no se rompa. Es sorprendente como sostiene su miembro hinchado y con venas sobre los dedos mojados, húmedos por el lubricante de Louis cuando antes la idea de tocarse a sí mismo era desagradable. Ahora toca el infierno con sus dedos.

Los dedos de Louis se van, porque ha llegado el dueño de ese resbaladizo agujero. Es Harry, siempre lo ha sido.

Louis gime, llora y se retuerce en el aire, soltando sus feromonas llenas de excitación. Harry se coloca detrás de él cuando siente que es hora.

—Ve despacio —Louis dice aturdido y con sudor resbalando por su frente—. Si quieres, ve despacio. Yo recibiré lo que quieras darme, alfa.

El alfa asiente y roza la punta de su miembro en el borde del agujero de Louis, con su pulgar apretando en su pliegue para que Louis tire su cabeza hacia atrás y descanse sobre el pecho de Harry.

¿Es virgen?

La respuesta parece ser una incógnita cuando sin saber qué está haciendo, hunde la punta de su pene en Louis, su glande teniendo la oportunidad de remojarse en la humedad de las paredes de atrevido omega, quien gime y lo aprieta. Es solo la punta y se aprieta a su alrededor.

Harry vuelve a ahogarse y Louis está ahí para no dejarlo morir. Tira de sus rizos para que lo bese, ¿y quién es Harry para poder negarse a algo así? Lo besa con una experiencia que desconoce.

Se hunde. Se pierde entre las nalgas de Louis y él gime ante la presencia del pene de Harry dentro de él, lo más grande que ha tenido en su impura vida.

—Profundo —gime y tira más del cabello de Harry, que se hunde en el hombro de Louis y besa, lame toda esa sudada piel—. Más pro-profundo, maldito alfa.

Sus órdenes son complacidas con gozo cuando está sobre los bordes de los dedos de sus pies, de puntitas para estar profundo en él, tal como lo ruega.

Se sostiene de sus caderas y gruñe sin ser capaz de describir la sensación tan nueva que tiene. Es como si Louis lo estuviera chupando sin piedad, apretándolo y ahogándolo pero dándole respiración boca a boca cuando sus dientes raspan la mandíbula de Harry.

—Jo-Joder —gruñe y cierra los ojos. La camisa de Louis se rompe cuando sus dedos tiran de ella sin cuidado—. Te sientes... Te sientes tan bien, omega.

—¿S-Sí? —La mano de Harry toca su vientre donde siente la punta de su pene cuando Louis se contrae ante su toque—. ¿Te gus-gusta, alfa?

—Sí, mierda —Vuelve a estar en su cuello, y Louis se lo permite otra vez cuando ladea su cuello.

El omega, siendo el atrevido que es desde que entró a la fiesta sin permiso, vuelve a tomar las manos de Harry y esta vez las guía hasta sus erectos pezones.

—A-Aquí —suplica con un gemido en medio de es corta palabra.

Harry siente como su pene folla el lubricante dentro de él. Puede sentir sus paredes abriéndose, dándole el paso que necesita para llegar al final.

Aprieta sus pezones como experimentos y las manos de Louis caen muertas, siendo su rostro pegado a la pared lo único que lo mantiene arrimado a la pared. Harry lo nota y siendo el mismo egoísta de antes, una de sus manos lo sostiene mientras la otra lo toca en su pecho, dos de sus dedos apretando su pezón.

—Alfa —gime en voz baja.

Harry besa su cuello y lo huele, sabiendo que ya se ha aprendido su olor lo suficiente como para recordarlo toda una vida.

—Omega —responde él en un gruñido.

Harry le da la confianza para que sus manos vuelvan a funcionar.

Louis lleva una de sus manos a donde Harry se está hundiendo, al lugar donde sus caderas se juntas y hacen el sonido más placentero que Harry nunca antes había escuchado.

El omega remoja sus dedos y los mantiene ahí mientras Harry se sigue hundiendo en él con delicadeza, probando cada segundo como si nunca más lo volvería a sentir. Y quizá así era.

—Louis —gime el alfa, grueso y ronco mientras vuelve a su interior.

—Alfa —él responde en voz baja, abriendo sus piernas y escuchando con atención el sonido que produce la humedad de ambos cuando se tocan.

Más besos. Más estocadas hasta llegar al infierno.

—No te muevas —Harry gruñe y descansa su frente en la sudada espalda del omega—. Por favor... No te muevas.

—No lo haré —él responde con voz falsa de inocencia—. Bésame, alfa. Por favor, bésame.

Se hunde otra vez, sintiendo la corriente eléctrica de antes por toda su espalda, pero termina en la punta de su miembro dentro de Louis.

Alza su cabeza con dificultad y le regala un perezoso beso a Louis mientras siente sus paredes apretarlo una vez más. Louis gime mientras su lengua juega con la de Harry, sabiendo lo que está sucediendo antes que Harry.

Se separan y se regalan una sonrisa con mejillas rojas.

—Te corriste —Louis le avisa y muerde su labio rojo por los beso y por cómo se lo había estado mordiendo mientras Harry lo follaba—. Te corriste dentro de mí, alfa.

Harry debería estar avergonzado, pero gruñe con frente fruncida cuando siente algo salir de él. Louis también lo siente por cómo se sacude.

Antes de que Harry pueda disculparse, Louis está chupando sus dedos con una expresión llena de éxtasis.

—Somos nosotros —susurra cuando abre los ojos y ve el verde en los ojos del alfa—, es como sabemos juntos.

Harry lo prueba y otra tira de semen es depositada dentro de Louis. Sus dedos hundiéndose y clavándose en la lengua de Harry hasta que lo siente.

Inexplicable y delicioso.

—Sabe bien —dice cuando Louis se va de su boca.

El omega no responde, solo suspira y acaricia las manos de Harry en su vientre, sosteniéndolo y protegiéndolo.

—No me estaba colando a la fiesta —dice rodando sus ojos, Harry lo ve gracias al espejo—. Estaba huyendo de un tipo que quería follar conmigo, pero tú has sido el ganador.

Louis se gira y le sonríe, no con burla, con sinceridad.

—Lo siento —dice y gruñe de solo pensarlo. Otro hombre tocando a Louis—. No pensé...

—No importa —Él se encoge de hombros y se arrima sobre el pecho del alfa. Harry lo abraza y reposa su barbilla en la cabeza de Louis—. Estoy aquí gracias a él.

Está sudado y con el semen junto al lubricante derramándose sobre sus muslos, y no le importa.

Harry lo acaricia, viéndolo a través del espejo esperando alguna reacción que lo haga alejarse. Pero Louis se deja con un suspiro y devolviéndole la mirada por el espejo.

Le sonríe y Harry también mientras sigue tocando su piel sudada, más debajo de sus caderas y subiendo hasta que sus dedos rozan sus pezones. Luego su nariz se hunde en su cuello y aspira, respira después de haber estado a nada de ahogarse y nota que el dolor en su pecho ya no existe. Ya no recuerda cómo se sentía, solo sabe cómo es derramarse dentro de Louis después de un segundo.

—Eres hermoso.

—Tú lo eres más —Harry responde y besa su hombro, su mejilla y cuando Louis se gira más, sus labios.

—Tengo que irme cuando tu nudo baje —le dice. Harry le asiente y no es nada, no fue intencional pero mira al pene de Louis y entonces lo ve, la corrida de Louis sobre él espejo.

Él sigue su mirada y ríe sin vergüenza alguna.

Louis aprieta su pene en su trasero una última vez antes de que Harry pueda deslizarse fuera.

—¿Te volveré a ver? —Harry le pregunta sonando desesperado. Y no le importa.

—Quizá —Él lo mira con un brillo en sus ojos y sube sus pantalones, sin que le interese que estén manchados—. Y entonces me dirás tu nombre.

Es una promesa.

Harry asiente a eso y le sonríe, hoyuelos saliendo mientras Louis toma su chaqueta y se la pone.

—También te daré esto —dice con rubor en sus mejillas.

Harry le asiente como un tonto enamorado.

—Nos vemos —le susurra y Louis asiente mientras arruga su nariz y evita sonreír, pero es un fracaso. Ahora lo es.

—Por cierto —dice con frente fruncida y mirando con superioridad a Harry—, me dejaste doliendo el pezón, ¿sabías?

Harry vuelve a estar sonrojado y solo así se da cuenta de que sigue desnudo y que su pene gotea el semen y el lubricante que no se quedó en Louis.

—¿Lo siento...? —ríe. Louis también lo hace hasta que se arrodilla.

Toma su miembro entre sus labios, no cansado ni nada. Harry está sorprendido antes de gemir, pero Louis lo tiene fuera demasiado pronto y pasea toda su longitud por su rostro con ojos cerrados y ronroneando como un gatito.

—Te voy a extrañar, alfa —susurra, pero quizá es la imaginación de Harry otra vez. Sin embargo, el olor a canela, chocolate caliente y tierra mojada está ahí, muy cerca.

Louis lo baja por su cuello, por ambos lados y por su pecho hasta que todo de él en esa zona está húmedo. Y sus pezones... Louis hunde la punta del pene de Harry en la punta de su pezón, mirando la reacción de Harry y guardándosela.

Queda húmedo como su entrada lo estuvo antes. El pezón brilla, todo rojo y maltratado.

Louis besa la punta del pene en agradecimiento y se levanta, riendo y girando sobre sus talones.

—¿Quién eres? —escucha la voz de Gemma—. ¿Cómo...?

Los pasos de Gemma se escuchan y la ve, hasta escucha el grito que ella suelta cuando lo descubre desnudo. El desastre también tiene su propio grito.

Y Harry solo sonríe, sabiendo que lo encontrará.